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Ningún lector es mejor que otro por leer más

Hasta hace algún tiempo, solía yo contar esta historia: Cuando tenía siete años, en mi escuela pusieron a dar clase de Castellano a un profesor nuevo, joven, de rasgos y apellidos profundamente indígenas. Este maestro hacía muchos esfuerzos por enseñar una lengua que al parecer no era su lengua materna. Cometía muchos errores ortográficos al escribir y yo, que he tenido una habilidad o maldad congénita para detectar errores, se los observaba a cada momento. En principio el maestro se lo tomó con calma, pero, a medida que pasaban las semanas, se iba poniendo furioso cada vez que yo corregía sus errores. Debo confesar que esperaba con ansias que el profesor cometiera un error para advertírselo y esa crueldad natural infantil fluía en mí de manera determinante. Tanto lo molesté que el hombre pidió al director de la escuela y a mi padre, profesor de la misma institución pero de chicos más grandes, que me cambiaran de curso. Y así pasó.
Con el pasar de los años, he vuelto a reflexionar sobre estos hechos, y lo que hace una década me parecía una muestra de un talento incipiente que mostraba con orgullo, hoy me resulta vergonzoso. Ni el maestro ni yo teníamos la culpa de una circunstancia sumamente particular de nuestras sociedades: el clasismo. Quién sabe lo que este hombre habría tenido que sufrir. Seguramente venía, él o sus padres, de una comunidad indígena, a más de 3000 msnm, para estudiar una carrera que por esos años y aún hasta ahora resulta la tabla de salvación de miles de jóvenes que no tienen los medios de acceder a otro tipo de profesiones. Años después también descubrí que el sistema educativo está tan mal administrado que a esos profesores recién graduados los ponen a dictar Lenguaje o Castellano porque consideran que es una materia fácil. De raíz, el sistema educativo desconoce las habilidades o aptitudes de su propio personal, tanto es así que maestros de educación física pasan a ser profesores de Filosofía o Ciencias Sociales de un año para otro. Lo más probable es que ninguno de esos maestros haya tenido la posibilidad siquiera de tener acceso a una biblioteca pública y, mucho menos, a una pequeña biblioteca en casa.
Tampoco en la lectura es mejor quien lee más. Ningún lector es mejor que otro por cantidad.
En el pueblo en el que vivíamos no había una biblioteca, tampoco librerías. Los pocos libros de literatura que teníamos se los debíamos a un concurso de oratoria que mi padre había ganado muchos años atrás. Eran tres novelas de George Simenon, La cabaña del tío Tom y la Historia del Ecuador de Federico González Suárez. Quién sabe con qué criterio se escogieron estos particulares premios, pero fueron mis primeras lecturas y el paso al descubrimiento de un mundo más allá de una educación que trataba de enseñar tu propia lengua sin más que los textos escolares, ya que tampoco la escuela contaba con una biblioteca. Mis padres eran maestros en la misma institución. Mi padre daba algunas materias relacionadas con las Ciencias Sociales, Civismo y también Matemáticas, ya que había estudiado una rara carrera que unía la Filosofía y las Ciencias Socioeconómicas. Mi madre, por su parte, era profesora de Educación Física. De ella aprendí el denodado amor por el deporte y el sufrimiento. Pero ese es otro tema.
Lo cierto es que siendo hijo de maestros teníamos pocos libros de literatura. Mi madre tenía muchas fotocopias, recuerdo, de libros de Anatomía y de ejercicios de todo tipo. Me gustaban mucho porque tenían dibujos de gente en toda clase de posiciones. Luego ya nunca más me gustaron los libros con dibujos. Hasta ahora, los libros ilustrados no se me dan. Los hojeo sin mucho entusiasmo y solo me engancho si el texto es bueno. No tengo ningún problema con los ilustradores, pero mi fascinación siempre han sido las palabras. Por ello, la primera vez que descubrí que había un sitio donde se podían prestar libros, cambiaría mi vida. Ese sitio, que ahora dirijo, porque la vida es así de irónica y pone las cosas no en su lugar sino donde le da la gana, se llamaba o se llama Biblioteca Municipal Federico González Suárez, en el Centro Histórico de Quito.

Como maestros municipales, mis padres tenían que ir desde el pueblo donde vivíamos hasta el centro histórico de la ciudad para cobrar su sueldo en efectivo. Eran los años ochenta. El trayecto duraba más o menos dos horas, pero me gustaba mucho porque era el único día en que nos sentíamos ricos y, además, el contraste entre la carretera Panamericana cuando la ciudad empezaba abrirse me resultaba fascinante. Había grandes letreros por toda la ciudad y la publicidad usaba mucho las palabras. Mi pasatiempo favorito era ir corrigiendo los errores que notaba e iba todo el camino mostrando a mi madre mis descubrimientos: Mira, mami, decía, allí han escrito «javon» con v o allí han puesto «se nesecitan hoperarios», con s c y h. La gente en el autobús me miraba como a un bicho raro, pero nunca me ha importado lo que diga la gente sobre lo que digo y menos ahora sobre lo que escribo. Pero ese es otro tema.
