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El lado más oscuro de Idi Amin, el dictador que ordenó mutilaciones, se creyó un dios y terminó en el exilio

Cuando la Selección Argentina de César Luis Menotti salió campeona del mundo en 1978, la AFA recibió una enorme cantidad de saludos protocolares y propuestas. Pero hubo un telegrama que llegó antes que todos a la Casa Rosada. Estaba dirigido al presidente de facto Jorge Rafael Videla. “Mi hijo Mwanga y yo somos fanáticos del equipo de su país. La conquista de la Copa del Mundo nos llenó de alegría. En nombre de todo el pueblo de Uganda invito a los campeones del mundo a pasar dos semanas de vacaciones en Uganda. Se podrán distender en nuestro magnífico parque y estar junto a millones de nuevos amigos”. Lo firmaba Idi Amin.
La década del 70 fue un tiempo generoso en dictadores. En América Latina, Asia y África. Dentro de ese nutrido elenco macabro, Idi Amin tiene el infame privilegio de estar entre los más crueles, sanguinarios y corruptos. Se destacó por su pasión criminal y su ausencia total de límites. Se cree que sus víctimas fueron 300.000. Gobernó -y sojuzgó y robó- a Uganda entre 1971 y 1979.
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En el ejercicio del poder persiguió a las minorías, a los opositores, a los que osaban contradecirlo, a los que les caían mal y hasta a los que no conocía (por si acaso). Ordenaba torturas y asesinatos con frecuencia diaria. Sobre él se tejieron los más diversos rumores. En esa figura pantagruélica y despótica todo se concebía como posible. Se dijo que guardaba los cráneos de sus enemigos en un salón de su palacio y que era caníbal. Aunque algunos de sus seguidores decían que esto era mentira “porque a Idi Amin la carne humana le parecía demasiado salada”.
“Uganda empezó a convertirse en un teatro -trágico y con sangre brotando a borbotones- de un solo actor: Idi Amin”, escribió el cronista polaco Ryszard Kapuscinski, quien durante años trabajó en una biografía del dictador que nunca terminó de escribir.
Idi Amin fue uno de los peores en una época rica en déspotas. (Fpto: AP.)
Un hombre de imponente contextura física: 1.95 de altura, más de 150 kilos de peso. Arrogante, desbocado, cruel, corrupto, asesino de masas, personaje mediático -uno de los primeros-, publicista de su propia persona, déspota voraz. Alguien, según dicen los que lo conocieron, sin demasiadas luces pero con una ambición majestuosa: el hombre más impúdicamente ambicioso e inescrupuloso de su tiempo. El paso de los años, acaso, haya puesto en primer plano, haya privilegiado, su costado excéntrico, las anécdotas desopilantes frente a su descomunal capacidad criminal.
En Occidente su figura fue muy conocida. Cautivó a muchos periodistas con sus apariciones fuera de protocolo y sus salidas esperpénticas. Fue tapa de las revistas más importantes (“El hombre salvaje de África”, lo llamó Time) y hasta objeto de burla en los programas cómicos más exitosos de Estados Unidos: en Saturday Night Live lo imitaron varias veces y en Inglaterra fue ridiculizado por Benny Hill. No hay en la actualidad una figura similar. Ningún primer mandatario africano tiene el nivel de conocimiento que tenía Idi Amin en ese momento.
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Como suele ocurrir, recibió apoyos varios a su llegada al gobierno. Pero cuanto más poder acumulaba, más despóticamente lo ejercía.
Al principio fue bien recibido por Occidente. En esos tiempos, los países europeos y Estados Unidos no tenían casi ningún remilgo para recibir dictadores. Es más, en medio de la Guerra Fría los apoyaban abiertamente. Los derechos humanos no ocupaban un lugar importante en la agenda. Lo fundamental parecía que ningún país emergente cayera bajo el influjo soviético. Y terminaban apoyando y promoviendo a genocidas y asesinos de masas.
Cautivó a muchos periodistas con sus apariciones fuera de protocolo y sus salidas esperpénticas. (Foto: AP.)
