INTERNACIONAL
La trama secreta del tráfico de arte robado por los nazis: miles de obras llegaron al país tras la guerra

Todo empezó con la foto de un living señorial de una casa marplatense en un sitio web de compraventa de propiedades. En la imagen se veía que en una de las paredes colgaba una antigua pintura; el retrato de una mujer. Unos investigadores holandeses que venían siguiendo los rastro desde hacía años de una colección robada de pinturas se dieron cuenta de que ese cuadro no era una pintura cualquiera, era uno de los que ellos estaban buscando desde hacía años.
Se tomaron un tiempo para corroborarlo hasta que no les quedó duda que era «Retrato de una Dama» (Contessa Colleoni) obra de Giuseppe Ghislandi pintada a principios del Siglo XVIII. La casa la ponía en venta una señora, Patricia Kadgien.
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Ese fue el dato para que la historia les cerrara a los investigadores: Friedrich Kadgien, el padre de Patricia, fue un importante financista del nazismo. El “Mago de las Finanzas de Hitler” se instaló en la Argentina en 1948 y vivió en Mar del Plata hasta su muerte en 1978.
La pintura había pertenecido a Jacques Goudstikker, un marchand judío de Ámsterdam que fue saqueado de toda su colección de arte cuando los nazis invadieron su país en 1940.
Hace no mucho tiempo otro Ghislandi fue vendido en una subasta en más de 500.000 dólares. Claro que su origen y sus papeles estaban en orden. Eso multiplica por diez su cotización. Lo que no quita que el hallado en Mar del Plata, en muy estado de conservación, vale, al menos, varias decenas de miles de dólares. Patricia Kadgien (derecha), una de las hijas del oficial nazi fugitivo Friedrich Kadgien, y su esposo, Juan Carlos Cortegoso (izquierda), asisten a una audiencia judicial por el robo del «Retrato de una dama» italiano del siglo XVIII, sustraído a un coleccionista judío durante la Segunda Guerra Mundial, en Mar del Plata, Argentina, el jueves 4 de septiembre de 2025. (Foto AP/Christian Heit)
Siempre se supo que muchos jerarcas nazis (y también hombres de negocios) se refugiaron en la Argentina, un país que los recibió y les sirvió de guarida para no ser juzgados. Contaron con la ayuda del poder político y la inacción de la justicia. Lo que no tiene tanta difusión es que el país también sirvió de refugio de las obras de arte robadas por los nazis durante sus años de apogeo. La Argentina no solo fue permeable a la entrada de personas sino también a la de estos bienes culturales. Una especie diferente de Oro Nazi debido a su origen ilícito y su importante valor económico.
El caso del Retrato de una Dama vuelve a exhibir que el país también fue dócil para recibir muchísimas obras de arte de origen espurio. Esa pintura es solo una de las miles de diferentes obras de arte que ingresaron a Argentina ilegalmente y que habían sido apropiadas por funcionarios nazis de manera ilegítima.
Entre mediados de la década del 30 y finales de la del 40, Argentina fue una de las mecas del tráfico de arte. Las obras, decenas de miles de ellas, provenían de Europa. De Alemania y de territorios conquistados por los nazis. Nuestro país funcionaba como punto de lavado del saqueo. Ya sea en colecciones públicas o privadas, las obras adquirían en la Argentina un nuevo pasado y de esa manera volvían a entrar al mercado internacional del arte con una nueva y ahora “legal” historia.
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Muchísimas obras de arte fueron enviadas al país para que volvieran a ingresar al circuito de coleccionistas y museos y poder venderlas o integrarlas a colecciones. Otras llegaron con los mismos hombres poderosos que las habían saqueado, robado o comprado a precio vil y que pudieron hacer un escape más ordenado, como Kadgien. Había desde pinturas de artistas célebres a jarrones, de esculturas a muebles, de fachadas y altares de iglesias a libros antiquísimos, de vitrauxs a joyas. La pintura del siglo XVIII de Giuseppe Ghislandi, «Retrato de una dama», presuntamente robada por un oficial nazi durante la Segunda Guerra Mundial y descubierta en la casa de su hija tras aparecer en un anuncio inmobiliario, se exhibe durante una conferencia de prensa del fiscal Daniel Adler en Mar del Plata, Argentina, el miércoles 3 de septiembre de 2025. (Foto AP/Christian Heit)
En las primeras décadas del siglo XX, en Argentina casi no se vendía arte europeo. Eso cambió de manera rotunda desde 1938. Y las estadísticas muestran que el pico histórico se dio entre 1945 y 1948: la desbandada nazi hizo que se las ventas reales y simuladas se incrementaran exponencialmente.
