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¿Qué nombre le ponemos a la era histórica que estamos viviendo?

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Donald Trump junto al líder chino, Xi Jinping (Reuters)

¿Cómo la llamaremos? En lo personal ya no tengo dudas de que está vinculada a la presencia o retorno de la geopolítica, nombre que, como tantas otras denominaciones, proviene del griego antiguo, combinando las palabras política y tierra. A pesar de carecer de una definición compartida por todos, se refiere a las relaciones de poder entre Estados, aplicándose también a las relaciones internacionales, y con indiferencia de la escala, se ocupa de las estrategias, preferentemente las que se relacionan con soberanía, territorios, intercambios económicos y posibles conflictos. En general, permite tomar decisiones utilizándose escenarios posibles para que la acción política pueda orientarse hacia futuros acontecimientos.

Sin duda vivimos una época de cambios, cambios profundos. “Ponerle un nombre nos aleja, tanto de la nostalgia por un pasado que desaparece como también de la Trumpmanía, es decir, la total dependencia ya sea de amor u odio a su persona, permitiéndonos abrir la mente a lo nuevo que se acerca y huir de la trampa de llamar a esta era post-algo, que en definitiva no explica nada y hasta confunde, ya que la realidad es siempre más fuerte, bastando al respecto recordar lo que ocurrió con el llamado postcomunismo al desaparecer la URSS con Rusia como sucesora legal.»

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Creemos saber que en lo internacional estamos transitando por una etapa de desorden, no importando si es verdad o no, ya que así se percibe en forma generalizada y que las reglas del multilateralismo que predominaron por décadas están heridas de muerte, pero entonces ¿cómo llamar a la era que vivimos?

Creo que se ha impuesto la primacía de la geopolítica por sobre la economía, incluyendo la de mercado que predominó a partir de la caída del Muro de Berlín. “A pesar de que la nombra poco, con Trump, su importancia se ha hecho visible a nivel mundial, aunque ha guiado las decisiones de Putin desde que asumió el poder ruso hace ya más de un cuarto de siglo y China ha hecho lo mismo desde que Xi Jinping transformó una dictadura colectiva en una personal, la suya, tal como ha quedado evidenciado por la última purga de mandos militares. Pero, para efectos de imitación, no son EE. UU., al menos no todavía en el caso chino.»

Muchos analistas identifican lo que ocurre con la persona de Donald Trump, aunque es inexacto, ya que no fue su creación ni le puso un nombre, toda vez que los elementos del derrumbe de la era anterior ya venían desde antes, como la muy visible irrelevancia e ineficiencia de la ONU. Además, Trump se encontró con un movimiento político que ya existía, que le dio el respaldo suficiente al cambio en EE. UU. y otros países de occidente, aunque no hay duda de que Trump le proporcionó sentido y dirección, exportando el movimiento MAGA a otros lugares.

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“Es un gran cambio, pero no sabemos si va a durar lo suficiente como para prolongarse después del término de su gobierno el 2028, toda vez que hay sentencias que están pendientes en la Corte Suprema para que se pronuncie si tiene atribuciones suficientes como para imponer aranceles como también iniciar o responder a conflictos, sin autorización previa del Congreso. Además, en un país polarizado, no existe consenso político interno, y tal como ocurriera después de su primer gobierno el 2020, una victoria demócrata podría dejar sin efecto decisiones importantes, ya que no son leyes, sino solo resoluciones ejecutivas.”

Sin embargo, aunque ello ocurriera, más aún, aunque la Casa Blanca fracase, el mundo ya no va a ser el mismo, no va a ser igual aun si tampoco tenemos claridad en torno a lo que viene después. Al respecto, mi estimación es que mucho se mantendrá, ya que hay dos certidumbres, grandes como el Everest, que no se van a modificar, siendo la primera, la confrontación que marca este siglo XXI, “la lucha por la primacía entre China y EE. UU.”, y en la segunda todo indica que perdurará la permanencia de la geopolítica.

A diferencia de la guerra fría donde predominaban criterios de lucha ideológica, por ejemplo, democracia versus comunismo, hoy no es una competencia total, sino que se acepta al capitalismo como el mejor asignador de recursos, pero a pesar de ello, existen visiones muy contrapuestas entre el capitalismo de libertad individual de EE. UU. con el capitalismo de Estado que predomina en China, con participación amplia del gobierno en la toma de decisiones.

