INTERNACIONAL
El fallido golpe de Estado que catapultó a Adolf Hitler a la fama para someter al mundo a un sufrimiento atroz

Alemania había tocado fondo
Muchos alemanes creían que habían ganado la Primera Guerra Mundial en el campo de batalla pero que habían sido vendidos en la mesa de negociaciones por políticos traidores. Para 1923, los franceses y belgas habían ocupado grandes zonas rurales. Las indemnizaciones de guerra que debía pagar el país a los vencedores eran enormes. Había industrias que quebraban, la economía se había hundido y la inflación ahogaba a todos. El gobierno imprimía dinero a lo loco para compensar la caída del salario. Se necesitaban miles de millones de marcos (la moneda vigente) para igualar el valor de un 1 dólar. En diciembre, el tipo de cambio era de 6.700.000.000 de marcos por dólar. Con la moneda inexistente, los agricultores se negaron a vender sus cosechas, lo que provocó disturbios por la comida y huelgas de hambre. Todo era un desastre.
Al terminar la guerra en 1918, los políticos socialdemócratas reunidos en la pequeña ciudad de Weimar, en el centro de Alemania, sancionaron una constitución democrática que preveía un régimen de gobierno parlamentario. Se la llamó “La República de Weimar”. Le tocó lidiar con la derrota militar, las multas de guerra, la bancarrota financiera y el surgimiento de grupos de extrema derecha e izquierda que se enfrentaban continuamente y debilitaban el escaso poder de la nueva constitución.
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Mientras los comunistas alcanzaban más del 10% de los votos, uno de los más extremistas grupos de derecha, el Partido Nacional Socialista Democrático de los Trabajadores, es decir los nazis, apoyaba un golpe violento contra la República de Weimar, fogoneados por la inflamada verba de su líder, Adolf Hitler, y la violencia de su grupo de matones, las SA o tropas de asalto.
La cervecería Bürgerbräukeller
Alfred Rosemberg era el editor del periódico del Partido Nacional Socialista. El 8 de noviembre de 1923, Hitler le encargó una edición especial solo para alertar a la prensa extranjera que a la noche iba a ocurrir un importante acontecimiento político en la cervecería Bürgerbräukeller, ubicada a un kilómetro y medio del centro de Munich. La reunión de los nazis en la cervecería sería a las 19.
A Hitler le gustaba beber cerveza de la marca Hofbräuhaus, que se elaboraba en la propia ciudad de Munich desde 1589. Por supuesto, tenía su propio local. Era tradición en el país que las cervecerías tuvieran grandes dimensiones, y en ellas se realizaba todo tipo de eventos, reuniones políticas y sociales. Es decir, estaban preparadas para recibir multitudes. Hitler no convocó a los suyos a la cervecería Hofbräuhaus sino a la Bürgerbräukeller. La razón era que en la noche del 8 de noviembre estarían en ella funcionarios del gobierno del estado de Bavaria, cuya capital es justamente Munich, y empresarios de la región. Hitler pretendía destituir el gobierno bávaro y marchar luego hacia Berlín para dar un golpe de Estado que terminaría con la República de Weimar.
A las 20, el público desbordaba la Bürgerbräukeller. Habría unas 3000 personas, que también ocupaban la calle. El bullicio era tal que los concurrentes se comunicaban a los gritos. A esa hora, llegó un Mercedes Benz rojo del que bajó Hitler. Se abrió paso entre la gente y llegó al salón de banquetes, donde una orquesta tocaba un típico ritmo del Oktoberfest (“festival de octubre”), una fiesta muy popular en Munich. Las camareras iban y venían haciendo malabares con las jarras de cerveza. El momento en que los golpistas deciden marchar al centro de Munich.
Hitler y Rosemberg se estacionaron en un vestíbulo desde donde observaban el discurso que estaba dando Gustav von Kahr, jefe de gobierno de Baviera. Las palabras de Kahr eran una durísima crítica hacia los males del marxismo.
