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La bomba que hizo arrepentir a Einstein, borró del mapa a Hiroshima y le puso fin a la Segunda Guerra

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“¡Dios, mío! ¿Qué hemos hecho?”

Era el lunes 6 de agosto de 1945, poco después de las 8.15 de la mañana. Los cielos japoneses abrían cada tanto algunos claros, hasta despejarse por completo y transformarse en una luminosa mañana de verano. Paul Tibbets junior, coronel de 30 años, piloto del bombardero B-29 Supperfortress, cuatrimotor de la Fuerza Aérea de EE.UU., había bautizado Enola Gay, el nombre de su madre, a esa “fortaleza gigante” con imponente aspecto de pájaro de acero plateado, que él conducía.

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Al parecer, desde la cabina de mando se habría interpelado con esa pregunta ni bien pudo vislumbrar desde una altitud de 9.945 metros en qué se había transformado Hiroshima, la ciudad finalmente designada como “el objetivo”. Sus siluetas más urbanas apenas asomaban, envueltas en un hongo gigantesco, de una luminosidad cegadora, una bola de fuego que no dejaba de expandirse hacia arriba y los costados, y que llegaría a una inusitada altura de 12 kilómetros.

Abajo, en el epicentro del estallido, la temperatura oscilaba bruscamente de los 6 mil grados al millón de grados centígrados, ambos registros correspondientes a distintas zonas de la superficie solar, según estimaciones científicas de entonces. Sesenta mil edificios se habían derrumbado en un pestañeo, como si fuesen de cartón: un infierno, seguido de un huracán de llamas alucinantes, con vientos de 1.600 kilómetros por hora y una inmediata oscuridad. Hiroshima se ahogaba, en medio de calamidades nunca vistas entre los humanos.

“¡Es lo más grande la historia!”.

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Harry Truman, entonces presidente de EE.UU., quien había dado la orden del primer ataque atómico de la Humanidad, lo celebraba a su modo al recibir la confirmación del desastre, quizá llevado por el impacto emocional de aquellos días de máxima tensión. Entre 70 mil y 80 mil personas habían muerto al instante, muchas evaporadas por la fisión nuclear recién estrenada. Sólo quedaba de ellas la sombra de sus siluetas sobre veredas, calles y casas. El 90% de la ciudad se había, literalmente, desintegrado. Según mandatos inexorables de la guerra, se imponían soluciones urgentes. Que Japón se rindiera y que la contienda terminara.

Franklin Delano Roosevelt, el gran arquitecto de la escalada de su país a la cima del mundo, muerto apenas cuatro meses antes, el 12 de abril, había supervisado, y autorizado, cada eslabón del Proyecto Manhattan, que terminaría con el nacimiento de la primera bomba atómica, conocida como “Little Boy” (Pequeño chico o Muchachito) y su plan alternativo “Fat Man” (Hombre Gordo). Una crónica dolencia cardíaca le había impedido ver los resultados del proyecto en el que había puesto todo su celo: imposible saber cómo hubiese procesado aquel estampido que tuvo lugar un día que el mundo jamás olvidaría y del cual se están cumpliendo 80 años. A Truman, su vicepresidente y sucesor en la Casa Blanca, le tocaría bajar el pulgar de la letal ejecución masiva que haría estallar a una ciudad de 340 mil habitantes, hasta entonces un pujante enclave del imperio japonés, con dos cuarteles generales de armamentos, logística bélica y tropas, además de un fuerte sesgo industrial y un gran puerto marítimo cercano a la zona urbana.

Una iglesia destruida por la bomba atómica lanzada por EE.UU. sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1845. Foto: AP

“Preferiría ser recordado como un jugador de equipo de football de mi escuela que como el copiloto de este avión”.

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El capitán Robert Lewis, copiloto de la misión, quien había comprobado desde las alturas que en Hiroshima sólo quedaban en pie unos pocos edificios, manifestaría un arrepentimiento por su participación en el lanzamiento de “Little Boy”. Se cuenta que habría registrado en la bitácora del vuelo, a modo de constancia histórica, la frase que le escuchó al piloto Tibbets, aunque algunas versiones le adjudicarían las palabras a él mismo y no al responsable de haber abierto la escotilla para lanzar del Enola Gay la bomba que cambiaría para siempre el curso de la historia. Esta última especulación es factible: difícil que Tibbets haya hecho alguna apelación a Dios al ver el hongo atómico: viviría hasta los 92 años y regaría sus cuentas bancarias dando conferencias muy bien pagas en las cuales aseguraba que “lo volvería a hacer las veces que fuera necesario”, sin señales de arrepentimiento.

