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Isabel Allende: “No estoy en pánico con esta vuelta de la derecha; es atroz pero no es eterno”

“Me crie con la idea de que mi padre biológico era un chileno muy rico y yo tenía derecho a una herencia que el destino me había birlado, pero que Dios, en su infinita misericordia, pondría a mi alcance en su debido momento”. Esto lo escribe Isabel Allende pero, ojo, no lo dice Isabel Allende. Porque lo dice Emilia del Valle, la protagonista de Mi nombre es Emilia del Valle, la última novela de la autora chilena, que está saliendo por estos días. Pero, aunque ahora Allende diga que no se dio cuenta, Emilia tiene bastante que ver con ella y con su historia.
Allende lleva casi 40 años viviendo en los Estados Unidos, casi siempre en California. Y esta novela conecta sus dos territorios: Chile, donde tiene el corazón, la lengua y el acento, pero en cuyo territorio prácticamente no vivió. Y California, claro.
Emilia del Valle es la hija de una novicia, Molly Walsh, que iba para monja pero un día da el mal paso, seducida y abandonada por un ese joven chileno y fino. Una noche, Emilia está segura de que no fue más que un encuentro, bueno para nadie. Una vez y “a él le quedó un mal sabor de boca por haber engañado a aquella novia de Cristo”, cuenta la narradora. Fue suficiente: ella empezó a crecer en el cuerpo de Molly. Chau planes de vida. Pero también hola planes de vida: Molly a esa altura ya trabaja en una escuela cuyo director, Francisco Claro, es un mestizo sabio y cariñoso. Ese -Pancho- va a terminar siendo el verdadero padre de Emilia, que se llamará Emilia del Valle Claro.
“He vivido 82 años y veo que este péndulo va de la izquierda a la derecha y más o menos se detiene en el centro ciertas veces y se cometen los mismos errores. Pero algo aprende la humanidad”
Isabel Allende sabe de eso. Su padre, Tomás, era un diplomático que un día se hizo humo y dejó a la madre en Perú y con tres chicos. La madre de Isabel encontró a su Francisco Claro: se llamaba Ramón Huidobro Domínguez y, ha dicho ella, “fue mi padre”. Pero no, ahora Allende dirá que no pensó en eso, que no pensó en ella misma. Aunque ¿saben qué hizo de su vida Isabel? Antes que escritora fue periodista. ¿Qué hace Emilia? Sí, es periodista. Y así, como periodista, vuelve a Chile. Periodista de guerra en momentos -1891- en que había pocas periodistas y menos en situaciones bélicas.
Así llegará a Chile en medio de una guerra civil. Por un lado un presidente, José Manuel Balmaceda, que propone reformas como -le explica el compañero que viajará con ella- “leyes de defensa de los trabajadores, educación gratuita y obligatoria, libertades civiles”. Pero lo hará, si hace falta, con autoritarismo y sin el congreso. Por otro lado, los congresistas, que defienden a los poderes económicos. Y medio país detrás de cada uno.
De esto hablaremos ahora, que Isabel Allende está sentada en su escritorio, frente a su pantalla, en su casa de California, y responde amable y paciente.
-¿Cómo llegaste a esta historia del siglo XIX? ¿Y cómo resuena en el presente ese cruce de progresismo y autoritarismo?
-Me había interesado siempre esa guerra civil en Chile, que fue brutal, sangrienta. Mira, en cuatro meses murieron más chilenos que en la guerra contra el Perú y Bolivia, que duró cuatro años y tanto, y se mataron de manera espantosa también. Y sí, hay algunos ecos con lo que pasó después, con el golpe militar en 1973. En ambos casos la derecha se opuso a un gobierno progresista e intervinieron las Fuerzas Armadas. En el caso de la Guerra Civil se dividieron y por eso fue una guerra civil. En el 73 no se dividieron y fue una guerra contra el pueblo.
-¿Quién tenía razón en 1891?
