INTERNACIONAL
Leonardo Padura, con Infobae: “Vivir en Cuba entre necesidades, apagones diarios y falta de dinero, ¿no es una derrota?»

En el comienzo de la nueva novela de Leonardo Padura, el protagonista mete el pie en caca de gato. Un hecho cotidiano e irrelevante que, sin embargo, se puede leer como una clave: en Morir en la arena, la palabra “mierda” -con perdón- aparecerá 85 veces. Aunque le gana por robo otra, “miedo”. Esas son las ideas con las que el escritor cubano hará la crónica de su generación. Al final, un personaje que es escritor se preguntará si ya está listo para hacer la crónica de la derrota. En los poquísimos minutos en que hablemos, Padura dirá que ese personaje no es él.
Porque, en realidad, esta entrevista empieza con un fracaso que tal vez también deba leerse en clave. Cuando acordamos hablar, Padura indica: “Por whatsapp”, porque ya se sabe que otras formas de videollamada no corren. Así se hace. Pero aunque al principio aparece en la pantallita el escritor -en remera, se ve que hace calor-. pronto la imagen se congela, se pierde. Probamos sólo con sonido: no hay suerte. Se entrecorta tanto que cuesta seguir el hilo de una respuesta. Las preguntas van, entonces, por escrito.
Casi casi parece una introducción a medida para una nota sobre este libro. Morir en la arena es, tal vez, el libro más amargo de Leonardo Padura. Mierda y miedo, dijimos. Ya en una novela anterior, Como polvo en el viento el autor se había metido con la frustración de su generación, que nació con la Revolución y vivió siempre bajo sus designios. Aquella vez se centró en los que se fueron y ésta, en los que se quedaron. Un poco como él, que se quedó pero -por su actividad, por su éxito, por su pasaporte español- pasa parte del tiempo en Madrid o por el mundo.
Padura se ha cansado de mostrar los problemas de la revolución, de reivindicar la libertad de expresión y, en un artículo un poco desesperado, de decir que hubiera querido ser Paul Auster, para que le preguntaran por literatura y no por la política de su país, para que le hablaran de novelas y no de por qué no se exilia de una vez, si puede hacerlo.
“He pagado el precio de ser cada vez más invisible en mi país”
Morir en la arena arranca, dijimos, cuando Rodolfo pisa esa caca. Justo se acaba de jubilar y está preocupado porque la plata no le va a alcanzar para vivir. La dueña de la gata es Nora, que es su amor de toda la vida pero, ah ah, es la mujer de su hermano. Y el hermano, Geni, está preso por… matar al padre de los dos. Eso lo sabemos de arranque. El tema es que Geni está muy enfermo y por eso lo van a soltar. Quiere volver y Nora no quiere que vuelva. ¿Y Rodolfo? Mmm Quien va a estar del lado de Geni es Raymundo Fumero, un escritor al que le fue bastante bien escribiendo lo que oficialmente había que escribir. Y que tiene un hijo que se hizo babalawo, es decir, un sacerdote yoruba. Y, la verdad, se está llenando de plata, sobre todo con los extranjeros. Mientras, exhibe el cinismo, las frustraciones, las postergaciones. Y hasta le queda tiempo para mostrar con cierta acidez a una nieta de Rodolfo crecida en España que, bueno, se ha vuelto de derechas y frunce la nariz frente a la inmigración
-Usted no es Fumero, pero Padura, libro tras libro, ¿escribe la crónica de una derrota?
-Intento escribir la crónica de una época, de mi tiempo, desde el punto de vista y la experiencia de mi generación. Es algo que al principio ocurrió de forma natural, como una necesidad, pero que con el paso del tiempo y las obras, se fue tornando una exigencia consciente. Por una parte dar el testimonio de un presente, por otro y como complemento, concretar la mirada a un pasado, para preservar la memoria y para explicarme ese presente. Lo que ha ocurrido a mi alrededor no lo he creado yo: es lo que existe, lo que se ha creado. Yo solo me limito a asimilarlo y escribirlo. Para algunos todavía hoy es una realidad luminosa. Para otros, la pesadilla de vivir con carencias, frustraciones, pocas esperanzas. ¿Es una derrota histórica? Para esos que hoy viven entre necesidades, apagones diarios de 16 horas, falta de dinero… ¿Qué otra cosa puede ser?