Para acudir a una de sus presentaciones había que tener tiempo. Sólo la presentación antes de que diera un discurso llevaba unos largos minutos. El título era largo, muy largo. Y era dicho en su totalidad en cada aparición pública, mencionado en cada audición radiofónica, rubricado en cada documento oficial e impreso en cada artículo de la prensa gráfica. No había posibilidad de abreviarlo. Nadie se hubiera animado a hacerlo. Presidente vitalicio, Jefe de las Fuerzas Armadas, Mariscal de campo, Doctor, Vc, DSO, MC, Señor de todas las bestias de la tierra y de todos los peces del mar, conquistador del Imperio británico de África en general y de Uganda en particular, y último rey de Escocia (las iniciales eran menciones honoríficas y condecoraciones que él mismo se había otorgado).
El campesino que entró al ejército de casualidad y estaba dispuesto a ascender a cualquier precio
Todo había empezado mucho antes y casi de casualidad. Idi Amin tenía 21 años y era, según explica Ryszard Kapuscinski, un bayaye: una persona que llegó del campo a la ciudad y estaba desocupada, un desarraigado que sólo vagaba por la ciudad, sin oficio alguno; había millones de ellos en Uganda. Había entrado al ejército de casualidad. Hasta que un día, en tiempos de dominación inglesa, pasó por la puerta de un cuartel y al ver el tamaño de su físico lo invitaron a sumarse. Tenía 21 años y nada mejor para hacer.
Fue creciendo en el ejército por su obediencia y su audacia, una combinación que los jefes valoraban. Nadie esperaba buenas ideas de él, hasta algunos se burlaban de su falta de capacidad intelectual, de su falta de comprensión de las sutilezas, de su absurda literalidad. Él estaba dispuesto a ascender y no le importaba lo que tuviera que hacer. Cuentan que una vez, siendo miembro del ejército británico, lo enviaron a una aldea a sofocar una pequeña rebelión. Había habido un acto de sabotaje y buscaban al responsable. Idi Amin se puso al frente de la tarea. Alineó dentro de una especie de choza a nueve sospechosos y mientras un par de soldados los apuntaban, ordenó que se bajaran los pantalones. Hizo que el primero de la fila pusiera su miembro viril sobre una mesa y le preguntó quién había sido el responsable del atentado. El hombre no habló, quizá más paralizado por el miedo que por otra cosa. Idi Amin sacó un afilado cuchillo de su cintura y rebanó el pene del hombre. Repitió la operación con el siguiente y ya no fue necesario más. Los siete restantes se peleaban por hablar, se hablaban encima, se delataban mutuamente para evitar que siguieran las mutilaciones.

Idi Amin Dada, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Uganda. (Foto: AFP.)
Cuando Uganda se independizó, él ya había llegado a la cúpula del poder militar. Desde allí acompañó a Obote, el primer jefe de estado del nuevo país libre. Para 1971 las relaciones entre los dos estaban deshechas. La cercanía de Idi Amin con el poder lo había tentado a quedarse con dinero que no le correspondía. Su codicia se había desatado. No se conformaba con ser poderoso; quería ser el más poderoso.
El presidente Obote lo acusó (con fundados motivos) de quedarse con (mucho) dinero destinado a la lucha insurgente en otro país africano. Pero Obote, demasiado seguro de su poder, luego de la denuncia pública viajó a Singapur a un encuentro multilateral. Idi Amin se dio cuenta de que corría peligro. El 25 de enero de 1971 inició un golpe de Estado. En cuestión de horas tuvo el país bajo su mando. Prometió que el orden constitucional regresaría, que solo se trataba de una medida de excepción, que en cuanto el país estuviera estabilizado llamaría a elecciones: “Soy militar, no un político”, dijo. Pero a medida que pasaban los meses, la palabra “elecciones” se fue borrando de su vocabulario, se perdió en la bruma de su locura autoritaria.
De los curiosos telegramas a otros políticos al sorpresivo viaje a Inglaterra por “zapatos talle 48″
Su diplomacia a través de los telegramas era al menos excéntrica. En su libro Hablando con el diablo. Entrevistas con dictadores Riccardo Orizio da algunos ejemplos.
- A Richard Nixon en medio del Watergate le escribió: “Si tu país no te entiende, vení a ver a Papá Amin, que te quiere mucho. Cuando está en peligro la estabilidad de una nación, la única solución, por desgracia , es encarcelar a los jefes de la oposición”.
- A Kurt Waldheim, secretario general de la ONU le mandó una misiva en la que expresaba “mi apoyo a la figura histórica de Adolf Hitler, que cometió el único y grave error de perder la guerra”.