En las afueras de la ciudad, 125 hombres de la Sturmabteilung o SA o sección de asalto, recibían fusiles, ametralladoras y granadas de mano supervisados por el comandante de la unidad, Josef Berchtold. Junto a él, con un casco de acero adornado con una esvástica, se encontraba el líder de la fuerza de “protección” de Hitler, Hermann Göring. Berchtold y Göring ordenaron a los hombres que subieran a cuatro camiones. Cuando llegaron a la entrada principal de la Bürgerbräukeller, Göring y 24 hombres entraron a la carrera gritando “¡Heil, Hitler!”.
Un centenar más corría por el salón, cubrieron ventanas, cortaron teléfonos, bloquearon salidas y se apostaron contra las paredes, apuntando sus armas hacia los concurrentes. Mientras esto ocurría, Hitler dio el último sorbo a su jarra de cerveza y entró en el salón de banquetes. Se subió a una mesa, sacó una pistola y disparó dos tiros al techo. “¡Silencio!”, gritó. Luego se dirigió hacia el podio donde estaba Kahr.
Hitler, dispuesto a todo
Hitler gritó a la multitud: “¡La revolución nacional ha comenzado! Seiscientos hombres armados ocupan esta sala. Nadie puede salir. ¡Los gobiernos de Baviera y Berlín han sido derrocados! ¡Los cuarteles del Ejército y la jefatura de Policía están ahora bajo el control del partido!”. Nada de esto era cierto.
Se dirigió a Kahr, al general Otto von Lossow y al coronel Hans Ritter von Seisser, que era también jefe de Policía de Baviera, y los llevó de prepo a una sala aparte. Fue terminante: lo apoyaban o morían con él ahí mismo; su arma, afirmó, tenía cuatro balas, una para cada uno de los presentes. Hitler tenía el arma en su mano y se apuntó a su propia cabeza para demostrar que estaba dispuesto a todo. De golpe bajó la pistola, salió raudo del lugar y fue directo a hablar con la multitud. Le dijo que su revolución era contra el gobierno de Berlín, no contra el de Kahr, en Baviera. El público deliró. Lo aclamaron y aprobaron el plan de marchar sobre Berlín. La cervecería Bürgerbräukeller.
Hitler regresó donde estaban Kahr, Lossow y Seissr, es decir sus rehenes, rodeados de nazis, y los conminó a que se comprometieran con la revolución que el pueblo les reclamaba. En ese momento, Hitler creyó que ganaba la partida: llegó el general Erich Ludendorff, héroe de la Primera Guera Mundial y nazi de corazón, que apuró a los presentes para que se plegaran al golpe. “Los deseos de su excelencia son mis órdenes”, dijo Kahr frente a Lunderdorff, aunque tiempo después lo negaría. Era ese el momento. Hitler los llevó a todos a la sala, frente al público. Todos se dieron la mano y el futuro führer del pueblo alemán anunció que al día siguiente marcharían sobre Berlìn. “¡Heil, Hitler!”, fue la respuesta repetida y atronadora.
El líder nazi se fue de la cervecería hacia la estación de trenes de Munich. Quería supervisar la toma de la estación por sus paramilitares. “Debo hacerlo en persona para evitar que la chusma de judíos racialmente extranjeros del Este se cargue con divisas”.
Otros planes
Mientras, el general Ludendorff dejó ir al jefe de gobierno Kahr, al genertal von Lossow y al coronel von Seisser, bajo la promesa de continuar con el golpe. Pero esos tres tenían otros planes. Lanzarían un contragolpe para neutralizar a Hitler. Ordenaron a las emisoras de radio de la ciudad que difundiesen un comunicado en el que repudiaban el golpe de Estado de Hitler y aclararon, por las dudas, que las expresiones de apoyo que habían dado habían sido arrancadas a punta de pistola. Declararon ilegal al partido nazi, confiscaron sus propiedades y ordenaron detener a Hitler.