-El libro empieza con una imagen que actúa como una clave: pisar mierda. La palabra mierda se va a repetir 85 veces. ¿De qué habla? ¿De esas vidas, de esas ideas, de ese país?
-Habla de una percepción de la realidad que resulta frustrante por todo lo que te dije antes. La mierda es mierda real y mierda simbólica, y por eso aparece en las dos maneras tantas veces en la novela. Muchos de estos personajes han tenido y tienen una vida de mierda y, a su alrededor, ven mucha mierda.
“El miedo social provocado por los sistemas es el más perverso”
-Al comienzo decís que el caso del parricidio es real. ¿Qué cercanía tenía usted? ¿Cómo supo de él? ¿A partir de qué pensó que podía dar pie a un libro para hablar de cosas que van más allá de ese caso?
-Es una historia real, que conocí de primera mano, pues casi todos los encartados eran gentes que conocía bastante bien. Pero en la novela casi todo está cambiado, ficcionalizado, diría. Solo conservé el motivo, algunas consecuencias y la existencia de una tragedia que marcó a la familia. La función del parricidio en la novela ha sido servir de motor dramático para montar sobre ella la historia más real, que es la del destino lamentable de una generación, y, a la vez, para emplearlo como elemento simbólico muy polisémico. El parricidio es literario, dramático, trágico, y también es el acto tremendo que permite que en la novela yo pueda hablar de varios asuntos muy importantes, como la redención y el perdón.
-Usted habla “redención” y me parece ver algo como que ningún personaje es bueno o malo.. Geni también es un chico golpeado, Rodolfo también es loco y cobarde, el babalawo enriquecido también es buen tipo. En cambio algo como “el sistema” siempre es… mierda. ¿Ve a todos oprimidos? ¿Reaccionando como pueden sin libertad?
-La redención, como sabes, es la recuperación de la libertad. Es un acto o pensamiento liberador. Y estos personajes, que son el resultado de una época no son ni buenos ni malos, son humanos. En esta novela no tuve que lidiar, por ejemplo, con personajes como son varios de los que aparecen en El hombre que amaba a los perros (Mercader, su madre, Kotov, etc.), tampoco con gente que ejerza el poder (más allá del familiar): Nora, Rodolfo, Geni son gente común y corriente a los que les ocurren cosas muy terribles y cosas muy normales. De todas formas, siempre que hablo de estos temas tengo el temor de que quienes lean estas respuestas piensen que el libro funciona como un tratado filosófico, un ejercicio de reflexión, y no como una novela en la que a esos personajes les ocurren cosas, actúan, piensan, se mueven con un sentido dramático, novelesco, que es lo que domina en la obra y que, por eso, creo, está siendo leída por tanta gente… que luego piensa en esos grandes asuntos de la redención, el perdón, la mierda, la libertad, etc.
-Sin embargo, usted parece tener libertad. Cierto que el carácter de escritor independiente ayudó pero ¿no tuvo problemas políticos?
-He luchado por tener la independencia y la libertad necesarias para escribir lo que necesito escribir. Creo que la lectura de mis libros lo puede demostrar perfectamente. El hombre que amaba a los perros, Herejes, Como polvo en el viento, La novela de mi vida son libros que hablan de muchas cosas que van más allá de lo anecdótico y entran en temas tan complicados como el destino de la utopía igualitaria, la práctica de la libertad individual o las exigencias y riesgos de la creación.
Además, para poder practicar esa independencia, soy desde 1996, legal y laboralmente, escritor independiente, por cierto, el primero en serlo en Cuba. Y, desde ese mismo año, entré en el catálogo de la editorial Tusquets, una relación que fue una ventana para ejercitar mi libertad.
Y, sí, he pagado el precio de ser cada vez más invisible en mi país donde, por ejemplo, nadie me hace una entrevista como esta desde hace bastante tiempo. Pero, a la vez, debo admitir que no me siento acosado ni perseguido, quizás porque mi obra y mis palabras jamás mienten sobre la realidad cubana que, como ya te dije, yo escribo, pero no la he creado.