- También envió sendos telegramas a Leonid Brezhnev y a Mao Tse-Tung en medio de las tensiones entre la U.R.S.S. y China: “Últimamente medité mucho sobre ustedes. Me preocupan. Me gustaría verlos felices. Si necesitan un mediador, acá me tienen”.
Nadie pudo determinar si se trataba de un genio del sarcasmo o alguien con las capacidades intelectuales menguadas.
Un día en los primeros años de la década del 70, Amin tomó su avión y llegó de improviso a Inglaterra. El protocolo se activó rápido y esa misma noche cenó en el Palacio Real con la Reina y el Primer Ministro. La Reina en medio de la cena, con amabilidad y algo de cinismo, le dijo: “Debería avisarnos con más tiempo la próxima vez, así lo recibimos como corresponde. ¿Qué lo trajo a nuestro país?”. Idi Amin siguió comiendo con fruición, mostrando un apetito voraz, y sin dejar de masticar respondió: “En Uganda es casi imposible conseguir buenos zapatos de talle 48”.
Después envió varios telegramas a la Reina. Siempre los encabezaba de la misma manera: “Liz”. Se proclamó último Rey de Escocia y obligó a su séquito a usar polleras cuadriculadas y a tocar la gaita. Cada vez que podía ofrecía sarcástica ayuda alimentaria a los ingleses para que sobrellevaran la crisis de fines de los años 70.
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También fue en visita oficial al Vaticano. Antes de ser recibido por Paulo VI, alguien del protocolo papal tuvo la precaución de cerciorarse cuál sería la vestimenta del dictador ugandés: uniforme militar cargado de medallas y condecoraciones, charreteras y cordones dorados, decenas de ellos colgaban de su pecho ancho (de no haber medido tanto más de diez medallas deberían haber quedado en un cajón). La aclaración es casi innecesaria: ninguna de esas condecoraciones había sido otorgada por nadie más que él mismo. Un especialista en la autoveneración.
El giro en su política exterior, en su sistema de alianzas internacionales no fue, esta vez, fruto de sus caprichos, sino de sus conveniencias. Del soporte estadounidense y europeo pasó a sostenerse en el bloque soviético, Kadafi y el dinero de los príncipes saudíes. Estos premiaron la manera en que Amin hizo entrar al Islam en su país. Más del 70 % de los líderes militares y de las autoridades políticas de Uganda eran musulmanes a pesar de que sólo el 5% de la población lo era. Luego de la caída lo protegerían en su arena y sus hoteles 5 estrellas. Idi Amin Dada y el presidente de Francia Georges Pompidou, en su visita a Francia en 1971, el año en que el militar tomó el poder de Uganda. (Foto: AFP.)
En Uganda se hacía lo que él decía. Los ministros debían obedecer sus órdenes, adivinar sus deseos, satisfacer sus caprichos. Nadie podía negarse. Un ministro de Justicia se enteró por la radio de su nombramiento. No existía posibilidad alguna de que se negara. Tomó la precaución de, apenas asumir, enviar a su familia a Londres. Pocos meses después cuando se produjeron las primeras desavenencias, Idi Amin ordenó que el ministro muriera en un accidente automovilístico. Pero ya que iban a provocar el siniestro lo mejor era subir a varios enemigos más a ese auto. Así cayeron un obispo y un titular de otra cartera. Pero el ministro de Justicia salvó su vida escapando a Kenia un día antes. Nadie le había avisado, no era necesario. Era evidente que pendía sobre él una virtual pena de muerte.
Alguna vez un ministro de economía le presentó unos números fatales. El país estaba quebrado. Debían tomar medidas de excepción, clamó. Idi Amin se levantó de su silla furioso y gritó : “Estoy cansado de que los ministros me vengan a retar. No alcanza la plata, fabrique más. ¡Para qué tenemos la máquina que los hace!”. El ministro de economía partió al exilio apenas salió de la reunión. La prudencia le indicó que ni siquiera debía pasar por su casa.
Se creó una unidad especial destinada a retirar cadáveres del fondo del agua porque eran tantos que tapaban las bocas de la central hidroeléctrica. Los enemigos, opositores, disidentes o tan solo los que le caían mal eran tirados al agua con vida para que fueran comidos por los cocodrilos. En Uganda, se hacía lo que él decía. Los ministros debían obedecer sus órdenes, adivinar sus deseos y satisfacer sus caprichos. (Foto: AFP.)
