INTERNACIONAL
Era médico, ganó un Oscar y fue la última víctima de una de las guerras civiles más sangrientas de la historia

Haing Somnang Ngor
Todo el mundo conocía a Haing Somnang Ngor. ¡Cómo no! Había ganado un brilloso premio, nada menos que la estatuilla del Oscar como mejor actor de reparto en 1984. Increíble. Ngor no era actor sino médico, especialista en ginecología y cirugía. Su vida mezclaba tragedia y aventura, dolor y superación. Había estado en la ciénaga y había salido, solamente él, casi nadie más, ni siquiera su mujer, My-Huoy. En el cine, había participado en la ficción de su propia tragedia. La estatuilla la tenía en una repisa al lado de una gran estatua de Buda.
El 25 de febrero de 1996, conducía su Mercedes Benz color dorado hacia su casa, un pequeño departamento en el Chinatown de Los Angeles, donde vivía solo. Estacionó el automóvil en una cochera ubicada en un callejón de paredes decoradas con grafitis, a la vuelta de su hogar. Era una noche fría y lluviosa, como todas las noches que la literatura se encarga de sombrear cuando los devenires son lúgubres.
Un escenario secundario de la guerra
En 1964, Haing era un estudiante de 24 años en la ciudad de Phnom Penh, capital de Camboya, su país natal. Hasta ese año, Camboya era un escenario secundario de la guerra que se desarrollaba en el vecino Vietnam. Entonces, el Vietcong, brazo armado de los comunistas de Vietnam del Norte, invadió zonas fronterizas con el propósito de abrir un segundo frente contra los estadounidenses fortificados en Vietnam del Sur.
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La situación se agravó cuando en 1969 Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos, ordenó bombardear Camboya sorpresivamente, sin declaración de guerra. Durante cuatro años, los estadounidenses lanzaron 108.000 toneladas de explosivos y mataron alrededor de 120.000 personas, la gran mayoría civiles. Un año después, el rey de Camboya, Norodom Sihanouk, aprovechó una gira internacional y no volvió a su país. El ejército lo depuso y proclamó la República Khmer.
La región era un infierno. El Partido Comunista Camboyano fue creciendo con la ayuda de Vietnam del Norte, y las guerrillas al mando de Pol Pot y Leng Sary, entre otros, que hostigaban con atentados a la reciente República Khmer a la vez que permitían el paso de las tropas norvietnamitas hacia Vietnam del Sur. El temible Pol Pot, autor del genocidio de Camboya.
Pol Pot había estudiado literatura francesa en París, donde se relacionó con los comunistas franceses. De regreso a Camboya, ya con 28 años, dio clases privadas de francés aún sin haber obtenido ningún diploma. Y se acercó a los comunistas vietnamitas, es decir al Viet Cong. Pol Pot adoptó sus técnicas de violencia y silencio. Elevó a la etnia jemer, predominante en Camboya, y sus seguidores se llamaron jemeres rojos.
Estados Unidos salió derrotado de Vietnam del Sur en 1973. Inmediatamente el país fue conquistado por Vietnam del Norte. El gobierno de Camboya quedó aislado y en una grave situación con relación a la guerrilla de los jemeres rojos, compuesta entonces por 80.000 hombres que avanzaban hacia la capital. La evacuación de estadounidenses y aliados camboyanos de Phnom Penh se produjo el 12 de abril de 1975. Cinco días después los Jemeres Rojos entraron en la capital y le volvieron a cambiar el nombre al país por el de “Kampuchea Democrática”.
Ruralización forzada, violencia criminal y regreso a la Edad de Piedra
Haing Ngor ejercía como ginecólogo en Phnom Penh cuando entraron los jemeres. Al inicio nada parecía que podía ser peor a la situación que los ciudadanos habían vivido con el rey Norodom Sihanouk ni con la República Khmer que lo sucedió. Pero iba a ser peor, mucho peor. Ni la paz ni la civilización tal cual se conocían estaban en los planes de Pol Pot.