Veinte días antes, el presidente Truman, ex vicepresidente, ex senador y ex combatiente de la Primera Guerra, estaba en el día inaugural de la Conferencia aliada de Potsdam cuando fue informado por un telegrama de sólo tres palabras sobre una prueba realizada en el pequeño emprendimiento urbano de Alamogordo, a 766 kilómetros de Los Alamos, Nuevo México, desértica región de Estados Unidos: Baby well born (El niño nació bien). Se refería al primer ensayo de la bomba atómica, test bautizado como Trinity, llevado a cabo el 16 de julio de 1945. No había quedado en pie un solo árbol en 1,5 km a la redonda.

El experimento de Alamogordo había sido secreto, las consecuencias no pudieron serlo: la explosión había alarmado a lugareños de un tranquilo vecindario, a 250 km del lugar, cuyos pocos habitantes se sorprendieron al ver cómo se quebraban los cristales de sus casas y “el sol salía y volvía a ponerse”. El caso dio origen a una de las fake news pioneras de la historia y poco difundidas, ya que para calmar la ansiedad del pequeño poblado se cree que hubo alguna forma de acuerdo con la prensa local para que explicara como causa del inesperado fenómeno algo que nunca había ocurrido, el estallido de un polvorín.

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El Proyecto Manhattan, que había generado el test Trinity, llevaba más de dos años de silenciosa y secreta tarea, con gran número de científicos, militares y trabajadores auxiliares afines a la de estratégica tarea. Lo comandaba Robert Oppenheimer, un físico estadounidense de origen judío, hijo de una adinerada familia que había simpatizado con los republicanos en la Guerra Civil Española. Como tutor mayor, aunque circunstancial, colaboró Albert Einstein, el físico más reputado del mundo, antes y ahora, a 70 años de su muerte. Primero había alentado al presidente Roosevelt para que acelerara las investigaciones con el fin de lograr la fisión nuclear, y aplicar la misma a la construcción de un arma atómica, visto que la Alemania nazi estaba cerca de lograr la suya. En ese punto, Einstein estaba en los cierto.

Las ruinas de Hiroshima, tras la bomba atómica lanzada el 6 de agosto de 1945. Foto: AP Las ruinas de Hiroshima, tras la bomba atómica lanzada el 6 de agosto de 1945. Foto: AP

Ya desde 1939, la nación en armas que impulsaba Hitler, trabajaba en el Proyecto Uranio para investigar la construcción de reactores nucleares, la separación de isótopos y la preparación de explosivos atómicos. En uno de los párrafos de la misiva que le haría llegar Einstein, Roosevelt leería: “En los últimos cuatro meses se ha hecho probable que podría ser posible el iniciar una reacción nuclear en cadena en una gran masa de uranio, por medio de la cual se generarían enormes cantidades de potencia y grandes cantidades de nuevos elementos parecidos al uranio … Este nuevo fenómeno podría ser llevado a la producción de bombas … una sola bomba de este tipo, llevada por un barco y explotada en un puerto, podría muy bien destruir el puerto por completo, conjuntamente con el territorio que lo rodea…”

Trascendería que cuando Einstein supo, con certeza científica, que las consecuencias que generaría esa hipotética explosión nuclear serían monstruosas, mandaría otra carta al presidente Roosevelt, advirtiéndole que no debería lanzar la bomba. En la entretela de los anecdotarios de la guerra circularía un rumor inquietante acerca de que esa carta, sin abrir, se encontraría en el escritorio de Roosevelt poco después de su muerte.

Lo que sí se sabe, y no a modo de trascendido, es que el genio de la física, con Hiroshima y Nagasaki fulminadas, diría en un discurso en Nueva York, del 6 de diciembre de 1945: “Nosotros ayudamos a construir la nueva arma para impedir que los enemigos de la humanidad lo hicieran antes … Dejamos esta mortífera arma en manos de norteamericanos e ingleses como representantes de toda la humanidad, defensores de la paz y de la libertad. Mas hasta el presente no hemos advertido ninguna garantía de paz ni observado el cumplimiento de las libertades que se prometieron a los pueblos…Se ha ganado la guerra, pero no la paz.”