Hay lectores egoístas, hay lectores generosos, hay lectores críticos, hay lectores displicentes, hay lectores insoportables
Al llegar al centro histórico, mis padres nos dejaban, a mi hermana y a mí, mientras ellos iban a hacer la fila para el cobro de su sueldo, en la sala infantil de la Biblioteca Municipal. El espacio en ese tiempo se llamaba Ludoteca y tenía libros y juegos. Ahora, cada vez que ingreso a mi oficina por la misma puerta que ingresaba cuando era niño, en este edificio antiguo desde el que escribo, llamado Biblioteca Municipal, algo dentro de mí se remueve y recupero ese chispa de fascinación por todo que tuve en la infancia, porque es de los pocos recuerdos que tengo en que fui muy feliz y creo que mi hermana también. Las bibliotecarias no eran tan amables como ahora y casi no te permitían tocar los libros, a menos que te pidieran leer en voz alta un pasaje de la lectura de ese momento. No existía siquiera la idea de la mediación y la lectura se miraba como una obligación.
De hecho, en mi adolescencia, usé esa obligación de leer como escapismo. No será la primera vez que alguien diga que la lectura o la escritura son formas de escape, pero la experiencia del escape es individual y nunca se puede comparar la mía con la de ustedes. La mía me sirvió para escapar, en específico, de mi padre, que apenas veía que perdía el tiempo, me ponía a hacer las cosas más absurdas que se le pueden ocurrir a los padres, como pasar piedras o arena de un lado al otro. Puedes torturar a un hombre, creo que decía Dostoievski, pero nunca le des un trabajo sinsentido. Entonces, para evitar la tortura del sinsentido, recurrí a la lectura como forma de no hacer las cosas que mi padre me pedía. Siempre que me pedía rascar una pared o lijar una tabla rasa, yo le decía que no podía, que tenía que leer. Y no sé por qué la palabra leer le causaba un respeto enorme y se paraba en seco, entonces yo abría una de las novelas o libros que había pedido en la biblioteca de la secundaria y hacía como que leía, pero luego me enganchaba y no podía parar.
La experiencia de la secundaria también fue significativa porque está directamente relacionada con la biblioteca. Tenía que viajar hasta la ciudad hora y media hasta llegar al colegio que habían escogido mis padres, en ese momento y, según ellos, el mejor de la ciudad. Era un colegio de varones, municipal también como había sido mi primaria, sumamente estricto y exigente. Solo admitían, de hecho, a quienes habían obtenido los mejores puntajes en sus escuelas primarias. No me voy a jactar de eso ni mucho menos porque mi experiencia, si no hubiera sido por la biblioteca, habría sido traumática más que afortunada. No me gustaba ver hombres todos los días. Venía de una escuela mixta, donde había niñas con quienes jugábamos y peleábamos, pero había niñas. Acá no había ni maestras. Parecía un cuartel. Toda esa experiencia saldría después en una novela titulada Taco bajo, que bien pueden leer, pero no también pueden fingir que la leen como yo hacía con mi padre. Porque mi padre era muy estricto conmigo y tenía una idea metida en la cabeza: «ser el mejor», esa idea absurda que muchos padres meten en la cabeza de sus hijos y que genera una competencia malsana. Tampoco en la lectura es mejor quien lee más. Ningún lector es mejor que otro por cantidad. La lectura es una experiencia personal que no te hace tampoco mejor ni peor persona. Es una experiencia única, sí, distinta a cualquier otra, sí, pero no mejor que correr o andar en bici o hacer el amor. Leer es eso, leer.
Los ladrones de libros son tan pocos que es muy práctico tener libros en el auto, por todos lados. Esos carros no se atracan
En ese largo trayecto de mi casa al colegio y viceversa, leí muchos libros, pero sobre todo hice infinitas reflexiones sobre lo que leía. Me dejaba llevar por mi intuición y escogía los libros por el título y la materia. Si era un buen título, lo pedía. En ese tiempo, no se permitía acceder directamente a los libros. Los teníamos que pedir por medio de una ficha y era la bibliotecaria, casi siempre mujer, con seguridad de las pocas mujeres que había en ese colegio, quien te entregaba el texto para que lo leyeras en sala o te lo llevaras. Yo me llevaba siempre lo que pedía, por intuición, como digo, y muchas veces no los terminaba de leer porque me aburría o no entendía. No entender me causaba frustración y rabia. Pero luego fui entendiendo que la lectura es un entrenamiento como cualquier otro. Hay libros que son complejos porque lo demandan, pero también hay libros que pudiendo haber sido simples, son complejos. Yo no entendía por qué había gente a la que le gustaba que otra gente no le entendiera nada, sobre todo en la filosofía. Y así descubrí el germen de la filosofía.
