INTERNACIONAL
“El caso Cantat”: cuando matar a golpes a una mujer aún podía ser considerado un “crimen pasional”

©Mousse/Hounsfield/ABACA.
Todo sucedió en la suite número 35 del Hotel Domina Plaza de Vilna, Lituania, en la noche del 26 al 27 de julio de 2003. La versión que dio el hombre al ser detenido fue que habían tenido una discusión y que ella, furiosa, le pegó primero; que en medio de los gritos forcejearon; que él, para sacársela de encima, la había empujado y que ella se había golpeado la cabeza con el radiador. Cinco días después, los datos de la autopsia resultaron tan contundentes como sus golpes.
Marie Trintignant medía 1,65 y pesaba unos 60 kilos. Su agresor tenía una altura de 1,90 y su peso era de 85 kilos. Ella recibió en la cara y la cabeza entre quince y veinte golpes por izquierda y por derecha, tenía la nariz destrozada y lesiones severas en los nervios ópticos. El edema cerebral producto de los golpes fue la causa de su muerte: según los forenses, su caso podía compararse al llamado “síndrome del bebé sacudido”. No recibió asistencia médica de inmediato: luego de atacarla, y pese a que ella no reaccionaba, Bertrand Cantat la desvistió y la acostó en su cama. Pero ella no estaba dormida, estaba en coma. O sea, la dejó morir.
El caso Cantat. De estrella de rock a asesino es una miniserie que acaba de subirse a Netflix que reconstruye una historia que conmovió a Francia hace más de veinte años y que aún conmueve a cualquier ser humano con un gramo de sensibilidad. Una historia que dividió a los franceses entre quienes eligieron aferrarse al argumento romántico y mendaz del “crimen pasional”, y suponían que había dos víctimas en esta tragedia, y los que en cambio se horrorizaron por la violencia desaforada que podía producir un ídolo del rock, líder de la famosa banda Noir Désir, un hombre admirado además por sus ideas políticas en favor de los más vulnerables.
El relato de este desastre que terminó con la vida de una actriz famosa, miembro de una familia célebre del mundo del espectáculo, fue narrado por los medios desde el punto de vista del agresor, quien por entonces era una verdadera estrella en su país. El tono elegido fue el de “se amaban con desesperación, discutieron brutalmente y todo terminó en tragedia”. Repito lo que reveló la autopsia: no fue una paliza de segundos, él la golpeó entre quince y veinte veces en la cara y en la cabeza.
La actriz Marie Trintignant tenía 41 años y estaba en pareja con Cantat; el romance no llevaba mucho tiempo, apenas un año, y era complicado y tormentoso. Marie era madre de cuatro hijos de diferentes padres -con todos ellos había conservado relaciones de amistad- y Cantat, de 39, estaba casado con Krisztina Rády, cuando se conocieron. Traductora y gestora cultural de origen húngaro, Krisztina estaba embarazada de su segunda hija cuando el cantante le anunció que iba a dejarla porque se había enamorado de otra mujer. No resulta difícil imaginar que para ella el mundo se vino abajo aunque ella nunca dejó de ayudarlo. Años después, esta historia, la de Krisztina y Cantat, tendrá un capítulo final demoledor.
El documental de Anne-Sophie Jahn, Nicolas Lartigue, Zoé de Bussierre y Karine Dusfour consigue ubicar piezas que faltaban de este caso y, sobre todo, desarticula la defensa de quienes buscaron cubrir al cantante por afecto, intereses o por mero desdén hacia la violencia doméstica. Además, exhibe en detalle las coberturas de los medios, que reproducían el modo en que la violencia contra las mujeres estaba socialmente naturalizada y siempre encontraba justificación. La docuserie se centra en Cantat y es por eso que sigue también hasta el final la historia de Krisztina Rády, quien se presentó en el juicio en Vilna para atestiguar que su marido no era violento y que nunca había ejercido violencia sobre ella en los años que estuvieron juntos.