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La Rusia de Putin pugna
La Rusia de Putin pugna por ser considerado como gran poder, pero solo lo es a nivel militar (Sputnik/Alexey Nikolskiy/Pool via REUTERS)

A nivel internacional, en esta confrontación por el predominio global, las grandes potencias representan más que un país al ser expresión de verdaderas civilizaciones, la confuciana en el caso de China y occidente en el caso de EE. UU., con un desarrollo histórico que tiene la triple confluencia de los principios judeocristianos, el aporte grecorromano y el legado de la ilustración. Rusia pugna por ser considerado como gran poder, pero solo lo es a nivel militar, siendo poco importante a nivel tecnológico y económico, aunque representa una continuidad geográfica y territorial en Europa y Asia, presente desde el zarismo a Putin, siendo la URSS la forma que adquirió bajo el comunismo el imperio zarista. A nivel mucho menor, Turquía bajo Erdogan busca igualmente ser más de lo que es, al reivindicar en esta nueva era una especie de neo-otomanismo buscando recobrar la pasada influencia del imperio otomano del que es sucesor.

“El cambio global que vivimos no lo empezó Trump, quien sin embargo lo aceleró y expresión de ello ha sido Davos, cuyo Foro Económico Mundial es la principal reunión del llamado globalismo, donde ahora se le escuchó con respeto a diferencia de las sonrisas burlonas con las que fue recibido en su administración anterior, por lo que el 2026 fue la primera ocasión donde la geopolítica fue más importante que el mercado en su reunión anual, tal como quedó de manifiesto con la recepción al discurso del primer ministro canadiense Mark Carney, quien, siendo total crítico de Trump, fue aplaudido por sus argumentos geopolíticos, a pesar de su declarada admiración por la era histórica que nos abandona.»

Sin embargo, debemos enfatizar que la abundante nostalgia por la era que termina no siempre se justifica, ya que los indicadores de desgaste eran visibles para todos aquellos que quisieran verlos. Es así como el sistema establecido después de la segunda guerra mundial mostraba su deterioro por diferentes vías, partiendo por la pérdida de credibilidad estratégica de EE. UU. muy acentuada en la administración Biden, como también por el ascenso de China, reduciendo las distancias cada año, todos los años. En forma paralela, en varias democracias, se incrementaba la visibilidad de los perdedores de la globalización, incluyendo áreas y sectores de EE. UU.

Tal como ha ocurrido siempre, en esta nueva etapa también habrá perdedores y ganadores, tal como los hubo en cambios anteriores, grandes y chicos. “Se dificulta el aprovechamiento de oportunidades, cuando todo se centra en la persona de Donald Trump, necesitándose cabeza fría, y no actuar sobre la base de la emoción en vez de la razón.”

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Problemático y lleno de obstáculos se aprecia el futuro de áreas geográficas como áfrica o Iberoamérica y el Caribe que parecen carecer de lo que se llama inteligencia estratégica en su proceso de toma de decisiones, incluyendo a mi natal Chile que, por situaciones relacionadas con una dictadura del pasado, en pleno siglo XXI todavía se carece de un servicio de inteligencia digno de ese nombre en materias estratégicas de Estado, que no sean las militares.

Como en todo cambio planetario, hay disgusto y molestia en quienes se sentían cómodos en el esquema que va desapareciendo, no solo en la política mundial, sino también en lo cotidiano o en lo laboral, dado el acelerado cambio en esas áreas. “Sin embargo, como enseñó Darwin en el Origen de las Especies, la supervivencia se relaciona con la capacidad para adaptarse y no con el poder o fuerza, tal como lo refleja la desaparición de los dinosaurios, cuyos equivalentes humanos parecen predominar hoy en Europa, continente que sufre una irrelevancia creciente a pesar de su magnífica importancia histórica y cultural.”

La única recomendación posible es salir de la dependencia en Trump como único factor explicativo, ya que perjudica no entender la profundidad de los cambios que están teniendo lugar, al criticarlo más por la estridencia y agresividad de algunas de sus opiniones que por los cambios que impulsa.

