INTERNACIONAL
Ataúlfo Pérez Aznar: “Una buena imagen interpela y te hace salir de la indiferencia”

La noche en que fueron a buscarlos no estaban. Ataúlfo Pérez Aznar y Helen Zout, recién casados, octubre de 1976, cuando un grupo de hombres tocaron el timbre de su casa, justo no estaban. Ahí empezó la clandestinidad. Se abrazaron a la red social de compañeros y amigos y fueron durmieron en diferentes casas de La Plata. Hasta que llegó el verano. Entonces se fueron a la costa. Ahí empezaron a fabricar muñecos de paño que vendían en las playas más alejadas, como Santa Clara del Mar y Miramar.
Cuando se enteraron que esperaban un bebé, el primero, Facundo, decidieron establecerse en un lugar fijo y pasar desapercibidos. Fueron al lugar más poblado de Argentina: Capital. En el noveno piso de un departamento sobre la calle Maipú, rodeados de oficinas, convirtieron su hogar en un taller: hicieron miles de muñecos que se vendían, primero en distintos locales porteños, luego en uno atendido por sus padres. Mientras tanto, las noticias: sus amigos iban cayendo uno a uno.
De a poco empezaron a llevar a su hijo a una plazoleta cercana, a tomar un curso de francés, a intentar una vida normal. Le sacaban fotos al chiquito, muchas, también a lo que veían en esos breves paseos a la luz del día. Fueron tres años así hasta que surgió la idea de irse a Brasil. “Después del mundial, a mediados del año 1978, parecía que había menos represión”. En 1979, en un Fiat 1500, viajaron junto a algunos familiares. Siempre en carpa. Volvieron con el auto roto, arriba de un camión.

El libro Apuntes de Brasil (1979-1981) es la reconstrucción de ese viaje y de otro realizado en 1981, recorriendo los mismos lugares y, como fotógrafo, con la idea más clara. Antes del encierro, Ataúlfo Pérez Aznar estudiaba antropología cultural, historia y geografía. Recién cuando terminó la dictadura se pudo recibir de geógrafo. “Estábamos solos en el departamento; cada tanto veíamos a algún familiar. Entonces me puse a estudiar sistemáticamente fotografía”, cuenta Ataúlfo, del otro lado del teléfono.
¿Qué significaba ser fotógrafo en un contexto de encierro? “En ese momento solamente podías sacar fotos en La Boca o en la plaza de San Telmo, donde las cámaras eran potables. No podía ir a cualquier lado y sacar lo que me gustaba porque me agarraban de las pestañas”. Ahora, con una larga trayectoria sobre sus espaladas como fotógrafo, curador, docente y gestor cultural —fundó la primera fotogalería especializada del país: Omega—, repasa esos años y el largo camino hasta la reciente edición del libro.

Una tarde de 1979 en Itapoá, saliendo a sacar fotos, Ataúlfo vio un hombre durmiendo en un asiento de auto. A su lado, varios cajones de adultos y dos pilas enormes de cajones para niños. “Eso me permitió entender la profundidad que tenía la muerte en el noreste de Brasil. Entonces, en el segundo viaje, fui justamente a buscar todos esos lugares. Cementerios con salas mortuorias, cosa que acá no existen. Vi que enterraban a un nene y de pronto agarraban una cruz de otro muerto y se la ponían a él”.
Publicado por el Centro de Fotografía Contemporánea en edición bilingüe, el libro se inicia con un prólogo de Amado Beçquer Casaballe escrito en abril de 1989. Sigue con una introducción del autor, firmada en 1979. Luego, la serie de 116 fotografías, todas en blanco y negro, que se dividen en dos partes: la primera, ligadas a la vida cotidiana brasileña; la segunda, con la presencia simbólica de la muerte. Y cierra con una entrevista de Silvia Mangialardi a Ataúlfo sobre aquel proceso, junto a fotos familiares.
“El tema de la muerte a mí siempre me fascinó. Y más en ese momento, que estaba a flor de pie el tema”, explica. Efectivamente, fueron dos viajes, el primero, familiar, en 1979; el segundo, Ataúlfo y Helen, en 1981. Con esas dos etapas se construye este libro. Pero si toda obra da pistas para leerse como autobiografía, entonces Apuntes de Brasil no es solo la mirada de un fotógrafo argentino en tierras cariocas, es el testimonio de una vida, el documento de una época, el registro de una tensión.