De pronto, durante una década, en la Argentina proliferaron obras del renacimiento, esculturas de varios siglos de antigüedad, arte egipcio, griego y romano. De la nada aparecían dibujos de Da Vinci, de Miguel Ángel, un Greco, el juego de té de plata del Zar, mobiliario de un rey francés, primeras ediciones de clásicos del siglo XVIII.
Un súbito paraíso del arte y el coleccionismo. Nadie mínimamente informado podía mirar el fenómeno de manera ingenua. Sin embargo, no hubo casi gente que levantara la voz o se opusiera a estas maniobras que implicaban fortunas.
En la investigación que realizó para su magistral libro “El Silencio es Oro”, el arqueólogo y especialista en el mundo del arte Daniel Schavelzon recopila pruebas y acumula argumentos que muestran de manera cabal los mecanismos de este enorme negocio que mezclaba el robo, el contrabando y el expolio.
Daniel Schavelzon elige el término “lavar” para asociarlo al término actual de “lavado de dinero” a pesar de que el término técnico que utilizan los investigadores y especialistas es el de “blanqueo”. El verbo describe la acción de tomar algo ilegal y a través de diversas maniobras ponerlo en el mercado legal borrando su origen ilícito.
Esas obras provenían de todas partes de Europa. De museos, palacios y casas de familias, de colecciones públicas y privadas. Fueron fruto del saqueo, del robo indiscriminado, de compras a precio vil en las que el vendedor no podía elegir, de lugares que fueron abandonados por los propietarios ante la persecución o ante la matanza de todos sus miembros. De Moscú, Stalingrado, Varsovia, Berlín, París y otras ciudades europeas. Adolf Hitler con la Torre Eiffel de fondo, en su visita a París (Foto: Archivo).
Los cargamentos de obras de arte empezaron a llegar con frecuencia al puerto de Buenos Aires ya entrados los años cuarenta. Después de desembalar la pieza, lo primero que se hacía en Argentina era borrar las marcas de origen. Se eliminan las referencias de origen, los sellos de propiedad o de pertenencia a una colección de un determinado museo. Se borraba, se tapaba, se tachaba. Se falsificaban formas, se cambiaban letras y fechas. A veces, se cambiaban las telas posteriores de un cuadro para borrar los rastros y se cambiaban los marcos. Y encima se colocaban nuevas etiquetas, nuevos sellos, nuevas firmas de propiedad.
Con varios objetos decorativos (como muebles, candelabros y arañas antiquísimas) y algunas esculturas se cercenaban partes o se dividían en dos para convertirlas, en apariencia, en otras, para que tuvieran una nueva vida sudamericana. Para enmascararlas y que no se pudiera seguir su rastro.
Un ejemplo, Schavelzon dio con Kurth, un falsificador sobre el que hace poco escribió otro gran libro (La Historia de Kurth, falsificador), quien le contó que las que provenían del Louvre eran de las piezas más sencillas para fraguar. La palabra Louvre sin demasiado trabajo con la habilidad extraordinaria de estos avezados falsificadores podía transformarse en el nombre Lovaina, una ciudad de Bélgica. Lovaina según el idioma y la época fue llamada Loven, Lowen o Leuven. Del mayor museo del mundo a una pequeña ciudad belga en una o dos letras.
Pero no todo era borrar u ocultar. Si alguna pieza se veía de calidad y con la antigüedad suficiente se le podría agregar una etiqueta con la firma de algún artista o diseñador célebre y de ese modo multiplicar por diez el valor.