Las torturas se realizaban en edificios céntricos que, por el calor asfixiante, tenían siempre las ventanas abiertas. Desde la calle se escuchaban los gritos y gemidos de las víctimas y hasta los disparos de los torturadores.
Su cocinero keniata contó que una vez el hijo de Idi Amin se descompuso después de una cena y la guardia real entró a la cocina del palacio y detuvo a todos acusándolos de intentar envenenar al chico. Los detuvieron y torturaron un par de días hasta que el chico se recuperó, un médico dijo que se trató de una cuestión viral y, como si nada hubiera sucedido, todos recuperaron sus lugares.
El romance con la hija de un rey que después ayudaría a derrocarlo
Un caso especial fue el de Elizabeth Bagaya, hermosísima y muy capaz hija del rey de una de las tribus más importantes del país. Ella era abogada y fue la primera ugandesa en graduarse en Oxford. Fue embajadora en París, en la ONU y, finalmente, Ministra de Relaciones Exteriores. En el medio mantuvo un affaire con Idi Amin. Él salió por la radio anunciando que tenía intenciones de separarse de tres de sus cuatro esposas. El antecesor de Elizabeth en la cartera no llegó a renunciar. Desapareció. Lo encontraron semanas después a orillas del lago Victoria comido por los cocodrilos.
Después de un tiempo, la relación entre Amin y Elizabeth se deterioró. Él zanjó la cuestión a su manera. En una cadena nacional dijo: “Nuestra ministra de Relaciones Exteriores ha cubierto de vergüenza al país. Fue descubierta haciendo el amor con un blanco en los baños del aeropuerto de París. Queda fulminantemente despedida”. La mujer había tomado la sabia precaución de cruzar la frontera hacia Kenia unas horas antes. Luego, desde el exterior, Elizabeth participó en el derrocamiento de Amin.
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Sufrió varios atentados (hay que reconocer que a los enemigos se los ganaba con facilidad) pero siempre consiguió salir indemne. Se vanagloriaba de su inexpugnabilidad, como si tuviera un súperpoder, como si esa buena fortuna fuera un argumento más de su condición cercana a la deidad, un motivo más para sus arbitrariedades. A pesar de eso, Idi Amin tomaba sus recaudos. Vivía en un estado de paranoia permanente -bastante justificado-: no dormía dos veces seguidas en la misma casa, no se sabía en qué lugar tendría las reuniones, nadie podía contactarse con él. Llamaba a sus ministros y secretarios desde sus escondites y guaridas, y estos debían estar disponibles las 24 horas del día para él. Cuando se exilió, mantuvo esa costumbre nómade. Y pese a la lejanía, soledad y seguridad de Arabia Saudita, él siguió siendo escurridizo e inhallable. Idi Amin Dada posa con su nueva esposa, Sarah Kyolaba, después de su boda en 1975. (Foto: AFP.)
Así como no se sabe con exactitud el número de víctimas del dictador, tampoco se conoce cuántos fueron sus hijos. Algunas fuentes hablan de 54 y otras de 41. El hijo mayor durante años dirigió un grupo insurgente que desde las fronteras ugandesas trató de tomar el poder.
Sus esposas fueron siete. Varias de ellas simultáneas, era polígamo. Con las tres primeras se volvió a casar en sus primeros meses en el poder. Su intención no era renovar el vínculo, hacer una nueva demostración de amor (de hecho se separó de ellas poco después), sino poder televisar el evento en su país y conseguir que le hicieran buenos regalos. En 1975 se casó con una joven bailarina desnudista de 19 años. El antiguo novio de la chica apareció muerto a los pocos días. Con su quinta esposa mantuvo una relación tormentosa que terminó en ruptura. Luego de que el matrimonio se disolviera no se supo de ella por unos días hasta que apareció en el baúl de un auto. Llevaba casi una semana muerta, había sido decapitada y la habían desmembrado; sus brazos y piernas se amontonaban en una bolsa plástica. Idi Amin Dada se casó con Sarah Kyolaba, una bailarina de 19 años, en agosto de 1975 en Kampala. (Foto: AFP.)
Las excentricidades, los momentos graciosos, los excesos y frivolidades son inagotables y hasta producen un innegable efecto cómico. Esa frontera en la que no se sabe si actuaba en serio o aprovechaba para reírse de todo el mundo. Sin embargo, la dimensión bufonesca no debe postergar el cariz absolutamente criminal de sus actos.
