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Era médico, ganó un Oscar y fue la última víctima de una de las guerras civiles más sangrientas de la historia

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Haing Somnang Ngor

Todo el mundo conocía a Haing Somnang Ngor. ¡Cómo no! Había ganado un brilloso premio, nada menos que la estatuilla del Oscar como mejor actor de reparto en 1984. Increíble. Ngor no era actor sino médico, especialista en ginecología y cirugía. Su vida mezclaba tragedia y aventura, dolor y superación. Había estado en la ciénaga y había salido, solamente él, casi nadie más, ni siquiera su mujer, My-Huoy. En el cine, había participado en la ficción de su propia tragedia. La estatuilla la tenía en una repisa al lado de una gran estatua de Buda.

El 25 de febrero de 1996, conducía su Mercedes Benz color dorado hacia su casa, un pequeño departamento en el Chinatown de Los Angeles, donde vivía solo. Estacionó el automóvil en una cochera ubicada en un callejón de paredes decoradas con grafitis, a la vuelta de su hogar. Era una noche fría y lluviosa, como todas las noches que la literatura se encarga de sombrear cuando los devenires son lúgubres.

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Un escenario secundario de la guerra

En 1964, Haing era un estudiante de 24 años en la ciudad de Phnom Penh, capital de Camboya, su país natal. Hasta ese año, Camboya era un escenario secundario de la guerra que se desarrollaba en el vecino Vietnam. Entonces, el Vietcong, brazo armado de los comunistas de Vietnam del Norte, invadió zonas fronterizas con el propósito de abrir un segundo frente contra los estadounidenses fortificados en Vietnam del Sur.

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La situación se agravó cuando en 1969 Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos, ordenó bombardear Camboya sorpresivamente, sin declaración de guerra. Durante cuatro años, los estadounidenses lanzaron 108.000 toneladas de explosivos y mataron alrededor de 120.000 personas, la gran mayoría civiles. Un año después, el rey de Camboya, Norodom Sihanouk, aprovechó una gira internacional y no volvió a su país. El ejército lo depuso y proclamó la República Khmer.

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La región era un infierno. El Partido Comunista Camboyano fue creciendo con la ayuda de Vietnam del Norte, y las guerrillas al mando de Pol Pot y Leng Sary, entre otros, que hostigaban con atentados a la reciente República Khmer a la vez que permitían el paso de las tropas norvietnamitas hacia Vietnam del Sur.

El temible Pol Pot, autor del genocidio de Camboya.

Pol Pot había estudiado literatura francesa en París, donde se relacionó con los comunistas franceses. De regreso a Camboya, ya con 28 años, dio clases privadas de francés aún sin haber obtenido ningún diploma. Y se acercó a los comunistas vietnamitas, es decir al Viet Cong. Pol Pot adoptó sus técnicas de violencia y silencio. Elevó a la etnia jemer, predominante en Camboya, y sus seguidores se llamaron jemeres rojos.

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Estados Unidos salió derrotado de Vietnam del Sur en 1973. Inmediatamente el país fue conquistado por Vietnam del Norte. El gobierno de Camboya quedó aislado y en una grave situación con relación a la guerrilla de los jemeres rojos, compuesta entonces por 80.000 hombres que avanzaban hacia la capital. La evacuación de estadounidenses y aliados camboyanos de Phnom Penh se produjo el 12 de abril de 1975. Cinco días después los Jemeres Rojos entraron en la capital y le volvieron a cambiar el nombre al país por el de “Kampuchea Democrática”.

Ruralización forzada, violencia criminal y regreso a la Edad de Piedra

Haing Ngor ejercía como ginecólogo en Phnom Penh cuando entraron los jemeres. Al inicio nada parecía que podía ser peor a la situación que los ciudadanos habían vivido con el rey Norodom Sihanouk ni con la República Khmer que lo sucedió. Pero iba a ser peor, mucho peor. Ni la paz ni la civilización tal cual se conocían estaban en los planes de Pol Pot.

A las horas de establecido el régimen se anunció la “ruralización forzada” de toda la poblaciones urbanas: el 18 de abril Pol Pot ordenó la evacuación de los dos millones y medio de habitantes de Phnom Penh, incluyendo heridos y enfermos y todo personal del estado y privado que atendiese infraestructuras esenciales para el funcionamiento de la ciudad. Todos marcharon en amplísimas columnas hacia el campo, en una brutal marcha que marcó el inicio del llamado Año Cero, a partir del cual renacería el país. Nada de lo conocido hasta ese momento quedaría en pie, ni siquiera la memoria.