El préstamo de libros de la biblioteca de mi colegio me permitió no aburrirme durante las horas de viaje entre el colegio y mi casa. Aprendí a leer de pie, con un solo brazo, arrimado al asiento ocupado por otra persona, en la tortuga caliente del autobús, contra la puerta o equilibrado sobre el cuerpo de otra persona. Aprendí a leer con todo tipo de música de ambiente: cumbias, salsa, vallenato, pasillos, tangos y sanjuanes. Nada ha podido distraerme nunca cuando estoy absorto en la lectura. Alguna vez una señora me dijo que no debía leer así, que la retina podía desprendérseme. Hasta ahora mi retina no se ha desprendido más que de los libros. Los libros me han ayudado a dormir en épocas de insomnio, me han servido de arma contra ladrones que me han metido la mano al bolsillo, me han servido de paraguas y de parasol, de almohada y, sobre todo, de compañía. Cuando uno lleva un libro en la mano o bajo el brazo, siente que siempre va acompañado. No hay sentido, además, que no esté comprometido con la actividad de la lectura: el tacto, la vista, el olfato, el oído y, sobre todo, el gusto. Por ello hablamos del gusto por la lectura.
Últimamente se ha romantizado tanto el ejercicio de la lectura que parecería ser el remedio para todos los males. Sin embargo, al contrario de lo que parecen decir los adalides de la cultura, leer libros no te hace mejor persona ni te vuelve más generoso ni empático con el mundo. Tampoco te hace mejor artista ni mejor escritor. La gente que lee no es mejor que nadie. Lee y punto. Los motivos por los que leemos suelen ser variados y en lo más profundo tienen que ver con la vanidad. Leemos para ser considerados iguales, para ser parte de un grupo, para ser escuchados, pero también para escuchar la opinión del otro. Aún el lector más solitario, establece un diálogo con otro imaginario que escribe. Ese diálogo es el estatuto de la cultura, es decir, una herramienta social.

Hay todo tipo de lectores y tiene que ver directamente con la personalidad. Lo mismo sucede con los escritores. Hay lectores egoístas, hay lectores generosos, hay lectores críticos, hay lectores displicentes, hay lectores insoportables. Ningún lector es igual a otro. Hay lectores que subrayan las páginas con bolígrafo, hay otros que usan lápices, hay los que usan resaltador, hay quienes doblan las páginas de las esquinas, hay quienes doblan las páginas por la mitad, hay quienes hacen anotaciones, dibujos y hasta caras. Hay quienes escriben en la página blanca final. Hay quienes jamás prestan un libro y hay quienes jamás los devuelven. Esos son los peores. Los lectores son únicos. No hay dos lectores iguales. Toda política de democratización del acceso a la lectura debería empezar por allí.
Los estados establecen índices absurdos de la lectura en los países como si de una competencia se tratara. En España se leen tantos libros por año, en Francia otros tantos, en Ecuador tantos, en Argentina otros tantos. Y los países que estamos en los índices más bajos sentimos que le hemos fallado a la cultura, a la patria y a los héroe que nos liberaron. La lectura, en estos momentos, no se reduce a un solo dispositivo. El libro ya no es más el objeto deseado donde reposan los elementos fundamentales de la cultura. Ahora el libro, como decimos en Ecuador, debe hacerse desear. Hemos fundado una cultura, como diría Monsiváis, con aires de familia, pero las familias han cambiado, asimismo los lectores y, por ende, las bibliotecas.
La gran mayoría de ciudadanos, al menos en Ecuador, desconocen que pueden ingresar a una biblioteca pública y pedir un libro. Saben leer, pero no se les ha garantizado otros dos derechos universales: querer leer y poder leer. Los libros deben acercarse a las personas, no al revés. Las bibliotecas ya no son claustros ni museos donde reposa la memoria de un país. Deben abrirse y dialogar con la comunidad.
Tenemos tanto miedo de que los libros se pierdan. Si un libro se pierde es porque alguien lo deseaba. Los ladrones de libros son tan pocos que es muy práctico tener libros en el auto, por todos lados. Esos carros no se atracan. Los ladrones piensan que quien tiene solo libros no debe tener nada de valor. Pero es porque en general los ladrones comunes no leen y no visitan las librerías de viejo, menos las bibliotecas. Prestar y devolver libros debería ser una actividad cotidiana que la comunidad reconoce como suya. Pero basta con el deber ser. Nada es como debe ser ni los libros van a llegar a los lectores por arte de magia.
Tanto se ha vuelto el libro un objeto de culto que en nuestras sociedades resulta inalcanzable. De allí que las bibliotecas se conviertan en espacios de democratización, pero sobre todo de resistencia. Frente a una sociedad neoliberal voraz donde los libros no son más que otro objeto de consumo y, mientras más caros, mejor, las bibliotecas se rebelan y ofrecen aquello que para el ciudadano común es inasequible. No creo que haya una sola biblioteca fundada sobre la base de otra intención. De hecho, gran parte del negocio editorial se sostiene gracias al sistema de compras de las bibliotecas públicas.