La ciudad era un caos porque las tropas de choque nazis destrozaron las oficinas de un diario socialdemócrata y escaparates de comercios pertenecientes a judíos. En la propia cervezería Bürgerbräukeller las SA acorralaron a 74 judíos y los mantuvieron cautivos.
Hitler dejó la estación de trenes y volvió a la cervecería. Se lo veía demacrado, su viejo impermeable más raído que en otros momentos, sin afeitar y el cabello revuelto. Sus hombres estaban perdiendo los edificios públicos que antes habían tomado, superados por los soldados. Hitler dio la siguiente orden: sus hombres se reunirían y marcharían por la ciudad exhortando a los ciudadanos a que se les unieran en el golpe. Había pasado ya la noche, la madrugada y la mañana. Antes de las 13 del 9 de noviembre, las columnas nazis se dirigían hacia el centro de Munich entonando un himno partidario, con sus banderas con svásticas. Muchos los vitoreaban.
Cuando llegaron a un puente sobre el río Isar, antes del centro de la ciudad, los esperaban 30 policías con ametralladoras, pero las tropas de asalto de Hitler los vencieron en una lucha cuerpo a cuerpo y tomaron a 28 agentes como prisioneros. Los nazis eran ya 2000 e iban al mando del general Ludendorff. Se volvieron a enfrentar con la Policía al llegar a la Odeonplatz (la Plaza del Odeón). Entonces no fueron trompadas y patadas sino que hubo disparos. El enfrentamiento de los nacionalsocialistas con los soldados. Fue en el centro de Munich el 9 de noviembre de 1923.
Hitler iba en segunda fila del brazo con Max Scheubner. Un tiro en el pecho, otros dos en ambos muslos y el cuarto en el brazo derecho, derribaron a Scheubner, que cayó muerto arrastrando a Hitler. El líder nazi se luxó un hombro en esa caída. Herman Göring recibió un disparo en el muslo y otro en la ingle. El tiroteo duró dos minutos. Al terminar, en la calle había 20 cadáveres, 15 pertenecían a camisas pardas, es decir las SA o tropas de asalto hitlerianas, 4 eran de policías y el cuerpo de un mozo que cruzó la calle a destiempo para ir a trabajar. Mas de 100 hombres quedaron heridos.
La caza de los nazis golpistas
El golpe de Estado o “Putsch de la Cervecería” como pasó a la historia, había terminado. Hitler escapó de la Odeonplatz en el auto de un amigo médico. Pero la Policía lo pudo ubicar a 56 kilómetros de Munich. El 11 de noviembre lo detuvieron. Estaba en la terraza de la casa, vestido con un pijama blanco, una bata azul y el brazo vendado. Lo llevaron a la prisión de Landsberg. Hitler se convirtió en el prisionero número 45, ocupante de la celda 5, un espacio muy cómodo, reservado a celebridades. Le permitieron seguir vistiendo con ropa de calle y recibir visitas.
El juicio contra los golpistas no tendría jurados pero sí cinco jueces profesionales. Además de los acusados Hitler, Göring y Ludendorff, estaban Ernst Rohm (futuro jefe de las SA), Wilhelm Bruckner y Wilhelm Fricke entre otros. El delito era “alta traición” y la pena que arriesgaban era la perpetua. El gobierno de Baviera prefería un juicio rápido y discreto, pero Hitler quería mucha publicidad para difundir sus ideas y largos discursos.
El primer día, el 26 de febrero de 1924, la sala estaba repleta. El proceso se desarrollaba en el segundo piso de la Escuela de Infantería del Reichswehr. Había 120 asientos y la mitad estaba asignada a la prensa, la mayoría extranjera. Hitler se sentó en una pequeña mesa con el general Ludendorff. El presidente del tribunal fue Georg Neithardt, un hombre conservador que se reveló muy indulgente con Hitler. Le permitió pronunciar largos discursos (su declaración inicial fue de 4 horas), interrogar a los testigos e interrumpir los testimonios de los testigos del fiscal.