Muchos de estos trabajos no se hacían en rincones ocultos y alejados de Buenos Aires. Se supo que la base operativa era el Galpón 4 que estaba dentro de la misma aduana, en la actual Puerto Madero. Ni siquiera la mercadería debía salir antes de que fuera puesta en condiciones para ser visibilizada. Eso muestra que la connivencia de las autoridades era evidente.
La siguiente estación en la operación de lavado era encontrar un “dueño” a la obra de arte. Alguna familia de alcurnia, un coleccionista, un hombre de fortuna con reciente afición al arte. Las piezas casi como por arte de magia aparecían en sus colecciones sin que nadie hubiera tenido antes noticia de ellas. Alcanzaba con que se adujera que desde siempre habían estado en el acervo familiar, que el abuelo lo tenía hacía décadas en el campo o que un tío lo trajo de Europa después de la Primera Guerra Mundial para que se validara el nuevo origen.
Cómo había mucho dinero en el medio siempre aparecía alguien que se adjudicara la propiedad o un testigo que narrara que lo vio en la casa familiar o un marchand o anticuario que jurara que se lo vendió a esa familia quince o veinte años antes.
El tercer paso era crearle una historia al objeto. Un itinerario que hablara de dueños anteriores y de varias exhibiciones en las que participó, un requisito que deben cumplir todas las obras de arte más cotizadas. En su título de propiedad se consignan dueños anteriores, fechas y valores pagados, muestras y catálogos y publicaciones en los que apareció. Eso hace que la obra aumente su valor considerablemente. Aquí eso se inventó. Se llegó a extremos ridículos: algunas se atribuyeron a un inexistente Pashá persa, otras a Howard Hughes del que cualquier desmesura se creía o directamente a una misteriosa Señorita X. Si eran libros se decía que provenían del saqueo de una guerra del Siglo XIX de una importante biblioteca peruana en una guerra con Chile; para ese fin se falsificaron sellos de la biblioteca y con eso ingresaban fácilmente al mercado oficial.
Luego con el antecedente de haber estado expuesta en el Museo de Arte Decorativo o algún otro sitio oficial o una galería importante ya podían hacer su camino comercial.
Esas obras se exponían una vez y desaparecían. Eran adquiridas principalmente por millonarios argentinos o por coleccionistas norteamericanos.
La paradoja del coleccionista: pagan fortunas por algo que no pueden mostrar públicamente por su origen ilegal, que tienen colgadas en lugares no públicos para que no se las confisquen, para no ser denunciados. Muchos de ellos no quieren que se sepa qué poseen porque temen la presión impositiva, los robos y temen también que se devele el verdadero origen de sus pertenencias. Algunos de esos coleccionistas argentinos viajaron a Europa en plena guerra y recorrieron ciudades destruidas por los bombardeos para comprar arte robado y saqueado.
Los nazis en sus años en el poder destruyeron e hicieron desaparecer millones de obras de arte de diferente tipo. Entre los bombardeos, los incendios y los robos borraron gran parte de la historia del arte. Robaban para ellos. Hitler quería construir el museo más grande y provisto del mundo en Lintz. El saqueo de Goering fue tan brutal que cuando se aproximaba el final de la guerra y la caída del Tercer Reich intentó proteger su colección (que ocupaba once palacios) enviándola a un lugar alejado, todas sus piezas no entraron en un convoy de treinta vagones. Muchas piezas quedaron en la estación. Pero ellos no fueron los únicos dos. Alfred Rosenberg, otro importante jerarca, creó una oficina pública que se dedicó a saquear archivos y bibliotecas para construir una mega biblioteca -como el museo de Hitler- que nunca se construyó. Y muchos más entre los que se encontraba Kadgien.
Hubo muchos otros nazis que se quedaron con esas obras y otros que las vendieron a través de la Argentina para hacer dinero. En la Unión Soviética destruyeron 155 museos y se robaron las colecciones completas de cada uno de ellos. Lo mismo hicieron en otras zonas de ocupación en la que compraban a precio vil o directamente saqueaban. Aspiraban a quedarse con todo el arte europeo.