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La violencia de los jemeres contra profesionales de todas las disciplinas, artesanos y obreros fue criminal. No es posible ni aún hoy calcular la cantidad de asesinados, tampoco de los despojados de toda sus pertenencias. Ellos, es decir todo el pueblo camboyano debía ser reeducado. En la imaginación de los Jemeres rojos, el antiquísimo reino de Angkor, con sus emperadores despóticos, era su modelo. Camboya, de la mano de Pol Pot, volvió a la Edad de Piedra: las ciudades fueron abandonadas, toda actividad que no fuera la agricultura, perseguida, ya no hubo electricidad, ni gas, ni comunicaciones, ni transporte. Llevar anteojos era razón suficiente para ser ejecutado en el acto, y al final de la época Jemer, tan sólo se encontró un abogado con vida en toda Camboya. Como en toda tiranía, los privilegios eran para unos pocos en el círculo de mando de los jemeres.

El médico Haing Ngor buscó ocultar su educación

Con su esposa, My-Huoym, marchó a paso forzado hacia el campo, junto con los millones de habitantes de Phon Phem. Sin embargo descubrieron que era un hombre instruído y por ello un fiel exponente de la “podredumbre occidental”. Separaron a la pareja de la columna a los empujones, a pesar de que su mujer estaba embarazada, y la enviaron a un campo de concentración. Llegado el momento del parto, Ngor se dio cuenta que su esposa necesitaba una cesárea. Era 1978 y el matrimonio estaba en una encrucijada mortal. Si la operación no se realizaba, su mujer moriría y probablemente también el bebé. Si, en cambio, Haing revelaba su condición de médico, los dos serían ejecutados de inmediato. Ahí, en ese campo de concentración, quedó el alma de Haing.

Un hombre limpia un cráneo cerca de una fosa común en el campo de tortura de Chaung Ek, dirigido por los Jemeres Rojos.

Un hombre limpia un cráneo cerca de una fosa común en el campo de tortura de Chaung Ek, dirigido por los Jemeres Rojos.

Pol Pot, hacia fines de 1978, comenzó a sospechar de sus antiguos aliados norvietnamitas a causa de la alianzas de estos con la Unión Soviética en contra de China, mientras los jemeres rojos obtenían apoyo de Beijing. Pol Pot se volcó al maoísmo chino. Los viejos aliados se convirtieron en enemigos, y las purgas se extendieron dentro de la propia organización del partido contra los que querían continuar la alianza con los comunistas de Vietnam.

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Un cálculo aproximado del genocidio camboyano alcanza una cifra de 1.700.000 a 2.000.000 de muertos, la cuarta parte de la población. Las cifras, sin embargo, son aún más dramáticas según el sexo: uno de cada tres hombres camboyanos murió a manos de los jemeres rojos. La ruralización forzada se materializó en campos de trabajo donde solo se descansaban cuatro horas al día, con un día de descanso cada diez, y donde un número incalculable de personas murió de hambre o de puro agotamiento. En las ciudades abandonadas, el régimen creó prisiones y centros de exterminio como la famosa prisión de Tuol Sleng, dirigida por un siniestro personaje conocido como “Duch”, donde se dice que fueron torturados y asesinados 20.000 prisioneros, y de la que sólo escaparon doce personas con vida.

Tuol Sleng se hizo famosa por su brutalidad

Los prisioneros recibían palizas diarias, se les aplicaba la picana eléctrica, se los ahogaba y colgaba; a veces se les hacía comer sus propias heces y beber su propia orina. Varios internos fueron utilizados en experimentos “médicos” sádicos: se los sometía a cirugía sin necesidsad y no se les aplicaba anestesia, removían sus órganos y se los desangraba gota a gota para señalar el momento exacto de la muerte. Como Tuol Sleng existían más de 150 prisiones similares.

El afiche del film multipremiado.

El afiche del film multipremiado.

El régimen de los jemeres había aplastado a su propio pueblo, pero tenía en su raíz una idea expansionista y no descuidó atacar a aldeas fronterizas, de vietnamitas. La brutalidad que empleaban los jemeres no se limitaba a sus conciudadanos sino que el salvajismo empleado en los ataques a los campesinos de Vietnam, hacia mediados de 1978, espantó de tal forma a sus aliados más poderosos que incluso China se convenció que había que terminar de una vez con la marioneta maoísta de Pol Pot.