A las horas de establecido el régimen se anunció la “ruralización forzada” de toda la poblaciones urbanas: el 18 de abril Pol Pot ordenó la evacuación de los dos millones y medio de habitantes de Phnom Penh, incluyendo heridos y enfermos y todo personal del estado y privado que atendiese infraestructuras esenciales para el funcionamiento de la ciudad. Todos marcharon en amplísimas columnas hacia el campo, en una brutal marcha que marcó el inicio del llamado Año Cero, a partir del cual renacería el país. Nada de lo conocido hasta ese momento quedaría en pie, ni siquiera la memoria.
La violencia de los jemeres contra profesionales de todas las disciplinas, artesanos y obreros fue criminal. No es posible ni aún hoy calcular la cantidad de asesinados, tampoco de los despojados de toda sus pertenencias. Ellos, es decir todo el pueblo camboyano debía ser reeducado. En la imaginación de los Jemeres rojos, el antiquísimo reino de Angkor, con sus emperadores despóticos, era su modelo. Camboya, de la mano de Pol Pot, volvió a la Edad de Piedra: las ciudades fueron abandonadas, toda actividad que no fuera la agricultura, perseguida, ya no hubo electricidad, ni gas, ni comunicaciones, ni transporte. Llevar anteojos era razón suficiente para ser ejecutado en el acto, y al final de la época Jemer, tan sólo se encontró un abogado con vida en toda Camboya. Como en toda tiranía, los privilegios eran para unos pocos en el círculo de mando de los jemeres.
El médico Haing Ngor buscó ocultar su educación
Con su esposa, My-Huoym, marchó a paso forzado hacia el campo, junto con los millones de habitantes de Phon Phem. Sin embargo descubrieron que era un hombre instruído y por ello un fiel exponente de la “podredumbre occidental”. Separaron a la pareja de la columna a los empujones, a pesar de que su mujer estaba embarazada, y la enviaron a un campo de concentración. Llegado el momento del parto, Ngor se dio cuenta que su esposa necesitaba una cesárea. Era 1978 y el matrimonio estaba en una encrucijada mortal. Si la operación no se realizaba, su mujer moriría y probablemente también el bebé. Si, en cambio, Haing revelaba su condición de médico, los dos serían ejecutados de inmediato. Ahí, en ese campo de concentración, quedó el alma de Haing. Un hombre limpia un cráneo cerca de una fosa común en el campo de tortura de Chaung Ek, dirigido por los Jemeres Rojos.
Pol Pot, hacia fines de 1978, comenzó a sospechar de sus antiguos aliados norvietnamitas a causa de la alianzas de estos con la Unión Soviética en contra de China, mientras los jemeres rojos obtenían apoyo de Beijing. Pol Pot se volcó al maoísmo chino. Los viejos aliados se convirtieron en enemigos, y las purgas se extendieron dentro de la propia organización del partido contra los que querían continuar la alianza con los comunistas de Vietnam.
Un cálculo aproximado del genocidio camboyano alcanza una cifra de 1.700.000 a 2.000.000 de muertos, la cuarta parte de la población. Las cifras, sin embargo, son aún más dramáticas según el sexo: uno de cada tres hombres camboyanos murió a manos de los jemeres rojos. La ruralización forzada se materializó en campos de trabajo donde solo se descansaban cuatro horas al día, con un día de descanso cada diez, y donde un número incalculable de personas murió de hambre o de puro agotamiento. En las ciudades abandonadas, el régimen creó prisiones y centros de exterminio como la famosa prisión de Tuol Sleng, dirigida por un siniestro personaje conocido como “Duch”, donde se dice que fueron torturados y asesinados 20.000 prisioneros, y de la que sólo escaparon doce personas con vida.
Tuol Sleng se hizo famosa por su brutalidad
Los prisioneros recibían palizas diarias, se les aplicaba la picana eléctrica, se los ahogaba y colgaba; a veces se les hacía comer sus propias heces y beber su propia orina. Varios internos fueron utilizados en experimentos “médicos” sádicos: se los sometía a cirugía sin necesidsad y no se les aplicaba anestesia, removían sus órganos y se los desangraba gota a gota para señalar el momento exacto de la muerte. Como Tuol Sleng existían más de 150 prisiones similares. El afiche del film multipremiado.