La absoluta permeabilidad argentina se daba por lo receptivo que se mostró el país con los nazis pero también por otras cuestiones. La falta de controles, la corrupción de sus funcionarios, el no pago de impuestos y la ausencia de una legislación que regulara el patrimonio cultural. La distancia con Europa y el idioma diferente también colaboraban.
Hasta hace unas semanas parecía el crimen perfecto. El tiempo había borrado las huellas que habían dejado en la masividad del saqueo y los delitos posteriores. Ahora puede empezar una nueva etapa en la que se revivan varias investigaciones.
Los criminales de aquel tiempo no pudieron imaginar que existiría Internet y que caerían por el aviso de una inmobiliaria.
Nazismo, nazis
INTERNACIONAL
¿Qué hace falta para reabrir el estrecho de Ormuz?: riesgos y lecciones históricas

Cada día que el estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado al tráfico marítimo ensombrece aún más la economía mundial.
Es improbable que se restablezca el tráfico normal a través del estrecho mientras la guerra continúe. Y una vez que el conflicto finalmente cese, no está claro cuándo se reanudarán las travesías ni a qué ritmo. La mera amenaza de ataques iraníes ha disuadido a la mayoría de los operadores navieros de aventurarse en la ruta desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a bombardear Irán el 28 de febrero. Su temor no desaparecerá por completo una vez que cesen los combates, ni siquiera si se declara un alto el fuego formal. Es probable que inicialmente se requiera algún tipo de escolta naval, y dicha operación presenta numerosos riesgos y limitaciones.
Aquí presentamos un resumen visual de lo que se necesita para reactivar esta arteria vital del comercio mundial, cómo podría ser su reapertura y algunos ejemplos de advertencias de la historia.
Ormuz no es el único punto de estrangulamiento comercial del mundo. También están el estrecho de Malaca, el canal de Panamá y el estrecho paso hacia el mar Rojo entre Yemen y Yibuti. Pero el estrecho de Ormuz es, sin duda, la vía marítima más crucial para la industria energética, ya que maneja aproximadamente una cuarta parte del comercio mundial de petróleo por vía marítima y una quinta parte del suministro de gas natural licuado. No existe una ruta marítima alternativa para evitar Ormuz. Su ubicación en una región inestable y políticamente volátil, junto con su topografía única, lo hacen especialmente vulnerable a las interrupciones.
El estrecho tiene unos 225 kilómetros de largo y solo 40 kilómetros de ancho en su punto más angosto, lo que significa que los barcos tienen poco espacio para maniobrar y son blancos fáciles para ataques desde la costa o pequeñas embarcaciones. Entrar y salir con seguridad lleva entre 10 y 14 horas para buques cisterna completamente cargados que viajan a velocidades máximas de alrededor de 14 nudos. Dado que es relativamente poco profundo, el ejército iraní puede colocar minas con bastante facilidad, si así lo desea. Además, el terreno montañoso de la costa iraní es ideal para ocultar plataformas de lanzamiento de misiles y drones.

Irán lleva décadas acumulando misiles y se desconoce cuánto de su arsenal le queda. Además, posee —y probablemente sigue produciendo— miles de drones tipo Shahed, menos avanzados, que pueden usarse para atacar petroleros. Por lo tanto, el ejército iraní podría convertir fácilmente el estrecho en un campo de tiro.

Los armadores y operadores pierden dinero cada día que los buques cisterna, graneleros y portacontenedores no pueden entrar ni salir del Golfo Pérsico. Muchos de aquellos cuyos barcos están varados en la región se enfrentan a primas de seguro adicionales debido a la guerra, pagan salarios extra a la tripulación para compensar el peligro y las molestias, y gastan grandes sumas para preservar sus cargamentos. Por lo tanto, están ansiosos por asegurar el paso tan pronto como consideren que es seguro.