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La represión contra los jemeres no la harían soldados chinos sino que el “barrido” militar correspondería a Vietnam, que en 1979 arrasó con Pol Pot y su numerosísima banda de asesinos. Entonces los vietnamitas, con el fin de ganarse a la opinión pública occidental, publicaron imágenes y datos sobre las atrocidades del régimen camboyano. No tuvieron mucho éxito. En Estados Unidos, no tuvo gran repercusión y, por tanto, en occidente tampoco. No hubo preocupación por atrapar y juzgar a los responsables.

Haing Ngor pasó cuatro años prisionero de los jemeres. En 1979, trabajó como médico en los campos de refugiados que se levantaron en la frontera con Tailandia, asistiendo a los que huían de los jemeres, que, de todos modos, seguían teniendo poder en el interior de Camboya. Haing fue, además, un defensor temprano y firme de la conformación de un tribunal internacional que juzgara a los Jemeres Rojos, un proyecto que él no vería realizado. Abrió un orfanato en Phnom Penh, construyó una escuela rural y entregó suministros médicos y humanitarios a los campos de refugiados.

Haing Ngor, ciudadano norteamericano premiado

Haing viajó a los Estados Unidos en 1980 y seis años después se convirtió en ciudadano estadounidense. En la comunidad camboyana de ese país, era una persona muy reconocida. A pesar de no tener ninguna experiencia como actor, fue elegido para interpretar al periodista de la vida real Dith Pran en el film “The Killing Fields” (en español se conoció como “Los gritos del silencio”).

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Una escena del film con los dos protagonistas.

Una escena del film con los dos protagonistas.

Se trata de una película biográfica de 1984 sobre el régimen de los Jemeres Rojos en Camboya, dirigida por Roland Joffé (también dirigió “La Misión”, con Robert de Niro) basada en las experiencias de dos periodistas, el camboyano Dith Pran y el estadounidense Sydney Schanberg durante el régimen de los jemeres. El actor Sam Waterston interpretó a Schanberg y el médico y sobreviviente Haing Ngor al periodista Pran. El film ganó varios Oscars, entre ellos uno para Ngor como mejor actor de reparto.

En 1988 escribió “Haing Ngor: A Cambodian Odyssey”, en el que describió su vida bajo el régimen de Pol Pot.

Para entonces, todos los jefes de los jemeres rojos estaban en libertad y muchos al mando de sus tropas, aunque a la defensiva y divididos. Pol Pot, considerado uno de los déspotas más brutales de la era moderna, fue derrotado por un ala de los jemeres y cayó prisionero de sus propios hombres, antes leales, en 1997. Lo condenaron a prisión perpetua. La sentencia se debió a diferencia ideológicas y tácticas, no por sus crímenes contra la humanidad, pues todos los habían cometido.

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Un año después, dijeron que Pol Pot había muerto de un ataque al corazón mientras dormía. El periodista independiente Nate Thayer, estadounidense, el único que entrevistó a Pol Pot, suministró la versión no comprobada de que Pot se había suicidado cuando supo el plan de su enemigo, el general Ta Mok, antiguo aliado jemer, de entregarlo a Estados Unidos. Según Thayer, Pol Pot se envenenó. Su cuerpo fue colocado sobre unos neumáticos e incinerado por disposición de su esposa. Antes de morir, Pol Pot se enteró del asesinato de Haing Ngor en Los Angeles, en 1996. ¿Lo mandó a matar? ¿Qué vinculación tenían? Ninguna, salvo una película, que hizo conocidos a los jemeres rojos y a Pol Pot como asesinos de masas.

La muerte de Ngor

Dos años antes de la muerte de Pol Pot, en una noche fría y lluviosa de febrero de 1996, Haing Ngor, de 55 años, descendió de su auto a la vuelta de su casa, en el barrio chino de Los Angeles, donde solía estacionarlo. Se acercaron unos tipos. Dijeron que le exigieron el reloj Rolex de oro que llevaba en la muñeca. Dijeron que él se los dio y que lo amenazaron para que les entregara un collar relicario que contenía una fotografía de su esposa My-Huoy. Lo llevaba debajo de su ropa, o sea no estaba visible. ¿Cómo lo vieron? ¿Fueron a buscar ese relicario como una prueba de que lo habían matado? Haing se negó a quitárselo, dijeron. Entonces lo balearon dos veces en el pecho. ¿Quién dijo todo esto? No hubo testigos y nunca se recuperó lo robado. En los bolsillos de Haing, quedaron 2900 dólares.