Su testimonio fue capital para que en lugar de quince años la justicia lituana le aplicara a Cantat ocho años de prisión; la carátula de la causa fue “homicidio involuntario”. El músico consiguió ser trasladado a Francia y luego de cumplir la mitad de la pena, por buen comportamiento, le concedieron la libertad condicional. Entonces volvió a vivir con Krisztina y sus hijos: ese día comenzaba el calvario de la mujer y una nueva tragedia en cámara lenta que el documental retrata con información hasta ahora desconocida y de manera respetuosa.
En 2010, al regresar del colegio el hijo de ambos de 12 años encontró a su padre durmiendo y a su madre muerta en la planta alta de la casa que compartían en Burdeos: se había ahorcado. Algunos mensajes de los últimos meses de Krisztina a sus padres habían dado señales preocupantes acerca de la violencia psicológica (y física) a la que estaba siendo sometida por Cantat.

Romeo no mató a Julieta
Aunque Marie Trintignant fue asesinada a golpes, para los diarios, las revistas, la radio y la TV, que amplificaban el discurso social dominante, Bertrand Cantat había quedado “destruido” por la “inesperada” tragedia. La muerta era ella pero fue a él a quien la pasión tumultuosa entre ambos le arruinó la vida para siempre. Marie era un personaje menor en la tragedia de Cantat y su muerte, un accidente. Los menos duros con Marie hablaban de un Romeo y Julieta, aunque en la obra de Shakespeare Romeo no mata a Julieta. Hoy esta manera de tratar la violencia contra las mujeres resulta escandalosa, entonces era lo normal.
Hay una escena en particular de la serie que provoca escalofríos. Interrogado por la justicia lituana, Cantat, líder de la banda Noir Désir y acaso el músico de rock más amado en la Francia de los 90 también por su antifascismo, comienza a explicar una vez más qué pasó aquella noche. Para entonces los datos de la autopsia son concluyentes. Si antes mintió, supuestamente ahora dice la verdad. Le preguntan cuestiones específicas, dice que no puede responderlas y apela a la ironía: “Les aseguro que la próxima vez que me pase algo así anotaré los detalles”.
Cuando le piden que reproduzca la escena de los golpes, con una mano simula tomar el cuello de Marie, con la otra pega a derecha e izquierda y sacude el aire. Pega y pega mientras dice: Tac, Tac, Tac, Tac. Y dice también: “Fueron 4 o 5 o 6 veces, tal vez más, las que la golpée con mis manos, con mis anillos. Perdí el control, veía todo rojo, todo negro. En ese momento me salieron bofetadas violentas”. Recién entonces parece quebrarse y llora frente a la cámara: “Asumo la responsabilidad porque murió por mi culpa”.

Hoy esa escena es un canto al narcisismo y a la psicopatía, pero para los medios franceses el relato de Cantat fue una “conmovedora confesión”. Un verdadero escándalo, si se lo piensa desde este presente.
Marie Trintignant estaba filmando en Vilna una película para televisión sobre la vida de Colette, la escritora francesa trasgresora y libertina. Se había instalado allí por dos meses y estaba en familia ya que el filme era dirigido por su madre, Nadine Trintignant y su hermano Vincent trabajaba como asistente mientras que el hijo mayor de Marie, Roman Kolinka, de entonces 16 años, hacía un pequeño papel en la película.”
Interrumpo un segundo el relato porque, a esta altura, los lectores de cierta edad reconocen ese apellido pero los más jóvenes tal vez no: el padre de Marie, Jean-Luis Trintignant (1930-2022), fue uno de los actores más talentosos y celebrados de su tiempo, una figura clave del cine europeo, protagonista de películas inolvidables como Un hombre y una mujer (Claude Lelouch), El conformista (Bernardo Bertolucci) o Amour (Michael Haneke). Si todos recuerdan esos filmes, nadie pudo olvidar el modo en que Trintignant, vestido de blanco, se quebró entre lágrimas mientras decía unas palabras amorosas en el entierro de su hija, en el cementerio de Père-Lachaise.