Uganda se fue empobreciendo aún más bajo su liderazgo. Al principio echó a los hindúes de su país. Después expulsó a los europeos y a miles de africanos que habían elegido Uganda para vivir. La cerrazón cada vez era mayor. Era el único camino para mantener el poder. El menor atisbo de apertura impediría que siguiera en el cargo.
El terror de Idi Amin no duró demasiado si se lo compara con otros gobiernos vitalicios de la región con dictadores que se mantienen a cargo por décadas: aguantó solo 8 años.
La caída del dictador corrupo y sin escrúpulos Idi Amin
Lo que desencadenó su caída fue, una vez más, su megalomanía. El odio personal que sentía por el primer mandatario de Tanzania hizo que intentara invadir ese país. El intento ugandés fue repelido con sencillez. Pero las fuerzas de Tanzania no se limitaron a defenderse y pasaron al ataque. La ofensiva fue breve y casi incruenta (los tanzanos sólo perdieron un tanque en la campaña: lo que habla del estado de preparación de las fuerzas armadas ugandesas).
Idi Amin escapó de Uganda. Su reinado atroz había finalizado. Primero quien le brindó una guarida fue el libio Muammar Al Kadafi; después recaló definitivamente en Arabia Saudita donde bajo el calor del sol abrasante y de los petrodólares permaneció protegido en la ciudad de Yida. En sus últimos años pidió impunidad para regresar a Uganda pero le fue negada. Debía pagar por sus crímenes.
Murió el 16 de agosto de 2003 en Yida. Lejos de su tierra pero impune.
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Nos fuimos y estalló el drone: así grabamos el documental de TN Morir en guerra ajena

La realización de Morir en guerra ajena, el documental de TN sobre soldados argentinos que combaten en Ucrania contra Rusia, estuvo atravesada desde el inicio por una certeza: cubrir una guerra desde adentro implica asumir riesgos permanentes, incluso cuando se cumplen todos los protocolos.
Meses de preparación, diálogo con los entrevistados, gestiones con autoridades, pedidos de permisos y acreditaciones, consultas sobre hojas de ruta y planes de contingencia no alcanzan para garantizar seguridad plena en un conflicto activo, de alta intensidad y con un uso extendido de drones y misiles.
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El equipo de TN viajó a Ucrania en septiembre del año pasado, cuando la invasión rusa a gran escala estaba próxima a cumplir cuatro años. Allí se encontraron con un país de contrastes marcados. Por un lado, la vida cotidiana en la capital y en las ciudades alejadas del frente, donde durante el día se mantiene una relativa normalidad que se interrumpe al caer la noche con el toque de queda y el sonido de las sirenas antiaéreas ante ataques con drones o misiles. Por el otro, la realidad del frente de batalla: pueblos arrasados, destruidos, sin civiles, donde la única presencia humana es la militar. Los nuevos soldados tienen cerca de un mes de entrenamiento antes de combatir en el frente de batalla. (Foto: Leandro Heredia / TN).
En esas zonas, incluso a 20 o 30 kilómetros de la llamada “línea cero” (la línea de combate), el riesgo es constante. “Uno está a tiro de recibir el impacto o la amenaza de drones”, relatan los propios militares, que instruyen a quienes llegan sobre protocolos básicos de supervivencia. Entre ellos, cómo evacuar ante la aparición de un dron: si un dron kamikaze se dirige a un vehículo, todos los ocupantes deben bajar y correr en direcciones distintas para reducir las probabilidades de impacto. El equipo de TN viajó a Ucrania en septiembre del año pasado, cuando la invasión rusa a gran escala estaba próxima a cumplir cuatro años. (Foto: TN/Leandro Heredia)
Se trata además de regiones totalmente minadas, donde la ocupación rusa y la posterior recuperación por parte de Ucrania dejaron un escenario devastado: casas destruidas, rutas inexistentes, puentes caídos, tendidos eléctricos rotos.
