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Balotaje en Ecuador: Daniel Noboa, el joven presidente que reconquistó el poder con un «garrote antinarco»

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De discursos breves, mirada recia y custodiado siempre por un fuerte esquema de seguridad, el presidente Daniel Noboa sigue en la presidencia de Ecuador con el compromiso de redoblar su apuesta para enfrentar a un narco envalentonado.

Trepado en un tanque de guerra con chaleco y casco antibalas lanza advertencias a los criminales en las zonas más peligrosas del país. En otras ocasiones se le ve en Instagram de ropa deportiva, con una guitarra acústica y canturreando en inglés una canción de los Goo Goo Dolls.

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Con poca experiencia política, a los 35 años se convirtió en el mandatario más joven en la historia de Ecuador. Pero «nada se resuelve en un año», repite el hoy gobernante de 37 y con la aspiración de mantenerse en el poder con sus políticas de mano dura contra las mafias.

Los narcos «nunca se imaginaron que yo tuviera los huevos para declararles la guerra«, dijo al New Yorker en junio.

Con la reelección para cuatro años rompió por partida doble la mala racha de su padre, un magnate bananero que pretendió en cinco ocasiones la presidencia sin éxito.

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Nacido en Estados Unidos y graduado en prestigiosas universidades extranjeras, Noboa fue elegido para completar hasta mayo el período de Guillermo Lasso. El exmandatario disolvió el Congreso y dio paso a elecciones anticipadas para evadir la destitución en un juicio político por corrupción.

Noboa es sommelier, más joven quiso ser músico, intentó ser vegetariano, colecciona ajíes y le apasionan los autos, los caballos y las guitarras, según familiares cercanos.

Una imagen del presidente de Ecuador y candidato a la reelección, Daniel Noboa, este sábado, en Olón (Ecuador). Foto EFE

Atlético y tatuado, Noboa evita el espectáculo en tarima, las conferencias de prensa y las entrevistas, pero reparte abrazos y selfies a su paso.

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Amasó apoyos con una espectacular ofensiva contra el narco que incluyó el envío de militares a las calles y dentro de las cárceles, donde exhibió presos semidesnudos, lo que le ha valido comparaciones con su homólogo salvadoreño, Nayib Bukele.

También ha sido criticado por organismos de derechos humanos por abusos de la fuerza pública durante los prolongados estados de excepción y la declaratoria de conflicto armado interno.

Cuatro niños fueron asesinados y calcinados en Guayaquil (suroeste), en un caso que enloda a 16 militares.

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En la recta final, ha buscado el apoyo del presidente estadounidense Donald Trump en la lucha contra el crimen y no descarta el regreso de bases militares extranjeras, hoy prohibidas por ley.

Además anunció una alianza con Erik Prince, fundador de la cuestionada empresa estadounidense de seguridad Blackwater, cuyos empleados mataron e hirieron a decenas de civiles en Irak.

«Necesitamos más soldados para pelear esta guerra (…) El 70% de la cocaína mundial sale por Ecuador, necesitamos la ayuda de las fuerzas internacionales», dijo a la BBC.

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Daniel Noboa, en el último debate con Luisa González. Foto ReutersDaniel Noboa, en el último debate con Luisa González. Foto Reuters

Su relación con gobiernos de izquierda es tensa. Con México rompió lazos diplomáticos tras ordenar una incursión policial en su embajada en Quito para capturar al ex vicepresidente correísta Jorge Glas, condenado por corrupción.

Noboa se atribuye haber disminuido la tasa de homicidios del récord de 47 por cada 100.000 habitantes en 2023 a 38 en 2024.

«Nosotros no somos una promesa. Nosotros somos una realidad», afirmó.

En 2024 Ecuador fue el país de Latinoamérica con más asesinatos en proporción a su población, según Insight Crime.

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Noboa se define de centro izquierda, pero triunfó con el respaldo de parte de la derecha y aplica una economía neoliberal.

En redes sociales se muestra cercano a la gente y católico devoto.

Sus allegados dicen que es un hombre de rutinas y disciplina: dieta balanceada, corre hasta 10 kilómetros diarios, toma batidos de proteína y trasnocha poco.

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El círculo cercano de Noboa está integrado por amigos del colegio y algunos de ellos hacen parte de su equipo de trabajo.

