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Marcel Proust, ¿psicoanalista?: los celos, Albertina y la búsqueda interminable de la verdad

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Marcel Proust, ¿psicoanalista?: los celos, Albertina y la búsqueda interminable de la verdad (Crédito: Museo de la Historia del Judaísmo, Francia)

Que Marcel Proust puede ser un psicólogo clínico riguroso para la elaboración del síntoma de los celos es algo que el propio novelista confirma cuando sostiene una afirmación como la siguiente, en la que reconoce la variedad clínica del fenómeno:

“Los celos son una de esas enfermedades intermitentes cuya causa es caprichosa, imperativa, siempre idéntica en el mismo enfermo, a veces, enteramente distinta en otro.”

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En busca del tiempo perdido ha pasado a la historia de la literatura universal, entre otros motivos, por su compleja teoría de los celos. Al respecto, Harold Bloom, en su libro El canon occidental (1994), formula una indicación metodológica que vale como punto de partida:

“Freud es el rival de Proust, no su maestro, y la narración proustiana de los celos es muy personal. Aplicar el freudismo a Proust en el tema de los celos es tan reductor y engañoso como analizar la visión de la homosexualidad que aparece en Proust de una manera freudiana.”

Freud nunca leyó a Proust. Sin embargo, en 1920 Freud publicó el caso de una muchacha que disfrutaba de mostrarse junto a otra mujer, una cocotte mayor que ella, a la que seduce ante la mirada furibunda del padre. En ese mismo año, Proust escribe un pasaje de En busca del tiempo perdido, en el que la hermana de Bloch sale con una actriz mayor: “Ser vistas les parecía que aumentaba la perversidad de su placer, querían hacer bañar sus peligrosos retozos en las miradas de todos”.

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Muchas veces se le criticó a Freud la idea de que la homosexualidad femenina busca hacer pública su pasión, mientras que la masculina habita el secreto. Pero esta no es una distinción freudiana, sino proustiana. Es la distinción entre Sodoma y Gomorra. Por eso podríamos estar de acuerdo con Bloom: antes que una teoría psicoanalítica de Proust, necesitamos dirimir hasta qué punto esta teoría no incorporó la sensibilidad snob del narrador proustiano. Más que una teoría freudiana de Proust, nos viene mejor una teoría proustiana de Freud.

Asimismo, cabría recordar que la obra proustiana ha sido objeto de análisis desde distintas perspectivas próximas del psicoanálisis, con estudios más cercanos a la lingüística, pero también con el interés específico de psicoanalistas abocados a una interpretación de la obra (por ejemplo, El tiempo sensible de Julia Kristeva).

Portada de una de las
Portada de una de las ediciones de “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust

Incluso, en la enseñanza de Jacques Lacan —que sí leyó a Proust— pueden encontrarse referencias ocasionales a la erótica proustiana:

“Recuerden ustedes el prodigioso análisis de la homosexualidad que desarrolla Proust en el mito de Albertina. Poco importa que este personaje sea femenino, la estructura de la relación es eminentemente homosexual. La exigencia de este estilo de deseo solo puede satisfacerse en una captura inagotable del deseo del otro, perseguido hasta en sus sueños por los sueños del sujeto.”

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En este punto, cabe apreciar que la indicación de una homosexualidad en Proust —más allá de la homosexualidad del autor, y todos los datos que podrían vincular su obra con personas y amantes “reales”— debería ser entendida en términos de una forma específica de deseo y no tanto por una cuestión de elección de pareja.

Una segunda mención del nombre de Proust en la obra de Lacan se encuentra en su artículo “Juventud de Gide” (1958), donde cabe trazar una comparación sobre la función diferencial del deseo en ambos escritores:

“La obra del propio Proust no permite rebatir que el poeta encuentra en su vida el material de su mensaje. Pero, justamente, la operación constituida por este mensaje reduce los datos de su vida a su empleo de material…”

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Si el caso de Gide tiene el propósito de esclarecer el carácter fijo de la constitución del deseo, articulado a su condición fetichista —esta es la hipótesis de Catherine Millot en su libro La vocación del escritor—, la obra de Proust podría iluminar otra condición que lo motivaría: los celos.

En busca del tiempo perdido es un tratado exquisito acerca de los movimientos y transformaciones que puede sufrir el deseo en el curso de una vida. El motor de este deseo se encuentra en la experiencia del celoso.