En ese contexto, la comunicación también se vuelve un problema de seguridad. Los celulares, en la mayoría de los casos, no funcionan, y mucho menos los de origen extranjero. Según explican en el terreno, drones rusos de vigilancia y monitoreo buscan captar señales para tareas de inteligencia y para dirigir ataques más precisos, además de identificar líneas internacionales, como las argentinas. Por ese motivo, los nuevos reclutados deben mantener los teléfonos apagados, retirar los chips con los que llegaron desde la Argentina y conectarse, si es necesario, a antenas Starlink o directamente adquirir equipos nuevos.
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La fragilidad de cualquier decisión quedó expuesta durante la propia grabación. El equipo de TN tenía previsto pasar una noche con nuevos soldados en una zona ubicada a unos 40 o 50 kilómetros de la línea de combate, en un campamento donde vivían cientos de militares recién llegados a Ucrania. Por cuestiones logísticas y por el riesgo de movilizarse hacia puntos que eran atacados de manera constante, se decidió adelantar un día la visita.
En ese campamento, las condiciones de vida reflejan la lógica de la guerra. Durante la noche, las casas y los espacios donde duermen los voluntarios están completamente tapiados para evitar que se filtre cualquier línea de luz hacia el exterior. No hay contacto con el mundo de afuera. No se puede orinar en los árboles, ante la falta de baños, porque la acumulación de orina puede ser detectada por drones con sensores infrarrojos que identifican el calor. La rutina se limita a armas, entrenamiento, fusiles AK-47 y la vida mínima de un campamento en el corazón del conflicto.

El documental muestra el día a día del batallón de los argentinos en Ucrania. (Foto: TN / Leandro Heredia).
Esa decisión de adelantar la grabación fue determinante. A la mañana siguiente, pocas horas después de que el equipo de TN se retirara del lugar, un dron de fabricación iraní impactó durante el proceso de formación. Murieron nueve colombianos. Un argentino perdió un ojo y estuvo a punto de perder una pierna. Otros dos argentinos quedaron internados en grave estado, con quemaduras y riesgo de amputaciones. Fue una demostración brutal de que en una guerra de estas características la seguridad absoluta no existe y lo que parece seguro en un instante puede dejar de serlo al siguiente.
El documental también expone el cambio que atraviesan los combatientes. Los nuevos soldados reclutados en la zona del frente no eran los mismos que el equipo había conocido en la Argentina, en la comodidad de sus casas o barrios, en Buenos Aires o en sus provincias de origen. Antes de viajar se sentían confiados, convencidos de estar preparados para enfrentar lo que imaginaban como una guerra. Pero en el frente, cuando se escucha el zumbido de los drones y se empuñan los fusiles de los que depende la supervivencia, los rostros cambian. Aparecen las dudas, aunque la convicción inicial persiste, al menos hasta que llega el ataque.
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Después del impacto del dron, muchos de los soldados con los que convivieron los periodistas advirtieron que no estaban preparados para esa situación extrema, para la sensación cotidiana de que la muerte acompaña cada movimiento. La rutina previa (levantarse ordenados, tomar mate, comer lo que ofrece el batallón, entrenar) quedó quebrada. La mayoría comenzó a pedir la baja, a reclamar que no tenían sus pasaportes y que no podían salir de Ucrania. Algunos lograron hacerlo; otros continuaron en servicio.
Morir en guerra ajena muestra así las dos caras de una misma realidad: la conciencia brutal que surge al ser testigo directo de la muerte y la inconsciencia previa con la que, a miles de kilómetros de distancia, desde el living de una casa, se planea ir a poner en juego la vida (o perderla) en un conflicto ajeno.
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The surprising reason why Americans could face high beef prices for years

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Beef prices are soaring — and economists warn Americans shouldn’t expect relief anytime soon, as the U.S. cattle herd shrinks to its smallest size in 75 years.
The massive decrease in cattle numbers has been caused by years of drought, soaring costs and an aging ranching workforce. Agricultural economists and ranchers alike say rebuilding herds will take years, meaning beef prices aren’t likely to ease anytime soon.
«The biggest thing has been drought,» said Eric Belasco, head of the agricultural economics department at Montana State University.
Years of dry weather have wiped out grasslands across the West and Plains, leaving ranchers without enough feed or water to sustain their herds. Many have been forced to sell cattle early, even the cows needed to produce the next generation of calves, making it difficult to rebuild America’s herds.