El relicario que el médico y actor siempre llevaba colgado del cuello en uno de los afiches de la película.

El relicario que el médico y actor siempre llevaba colgado del cuello en uno de los afiches de la película.

Por el crimen, fueron detenidos tres presuntos miembros de una pandilla callejera llamada “Oriental Lazy Boyz”. Jason Chan y sus amigos Indra Lim y Tak Tan, estaban en la casa de Indra, a más de 400 metros de la escena del crimen. Los testigos que la Policía reunió se contradijeron. La razón fundamental para vincularlos con el crimen es que tenían anteedentes de robos menores. Los sospechosos de siempre. Los tres fueron condenados a prisión perpetua.

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Los abogados defensores afirmaron que el asesinato fue por motivos políticos, perpetrado por simpatizantes del Jemer Rojo.

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Doce años después, se realizó un juicio en Phnom Penh, a cargo de un tribunal internacional, contra el torturador Kaing Guek Eaw, uno de los más despiadados jefes de los jemeres rojos, también conocido como “Camarada Duch”. Fue el comandante de la unidad S-21 a cargo de las prisiones y director de la cárcel de Tuol Sleng, donde fueron torturadas y asesinadas 14.000 persanas. “Duch” reconoció su responsabilidad y pidió perdón a las víctimas, aunque afirmó que sabía que nadie lo perdonaría. También afirmó que Haing Ngor fue asesinado por orden de Pol Pot, a causa de su actuación en la película “Los gritos del silencio”.

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criminales históricos

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Super Bowl Sunday: Here are some of the political, social commercials you can expect during the big game

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

One of the most anticipated parts of Super Bowl Sunday is not necessarily the game, it’s the commercials throughout the big game.

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Hundreds-of-millions in advertising revenue will hit the airwaves Sunday night, but not everyone is trying to get you to buy something. Viewers can expect to see anti-hate ads, ads that focus on Christianity, and ads supporting political candidates that want viewers to buy in to their political views.

A 30-second spot during this year’s game costs around $8 to $10 million.

SUPER BOWL SUNDAY MENUS ARE CHANGING; PARTY HOSTS SERVE UP SURPRISES THIS YEAR

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U.S. President Donald Trumpholds up a football presented to Trump during a presentation ceremony for the Commander-in-Chief Trophy to the Navy Midshipmen football team in the East Room of the White House April 15, 2025 in Washington, DC. The Commander-in-Chief Trophy is awarded to the winner of the American college football series among the teams of the U.S. Military Academy (Army Black Knights), the U.S. Naval Academy (Navy Midshipmen), and the U.S. Air Force Academy (Air Force Falcons). (Photo by Win McNamee/Getty Images)

1. Pro-Trump group commercial touting Trump Accounts

A pro-Trump nonprofit, Invest America, bought time during the pre-game broadcast to promote the president’s new tax-free «Trump Accounts,» which were established in the GOP’s One Big Beautiful Bill Act as tax-free savings accounts for American children, many of which will be seeded with $1,000 from the federal government. Children will be able to use the funds from these accounts for things like education expenses, or down payments on a new home.

The ad will feature children talking about the importance of investing.

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«It’s gonna get a lot of attention. All your viewers, watch the Super Bowl right after the national anthem, we’re gonna have a big rollout,» Treasury Secretary Scott Bessent said last month on a local Midwest radio station. 

2. Another anti-hate ad from Robert Kraft

New England Patriots’ owner Robert Kraft’s nonprofit the Blue Square Alliance, which was formerly called the Foundation to Combat Antisemitism, will have another advertisement this year against antisemitism. His group has been buying ad spots at the Super Bowl since at least 2022 to promote anti-Jewish hate messages. Last year, the group’s ad featured appearances from celebrities like Snoop Dogg and Tom Brady. 

This year’s advertisement will focus on antisemitism among younger people, particularly those in schools. The ad encourages supporters to post an image of a blank blue square, resembling a sticky note, to illustrate their support against Jewish hate.