Una vieja foto de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial (Foto: Archivo Nacional polaco/EFE)
Hitler culpó al gobierno de Berlín de la crisis económica; afirmó que le había robado al pueblo “sus últimas migajas”. Dijo: “¡La política no se hace con la palma, sino con la espada!”. Y en su alegato final exclamó que su objetivo era destruir el marxismo. Desafiante, terminó así: “¡Llegará la hora en que las masas que se paran en las calles bajo nuestra bandera con la esvástica se unirán a quienes nos dispararon!”. Algunos en la sala lloraron.
Cinco años de prisión
El 1º de abril Hitler y tres secuaces fueron condenados a 5 años de prisión, la pena mínima. En pocos meses, saldrían libres. A los demás, les aplicaron penas en suspenso y al general Ludendorff lo absolvieron. Cuando Hitler regresó a su habitación (pues no estaba en una celda) salió al balcón a saludar a sus seguidores. Una multitud reaccionó al verlo con: “¡Heil, Hitler!”.
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En julio, Hitler trabajaba arduamente en una obra que sería a la vez autobiografía y manifiesto político. La obra se llamaría Mein Kampf . En el libro, desarrolló los dos grandes temas que marcarían su política posterior. Primero, definió la historia mundial como una lucha entre razas y consideró a los arios como la raza creadora de cultura y a los judíos como la raza destructora de cultura. Segundo, expuso los argumentos a favor de la imperativa expansión territorial alemana hacia el este, a la que llamó “espacio vital” para los alemanes o Lebenstraum.
El Tribunal Supremo de Baviera le concedió la libertad condicional después de cumplir ocho meses de su condena a 5 años. El juicio fue muy beneficioso para Hitler. De ser un personaje de segunda línea en la política local, después del proceso se convirtió en un mártir patriótico y en una figura prominente en la política alemana. Ya estaba en condiciones de infligir un tremendo e inédito sufrimiento al mundo.
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INTERNACIONAL
Super Bowl Sunday: Here are some of the political, social commercials you can expect during the big game

NEWYou can now listen to Fox News articles!
One of the most anticipated parts of Super Bowl Sunday is not necessarily the game, it’s the commercials throughout the big game.
Hundreds-of-millions in advertising revenue will hit the airwaves Sunday night, but not everyone is trying to get you to buy something. Viewers can expect to see anti-hate ads, ads that focus on Christianity, and ads supporting political candidates that want viewers to buy in to their political views.
A 30-second spot during this year’s game costs around $8 to $10 million.
SUPER BOWL SUNDAY MENUS ARE CHANGING; PARTY HOSTS SERVE UP SURPRISES THIS YEAR
U.S. President Donald Trumpholds up a football presented to Trump during a presentation ceremony for the Commander-in-Chief Trophy to the Navy Midshipmen football team in the East Room of the White House April 15, 2025 in Washington, DC. The Commander-in-Chief Trophy is awarded to the winner of the American college football series among the teams of the U.S. Military Academy (Army Black Knights), the U.S. Naval Academy (Navy Midshipmen), and the U.S. Air Force Academy (Air Force Falcons). (Photo by Win McNamee/Getty Images)
1. Pro-Trump group commercial touting Trump Accounts
A pro-Trump nonprofit, Invest America, bought time during the pre-game broadcast to promote the president’s new tax-free «Trump Accounts,» which were established in the GOP’s One Big Beautiful Bill Act as tax-free savings accounts for American children, many of which will be seeded with $1,000 from the federal government. Children will be able to use the funds from these accounts for things like education expenses, or down payments on a new home.
The ad will feature children talking about the importance of investing.