THE COST OF THIS GROCERY STAPLE IS NEARING RECORD HIGHS — AND AMERICANS CAN’T GET ENOUGH
Cattle look at a rancher who inspects them on a farm from a truck. (Jonne Roriz/Bloomberg/Getty Images)
Data from the Kansas City Federal Reserve found that with each incremental increase in drought severity, cattle-producing regions see about a 12% drop in hay production, a 5% rise in hay prices, a 1% reduction in herd size and a 4% decline in farm income.
That slow recovery isn’t just economic — it’s biological, according to Derrell Peel, a professor of agricultural economics at Oklahoma State University.
«The fact of the matter is there’s really nothing anybody can do to change this very quickly,» Peel said. «We’re in a tight supply situation that took several years to develop, and it’ll take several years to get out of it.»
Peel, who specializes in livestock marketing, said it takes roughly two years to bring cattle to market and several years to rebuild herds — leaving little room for short-term relief.
THE SINGLE CRUSHING PROBLEM AMERICAN CATTLE RANCHERS WISH TRUMP WOULD FIX INSTEAD

Ranchers and agricultural economists alike say rebuilding the cattle inventory will take years. (Ricky Carioti/The Washington Post/Getty Images)
And once herds shrink, the loss is hard to reverse.
That reality is unfolding deep in ranch country. Cole Bolton, owner of K&C Cattle Company, whose pastures stretch along the soft edge of the Texas Hill Country, said the cattle industry is still in the early stages of recovery.
«I think it’s going to take a while to fix this crisis that we’re in with the cattle shortage,» Bolton told Fox News Digital. «My message to consumers is simple: folks, be patient. We’ve got to build back our herds.»
About 1,000 miles away, Will Harris, a fourth-generation cattleman in Bluffton, Georgia, said the ripple effects of the shrinking cattle herd are now landing squarely on consumers.
«The American cattle herd is smaller than it has been since the 1950s and that contraction has pushed beef prices to historic highs. Demand is strong, but domestic supply simply isn’t meeting it and that gap is being felt most by consumers,» said Harris, owner of White Oak Pastures.
According to U.S. Department of Agriculture data, the average price of beef in grocery stores climbed from about $8.40 per pound in March to $10.10 per pound by December 2025, a roughly 20% increase.
IN TEXAS CATTLE COUNTRY, ONE RANCHER WELCOMES TRUMP’S FOCUS ON DECADES OF THIN MARGINS
Despite rising prices, Americans haven’t blinked. In 2025, shoppers spent more than $45 billion on beef, buying more than 6.2 billion pounds, according to data from Beef Research, a contractor for the National Cattlemen’s Beef Association.
Spending jumped about 12% from a year earlier, while the amount of beef sold rose more than 4% — a sign consumers aren’t just paying more, they’re buying more.
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The revelation comes as President Donald Trump temporarily expands beef imports from Argentina to blunt high grocery prices, while also laying out longer-term plans to bolster the U.S. cattle industry.
While imports could ease pressure at the grocery store in the short term, ranchers and economists alike say they are no substitutes for rebuilding the domestic cattle supply.
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Trump, Netanyahu to meet at White House in high-stakes talks on Iran, Gaza plan

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Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu will meet President Donald Trump at the White House on Wednesday in a visit expected to center on Iran, as Washington weighs diplomacy against the threat of military action and Israel pushes to shape the scope of negotiations.
Trump has signaled the Iranian file will dominate the agenda. In a phone interview with Axios, the president said Tehran «very much wants to reach a deal,» but warned, «Either we make a deal, or we’ll have to do something very tough — like last time.»
Netanyahu, speaking before departing Israel for Washington, said he intends to present Israel’s position. «I will present to the president our concept regarding the principles of the negotiations — the essential principles that are important not only to Israel but to anyone who wants peace and security in the Middle East,» he told reporters.
IRAN PUSHES FOR FRIDAY NUCLEAR TALKS IN OMAN AMID RISING TENSIONS WITH US FORCES: SOURCE
US President Donald Trump (R) greets Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu (L) upon arrival at Trump’s Mar-a-Lago residence in Palm Beach, Florida, on December 29, 2025. (Jim WATSON / AFP via Getty Images)
The meeting comes days after U.S. and Iranian officials resumed talks in Oman for the first time since last summer’s 12-day war, while the United States continues to maintain a significant military presence in the Gulf — a posture widely viewed as both deterrence and for holding leverage in negotiations with Tehran.