Ahora volvemos a la historia de Marie T.: ninguno de los integrantes del equipo de filmación entendía bien qué hacía Bertrand Cantat en Vilna, adonde había ido para acompañar a su novia durante los dos meses de filmación. Lo que la pareja argumentaba era que no podían estar ni un minuto separados. Lo que muchos intuían, observando el carácter posesivo del hombre y las respuestas nerviosas de ella, era que él necesitaba tener a Marie las 24 horas bajo control.
La reconstrucción de los hechos que hizo la Justicia y que la miniserie documental completa dice que el 26 de julio Cantat le armó una escena de celos a Marie por un mensaje cariñoso que le había mandado su ex marido, el cineasta Samuel Benchetrit, con quien la actriz había filmado meses atrás Janis & John, una película en la que ella hacía el papel de Janis Joplin.
Fue justamente mientras preparaba esta actuación que Marie T. pidió ir a ver un show de Noir Désir; en particular le interesaba conocer a Cantat porque creía que había algo en él que podía ayudarla a componer el personaje de la cantante estadounidense. Buscaba conocer lo que advertía como un alma atormentada. En la miniserie, el manager de la banda cuenta que una noche después del show la llevó al camarín y que la atracción entre la actriz y el músico explotó de inmediato.

No le soltaba la mano
En Vilna, sus compañeros de filmación veían con asombro el modo en que Cantat la controlaba: cuando no estaba con ella, le mandaba mensajes de texto todo el tiempo como una manera de no quitarle los ojos de encima; ella sentía la presión de tener que responderle. Ya casi no cenaba con el resto del equipo y hasta llegó a echar a perder escenas solo para devolverle pronto el mensaje en el celular, según cuenta la cantante Lio, una de sus grandes amigas.
En la serie se ve una escena en la que la maquilladora está trabajando en la caracterización de Marie como Colette y Bertrand Cantat está pegado a ella. Marie está sentada frente al espejo, él está sentado detrás y le sostiene la mano en lo que claramente es para ella una postura forzada. Él no la suelta. ¿Qué hace ahí esa estrella de rock contestataria, ese hombre adorado por multitudes, ese padre de dos niños pequeños?
Entrevistada para el documental, la maquilladora recuerda con espanto esos momentos en los que todos pudieron adivinar el comienzo de una tragedia. Recuerda también cuando fue a ver a Marie al hospital y se detiene en la memoria de su rostro hermoso, que conocía tan bien y en aquel otro del final, “hinchado y de todos los colores”. Una de las cuestiones que mejor trata la miniserie es justamente lo que pasa con el entorno de una pareja en la que la mujer está en riesgo latente de violencia y en cómo a pesar de advertir que hay allí una tragedia inminente, se hace difícil intervenir sin correr el riesgo de atravesar la intimidad de los otros.
En su momento, hubo dos testigos clave de la tragedia de la suite 35 en el hotel de Vilna: un vecino de habitación, un turista inglés que escuchó que al otro lado de la pared estaba teniendo lugar una discusión pero por su desconocimiento del francés no lograba entender qué se decían y un asistente de la filmación, que estuvo con ellos hasta muy poco antes de la violencia física que derivó en la muerte de Marie. Su nombre, Andrius Leliuga.