«It’s gonna get a lot of attention. All your viewers, watch the Super Bowl right after the national anthem, we’re gonna have a big rollout,» Treasury Secretary Scott Bessent said last month on a local Midwest radio station.
2. Another anti-hate ad from Robert Kraft
New England Patriots’ owner Robert Kraft’s nonprofit the Blue Square Alliance, which was formerly called the Foundation to Combat Antisemitism, will have another advertisement this year against antisemitism. His group has been buying ad spots at the Super Bowl since at least 2022 to promote anti-Jewish hate messages. Last year, the group’s ad featured appearances from celebrities like Snoop Dogg and Tom Brady.
This year’s advertisement will focus on antisemitism among younger people, particularly those in schools. The ad encourages supporters to post an image of a blank blue square, resembling a sticky note, to illustrate their support against Jewish hate.
3. Michigan gubernatorial candidate’s «anti-halftime» ad
A Republican candidate running to be Michigan’s next governor, Perry Johnson, has been sponsoring ads running from several days before the game up until Sunday evening, according to the candidate’s campaign. The advertisement, which will only be seen in select Michigan TV markets, urges folks to turn the channel during the Bad Bunny halftime show and tune into the halftime show being produced by the late-Charlie Kirk’s Turning Point USA (TPUSA). Bad Bunny’s selection by the NFL has created a political stir, with critics calling him anti-American.
ANTI-TRUMP PERFORMERS LITTER SUPER BOWL LX IN CALIFORNIA
«Join me in changing the channel during halftime to Turning Point’s ‘All American Halftime Show’ for some great American entertainment during America’s game,» Johnson’s ad encourages viewers.

An advertisement for Super Bowl halftime performance by musical performer Bad Bunny. (Photo by Chris Graythen/Getty Images)
4. Senate candidates’ campaign ads
Viewers in Maine and Texas will see advertising from the political campaigns of incumbent Sen. Susan Collins, R-Maine, and Democrat challenger to U.S. Sen. John Cornyn, R-Texas, James Talarico, who is a state senator in Texas.
Collins’ campaign ad was purchased on her behalf by One Nation, a nonprofit tied to the Senate Leadership Fund, the top super PAC for Senate Republicans. They are coughing up about $5.5 million for a several-months-long ad buy planned to focus on the Maine viewing market.

Sen. Susan Collins, R-Maine, departs the chamber at the Capitol in Washington, on July 24, 2025. (J. Scott Applewhite/AP Photo)
According to the local Portland Press, her 30-second ad features stock clips of firefighters while discussing Collins’ efforts to pass legislation banning «forever chemicals» linked to cancer. «Call Senator Collins and thank her for protecting Maine’s first responders,» a narrator concludes the advertisement, according to a version reportedly shared on YouTube.
Talarico, who reportedly spent more than $100,000 from his campaign to air his ad, according to local reports, shared his advertisement on social media. Talarico focuses on slamming billionaires and ethics, particularly related to campaign finance and congressional stock trading.
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«Millionaires don’t just influence politicians, they own them. That’s why I don’t take corporate PAC money. That’s why I fought to cap campaign contributions,» Talarico says in his ad. «In the Senate I’ll ban billionaires from making unlimited, secret donations. I’ll stop members of Congress from trading stocks. And I’ll raise taxes on those at the top to fund tax cuts for the rest of us.»
5. He Gets Us ad
The pro-Christian ad campaign that launched in 2022 with help from the family behind Hobby Lobby has been criticized over the years as its commercials have become a talking point following past Super Bowls. The campaign’s ads have typically focused on social conflicts and it plans to unveil yet another ad during this year’s game.
This year’s message touches on wealth, image, insecurity, digital addiction, fame and other pressures in life, rather than social conflicts, similar to ads they have done during past Super Bowls, according to pre-releases of the ad ahead of the game.