-Por supuesto sabe que la miseria y la sensación de opresión no son exclusividad de Cuba ni de su comunismo. En la Argentina un jubilado tampoco puede vivir, por ejemplo, y hay miles de personas buscand en la basura. El analista italiano Giuliano Da Empoli habla en su último libro de la sensación de opresión que lleva a votar a la extrema derecha “antisistema”. Como si la idea de “sistema opresor” fuera más allá de si es de derecha o de izquierda.
-Cierto lo que dices. La primera vez que yo fui a México, en 1989, vi a niños pidiendo limosnas, algo que jamás había visto en Cuba. En mi primer viaje a Argentina visité una villa miseria, algo que entonces tampoco existía en mi país… aunque ya las hay. Y en el mundo actual lo que estamos viendo en los intentos de limitación de libertades es algo alarmante. En Argentina ocurre. En Estados Unidos también. Y no creo que Trump ni Milei sean chinos, rusos ni comunistas, ¿no? El problema, entonces, no es solo ideológico, sino de estructuras de poder que cada vez más derivan hacia los totalitarismos que están floreciendo en medio mundo.
-Además de “mierda, en la novela” prevalece la palabra “miedo” (¡133 veces!).
-El tema del miedo ha estado muy presente en mi obra. En mi novela anterior, Personas decentes, Mario Conde dice que está bien que la gente le tenga miedo a lo que provoca miedos humanos: a la muerte, al dolor, a la soledad. Incluso que tenga miedos irracionales: a las ranas, por ejemplo. Pero los miedos sociales provocados por los sistemas son los más perversos pues no solo afectan a quien los sufre, sino también degradan a quienes los provocan.
Y en esta novela hay diversos tipos de miedo. Rodolfo, que es un cobarde, lo siente por todo, tanto, que va a una guerra por miedo a verse marginado. Su hermano Geni, que no tiene miedo al dolor, en un momento lo sufre y eso determina su vida. El escritor Raymundo Fumero también tiene miedo, incluso cuando no sabe que está actuando o pensando por miedo. Algunos son miedos sistémicos, otros son personales, pero de todos hemos sufrido en Cuba en estos años.
-Veo, también, una sensación amarga respecto del “hombre nuevo”, los “sacrificios”, lo que tenía que hacer su generación para sacar adelante la Revolución. ¿Lo siente como algo cínico? ¿Alguna vez creyó en un futuro mejor para Cuba? ¿Si es así, cómo fue el desengaño?
-Resulta que el “hombre nuevo” que aparece en esta novela es un sacerdote de la religión yoruba, la santería, devenido hombre de negocios y nuevo rico. Es un pragmático que, sin embargo, cree en el “misterio” y en el poder de lo intangible. Ese ha sido el vencedor de una batalla que implicó tantos sacrificios, incluida la participación en una guerra que duró 14 años y envolvió, como militares y civiles, algo así como 300 mil cubanos, la mayoría de mi generación, la misma guerra de la cual Rodolfo vuelve traumatizado. Así que los que se sacrificaron terminan subsistiendo con una jubilación que no les alcanza, y andan dependiendo de diversas estrategias que pueden ir desde la ayuda de familiares que viven en el extranjero hasta limpiar casas o chapear patios… o hurgar en la basura.
-Por otro lado, el amor y el sexo siguen resultando buenos en este libro. Buenos amores, buenos amigos, buen sexo. ¿Hay una salvación, un refugio, por el lado de esos vínculos personales?
-Creo que la condición humana tiene unas reservas… redentoras. Y algunos de los personajes de la novela, casi todos diría, echan mano de esas reservas que pueden ser las que mencionas, o la religión, o la literatura… También hay un componente cultural que es salvador, ese carácter cubano que veo manifestarse diariamente a mi alrededor, de gentes que están económicamente muy jodidas, pero que oyen música, bailan, tienen mucho sexo, beben ron si hay ron y otros preparados terribles si es lo que hay. Algunos se asfixian en los lamentos, otros, muchos, buscan la respiración en las cosas buenas que aun pueden obtener de la vida… Ah, y siempre nos queda el mar, como dice Rodolfo.
-Otra cosa que veo: el señalamiento de la desigualdad. En otros países la desigualdad es la norma. ¿En Cuba es parte de la amargura?
-Sí, es parte de la amargura, un componente esencial de la derrota histórica de que hablamos antes. Es la idea de tanto nadar para morir en la orilla, o devorados por la tembladera de la arena. Refleja el estado de pobreza que hemos llegado y de desigualdades que incluso son establecidas oficialmente, como la existencia de una vida mejor… pero que se paga en dólares
-¿Usted y sus amigos tienen encima la amargura que se ve en la novela? ¿Sienten que hay mucho desperdiciado en sus vidas?
-Sí, creo que sí. Y ese sentimiento, que fue creciendo desde la década de 1990 con todos los rigores de la crisis que comenzó entonces, hoy se ha enquistado en mucha gente. Como en un amigo cercano del barrio que cada vez que me ve me dice: “Coño, qué destino más jodido nos ha tocado”.
-¿Es un trauma el exilio, sobre todo el de los hijos? ¿Es común que se derechicen como la hija de Aitana, en la novela?
-No se si es común, pero es muy visible en muchos emigrados cubanos. Incluso en algunos que rechazan la migración, como si ellos hubieran caído del cielo.
-.¿Hay salida para Cuba?
-Debe haberla, pero no sé cómo ni cuando. Si lo supiera… ¿te imaginas? Entonces sí sería profeta en mi tierra.
-¿Ya tenés en mente la próxima novela?
-Aun no. Estoy todavía en la resaca de Morir en la arena, lo cual es normal en mí. Pero de lo que estoy casi, casi seguro es de que en la próxima volverá Mario Conde… más viejo (como yo), más desencantado (como yo).
INTERNACIONAL
No basta solo con cuidar los bosques: la huella de biodiversidad está en cada decisión diaria