Marcel Proust en 1892 (Crédito:
Marcel Proust en 1892 (Crédito: Bibliothèque Nationale de France)

No obstante, los celos distan de ser algo unívoco en la obra de Proust. Así, por ejemplo, se podría considerar un cierto tipo de celos en los que aquejan a Saint-Loup respecto de Rachel, desarrollados en la primera sección de La parte de Guermantes (1921-22), y que podrían ser reconducidos al modelo freudiano de los celos en que el celoso acusa recibo de su propia infidelidad (potencial o efectiva) a través de entreverla en los gestos de su amada.

Respecto de su amante, la posición de Rachel no es menos encendida, ya que ella busca deliberadamente causar su deseo a través de hacerse celar (por ejemplo, al coquetear con otros hombres); no obstante, tampoco podría decirse que se trata de una mujer decidida a sostener un lugar exclusivo, como lo demuestra la siguiente afirmación que requiere de la participación de otra mujer que, eventualmente, descargue su lugar de ser el centro del deseo:

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“Ahora bien, a veces le parecía a ella que Robert había tenido tan buen gusto en sus sospechas, que acababa incluso dejando de pincharlo para que se tranquilizara y consintiera en ir a hacer un recado a fin de disponer de tiempo para trabar conversación con el desconocido, fijar una cita, a veces tener una aventura incluso.”

En esta referencia puede verse cómo el lugar de la Otra (elemento fundamental de la posición histérica) no es necesariamente el de una persona concreta, ya que en este rodeo se destaca cómo Rachel busca ser esa mujer que Saint-Loup haría consistir en su fantasma de infidelidad.

Cuando ella advierte que su deseo tiene alguna pertinencia, acepta la apuesta y se permite actuar esa suposición de goce en la cual podría no ser lo que ella sabe de sí. De este modo, puede notarse cómo los celos organizan la vida amorosa de ambos personajes y el drama del deseo que los une.

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Sin embargo, no me detendré en este artículo en esta experiencia de los celos, que ya puede resultar relativamente conocida, sino que avanzaremos en la vía de los celos del protagonista por Albertina. Al tomar esta vía, mi propósito es establecer una articulación entre celos y saber/verdad. En La prisionera (1925), el protagonista afirma que “los celos son una sed de saber”. Asimismo, en el volumen titulado Albertina desaparecida (1927), esta relación es planteada desde un comienzo en los siguientes términos:

“Resulta asombrosa la poca imaginación de los celos, que pasan el tiempo haciendo suposiciones falsas, cuando de lo que se trata es de descubrir la verdad.”

Los celos proustianos no tienen como fin cercar la verdad, sino disfrazarla con el saber. El celoso no es un amante del conocimiento, sino de la suposición; y el goce de La mujer puede ser un supuesto esclarecedor de estas formaciones. En esta misma dirección se expresa el protagonista cuando afirma que “lo que yo mismo llamaba pensar en Albertina era pensar en la forma […] de saber lo que hacía”, donde “lo que hacía” tiene un referente explícito: saber del goce de Albertina con otras mujeres, aunque no solo representárselo, sino también exponerlo:

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“… no me bastaba con conocer dicha falta, me habría gustado que ella lo supiera. Por eso, si bien en aquellos momentos lamentaba que no volvería a verla, esa pena llevaba la marca de mis celos y, por ser muy diferente de la –desgarradora– de los momentos en que la amaba, era la de no poder decirle lo siguiente: ‘Tú creías que no me enteraría nunca de lo que hiciste […] pero, mira, lo sé todo.”

Es interesante, por este motivo, que el goce de Albertina sea expresado como un goce homosexual entre mujeres. Aquí podría decirse lo mismo que ya hemos dicho respecto de la homosexualidad de Proust; así como en este caso se trata de un deseo específico, en el caso del goce de Albertina se supone –antes que el deseo por otra mujer– un goce de otro orden.