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INTERNACIONAL
La historia de los 60 estudiantes que en 1970 caminaron 760 kilómetros para presentar demandas al Gobierno ecuatoriano

El 3 de marzo de 1970, cuando aún no amanecía del todo en el sur del Ecuador, sesenta estudiantes secundarios salieron de Loja con un objetivo que parecía desmesurado para su edad: caminar hasta Quito para exigir al Estado lo que su provincia llevaba décadas esperando. Tenían entre 16 y 19 años, estudiaban en el Colegio Bernardo Valdivieso y estaban convencidos de que la única forma de ser escuchados era llegar, literalmente, hasta el poder. Así nació la caminata de 760 kilómetros que marcaría un antes y un después en la historia cívica de la ciudad.
En ese momento, Loja arrastraba un profundo rezago estructural. La ciudad sureña no contaba con un hospital moderno, la educación científica en su colegio emblemático era precaria por la falta de laboratorios adecuados y las vías de acceso seguían siendo, en muchos tramos, de tierra o en mal estado. La sensación de abandono estatal no era nueva, pero a fines de los años sesenta se había vuelto intolerable. Dos años antes, el incendio del antiguo Hospital San Juan de Dios había dejado a la provincia sin un centro de salud acorde a sus necesidades, y las promesas oficiales no se concretaban. Frente a ese escenario, la protesta no surgió desde partidos políticos ni sindicatos, sino desde un aula de colegio.
La idea de la caminata se fue gestando entre docentes y estudiantes del Bernardo Valdivieso como una acción cívica, no violenta y disciplinada. No sería una marcha improvisada ni una toma simbólica, sino una posta atlética organizada por relevos, que permitiera cubrir largas distancias sin detener el avance. Durante meses, los jóvenes entrenaron antes del inicio de clases, a partir de las cuatro de la mañana, bajo la supervisión de sus profesores. La preparación física era tan importante como la convicción política: sabían que cualquier falla podía deslegitimar su reclamo.
El día de la partida, Loja se volcó a despedirlos. Familias enteras, autoridades locales y vecinos se reunieron para ver salir a los estudiantes con un testigo simbólico que representaba la voz de la provincia. Ese objeto, que se iría pasando de mano en mano a lo largo del trayecto, formando postas, condensaba una idea sencilla pero potente: la demanda no pertenecía a un individuo, sino a toda una comunidad unida en los relevos. Desde ese instante, la caminata dejó de ser solo de los sesenta estudiantes y se convirtió en una causa colectiva.

El recorrido se extendió durante nueve días y atravesó, de sur a norte, pueblos, comunas, comunidades y ciudades de la Sierra ecuatoriana. Cada kilómetro era cubierto por uno de los jóvenes, mientras el resto avanzaba en buses de apoyo para relevarse. A su paso, la posta despertó una reacción inesperada: escuelas en el camino formaban filas para salir a vitorearlos, ciudadanos salían a las carreteras para alentarlos y estudiantes de otros colegios se sumaban por tramos, corriendo junto a ellos. Lo que empezó como una protesta local fue adquiriendo un carácter nacional, evidenciando que el reclamo de Loja dialogaba con una experiencia compartida por otras regiones postergadas.
No todo fue épica. Hubo lesiones, agotamiento extremo y momentos de duda. Algunos estudiantes tuvieron que abandonar temporalmente la carrera por problemas físicos, pero el grupo siguió avanzando. La caminata se sostuvo por una mezcla de disciplina y orgullo: abandonar significaba fallarle no solo al grupo, sino a la ciudad que los había enviado. Cada noche, al llegar a un nuevo punto de descanso, el cansancio se mezclaba con la certeza de que estaban haciendo algo que no tenía precedentes.