En los mitines, sus seguidores hacen cola por una de las tantas imágenes del mandatario en tamaño real que se reparten en todo el país.

De brazos cruzados, con pantalones cortos o atuendo informal, las figuras han sido utilizadas por la oposición para llamarlo «presidente de cartón».

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Está casado con Lavinia Valbonesi, influencer de 26 años con la que tuvo dos de sus tres hijos.

Su exesposa Gabriela Goldbaum lo acusó ante el Congreso de machismo y violencia vicaria, al usar la hija que tienen en común para causarle «dolor». La empresaria dice haber interpuesto decenas de demandas por impedirle comunicarse con la niña de 5 años, entre otros abusos.

No es la única denuncia contra Noboa: la vicepresidenta Verónica Abad, elegida en binomio en 2023, lo acusa de violencia de género tras sus intentos de apartarla del cargo.

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Ecuador,Daniel Noboa

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Un abecedario para restablecer la democracia: segunda parte

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Venezuela está a las puertas de una nueva “Asamblea Constituyente” (REUTERS/Manaure Quintero)

En días pasados planteamos la necesidad de “Un Abecedario para restablecer la democracia”, convencidos de que a pesar de sus incontables beneficios se le “zarandea” de un lado a otro no pasando, por lo menos, en algunos cuantos países por su mejor momento. Entiéndase lo analizado como “Consideraciones preliminares” y que a partir de ahora se analizarán en este y posteriores ensayos el contenido de las letras del Abecedario. Empezamos, por consiguiente, con el:

Letra “A”

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Capítulo I

A la cual calificamos en las “Consideraciones preliminares” como “aquella integrada por diputados elegidos por el pueblo en votación universal y secreta, a fin de que en ejercicio de la potestad que al último, como es bien sabido, le es soberana y a través de una constitución se estatuya, organice, discipline al Estado y se reafirmen los fines que le son propios y que realmente se hagan realidad. Al texto constitucional, en atención a su jerarquía, como ley superior de un país, se le denomina, asimismo, “Carta Magna, Ley Suprema y Ley de Leyes. Acotamos, también, con relación a Venezuela, que no ha escapado de la tendencia propia de los países de América Latina, a los cuales “erga omnes” les ha costado crearse, componerse y estabilizarse con la eficiencia debida con arreglo a lo estatuido por la asamblea constitucional, a la cual, incluyendo sus consecuenciales derivados, más bien se le ha asumido como una pelota de futbol que va y viene de arco en arco, pero sin entrar en ninguno de los dos. Ha de atribuirse, por tanto, significado, como se les ha ocurrido a estudiosos del tema, a la frase “la necesidad constituyente”, ilustrativa en lo concerniente a que si no nos enseriamos, alrededor de la burla proseguiremos con la diversión. Nosotros, conscientes del “caos constitucional”, hablaríamos más bien de “una determinante urgencia de la necesidad”. Pues, ha de realzarse la urgencia, por demás imperativa, del tratamiento que la crisis demanda.

Nos inclinaríamos, igualmente, en aras de una mayor precisión, por afirmar que “el propósito” de una Asamblea Constituyente “es la de edificar a una república”, lo cual no deja de complementar la apreciación con respecto al “balón de futbol”, pues, para la Academia de la Lengua Española “el sustantivo “propósito”, está referido al “ánimo o intención de hacer algo”, pero, asimismo, “el no hacerlo”, hipótesis no ausente en nuestra historia, ya que a lo largo de ella nos cuesta y bastante constatar una profusa diversidad de intentos por edificarnos como “república”, lo cual pareciera conducir a que no han sido “asambleas constitucionales serias”, más bien, tentativas alimentadas por el “ánimo o intención de no hacer algo”. Esto es, la segunda interpretación que al sustantivo “propósito” atribuye la Real Academia.

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Algunas lecturas, por demás interesantes, entre ellas, la del Doctor en Ciencia Política de México, Sergio Ortiz Leroux (República y republicanismo, enero-abril 2007), sustentan que la creación de una república se ha confrontado con dos tipos de “republicanismo”, el “democrático-radical”, conforme al cual no se teme a la democracia y se sustenta que la idea del bien común es coincidente con la ecuación “el gobierno del, para y por el pueblo”. Se le identifica, asimismo, como “el de los pobres”. La segunda aproximación, el gobierno de los ricos, se alimenta en la oligarquía, en la autocracia y en “un único líder o grupo de individuos”, por lo que es escasa “la tolerancia al pluralismo político”. En lo conexo a la república se escribe que más bien ha de asociársele con la defensa de la libertad, a fin de “decidir quiénes y cómo queremos ser”, excluyendo, por tanto, la dominación, esto es, a ser gobernado por otro. No serlo conduce a autogobernarnos.