Cada uno tiene su propio nivel de tolerancia al riesgo. Un puñado de barcos cruzó el estrecho en marzo mientras misiles y drones sobrevolaban el Golfo. Estos buques estaban vinculados a Irán o a su principal cliente petrolero, China, o, en el caso de los buques indios de transporte de gas licuado de petróleo, habían obtenido garantías del gobierno iraní de que no serían atacados. Algunos estaban pagando millones de dólares en tasas de tránsito a Irán, dando a entender que no pagarlas los pondría en peligro. Los barcos bordearon la costa iraní, lo que sugiere que siguieron una ruta aprobada por las autoridades iraníes. En circunstancias normales, los barcos evitan navegar tan cerca de Irán debido a los riesgos de seguridad, y quienes salen del estrecho suelen usar el lado opuesto.
La gran mayoría de los operadores de buques no están dispuestos o no pueden pagar un peaje a Irán, por lo que su única alternativa es esperar a que el conflicto amaine. Tres operadores de buques o de carga entrevistados por Bloomberg News afirmaron que no realizarían ningún viaje a través del estrecho de Ormuz bajo ninguna circunstancia mientras la guerra continuara.
Incluso después de que terminen los combates, los armadores que no cuenten con una garantía iraní de paso seguro probablemente seguirán deseando algún tipo de protección militar. Las escoltas navales podrían brindar la seguridad necesaria. Si esto finalmente restablece un nivel sustancial de tráfico, podría aliviar parte de la interrupción del suministro y frenar los precios mundiales de la energía, que se han disparado desde que estalló el conflicto.
Según expertos militares, una misión de escolta probablemente implicaría una cadena de buques de guerra a lo largo del estrecho, que se desplazarían en paralelo con buques mercantes para protegerlos de amenazas como misiles, drones aéreos, buques de ataque de superficie y armas sumergibles, como drones submarinos. La Armada de EEUU probablemente desplegaría destructores de la clase Arleigh Burke, optimizados para este tipo de operaciones defensivas. Estos están equipados con el sistema Aegis, que utiliza sistemas avanzados de radar y control para misiles antibalísticos, además de armas de menor alcance y contramedidas como señuelos reflectantes de radar, bengalas y otros señuelos. Si Francia, Alemania o el Reino Unido, aliados de EEUU, se unieran a la operación, sus buques aportarían capacidades similares.
Sin embargo, antes de que pudieran comenzar las escoltas, los buques de guerra especializados tendrían que asegurarse de que las rutas marítimas del estrecho de Ormuz estuvieran libres de minas iraníes, algo que solo podría ocurrir una vez que cesaran los disparos. Este proceso podría durar alrededor de dos semanas, según Jennifer Parker, profesora adjunta del Instituto de Defensa y Seguridad de la Universidad de Australia Occidental.
Este trabajo preparatorio requeriría pequeñas y rápidas embarcaciones dragaminas y posiblemente drones marinos. Estados Unidos y sus aliados también pueden desplegar helicópteros para remolcar sensores por el agua para su detección, así como contramedidas para desactivar minas con explosivos u otros medios. Si los combates cesan sin un alto el fuego formal, es probable que Estados Unidos intensifique sus esfuerzos para destruir equipo militar iraní en la zona cercana al estrecho, antes de una operación de escolta. El Comando Central de Estados Unidos ya ha declarado haber destruido o dañado más de 30 embarcaciones iraníes de colocación de minas y haber lanzado bombas antibúnker sobre emplazamientos de misiles iraníes cerca del estrecho.
Aviones de guerra estadounidenses también serían necesarios para sobrevolar la zona y ayudar a detectar posibles amenazas.

La proximidad de la costa iraní dejaría poco tiempo para localizar e interceptar proyectiles entrantes. Incluso buques de guerra avanzados equipados con los sistemas más sofisticados podrían verse superados por un ataque masivo desde la costa iraní. Los ataques de Irán contra objetivos terrestres en la región demuestran esto, ya que algunos misiles y drones han penetrado las defensas aéreas.