Proust en un dibujo de
Proust en un dibujo de 1920 que hizo su amigo Jean Cocteau (Crédito: MNAM–CCI)

Eso es lo que el protagonista quiere alcanzar, el goce femenino a través del saber. He aquí, entonces, el punto de imposibilidad en que sucumben los celos. El psicoanalista Serge André ha destacado con precisión este imposible que los celos buscan desmentir con el deseo de saber:

“Así, pues, el síntoma revelado por los celos parece fundado, más allá de la impotencia para captar la verdad, en una imposibilidad de decir lo real. Es así el signo de la realidad misma de la castración y de la irremediable división del goce.”

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Esta división del goce remite a la condición básica del celoso: “él (ella) cree en la consistencia de lo que le es ocultado, él (ella) se cree despojado de un deseo desconocido, de un goce inaudito que él (ella) supone en su partenaire o en su rival”. En última instancia, los tipos de celos que aquí describimos apuntan a aprehender –con el saber, como herramienta fallida– eso que, supuestamente, una mujer experimenta… y, luego, calla.

De este modo, el celoso se ubica, respecto de su pareja –como lo expone con brillantez el volumen La prisionera– en posición de “celoso y juez”, dado el “sentimiento inquisitorial” que lo caracteriza. Y su método de poner en forma el saber se apoya en la búsqueda de la confesión, como dispositivo que siempre puede ofrecer en falta la información buscada: las confesiones “dejaban entre ellas, en la medida en que se referían al pasado, grandes intervalos en blanco”.

En este punto, la confesión es un dispositivo que necesita de la mentira; o, mejor dicho, la confesión es un dispositivo acerca del saber de la mentira:

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“Al contrario, los mentirosos raras veces son descubiertos y, más en particular, las mujeres a las que amamos. Ignoramos adónde ha ido, lo que allí ha hecho, pero en el momento mismo en el que habla, en el que habla de otra cosa que oculta lo que no dice, se advierte la mentira instantáneamente y los celos resultan intensificados, ya que sentimos la mentira y no logramos saber la verdad.”

En la observación proustiana “mira, lo sé todo” cabe apreciar un rasgo suplementario: la articulación del deseo de saber con la mirada. El celoso es aquel que quisiera “verlo todo”. En esta coyuntura, saber y visión coinciden. El “deseo de saber” que acicatea al celoso se especifica como un deseo de ver; o, dicho de otro modo, los celos están al servicio de impulsar un deseo escópico. Nuevamente la obra de Proust es ejemplar para dar cuenta de este aspecto:

“Vivamos totalmente con la mujer y dejaremos de ver todo lo que nos ha hecho amarla; cierto es que los celos pueden ajustar de nuevo los dos elementos desunidos.”

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Marcel Proust
Marcel Proust

De esta última referencia pueden desprenderse dos indicaciones: por un lado, que el celoso sostiene el afán de ver todo… pero a condición de no confirmar su acto. De ahí que sus objetos predilectos sean las pistas, las sugerencias y todos los signos que velan aquello que podría confirmar el engaño. En todo caso, el celoso es el principal suscriptor del engaño mismo, que encubre la verdad que prefiere permanezca como invisible. De este modo, la invisibilidad es condición del mundo visible (un gesto, una sonrisa que parece dedicada a otro, etc.) en que el celoso se satisface.

En definitiva, aunque el celoso sea un firme militante del goce (de La Mujer), no deja de atrapar más que sus propias condiciones, cedidas al Otro. Afirma la existencia de ese goce, pero le da la consistencia de su propio interés. Podemos concluir este último punto con una nueva observación de Proust, quien verifica que para el deseo celotípico el acceso al Otro está mediado por la mirada propia:

“No tenemos de nuestro propio cuerpo, al que afluyen perpetuamente tantos malestares y placeres, una silueta tan nítida como la de un árbol o una casa o un transeúnte y tal vez mi error [el extravío de los celos] había consistido en no haber intentado conocer mejor a Albertina en sí misma.”

Por lo tanto, los celos, antes que un arranque posesivo, son una estructura de la mirada, en la que se pone en juego un complejo sistema de ocultación y develamiento.

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Por otro lado, el celoso no solo es quien desea ver todo, sino que articula este deseo a las condiciones de su propia forma de desear.

Esta visión recorta un circuito que degrada la alteridad del Otro para encontrar solo un resto, que habla más de un goce que el celoso desconoce en sí mismo y, por eso, fantasea.