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3. Michigan gubernatorial candidate’s «anti-halftime» ad 

A Republican candidate running to be Michigan’s next governor, Perry Johnson, has been sponsoring ads running from several days before the game up until Sunday evening, according to the candidate’s campaign. The advertisement, which will only be seen in select Michigan TV markets, urges folks to turn the channel during the Bad Bunny halftime show and tune into the halftime show being produced by the late-Charlie Kirk’s Turning Point USA (TPUSA). Bad Bunny’s selection by the NFL has created a political stir, with critics calling him anti-American.  

ANTI-TRUMP PERFORMERS LITTER SUPER BOWL LX IN CALIFORNIA

«Join me in changing the channel during halftime to Turning Point’s ‘All American Halftime Show’ for some great American entertainment during America’s game,» Johnson’s ad encourages viewers.

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Advertisement for Bad Bunny's Super Bowl halftime performance

An advertisement for Super Bowl halftime performance by musical performer Bad Bunny. (Photo by Chris Graythen/Getty Images)

4.  Senate candidates’ campaign ads

Viewers in Maine and Texas will see advertising from the political campaigns of incumbent Sen. Susan Collins, R-Maine, and Democrat challenger to U.S. Sen. John Cornyn, R-Texas, James Talarico, who is a state senator in Texas. 

Collins’ campaign ad was purchased on her behalf by One Nation, a nonprofit tied to the Senate Leadership Fund, the top super PAC for Senate Republicans. They are coughing up about $5.5 million for a several-months-long ad buy planned to focus on the Maine viewing market.

Sen. Susan Collins of Maine

Sen. Susan Collins, R-Maine, departs the chamber at the Capitol in Washington, on July 24, 2025. (J. Scott Applewhite/AP Photo)

According to the local Portland Press, her 30-second ad features stock clips of firefighters while discussing Collins’ efforts to pass legislation banning «forever chemicals» linked to cancer. «Call Senator Collins and thank her for protecting Maine’s first responders,» a narrator concludes the advertisement, according to a version reportedly shared on YouTube.

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Talarico, who reportedly spent more than $100,000 from his campaign to air his ad, according to local reports, shared his advertisement on social media. Talarico focuses on slamming billionaires and ethics, particularly related to campaign finance and congressional stock trading.

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«Millionaires don’t just influence politicians, they own them. That’s why I don’t take corporate PAC money. That’s why I fought to cap campaign contributions,» Talarico says in his ad. «In the Senate I’ll ban billionaires from making unlimited, secret donations. I’ll stop members of Congress from trading stocks. And I’ll raise taxes on those at the top to fund tax cuts for the rest of us.»   

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5. He Gets Us ad  

The pro-Christian ad campaign that launched in 2022 with help from the family behind Hobby Lobby has been criticized over the years as its commercials have become a talking point following past Super Bowls. The campaign’s ads have typically focused on social conflicts and it plans to unveil yet another ad during this year’s game.

This year’s message touches on wealth, image, insecurity, digital addiction, fame and other pressures in life, rather than social conflicts, similar to ads they have done during past Super Bowls, according to pre-releases of the ad ahead of the game.

nfl,entertainment,fox news media,sports,politics,elections

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La historia de los 60 estudiantes que en 1970 caminaron 760 kilómetros para presentar demandas al Gobierno ecuatoriano

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Fotografía grupal de los 60 estudiantes lojanos y sus acompañantes, tomada en Quito tras la exitosa entrega de peticiones (1970). (La Hora Loja)

El 3 de marzo de 1970, cuando aún no amanecía del todo en el sur del Ecuador, sesenta estudiantes secundarios salieron de Loja con un objetivo que parecía desmesurado para su edad: caminar hasta Quito para exigir al Estado lo que su provincia llevaba décadas esperando. Tenían entre 16 y 19 años, estudiaban en el Colegio Bernardo Valdivieso y estaban convencidos de que la única forma de ser escuchados era llegar, literalmente, hasta el poder. Así nació la caminata de 760 kilómetros que marcaría un antes y un después en la historia cívica de la ciudad.