—¿Cuándo la cámara de fotos empezó a convertirse en una herramienta política?
—A pesar de haber tenido actividad política, nunca mezclé la fotografía con la política. Como me dedico a la docencia de lleno, trato de evitar que la gente caiga en eso del mensaje. Suelen ser fotos estereotipadas. Creo que lo importante es hacer buena fotografía, y si hacés buena fotografía pasás por encima de todas las barreras formales. Una buena fotografía, por más que a la gente hasta le disguste el tema, como está confirmado con grandes fotógrafos de la historia, te interpela. La fotografía tiene una fuerza a través de lo visual que, cuando es buena realmente, la gente no puede permanecer indiferente. Por eso creo que no es necesario caer en ningún tipo de panfleto, sino que sea profunda temática y estéticamente, de modo tal que resulte de interés del observador. Y eso es lo que yo he tratado de ir puliendo y profundizando a lo largo del tiempo.
—¿Para que una fotografía sea buena debería tener profundidad?
—Sí, profundidad. La profundidad de una fotografía es muy compleja porque es la confluencia de aspectos técnicos, estéticos, temáticos. Como docente, se ve permanentemente que hay mucha gente que quiere mostrar situaciones de injusticia y se quedan en la mera denuncia. Y llega un momento que la denuncia te satura como tal. Tiene un paralelismo con la literatura. De hacer una crónica periodística de una manifestación o una novela o un cuento sobre los aspectos humanos de una persona que participa en una manifestación: es distinto.

—Si hoy estamos plenamente sumergidos en la cultura de la imagen, si hoy todos tienen celulares y redes sociales, herramientas para sacar y exhibir, ¿cuál es el poder de la fotografía en un mundo saturado de imágenes?
—Es una situación terriblemente compleja. El mundo está inundado de imágenes, pero a pesar de eso las buenas fotos sobresalen. Porque las imágenes generales sin dudas son todas estereotipadas, sobre todo las que se ven en las redes. La gente apunta a que le pongan un like y sacan todos más o menos de lo mismo. Cada uno se saca su propio ombligo. El problema es que el ombligo te interesa a vos mismo. Hay despreocupación por los demás. Pero cuando distintos fotógrafos sacan buenas imágenes, buenos trabajos, sobresalen de toda esa lluvia de imágenes permanentes. Por supuesto que en fotografía hay que seguir analizando muchas cosas, porque como sociedad somos analfabetos visuales. Las palabras nos forman a lo largo del tiempo: la letra, la sílaba, la oración. Hasta tercer año, más o menos, de acuerdo a los programas, te daban gramática o castellano y en cuarto año pasabas a literatura. Y ese cambio es justamente el paralelo de la fotografía. La literatura es la interpretación de lo que quiso decir el escritor. Y ha desarrollado aprendizaje y capacidades para poder gozar con la lectura. La fotografía es algo similar. Para poder gozar a fondo con la fotografía es necesario ir adquiriendo una formación visual que hoy por hoy en Argentina se carece de, de ámbitos donde poder analizarlo. En Estados Unidos, en Europa, en todas las ciudades medianas hay estudios universitarios dedicados a la fotografía, o biblioteca de fotografía. Y la gente está acostumbrada a comprar libros de fotografía. Acá se hace más duro, pero igualmente cuando las fotos son buenas, y la respuesta del público es excelente.
—En ese sentido, ¿cómo es el panorama hoy, cómo influye esa falta de formación?
—Yo creo que la gente está sumergida en el aislamiento, Quizás tenga que ver con que en los últimos dos o tres años no han surgido buenos trabajos de fotografía. Hasta no es habitual lugares de exposiciones que antes eran permanentes, como el Centro Cultural Recoleta. Por suerte abrieron la Fotogalería de San Martín después de años de estar cerrada. FoLa cerró. El mismo Museo Nacional de Bellas Artes, mientras estaba Sara Facio, tenía en el tercer piso una sala exclusiva de fotografía permanente. Faltan los espacios. Hoy por hoy en Argentina se hace muy duro. En los últimos años he preferido dedicarme a la impresión de libros, porque también mis exposiciones se dan en un lazo acotado, un mes; en cambio, el libro trasciende el tiempo. Lo importante para mí de difundir el libro fotográfico. Y por supuesto, otro problema en el momento es que, producto de la crisis económica, no se compran libros. Los creadores tenemos que pelear por seguir desestresándonos. No podemos quedarnos de brazos cruzados más allá de la situación que se vive. Hay que aprovechar estos tiempos para ir produciendo. Ya llegará el momento en que resurja con más vitalidad la cultura.