-Me interesaba la figura del presidente Balmaceda comparándola con la figura de Salvador Allende, pero también esa época de fines del siglo 19 en que hubo tantas transformaciones, tantos inventos, tantas cosas que cambiaron la naturaleza de la sociedad en muchos aspectos. Y quería contarla desde una perspectiva de afuera. No quería tomar partido en ninguno de los dos bandos de la Guerra Civil. Entonces pensé que una buena manera era contarlo desde el punto de vista de los americanos, porque ellos intervinieron en esa guerra civil tanto como los británicos por los intereses de las minas en el norte. Entonces dije “Ah, bueno, pero quiero que sea una mujer”. Pero las mujeres no eran periodistas ni mucho menos corresponsales de guerra. ¿Y por qué la mandarían? Bueno, tal vez porque habla español. . Tiene raíces en Chile. Y así una cosa fue agarrando otra y otra y se fue hilando.
“Enamorarse a esta edad es ridículo. Es lo mismo que enamorarse de joven, pero con una sensación de urgencia. No tienes tiempo que perder en tonterías”
-Señalás el gobierno de Balmaceda como progresista, pero también como un gobierno que reprime.
-Muy represivo. Pero era la época en que los gobiernos eran represivos, el pueblo verdaderamente tenía muy poco que decir, era carne de cañón y el poder se repartía entre unas pocas familias. Todos eran ciertas familias que eran los que tenían tierra, los que tenían más poder, los que tenían generaciones en la política. Y Balmaceda tenía algunas ideas progresistas que le molestaron mucho a la derecha, pero todo el mundo, era más o menos de derecha.
-¿Qué molestó de Balmaceda?
-Que invirtió el dinero de las de las minas en educación, en carreteras, en levantar a toda una clase social. Y la derecha se sintió agredida. Creían que se podía vivir de los intereses de ese dinero y no había para qué estar invirtiendo en infraestructura. Cuando terminó la Guerra del Pacífico y le quitaron al Perú un montón de tierras donde estaban las minas más valiosas, le cayó a Chile como un baño de dinero. Balmaceda dijo: “No va a durar para siempre, hay que invertirlo”. Y la derecha no quería.
-Sin embargo, la gente no salió en masa a defenderlo…
-Es que la gente no tenía voz ni voto en aquella época. Las elecciones eran completamente manejadas por los terratenientes. Los únicos que realmente estaban organizados eran los mineros, que se rebelaban.
-¿Ves ahí alguna línea que te lleve hacia lo que está pasando ahora, en distintas partes del mundo?
-Mira, yo veo como una ley del péndulo. He vivido 82 años y veo que este péndulo va de la izquierda a la derecha y más o menos se detiene en el centro ciertas veces y se cometen los mismos errores. Pero algo aprende la humanidad. Entonces no estoy en estado de pánico con esta vuelta a la derecha, al fascismo, al neonazismo y a lo que está pasando en Estados Unidos con Trump. Yo creo que es atroz, pero no es eterno. Todo es temporal y todo pasa. Siempre hay una reacción y en Estados Unidos ya está comenzando.
-Estaba pensando en tu vínculo con Emilia. Ella es una estadounidense que tiene alguna raíz chilena y cuando llega a Chile esa raíz “le tira”. Vos sos una chilena que vivió casi siempre en el extranjero. ¿Cómo te sentís vos con esa pertenencia, con esas raíces?
–Oye, fíjate que, después de tantos años fuera, cuando me preguntan qué soy… Yo soy ciudadana americana por el pasaporte, pero yo digo soy chilena. Porque soy chilena. Fíjate que nací en el Perú, viví unos pocos años en Chile, en la casa de mi abuelo, y después empezó el eterno peregrinaje con mi padrastro, que también era diplomático. Después el exilio, después la inmigración. ¿Por qué esas raíces tan poderosas de la infancia, de ese lugar sagrado de la infancia, de la memoria? Y eso que tampoco es una memoria agradable porque no tuve una infancia buena ni feliz, tuve una infancia de temores, de inseguridad. ¿Por qué tengo esas raíces tan poderosas? No sé, pero cuando voy a Chile, sobre todo al sur de Chile, sé que es allí adonde pertenezco. El paisaje, la gente, el acento, el humor. No te puedo decir qué es.