En ese momento, Loja arrastraba un profundo rezago estructural. La ciudad sureña no contaba con un hospital moderno, la educación científica en su colegio emblemático era precaria por la falta de laboratorios adecuados y las vías de acceso seguían siendo, en muchos tramos, de tierra o en mal estado. La sensación de abandono estatal no era nueva, pero a fines de los años sesenta se había vuelto intolerable. Dos años antes, el incendio del antiguo Hospital San Juan de Dios había dejado a la provincia sin un centro de salud acorde a sus necesidades, y las promesas oficiales no se concretaban. Frente a ese escenario, la protesta no surgió desde partidos políticos ni sindicatos, sino desde un aula de colegio.

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La idea de la caminata se fue gestando entre docentes y estudiantes del Bernardo Valdivieso como una acción cívica, no violenta y disciplinada. No sería una marcha improvisada ni una toma simbólica, sino una posta atlética organizada por relevos, que permitiera cubrir largas distancias sin detener el avance. Durante meses, los jóvenes entrenaron antes del inicio de clases, a partir de las cuatro de la mañana, bajo la supervisión de sus profesores. La preparación física era tan importante como la convicción política: sabían que cualquier falla podía deslegitimar su reclamo.

El día de la partida, Loja se volcó a despedirlos. Familias enteras, autoridades locales y vecinos se reunieron para ver salir a los estudiantes con un testigo simbólico que representaba la voz de la provincia. Ese objeto, que se iría pasando de mano en mano a lo largo del trayecto, formando postas, condensaba una idea sencilla pero potente: la demanda no pertenecía a un individuo, sino a toda una comunidad unida en los relevos. Desde ese instante, la caminata dejó de ser solo de los sesenta estudiantes y se convirtió en una causa colectiva.

El presidente José María Velasco
El presidente José María Velasco Ibarra cuando recibió a la delegación de estudiantes en el Palacio presidencial en Quito. (La Hora Loja)

El recorrido se extendió durante nueve días y atravesó, de sur a norte, pueblos, comunas, comunidades y ciudades de la Sierra ecuatoriana. Cada kilómetro era cubierto por uno de los jóvenes, mientras el resto avanzaba en buses de apoyo para relevarse. A su paso, la posta despertó una reacción inesperada: escuelas en el camino formaban filas para salir a vitorearlos, ciudadanos salían a las carreteras para alentarlos y estudiantes de otros colegios se sumaban por tramos, corriendo junto a ellos. Lo que empezó como una protesta local fue adquiriendo un carácter nacional, evidenciando que el reclamo de Loja dialogaba con una experiencia compartida por otras regiones postergadas.

No todo fue épica. Hubo lesiones, agotamiento extremo y momentos de duda. Algunos estudiantes tuvieron que abandonar temporalmente la carrera por problemas físicos, pero el grupo siguió avanzando. La caminata se sostuvo por una mezcla de disciplina y orgullo: abandonar significaba fallarle no solo al grupo, sino a la ciudad que los había enviado. Cada noche, al llegar a un nuevo punto de descanso, el cansancio se mezclaba con la certeza de que estaban haciendo algo que no tenía precedentes.

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El 12 de marzo de 1970, la posta ingresó a Quito entre aplausos. En el centro histórico, decenas de personas se acercaron para ver a los jóvenes que habían recorrido el país a pie. La caminata culminó en el Palacio de Carondelet, donde los estudiantes fueron recibidos por el presidente José María Velasco Ibarra. En el Salón Amarillo, uno de los estudiantes tomó la palabra y entregó el pliego de demandas. No hubo gritos ni consignas militantes. El tono fue respetuoso, pero firme: Loja pedía un hospital, educación científica y caminos para salir del aislamiento.

Algunos de los estudiantes que
Algunos de los estudiantes que participaron en la Posta de la Lojanidad en la develación del mural en honor a la hazaña. (Municipio de Loja)

El gesto sorprendió al poder político. Velasco Ibarra, conocido por su retórica grandilocuente, escuchó el planteamiento y dispuso que sus ministros atendieran las peticiones. Más allá del discurso, lo relevante fue que el reclamo quedó formalmente instalado en la agenda estatal. Los estudiantes regresaron a Loja sin garantías inmediatas, pero con la certeza de haber forzado una respuesta que no había llegado por otras vías.

Los resultados no fueron instantáneos, pero sí verificables con el paso del tiempo. Años después se concretó la construcción del hospital Isidro Ayora, hoy eje de la salud pública en el sur del país. Se completaron los laboratorios del colegio, mejorando la formación científica de generaciones posteriores, y avanzaron obras viales largamente postergadas. Ninguna de estas transformaciones puede explicarse únicamente por la caminata, pero para la memoria local, la posta fue el punto de quiebre que obligó al Estado a mirar hacia el sur.