En 1980, con las fotos del primer viaje, Ataúlfo hizo una muestra. En 1981, integró las de ambos viajes y amplió aquella exposición inicial. “Esa muestra circuló durante los 80 y principios de los 90, por diferentes lugares del país. También en algunos países del extranjero: en Paraguay, en Cuba. Pero el libro estaba pendiente. Recién hace un año me reencontré con un diseñador que había sido alumno mío en el año 81 y me propuso hacer el libro. Iba a ser el primero. Ahora, con este, tengo doce libros”, dice.
“Brasil significó poder moverme con libertad —recuerda—, a pesar de que allá había otra dictadura. Pude sacar lo que quería, lo que realmente me interesaba. Acá no podías salir con la cámara a la calle a sacar lo que hoy saca la gente, porque la cámara era algo que te delataba. En cambio, en Brasil me pude mover libremente. De ahí que lo considero mi primer trabajo. A medida que fue aflojando la represión, empecé a sacar en Argentina. Por ejemplo en Mar del Plata: la cámara pasaba desapercibida”.
Una fotografía es una pregunta y una respuesta. El epígrafe de estos Apuntes de Brasil también. “En los tiempos sombríos, / ¿se cantará también? / También se cantará / sobre los tiempos sombríos». La frase es de Bertolt Brecht. Una pregunta y una respuesta, que es también un enigma y su resolución. En ese caso, Brecht dio vuelta la oración y le sacó los signos de pregunta. Las fotos de Pérez Aznar nos hablan del dolor del mundo y de su belleza, de lo que falta y de lo que, pese a todo, perdurará.
INTERNACIONAL
Trump vows US ‘in charge’ of Venezuela as he reveals if he’s spoken to Delcy Rodríguez

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President Donald Trump said the U.S. is now in control of Venezuela following the arrest of longtime leader Nicolás Maduro, outlining a plan to run the country, rebuild its economy and delay elections until what he described as a recovery is underway.
Trump made the remarks during a gaggle with reporters as questions mounted about who is governing Venezuela after a U.S. military operation led to Maduro’s arrest early Saturday.
«Don’t ask me who’s in charge because I’ll give you an answer, and it’ll be very controversial,» Trump told a reporter.
He was then asked to clarify, to which Trump replied, «It means we’re in charge.»
US CAPTURE OF MADURO CHAMPIONED, CONDEMNED ACROSS WORLD STAGE AFTER SURGICAL VENEZUELA STRIKES
Venezuela’s Vice President Delcy Rodríguez addresses the media in Caracas, Venezuela, on March 10, 2025. (Leonardo Fernandez Viloria/Reuters)
Trump was also asked whether he had spoken directly with Venezuela’s newly sworn-in Vice President Delcy Rodríguez amid uncertainty about how the new government is functioning and what role the U.S. is playing.
While Trump said he has not personally spoken with Rodríguez, he suggested coordination is already underway between U.S. officials and the new leadership.
During the gaggle, Trump repeatedly portrayed Venezuela as a failed state that cannot immediately transition to democratic rule, arguing the country’s infrastructure and economy had been devastated by years of mismanagement.
TRUMP ISSUES DIRECT WARNING TO VENEZUELA’S NEW LEADER DELCY RODRÍGUEZ FOLLOWING MADURO CAPTURE

Venezuelan President Nicolás Maduro greets his supporters during a rally in Caracas on Dec. 1, 2025. (Pedro Mattey/Anadolu via Getty Images)
He compared Venezuela’s collapse to what he claimed would have happened to the U.S. had he lost the election, using the comparison to underscore his argument for intervention.
«We have to do one thing in Venezuela. Bring it back. It’s a dead country right now,» Trump said. «It’s a country that, frankly, we would have been if I had lost the election. We would have been Venezuela on steroids.»
Trump said rebuilding Venezuela will center on restoring its oil industry, which he said had been stripped from the U.S. under previous governments, leaving infrastructure decayed and production crippled.
UN AMBASSADOR WALTZ DEFENDS US CAPTURE OF MADURO AHEAD OF SECURITY COUNCIL MEETING