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El 24 de febrero se
El 24 de febrero se van a cumplir cuatro años de guerra en Ucrania (Iryna Rybakova/Press Service of the 93rd Kholodnyi Yar Separate Mechanized Brigade of the Ukrainian Armed Forces/Handout via REUTERS)

Es así como en el día de hoy, en Ucrania y el Medio Oriente no hay otras propuestas de paz que las suyas, sobre todo, en Gaza. EE. UU. ha vuelto a ser la potencia indispensable, siendo una dificultad la falta de buenas biografías o de estudios mínimamente objetivos sobre lo que está pasando, “influyendo también la incapacidad del gobierno de Trump para explicar lo que intenta hacer.”

Mi recomendación sería recurrir a lo poco que tenemos a mano, de partida, el libro El arte de la negociación escrito a cuatro manos con un periodista y, sobre todo, la muy importante “Estrategia 2025 de Seguridad Nacional” (y su subproducto para la Estrategia de Defensa), donde por vez primera se le aporta un contexto a lo que EE. UU. está haciendo. Considero que debieran ser de lectura obligatoria para todos quienes toman decisiones, no solo en el Medio Oriente o China, sino también a todo nivel, ya que en Chile fue notorio que Kast no tomó una buena decisión al nombrar futuros ministros de RR. EE. y Defensa, a dos personas de gran trayectoria, pero que parecían más adecuadas para el perfil promercado que predominó en los 90 que al actual, donde las decisiones de las grandes potencias están marcadas por la geopolítica.

En el mundo abunda la información, pero mucha gente sigue sin entender las grandes tendencias sobre las cuales se transita, ya que demasiada información se construye sobre la base de lo impactante más que de lo trascendente, además, que docentes y comunicadores no cumplen una buena labor pedagógica, toda vez que siguen utilizando categorías y esquemas de un mundo que va desapareciendo. De hecho, existen en los medios de comunicación, personas que presumen de estar bien informadas, pero en los hechos están desactualizadas por falta de comprensión de lo que ocurre, por lo cual no pueden explicar bien las nuevas realidades.

Por lo menos de aquí al 2028, o hasta que exista un consenso de política exterior en EE. UU., no tengo dudas de tres cosas, primero, predominan las decisiones geopolíticas, segundo, que lo que ocurre en lugares como el Medio Oriente o Ucrania coincide hoy con el hecho indiscutido, que el orden surgido después de 1945 se está desintegrando frente a nuestros ojos, y tercero, la existencia de un cambio de la magnitud de la IA o inteligencia artificial, todo tanto para el bien como para el mal, como también con un impacto que se sentirá arriba y abajo, tanto en aquellas potencias que logren conducir este proceso como también en aquellos países y regiones cuya marginalidad será creciente.

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Por cierto, no es, al menos todavía, un cambio de la magnitud de lo que ocurrió al finalizar la Primera Guerra Mundial, que presenció nada menos que la desaparición de cuatro imperios, el ruso zarista, el austrohúngaro, el turco otomano y el del Kaiser alemán. Algo similar tuvo lugar después de la Segunda Gran Guerra cuando dos países, y solo dos, surgieron como superpotencias, la URSS y EE. UU., además que dos grandes imperios coloniales como Francia y el Reino Unido, desde entonces pasaron a ser potencias medianas, cuya declinación sigue prolongándose.

“Lo que hoy ocurre no es a ese nivel, al menos no todavía, pero es de hecho comparable con el cambio que transcurre entre la caída del Muro de Berlín (9-XI-1989) y la disolución de la URSS (26-XII-1991). Me atrevería a decir que lo de ahora es aún más importante, ya que por espectacular que haya sido en lo político el fin del comunismo, los fundamentos del orden económico no fueron entonces cuestionados, sino que países de Europa del Este y algunos que habían sido parte del imperio soviético terminaron integrándose a la Unión Europea y a la OTAN.”

Es indudable, que, sobre todo, en esta segunda presidencia, con un Trump recargado, que vino preparado para acelerar sus propuestas, en solo un año se ha materializado un cambio de paradigma, primero a nivel nacional y después en el mundo, con una profundidad que no había ocurrido ni siquiera en su primera presidencia. Es decir, “instituciones y reglas que fueron creadas por EE. UU. hoy están siendo modificadas por ese mismo país”. A lo anterior, hay que sumar acuerdos a los que llegaron los vencedores en Yalta, y que fueron impuestos o seguidos por el resto del mundo. La imposición tuvo lugar, a no olvidarlo, también por la fuerza, aunque no fuera lo medular, a modo de ejemplo, Irán 1953, Guatemala 1954, Hungría 1956, Checoslovaquia 1968, como también la primera (1991) y segunda guerra del Golfo (2003), después que EE. UU. adquiriera el sitial de única superpotencia.