Cuidar bosques ya no alcanza. Comer una hamburguesa, viajar en auto o comprar ropa nueva puede cambiar el destino de miles de especies en el planeta.
Científicos del Instituto Hot or Cool, una organización independiente con sede en Berlín, Alemania, y de la Universidad de Jyväskylä, en Finlandia, demostraron cómo la vida diaria de las personas deja una huella silenciosa sobre la biodiversidad, es decir, la variedad de seres vivos y ecosistemas que existen en la Tierra.
Cada elección suma o resta naturaleza, aunque no siempre se vea. Publicaron un informe que introduce el concepto de la “huella de biodiversidad”. Es una forma de calcular el impacto de los hábitos cotidianos sobre animales, plantas y ecosistemas.

Esa perspectiva conecta lo que se come, cómo se viaja, el espacio donde se vive y lo que se compra con la cantidad de especies que pueden desaparecer.
Los investigadores la definen como “un método de contabilidad basado en el consumo que vincula el consumo de los hogares con la pérdida de biodiversidad a lo largo de las cadenas de suministro globales, expresando los impactos en una unidad común de biodiversidad”.
Esto significa que, por ejemplo, si se elige un plato con carne, se usa más tierra y agua que con uno de legumbres, y eso puede afectar a más poblaciones de especies.

El análisis resaltó que cerca del 70% de los impactos climáticos, el 70% del uso del suelo, el 48% del uso de materiales y el 81% del uso de agua dulce pueden vincularse directamente a los estilos de vida y el consumo de los hogares.
Los investigadores analizaron Brasil, Finlandia y Japón, y observaron que en todos los países los hábitos diarios explican gran parte del daño a la naturaleza, aunque los patrones y los productos que se consumen sean diferentes.
Contaron con la participación de especialistas de la Argentina, Alemania, Italia, Irlanda, Reino Unido, Austria, Colombia y Suecia. Uno de los colaboradores fue Carlos Andres Trujillo Valencia, de la Universidad de los Andes, Colombia.