Al finales del siglo XIX, un miembro del Concejo Municipal de Quito decidió cambiar las sesiones del Concejo que se realizaban en la noche para la mañana, para así ahorrar el gasto en velas y destinar ese presupuesto para la compra de libros. Así nace la Biblioteca Municipal de Quito. Este hombre, que se llamaba Leonidas Batallas, hizo posible que se abriera la primera sala de lectura pública de la ciudad por amor a los libros. Hizo posible un derecho ciudadano que ha sido la base, a pesar de los gobiernos, de la creación de las bibliotecas públicas alrededor del mundo: el acceso al libro, apenas hace poco más de un siglo.
Por último, la lectura no es un acción exclusiva de relación con los textos que aparecen en un libro. Se leen las pinturas, las ciudades, los paisajes, los rostros y las personas. Se leen la música, los símbolos, las señales, los colores, porque todo está atravesado por el lenguaje. La química, la matemática, la física, el álgebra son lenguajes que se leen. Casi nada de lo que ha desarrollado el ser humano escapa a la acción de leer. Sin embargo, parece increíble que haya todavía 773 millones de adultos analfabetos en el mundo, la mayoría de ellos mujeres. Y así, nos sigue preocupando la cantidad de libros por año que un individuo lee en cada país.
Esa visión estadística obtusa hace que los planes de lectura de los países quieran demostrar sus avances, casi siempre irrisorios, con cifras. Les encantan las cifras. Lo que no parece advertirse es que las cifras también se leen y que todo tipo de fomento debe empezar por lo básico: saber leer. Preocupados por cuántos libros se publican, cuántas editoriales independientes se abren o cuántas librerías se cierran, olvidan que el eje principal de la lectura no son los escritores ni los editores ni las librerías, son los lectores. Y que el único espacio que garantiza el acceso gratuito a libro son las bibliotecas públicas y las bibliotecas comunitarias. Y esos espacios resisten porque gente como ustedes o como nosotros los defendemos día a día.
Ya que estos espacios sufren una amenaza latente, la de los funcionarios de las administraciones que creen que las bibliotecas están en desuso y que quieren esos espacios para cualquier otra cosa. Funcionarios que no habilitan partidas para contratar bibliotecarios, que no aprueban presupuestos para adquisición de libros ni para dispositivos de lectura que garanticen el acceso de los lectores a bibliotecas digitales. Para qué, si la gente no lee. Esta aseveración la he escuchado desde hace décadas y ha sido el justificativo para no dar fondos, cerrar espacios de lectura, apropiarse de bibliotecas, arrumar libros, evitar el préstamo, condenar a fondos antiguos y eliminar presupuestos. Para qué, si la gente no lee.
*Escritor y editor. Coordinador de la Red Metropolitana de Bibliotecas de Quito.
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“Te velamos el 21 de junio”: el conmovedor prólogo de la hija de Juan Forn a un libro de su padre

Fotos de sus manuscritos, anotaciones, frases, algunas reflexiones y, tal vez lo principal, un prólogo de Malena, la hija de Juan Forn. Esas son las novedades de la edición que hace ahora Godot de Cómo me hice viernes, el libro donde el escritor y editor, que murió en 2021, repasa su pasión literaria.
Cómo me hice viernes salió originalmente en 2018, por la editorial Documenta. El título alude a las contratapas que Forn escribía en el diario argentino Página/12.
El escritor murió en Villa Gesell, donde vivía, a los 61 años. Aquí el prólogo de su hija.
Te velamos el 21 de junio de 2021. Hacía frío, pleno invierno en Gesell, el día estaba despejado, había mucha luz y la playa estaba espectacular para caminar, como a vos te gustaba. Lo hicimos en el Pipach, ese centro cultural abandonado con grandes ventanales y una terraza que mira al mar con la pintura corroída por la sal.
Llegué con Ludmila y Jose. Yo me había puesto una camisa de lino blanca que era tuya, con un jean ancho abajo, pero cuando nos bajamos del auto en la rotonda que mira al mar decidí que ese pantalón no me quedaba bien y Jose se ofreció a cambiármelo. Así que con el viento frío y frente a tode le que estuviera pasando por una de las playas principales de Gesell nos quedamos en bombacha e intercambiamos pantalones.

Cuando entré vi que había candelabros y cruces plateadas decorando el salón vacío. El cajón estaba pegado a la pared mirando a la puerta de entrada. Todo estaba mal, así que lo cambiamos.
Te pusimos mirando a la pared de enfrente, con el mar de fondo que se veía en los ventanales, y pegamos fotos sobre la ventana (una especie de recorrido por tu vida), te pusimos tus anteojos, el libro que estabas leyendo y unas flores de porro en el pecho.
El secretario de Cultura estaba muy preocupado por la falta de flores en Villa Gesell, se acercó respetuosamente a pedirme disculpas por no haber traído la corona de flores tradicional que se utiliza en los velorios, e inocentemente contesté: “Pero mi papá no es Gilda” (mi única concepción de una corona de flores es la que se usa en la cabeza).