“La historia oficial es la historia que ya han sanitizado. Hubo campañas en la Guerra del Pacífico en que los generales chilenos no se dieron el trabajo de estudiar el terreno y se llevaron a miles de personas a morirse de sed en el desierto. Esa es la historia que hay que contar”.
-Emilia siente que tiene que “volver”. ¿Vos?
-En este momento claro que me iría a vivir a Chile, pero tiene que ser con mi hijo y mi nuera y mi marido y mis dos perros. Entonces, ¿cómo arrastro todo este carromato de gente para allá? Bueno, puede ser que llegue ese momento, pero después de tantos años afuera viene lo que Benedetti llamaba el “desexilio”, es decir, que el retorno es más difícil que quedarse en otra parte porque tienes tu familia, que ya son una o dos generaciones en otra parte. Son mis hijos y mis nietos.
-¿Por qué te tira especialmente el sur de Chile?
-¿El sur de Chile? ¿Tú has estado en el sur de Chile alguna vez? Bueno, los volcanes, los bosques, los ríos, los lagos, los cielos limpios. Es totalmente diferente a Santiago. Y a mí no me gusta el desierto. Entonces el norte no me gusta por eso. Hay ciertos lugares en el sur donde se siente el Chile de antes, ese que yo echo de menos. Te fijas, menos consumista, menos arribista, más rural.
-En la novela aparece una conexión con toda la cultura indígena que he visto en otro de tus libros…
–Bueno, si ella va al sur… había una cultura indígena, que en aquella época era mucho más fuerte que lo que es ahora. A pesar de que existe ese 10 por ciento de la población chilena que es mapuche, esa población está mucho más integrada que lo que estaba antes, cuando no había ni caminos ni escuelas, no había nada.
-Permitime volver a la guerra civil. Pensaba que en esas guerras queda clarísimo que lo que se pelean son intereses…
-Absolutamente. Pero si tu piensas, en la mayor parte de las guerras, la gente va a pelear sin saber por qué. Mandan a un montón de muchachos de 18 años a Afganistán o a Irak a pelear y no saben por qué. Saben que tienen que pelear porque están en el ejército, Pero no hay ninguna razón personal para eso. Y si se lo preguntan, están fritos. Y en el caso de una guerra civil como esa, también dependía de dónde estabas. Porque salieron a reclutar gente en el sur para obligarlos a ir a la conscripción. Y en el norte se unieron a los congresistas. Pero muchos de los que peleaban no habían tenido un arma en las manos jamás. No habían usado zapatos nunca. Entonces, se les rompían los pies porque no estaban acostumbrados a usar calzado.

-Vos describís mucho la crueldad, la violencia, la tortura. O sea, es un libro que no, no se ahorra esas cosas.
-Es que no puedes escribir sobre la guerra y ahorrarte eso. Porque eso es la guerra. La guerra es una masacre, no puedes dejar de contarlo.
-Pero como no es que va un caballero y dispara y otro muere. Sino son cinco personas sobre una persona tirada en el piso. Pateándola..
-Claro, exactamente eso es lo que hay que contar. Porque la historia oficial es la historia que ya han sanitizado. O sea, está limpia y siempre está escrita por el vencedor. Hubo campañas en la Guerra del Pacífico, en que los generales chilenos no se dieron el trabajo de estudiar el terreno y se llevaron a a miles de personas a morirse de sed en el desierto. ¿Cómo es posible? Entonces eso hay que contarlo, cómo fue que hubo tantos muertos, cómo murieron y por qué, quiénes los velaron y quiénes lloraron por ellos. La historia siempre es la de la voz que no se oye, la voz silenciada, la mujer, los niños, los pobres, las víctimas. Esa es la historia que hay que contar.