Otro experto fue el doctor en biología Pedro Jaureguiberry, investigador del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV), que depende del Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina.
En diálogo con Infobae, el científico dijo: “Este nuevo informe resalta la huella de biodiversidad. Este concepto conecta la pérdida de biodiversidad con acciones humanas muy concretas y cotidianas: lo que comemos, cómo nos movemos, cómo vivimos y lo que compramos”.
El investigador agregó: “Ese concepto se suma a la ya conocida huella de carbono, que mide el impacto humano sobre el clima. El nuevo informe muestra que nuestros estilos de vida tienen un impacto grande sobre la naturaleza, incluso más allá de las fronteras del país en que vivimos, a través de las cadenas globales de producción”.

“Uno de los resultados más importantes es que la alimentación es uno de los factores que más presión generan sobre la biodiversidad”, afirmó el científico.
Las dietas cargadas de carne y productos ultraprocesados aumentan la presión sobre la biodiversidad. El desperdicio de comida también suma al problema, advirtieron.
Indicaron que “transformar el consumo de alimentos es un punto de partida fundamental para reducir el impacto de los estilos de vida sobre la naturaleza”.

Otro hallazgo, subrayó el científico en la entrevista con Infobae, es que “muchas acciones que ayudan a la naturaleza también ayudan al clima, como reducir el desperdicio de alimentos o promover el uso de sistemas de transporte colectivos (en lugar de individuales) y/o activos (por ejemplo, la bicicleta)”.
Usar autos y aviones favorece la fragmentación de hábitats y acelera el cambio climático. Por eso, los investigadores señalaron que las políticas de movilidad deben enfocarse menos en trasladar personas y más en mejorar la calidad de vida y el acceso a servicios.
La vivienda y el consumo de productos también dejan huella. Casas grandes, que usan más energía y materiales, y la compra constante de ropa o electrónicos nuevos multiplican el impacto ambiental.
Por ejemplo, en Japón, la huella por consumo de ropa es una de las más altas, mientras que en Brasil los muebles y los electrodomésticos tienen más peso en la pérdida de especies.

El informe no se quedó solo en el diagnóstico. Los investigadores propusieron cambios sencillos y claros. Aumentar la proporción de alimentos vegetales y reducir la carne, elegir productos de temporada y cercanía, y consumir solo lo necesario.
“Aumentar el consumo de alimentos de origen vegetal, como legumbres, frutas, verduras y cereales integrales”, es una de las recomendaciones clave.
También se recomienda preferir productos de agricultura regenerativa, minimizar el desperdicio de comida y buscar alternativas como proteínas vegetales.
En la movilidad, el estudio propone caminar, usar la bicicleta o el transporte público, y evitar los viajes innecesarios en auto o avión.

Ejemplos concretos incluyen promover días de movilidad sostenible, dar incentivos para el uso de transporte público y crear más ciclovías. En ciudades como Tallin, la capital de Estonia, ya se ofrece transporte público gratuito y en Barcelona, España, se apoya con fondos públicos a comunidades de movilidad de bajo impacto.
Para el consumo, reutilizar y reparar antes de desechar se vuelve esencial. El informe resalta políticas como ofrecer descuentos en reparaciones, apoyar ferias de productos de segunda mano y fomentar campañas para usar los objetos durante más tiempo.
En algunos países se incentiva la fabricación de productos duraderos y se regula la publicidad para desalentar el sobreconsumo.

El informe presenta el enfoque de “choice-editing”, que significa rediseñar los mercados y las opciones disponibles para que las alternativas sostenibles sean las más fáciles, accesibles y atractivas. Esto incluye eliminar del mercado productos que dañan la biodiversidad y asegurar que todos tengan acceso a opciones saludables y sostenibles.
Aclararon que el desarrollo de la estrategia de “choice-editing” debe garantizar niveles mínimos de bienestar para todos y facilitar la transición para que nadie quede afuera por motivos económicos o sociales.
Los investigadores también insistieron en que el uso de plásticos genera contaminación en ecosistemas terrestres y acuáticos, especialmente por la liberación de microplásticos provenientes de textiles y productos descartables.
Esos residuos afectan a especies marinas y animales terrestres, que pueden ingerirlos o quedar atrapados. Recomendaron prohibir los productos plásticos de origen fósil, como bolsas descartables, y aplicar responsabilidad extendida del productor, para que las empresas se encarguen del reciclaje y la recolección.