A coast guard boat of the Venezuelan Navy operates off the Caribbean coast on Sept. 11, 2025. (Juan Carlos Hernandez/Reuters)
He stressed that American oil companies – not U.S. taxpayers – will finance the reconstruction, while the U.S. oversees the broader recovery.
«The oil companies are going to go in and rebuild this system. They’re going to spend billions of dollars, and they’re going to take the oil out of the ground, and we’re taking back what they sell,» Trump said. «Remember, they stole our property. It was the greatest theft in the history of America. Nobody has ever stolen our property like they have. They took our oil away from us. They took the infrastructure away. And all that infrastructure is rotted and decayed.»
Trump said elections will not take place until the country is stabilized, arguing that rushing a vote in a collapsed state would repeat past failures.
TRUMP REVEALS VENEZUELA’S MADURO WAS CAPTURED IN ‘FORTRESS’-LIKE HOUSE: ‘HE GOT BUM RUSHED SO FAST’

President Donald Trump speaks to reporters aboard Air Force One while traveling from Kuala Lumpur, Malaysia, to Tokyo, Japan, Monday, Oct. 27, 2025. (Mark Schiefelbein/AP)
He said the U.S. will manage Venezuela’s recovery process, including addressing inflation, revenue loss and infrastructure collapse.
«We’re going to run everything,» Trump said. «We’re going to run it, fix it. We’ll have elections at the right time.»
When asked whether the operation in Venezuela was motivated by oil interests or amounted to regime change, Trump rejected both characterizations and instead cast the effort as part of a broader security doctrine.
VENEZUELAN LEADER MADURO LANDS IN NEW YORK AFTER BEING CAPTURED BY US FORCES ON DRUG CONSPIRACY CHARGES

President Donald Trump shared a photo of captured Venezuelan President Nicolás Maduro aboard the USS Iwo Jima after strikes on Venezuela, on Saturday, Jan. 3, 2026. (Donald Trump via Truth Social)
He tied the intervention to long-standing U.S. policy in the Western Hemisphere, invoking historical precedent.
«It’s about peace on Earth,» Trump said. «You gotta have peace, it’s our hemisphere. The Monroe Doctrine was very important when it was done.»
Trump went on to criticize past presidents for failing to enforce that doctrine, arguing his administration has restored it as a guiding principle.
RUBIO DEFENDS VENEZUELA OPERATION AFTER NBC QUESTIONS LACK OF CONGRESSIONAL APPROVAL FOR MADURO CAPTURE
«And other presidents, a lot of them, they lost sight of it,» Trump added. «I didn’t. I didn’t lose sight. But it really is. It’s peace on Earth.»

Agents with the Drug Enforcement Administration arrived at the West 30th Street Heliport for the arrival of captured Venezuelan President Nicolás Maduro, Saturday, Jan. 3, 2026, in New York. (Stefan Jeremiah/AP Photo)
Trump said the U.S. role in Venezuela will ultimately focus on rebuilding the country while caring for Venezuelans displaced by years of economic collapse.
He said that includes Venezuelans currently living in the U.S., many of whom he said were forced to flee.
«We’re gonna cherish a country,» Trump said. «We’re going to take care of, more importantly, of the people, including Venezuelans that are living in our country that were forced to leave their country, and they’re going to be taken very good care of.»
Trump made clear the comments on Venezuela were part of a broader foreign policy outlook, using the gaggle to issue warnings about instability elsewhere in the Western Hemisphere and overseas. He suggested the U.S. is prepared to respond forcefully to threats he said could endanger American security interests.
Trump singled out Colombia, describing the country as a growing security concern and accusing its leadership of enabling large-scale drug trafficking into the U.S.
«Colombia’s very sick too, run by a sick man who likes making cocaine and selling it to the United States, and he’s not going to be doing it very long,» Trump said.
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When asked whether that meant U.S. action, Trump replied, «It sounds good to me.»
Trump also addressed ongoing protests in Iran, warning that the U.S. is closely monitoring the situation and would respond if the Iranian government uses violence against demonstrators.
«We’re watching it very closely,» he said. «If they start killing people like they have in the past, I think they’re going to get hit very hard by the United States.»
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INTERNACIONAL
Los 47 segundos de Maduro