El 12 de marzo de 1970, la posta ingresó a Quito entre aplausos. En el centro histórico, decenas de personas se acercaron para ver a los jóvenes que habían recorrido el país a pie. La caminata culminó en el Palacio de Carondelet, donde los estudiantes fueron recibidos por el presidente José María Velasco Ibarra. En el Salón Amarillo, uno de los estudiantes tomó la palabra y entregó el pliego de demandas. No hubo gritos ni consignas militantes. El tono fue respetuoso, pero firme: Loja pedía un hospital, educación científica y caminos para salir del aislamiento.

El gesto sorprendió al poder político. Velasco Ibarra, conocido por su retórica grandilocuente, escuchó el planteamiento y dispuso que sus ministros atendieran las peticiones. Más allá del discurso, lo relevante fue que el reclamo quedó formalmente instalado en la agenda estatal. Los estudiantes regresaron a Loja sin garantías inmediatas, pero con la certeza de haber forzado una respuesta que no había llegado por otras vías.
Los resultados no fueron instantáneos, pero sí verificables con el paso del tiempo. Años después se concretó la construcción del hospital Isidro Ayora, hoy eje de la salud pública en el sur del país. Se completaron los laboratorios del colegio, mejorando la formación científica de generaciones posteriores, y avanzaron obras viales largamente postergadas. Ninguna de estas transformaciones puede explicarse únicamente por la caminata, pero para la memoria local, la posta fue el punto de quiebre que obligó al Estado a mirar hacia el sur.

Más de medio siglo después, la caminata de 1970 sigue siendo recordada como un acto excepcional de participación juvenil. En una época en la que la política juvenil suele asociarse a redes sociales, la historia de estos estudiantes plantea otra pregunta: qué ocurre cuando la juventud decide organizarse, sostener una demanda en el tiempo, movilizarse con firmeza cívica y asumir costos reales para ser escuchada.
A 56 años de la hazaña, el Municipio de Loja instaló en el hospital Isidro Ayora, un mural que recuerda a los jóvenes organizados que corrieron hasta Quito. La remembranza aparece como una lección política. Aquella posta de la lojanidad, demostró que la edad no limita la capacidad de incidir y que incluso desde una ciudad históricamente relegada es posible modificar la agenda nacional. Aquellos sesenta estudiantes no caminaron solo para llegar a la capital; caminaron para romper el silencio que rodeaba a su provincia. Y lo lograron.
corresponsal:Desde Quito
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Elecciones en Japón: el partido de la primera ministra Sanae Takaichi se encamina a recuperar una amplia mayoría en el Parlamento

El partido de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, parecía haber conseguido una mayoría por sí solo en una elección parlamentaria clave el domingo, según la televisora pública NHK y otras grandes cadenas, que citaron los resultados de sus encuestas a pie de urna.
NHK dijo que la coalición gobernante de Takaichi, liderada por su Partido Liberal Democrático, podría lograr más de dos tercios de los 465 escaños de la cámara baja, la más poderosa del parlamento bicameral del país.
Takaichi es enormemente popular, pero el Partido Liberal Democrático, que ha gobernado Japón durante la mayor parte de las últimas siete décadas, ha enfrentado escándalos de financiación y religiosos. La mandataria convocó las elecciones anticipadas el domingo apenas tres meses después de asumir el cargo, con la esperanza de cambiar esa situación antes de que su popularidad se desvanezca.
El gran incremento respecto a los comicios previos podría permitir a Takaichi avanzar en una agenda de derecha que busca promover la economía y las capacidades militares de Japón mientras aumentan las tensiones con China. También quiere cultivar lazos con su crucial aliado, Estados Unidos, y un a veces impredecible presidente Donald Trump.
La ultraconservadora Takaichi, quien asumió el cargo en octubre como la primera mujer gobernante de Japón, prometió “trabajar, trabajar, trabajar”, y su estilo, que se considera desenfadado y duro a partes iguales, ha movilizado a seguidores más jóvenes.
En las encuestas previas a la votación apuntaban a una victoria aplastante en la cámara baja para el PLD. A pesar de la formación de una nueva alianza centrista y un auge de la extrema derecha, la oposición se considera demasiado fragmentada para plantear un verdadero desafío.