Jose y Ludmila fueron a buscar flores por la playa, dicen que se reían y lloraban mientras las juntaban. Las pusieron cuidadosamente en el cajón, enganchadas en el borde de encaje blanco que lo cubría. No hubo otras flores en todo el velorio y, si me permitís aclarar, fueron las más lindas.
Vinieron las Solá y Ezequiel (que ahora es Tequiana, no llegaste a enterarte) y trajeron el cuadro con la escena de la Divina comedia, tu banquito donde dejabas los libros por leer y un par de cosas tuyas.
Mamá trajo las fotos, dijo que no se animó a verlas, así que las eligieron sus amigas.
Gloria no se animaba a entrar, todes insistieron y en algún momento entró. En el medio del revuelo, el llanto y demás, Gloria siente algo en la pierna, se asusta y grita. Era una bombacha que le había quedado enganchada cuando se estaba cambiando a la mañana.
Me paseé entre todes les presentes con un frasco de tu porro con el discurso de: “¿Querés un poco del último porro de mi papá?”. En un momento sentí que alguien me tocaba el hombro y lo veo al Turco, un mastodonte armenio, campeón de jiu jitsu con ojos vidriosos y voz de niño diciéndome: “¿Me das un poquito del porro de mi amigo?”.
También se me acerca Toni, con ojos pícaros, y me consulta suavemente: “¿Y si lo llevamos al mar? La imagen fue clara, Toni dirigiendo a tus amigues mientras pasean el cajón por la orilla del mar y vos te vas bamboleando mientras sonreís, porque a mí nadie me puede discutir que tu semblante era el de una persona en paz con una semisonrisa preciosa. Calculo que alguna negativa balbuceé porque el deseo de Toni contrariaba cualquier lógica, pero entre nosotres dos, pienso que hubiera estado buenísimo.
Morena se acerca al cajón, digna hija de Toni, y con su síndrome de Down que a veces no la deja comprender las cosas de la misma manera que nosotres. Te mira y dice: “Dale, Juan, despertate, boludo”. Ante la clara negativa de despertarte, Toni se apura en comentar que estás en el cielo, que no podés escuchar. More lo mira como si fuera idiota y contraataca: “¿Cómo va a estar en el cielo si está acá?”, a lo que Toni aclara: “Es que el alma ya está arriba pero el cuerpo tarda un poco más en irse, es siempre así”. More se desespera y no entiende, a lo que Toni, ansioso y también cansado, explota: “¡More! Como un cohete, sale volando como un cohete”. Morena, con ojos pacíficos y lógica inagotable, lanza: “Y si es un cohete, ¿dónde están los botones?”.

Olimpia estaba destrozada, abrazaba a su nieta con fuerza y se lamentaba: “Ay, mi patroncito” (así te decía siempre, muy a tu pesar), y le cuestionaba a Guille: “¿Por qué no se murió usted?”. Y sí, si lo pensás un poco tiene lógica, Guille es más grande, tiene grandes problemas de salud, y si vamos a ser totalmente sinceres, creo que todes pensábamos que entre ustedes dos Guille se moría primero. Yo me reía para mis adentros pensando en la impunidad que da el dolor, y cómo nadie le cuestionaría a Olimpia decir lo que estaba diciendo, ni siquiera Guille. Qué te voy a decir, las consecuencias de compartir empleada doméstica. Ella tenía su favorito.
Cuando salí a la terraza a fumarme un pucho (sí, ahora fumo, calculo que no tendrás muchas objeciones, de todos modos no tenés manera de compartirlas conmigo), veo a dos personas filmando desde la costanera con un palo de selfie. Salí como una tromba. Furiosa, les dije: “Esto es un velorio privado, no pueden filmar”, se apuraron en aclararme que eran del canal de Villa Gesell, que no querían molestar. Poseída por el espíritu cabrón que te caracterizaba, les tiré una sarta de reprimendas sobre la moral y el respeto ante la muerte ajena. Mientras les pobres periodistas se iban deshaciendo en disculpas y guardaban sus cosas en el auto para irse, les freno en seco: “¿Y ahora a dónde van? Ya vinieron hasta acá, y ahora vas a filmar a toda la gente que quería a mi papá y lo vino a despedir. Ah, y guardá ese palo de selfie de mierda y traé un equipo como la gente”. Me siguieron cuidadosamente e hicieron unas pequeñas tomas de tu gente acompañándote.
Alrededor del mediodía enfilamos al Náutico, el restaurante que queda frente al Pipach, mirando al mar. Estaba lleno, como si fuera un día cualquiera de temporada alta, pero es invierno, y todos tus afectos ocupan las mesas. Guille está sentado en su mesa de siempre, la primera a la izquierda, cerca de la cocina y con vista al mar. Lo acompaña Juancho, exalumno tuyo de taller, hoy jefe máximo de una de las editoriales más grandes del país. Habían tenido alguna discusión boluda que los tuvo alejados un tiempo, pero casualmente unos meses antes de que te murieras, volvieron a acercarse. Me senté con ellos como si fuera una de las innumerables veces que vos te sentaste ahí, en su mesa, a cenar y charlar con Guille. Al cabo de un rato, Juancho observa que mis amigues, que están en otra mesa, me están mirando. Me dice: “Andá, andá con tu generación”.