Fueron apenas 47 segundos. Eso es lo que dura una eternidad cuando el poder se acaba.
Nicolás Maduro apareció cojeando, con una capucha negra cubriéndole el rostro, esposado, intentando esbozar un “Feliz Año” que sonó vacío y grotesco, a los agentes de la DEA y soldados estadounidenses que lo llevaron a la sede de la Administración de Control de Drogasque en EEUU. Durante años repitió que resistiría hasta el final, que enfrentaría cualquier amenaza, que no se rendiría jamás. Así se construyen los mitos del poder, pero la histórica madrugada del 3 de enero del 2026, el mito se deshizo en silencio y en menos de un minuto.
Todo ocurrió con una precisión quirúrgica, como advirtieron expertos serios en materia de estrategia y acción militar. No hubo discursos, ni cadenas, ni tiempo para huir. Solo oscuridad. Caracas quedó literalmente a oscuras, como si la ciudad hubiera contenido la respiración. A las 2.00 de la madrugada, las calles estaban desiertas, pero el ruido de aviones militares y las posteriores explosiones captadas por algunos noctámbulos despertó a gran parte de la ciudad, luego al país entero y casi de manera inmediata al mundo entero: la capital de Venezuela estaba siendo atacada y probablemente era para capturar a Nicolás Maduro y sus secuaces.
En este ejercicio de opinión, en esta imagen que muchos venezolanos han imaginado, la madrugada del 3 de enero de 2026 se ha convertido en una fecha marcada en la memoria colectiva. Desde Estados Unidos, Donald Trump anunciaba en sus redes la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. No fue una guerra, dijo. Fue una operación. Fría, calculada, milimétrica.
Desde su residencia en Mar-a-Lago, Trump comparó la acción con operaciones pasadas de alto impacto. Aseguró que no hubo bajas estadounidenses. “Tenemos el mejor equipo militar del mundo”, afirmó. Mientras tanto, Maduro ya no era presidente. Ya no era comandante. Ya no era el hombre que daba órdenes. Era solo un detenido más recibiendo órdenes de soldados del “imperio mesmo”, que le tomaban fotos y hacían videos como prueba de fe de vida que fueron portadas de medios de comunicación en el mundo con el titular: “CAYÓ MADURO”.
Según esta narrativa, los servicios de inteligencia llevaban meses observándolo, sabían qué comía, dónde dormía, con quién hablaba. El poder, confiado, nunca sospecha que está siendo vigilado y mucho menos infiltrado hasta los huesos. Cree que es invencible. Cree que el miedo siempre estará del otro lado.
A las 3:30 de la madrugada, Maduro y su esposa a la que él mismo llama “la primera combatiente” estaban bajo custodia del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Su destino: una celda y una inevitable braga naranja. El mismo sistema penitenciario que alberga a otros nombres que alguna vez parecieron intocables.

Marco Rubio fue directo: no era un presidente legítimo, sino un fugitivo. Tenía una recompensa de 50 millones de dólares y múltiples oportunidades para abandonar el poder. No lo hizo. El poder prolongado nubla el juicio. Hace creer que nada termina.
Trump fue más crudo aún: “Somos los que ponemos orden cuando nadie más lo hace”. Prometió proteger al pueblo venezolano, garantizar una transición y evitar que cualquier figura del régimen volviera al poder. Habló de paz, de justicia, de regreso. Palabras grandes para un país cansado.
Pero más allá de los discursos, este relato deja una imagen imposible de borrar: el hombre que nunca se vio esposado, esposado, dominado. El hombre que creyó que el poder era eterno, reducido a 47 segundos de realidad.
Ese es el verdadero mensaje. No solo para Maduro, sino para quienes aún se aferran al poder en Venezuela. El final no siempre llega con estruendo. A veces llega en silencio, en la madrugada, y dura menos de un minuto.
Cuarenta y siete segundos bastan para que un régimen entero se vea, por fin, en el espejo.
Domestic Politics,International Relations,North America,Government / Politics
INTERNACIONAL
Quién es Alvin Hellerstein, el juez de 92 años que intervino en casos contra Shakira y Vicentin y que presidirá el juicio contra Nicolás Maduro