Esta segunda tipología de “republicanismo”, para Ortiz Leroux, es la de “una sociedad de propietarios”, y por tanto, de quienes dependen aquellos que no lo son, hipótesis a la que se cuestiona “que quien vive a merced de otro no es libre sino esclavo”, por lo que la ciudadanía a edificar, además de proporcionarnos derechos vinculados a la libertad, nos reclame obligaciones. En el republicanismo liberal-democrático, el bien común está asociado con el gobierno de las leyes y con la noción moderna de representación. La participación del pueblo es, por supuesto, importante, pero limitada a la elección de los gobernantes. No participa directamente en el gobierno, apreciación que conduce a preguntarse si pueden existir “repúblicas no democráticas”.

En esta modalidad republicana se reafirma la autonomía del individuo frente al Estado y el predominio de sus derechos individuales, particularmente, la propiedad, lo cual se evidencia al indagar con respecto a sus deberes para con la comunidad, limitados, en principio, al interés de sus propios derechos mediante el sufragio. La participación de los individuos en la esfera pública se reduce, consecuencialmente, a la mera expresión de los intereses privados mediante el voto, terciando las preferencias de los electores en puestos de representación. En la asamblea obviamente los derechos de los pudientes tendrán preferencia.

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Las consideraciones anteriores corroboran que “edificar a “una república” es cosa seria”, por lo que, también, ha de serlo “una Asamblea Constituyente”. Y no menos determinante la representación popular que la componga. Consecuencialmente, ha de concluirse en que “no todos los países son repúblicas o que, por lo menos, las hay distintas y hasta opuestas”.

Ante el escenario tengamos en cuenta “la problemática en la cual se ha desenvuelto “la asamblea constituyente” en Venezuela”, cuyo análisis, al analizarse la numerosa diversidad de tentativas provoca determinar si han sido sinceras o “disfrazadas”. En efecto, desde nuestra independencia en 1811 hemos tenido formalmente 25 constituciones, si incluimos nuestra Acta de Independencia de 5 de julio de 1811 y la Constitución de la Gran Colombia de 1821. Se acota al respecto que el Acta de Independencia no se clasificaría como una Constitución, sin embargo, para estudiosos del tema sí lo es, pues es la que nos constituye como pueblo, manifestada aun antes de la independencia (Grupo de estudio integrado por el profesor de derecho constitucional, Gustavo Planchart Manrique, su coordinador y Manuel Caballero, Marianela Ponce, Manuel Pérez Viva Vila, Nikita Harwich Vallenilla, Fundación Empresas Polar).

En aras de la apreciación, leemos que la referida Acta de Independencia lleva incita dos providencias, derivadas del ejercicio de la soberanía: 1. Poner término al régimen colonial español y 2. La determinación de principios conforme a los cuales nos apartaríamos del estatus de colonia, para instituirnos en “república”. Circunstancias que en criterio de respetados analistas coadyuvan a calificar a la referida “acta” como derivada de “una asamblea constituyente”. La primera, deberíamos pensarlo, de una cadena sucesiva que ilustran a nuestra historia, tantas, que resulta por demás difícil encontrar una respuesta idónea al ¿Por qué? Un largo debate con el cual coexistimos desde 1811 hasta nuestros días.

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Es recomendable, pues, admitir que los venezolanos hemos propendido, como en un número importante de países, a “una institucionalidad republicana”. Y, asimismo, aceptamos que la metodología ha sido “una asamblea constituyente” y en todos los supuestos, a pesar de que así, formalmente, no se le haya calificado. Esto es, que aplicando el criterio material (libertad, igualdad, dignidad y justicia) no otra conclusión pareciera posible.