Expertos militares y de la industria naviera afirmaron que es improbable que las escoltas restablezcan el tráfico marítimo completo a través del estrecho. La Armada estadounidense por sí sola no cuenta con suficientes buques para proteger 140 embarcaciones, el número aproximado que suele transitar por la vía marítima diariamente en circunstancias normales. Funcionarios de defensa occidentales indicaron que la reapertura del estrecho solo puede ser posible mediante una coalición multinacional una vez que cesen los combates. Un alto el fuego podría persuadir a los aliados a atender el llamado del presidente estadounidense Donald Trump para desplegar sus propias armadas en una misión conjunta de protección marítima.

Es posible que una operación de este tipo no pueda dar cabida a tantos buques como los que transitan por el estrecho en condiciones normales: permitir que demasiados buques se congestionen en la vía marítima podría aumentar el riesgo de limitaciones en la línea de fuego, por ejemplo, cuando un buque de guerra no puede destruir una amenaza entrante porque un buque mercante se interpone en su camino.
Incluso garantizar la seguridad de la navegación a través del estrecho de Ormuz podría no ser suficiente para los armadores más conservadores, quienes podrían solicitar protección más allá del estrecho, en el Golfo Pérsico, lo que potencialmente extendería el área de operaciones de protección naval hasta 560 millas náuticas.
En diciembre de 2023, una coalición naval liderada por Estados Unidos lanzó una operación para impedir que los hutíes, respaldados por Irán en Yemen, dispararan contra buques en el Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, situados al otro lado de la península arábiga, frente al estrecho de Ormuz. La misión consistía en escoltar buques mercantes a través de la vía marítima. Muchos operadores navieros desviaron sus rutas rodeando el extremo sur de África, lo que añadió semanas a los tiempos de viaje. En su punto álgido, Estados Unidos empleó cerca de una docena de buques de guerra para la operación, más que los aportados por el Reino Unido y otros aliados.
En mayo de 2025, tras una campaña de bombardeos que alcanzó más de 1000 objetivos hutíes, el presidente Trump anunció que Estados Unidos pondría fin a sus ataques, ya que el grupo rebelde había acordado un alto el fuego. La calma resultó ser temporal, y los hutíes volvieron a atacar el transporte marítimo. El Centro Conjunto de Información Marítima, creado como parte de la operación de protección, consideró graves nueve incidentes, y cuatro buques fueron hundidos en esos ataques.
Podría decirse que la campaña de bombardeos estadounidenses fue la que propició el breve cese de hostilidades. La disminución en el número de ataques pudo deberse, en parte, a que los buques seguían evitando el Mar Rojo por temor a los ataques hutíes.
Durante la Guerra de los Petroleros de la década de 1980, parte del conflicto más amplio de ocho años entre Irán e Irak, cientos de buques mercantes fueron atacados en el Golfo Pérsico por ambos bandos, lo que provocó la muerte de cientos de marineros civiles.
En julio de 1987, Estados Unidos se involucró formalmente en el conflicto con la Operación Earnest Will, brindando protección a los petroleros de propiedad kuwaití contra los ataques iraníes. La operación se convirtió en el mayor convoy naval desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 30 buques de guerra en su punto álgido. Sin embargo, no puso fin de inmediato a los ataques: en la primera misión de escolta, un petrolero comercial kuwaití, que había cambiado su bandera a la de Estados Unidos, chocó contra una mina submarina que dañó el buque, pero no causó heridos. Los posteriores ataques con minas y misiles también dañaron buques kuwaitíes y buques de guerra estadounidenses.
Esta fue una parte secreta de la Operación Earnest Will. Su propósito: destruir la capacidad de Irán para colocar minas y así permitir escoltas seguras. Las fuerzas especiales estadounidenses operaban principalmente de noche para localizar buques iraníes minadores, atacándolos o destruyéndolos para permitir el tránsito seguro de sus escoltas. Esta misión, junto con otros ataques de represalia estadounidenses contra objetivos navales iraníes, finalmente condujo a una disminución de los ataques contra buques en la región.
(Bloomberg)
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INTERNACIONAL
US moves airborne troops, Marines as Iran rejects ceasefire, raising ground war potential

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The U.S. is positioning ground-capable forces in the Middle East as Iran rejected a ceasefire proposal Wednesday, a shift that gives Washington new — though limited and high-risk — options for potential operations inside Iran.