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A las 7 de la mañana de aquel 6 de agosto, la alarma antiaérea se oyó con claridad en Hiroshima ante la detección de una flotilla de B-29 en los cielos de la ciudad. Fue una alerta fallida. Una hora y cuarto después un B 29 plateado, majestuoso y en solitario, surcaba los cielos de la ciudad, pero nadie le prestaría atención. Segundos fatales. De pronto, el Sol y el cielo se vinieron encima de la gente que iba a sus trabajos y de chicos que marchaban a sus escuelas. Las calles perderían su contorno: eran una funesta sucesión de escombros, cuerpos carbonizados, ensangrentados y con espantosas mutilaciones.

El joven fotógrafo Yoshito Matsushige intuyó desde su casa en las afueras que la historia lo llamaba. Tomó su cámara y salió a caminar por aquel infierno de fuegos nucleares. Logró tomar al momento las únicas fotografías del sufrimiento de la población civil, que a 80 años siguen estremeciendo y en Hiroshima son murales de la evocación. Más aún: las imágenes que logró captar del caos fueron una pesquisa de valía para detectar sobrevivientes y reconstruir los momentos finales de otros.

En un documental para la televisión francesa, que se puede ver en YouTube junto a tantos en estos días, el cineasta Bertrand Collard recogería relatos escalofriantes de los entonces sobrevivientes: “Había gente despellejada, con la carne al rojo vivo y otras con sus intestinos en la mano o los ojos colgando”, lo que permite aproximarse a la dimensión de lo que fue aquella barbarie atómica. En el puente Miyuki, en el centro de Hiroshima, algunas narraciones aseguran que hubo quienes se tiraban al río para atenuar el insoportable ardor de los átomos en sus píeles percudidas, pero con su destino ya jugado: sus cuerpos no tenían la fuerza suficiente para nadar y morían ahogados. Otros, en los alrededores, daban unos pocos pasos y se desplomaban por la radioactividad que se esparcía sin freno.

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Una imagen del 8 de agosto de 1945, en la ciudad japonesa de Hiroshima. Foto: APUna imagen del 8 de agosto de 1945, en la ciudad japonesa de Hiroshima. Foto: AP

A la hora siguiente de atravesar ese infierno, quienes habían logrado escapar a la muerte inmediata, sufrirían una lluvia negra, espesa y ácida, que caía sobre la ciudad descuartizada. Algunos la confundían con agua sucia y con tal de apagar la sequedad de sus bocas y atemperar la sensación de una sed insoportable, la bebían y caían fulminados. No era agua sucia, sino una lluvia radioactiva, una más de las consecuencias devastadoras de “Little Boy”. Muchos expertos adjudicarían las pestes y males endémicos por generaciones a los efectos de esa lluvia negra de altísimo poder letal, que caería sobre la ciudad durante varios días.

No fue sólo eso. La primera bomba atómica seguiría causando por décadas y décadas un daño catastrófico en la población: malformaciones, males hereditarios, leucemias y otros cánceres, alteraciones genéticas, todo tipo de lesiones y enfermedades de rango mortal, y epidemias incurables que el uranio había desatado rabiosamente en el universo civil de lo que había sido uno de los centros urbanos más importantes de Japón.

“Little Boy”, una simbiosis de avance científico y planificación militar que se transformaría en una sofisticada maquinaria de destrucción masiva, había sido producto del trabajo de 130 mil personas durante más de dos años y de una inversión de estimada en cerca de 30 mil millones de dólares de los tiempos actuales. Tenía la misma forma que una bomba habitual, pintada de verde oliva, y medía 3 metros de longitud, 0.71 de diámetro, con un peso de 4.400 kilos. A diferencia de la bomba que se había experimentado en el desierto de Alamogordo, que era de plutonio, la destinada a Hiroshima era de uranio y tenía una potencia estimada en 20 kilotones de TNT.

Los altos mandos y el poder político de Washington, los padres de la criatura, perplejos y hasta se diría incrédulos, dividirían las aguas de inmediato. Surgía la polémica y el debate. ¿Era necesaria el uso del poder atómico para terminar la guerra? El “Imperio del Sol naciente”, es cierto, resistía su rendición y mantenía en alto la alcurnia guerrera de su pueblo con sangre imperial y adoración celestial a la figura del emperador, quien encarnaba a Dios en la Tierra, según su cultura y creencias, expresadas en el Código Bushido, el alma de Japón, el mandato sagrado del samurái, un catálogo de virtudes por los que se debía ofrendar la propia vida si fuese necesario.