Alvin K. Hellerstein, un juez de 92 años, será el encargado de presidir el juicio contra Nicolás Maduro que este lunes tendrá al dictador venezolano y a su esposa, Cilia Flores sentados en el banquillo en una primera audiencia ante un tribunal federal del Distrito Sur de New York. El magistrado ya había participado en casos de alto perfil, entre ellos, una acusación de plagio contra Shakira, un pedido de discovery contra la cerealera Vicentin y un reclamo contra las aerolíneas que operaban los aviones que el 11-S impactaron contra el World Trade Center.
Nacido en la ciudad de Nueva York en 1933, Hellerstein se graduó en la Universidad de Columbia, en el mismo Estado, hace casi de 50 años. Sirvió tres años en el Cuerpo de Auditores Generales del Ejército de los Estados Unidos entre 1957 y 1960 y desde entonces se dedicó a la práctica privada hasta 1998, cuando le llegó la nominación por parte del entonces presidente Bill Clinton para ocupar un puesto que se encontraba vacante en la Corte del Distrito Sur.
Por su despacho pasaron varios casos resonantes en los últimos años. Entre ellos, el mediático juicio que Mayimba Music, una discográfica que tiene los derechos sobre los temas del cantante dominicano Ramón Arias Vásquez, inició contra Shakira y Sony music. Consideraban que Loca, el hit que la cantante colombiana popularizó en 2010, era un plagio del tema Loca con su Tiguere, escrita en 1998 por Arias Vásquez.
En esa ocasión, Hellerstein hizo lugar al reclamo y consideró que Loca es una «copia ilegal» del tema compuesto por el cantante dominicano. Sin embargo, sólo condenó a las disquera -al sostener que Shakira desconocía el origen del tema-, y también dejó afuera del fallo a la versión inglesa de la canción, interpretada únicamente por la cantante colombiana, al sostener que en ese caso no existía una violación de derechos de autor.
Otro de los casos resonantes que pasaron por la corte de Hellerstein fue un pedido de discovery que el Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional, entre otras instituciones y organismos internacionales, iniciaron contra la cerealera argentina Vicentin para rastrear las transferencias de esa empresa al exterior luego de que entre en default.
Un tercer caso popular sucedió en 2012, once años después de los atentados terroristas del 11-S. La figura del juez neoyorquino había cobrado notoriedad luego de que admitiese una demanda millonaria de los dueños de las destruidas Torres Gemelas del World Trade Center, quienes acusaban a American Airlines y United Continental de haber tenido carencias en los controles de seguridad y haber permitido con su negligencia los atentados que dejaron casi 3.000 muertos.
En esa ocasión, Hellerstein rechazó los recursos presentados por las aerolíneas y permitió que avanzara el reclamo de los dueños de los edificios por una suma de 2.800 millones de dólares.
En 2019 también había participado en el caso que varias mujeres habían iniciado contra el cineasta Harvey Wainstein por abuso sexual. En esa oportunidad, desestimó 17 demandas que se habían presentado contra el alguna vez poderoso productor, también eliminó a todos los demás demandados -a excepción de Wainstein- y dispuso que no se podría tratar a sus empresas asociadas como una organización mafiosa.
En su fallo, Hellerstein sostuvo que eliminó a los acusados porque la demanda no mostraba suficientemente que el resto de hayan ayudado, apoyado o facilitado el tráfico sexual.
Más recientemente, en abril de 2025, Hellerstein volvió a ser noticia junto a otros jueces estadounidenses al bloquear la deportación de inmigrantes. El magistrado, afiliado al partido demócrata -oposición al espacio republicano por el que llegó a la presidencia Donald Trump-, consideró en esa ocasión que los migrantes no podían ser deportados sin recibir previamente una notificación y la oportunidad de ser oídos en una audiencia.
En los próximos días, Hellerstein será el encargado de presidir el caso contra el dictador venezolano, Nicolás Maduro abierto en 2020 que señala al mandatario venezolano como líder de una red de narcotráfico y narcoterrorismo que durante más de dos décadas habría utilizado al Estado venezolano para introducir grandes cantidades de cocaína en Estados Unidos.
Los cargos que afronta Maduro, especialmente los relacionados con narcoterrorismo y posesión de armas automáticas, además de aquellos por tráfico de drogas, podrían derivar en largas condenas de prisión para el dictador venezolano.
Los otros cinco acusados en la causa son Diosdado Cabello Rondón, su Ministro del Interior, Justicia y Paz, y vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV); Ramón Rodríguez Chacín, el exministro del Interior y Justicia venezolano; Cilia Adela Flores de Maduro, la esposa del mandatario; Nicolás Ernesto Maduro Guerra (alias «Nicolasito» o «El príncipe»), su hijo y miembro de la Asamblea Nacional y Héctor Rusthenford Guerrero Flores (alias «Niño Guerrero»), el líder de la organización criminal transnacional conocida como Tren de Aragua (TdA).
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