En el compendio “Constituciones de Venezuela”, digno de elogiar, se hace una adecuada selección de los textos constitucionales a lo largo del acontecer venezolano, en procuración de “una república” seria, estable y eficiente. Estamos seguros de que el excelso profesor venezolano Allan Brewer Carías, coordinador del trabajo, así como los integrantes del equipo que le acompañó, han debido preguntarse ¿Por qué tantas constituciones? Lamentablemente no deja de ser difícil contestar, no obstante, estar a las puertas del año 2026 del presente siglo. Pero, asimismo, con respecto a las razones para haberse tirado por la ventana, hecha añicos, la Constitución de 1961, cuya estabilidad se prolongó durante 4 décadas y con ella la democracia más estable y próspera con la cual hemos contado. Sustituyó, como leemos, a la del 11 de abril de 1953 y refleja las tendencias todavía actuales de la democracia occidental al tomar en cuenta:

1. Las necesidades contemporáneas han orientado hacia un socialismo intervencionista, en búsqueda de un equilibrio estable y fructífero con el antiguo fondo liberal,

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2. El espíritu de la nueva Carta traduce un liberalismo totalmente ausente de la Constitución anterior, que concretaba la cabal expresión de una dictadura,

3. Ha de advertirse que fue aprobada por un “congreso” electo popularmente, a raíz del fin del régimen antidemocrático.

No cuesta, por consiguiente, mucho esfuerzo para que concluyamos que atendiendo a un criterio material, la Constitución democrática de 1961 fue resultado del ejercicio de la función constituyente. Esto es, “el Congreso ejerció la función constituyente”. Cómo que hubiese sido una “asamblea”.

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Es por demás conocido que esa constitución fue derogada por “una asamblea constituyente”, la cual establecería una sociedad democrática, participativa y protagónica, un Estado de justicia, la consolidación de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley, el aseguramiento del derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad… La República, pasó a llamarse “Bolivariana” y… fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional… Venezuela, nominalmente, se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores … la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político… El gobierno… es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables…. la Constitución es la norma suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico.

Venezuela, cuesta dudarlo, está hoy a las puertas de una nueva “Asamblea Constituyente” y para el mismo fin, o sea, la elaboración y promulgación de una, también, nueva, Constitución, la número 26. Pensábamos, incluyendo a unos cuantos asambleístas de la de 1999, que la de 1961 sería la última, pues las cartas magnas requieren del tiempo necesario para consolidarse, acudiéndose a las enmiendas y a las reformas con la finalidad de adecuarlas a situaciones reales que vayan surgiendo. No un “plumazo” fue suficiente, hábito en Caracas, donde el escribano lo ha hecho nada más y menos que en 25 ocasiones. Y que lo más grave es preguntarnos ¿por qué y para qué?

Las respuestas, lamentablemente, más que difíciles, por no pensar que parecieran no existir. Las causas para ser como somos, si es que allí pudiera encontrarse algún motivo de “nuestra incontinencia institucional”, algunos estudiosos la han identificado en las limitaciones que nos impusiera la colonización española, argumentación refutada duramente en el libro “Nada por lo que pedir perdón”, de la autoría de Marcelo Gullo Omodeo, en cuyo prólogo escrito por Carmen Iglesias, Directora de la Real Academia de la Historia, manifiesta que el autor está en lo cierto cuando afirma que “los españoles llevaron a América su cultura, su religión, su lengua, su organización social, los valores de la civilización occidental, todo lo que eran y tenían”. Portaron consigo un cuerpo legislativo, las leyes de Indias y otras Disposiciones sucesivas, que permitían recurrir ante los tribunales de justicia a los súbditos del Rey, bajo la potente protección de la Monarquía Hispana, también, denominada Española. En la lectura de Don Marcelo pareciera inferirse que somos nosotros quienes deberíamos hacer genuflexiones a los españoles y no lo opuesto.

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Las complejidades derivadas de la lucha entre unos y otros, etiquetadas desde antaño en la Asamblea Nacional de Francia, como “la derecha y la izquierda”, parecieran que hubiesen sido estatuidas más bien por un Ser Superior y para la eternidad. Pues, se les sigue usando y en lo que respecta a Caracas en más de una ocasión. En rigor, no han dejado de enredarnos y no dejaría de ser objetivo expresar que no nos han afectado. Aunque parezca mentira se le prosigue usando y que transcurridas ya tantas centurias, en las definiciones de los poderosos y afincados fuertemente en principios religiosos y profesionalmente mejor preparados y en el denominado proletariado, al cual integra “el trabajador que no posee medios de producción y que obtiene su salario de la venta del propio trabajo”, para unos cuantos, “el verdadero pueblo”, titular de la soberanía y de la constitucionalidad.