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Todo un pueblo se negaba a una “rendición incondicional” exigida por EE.UU. Truman tenía a un imperio nocaut de pie. Igualmente lanzó el bombazo del final: el 9 de agosto, en Nagasaki, detonaría “Fat Man” (Hombre Gordo), en base al plutonio y con un poder destructivo aún mayor que la explosiva arma de Hiroshima (de uranio), sólo que la orografía montañosa de Nagasaki impediría un daño superior. Aun así, unas 50 mil personas morirían en un soplido fatal. Otro hongo atómico sembraría la muerte civil en masa. Algunos estiman que sumadas ambas bombas se habrían matado a unas 600 mil personas, tal vez más, con el correr del tiempo.

Hirohito cedería su dignidad imperial y el 15 de agosto anunciaría en un mensaje radial a la nación japonesa que había llegado la hora de “soportar lo insoportable”. La rendición marcaría el fin de la Segunda Guerra Mundial. El 2 de septiembre de 1945, a bordo del acorazado “Missouri” en la bahía de Tokio, se firmarían las actas de capitulación. Truman miró mejor el mapa. Notó que el gigante chino, asediado por tropas insurgentes y campesinos rebeldes al mando de Mao Tse Tung, el Gran Timonel, estaba a punto de caer en manos comunistas, y que el tutelaje en la región de su otrora aliado Stalin impondría la ley del látigo donde lo juzgara conveniente.

Washington necesitaba al destrozado Japón como un vencido a reconstruir y asociarse para enfrentar el mundo venidero de la Guerra Fría. Estados Unidos entendió que debía respetar las estructuras imperiales del alma japonesa y la figura del emperador como mandatario político, aunque no en la condición divina que le habían atribuido sus ancestros. Había llegado la hora de curar lo incurable: “Little Boy” y “Fat Man” habían borrado dos ciudades y sus gentes de la faz de la Tierra. Japón ya estaba de rodillas cuando esas fauces atómicas descuartizaron su integridad como nación. A 80 años, la pregunta no pierde sentido y el debate permanece: ¿era necesaria un arma que llegara a la devastación para imponer la ley final de los vencedores?

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Enfermedad verde, el extraño padecimiento que afectaba a jóvenes vírgenes en el siglo XVII

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La green sickness en el siglo XVII se asociaba a la palidez y debilidad extrema de adolescentes solteras en Londres (Wikimedia)

En la Londres del siglo XVII, decenas de jóvenes mujeres morían cada año por la llamada “enfermedad verde”, un diagnóstico desaparecido hoy de la medicina.

El fenómeno se registró principalmente entre mujeres adolescentes, alrededor de los años 1650. La afección preocupó tanto a médicos, familias y autoridades, que intentaron explicar sus causas y buscar posibles tratamientos. El término marcó la historia médica durante siglos, aunque para la actualidad su significado resulta confuso.

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De acuerdo con National Institutes of Health, las primeras descripciones médicas de la enfermedad destacaron varios síntomas. Las jóvenes afectadas presentaban rostros pálidos, debilidad extrema, dificultad para alimentarse, hinchazón de tobillos y una pronunciada apatía.

Médicos y autoridades del siglo
Médicos y autoridades del siglo XVII relacionaban la green sickness con el estado civil y la moralidad de las jóvenes (Wikipedia)

Según detalló JSTOR Daily, numerosos médicos del período asociaron la enfermedad exclusivamente con mujeres jóvenes que no habían contraído matrimonio. Así, surgió la expresión popular “enfermedad de las vírgenes”, reforzando la idea de que un cierto estado civil guardaba relación directa con la salud.

John Graunt, considerado precursor de la estadística en Inglaterra, analizó el fenómeno en la capital británica. En sus informes, empleó eufemismos para evitar detalles explícitos sobre una supuesta causa sexual, pues en la época resultaba vergonzoso mencionarla.

En ese sentido, Graunt anotó en su tabla de mortalidad “Stopping of the Stomach”, pero aclaró que, en verdad, hacía referencia a la enfermedad verde.

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Frotis de sangre que muestra
Frotis de sangre que muestra anemia hipocrómica (y microcítica ). Obsérvese el aumento de la palidez central de los glóbulos rojos (Wikimedia)

Durante siglos, la enfermedad también ocupó un lugar notable en la cultura popular. Shakespeare empleó el término en Romeo y Julieta y en Henry IV, Parte 2 para ridiculizar o señalar debilidades. La referencia a una apariencia pálida y enfermiza reforzó la idea de un vínculo entre la salud física y el estado emocional o social de los adolescentes.