-¿Para qué, Isabel? ¿Para qué hay que contarlo?
-Para contarle la vida como es, para perpetuar la historia como es y no como te la cuentan. Yo creo que ese es el valor de una novela histórica, desafiar la versión oficial de lo que pasó.
“En Estados Unidos el niño deja de decir ‘mujeres’ o ‘niñas’ y dice ‘females’, hembras. Investigas y hay un culto antifemenino»
-En este libro hacés mucho hincapié nuevamente en esas redes “secundarias” que arman las mujeres. Emilia consigue información porque habla con la señora que atiende al padre, que él no sabe ni cómo se llama.
-Dime tú, Patricia, como periodista, si no es así la vida. Cuando cuando andamos detrás de una noticia ¿qué sacas con leer la versión oficial, con entrevistar al congresal? Te tienes que meter con la gente. Tienes que andar por la calle.
-Entonces construiste esa mujer que se puede mover y llegar a muchos lugares. Y mostrás las trabas que enfrenta, las veces que le dicen que no va a poder llegar, que no tiene que ir. ¿Eso sigue pasando?
-Yo creo que a una mujer todavía le cuesta dos o tres veces más que a cualquier hombre obtener la mitad del respeto y reconocimiento en casi todos los ámbitos. Aquí en Estados Unidos, por ejemplo, en el Silicon Valley, que es donde está toda la tecnología, que es toda gente joven, hay barreras para las mujeres. La mayor parte de de esa gente son hombres jóvenes y les dejan muy poco espacio a las mujeres.

-¿El mundo tecnológico volvió a levantarse no como un lugar básicamente masculino?
-Si, absolutamente masculino. Y ahora en Estados Unidos hay un una verdadera guerra contra la mujer, diría yo. Le han ido cortando derechos a la mujer, más y más. Y todo lo que Trump representa es muy anti-mujer. Bueno, este fenómeno no solamente es norteamericano.
-¿A qué te referís?
-En muchas partes hay todo un culto anti-mujer, que la Internet está canalizando hacia los niños. Entonces tú tienes niños en la primaria que ya se meten al internet, se meten en estos grupos y los padres pueden darse cuenta de qué está pasando esto porque les cambia la manera de hablar. Por ejemplo, en Estados Unidos el niño deja de decir “mujeres” o “niñas” y dice “females”, hembras. Entonces, si el niño empieza a hablar de las females, ya el padre y la madre pueden saber en lo que está metido. Te metes en el teléfono, te pones a investigar y hay todo un culto antifemenino. Es muy peligroso.
-¿Cómo llegamos hasta acá tan rápido? Hasta ayer hablábamos de los avances en los derechos de las mujeres…
-Es una reacción contra los avances de la mujer. Hay una generación, de hombres jóvenes que se sienten desplazados. Las mujeres sacan mejores notas en la escuela, en la universidad se gradúan de todas las profesiones que antes eran puramente masculinas y compiten en el mercado con ello. Y además, no están dispuestos a aceptar que les falten el respeto. Y se ganan la vida y no los necesitan tanto. Entonces perdieron su su lugar del alfa del macho alfa en la sociedad.
-Entonces, perdieron un lugar y todavía no encontraron a otro y todavía no encontraron otro.
-Sí, van a tener que encontrarlo. Porque las mujeres, por mucho que las aplasten, van a seguir saliendo adelante.
-¿Ya estás pensando en otro libro?
-Estoy tratando de escribir una memoria. Tengo una que termina en 2007, que es La suma de los días. Pero ahora pienso en una memoria muy particular, porque estoy en una edad muy particular también. Ocurrió el final de un matrimonio que duró 28 años, con Willy. Luego vino un tiempo de soledad y de reflexión y luego vino otro amor, con Roger, a una edad en que no pasan esas cosas, estar enamorada a los 80 años Es como ridículo.

-¿Estás enamorada?