El régimen de los jemeres había aplastado a su propio pueblo, pero tenía en su raíz una idea expansionista y no descuidó atacar a aldeas fronterizas, de vietnamitas. La brutalidad que empleaban los jemeres no se limitaba a sus conciudadanos sino que el salvajismo empleado en los ataques a los campesinos de Vietnam, hacia mediados de 1978, espantó de tal forma a sus aliados más poderosos que incluso China se convenció que había que terminar de una vez con la marioneta maoísta de Pol Pot.
La represión contra los jemeres no la harían soldados chinos sino que el “barrido” militar correspondería a Vietnam, que en 1979 arrasó con Pol Pot y su numerosísima banda de asesinos. Entonces los vietnamitas, con el fin de ganarse a la opinión pública occidental, publicaron imágenes y datos sobre las atrocidades del régimen camboyano. No tuvieron mucho éxito. En Estados Unidos, no tuvo gran repercusión y, por tanto, en occidente tampoco. No hubo preocupación por atrapar y juzgar a los responsables.
Haing Ngor pasó cuatro años prisionero de los jemeres. En 1979, trabajó como médico en los campos de refugiados que se levantaron en la frontera con Tailandia, asistiendo a los que huían de los jemeres, que, de todos modos, seguían teniendo poder en el interior de Camboya. Haing fue, además, un defensor temprano y firme de la conformación de un tribunal internacional que juzgara a los Jemeres Rojos, un proyecto que él no vería realizado. Abrió un orfanato en Phnom Penh, construyó una escuela rural y entregó suministros médicos y humanitarios a los campos de refugiados.
Haing Ngor, ciudadano norteamericano premiado
Haing viajó a los Estados Unidos en 1980 y seis años después se convirtió en ciudadano estadounidense. En la comunidad camboyana de ese país, era una persona muy reconocida. A pesar de no tener ninguna experiencia como actor, fue elegido para interpretar al periodista de la vida real Dith Pran en el film “The Killing Fields” (en español se conoció como “Los gritos del silencio”).

Una escena del film con los dos protagonistas.
Se trata de una película biográfica de 1984 sobre el régimen de los Jemeres Rojos en Camboya, dirigida por Roland Joffé (también dirigió “La Misión”, con Robert de Niro) basada en las experiencias de dos periodistas, el camboyano Dith Pran y el estadounidense Sydney Schanberg durante el régimen de los jemeres. El actor Sam Waterston interpretó a Schanberg y el médico y sobreviviente Haing Ngor al periodista Pran. El film ganó varios Oscars, entre ellos uno para Ngor como mejor actor de reparto.
En 1988 escribió “Haing Ngor: A Cambodian Odyssey”, en el que describió su vida bajo el régimen de Pol Pot.
Para entonces, todos los jefes de los jemeres rojos estaban en libertad y muchos al mando de sus tropas, aunque a la defensiva y divididos. Pol Pot, considerado uno de los déspotas más brutales de la era moderna, fue derrotado por un ala de los jemeres y cayó prisionero de sus propios hombres, antes leales, en 1997. Lo condenaron a prisión perpetua. La sentencia se debió a diferencia ideológicas y tácticas, no por sus crímenes contra la humanidad, pues todos los habían cometido.
Un año después, dijeron que Pol Pot había muerto de un ataque al corazón mientras dormía. El periodista independiente Nate Thayer, estadounidense, el único que entrevistó a Pol Pot, suministró la versión no comprobada de que Pot se había suicidado cuando supo el plan de su enemigo, el general Ta Mok, antiguo aliado jemer, de entregarlo a Estados Unidos. Según Thayer, Pol Pot se envenenó. Su cuerpo fue colocado sobre unos neumáticos e incinerado por disposición de su esposa. Antes de morir, Pol Pot se enteró del asesinato de Haing Ngor en Los Angeles, en 1996. ¿Lo mandó a matar? ¿Qué vinculación tenían? Ninguna, salvo una película, que hizo conocidos a los jemeres rojos y a Pol Pot como asesinos de masas.