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Jaime Bayly reconstruye los tres días que sacudieron a Venezuela en 2002: “Chávez fue un militar, pero también un animador de televisión”

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Jayme Bayly mira con mordacidad un momento dramático de Venezuela

Vuelve Jaime Bayly. Jaime Bayly el mordaz, Jaime Bayly el provocador, Jaime Bayly el escritor. Todo junto. Vuelve con Los golpistas una novela que se lanza este miércoles 11 por Galaxia Gutenberg y donde reconstruye con su estilo los tres días de abril de 2002 en que Hugo Chávez perdió —y recuperó— el poder en Venezuela tras un golpe militar fallido. A partir de una investigación periodística y literaria, Bayly narra el desconcierto de los golpistas, la confusión en los cuarteles y el papel de Fidel Castro en la supervivencia del presidente.

La novela, de 240 páginas, retrata la lógica interna de un golpe descrito por el propio autor como “esperpéntico, chapucero, de aficionados, un golpe del que los propios conspiradores se arrepintieron al tercer día”. El relato alterna la reconstrucción de los hechos con episodios de la vida de Chávez, su ascenso militar, su pasión por el espectáculo.

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El autor peruano explora la personalidad contradictoria de Chávez, un militar fascinado por la televisión: “Chávez fue un militar, pero también un animador de televisión. Era un militar atípico: le encantaban las cámaras, le gustaba hablar en público, era un comediante ocasional, vivía para salir en la televisión. Por eso tuvo tanto éxito en sus primeros años en el poder. Los pobres lo querían, no se perdían sus apariciones en la televisión, se reían con él. Para bien o para mal, era el gran animador del país y vivía obsesionado con los ratings de audiencia”, dijo a la prensa.

Hugo  Chávez, protagonista de
Hugo Chávez, protagonista de la última novela de Jaime Bayly. (EFE/David Fernández/Archivo)

El libro recurre al humor y al realismo irónico. Bayly apunta: “El golpe fallido pudo cambiar la historia de Venezuela, de haber triunfado. Pero los jefes golpistas eran todos bastante cortos de miras”.

En la novela, los diálogos y las escenas cargadas de ironía permiten ver las motivaciones y contradicciones de los personajes: “—Tienes mi palabra. Serás mi embajador en Madrid. —Y si no te molesta, Efraín, a mi hermano lo nombrás embajador en Lisboa. —¿Y eso, por qué? —Porque me estoy cepillando a mi cuñada”.

Bayly, que entrevistó a Chávez en 1998, utiliza su experiencia como periodista para trazar el retrato de un líder que, según afirma, “era un dictador popular”: “El año mismo en que Chávez tomó posesión como presidente, el golpista fallido de 1992 reveló que seguía siendo un espadón camuflado en 1999, solo que ahora podía dinamitar la democracia desde las entrañas mismas del poder”.

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Aquí, el comienzo de la novela:

Abril, 2002

–¡Firme su renuncia ahora mismo! –le gritó el general Efraín Velásquez, comandante general del Ejército, al presidente venezolano Hugo Chávez.

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Sentado en el despacho presidencial del palacio de Miraflores, vestido con uniforme militar a pesar de que ya había pasado al retiro, Chávez, quien llevaba poco más de tres años ejerciendo la presidencia de la nación, desafió al general insubordinado mirándolo a los ojos, se arrepintió de haber confiado en él, desenfundó la pistola calibre nueve milímetros que llevaba en la cintura, la puso sobre la mesa, apuntando a Velásquez, y respondió, levantando la voz:

–¡No firmo nada, carajo! ¡No renuncio ni renunciaré! ¡Soy el presidente constitucional de este país!

Jaime Bayly entrevistó a Hugo
Jaime Bayly entrevistó a Hugo Chávez en 1998.

Luego bebió agua, encendió un cigarrillo y buscó consuelo en la añosa mirada de José Vicente Rangel, su ministro de Defensa, quien, sentado a su lado, le dijo, alisándose un bigote crecio en canas:

No firmes nada, Hugo. Si no firmas, es un golpe de Estado.

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–¡No es un golpe de Estado! –rugió el general Velásquez, poniéndose de pie. Era gordo, sorprendentemente obeso para ser un general de división en actividad. Tenía la cara rechoncha, el hocico prominente, el morro abultado y un adefesio de pelusa sobre el labio superior. Miraba como miraría un jabalí ante el peligro.