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Este cambio fue motivado por algo que precede a Trump, quien, sin embargo, lo transforma en decisión política al más alto nivel, cual lo es la convicción de que para confrontar el ascenso de China se necesitaban profundas adecuaciones internas e internacionales, tanto en lo económico como en lo político, es decir, geopolítica pura, bastando ver como los aranceles son usados para premiar o castigar, es decir decisiones sin relación con lo económico. En todo caso, en lo económico, los aranceles son un instrumento que busca modificar las reglas multilaterales a través de decisiones y/o negociaciones donde predomine el peso de EE. UU. En el nivel político, somos testigos de una modificación profunda de la alianza atlántica como también del orden multilateral, siendo la novedad, que no solo se arremete contra adversarios sino también se hace contra vecinos y amigos.

El poder adquirido por China se manifiesta en que para efectos de la negociación de aranceles EE. UU. le reconoce como un igual, lo que no hace con ningún otro país, desde el momento que Japón y la Unión Europea aceptan las nuevas condiciones con rapidez. A diferencia de ellos, China le embarga a Washington las llamadas tierras raras, es decir, minerales básicos para las nuevas tecnologías y la industria avanzada de Defensa. Beijing pudo hacerlo porque en las décadas precedentes, EE. UU. se descuidó, lo que permitió que Beijing gozara de un cuasi monopolio, regulando su uso por criterios geopolíticos más que de mercado. De tener éxito esta negociación entre China y EE. UU., el poder combinado de ambas economías es tal, que el resto del mundo va a tener que adaptarse, quiéralo o no, con lo que, en la práctica, y sin mediar un Tratado general, van a ser de hecho, las nuevas reglas del comercio internacional, en reemplazo de las que están en desuso.

Para efectos de la negociación
Para efectos de la negociación de aranceles, EEUU reconoce a China como un igual (AP Foto/Mark Schiefelbein)

Esta negociación entre China y EE. UU., la primera de igual a igual, marca una diferencia con el periodo de predominio de Washington posterior al fin de la URSS. Sin embargo, no es lo único, ya que del mismo modo Groenlandia también marca una diferencia, ya que, aludiendo a criterios geopolíticos, se rechaza una soberanía danesa que provenía de la época colonial, al haber sido incorporada esa isla gigantesca a ese reino por el simple expediente de haber llegado a esas latitudes, tal como era habitual para los europeos en los siglos XVIII y XIX, lo cual tampoco debiera ser motivo de orgullo.

En esta nueva realidad, el éxito de EE. UU. está limitado por un escollo grande, cual lo es su política interna, toda vez que existe tal polarización y división, que nada asegura que el país pueda mantener su curso de navegación si es que cambia el gobierno, es decir, carece de la unidad nacional que abundó en el pasado y que le permitió ganar la guerra fría. Para la que es todavía la primera potencia es un problema, ya que la dictadura china enfrenta otros problemas, pero no este.

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Aunque Xi no lo ha dicho públicamente, estoy convencido de que China ya se ha autoimpuesto una fecha para reemplazar a EE. UU. como la superpotencia del siglo XXI, el 1 de octubre de 2049, día emblemático en que se cumple el centenario de la República Popular China creada por Mao Zedong, hoy, una China nacionalista donde predomina Confucio sobre Marx.

Por lo demás, este nuevo escenario internacional está generando modificaciones en la balanza de poder individual de países y bloques, donde India, si decide continuar como rival de China, podría desplazar tanto a la Unión Europea, a Alemania o a Japón, como la tercera potencia relevante. Al mismo tiempo, en días de predominio de la geopolítica, yo no me sorprendería si la recuperación del diálogo entre Washington y Moscú conduce en un plazo no muy lejano a un viaje de un presidente estadounidense a Rusia con un objetivo similar, aunque al revés, del que hicieran en 1972 Nixon y Kissinger a China para reunirse con Mao y Zhou Enlai. Esa vez fue para evitar que China fuera dominada por los soviéticos después del caos de la Revolución Cultural, y a cambio se les abrió el mundo con las consecuencias por todos conocidas. La duda es que se le podría ofrecer a Rusia para desligarla de su actual alianza con China.