La muerte de Ngor
Dos años antes de la muerte de Pol Pot, en una noche fría y lluviosa de febrero de 1996, Haing Ngor, de 55 años, descendió de su auto a la vuelta de su casa, en el barrio chino de Los Angeles, donde solía estacionarlo. Se acercaron unos tipos. Dijeron que le exigieron el reloj Rolex de oro que llevaba en la muñeca. Dijeron que él se los dio y que lo amenazaron para que les entregara un collar relicario que contenía una fotografía de su esposa My-Huoy. Lo llevaba debajo de su ropa, o sea no estaba visible. ¿Cómo lo vieron? ¿Fueron a buscar ese relicario como una prueba de que lo habían matado? Haing se negó a quitárselo, dijeron. Entonces lo balearon dos veces en el pecho. ¿Quién dijo todo esto? No hubo testigos y nunca se recuperó lo robado. En los bolsillos de Haing, quedaron 2900 dólares. El relicario que el médico y actor siempre llevaba colgado del cuello en uno de los afiches de la película.
Por el crimen, fueron detenidos tres presuntos miembros de una pandilla callejera llamada “Oriental Lazy Boyz”. Jason Chan y sus amigos Indra Lim y Tak Tan, estaban en la casa de Indra, a más de 400 metros de la escena del crimen. Los testigos que la Policía reunió se contradijeron. La razón fundamental para vincularlos con el crimen es que tenían anteedentes de robos menores. Los sospechosos de siempre. Los tres fueron condenados a prisión perpetua.
Los abogados defensores afirmaron que el asesinato fue por motivos políticos, perpetrado por simpatizantes del Jemer Rojo.
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Doce años después, se realizó un juicio en Phnom Penh, a cargo de un tribunal internacional, contra el torturador Kaing Guek Eaw, uno de los más despiadados jefes de los jemeres rojos, también conocido como “Camarada Duch”. Fue el comandante de la unidad S-21 a cargo de las prisiones y director de la cárcel de Tuol Sleng, donde fueron torturadas y asesinadas 14.000 persanas. “Duch” reconoció su responsabilidad y pidió perdón a las víctimas, aunque afirmó que sabía que nadie lo perdonaría. También afirmó que Haing Ngor fue asesinado por orden de Pol Pot, a causa de su actuación en la película “Los gritos del silencio”.
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Bipartisan Senate bill to cap insulin for Americans at $35 has new momentum

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A bipartisan group of senators is resurfacing legislation to cap many American patients’ insulin costs at $35 a month — the INSULIN Act of 2026 — reviving a push that previously stalled.
The bill co-authored by Sens. Jeanne Shaheen, D-N.H., Susan Collins, R-Maine, Raphael Warnock, D-Ga., and John Kennedy, R-La., would bar group and individual health plans from imposing deductibles on selected insulin products and could not charge more than $35 for a 30-day supply starting in plan year 2027.
Beginning in 2028, patients would pay the lesser of $35 or 25% of the negotiated net price.
Congress had already mandated a Medicare-only cap of $35 in 2022, and President Donald Trump’s long-running agenda to lower prescription medicine costs gives the effort some momentum before the 2026 midterms, where Collins’ seat could be targeted for a Democrat flip amid the very narrow Republican Senate majority (53-47).
SENATE QUIETLY WORKS ON BIPARTISAN OBAMACARE FIX AS HEALTHCARE CLIFF NEARS
Sen. Susan Collins, R-Maine, is helping to lead the effort to cap insulin costs on Americans at $35 per month. (Tom Williams/CQ-Roll Call, Inc via Getty Images)
«We are the long-time chairs of the Senate Diabetes Caucus, and one of our top priorities is to make insulin more affordable,» Collins said in a Senate hearing last week.
«Our INSULIN Act would impose out-of-pocket limits for patients with commercial insurance, tackle commercial pharmacy benefit managers, and ensure that patients are the ones who are benefiting from the savings that they negotiate, and encourage biosimilar competition in order to lower list prices.»
The bill, first introduced in 2023, has been reworked at Kennedy and Warnock’s urging to include some work to provide capped insulin prices even for the uninsured.