Leliuga fue entrevistado para El caso Cantat y volvió a contar lo que vio y vivió aquella noche de verano europeo. La tensión en la pareja había ido creciendo a lo largo del día y escaló dramáticamente en una fiesta de despedida de un miembro del equipo de rodaje, según relató. Todos pudieron ver que el clima entre ellos era tenso, cargadísimo. El mensaje del ex marido había enloquecido a Cantat; él insistía en que no era justo que mientras él había abandonado y cortado todo vínculo con su ex esposa, Marie seguía flirteando con su ex.
Leliuga quiso frenar la pelea y los invitó a su departamento, donde la situación no mejoró. Cuando le consultaron si habían consumido sustancias o alcohol en exceso, dijo que solo algunos cigarrillos de marihuana y un par de vodkas. Dijo también que cuando vio que la cosa no cambiaba, prefirió desentenderse y los acompañó hasta la puerta del hotel. Las cámaras de seguridad muestran la escena en la que Leliuga lleva a Cantat y a Marie de la mano, a la manera de una madre pródiga, y los deja en la puerta del Domina Plaza. Eran las 23.59 cuando la pareja atravesó la puerta de entrada del hotel.
Recién después a las 4 de la madrugada Cantat llamó a Vincent, el hermano de Marie Trintignant, para contarle que habían discutido mal y que ella se había puesto tan furiosa que él no la reconocía. El muchacho llegó casi enseguida y estuvieron dos horas conversando sobre lo sucedido. Cantat parecía convencido de que Marie dormía y es por eso que fue recién a las dos horas de llegar que Vincent a ver a su hermana y la encontró inconciente y deformada por los golpes. La ambulancia se la llevó a las 7.30. Cantat no huyó después de la golpiza, es cierto, pero tampoco pidió ayuda para su víctima. Su argumento ante el tribunal: “Es importante que sepan que Marie tenía el sueño muy profundo”.

El #NiUnaMenos y el #MeToo
Uno de los personajes centrales de la miniserie es Lio, la cantante y estrella pop en los 80, que era íntima amiga de Marie Trintignant. Cuando ocurrió el crimen fue una de las pocas personas que se animó a discutir el consenso en la escena pública, en populares programas de TV, donde debatió con admiradores de Cantat que insistían en que se había tratado de una tragedia y no de un asesinato. Por esa época el hermano de Cantat iba también a la tele para hablar de Marie como una mujer poco confiable, histérica y muy provocadora (“Imaginate, tiene cuatro hijos de diferentes hombres”). Esta misma línea seguía el abogado de Cantat, Olivier Metzner.
El abogado de la familia Trintignant, Georges Kiejman, ironizaba con lo de los “veinte golpes en ‘defensa propia’”. “Pobre Bertrand Cantat”, se lo oye decir en la serie, “fue obligado a matar a Marie sin quererlo y a difamar a la víctima”. En su defensa, Cantat hablaba del consumo de drogas de Marie como una de las razones de su comportamiento “histérico”.
La palabra femicidio y lo que define (matar a una mujer por machismo o misoginia) no formaba parte ni del discurso social ni de los medios; en 2003 el término no había salido aún de los círculos especializados en donde había nacido a mediados de los 70. De hecho, luego de la tragedia de Marie, la venta de los discos de Noir Désir se cuadruplicó.
Debieron pasar muchos años, debió existir una ola feminista, una revolución de las mujeres imparable que tuvo sus puntos más altos en el #NiUnaMenos argentino (2015) y el #MeToo de Hollywood (2017) para que dejaran de naturalizarse los hechos de violencia y los crímenes de este signo en casi todo el mundo. Y para que las víctimas comenzaran a hablar y a judicializar sus casos y también para que aquellos que, por diferentes motivos, callaron u ocultaron episodios violentos de los que fueron testigos revelaran verdades incómodas.