Creo en la necesidad de entender la profundidad de los cambios que se están intentando, para lo cual es imprescindible abandonar el criterio de barra deportiva con la cual se aplaude o, más habitual, se critica a Trump, por ser la cara visible. Muchos cambios van a permanecer, aunque los republicanos no sigan en el gobierno, en la misma forma como la política de Derechos Humanos sobrevivió al gobierno de Carter, y no solo le dieron un Premio Nobel, sino que fue su legado ante la historia.

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En nuestros días ha aparecido el Consejo de Paz, por ahora para Gaza, pero, aunque no se diga de esta manera, tiene el objetivo no declarado todavía de reemplazar a la ONU en la misión para la cual fue creada, pero que por burocracia, corrupción o sesgo dejó de cumplir hace ya bastante tiempo, cual lo es la mantención de la paz.

Es un mundo donde suben nuevos actores (India) y bajan otros (Europa), y donde en contraste con la globalización hemos vuelto a las esferas de influencia, y en sustitución de las cadenas de suministro y producción, se busca que esos factores se acerquen al lugar geográfico inicial de las empresas, idealmente al territorio nacional. Para tal objetivo, los problemas geopolíticos son menores que en cambios similares del pasado. Sin embargo, nos sentimos inseguros porque no sabemos cuál es el puerto de destino. Al respecto, todavía sigue vigente la recomendación de los griegos para todo líder político, que la nave del Estado debe ser conducida por el timonel a buen puerto, tanto en mar calmo como en tempestad, y con Trump predomina lo segundo sobre lo primero, a lo que contribuye su forma de decir las cosas, aunque ello permite que con rapidez se logre que sus temas se impongan, ya que todos terminan opinando con relación a lo por él dicho.

Respecto de cuánto va a durar ese protagonismo, existe el precedente de la Guerra contra el Terrorismo que siguió a los atentados de las Torres Gemelas, y, aunque con escasa repercusión mediática se siga bombardeando al Estado Islámico, hoy más presente en áfrica que en el Medio Oriente, lo cierto es que después de la caótica retirada de Afganistán, esa guerra desapareció como símbolo de una época.

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Ocho décadas después, EE. UU. intenta el reemplazo de las reglas aparecidas en 1945, lo que con cierta probabilidad no solo puede tener éxito sino también perdurar, aunque sin Trump, es posible que se pierda impulso, si es que el nuevo esquema no se convierte en leyes ni existe continuidad bipartidista en el Congreso. Por lo anterior, la recuperación del consenso y de la unidad de propósitos, es imprescindible para confrontar a un rival como China, que a su favor posee un poder económico que nunca tuvo la URSS.

No es opinión, sino geopolítica pura. Por lo demás, esa presencia dominante muestra en nuestros días, que, a diferencia del periodo anterior de predominio de la economía, donde Napoleón parecía tener razón al decir que el mundo temblaría cuando despertara China, esta vez, el gigante dormido que ha despertado parece ser Estados Unidos.

@israelzipper

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Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)



Asia / Pacific

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Cuántas horas hay que dormir para reducir el riesgo de tener diabetes tipo 2, según un estudio

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Dormir 7 horas y 20 minutos mejora el metabolismo y previene la resistencia a la insulina, clave para evitar la diabetes tipo 2. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dormir alrededor de 7 horas y 20 minutos cada noche podría ser la cantidad ideal para mantener el metabolismo en equilibrio y evitar problemas como la resistencia a la insulina, que es el paso previo a la diabetes tipo 2.

Así lo concluye un estudio publicado en la revista especializada BMJ Open Diabetes Research & Care, realizado por expertos de las universidades de Nantong y Shanghai Jiao Tong en China, en base al análisis de más de 23.000 adultos en Estados Unidos.

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Los investigadores encontraron que dormir menos de ese tiempo, pero acercándose a las 7 horas y 20 minutos, mejora la capacidad del cuerpo para usar la insulina correctamente.

Un estudio sobre 23.475 adultos
Un estudio sobre 23.475 adultos revela que el sueño insuficiente o excesivo afecta la sensibilidad a la insulina, especialmente en mujeres de 40 a 59 años./Archivo Freepik

Sin embargo, dormir más de ese umbral puede tener el efecto contrario: la sensibilidad a la insulina empeora, especialmente en mujeres y en personas de 40 a 59 años.