Según el historiador Winfried Schleiner, la enfermedad resultó tan conocida que se convirtió en un recurso de la sátira política, la literatura y el teatro de la época.

Las jóvenes con “enfermedad verde” despertaron no solo preocupación médica, sino también comentarios mordaces y bromas sobre su situación personal y social. La descripción más difundida incluía rostros pálidos y “corazón tembloroso ante el más pequeño esfuerzo”.

Shakespeare y otros autores usaron
Shakespeare y otros autores usaron la green sickness en la literatura para satirizar la salud y el estado social de los adolescentes (Wikimedia)

De acuerdo con National Institutes of Health, la denominación proviene del griego chloros, que significa amarillo verdoso, resaltando el aspecto pálido de las afectadas. Los médicos del siglo XVI, como Johann Lange y Rodrigo a Castro, interpretaron la dolencia vinculándola a desequilibrios de los “humores” y atribuyeron su causa a la retención de “sangre mala” por la falta de actividad sexual o por vasos sanguíneos demasiado estrechos.

Ante la imposibilidad de recomendar el matrimonio para todas las jóvenes, sugerían sangrías o enemas como tratamiento alternativo, especialmente en el caso de mujeres consagradas a la vida religiosa.

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La enfermedad permaneció ligada a la feminidad durante generaciones. Sin embargo, algunas obras literarias extendieron el término, en clave de burla, a hombres que no bebían alcohol ni tenían experiencia amorosa. Estos usos evidenciaron la carga simbólica y social del diagnóstico mucho más allá de cualquier base fisiológica comprobada.

La medicina antigua atribuía la
La medicina antigua atribuía la green sickness a desequilibrios de los humores y a la falta de actividad sexual en mujeres jóvenes (Wikimedia)

Helen King, citada por Schleiner, detectó que menciones a la “green sickness” aparecieron en manuales médicos hasta los años 1920. No obstante, el diagnóstico desapareció del repertorio de enfermedades reconocidas durante el siglo XX. Las razones de este abandono se vinculan tanto al cambio en las costumbres sociales como a la comprensión médica de los síntomas.

De acuerdo a diversas investigaciones, médicos de la época confundieron manifestaciones de anemias reales con nociones sociales y morales relacionadas con la virginidad. La medicina moderna identifica la anemia como una afección causada por deficiencias nutricionales, enfermedades crónicas u otros motivos, sin vincularla al estado civil o a cuestiones morales.

Algunas crónicas y versos satíricos, como los referidos al duque de Monmouth, reforzaron la idea de que solo el matrimonio o las relaciones sexuales podían “curar” la enfermedad en las jóvenes.

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Así se profundizó la estigmatización social sobre las mujeres solteras o quienes no deseaban contraer matrimonio, catalogándolas de enfermas por su estado.

A lo largo del tiempo, la noción de “enfermedad verde” funcionó como un reflejo de los prejuicios y el desconocimiento científico sobre la salud de las mujeres adolescentes.

El diagnóstico reflejó la interacción de factores culturales, médicos y religiosos en una época donde el acceso al conocimiento médico era limitado y dominado por creencias heredadas de la Antigüedad.

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Actualmente, no existe ninguna evidencia que vincule la falta de matrimonio con enfermedades hematológicas. La desaparición del término “green sickness” y su olvido en la medicina contemporánea muestran cómo los diagnósticos pueden estar más influidos por valores sociales que por la evidencia científica.

Según especialistas como Helen King y Winfried Schleiner, el estudio de “enfermedad verde” permite comprender cómo la sociedad interpretó los síntomas de jóvenes mujeres y cómo la ciencia evolucionó al dejar atrás los mitos y avanzar hacia una comprensión basada en datos verificables y observación clínica.



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Antifa agitation turns violent in Germany, bolstering Trump admin’s foreign terror label

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

A mass protest on Saturday filled with many activists from the radical organization Antifa, which President Donald Trump designated as a domestic terrorist organization, delayed the start of a conference for the right-wing populist German party Alternative for Germany (AfD) youth wing called Generation Deutschland.