Cuando el consenso cambió, a Cantat no le fue tan sencillo subir a los escenarios. Ya en carrera solista – la banda se había separado– petitorios con decenas de miles de firmas obligaron a varios festivales a bajar su nombre y ya se hizo muy difícil separar al artista de su obra. Convocar a Cantat comenzó a ser un gesto de riesgo para cualquier productor. A ninguno de ellos les gusta que se les junten en la puerta personas indignadas que le gritan “Asesino” a uno de los artistas convocados.
Una de las creadoras de la serie, Anne-Sophie Jann, publicó en 2017 varias columnas en el semanario Le Point con sus investigaciones, en las que revelaba detalles desconocidos de la vida de Cantat y el final trágico de sus mujeres. Más tarde escribió Désir Noir (2023), un libro sobre el tema. Todo el trabajo de Jann ayuda a configurar el retrato de un hombre manipulador y violento, a quien tanto su ex mujer como varios de sus compañeros y gente del medio discográfico cubrieron aún cuando sabían de su violencia.
Algo interesante para analizar es que Le Point, una publicación de derecha, publicó materiales que desarmaron las estrategias de protección de la figura de Cantat y también las contradicciones que habitan en esa defensa por parte de personas que se denominan a sí mismas progresistas y defensoras de los derechos humanos. Fue un medio conservador el que lo hizo y poco importa si detrás de sus publicaciones se ocultaban intereses políticos. El acento hay que ponerlo en lo que falta, que es la autocrítica por la doble vara que aún no se vio ni se escuchó en las entrañas de ese progresismo que privilegia sus mezquindades por sobre cuestiones básicas de los derechos humanos que tanto aseguran defender.
La producción tiene imágenes de archivo conocidas y otras inéditas, como las declaraciones de Cantat en el tribunal lituano. Hay entrevistas muy conmovedoras, como la de la maquilladora, la de Lio (“Mientras las mujeres acepten ser víctimas en nombre del amor, va a estar mal”, “La vida de una mujer no vale mucho”) y también la del baterista Richard Kolinka, padre del hijo mayor de Marie Trintignant, quien en relación a la idea del “crimen pasional”, ese concepto absurdo que rigió durante tanto tiempo, en un momento dice una frase que es clave, algo que a esta altura ya sabemos todos muy bien: “No se mata por amor, se mata por odio”.

La miniserie El caso Cantat se compone de tres capítulos de poco más de 40 minutos y trata un tema fundamental con sobriedad, sin morbo y con un muy buen manejo de los tiempos narrativos. Lo hace en un momento histórico en el que el péndulo político se orienta en todo el mundo hacia modelos ultraconservadores para los cuales el feminismo encarna uno de los demonios a vencer y por eso es relevante. Se hace difícil creer que luego de tanta evidencia, y más allá de algunos arrebatos vengativos y cancelatorios por parte de algunos feminismos durante el breve lapso en el que el tema fue dominante en la agenda pública, se retroceda en algo tan elemental como es el respeto a la vida y la dignidad de las mujeres.
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La pintura que nadie esperaba: así fue el increíble redescubrimiento de John Constable en el corazón de Texas

Un nuevo capítulo en la historia del arte británico surgió en el este de Texas, donde una obra atribuida a John Constable —referente del paisaje romántico inglés— fue identificada como un hallazgo insospechado con consecuencias para la comprensión de su proceso creativo.
La pintura, un estudio al óleo de gran escala relacionado con The Cornfield (1826), será la pieza principal en la subasta de arte europeo de la casa Heritage en Dallas este 5 de junio, tras un proceso de atribución que desafió lo sabido sobre el autor y reunió a especialistas ante un enigma de procedencia aún sin resolver.
Una característica distintiva de este hallazgo, nunca registrada en versiones previas de la misma escena, es su tamaño: el estudio mide 140 por 122 centímetros, convirtiéndose en el mayor de los bocetos conocidos para The Cornfield.
Según declaró Marianne Berardi, codirectora de arte europeo en Heritage Auction al medio ARTnews, la obra permaneció décadas en la colección de la Jefferson Historical Society and Museum tras ser donada en los años 1960 por la neoyorquina Newhouse Galleries, con el objetivo de fortalecer esa institución cultural. Solamente en 2017, durante una visita de revisión de patrimonio que gestionó Heritage, surgió la sospecha de que se trataba de una obra auténtica, no una copia más entre las 85 registradas, basadas en la laguna de Fen, en Suffolk.