Para los científicos que elaboraron el informe, las políticas públicas son necesarias para facilitar el cambio que recomendaron en los estilos de vida. Se pueden llevar a cabo con campañas educativas, regulaciones sobre publicidad y premios para quienes eligen opciones sostenibles.
Además, propusieron impulsar políticas que reduzcan la producción y el consumo de plásticos para proteger la biodiversidad.
Consideraron que la colaboración entre gobiernos, empresas y comunidades es clave para que estas soluciones sean inclusivas y reales.

En América Latina, “el desafío es doble”, sostuvo el doctor Jaureguiberry. “Por un lado, existen ecosistemas muy valiosos para la biodiversidad; al mismo tiempo, hay fuertes presiones como la expansión agrícola, la urbanización, la tala con fines forestales y la contaminación, entre otras”.
Muchas de esas presiones se vinculan con economías basadas en la producción de materias primas demandadas en todo el mundo.
“Algunas recomendaciones pueden ser más difíciles de aplicar porque en muchos países de la región aún existen otras prioridades más urgentes, como mejorar la infraestructura o garantizar el acceso a servicios básicos. Esto retrasa la adopción de enfoques sostenibles en los estilos de vida”, reconoció.

Sin embargo, “también se abren oportunidades, ya que muchos estilos de vida en la región presentan un menor consumo de energía y materiales en comparación con países de altos ingresos y altos niveles de industrialización”, expresó.
“Esto significa que América Latina puede avanzar hacia estilos de vida más sostenibles sin repetir los modelos de consumo intensivo de otras regiones”, dijo.
El mensaje final no deja dudas. Los hábitos cotidianos importan. Cuidar la biodiversidad no es solo cosa de bosques lejanos: empieza en el plato, el transporte, la vivienda y la próxima compra.

Entrevistado por Infobae, Claudio Bertonatti, museólogo, naturalista, miembro honorario de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara y director de la carrera de Turismo y Conservación del Patrimonio de la Universidad Maimónides (UMAI), comentó tras leer el nuevo reporte: “Actualmente, estamos observando una fragmentación de la conciencia ambiental, con tres tipos de personas: las desinteresadas, las negadoras y las empáticas. La crisis civilizatoria no solo amenaza especies. La situación es más grave: amenaza paisajes, con su diversidad biológica y su contraparte: la diversidad de manifestaciones culturales con las que se articula”.
El experto agregó: “Todo lo que está amenazado permanece casi invisible o muy simplificado para los ojos y el sentir de los habitantes urbanos. Vivimos desconectados física, emocional e intelectualmente de los escenarios silvestres y, en contrapartida, demasiado conectados con pantallas adictivas. Esto tiene implicancias sociales, psicológicas, medicinales y ambientales”.

“Para que nos vaya mejor, debemos retomar nuestra conexión con los espacios verdes y silvestres como una manera de contrarrestar ese déficit de naturaleza que nos deshumaniza”.
Con respecto al concepto de huella de biodiversidad, Bertonatti opinó que “es una suerte de brújula que nos indica hacia dónde debemos mirar, pero la reconexión con los espacios silvestres es el camino que recorremos para llegar ahí. Es decir, la huella nos da el por qué y la reconexión el ‘cómo’ vivir considerando al resto de la naturaleza como nuestra aliada y no como una mera fuente de insumos o recursos”.
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Los tesoros de Ramsés II se muestran en Londres: así es la exposición que revive el esplendor de Egipto