Jorge Hidalgo Torres, ex estudiante
Jorge Hidalgo Torres, ex estudiante del colegio Bernardo Valdivieso, Junto a Diana Guayanay, alcaldesa de Loja durante el acto de inauguración del mural en honor a la Posta de la Lojanidad. (Municipio de Loja)

Más de medio siglo después, la caminata de 1970 sigue siendo recordada como un acto excepcional de participación juvenil. En una época en la que la política juvenil suele asociarse a redes sociales, la historia de estos estudiantes plantea otra pregunta: qué ocurre cuando la juventud decide organizarse, sostener una demanda en el tiempo, movilizarse con firmeza cívica y asumir costos reales para ser escuchada.

A 56 años de la hazaña, el Municipio de Loja instaló en el hospital Isidro Ayora, un mural que recuerda a los jóvenes organizados que corrieron hasta Quito. La remembranza aparece como una lección política. Aquella posta de la lojanidad, demostró que la edad no limita la capacidad de incidir y que incluso desde una ciudad históricamente relegada es posible modificar la agenda nacional. Aquellos sesenta estudiantes no caminaron solo para llegar a la capital; caminaron para romper el silencio que rodeaba a su provincia. Y lo lograron.

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corresponsal:Desde Quito

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Elecciones en Japón: el partido de la primera ministra Sanae Takaichi se encamina a recuperar una amplia mayoría en el Parlamento

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El primera ministra de Japón, Sanae Takaichi. REUTERS/Kim Kyung-Hoon/Foto de archivo

El partido de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, parecía haber conseguido una mayoría por sí solo en una elección parlamentaria clave el domingo, según la televisora pública NHK y otras grandes cadenas, que citaron los resultados de sus encuestas a pie de urna.

NHK dijo que la coalición gobernante de Takaichi, liderada por su Partido Liberal Democrático, podría lograr más de dos tercios de los 465 escaños de la cámara baja, la más poderosa del parlamento bicameral del país.

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Takaichi es enormemente popular, pero el Partido Liberal Democrático, que ha gobernado Japón durante la mayor parte de las últimas siete décadas, ha enfrentado escándalos de financiación y religiosos. La mandataria convocó las elecciones anticipadas el domingo apenas tres meses después de asumir el cargo, con la esperanza de cambiar esa situación antes de que su popularidad se desvanezca.

El gran incremento respecto a los comicios previos podría permitir a Takaichi avanzar en una agenda de derecha que busca promover la economía y las capacidades militares de Japón mientras aumentan las tensiones con China. También quiere cultivar lazos con su crucial aliado, Estados Unidos, y un a veces impredecible presidente Donald Trump.

El secretario general del PLD,
El secretario general del PLD, Shunichi Suzuki, y otros legisladores reaccionan mientras colocan rosas de papel en un tablero con los nombres de los candidatos electos del PLD en la sede del PLD el día de las elecciones generales en Tokio, Japón, el 8 de febrero de 2026. REUTERS/Kim Kyung-Hoon/Pool

La ultraconservadora Takaichi, quien asumió el cargo en octubre como la primera mujer gobernante de Japón, prometió “trabajar, trabajar, trabajar”, y su estilo, que se considera desenfadado y duro a partes iguales, ha movilizado a seguidores más jóvenes.

En las encuestas previas a la votación apuntaban a una victoria aplastante en la cámara baja para el PLD. A pesar de la formación de una nueva alianza centrista y un auge de la extrema derecha, la oposición se considera demasiado fragmentada para plantear un verdadero desafío.

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Takaichi aspiraba a que su partido, junto con su nuevo socio, el Partido de la Innovación de Japón, lograra una mayoría en la cámara baja de 465 escaños, la más poderosa del Parlamento bicameral de Japón.

Encuestas recientes realizadas por los principales periódicos japoneses muestran la posibilidad de que el partido de Takaichi pueda ganar una mayoría simple por sí solo, mientras que su coalición podría obtener hasta 300 escaños, un gran salto con respecto a la escasa mayoría que tenía desde su derrota electoral en 2024.