El estudio, restaurado cuidadosamente e investigado a fondo entre 2023 y 2024, fue sometido a múltiples análisis técnicos —desde pruebas de limpieza hasta reflectografía infrarroja y análisis de pigmentos—. Todos los exámenes confirmaron “consistencia total con los materiales y métodos de trabajo de Constable”, lo que contradijo el consenso anterior entre expertos y abrió nuevas incógnitas sobre la evolución de la célebre pintura terminada, la primera del artista admitida en la National Gallery de Londres en 1837.
La autentificación introdujo elementos inéditos en el relato historiográfico de John Constable. De acuerdo con la restauradora Sarah Cove, versiones previas sostenían que Constable pasaba directamente de pequeños bocetos a la obra final. “Desde el redescubrimiento del boceto a tamaño real, sabemos que eso es incorrecto”, afirmó Cove, quien determinó que el autor ejecutó la composición en una única sesión y, en una segunda etapa, la retocó siguiendo una lógica de revisión más madura, evidenciando un proceso analítico visible y documentable sobre la propia superficie.
Las investigaciones de Anne Lyles, historiadora del arte y experta en Constable, apuntaron a una fecha de ejecución en torno a 1820, basada en el imprimado de la tela. Cove sumó que la intervención principal podría situarse poco después de 1825, en un contexto de experimentaciones simultáneas con la composición The Leaping Horse. “El manejo es tan parecido que sugiere que pudo ocurrir a inicios de 1826, en paralelo al trabajo sobre el boceto a tamaño real para The Cornfield”, sostuvo Cove.

La recurrencia con la que resurgen obras desconocidas de Constable se explica por la extraordinaria cantidad que produjo a lo largo de su carrera, motivado en parte por lo que el mismo artista reconocía como una memoria visual limitada. Los estudios, entonces, se convirtieron en sus equivalentes a la fotografía: modelos de referencia concebidos con una libertad y rapidez que anticipaban la estética impresionista décadas antes de su formulación. Estos trabajos permanecieron, en buena medida, fuera del radar del público hasta la subasta del estudio Foster and Co., un año después de la muerte del pintor en 1837.
A partir de 1816 y luego de su matrimonio, Constable amplió el formato de sus composiciones para hacerlas más atractivas comercialmente y para optimizar el tiempo de ejecución. La obra ahora identificada permite reconstruir cómo la exploración en gran escala fue un paso intermedio crucial entre los bocetos reducidos y el lienzo definitivo, integrando casi todos los elementos presentes en la versión final exhibida en la National Gallery, salvo algunos detalles menores.
La procedencia del estudio aún plantea dudas. Existen registros de ventas históricas que mencionan una “estudio de la naturaleza para The Corn Field, para el cuadro de la National Gallery”. Para Sarah Cove, la pintura recién estudiada desplaza como candidata legítima a la versión hasta ahora conservada en los Newfields de Indianápolis. Anne Lyles, en cambio, mantiene reservas sobre la atribución.
La obra será expuesta antes de la subasta en el espacio londinense de Heritage Auctions entre el 27 de marzo y el 2 de abril. Este recorrido internacional marca un nuevo ciclo para una pieza que permaneció más de medio siglo en relativo anonimato y que, ahora, redefine el conocimiento sobre las estrategias creativas de un pilar del romanticismo inglés.
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Irán pone a Europa en su punto de mira con los misiles lanzados contra la isla Diego García: “Ya no hay vuelta atrás”

Irán lanzó esta semana dos misiles balísticos de alcance intermedio contra la base militar estadounidense-británica de Diego García, en el océano Índico, revelando capacidades militares que superan lo que muchos analistas creían posible y que, por primera vez, ponen a ciudades europeas dentro del radio de alcance del arsenal iraní.
El ataque, producido en las primeras horas del viernes, fue el primero en que Irán empleó misiles de esta categoría. Uno de los proyectiles falló durante el vuelo; el otro fue neutralizado por un destructor estadounidense que lanzó interceptores SM-3 desde posiciones cercanas a la base. Ninguno impactó en el objetivo, pero el solo hecho de haberlos disparado cambió el mapa estratégico del conflicto.
La distancia entre Irán y Diego García supera los 4.000 kilómetros, una cifra que equivale aproximadamente a la que separa a Teherán de Londres o París. Hasta el viernes, las propias autoridades iraníes sostenían públicamente que el alcance máximo de sus misiles no superaba los 2.000 kilómetros. El ataque desmintió esa afirmación de manera contundente.