-Si. Es lo mismo que enamorarse de joven, pero con una sensación de urgencia. No tienes tiempo que perder. Día a día vas perdiendo algo en la vejez. Se te van muriendo los amigos, las mascotas. Se va separando la gente. Los nietos se van lejos. Empiezas a perder facultades también. Entonces tienes una conciencia muy clara del tiempo. Y, por lo tanto, no lo puedes perder. En peleas chicas, en tonterías, en celos. Si vas a vivir un amor, vívelo a fondo, porque no va a ser largo, va a ser muy corto.
-¿Y eso hace mejor este amor?
-Lo hace intenso y lo cuidamos más. Pero es triste. También es un poco triste el pensar que no sabemos cuál de los dos se va a ir primero y que al otro le toque quedarse solo y enterrarlo.
-¿Qué te da más miedo?
-Yo quisiera morirme antes, pero no sería justo, porque Roger ya se le murió la esposa. Fíjate que Roger despertó en la mañana y su esposa estaba muerta. Se murió en la noche, cuando él estaba dormido. Nunca se ha recuperado de eso. Entonces, no quisiera que le volviera a pasar. Pobre hombre.
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Perforan para examinar el hielo derretido de la Antártida desde abajo
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Son of Norway’s crown princess to face rape charges as new Epstein files mention her hundreds of times

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Norway’s royal family is facing an unusually turbulent moment as the son of Crown Princess Mette-Marit prepares to stand trial this week on multiple criminal charges, including rape, just as newly released Jeffrey Epstein documents have revived scrutiny of the princess’s past contact with him.
The defendant, Marius Borg Høiby, is scheduled to appear in Oslo district court on Tuesday following an indictment handed down last summer after a lengthy investigation. Høiby is not part of the royal household and does not hold any official role.
Authorities arrested Høiby several times in 2024 as allegations mounted, though he was not held in custody while prosecutors built their case.
Prosecutors accuse Høiby of committing multiple sexual assaults over a period of several years and engaging in violent and threatening behavior toward former partners. The alleged incidents span from 2018 through late 2024 and include accusations of violating a restraining order.
NEW GHISLAINE MAXWELL MUGSHOT INCLUDED IN DOJ’S LATEST EPSTEIN FILES RELEASE
Norway’s Marius Borg Hoiby and Crown Princess Mette-Marit in Oslo, June 16, 2022. (Lise Aserud/NTB via AP)
If convicted, the 29-year-old could face a prison sentence of up to 10 years. Court proceedings are expected to continue into mid-March.
Following the indictment, defense attorney Petar Sekulic said his client denies all allegations of sexual abuse and disputes most of the charges related to violence.

Crown Princess Mette-Marit of Norway visits The International Library Of Fashion at Stasjonsmesterbygningen on Jan. 24, 2025 in Oslo. (Rune Hellestad/Corbis/Getty Images)
The case has proven embarrassing for a monarchy that typically enjoys strong public support in Norway, drawing sustained media attention both at home and abroad.
That attention intensified further last week with the release of a new trove of records connected to Epstein. The documents include hundreds of references to Crown Princess Mette-Marit, who has previously acknowledged and regretted her contact with Epstein.

Crown Prince Hakon Magnus and Crown Princess Mette-Marit attend the Save the Children Peace Prize Party at the Nobel Peace Center on Dec. 10, 2024 in Oslo, Norway. (Per Ole Hagen/Getty Images)
The records, which include email correspondence, indicate that Mette-Marit stayed for several days in early 2013 at a Palm Beach, Florida, property owned by Epstein — a visit the royal household has said was arranged through a mutual friend, according to Norwegian broadcaster NRK.
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In comments to The Associated Press, Mette-Marit said she failed to adequately examine Epstein’s background at the time and expressed regret over the association, calling it an embarrassing lapse in judgment. She also said she sympathizes deeply with the victims of Epstein’s abuse.
The Associated Press contributed to this report.