«Our bill also includes provisions to help uninsured Americans access affordable insulin,» Collins continued. «Just this week, I met with a young woman who, a few years ago, ended up in the hospital because she was stretching out her insulin, not taking as much as she was prescribed, because she simply couldn’t afford the cost.»
REPORTER’S NOTEBOOK: GOP TARGETS AFFORDABILITY WITH RECONCILIATION 2.0 PLAN AHEAD OF MIDTERMS
The issue aligns with a 2024 Trump presidential campaign vow. Trump has already announced other initiatives to lower prescription drug prices, including an executive order last May on his «Most Favored Nation» (MNF) policy to take action on Big Pharma companies that are not offering the world’s lowest price on drugs to Americans.
«Americans should not be forced to subsidize low-cost prescription drugs and biologics in other developed countries, and face overcharges for the same products in the United States,» Trump’s policy ordered. «Americans must therefore have access to the most-favored-nation price for these products.»
«My Administration will take immediate steps to end global freeloading and, should drug manufacturers fail to offer American consumers the most-favored-nation’s lowest price, my Administration will take additional aggressive action.»
Then, this December, Trump announced agreements with nine Big Pharma companies to lower prices on Americans under the MFN policy, including offering direct to the consumer lowest pricing on TrumpRx, the president’s new prescription drug portal.
GOP MUST RACE FOR NEW ‘BIG, BEAUTIFUL BILL’ TO SLASH COSTS BEFORE MIDTERMS, TOP HOUSE REPUBLICANS WARN
TrumpRX lists Insulin Lispro from Eli Lilly for $25.

Sen. Janine Shaheen, D-N.H., announced last March that she would not be running for reelection. (Nathan Posner/Anadolu via Getty Images)
Collin and Shaheen’s legislation would also offer a limited cap on insulin for the uninsured — an issue reportedly driven by Warnock and Kennedy in the bipartisan group — creating a five-year pilot in 10 states to help uninsured patients get insulin for no more than $35 a month.
«We have already capped insulin for Medicare enrollees at $35 a month — this new INSULIN Act, which we plan to introduce next [this] week, will address insulin affordability for children, adults and those who are uninsured,» Shaheen said in a statement.
«It will do, as the Medicare provision does, cap the cost of employer and private insurance coverage of insulin at $35 a month, create a pilot program to provide $35 a month insulin for uninsured diabetes patients, and it is a direct way to help American families facing economic pressures, and will make people healthier in the long run.»
TRUMP’S RX PLAN PROMISES SAVINGS, BUT ECONOMISTS SEE A HIDDEN TRADE-OFF
While Collins might need the bill for her 2026 midterm election hopes. Shaheen is serving out her final year in the Senate.
«I would really like to be able to leave the Senate thinking that we had helped to address insulin costs for a lot of Americans: This is the most expensive chronic disease,» Shaheen told Semafor, noting Trump’s agenda for capping prices.
«This is something that he should support, because it is affordability.»
Affordability has been the Democrats’ buzzword for the midterms, but Republicans and Trump have argued it has only been an issue Democrats have made after years of inflation under former President Joe Biden.
TRUMP ENDS BIDEN’S DRUG PRICE NIGHTMARE — AMERICANS GET REAL RELIEF WITH TRUMPRX

Sen. John Kennedy, R-La., was a part of the bipartisan Senate group pushing the INSULIN Act of 2026 to include provisions to lower insulin costs for the uninsured, too. (Anna Moneymaker / POOL / AFP)
The bill authorizes $100 million for fiscal 2027 for cost-cutting and defines «affordable» insulin as out-of-pocket costs of no more than $35 for a one-month supply.
Collins framed the measure as a response to patients rationing medicine they need to survive.
«I have heard far too many stories from people in Maine and across the country who have been forced to ration their insulin because of the cost, and that is simply unacceptable,» she told Semafor.
Beyond the consumer cap, the bill also tries to lower underlying costs by targeting pharmacy benefit manager practices and encouraging more competition from biosimilars and generics. It orders a federal study on delays in bringing insulin products to market and barriers to biosimilar uptake.