From the U.S. perspective, Iran is seen as a global security challenge rather than a regional one, according to Jacob Olidort, chief research officer and director of American security at the America First Policy Institute. «It’s an important historic time of potentially seismic proportions,» he told Fox News Digital.
«Iran is not so much a Middle East issue. It’s a global issue affecting U.S. interests around the world,» he added, calling the regime «probably the world’s oldest global terror network… [with] thousands of Americans killed through proxies.»
Olidort said the administration’s strategy appears to combine diplomacy with visible military pressure. «The president has been clear… should talks not be successful, the military option cannot be off the table,» he said. «Military assets in the region serve as part of the negotiation strategy with Iran.»

Iranians gather while blocking a street during a protest in Tehran, Iran on Jan. 9, 2026. (MAHSA / Middle East Images / AFP via Getty Images)
ISRAELI UN AMBASSADOR SENDS STARK WARNING TO IRAN AMID GROWING UNREST
For Israel, the main concern is not only Iran’s nuclear program but also its ballistic missile arsenal and regional network of armed groups.
Trump indicated to Axios that the United States shares at least part of that view, saying any agreement would need to address not only nuclear issues but also Iran’s ballistic missiles.
Israeli intelligence expert Sima Shein has warned that negotiations narrowly focused on nuclear restrictions could leave Israel exposed. «The visit signals a lack of confidence that American envoys, Witkoff and Kushner, alone can represent Israel’s interests in the best way. They were in Israel just a week ago — but Netanyahu wants to speak directly with Trump, so there is no ambiguity about Israel’s position,» she added.

Iran’s Supreme Leader Khamenei makes first public appearance in weeks with fresh U.S. threats. (Office of the Iranian Supreme Leader Credit/ASSOCIATED PRESS)
TRUMP SAYS IRAN CALLED ‘NUMEROUS’ TIMES TO MAKE DEAL AS CARRIER ENTERS MIDDLE EAST WATERS
Shein says Iran may be stalling diplomatically to see whether Washington limits talks to nuclear issues while avoiding missile constraints. Her analysis further suggests that a sanctions-relief agreement that leaves Iran’s broader capabilities intact could stabilize the regime at a moment of internal pressure while preserving its military leverage.
«An agreement now would effectively save the regime at a time when it has no real solutions to its internal problems. Lifting sanctions through a deal would give it breathing room and help stabilize it,» she said.
«If there is an agreement, the United States must demand the release of all detainees and insist on humanitarian measures, including medical support for those who have been severely injured. Washington would need to be directly involved in enforcing those provisions.»
IRAN DRAWS MISSILE RED LINE AS ANALYSTS WARN TEHRAN IS STALLING US TALKS

Troops from the Givati Brigade, under the command of the 162nd Division, are operating in the area of Jabaliya in the northern Gaza Strip as part of Operation «Gideon’s Chariots». (IDF Spokesman’s Unit)
Netanyahu said before leaving Israel that he and Trump would discuss «a series of topics,» including Gaza, where a U.S.-backed postwar framework and ceasefire implementation remain stalled.
According to Israeli reporting, Netanyahu plans to tell Trump that phase two of the Gaza peace plan «is not moving,» reflecting continued disputes over disarmament, governance and security arrangements.
The timing of Netanyahu’s visit may also allow him to avoid returning to Washington the following week for the inaugural session of the Board of Peace, Shein said, noting the initiative is controversial in Israel’s parliament.

Hamas terrorists stand in formation as Palestinians gather on a street to watch the handover of three Israeli hostages to a Red Cross team in Deir el-Balah, central Gaza, on Feb. 8, 2025. (Majdi Fathi/NurPhoto via Getty Images)
«Israel is deeply concerned about the presence of Turkey and Qatar on the board of peace and their malign influence on other members as well as on the Palestinian authority’s technocratic government,» Dan Diker, president of the Jerusalem Center for Security and Foreign Affairs, told Fox News Digital.
«Hamas’s control of Gaza has not weakened, while international commitments to disarm Hamas have appeared to weaken,» he added, «The longer the U.S. waits before taking action against the Iranian regime, the more compromised Israel is in its ability and determination to forcibly disarm Hamas, both of which require the sanction and the blessing of the new international structures on Gaza.»
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«The prime minister’s deep concern is the stalled state of affairs both against the Iranian regime and apparently in Gaza. Timing is critical on both fronts. And for Israel, the window seems to be closing,» Diker said.
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