En mi mesa están todes acompañándome. Luis, el dueño de Náutico, me acerca, sin que lo pida, lo que más nos gustaba comer ahí: langostinos rebozados. Y cuando pido un gin-tonic manda a la moza con la botella a servirme, y me dice: “Decime hasta dónde”. Confundida, la miro a Jose: “¿Podés decidir vos?”. Ella le dice a la moza: “Hasta ahí”; y yo agrego: “Un poquito más”. Y es así como con un copón de 80 % gin y 20 % tónica terminé en pedo en tu velorio.
Después de comer, enfilamos de vuelta al Pipach. Yo llevaba un vaso de plástico con lo que me quedaba del gin matador, y cuando estaba sentada esperando que se me pasara la borrachera, se acerca una joven periodista bellísima y me pregunta si tengo unos minutos para hablar; la habían mandado desde la Ciudad de Buenos Aires a cubrir el evento y le faltaba hablar conmigo. Así que fumando, entre risas y llanto, le conté de vos, cómo habíamos organizado este desopilante velorio. Días después, sacó la bendita nota, que quedó hermosa.
Mamá se paseaba por todos lados fumando porro sin parar, acompañada de su nueva pareja (que ahora no es tan nueva, pero en ese momento sí) y lo miraba mientras fumaba y le decía: “Me vas a tener que disculpar, mi amor”. Está más suelta y divertida, te gustaría esta nueva versión de ella.
El de la casa velatoria me avisa que ya se tienen que llevar el cajón, así que recomienda una última ronda para despedirse del difunto (no te enojes conmigo, él te dijo así). Todes pasaron a hablarte y despedirte. Cuando llegó mi turno, me di cuenta de que no tenía nada más para decirte, nada que no te hubiera dicho en las otras instancias en las que había estado junto a tu cuerpo inerte, hasta que me bajó. Papá, nunca te dije pero… tengo piercings en los pezones.
Y así como si nada, era hora de llevarte a la camioneta. Toni y tus amigues enfilan a llevar las manijas del cajón, a lo que objeto: “No, vamos las chicas”. Mamá, María, Jose, tu hermana Eugenia y yo. En el momento en el que intento levantar la manija me doy cuenta de que es pesadísimo, no tenía idea de que era tan difícil llevar un cajón. Te subimos a la camioneta y todes aplaudieron, chiflaron y te despidieron. Y sobre todo el bullicio, un grito con la voz de Morena, inconfundible: ¡Magoya!, su código en común, el título que le querías poner originalmente a tu colección Rara Avis.
Magoya, pa, ahora estás en paz.
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A look back at the biggest presidential Thanksgiving scandals, surprises

NEWYou can now listen to Fox News articles!
Thanksgiving typically slows the news as Americans gather with family and friends. But the holiday also has a habit of amplifying Washington, D.C.’s political drama and surprises.
Americans are no strangers to controversy and scandals, including a handful that have played out across the decades as citizens gathered around the dinner table for Thanksgiving or headed out for Black Friday shopping.
Fox News Digital took a look back at the biggest scandals and political events that rocked Washington, D.C., around the fall holiday.
5 FACTS ABOUT THE HISTORY OF THANKSGIVING YOU CAN SHARE BETWEEN BITES OF TURKEY THIS HOLIDAY
Former President Richard Nixon delivered his famous «I am not a crook» line during a press event just ahead of Thanksgiving 1973. (Bettmann Archive/Getty Images)
‘I am not a crook’
The Saturday before Thanksgiving in 1973, President Richard Nixon held a press conference in Orlando, Florida, where he famously said he was not a «crook» as the Watergate break-in and subsequent scandal came to light.
At the heart of the scandal were Nixon’s efforts to obstruct justice by directing a cover-up of the Watergate office complex break-in, including suppressing the FBI’s investigation, paying hush money and misusing federal agencies to shield his administration from scrutiny.
As the scandal surrounding the break-in of the Democratic National Committee headquarters heated up, Nixon defended himself in a televised Q&A with newspaper editors gathered at Walt Disney World for a convention.
«Let me just say this, and I want to say this to the television audience: I made my mistakes, but in all of my years of public life, I have never profited, never profited from public service. I have earned every cent,» Nixon said, initially answering questions about his personal finances. «And in all of my years of public life, I have never obstructed justice.
«And I think, too, that I could say that in my years of public life, that I welcome this kind of examination, because people have got to know whether or not their president is a crook. Well, I am not a crook. I have earned everything I have got.»
Nixon resigned in August 1974 with an impeachment process underway and a grand jury prepared to indict him on charges of bribery, conspiracy, obstruction of justice and obstruction of a criminal investigation related to the Watergate cover-up.