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Monopolio, privilegios y falta de competencia: las razones detrás del fallo contra Panama Ports

Más allá del impacto político y económico que provocó la decisión, la sentencia de la Corte Suprema de Justicia que declaró inconstitucional el marco legal de la concesión otorgada a Panama Ports Company, S.A. (PPC) se sostiene sobre un razonamiento jurídico que va mucho más allá de aspectos formales o administrativos.
El fallo examina el diseño mismo del contrato, sus adendas y su régimen de prórroga, y concluye que, en su conjunto, crearon un esquema incompatible con varios principios constitucionales.
Uno de los primeros elementos analizados por el tribunal fue el alcance real de los derechos concedidos a la empresa. La Corte estudió si el contrato, aprobado mediante la Ley 5 de 1997, se limitaba a permitir la operación de dos terminales específicas o si, en la práctica, otorgaba a PPC una posición privilegiada sobre áreas portuarias presentes y futuras.
En este punto, el tribunal concluyó que ciertas cláusulas vinculadas a expansiones, áreas adyacentes y derechos preferentes configuraban un control extendido que iba más allá de una concesión ordinaria.
Este análisis llevó a la Corte a vincular el contrato con el principio constitucional de libre competencia. El fallo advierte que, al establecer ventajas estructurales a favor de un solo operador, el régimen aprobado por ley podía generar barreras de entrada para otros potenciales concesionarios.
Desde esta perspectiva, no se trataba únicamente de un contrato entre el Estado y una empresa, sino de un esquema legal que condicionaba el mercado portuario a largo plazo.

Otro eje central del razonamiento fue la forma en que se otorgó y prorrogó la concesión. El tribunal examinó si el Estado había garantizado procesos abiertos, transparentes y competitivos, acordes con el interés público.
En su evaluación, la Corte cuestionó que la prórroga se produjera sin un procedimiento equivalente a una nueva licitación, sin una comparación objetiva de ofertas y sin una revisión integral del desempeño del concesionario.
Para los magistrados, este mecanismo debilitaba el control estatal sobre un servicio estratégico. Al no existir una instancia real de evaluación y competencia, el Estado reducía su margen para renegociar condiciones, exigir mejoras o reconsiderar el modelo de explotación portuaria conforme a nuevas realidades económicas y logísticas.
El tema fiscal también ocupó un lugar relevante en el fallo. La Corte analizó el alcance de las exoneraciones y beneficios otorgados a PPC y a empresas vinculadas.
En este punto, el tribunal recordó que la potestad tributaria forma parte esencial de la soberanía estatal y que las excepciones deben estar debidamente justificadas, delimitadas y sustentadas en el interés general.
Según la sentencia, el régimen concedido presentaba un grado de amplitud que podía afectar la capacidad recaudatoria del Estado sin una justificación técnica suficientemente demostrada.
Este aspecto fue interpretado como una alteración indebida del equilibrio entre incentivos a la inversión y protección del erario.
Otro componente considerado fue el ambiental. La Corte revisó si el desarrollo y expansión de las actividades portuarias estaban respaldados por instrumentos adecuados de evaluación de impacto, monitoreo y mitigación.
El fallo señala deficiencias en este ámbito y subraya que la protección ambiental no puede ser tratada como un aspecto secundario en proyectos de infraestructura de gran escala.
En el análisis judicial, la ausencia de evaluaciones integrales y actualizadas se relaciona directamente con el deber constitucional del Estado de garantizar un ambiente sano y de prevenir daños irreversibles, especialmente en zonas costeras estratégicas.
Un elemento transversal en toda la sentencia es la noción de soberanía y dominio sobre bienes de uso público. La Corte examinó si el contrato y sus adendas preservaban la capacidad del Estado para administrar libremente sus puertos o si, por el contrario, generaban una dependencia estructural frente al concesionario.
El tribunal concluyó que ciertas disposiciones limitaban de forma excesiva la potestad estatal para decidir sobre su propia infraestructura.