Analistas consultados por The Wall Street Journal señalaron que la complejidad técnica de estos misiles sugiere que Irán preparó el lanzamiento mucho antes del inicio de la guerra, dado que sería difícil haber completado ese desarrollo bajo los bombardeos de las últimas semanas. Algunos especialistas apuntan a que Irán podría haber adaptado uno de sus lanzadores espaciales civiles para uso militar.

“Ya no hay vuelta atrás”, advirtió Jeffrey Lewis, experto en control de armamentos del Instituto Middlebury. “Este es un hecho: Irán tiene misiles balísticos de alcance intermedio.” Lewis añadió que el cruce de esa línea aumenta el riesgo de que el régimen reconsidere también su postura respecto al desarrollo de armas nucleares, un programa que Teherán ha negado sistemáticamente pero que el conflicto actual podría acelerar.
Danny Citrinowicz, quien dirigió durante años el área de análisis sobre Irán en la inteligencia militar israelí, apuntó al significado político del lanzamiento tanto como al técnico. “Muestra hasta dónde está llegando el proceso de toma de decisiones hacia el extremo”, afirmó al WSJ, sugiriendo que el ataque a Diego García refleja un régimen que ha abandonado los cálculos de prudencia que históricamente moderaron sus respuestas militares.
Farzin Nadimi, investigador especializado en Irán en el Washington Institute, agregó otra capa de incertidumbre: aún no está claro si los misiles disparados habrían podido alcanzar efectivamente Diego García, dado que ninguno impactó en el objetivo. Construir misiles de largo alcance que funcionen de manera confiable es técnicamente complejo, precisó, debido a las tensiones extremas que experimentan los proyectiles durante el vuelo.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, retomó estas conclusiones este domingo durante una visita a Arad, en el sur de Israel, donde el sábado por la noche un misil iraní impactó en un barrio residencial sin ser interceptado. Desde los escombros, Netanyahu fue directo: “Dispararon un misil balístico intercontinental sobre Diego García. Son 4.000 kilómetros. He estado advirtiendo todo el tiempo: ahora tienen la capacidad de llegar profundamente a Europa”.
“Están poniendo a todos en su mira”, agregó el premier, en referencia también al bloqueo iraní del estrecho de Ormuz. “Están cortando una ruta marítima internacional, una ruta energética, e intentando chantajear al mundo entero.”
Netanyahu aprovechó la visita para llamar a los líderes mundiales a sumarse a la ofensiva conjunta israelí-estadounidense contra Irán. “Es hora de que los líderes del resto de los países se sumen. Me complace decir que veo que algunos empiezan a avanzar en esa dirección, pero se necesita más”, afirmó, sin precisar qué países ni en qué capacidad. El presidente Donald Trump ha expresado en repetidas ocasiones su frustración por la escasa respuesta internacional de apoyo a la campaña militar.
Por su parte, el Ejército israelí publicó ayer un mapa en redes sociales mostrando el radio de acción de los misiles iraníes, con Londres, París y Berlín dentro del alcance. “El régimen terrorista iraní representa una amenaza global”, señaló el comunicado militar israelí, recordando que ya en junio de 2025, durante la Operación León Naciente, Israel había advertido sobre el desarrollo de estos proyectiles, advertencia que Teherán negó en ese momento.
El Reino Unido respondió al ataque ampliando el acceso estadounidense a sus bases en todo el mundo para operaciones contra Irán. El Ministerio de Defensa británico calificó los ataques como “una amenaza para los intereses británicos y sus aliados”. El canciller iraní, Abbas Araghchi, advirtió a Londres que permitir el uso de sus instalaciones equivale a “participar en la agresión”.
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Netanyahu visitó uno de los lugares impactados por los misiles iraníes en el sur de Israel: “Estamos aplastando al enemigo”