Un funcionario electoral abre una
Un funcionario electoral abre una urna en un centro de recuento de votos, el día de las elecciones generales del país, en Tokio, Japón, el 8 de febrero de 2026. REUTERS/Manami Yamada

Si el PLD no logra ganar una mayoría, “renunciaré”, afirmó.

Una gran victoria de la coalición de Takaichi podría suponer un importante giro a la derecha en las políticas de seguridad, inmigración y otras en Japón. Hirofumi Yoshimura, líder del socio conservador JIP, dijo que su partido servirá como un “acelerador”.

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El país ha visto recientemente cómo los populistas de extrema derecha ganan terreno, como el partido nacionalista antiglobalista en ascenso Sanseito.

Takaichi prometió revisar las políticas de seguridad y defensa para diciembre con el fin de reforzar las capacidades militares ofensivas de Japón, levantando una prohibición sobre las exportaciones de armas y alejándose aún más de los principios pacifistas de posguerra del país.

La presidenta del Partido Comunista
La presidenta del Partido Comunista Japonés, Tomoko Tamura, el líder del Partido Democrático para el Pueblo, Yuichiro Tamaki, el colíder de la Alianza Centrista para la Reforma, Yoshihiko Noda, la presidenta y primera ministra del Partido Liberal Democrático, Sanae Takaichi, el colíder del Partido de la Innovación de Japón, Fumitake Fujita, el líder de Sanseito, Sohei Kamiya, y la colíder de Reiwa Shinsengumi, Akiko Oishi, posan durante el panel de discusión de los líderes de siete partidos en el Club Nacional de Prensa de Japón (JNPC) en Tokio, Japón, el 26 de enero de 2026. David Mareuil/Pool víaREUTERS/File Photo

Ha impulsado políticas más estrictas con respecto a los extranjeros, las medidas contra el espionaje y otras favorecidas por los votantes de extrema derecha, pero que, según los expertos, podrían socavar los derechos civiles.

Takaichi también quiere aumentar el gasto en defensa en respuesta a la presión de Trump para que Japón relaje sus restricciones presupuestarias.

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Aunque Takaichi dijo que busca un mandato público para sus “políticas divisorias”, evitó entrar en detalles como las formas de financiar el creciente gasto militar, cómo resolver la tensión diplomática con China y otros temas controvertidos.

En sus discursos de campaña, la primera ministra habló con entusiasmo sobre la necesidad de un gasto gubernamental “proactivo” para financiar “inversiones en gestión de crisis y crecimiento”, como medidas para fortalecer la seguridad económica, la tecnología y otras industrias. Takaichi también busca impulsar medidas más estrictas sobre la inmigración y los extranjeros, que incluyen requisitos más duros para los propietarios foráneos y un límite al número de residentes de otros países.

Un funcionario electoral abre una
Un funcionario electoral abre una urna en un centro de recuento de votos, el día de las elecciones generales del país, en Tokio, Japón, el 8 de febrero de 2026. REUTERS/Manami Yamada

La elección anticipada después de solo tres meses en el cargo “subraya una tendencia problemática en la política japonesa en la que la supervivencia política tiene prioridad sobre los resultados de políticas sustantivas”, dijo Masato Kamikubo, profesor de política de la Universidad de Ritsumeikan. “Siempre que el gobierno intenta reformas necesarias pero impopulares… se avecina la próxima elección”.

Hay algunas incertidumbres. La elección convocada apresuradamente que dio poco tiempo para que la gente se preparara ya ha invitado a quejas.

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La votación del domingo también comenzó bajo una nueva nevada en todo el país, incluida Tokio. El norte de Japón ha registrado nevadas récord en las últimas semanas que provocaron bloqueos en carreteras y docenas de muertes, y se teme que las ventiscas puedan obstaculizar la votación o retrasar el conteo de votos en las áreas más afectadas. Cómo se traducirá su popularidad en votos entre los votantes más jóvenes, notorios por su baja participación, durante el mal tiempo es impredecible.

Aún así, Kazuki Ishihara, de 54 años, dijo que votó por el PLD por estabilidad y con la esperanza de algo nuevo bajo Takaichi. “Tengo algo de esperanza de que ella pueda hacer algo” que sus predecesores no pudieron.

Un oficinista de 50 años, Yoshinori Tamada, dijo que su interés son los salarios. “Pienso mucho cuando miro mi nómina, y emití mi voto por un partido en el que creo que puedo confiar en ese sentido”.

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(con información de AP)



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