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The proposal now faces the harder political test: winning buy-in from Senate leadership and finding a path to must-pass legislation later this year. But after years of failed starts, backers say they finally have a bipartisan framework that could move.
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El gobierno de Chile le retiró el apoyo a Bachelet para la ONU: por qué beneficia al argentino Rafael Grossi

En la frenética carrera para acceder al máximo cargo de las Naciones Unidas (ONU), el diplomático argentino Rafael Grossi parece haber recibido una buena noticia para sus pretensiones con la decisión de Chile de retirar el apoyo a la expresidenta trasandina Michelle Bachelet.
“Hemos llegado a la convicción que el contexto de esta elección, la dispersión de candidaturas de países de América Latina y las diferencias con algunos de los actores relevantes que definen este proceso, hacen inviable esta candidatura y el eventual éxito de esta postulación”, esgrimió en un escueto comunicado el actual gobierno de José Antonio Kast.
La candidatura de Bachelet seguirá adelante porque al momento de su lanzamiento contaba también con el apoyo de Brasil y México. Fue una astuta jugada del por entonces presidente Gabriel Boric a sabiendas de que existía la posibilidad de que el nuevo mandatario Kast hiciera lo que terminó haciendo: retirarle el apoyo.
Pese a las reiteradas críticas de Javier Milei al sistema multilateral en general y a la ONU en particular, el gobierno argentino se comprometió en apoyar y trabajar para impulsar la candidatura de Grossi, renombrado diplomático que en la actualidad encabeza el trascendental Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA). La Cancillería argentina designó a un equipo especial para acompañar la candidatura de Rafael Grossi. (Foto: REUTERS/Tomas Cuesta)
Durante el lanzamiento formal de su candidatura en la Argentina en diciembre del año pasado, TN pudo confirmar que la Cancillería a cargo de Pablo Quirno designó a un grupo de diplomáticos que desde Buenos Aires monitorearía el proceso junto con la representación permanente de nuestro país en la sede de la ONU en Nueva York.
La retirada del apoyo por parte de Chile podría leerse como un contundente mensaje de que Bachelet no puede lograr un consenso interno ni siquiera en esta importante postulación, lo que podría debilitar su carrera. De todos modos, Brasil es un país de peso que busca tener una banca en una hipotética –y compleja- reforma del Consejo de Seguridad.
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Además de Grossi y Bachelet, los otros candidatos que están en carrera para convertirse en secretario general de la ONU son: la argentina Virginia Gamba, impulsada por Maldivas; Rebeca Grynspan Mayufis, apoyada por su país Costa Rica; y el senegalés Macky Sall, que cuenta con el respaldo de Burundi.
Existe una regla no escrita que el próximo secretario general debe ser latinoamericano. Sólo hubo uno en la historia. El peruano Javier Pérez de Cuéllar ocupó ese cargo durante dos períodos entre 1982 y 1991.
La costarricense Grynspan Mayufis es una de las que, a priori, podría competir cabeza a cabeza con Grossi si la candidatura de Bachelet termina perdiendo peso.

La costarricense Rebeca Grynspan es otra de las favoritas para el máximo cargo de la ONU. (Foto: REUTERS/Mayela Lopez)
La clave está en la decisión de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido), quienes tienen que seleccionar a uno de los candidatos para postularlo frente a la Asamblea General. Será una única opción la que salga desde el máximo órgano de la ONU.
Por ello, es necesario esquivar un veto de estos países. Con que uno sólo decida vetar un nombre, esa persona no podrá continuar en carrera. El perfil dialoguista pero firme de Grossi gusta en el ámbito de la diplomacia internacional. A lo largo de los últimos años pudo demostrar su capacidad de negociar con Putin en el Kremlin, con Zelenski en Kiev o con representantes iraníes el desarrollo de su programa nuclear.
Con las audiencias y exposiciones públicas que los candidatos tendrán en los próximos meses se empezará a dilucidar con mayor claridad las posibilidades reales de cada uno. Puertas adentro de la Casa Rosada, la quita del apoyo de Kast a Bachelet fue leída como una buena noticia para Grossi.
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