A su lado, se apandillaban dos altos jefes militares: el general Manuel Rosado, todavía más gordo que el amotinado Velásquez, tan gordo que su rostro parecía un globo y su cuerpo embutido en el uniforme daba la impresión de estar a punto de reventar, y el general Lucas Rondón, de pelo negro y anteojos de intelectual, quienes, comandados por Velásquez, el jefe de la conspiración, habían llegado al palacio de Miraflores en un corto vuelo en helicóptero desde Fuerte Tiuna.

Un aniversario del intento de
Un aniversario del intento de golpe, en 2024. (REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria)

–¡No es una traición! –prosiguió, todavía de pie, golpeando la mesa, agitando sus mofletes, el general Velásquez–. ¡Es una posición de solidaridad con el pueblo venezolano! –bramó, y los generales sentados a su lado asintieron, moviendo dócilmente la cabeza.

El general Velásquez estaba indignado con el presidente Chávez. Se sentía humillado, desairado por el jefe del Estado.

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Chávez le había pedido que sacara los tanques a la calle para reprimir una marcha pacífica de los opositores, quienes deseaban llegar al palacio de Miraflores, hartos de sus exabruptos autoritarios, para forzar su renuncia. Pero Velásquez se había negado a obedecerlo y dispuso que la marcha no se detuviera.

Acorralado, temeroso de que la multitud llegase hasta su despacho y lo linchase o quemase vivo, como él sabía que a veces morían los déspotas, Chávez había dado instrucciones para que sus brigadas paramilitares se apostaran en los techos de los edificios vecinos al recorrido y, desde allí, los francotiradores más avezados disparasen contra la multitud, en particular contra la vanguardia de aquella algarada. Al ver por televisión que el presidente Chávez había ordenado a sus francotiradores que disparasen a los opositores que se dirigían a la casa de gobierno, el general Velásquez y los jefes de la Armada, la Guardia Nacional y la Aviación decidieron, ardiendo en furia, sintiéndose traicionados, que Chávez, el felón, debía caer, que Chávez, el pérfido, debía ser desalojado del poder, que Chávez, el golpista, debía ser depuesto mediante un golpe de las fuerzas armadas.

Fidel Castro y Hugo Chávez,
Fidel Castro y Hugo Chávez, en 1998.

–¡Le fui leal hasta hoy, señor presidente! –gritó el general

Velásquez, temeroso de que Chávez cogiese la pistola y se disparase un tiro en la cabeza–. ¡Le he perdido el respeto, señor!

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¡Ni mis compañeros de armas ni yo toleramos las violaciones a los derechos humanos ni los crímenes que su gobierno ha cometido hoy, atacando a una marcha pacífica y matando a personas inocentes!

De pronto se puso de pie el general Lucas Rondón, miró fríamente al presidente y le dijo, las palabras ardiendo en las llamas del odio y la venganza:

–Si no firma su renuncia, señor presidente, yo anunciaré en la televisión que usted ha renunciado y la gente me creerá y habrá júbilo en las calles. Le ruego que firme. Porque si usted entra en razón y firma su renuncia, no irá a la cárcel y lo dejaremos salir al extranjero.

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–Al país que usted elija –añadió el general Velásquez.

–¡No firmo nada, carajo! –rugió Chávez, y arrojó al piso el papel que Velásquez y Rondón habían redactado en Fuerte Tiuna, el acta de renuncia del jefe de Estado–. ¡A mí me eligió el pueblo, y solo el pueblo puede sacarme del poder! ¡Ustedes, miserables, no han sido elegidos por el pueblo! ¡Yo los he nombrado en los cargos que ocupan! ¡Me deben lealtad a mí, partida de escuálidos traidores!

El general Velásquez se acercó al presidente Chávez, lo cogió del pescuezo, como si quisiera estrangularlo, y le dijo, transfigurado en el hombre más poderoso del país:

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–No es un golpe. Es un pronunciamiento institucional apegado a la Constitución.

Asustado, Chávez se resignó, bajando la voz:

–Estoy en sus manos, señores generales. Hagan conmigo lo que ustedes crean conveniente. Pero yo no voy a renunciar ni a firmar esos papeles apócrifos que me han traído.