La exposición itinerante Ramses and the Pharaohs’ Gold, (Ramses y el oro de los faraones) con tesoros del Museo Egipcio de El Cairo, se presenta en el espacio cultural de la antigua usina eléctrica Battersea Power Station (inmortalizada en la tapa del álbum Animals, de Pink Floyd), marcando el regreso público de Ramsés II como figura central del antiguo Egipto. El evento, organizado a partir de una colección sin comparación en años recientes, no incluye la famosa momia del faraón pero sí exhibe el ataúd original en que se encontró su cuerpo, estableciendo un punto de atracción museística que apunta a superar el impacto global alcanzado históricamente por Tutankamón.
El traslado y exhibición de parte del selecto inventario arqueológico, centrado en Ramsés II y en artefactos vinculados a su largo reinado de 66 años, reabre además discusiones sobre el posicionamiento de los principales faraones en la industria cultural global. Mientras la figura de Tutankamón ha dominado la fascinación moderna gracias al hallazgo intacto de su tumba en 1922, la muestra en Battersea reactiva la competencia simbólica dentro de la egiptomanía museística, con Ramsés ocupando nuevamente el protagonismo en la agenda de grandes instituciones y circuitos de exhibición europeos.
La muestra se concibe como una oportunidad inédita para reposicionar a Ramsés como referente absoluto del fasto faraónico, tras décadas de primacía mediática de Tutankamón. Si bien no incluye la momia del rey, sí expone el ataúd original recuperado en el siglo XIX y relicarios de alto valor cultural, permitiendo al público general —y a la industria museística— acceder a elementos históricamente reservados a los circuitos académicos internacionales. Esta decisión curatorial impacta directamente en el flujo de visitantes y en la generación de nuevas alianzas institucionales para futuras itinerancias en Europa y América del Norte.

El núcleo de la exposición y de la revisión académica reside en el uso sistemático de la monumentalidad para la fabricación de la imagen real. Ramsés no solo dictó la ejecución de estatuas colosales —como la serie de figuras sedentes de 20 metros en el Gran Templo de Abu Simbel— sino que estableció una política de autorretrato ritualizado sin precedentes en la historia dinástica. Estas esculturas, encargadas y modeladas bajo estrictos códigos de estilización, muestran una representación idealizada, distante de los trazos identificados por la arqueología en su momia, como la nariz aguileña y la expresión tensa del rostro.
El énfasis en la despersonalización escultórica respondió a la necesidad política de restaurar la tradición tras el convulso reinado de Akenatón. Ramsés II implementó, mediante la arquitectura y las artes visuales, una estrategia propagandística para fundir su imagen con los cánones del pasado, solidificándose como símbolo de continuidad y estabilidad. El ejemplo paradigmático aparece en Abu Simbel: el templo, excavado en la roca y dedicado enteramente a él, exhibe cuatro figuras colosales idénticas, mientras las estatuas menores de familiares recalcan la jerarquía vertical del poder.

La narrativa oficial del régimen, reproducida en relieves y pinturas, transformó hechos reales —como la Batalla de Kadesh— en epopeyas personales. El propio Ramsés aparece conduciendo personalmente la ofensiva y capturando enemigos, un ejercicio de glorificación militar que anticipa mecanismos de arte estatal en imperios posteriores.
Más allá de Egipto, Ramsés II ha sido —a partir de la adquisición de la colosal estatua por el Museo Británico en 1817— un campo de batalla discursivo para la cultura occidental moderna. El traslado del busto, recuperado por el arqueólogo Giovanni Battista Belzoni y casi destruido por los franceses en el proceso, desató una competencia intelectual en la poesía romántica inglesa. El poema “Ozymandias” de Percy Bysshe Shelley, inspirado en este acontecimiento y en la inscripción que la tradición griega atribuyó al coloso, convirtió a Ramsés en sinónimo de la decadencia de la grandeza y de la ironía del poder efímero.

La voluntad del propio Ramsés de asegurar su perdurabilidad inscribiendo su nombre con relieve sobresaliente en esculturas y monumentos, anticipando la lógica de la propaganda política moderna. Estos detalles, documentados por la historiografía desde Diodoro Sículo, han exacerbado el debate sobre el tipo de memoria que sobrevive en el tiempo: la glorificación activa promovida por el poder frente a la imagen desvanecida, satirizada o resignificada por las artes y la museografía occidental.
La exposición en Battersea Power Station confirma la vigencia de Ramsés II como activo estratégico en la circulación internacional de patrimonio faraónico. Al exhibirse en el núcleo financiero y turístico de Londres, la muestra no solo capitaliza la fascinación milenaria por el antiguo Egipto sino que reequilibra el reparto de centralidad museística —y, por extensión, de explotación simbólica y económica— que hasta ahora ha protagonizado la figura de Tutankamón.
[Fotos: Battersea Power Station]
INTERNACIONAL
Trump touts US has ‘tremendous’ amount of Venezuelan oil, vows to ‘take care’ of Cuba after Iran focus