El próximo ensayo estaría referido, conforme a las pautas del abecedario, a “la Constitución, Ley Suprema y Ley de Leyes”. Genuina manifestación de la “Asamblea Constituyente”. Capítulo II del ensayo.

@LuisBGuerra

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Donald Trump muestra contradicciones al anunciar el indulto de un narcotraficante y amenazar a Venezuela

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El presidente Donald Trump y sus principales asesores han dicho que los cárteles de la droga representan uno de los peligros más acuciantes para Estados Unidos y prometieron erradicarlos del Hemisferio Occidental.

Como parte de ese esfuerzo, Trump señaló el sábado que estaba intensificando su campaña contra los cárteles de la droga, diciendo en una publicación en las redes sociales que el espacio aéreo sobre y alrededor de Venezuela debería considerarse «cerrado en su totalidad».

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Menos de 24 horas antes, Trump había anunciado en redes sociales que daba un indulto total a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado en Estados Unidos por narcotráfico, en lo que se consideró una gran victoria para las autoridades en un caso contra un exjefe de Estado. Dicho indulto aún no se ha otorgado oficialmente.

Las dos publicaciones mostraron una notable disonancia en la estrategia del presidente, quien intentó intensificar una campaña militar contra el narcotráfico al tiempo que ordenaba la liberación de un hombre que, según la fiscalía, había aceptado «sobornos con cocaína» de los cárteles y «protegido sus drogas con todo el poder y la fuerza del Estado: el ejército, la Policía y el sistema judicial». De hecho, la fiscalía afirmó que Hernández, durante años, permitió que ladrillos de cocaína procedentes de Venezuela fluyeran a través de Honduras con destino a Estados Unidos.

El senador Tim Kaine, demócrata de Virginia, calificó el indulto de “inconcebible” y dijo que las acciones de Trump eran más evidencia de una “narrativa falsa” en torno a su estrategia para contrarrestar las drogas ilícitas.

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“Esto desmiente por completo la afirmación de la administración de que realmente les importa el narcotráfico, y plantea la pregunta de qué está pasando realmente con la operación en Venezuela”, expresó.

En un comunicado, Trump afirmó haber otorgado el indulto porque «muchos amigos» se lo habían solicitado, y añadió: «Le dieron 45 años porque era el presidente del país; esto se le podía hacer a cualquier presidente de cualquier país». (Tras dejar el cargo, Trump fue condenado por 34 delitos graves de falsificación de registros comerciales, relacionados con el reembolso del dinero pagado a la estrella porno Stormy Daniels para encubrir un escándalo sexual en torno a las elecciones presidenciales de 2016).

El portaviones nuclear USS Gerald R. Ford, nave insignia de la flota de EE.UU., fue enviado por Trump al Mar Caribe, frente a Venezuela. Foto EFE

“Al asegurar la frontera y atacar a narcoterroristas designados que contrabandean drogas para matar estadounidenses, el presidente sin duda ha hecho más que nadie para enfrentar el flagelo de las muertes por drogas ilícitas”, sostuvo Anna Kelly, portavoz de la Casa Blanca, en un comunicado.

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En las últimas semanas, altos funcionarios dejaron en claro que la administración está centrada en luchar contra los cárteles de la droga en el Caribe y Sudamérica.

“Nos aseguraremos de que el pueblo estadounidense esté seguro y protegido del crimen organizado transnacional”, declaró Stephen Miller, asesor principal de Trump, a la prensa a principios de este mes. “Venezuela está gobernada por una red narcoterrorista que trafica drogas, armas y personas a Estados Unidos”, agregó.

Y poco más de dos horas después del anuncio de Trump sobre el indulto de Hernández, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, publicó en las redes sociales: “Apenas hemos comenzado a matar narcoterroristas”.

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En los últimos meses, Estados Unidos reforzó su presencia militar en el Caribe, como parte de una campaña que, según el Gobierno, busca principalmente frenar el flujo de drogas en la región. El Ejército estadounidense lanzó casi dos docenas de ataques desde principios de septiembre contra embarcaciones que, según afirma, transportaban drogas a Estados Unidos, matando a más de 80 personas. Sin embargo, la administración aún no ha presentado pruebas que respalden estas afirmaciones.