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House passes bipartisan housing bill as Trump zeroes in on affordability crisis

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

The House of Representatives passed a bill aimed at making it easier for everyday Americans to purchase a home, an issue that’s become a cornerstone of the affordability crisis plaguing much of the United States.

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The legislation, which passed with a 390-9 vote, is a rare show of bipartisanship in an increasingly polarized Congress, having gotten a significant amount of support from both Republicans and Democrats.

Housing affordability is also an issue that President Donald Trump has promised to tackle during his second term in office. 

Last month, he signed an executive order making it harder for large investment firms to buy single-family homes that could otherwise be purchased by American families, and his One Big Beautiful Bill Act also included tax incentives aimed at development in economically distressed communities.

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TRUMP SIGNS NEW LAW HELPING VETERANS AVOID FORECLOSURE WITH PARTIAL CLAIMS PAYMENT PROGRAM

House Speaker Mike Johnson leaves 10 Downing Street after meeting Britain’s Prime Minister Keir Starmer in London, Jan. 19, 2026. (Alberto Pezzali/AP Photo)

The legislation that passed on Monday is a wide-ranging bill with various measures aimed at growing the supply of affordable housing in the U.S., including incentivizing the construction of multifamily homes, taller buildings on smaller lots, and less restrictive permitting processes in state and local jurisdictions.

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The streamlining would include establishing a new pilot program under the Department of Housing and Urban Development (HUD) to award grants for creating «pattern books» of pre-approved housing designs that are already compliant with local building codes.

Parts of the bill are chiefly aimed at expanding «missing middle» housing, which is the range between single-family homes and larger apartment buildings.

I TRIED FOR YEARS TO BUY A HOME. WALL STREET ALWAYS BEAT ME — TRUMP MADE THE RIGHT CALL

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The measures are primarily aiding first-time home buyers as well as lower-income Americans, and housing developers focused on small and mid-sized housing rather than larger luxury construction.

A for sale sign on a home advertising a lower price

A «New Low Price» sign in front of a home in Crockett, Calif., on Sept. 24, 2025.  (David Paul Morris/Bloomberg via Getty Images)

Multiple public surveys released in recent months have found that Americans have a strong desire for more affordable housing. One poll shared by the site Affordable Housing Finance found that more than 60% of people surveyed supported increasing missing middle housing.

The bill was also pushed by lawmakers across the political spectrum. Its two main leaders in the House were House Financial Services Committee Chairman French Hill, R-Ark., a longtime Republican congressman, and progressive stalwart Rep. Maxine Waters, D-Calif., the top Democrat on the committee.

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Another proponent of the bill, Main Street Caucus Chairman Brian Flood, R-Neb., hailed it as «landmark legislation.»

PRO-TRUMP GROUP UNLEASHES BLUEPRINT FOR CRUCIAL HOUSING INITIATIVE FEATURING TOP MAGA INFLUENCER

«It doesn’t matter if you’re in a blue city or a red city, whether you’re a Habitat for Humanity in Omaha or, you know, a housing developer in Birmingham, Alabama, these issues aren’t partisan,» Flood told reporters on Monday. «In order to solve the housing crisis, we have to be able to remove a lot of the barriers.»

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Hill told reporters that the legislation did not get in the way of areas that had an oversupply of housing, either.

«If there’s not a demand for housing, this doesn’t get in the way of that. I mean, this requires a bank to be willing to lend a community development program to say that we should spend these dollars to build housing. And if there is a surplus of housing and pricing is affordable, then there wouldn’t be that market signal that says we need new housing,» Hill said.

Donald Trump speaks at the White House

President Donald Trump speaks to the press in the Oval Office of the White House in Washington, Feb. 2, 2026.  (Saul Loeb/AFP via Getty Images)

It comes as affordability appears to be an increasingly important topic in the coming November midterm elections.

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Other supporters of the legislation include Rep. Emmanuel Cleaver, D-Mo., and Rep. Marlin Stutzman, R-Ind., the latter of which championed a bill whose core tenets got folded into the final piece.

«If House Republicans and Democrats can agree on this package to increase housing supply and lower prices across the nation, the Senate should be able to swiftly send it to the president’s desk,» Stutzman told Fox News Digital. «Our constituents need the relief this bill offers.»

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Stutzman introduced a bill in September of last year aimed at streamlining the environmental review process for new rural housing projects.