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Between 25,000 and 30,000 protesters turned out against the AfD youth convention in the central German city of Giessen, prompting the largest police contingent (6,000 officers) in the history of the state of Hesse.

The AfD co-leader Alice Weidel blasted the demonstrators at the city’s convention center. «What is being done out there – dear left-wingers, dear extremists, you need to look at yourselves – is something that is deeply undemocratic.»

STATE DEPARTMENT MAKES FIRST-EVER ANTIFA FOREIGN TERRORIST DESIGNATIONS ACROSS EUROPE

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Two demonstrators jump over a crash barrier while a water cannon is deployed. Several thousand demonstrators protested against the founding of a new AfD youth organization on Saturday. Its predecessor, Junge Alternative, which had been classified as right-wing extremist, had dissolved itself. (Hannes P Albert/picture-alliance/dpa/AP Images)

According to the Associated Press, officers used pepper spray after stones were thrown at them at one location, police said. They also used water cannons to clear a blockade by about 2,000 protesters after they ignored calls to leave. They did so again Saturday afternoon as a group tried to break through barriers toward the city’s convention center. Police said up to 6,000 officers were deployed, and 10 to 15 were slightly injured.

The former U.S. ambassador to Germany during the first administration, Richard Grenell, warned on X about the dangers of the anti-democratic left in the Federal Republic of Germany. He wrote:» The intolerant and violent Left is gaining ground in Germany. If they follow the U.S. left then they will promote deadly violence while also losing public support — and elections. But they won’t see the errors of their ways because the German left gets lots of support from the media in Germany. It’s publicly funded, too. The conservative media is small and timid — but growing fast.»

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ABBOTT ORDERS TEXAS NATIONAL GUARD TO AUSTIN IN ADVANCE OF ‘ANTIFA-LINKED PROTEST’

Boris Rhein, the Christian Democratic Union governor of the state of Hesse, criticized the attacks on police and the attempt to torpedo the AfD youth event. «The use of violence and attempts to prevent assemblies through marches can never be democratic means,» said Rhein.

The AfD scored an impressive second place election result in February, securing 20.8% of the vote. However, the mainstream German parties refused to form a coalition with the AfD because of what they said were its extremist views.

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German AfD youth organization protests

Two demonstrators jump over a crash barrier while a water cannon is deployed. Several thousand demonstrators protested against the founding of a new AfD youth organization on Saturday. Its predecessor, Junge Alternative, which had been classified as right-wing extremist, had dissolved itself. (Hannes P Albert/picture-alliance/dpa/AP Images)

The youth division of the AfD elected 28-year-old Jean-Pascal Hohm as its chairman. According to an article in the German paper Die Welt, a local intelligence report quoted him as expressing anti-immigrant and nationalist views. «We will fight resolutely for a genuine shift in migration policy that ensures Germany remains the homeland of Germans, «Hohm said at the start of the conference.

The creation of Generation Deutschland unfolded after Germany’s federal intelligence agency classified the previous AfD youth chapter, Young Alternative, as an «extremist organization» in 2023, causing its dissolution.

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AfD portrays itself as an anti-establishment force at a time of low trust in politicians. It first entered the national parliament in 2017 following the arrival of large numbers of migrants in the mid-2010s. Curbing migration remains its signature theme, but it has shown a talent for capitalizing on discontent about other issues too. That was reflected in leaders’ confident tone Saturday.

The Associated Press contributed to this report.

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Trump anunció el cierre del espacio aéreo de Venezuela y el gobierno de Maduro respondió con una dura carta

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El gobierno de Nicolás Maduro emitió un comunicado en el que “denuncia y condena la amenaza colonialista” que —según afirma— intenta afectar la soberanía del país sobre su espacio aéreo.

El mensaje de Venezuela fue difundido este sábado como respuesta al anuncio hecho por el presidente Donald Trump a través de Truth Social.

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“A todas las aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas: les rogamos que consideren que el espacio aéreo sobre Venezuela y sus alrededores permanecerá cerrado en su totalidad“, manifestó el mandatario estadounidense.

El aviso llegó en medio de un fuerte despliegue militar estadounidense en el Caribe, que incluye al portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, y más de una decena de barcos, aviones de combate y 12.000 efectivos. El objetivo declarado: combatir a las organizaciones de narcotráfico que operan bajo la protección del régimen chavista.