“Hernández fue condenado por conspirar para traficar 400 toneladas de cocaína a Estados Unidos y obtuvo un indulto”, declaró Tommy Vietor, ex portavoz del Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Obama, quien ahora copresenta el podcast liberal “Pod Save America”.

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“Mientras tanto, estos individuos desconocidos, que podrían ser pescadores o narcotraficantes —no lo sabemos con certeza—, están siendo asesinados en alta mar. Esta política es absurda y descaradamente ilegal”, advirtió.

Trump también ha ejercido una intensa presión sobre Nicolás Maduro, el líder autoritario de Venezuela, acusándolo de ser el jefe de una organización de narcotráfico llamada Cártel de los Soles, a pesar de que expertos en temas criminales y de narcóticos en Latinoamérica afirman que no se trata de una organización real. Trump también autorizó acciones encubiertas de la CIA en Venezuela, y muchos funcionarios estadounidenses afirman en privado que su objetivo es expulsar a Maduro del poder.

Sorpresiva decisión de Trump

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La decisión del Presidente de indultar a Hernández conmocionó a las autoridades de Honduras y Estados Unidos. La fiscalía había solicitado al juez que garantizara la muerte de Hernández, de 57 años, en prisión, alegando su abuso de poder, sus vínculos con narcotraficantes violentos y la insondable destrucción causada por la cocaína. Fue condenado a 45 años de prisión, y su condena se produjo en el marco de un amplio caso de drogas en el que varios exnarcotraficantes declararon como testigos del gobierno.

Juan Orlando Hernández, ex presidente de Honduras, en 
2015. Foto EFEJuan Orlando Hernández, ex presidente de Honduras, en
2015. Foto EFE

La familia de Hernández intentó presentar su condena como persecución política, buscando convencer a Trump. Sin embargo, gran parte de la investigación se desarrolló durante el primer mandato de Trump, y uno de los investigadores principales del caso fue Emil Bove III, entonces fiscal del Distrito Sur de Nueva York y posteriormente uno de sus abogados personales. Trump nombró a Bove como alto funcionario del Departamento de Justicia en su segundo mandato, antes de nominarlo para juez de apelaciones.

Ricardo Zúniga, ex subsecretario adjunto principal de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, dijo que era “bastante evidente” que Hernández estuvo involucrado en actividades delictivas durante múltiples administraciones estadounidenses.

«Me sorprendería que no hubiera muchas personas en el espacio pro-Trump, incluida la comunidad policial, que no estén asombradas por esto», dijo.

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Annie Correal colaboró ​​en esta nota.

Fuente: The New York Times.

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Enfermedad verde, el extraño padecimiento que afectaba a jóvenes vírgenes en el siglo XVII

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La green sickness en el siglo XVII se asociaba a la palidez y debilidad extrema de adolescentes solteras en Londres (Wikimedia)

En la Londres del siglo XVII, decenas de jóvenes mujeres morían cada año por la llamada “enfermedad verde”, un diagnóstico desaparecido hoy de la medicina.

El fenómeno se registró principalmente entre mujeres adolescentes, alrededor de los años 1650. La afección preocupó tanto a médicos, familias y autoridades, que intentaron explicar sus causas y buscar posibles tratamientos. El término marcó la historia médica durante siglos, aunque para la actualidad su significado resulta confuso.

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De acuerdo con National Institutes of Health, las primeras descripciones médicas de la enfermedad destacaron varios síntomas. Las jóvenes afectadas presentaban rostros pálidos, debilidad extrema, dificultad para alimentarse, hinchazón de tobillos y una pronunciada apatía.

Médicos y autoridades del siglo
Médicos y autoridades del siglo XVII relacionaban la green sickness con el estado civil y la moralidad de las jóvenes (Wikipedia)

Según detalló JSTOR Daily, numerosos médicos del período asociaron la enfermedad exclusivamente con mujeres jóvenes que no habían contraído matrimonio. Así, surgió la expresión popular “enfermedad de las vírgenes”, reforzando la idea de que un cierto estado civil guardaba relación directa con la salud.

John Graunt, considerado precursor de la estadística en Inglaterra, analizó el fenómeno en la capital británica. En sus informes, empleó eufemismos para evitar detalles explícitos sobre una supuesta causa sexual, pues en la época resultaba vergonzoso mencionarla.

En ese sentido, Graunt anotó en su tabla de mortalidad “Stopping of the Stomach”, pero aclaró que, en verdad, hacía referencia a la enfermedad verde.