Nixon was later pardoned and did not face any federal prosecution in the matter.

President Ronald W. Reagan speaking to the press during the Iran–Contra hearings. (Diana Walker/Getty Images)
Iran–Contra breaks open
Details unraveled about the Iran–Contra affair in the early days of November 1986 before crescendoing the week of Thanksgiving, including then-President Ronald Reagan dismissing Lt. Col. Oliver North and announcing the resignation of National Security Advisor John Poindexter two days before the holiday.
News began to percolate overseas in early November 1986 that the U.S. made a secret arms sale to Iran to secure the release of American hostages held in Lebanon. U.S. officials later divulged the funds from the deal were used to fund an anti-communist rebel group in Nicaragua called the Contras.
Two days before Thanksgiving, Reagan announced he had dismissed North from the National Security Council, with Poindexter resigning that same day. On Thanksgiving eve, Reagan announced the creation of a Special Review Board to review the National Security Council’s role in the deal, later known as the Tower Commission.
MEET THE AMERICAN WHO GAVE THE NATION OUR FIRST THANKSGIVING ORIGIN STORY: PILGRIM EDWARD WINSLOW
The fallout from the report continued over the holiday and even into the George H.W. Bush administration, when the president granted pardons to a handful of individuals involved on Christmas Eve 1992.

President Bill Clinton answered the House Judiciary committee’s 81 questions as part of its impeachment inquiry the day after Thanksgiving in 1998. ( Diana Walker HC/Contour by Getty Images)
Clinton’s impeachment heats up
While many Americans were out shopping on Black Friday in 1998, the Clinton White House delivered President Bill Clinton’s written responses to 81 questions from House Judiciary related to his affair with intern Monica Lewinsky as part of an impeachment inquiry.
Clinton already had declared to the nation that he «did not have sexual relations with that woman, Miss Lewinsky» in January 1998, and the House authorized an impeachment inquiry in October that intensified around the Thanksgiving holiday. The Judiciary had sent Clinton 81 questions that focused on his relationship with Lewinsky based on independent counsel Kenneth Starr’s report that included evidence related to the affair allegations.
Clinton returned the 81 questions on Black Friday, which included questions about his relationship with Monica Lewinsky and his conduct in the Paula Jones case, which accused him of sexual harassment in 1994. Judiciary Republicans accused Clinton of playing «word games» in his responses, which included Clinton denying he committed perjury or obstructing justice, and the impeachment inquiry continued.
TRUMP, DEMOCRATS LOCKED IN ENDLESS CYCLES OF PAYBACK AFTER COMEY INDICTMENT AND TARGETING PRESIDENT’S ENEMIES
The House ultimately impeached Clinton on charges of perjury to a grand jury and obstruction of justice related to his efforts to conceal the affair with an intern, while the Senate voted to acquit Clinton on both articles of impeachment.

President George W. Bush traveled to Iraq in 2003 to meet with troops without the public’s knowledge. (Tim Sloan/AFP/Getty Images)
Bush’s secret Thanksgiving trip to Iraq
In a more light-hearted Thanksgiving political event, President George W. Bush quietly traveled to Iraq in 2003 to meet with the troops stationed in Baghdad. The visit, cloaked in secrecy until he was there, marked the first time a sitting president visited Iraq.
AMERICA’S ‘UNIQUE’ THANKSGIVING STUFFING PREFERENCES STATE-BY-STATE
«Our planners worked to answer every question,» Bush said at the time about the intense planning for the trip. «I had a lot of questions.»
Bush was on the ground for over two hours before he made the trip back to the U.S. The trip set off some claims that the president was working for a political gain ahead of the 2004 election, while the administration brushed off such claims while stressing the commander in chief’s visit was focused on supporting the troops amid a war.

President Donald Trump pardoned former National Security Advisor Michael Flynn the day ahead of Thanksgiving in 2020. (Drew Angerer/Getty Images)
Trump pardons Michael Flynn
Just after 4 p.m. on the eve of Thanksgiving in 2020, Trump announced he delivered a full pardon to his former national security advisor, retired Army Gen. Michael Flynn.
The White House later in the day released a statement saying Flynn «should never have been prosecuted» and that the pardon ends «the relentless, partisan pursuit of an innocent man.»
TRUMP ISSUES SWEEPING PARDONS FOR 2020 ELECTION ALLIES — WHAT THE MOVE REALLY MEANS
«While today’s action sets right an injustice against an innocent man and an American hero, it should also serve as a reminder to all of us that we must remain vigilant over those in whom we place our trust and confidence,» the statement continued.
The pardon ended a yearslong legal battle stemming from then-special counsel Robert Mueller’s investigation into Russian interference in the 2016 election. Flynn’s pardon was preceded by his 2017 guilty plea for lying to the FBI about contacts with Russia. He also had admitted to filing paperwork under the Foreign Agents Registration Act. His sentencing, however, was stalled due to his cooperation with authorities.