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, visitó este domingo la localidad de Arad, en el sur de Israel, donde el sábado por la noche un misil iraní impactó entre edificios residenciales sin ser interceptado por los sistemas de defensa del país. Ante un grupo reducido de periodistas seleccionados por su gabinete, Netanyahu aseguró que Israel está “aplastando al enemigo”, advirtió que Irán ya tiene capacidad para alcanzar el centro de Europa y llamó a los líderes mundiales a sumarse a la ofensiva conjunta con Estados Unidos.
“En las últimas 48 horas, Irán atacó una zona civil”, afirmó Netanyahu señalando los escombros a su alrededor. “Lo están usando como arma de asesinato masivo. Por suerte, nadie murió, pero fue solo suerte”, añadió.
El premier fue más allá en su diagnóstico sobre el alcance de la amenaza iraní. Citó el reciente lanzamiento de un misil balístico intercontinental contra la base militar británico-estadounidense de Diego García, en el océano Índico, como prueba de que Irán ha desarrollado capacidades que superan las estimaciones previas. “Dispararon un misil balístico intercontinental a Diego García. Son 4.000 kilómetros. He estado advirtiendo todo el tiempo: ahora tienen la capacidad de llegar profundamente a Europa”, señaló.
“Están poniendo a todos en su mira. Están cortando una ruta marítima internacional, una ruta energética, e intentando chantajear al mundo entero”, agregó, en referencia al bloqueo iraní del estratégico estrecho de Ormuz. “Es hora de que los líderes del resto de los países se sumen.”
Netanyahu indicó que algunos países “comienzan a moverse en esa dirección”, sin precisar cuáles ni en qué capacidad, pero advirtió que “se necesita más”. El presidente estadounidense Donald Trump ha expresado en reiteradas ocasiones su frustración por la escasa respuesta internacional de apoyo a la ofensiva.
El primer ministro también condenó los ataques iraníes en las cercanías de lugares santos en Jerusalén. “Dispararon sobre Jerusalén, justo al lado de los lugares sagrados de las tres religiones monoteístas: el Muro de los Lamentos, la Iglesia del Santo Sepulcro y la Mezquita de Al-Aqsa. Por un milagro, ninguno resultó dañado, pero estaban apuntando a los sitios sagrados de las tres grandes religiones monoteístas”, denunció.
Consultado sobre cómo responderá Israel a los ataques contra civiles, Netanyahu fue contundente: “Respondemos con gran fuerza, pero no contra civiles. Vamos tras el régimen, tras los Guardianes de la Revolución, esa banda criminal, y los perseguimos personalmente: a sus líderes, sus instalaciones, sus activos económicos. Los estamos persiguiendo con mucha firmeza.”
El misil caído sobre Arad dejó más de 60 heridos, diez de ellos graves, incluido un niño en estado crítico. A 30 kilómetros, en Dimona —sede de la mayor instalación nuclear israelí—, otro misil impactó en circunstancias similares. En total, unas 120 personas resultaron heridas en ambos ataques. El ministro de Exteriores, Gideon Saar, también visitó la zona y afirmó que fue “un milagro” que nadie muriera.
La jornada del domingo dejó además un ataque con misil balístico de ojiva de racimo sobre Tel Aviv, que dispersó submuniciones sobre una amplia zona urbana y dejó 15 heridos, uno grave. En el norte, Hezbolá mató a al menos una persona. El balance diario del Ministerio de Salud israelí contabilizó un muerto y 303 heridos en menos de 24 horas. Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, los heridos hospitalizados en Israel suman 4.564.
En total la guerra dejó 16 muertos en Israel frente a más de 1.200 reconocidos por Irán solo en la primera semana de la ofensiva, y más de un millar de fallecidos en Líbano.
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