Takaichi aspiraba a que su partido, junto con su nuevo socio, el Partido de la Innovación de Japón, lograra una mayoría en la cámara baja de 465 escaños, la más poderosa del Parlamento bicameral de Japón.
Encuestas recientes realizadas por los principales periódicos japoneses muestran la posibilidad de que el partido de Takaichi pueda ganar una mayoría simple por sí solo, mientras que su coalición podría obtener hasta 300 escaños, un gran salto con respecto a la escasa mayoría que tenía desde su derrota electoral en 2024.
Si el PLD no logra ganar una mayoría, “renunciaré”, afirmó.
Una gran victoria de la coalición de Takaichi podría suponer un importante giro a la derecha en las políticas de seguridad, inmigración y otras en Japón. Hirofumi Yoshimura, líder del socio conservador JIP, dijo que su partido servirá como un “acelerador”.
El país ha visto recientemente cómo los populistas de extrema derecha ganan terreno, como el partido nacionalista antiglobalista en ascenso Sanseito.
Takaichi prometió revisar las políticas de seguridad y defensa para diciembre con el fin de reforzar las capacidades militares ofensivas de Japón, levantando una prohibición sobre las exportaciones de armas y alejándose aún más de los principios pacifistas de posguerra del país.
Ha impulsado políticas más estrictas con respecto a los extranjeros, las medidas contra el espionaje y otras favorecidas por los votantes de extrema derecha, pero que, según los expertos, podrían socavar los derechos civiles.
Takaichi también quiere aumentar el gasto en defensa en respuesta a la presión de Trump para que Japón relaje sus restricciones presupuestarias.
Aunque Takaichi dijo que busca un mandato público para sus “políticas divisorias”, evitó entrar en detalles como las formas de financiar el creciente gasto militar, cómo resolver la tensión diplomática con China y otros temas controvertidos.
En sus discursos de campaña, la primera ministra habló con entusiasmo sobre la necesidad de un gasto gubernamental “proactivo” para financiar “inversiones en gestión de crisis y crecimiento”, como medidas para fortalecer la seguridad económica, la tecnología y otras industrias. Takaichi también busca impulsar medidas más estrictas sobre la inmigración y los extranjeros, que incluyen requisitos más duros para los propietarios foráneos y un límite al número de residentes de otros países.
La elección anticipada después de solo tres meses en el cargo “subraya una tendencia problemática en la política japonesa en la que la supervivencia política tiene prioridad sobre los resultados de políticas sustantivas”, dijo Masato Kamikubo, profesor de política de la Universidad de Ritsumeikan. “Siempre que el gobierno intenta reformas necesarias pero impopulares… se avecina la próxima elección”.
Hay algunas incertidumbres. La elección convocada apresuradamente que dio poco tiempo para que la gente se preparara ya ha invitado a quejas.
La votación del domingo también comenzó bajo una nueva nevada en todo el país, incluida Tokio. El norte de Japón ha registrado nevadas récord en las últimas semanas que provocaron bloqueos en carreteras y docenas de muertes, y se teme que las ventiscas puedan obstaculizar la votación o retrasar el conteo de votos en las áreas más afectadas. Cómo se traducirá su popularidad en votos entre los votantes más jóvenes, notorios por su baja participación, durante el mal tiempo es impredecible.
Aún así, Kazuki Ishihara, de 54 años, dijo que votó por el PLD por estabilidad y con la esperanza de algo nuevo bajo Takaichi. “Tengo algo de esperanza de que ella pueda hacer algo” que sus predecesores no pudieron.
Un oficinista de 50 años, Yoshinori Tamada, dijo que su interés son los salarios. “Pienso mucho cuando miro mi nómina, y emití mi voto por un partido en el que creo que puedo confiar en ese sentido”.
(con información de AP)
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