In 2019, Flynn claimed he was innocent in the case and sought to withdraw his guilty plea, citing alleged government misconduct.
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The Department of Justice was in the midst of moving to dismiss the case when Trump pardoned Flynn.
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INTERNACIONAL
Las aerolíneas afectadas por el fallo de Airbus anunciaron cancelaciones y retrasos en vuelos programados para el fin de semana

Varias aerolíneas en distintas regiones del mundo reportaron este viernes demoras, cancelaciones y reprogramaciones a raíz de la advertencia técnica emitida por la empresa Airbus, relacionada con aeronaves de la familia A320neo.
La compañía europea identificó un “problema de software global” en estos modelos, actualmente en operación en múltiples continentes, e instruyó a los operadores a aplicar medidas preventivas inmediatamente.
En el caso de Estados Unidos, American Airlines señaló que 340 aviones de su flota se encuentran alcanzados por el anuncio y anticipó que podrían experimentarse “algunos retrasos operativos”, aunque esperan completar las revisiones y actualizaciones “entre hoy y mañana (sábado)”.
Delta Airlines sumó que cumplirá estrictamente con las directrices de seguridad definidas por Airbus y confía en que el impacto de la medida “sea limitado”. JetBlue y United Airlines también informaron sobre las afectaciones en sus servicios, justo en uno de los momentos de mayor demanda del año por la celebración del Día de Acción de Gracias, que, según la Administración Federal de Aviación de EEUU, movilizó a millones de estadounidenses.
En Europa, la húngara Wizz Air advirtió a sus pasajeros sobre posibilidades de interrupciones en vuelos programados debido a la actualización requerida por Airbus. Desde el Reino Unido, EasyJet comunicó que está “trabajando estrechamente con las autoridades de seguridad y Airbus para implementar las medidas que se deben tomar” y aclaró que informarán directamente a los clientes sobre cambios en los vuelos.

El aeropuerto londinense de Gatwick notificó que cerca de 80 vuelos experimentaron problemas a lo largo del viernes y precisaron que la causa fue el mismo inconveniente con la familia A320neo. La terminal aérea de Heathrow informó que el mantenimiento exigido para algunos aviones Airbus A320 actualmente no afecta a sus operaciones y por este motivo, remarcó la disparidad del impacto según la flota de cada aerolínea.
Tim Johnson, director de la Autoridad de Aviación Civil de Reino Unido, mencionó en detalle: “No todas las aerolíneas vuelan con Airbus A320 o los aviones afectados, para algunas aerolíneas no habrá ningún impacto en absoluto”. Johnson sugirió a los pasajeros recurrir siempre a los canales oficiales de cada aerolínea para obtener información actualizada: “Mi consejo es consultar los sitios web y las aplicaciones de las aerolíneas para obtener la información más reciente sobre lo que está sucediendo”.
Por recomendación de la Agencia Europea de Seguridad Aérea (AESA), a partir del sábado 29 de noviembre, las aeronaves A320neo consideradas en riesgo solo podrán operar con pasajeros una vez completadas las reparaciones indicadas. Hasta tanto, se permite realizar únicamente vuelos sin pasajeros hacia los puntos de mantenimiento.
En Oceanía, Air New Zealand confirmó en sus redes sociales que el “problema de software global que afecta a los aviones Airbus A320neo” llevará a interrupciones en su operativa regular. “Como medida de precaución, todos nuestros aviones A320neo recibirán una actualización de software antes de operar su próximo servicio de pasajeros”, informó la firma en la red social X y aseguró comunicación directa con los clientes afectados.
Desde Asia, la aerolínea japonesa All Nippon Airways (ANA) reportó la cancelación de más de 60 vuelos, consecuencia de los controles y actualizaciones de sus aviones A320. El proceso de revisión puede llevar hasta cuatro horas por aeronave. Según la agencia Kyodo, el número de pasajeros afectados por estas cancelaciones se acerca a los 9.500. Japan Airlines canceló 65 vuelos por problemas con el software del Airbus A320
Entre otras erolíneas que utilizan el A320neo modelo figuran Iberia y Vueling, así como Spirit Airlines, Viva Aerobus, Indigo, AirAsia y Pegasus Airlines.
Airbus identificó el problema tras analizar un incidente reciente en el que la intensa radiación solar alteró datos esenciales para el funcionamiento de los controles de vuelo de una unidad de la familia A320. El fabricante europeo determinó que “un número significativo” de aviones podría estar expuesto y emitió una alerta mundial a los operadores, requiriendo la aplicación inmediata de soluciones de software y hardware para resguardar la seguridad.
La compañía expresó ser consciente de la magnitud de los trastornos para los pasajeros y ofreció disculpas, aunque recalcó: “La seguridad como prioridad número uno y absoluta”. Airbus aseguró que continuará colaborando con clientes y autoridades para minimizar el impacto y garantizar la protección de la flota.
(Con información de Europa Press)
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