Desde esta óptica, el fallo no cuestiona la figura de la concesión en sí misma, sino la forma en que fue diseñada. La Corte reconoce que el Estado puede delegar la operación de servicios, pero subraya que dicha delegación no puede traducirse en una renuncia práctica al control estratégico.
En cuanto a los argumentos de la defensa, PPC sostuvo que el contrato había sido aprobado por ley, refrendado por las autoridades competentes y sometido al control del órgano legislativo.
También alegó que el análisis pretendido implicaba revisar la conveniencia económica del negocio, lo cual, a su juicio, excedía las funciones del control constitucional.
La Corte respondió señalando que su competencia no se limitaba a verificar el cumplimiento formal de trámites, sino a evaluar si el contenido normativo era compatible con la Constitución.
En este sentido, el tribunal dejó claro que la existencia de refrendos, debates legislativos o controles administrativos no convalida un régimen que vulnera principios materiales.
El concepto del Procurador General de la Nación, Luis Manuel Gómez Rudy, influyó de manera relevante en el razonamiento final. En su vista fiscal, el Ministerio Público coincidió en que el contrato y su prórroga planteaban problemas en materia de competencia, privilegios, fiscalidad y control estatal.
Aunque la Corte no adoptó de manera automática todos sus argumentos, sí incorporó varios de sus planteamientos en el análisis.
Finalmente, el fallo concluye que la inconstitucionalidad no deriva de un solo vicio aislado, sino de la acumulación de factores: privilegios excesivos, ausencia de competencia efectiva, debilidad en los mecanismos de control, impacto fiscal, deficiencias ambientales y limitaciones a la soberanía. En conjunto, estos elementos configuraron un modelo incompatible con el orden constitucional.
Desde esta perspectiva, la decisión no se fundamenta en la falta de un refrendo específico ni en un error administrativo puntual, sino en una revisión estructural del régimen concesionario.
La sentencia establece así un precedente relevante para futuras concesiones en sectores estratégicos, al fijar límites claros sobre el alcance de los derechos que pueden otorgarse, la necesidad de competencia real y la obligación permanente de preservar el interés público.
El embajador de Estados Unidos, Kevin Marino Cabrera, no dudó en opinar sobre el fallo de la CSS. El diplomático presentó el fallo como una señal de que en Panamá opera un sistema judicial independiente que puede corregir decisiones contractuales cuando, a su juicio, chocan con exigencias de transparencia y con el interés público.
Su mensaje apunta a un efecto reputacional: la idea de que el país refuerza el Estado de derecho al exigir rendición de cuentas a operadores privados en infraestructura crítica.

En la misma línea, el embajador conectó la decisión con dos conceptos que suelen interesar a Washington y a los mercados: seguridad nacional y clima de inversión. Su argumento es que una justicia predecible y aplicada de forma imparcial mejora la confianza, porque transmite que los contratos válidos se respetan y los que no lo son se corrigen, lo que —según su lectura— elevaría el atractivo de Panamá para inversión de calidad y de largo plazo.
Por su parte, el contralor Anel Flores enmarcó el resultado como la culminación de una acción institucional de la Contraloría General de la República de Panamá para preservar los bienes y el patrimonio de los panameños.
Al acudir a notificarse oficialmente del fallo, buscó reforzar la idea de que la Contraloría actuó dentro de su mandato legal y que el proceso respetó el derecho de defensa de las partes, aun cuando el desenlace sea adverso para el concesionario.

El contralor además elevó el tono político del mensaje: calificó la decisión como un antes y un después para la relación portuaria del país y sostuvo que, tras el fallo, la responsabilidad sobre los puertos retorna al ámbito del interés colectivo.
El contralor Anel Flores acudió a la Secretaría General de la Corte para notificarse oficialmente del fallo. Como antecedente del caso, la Contraloría General de la República de Panamá había realizado una auditoría sobre la concesión, en la que planteó la existencia de una posible lesión patrimonial al Estado, y a partir de esa actuación institucional presentó demandas de inconstitucionalidad con el argumento de proteger los bienes y el patrimonio públicos.
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