The bill now heads to the Senate, where it must pass with bipartisan support before getting to Trump’s desk for his signature.

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Vuelos cancelados y aerolíneas que desvían sus rutas: Cuba se queda sin combustible para los aviones

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Cuba se queda este lunes sin combustible para aviones, una evidencia más de los graves efectos que está teniendo el estrangulamiento petrolero de Estados Unidos sobre una isla que se encontraba ya en una grave crisis económica y energética.

Como adelantó EFE, las autoridades cubanas informaron a las aerolíneas este domingo a través del servicio de comunicaciones Notam (Aviso a aviadores) y las compañías con vuelos diarios a la isla -principalmente estadounidenses, españolas, mexicanas y panameñas- empezaron a tomar medidas de emergencia.

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Las aerolíneas españolas Air Europa e Iberia, con rutas diarias a La Habana (Cuba), informaron que a partir de ahora en sus vuelos desde la isla a Madrid incluirán una parada técnica de repostaje en República Dominicana.

Air Canada, la principal línea aérea de Canadá, anunció este lunes que de forma inmediata suspenderá sus servicios a Cuba por la falta de combustible.

Otras compañías canadienses, el primer mercado de origen del turismo a la isla, comenzaron a reajustar sus frecuencias y rutas, así como a ofrecer cancelación de reservas o cambios sin penalización a sus clientes.

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El aviso de las autoridades cubanas en Notam afectaba a los nueve aeropuertos internacionales de Cuba y tenía, en principio, validez por un mes, del 10 de febrero al 11 de marzo.

El sector turístico completo, esencial para la economía cubana, está viéndose afectado por el asedio petrolero de Estados Unidos, que primero acabó con los envíos de Venezuela (3 de enero) y luego amenazó con aranceles a los países suministrasen crudo a la isla (29 de enero).

Entre las medidas de emergencia incluidas en el duro paquete anunciado por el Gobierno cubano para tratar de subsistir sin importaciones de petróleo (pese a que la isla sólo produce un tercio de sus necesidades energéticas) está la «compactación de infraestructuras hoteleras».

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En efecto, según confirmaron a EFE este sábado fuentes del sector, varios hoteles del país -principalmente en Varadero y los cayos del norte- han cerrado sus puertas de urgencia y transferido sus turistas a otras instalaciones como medida de ahorro.

La hotelera española Meliá explicó a EFE que cerraron tres instalaciones en la isla de forma provisional, una decisión operativa «basada estrictamente en los niveles de ocupación» para optimizar recursos y con la prioridad de garantizar el mejor servicio y experiencia a los clientes.


El turismo en Cuba se encontraba ya en horas bajas por la conjunción de la pandemia, las sanciones estadounidenses y la crisis del país. El año pasado cerró con apenas 1,8 millones de visitantes internacionales, frente a los 4,7 de 2018.

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El turismo había sido en Cuba una de las tres mayores fuentes de divisas, con las remesas y las misiones médicas (otros dos ámbitos en horas bajas).

La escalada de la presión estadounidense cae sobre la isla en su peor crisis económica en décadas, con escasez de bienes básicos (alimentos, combustible, medicinas), elevada inflación, dolarización parcial, prolongados apagones diarios, derrumbe de la producción, abultado déficit fiscal y una migración masiva.

El oficial Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) estima en su informe del segundo semestre del año pasado que el producto interno bruto (PIB) de la isla se contrajo un 5 % en 2025, con lo que la economía nacional habría caído más de un 15 % desde 2020.

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El documento habla de una «coyuntura crítica» con «solapamiento de crisis» y de «un modelo económico agotado y sin resortes efectivos» para «transformar una realidad necesitada de cambios estructurales y una renovada capacidad de adaptación».


Sobre 2026, el CEEC advierte de un «escenario dominado por la incertidumbre» y percibe como optimista la previsión del Gobierno cubano de crecer un 1 %. Y eso, antes de la orden presidencial que amenaza con aranceles a quien suministre petróleo a la isla.

México, uno de los principales suministradores de Crudo a Cuba en 2025, optó por suspender los envíos de petróleo y mandar a la isla 814 toneladas de ayuda humanitaria. Los dos barcos militares mexicanos con alimentos y productos de higiene tienen previsto atracar en Cuba a mediados de este semana.

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Con información de la agencia EFE

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