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Frotis de sangre que muestra
Frotis de sangre que muestra anemia hipocrómica (y microcítica ). Obsérvese el aumento de la palidez central de los glóbulos rojos (Wikimedia)

Durante siglos, la enfermedad también ocupó un lugar notable en la cultura popular. Shakespeare empleó el término en Romeo y Julieta y en Henry IV, Parte 2 para ridiculizar o señalar debilidades. La referencia a una apariencia pálida y enfermiza reforzó la idea de un vínculo entre la salud física y el estado emocional o social de los adolescentes.

Según el historiador Winfried Schleiner, la enfermedad resultó tan conocida que se convirtió en un recurso de la sátira política, la literatura y el teatro de la época.

Las jóvenes con “enfermedad verde” despertaron no solo preocupación médica, sino también comentarios mordaces y bromas sobre su situación personal y social. La descripción más difundida incluía rostros pálidos y “corazón tembloroso ante el más pequeño esfuerzo”.

Shakespeare y otros autores usaron
Shakespeare y otros autores usaron la green sickness en la literatura para satirizar la salud y el estado social de los adolescentes (Wikimedia)

De acuerdo con National Institutes of Health, la denominación proviene del griego chloros, que significa amarillo verdoso, resaltando el aspecto pálido de las afectadas. Los médicos del siglo XVI, como Johann Lange y Rodrigo a Castro, interpretaron la dolencia vinculándola a desequilibrios de los “humores” y atribuyeron su causa a la retención de “sangre mala” por la falta de actividad sexual o por vasos sanguíneos demasiado estrechos.

Ante la imposibilidad de recomendar el matrimonio para todas las jóvenes, sugerían sangrías o enemas como tratamiento alternativo, especialmente en el caso de mujeres consagradas a la vida religiosa.

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La enfermedad permaneció ligada a la feminidad durante generaciones. Sin embargo, algunas obras literarias extendieron el término, en clave de burla, a hombres que no bebían alcohol ni tenían experiencia amorosa. Estos usos evidenciaron la carga simbólica y social del diagnóstico mucho más allá de cualquier base fisiológica comprobada.

La medicina antigua atribuía la
La medicina antigua atribuía la green sickness a desequilibrios de los humores y a la falta de actividad sexual en mujeres jóvenes (Wikimedia)

Helen King, citada por Schleiner, detectó que menciones a la “green sickness” aparecieron en manuales médicos hasta los años 1920. No obstante, el diagnóstico desapareció del repertorio de enfermedades reconocidas durante el siglo XX. Las razones de este abandono se vinculan tanto al cambio en las costumbres sociales como a la comprensión médica de los síntomas.

De acuerdo a diversas investigaciones, médicos de la época confundieron manifestaciones de anemias reales con nociones sociales y morales relacionadas con la virginidad. La medicina moderna identifica la anemia como una afección causada por deficiencias nutricionales, enfermedades crónicas u otros motivos, sin vincularla al estado civil o a cuestiones morales.

Algunas crónicas y versos satíricos, como los referidos al duque de Monmouth, reforzaron la idea de que solo el matrimonio o las relaciones sexuales podían “curar” la enfermedad en las jóvenes.

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Así se profundizó la estigmatización social sobre las mujeres solteras o quienes no deseaban contraer matrimonio, catalogándolas de enfermas por su estado.

A lo largo del tiempo, la noción de “enfermedad verde” funcionó como un reflejo de los prejuicios y el desconocimiento científico sobre la salud de las mujeres adolescentes.

El diagnóstico reflejó la interacción de factores culturales, médicos y religiosos en una época donde el acceso al conocimiento médico era limitado y dominado por creencias heredadas de la Antigüedad.

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Actualmente, no existe ninguna evidencia que vincule la falta de matrimonio con enfermedades hematológicas. La desaparición del término “green sickness” y su olvido en la medicina contemporánea muestran cómo los diagnósticos pueden estar más influidos por valores sociales que por la evidencia científica.

Según especialistas como Helen King y Winfried Schleiner, el estudio de “enfermedad verde” permite comprender cómo la sociedad interpretó los síntomas de jóvenes mujeres y cómo la ciencia evolucionó al dejar atrás los mitos y avanzar hacia una comprensión basada en datos verificables y observación clínica.



green sickness

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