Military experts say the deployments are not a precursor to a large-scale invasion, but instead position the U.S. for targeted, short-duration missions — options that have taken on new relevance as diplomatic off-ramps narrow.
In recent days, the Pentagon has moved ground-capable forces into the region, including around 1,000 paratroopers, with the Army’s 82nd Airborne Division — among them the 1st Brigade Combat Team, a core component of the military’s Immediate Response Force rapid-response unit designed to deploy on short notice to crises anywhere in the world — along with roughly 5,000 Marines and sailors assigned to the 31st Marine Expeditionary Unit and its Amphibious Ready Group, led by the amphibious assault ship Tripoli.
Marine expeditionary units and airborne forces often are among the first U.S. units deployed in a conflict, designed to rapidly establish an initial presence and respond to emerging crises.
IRAN’S REMAINING WEAPONS: HOW TEHRAN CAN STILL DISRUPT THE STRAIT OF HORMUZ
The U.S. is positioning ground-capable forces in the Middle East after Iran rejected a ceasefire proposal, a shift that gives Washington new—though limited and high-risk—options for potential operations inside Iran. (Vanderwolf Images via Getty)
The White House has emphasized the deployments are meant to preserve flexibility as the conflict evolves — a posture that now carries greater weight after Iran rejected a U.S.-backed ceasefire proposal.
«The president likes to maintain options at his disposal,» press secretary Karoline Leavitt said Wednesday at a White House press briefing. «It’s the Pentagon’s job to provide those options to the commander in chief.»
Lawmakers on the Armed Services Committees emerged from a classified briefing on Iran Wednesday expressing frustration over a lack of clarity from the administration.
«We want to know more about what’s going on, what the options are, and why they’re being considered,» House Armed Services Chairman Rep. Mike Rogers, R-Ala., told reporters. «We’re just not getting enough answers.»
«Let me put it this way, I can see why he might have said that,» Sen. Roger Wicker, R-Mo., chairman of the Senate Armed Services Committee, said in agreement.
Military experts said the types of forces being deployed point to a more limited set of options on the ground.
«It is not for the type of ground invasion that we saw in Iraq,» James Robbins, Institute of World Politics dean and former special assistant to Defense Secretary Donald Rumsfeld, told Fox News Digital. «There simply aren’t enough troops.»
The U.S. already maintains roughly 40,000 troops to 50,000 troops across the Middle East, with recent deployments adding several thousand more forces, including Marines and airborne units.
The Pentagon did not respond to a request for comment.
What limited ground options could look like
If U.S. forces were used inside Iran, experts say operations likely would focus on specific, high-value objectives rather than holding territory.
One likely focus would be along Iran’s southern coast near the Strait of Hormuz — a critical global shipping lane that would become a central pressure point in any limited U.S. ground option.
Iranian forces have positioned missiles, drones and naval assets throughout the region, creating a persistent threat environment for any operation.
«The most logical step is to try to secure the straits by taking some key positions inside Iran,» Ehud Eilam, a former official with Israel’s Ministry of Defense, told Fox News Digital.

USS Tripoli is headed to the Middle East. (Edgar Su/Reuters)
«For the Marines, it would probably be somewhere along the Iranian side of the Persian Gulf, around the straits or nearby to establish a base of operations,» Robbins said.
Trump has said the U.S. Navy could escort commercial tankers through the waterway if necessary, as Iranian threats have disrupted traffic in one of the world’s most critical energy choke points. But no plans have been enacted to do so, according to officials.
But even limited objectives would be difficult to secure or sustain under constant threat.
«It’s a large gulf and there’s lots of places you could drop a mine or shoot a cruise missile from or shoot a drone from,» said Adm. Kevin Donegan, former commander of the U.S. Navy’s Fifth Fleet.
Beyond coastal positions, U.S. forces could be used for short-duration missions targeting specific military assets — such as missile launch sites, radar systems or other infrastructure that cannot be fully neutralized from the air.
AFTER THE STRIKES, HOW WOULD THE US SECURE IRAN’S ENRICHED URANIUM?