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La advertencia de Donald Trump llegó en medio de un fuerte despliegue militar estadounidense en el Caribe. (Foto: Reuters)

Como respuesta, el gobierno venezolano señaló que las declaraciones del presidente de Estados Unidos constituyen “una agresión extravagante, ilegal e injustificada” contra el pueblo.

En el documento, Venezuela repudia “con absoluta contundencia” la intención de Washington de “aplicar extraterritorialmente su jurisdicción” y acusa a EE.UU. de intentar “dar órdenes y amenazar la soberanía del espacio aéreo nacional, la integridad territorial y la seguridad aeronáutica”.

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De igual forma, considera que este tipo de declaraciones representa “un acto hostil, unilateral y arbitrario, incompatible con los principios elementales del Derecho Internacional”. También sostiene que estas acciones representan “una política permanente de agresión” con “pretensiones coloniales” sobre América Latina y el Caribe.

El comunicado asegura que el anuncio de Trump constituye “una amenaza explícita de uso de la fuerza”, según lo establecido por la Carta de las Naciones Unidas.

El aviso llegó en medio de un fuerte despliegue militar estadounidense en el Caribe, que incluye al portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, y más de una decena de barcos, aviones de combate y 12.000 efectivos. (AP foto/John Clark)

El aviso llegó en medio de un fuerte despliegue militar estadounidense en el Caribe, que incluye al portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, y más de una decena de barcos, aviones de combate y 12.000 efectivos. (AP foto/John Clark)

Además, el gobierno de Nicolás Maduro afirma que el intento de intimidación viola el Artículo 1 de la Carta de la ONU, que consagra la paz y la seguridad internacionales. “Venezuela exige respeto irrestricto a su espacio aéreo, protegido por la OACI y por el Convenio de Chicago de 1944″, cuyo Artículo 1 reconoce la ”soberanía exclusiva y absoluta» sobre la zona aérea de cada Estado, se agrega en el documento oficial.

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Asimismo, se advierte que Venezuela no “aceptará órdenes, amenazas ni injerencias provenientes de ningún poder extranjero”.

En el comunicado, también se denuncia que Estados Unidos suspendió unilateralmente los vuelos regulares para repatriación de ciudadanos venezolanos dentro del Plan Vuelta a la Patria, del que —según se indica— ya se habían realizado 75 vuelos para un total de 13.956 repatriados.

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En este contexto, el gobierno venezolano hace “un llamado directo a la comunidad internacional”, a la ONU y a los gobiernos del mundo para que rechacen “este acto de agresión inmoral” que representa “una amenaza contra la soberanía y la seguridad de la región”.

Por último, sostiene que responderá con “dignidad, legalidad y fuerza” y asegura que continuará ejerciendo “plenamente su soberanía” sobre el espacio aéreo.

“Por tierra”

Para aumentar la presión, Trump advirtió a principios de esta semana que los esfuerzos para frenar el narcotráfico venezolano “por tierra” comenzarían “muy pronto”.

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En los últimos días, se ha registrado una constante actividad de aviones de combate estadounidenses a unas pocas decenas de kilómetros de la costa venezolana, según sitios web de seguimiento de aeronaves.

República Dominicana, vecina de Venezuela, autorizó a Estados Unidos esta semana el uso de instalaciones aeroportuarias como parte de su despliegue, mientras Trinidad y Tobago, también ubicada a pocos kilómetros, albergó recientemente ejercicios del Cuerpo de Marines de Estados Unidos.

Suspensión de vuelos

Las autoridades de aviación de Estados Unidos instaron, la semana pasada, a las aeronaves civiles que operan en el espacio aéreo venezolano a “actuar con precaución” debido a la “situación de seguridad que empeora y la actividad militar intensificada en o alrededor de Venezuela“.

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La advertencia de Trump tuvo como consecuencia la suspensión de vuelos hacia y desde Venezuela de seis aerolíneas que representan gran parte del tráfico en Sudamérica.

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La medida enfureció a Caracas. Por esto, la autoridad aeronáutica venezolana revocó los permisos para operar en el país a la española Iberia, la portuguesa TAP, la colombiana Avianca, la filial colombiana de la chileno-brasileña Latam, la brasileña GOL y la turca Turkish.

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El gobierno de Maduro señaló a las aerolíneas de “sumarse a las acciones de terrorismo de Estado promovido por el gobierno de los Estados Unidos, suspendiendo unilateralmente sus operaciones aerocomerciales”.

Con información de AFP.

Venezuela, Nicolás Maduro, Donald Trump, Estados Unidos

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