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President Donald Trump declared Saturday that the U.S. is «taking out tremendous amounts of oil» from Venezuela while vowing to «take care» of Cuba’s regime following America’s focus on Iran.
The president, speaking at the Shield of the Americas Summit in Florida, prefaced his remarks by saying that since the January operation to capture former Venezuelan dictator Nicolás Maduro, the administration has «been working closely with the new president of Venezuela, Delcy Rodriguez,» and, «she’s doing a great job working with us.»
«And we’re taking out tremendous amounts of oil. They’re making more money now than they’ve ever made, ever made. We have the big oil companies in. They are making more money, we’re getting some,» Trump said. «They’re getting a lot. They’re making more money now than they’ve ever made in the history of their country.»
«And I’m pleased to say that this week we have formally recognized the Venezuelan government. We’ve actually legally recognized them. We have also just reached a historic gold deal that’s called the gold deal with Venezuela, to allow our two countries to work together to facilitate the sale of Venezuelan gold and other minerals,» Trump continued, describing a license issued by the Treasury Department Friday that prohibits people and companies from Iran, North Korea, Russia and Cuba from doing business with Minerven – Venezuela’s state-owned gold mining company – among other measures.
President Donald Trump attends the Shield of the Americas Summit on Saturday, March 7, 2026. (Kevin Lamarque/Reuters)
«As we achieve a historic transformation in Venezuela, we’re also looking forward to the great change that will soon be coming to Cuba. Cuba’s at the end of the line,» Trump also said. «They’re very much at the end of the line. They have no money, they have no oil. They have a bad philosophy. They have a bad regime that’s been bad for a long time. And they used to get the money from Venezuela. They get the oil from Venezuela, but they don’t have any money from Venezuela. They don’t have any oil,» Trump added.
Trump in January had declared a national emergency via an executive order over Cuba, accusing the communist regime of aligning with hostile foreign powers and terrorist groups while moving to punish countries that supply the island nation with oil.
MILLONS LOSE POWER ACROSS CUBA AS TRUMP SANCTIONS CONTINUE TO FUEL ONGOING ENERGY CRISIS

President Donald Trump, center, Dominican Republic President Luis Abinader, second from left, Argentina’s President Javier Milei, El Salvador’s President Nayib Bukele, Guyana’s President Mohamed Irfaan Ali, Costa Rica’s President Rodrigo Chaves Robles, Bolivia’s President Rodrigo Paz and Chile’s President-elect Jose Antonio Kast pose for a family photo during the Shield of the Americas» Summit in Doral, Fla., on Saturday, March 7, 2026. (Kevin Lamarque/Reuters)
Trump said Saturday that Cuba is «negotiating with [Secretary of State] Marco [Rubio] and myself and some others. And I would think a deal would be made very easily with Cuba.»
«But Cuba is in its last moments of life as it was. It’ll have a great new life, but it’s in its last moments of life, the way it is,» the president added.
The State Department described the Shield of the Americas Summit in Doral as a gathering of the «strongest likeminded allies in our hemisphere to promote freedom, security, and prosperity in our region.»
Trump said America’s «focus right now is on Iran,» but «many of you have come today, and they say, ‘I hope you can take care of Cuba because you’ve had problems with Cuba, right? You mentioned.»

President Donald Trump and Venezuela’s acting President Delcy Rodriguez. (Jessica Koscielniak/Reuters; Leonardo Fernandez Viloria/Reuters)
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«I was surprised, but, four of you said, actually, ‘could you do us a favor? Take care of Cuba.’ I’ll take care of it, okay?» Trump said, garnering applause.
Fox News Digital’s Jasmine Baehr contributed to this report.
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