Eilam said special operations forces could also be used for targeted missions inside Iran, including striking military infrastructure or capturing key personnel.
«They may come and capture a certain objective, destroy some Iranian radar, or some Iranian facility, take some generals into captivity,» Eilam said.
Such operations would be aimed at degrading Iran’s capabilities and supporting broader air and naval operations, rather than holding territory.
Some experts noted that small special operations teams can operate inside Iran without public visibility, making it difficult to assess the full scope of current activity.

(Photo by Elif Acar/Anadolu via Getty Images)
Securing nuclear infrastructure
One potential objective for ground forces would be securing Iran’s nuclear infrastructure.
Nuclear experts have insisted that the material could not be destroyed by airstrikes alone — a presence on the ground would be essential.
Robbins said U.S. troops could be used to secure nuclear material or facilities — but not under active fire.
«That would have to be more under a permissive environment,» Robbins said. «It could not really well be done under fire.»
Iran is believed to have roughly 970 pounds of uranium enriched to near weapons-grade levels, though international inspectors say they can no longer verify the size or location of that stockpile.
In past conflicts, U.S. forces have been tasked with securing weapons sites or sensitive materials even in unstable or contested environments, particularly during and after the 2003 invasion of Iraq, when specialized units conducted extensive searches of hundreds of facilities.
Any such operation in Iran would be complex. Key nuclear facilities are hardened, dispersed, and in some cases buried deep underground, making them difficult to access or secure quickly.
What the US is unlikely to do — and why
Experts cautioned that some of the more aggressive scenarios being discussed — such as seizing Iran’s key oil export hub at Kharg Island — are unlikely to be pursued.
While such a move could, in theory, choke off a major source of revenue for Iran, they said similar effects could be achieved through less exposed means.
«You could achieve that desired outcome just by constraining the flow that comes out of Kharg after it gets outside the Gulf,» Donegan said.
Robbins also questioned the strategic value of seizing the island.
«To what end would be the question,» he said. «I don’t see an endgame to seizing Kharg.»
Experts warned that occupying territory like Kharg would expose U.S. forces as fixed targets while creating major logistical challenges, requiring continuous resupply under the threat of Iranian missile and drone attacks.
«Occupying territory creates a vulnerability, because you now become a target,» Donegan said.
Instead, they said U.S. forces are better suited for limited operations ashore that do not require holding ground.
«Doing something ashore to eliminate things, because you have to be on the ground to do it, and leaving — that’s also a capability,» Donegan said.
The buildup also has included increased activity from U.S. military transport aircraft, including C-17 and C-130 airlifters used to move troops and heavy equipment into the region, part of the logistical groundwork that would be required for any potential ground operations.
Iran prepares defenses at Kharg and across the region
Behind the scenes, Iranians likely are preparing for all contingencies in a ground war. Iranian officials dismissed Trump’s talk of «productive» negotiations as «psychological warfare» and negotiations weren’t happening.
Iranian Lt. Col. Ebrahim Zolfaghari, a military spokesperson, mocked the U.S. attempts at a ceasefire deal Wednesday in a video statement, asking, «Have your internal conflicts reached the point where you are negotiating with yourselves?»
Any U.S. ground operation targeting Kharg Island would face an environment Iran already has prepared and militarized.
The island is not just an oil hub but a coastal military hub. Recent U.S. strikes hit more than 90 Iranian military targets on the island, including missile storage bunkers and naval mine facilities.
Iran has been moving additional forces and air defenses, as well as laying traps, at Kharg for weeks in preparation for a potential U.S. operation to seize the island, sources familiar with the intelligence told CNN.
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Beyond the island itself, Iranian forces have increased military readiness across the region.
Reporting shows the repositioning of missile units, expanded air defense activity, and increased naval patrols in the Strait of Hormuz — part of a broader effort to disperse assets and reduce vulnerability to strikes.
war with iran, conflicts defense, middle east foreign policy
INTERNACIONAL
Tensión con Estados Unidos: un Castro podría ser el sucesor de Díaz-Canel en Cuba

Dos primos Castro
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Raulito, una figura habitual en la escena del partido en Cuba
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