Para medir eso, los científicos usaron la tasa estimada de eliminación de glucosa (eGDR), un valor que permite detectar alteraciones metabólicas antes de que aparezca la diabetes. Los participantes, que fueron 23.475 personas de entre 20 y 80 años, formaban parte de la encuesta estadounidense conocida por su sigla NHANES, entre 2009 y 2023.

Dentro de ese grupo, 10.817 informaron cuántas horas dormían tanto en la semana como en el fin de semana. En promedio, dormían 7 horas y media de lunes a viernes y 8 horas en sábados y domingos, si cambiaban sus horarios.

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Dormir más entre semana mejora
Dormir más entre semana mejora el uso de insulina, pero exceder el umbral recomendado podría empeorar el metabolismo, según BMJ Open Diabetes Research & Care. (Freepik)

Los científicos clasificaron a los voluntarios según la diferencia de sueño entre semana y fin de semana: sin diferencia, hasta 1 hora extra, entre 1 y 2 horas, y más de 2 horas.

En quienes dormían poco durante la semana, agregar hasta 2 horas de sueño los fines de semana ayudó a mejorar el metabolismo de la glucosa.

El beneficio fue mayor cuando la diferencia era de entre 1 y 2 horas extras. Dormir más de 2 horas adicionales no mostró ventajas.

La tasa de eliminación de
La tasa de eliminación de glucosa (eGDR) permite saber el riesgo metabólico antes de que se manifieste la diabetes, a partir del análisis de cintura, presión y glucosa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pero en quienes ya dormían lo suficiente entre semana, dormir más de 2 horas extra los fines de semana resultó negativo: su cuerpo procesó peor la insulina.

Significa que dormir más los fines de semana ayuda solo si se durmió poco durante la semana, ya que mejora el metabolismo.

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Si ya se descansó lo suficiente, sumar muchas horas extra puede afectar negativamente la sensibilidad a la insulina.

Los cambios bruscos en los
Los cambios bruscos en los horarios de sueño, conocidos como jet lag social, afectan el reloj biológico y aumentan el riesgo de problemas metabólicos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio también explica cómo los cambios bruscos en los horarios de sueño, que se conoce como “jet lag social”, afectan al organismo.

La falta de sueño altera hormonas como la leptina y la ghrelina, sube el cortisol y activa procesos que dificultan el uso correcto de la insulina.

Cambiar mucho el horario de dormir puede desajustar el reloj biológico, provocar inflamación y aumentar el riesgo de problemas metabólicos.

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La alteración del sueño incrementa
La alteración del sueño incrementa hormonas como el cortisol y dificulta el buen funcionamiento de la insulina. De esta manera se aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 (Imagen Ilustrativa Infobae)

La tasa estimada de eliminación de glucosa (eGDR es su sigla en inglés) se obtiene al considerar la medida de la cintura, la presión arterial y el promedio del nivel de azúcar en sangre en tres meses.

Es un indicador válido para predecir riesgos de diabetes tanto en personas sanas como en quienes ya tienen la enfermedad.

Dormirse tarde altera los ritmos
Dormirse tarde altera los ritmos biológicos y puede aumentar el riesgo de problemas metabólicos, incluso si se duerme la cantidad recomendada de horas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Como todo estudio transversal, los investigadores aclaran que no pueden asegurar que dormir mal cause directamente problemas metabólicos, ya que también podría ocurrir al revés: un metabolismo alterado podría afectar el sueño.

Además, no se diferenciaron siestas de sueño nocturno y los datos fueron autoinformados, lo que puede afectar la precisión.

Mantener horarios regulares de sueño
Mantener horarios regulares de sueño es más efectivo que alternar entre déficit y exceso.
(Imagen Ilustrativa Infobae)

A pesar de esas limitaciones, los científicos recomendaron mantener un horario de sueño estable y suficiente.

En diálogo con Infobae, la médica y especialista en medicina interna y diabetes Florencia Aranguren, coordinadora del comité de nefropatía de la Sociedad Argentina de Diabetes, opinó: “El nuevo estudio es muy importante al contar con una muestra grande de participantes. Hay más pruebas que demuestran que dormir menos de siete horas por la noche genera una deuda de sueño que eleva el riesgo de sufrir el síndrome metabólico. No solo aumenta las chances de desarrollar diabetes sino también las de tener enfermedades cardiovasculares”.

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Para Aranguren, la regularidad en la hora a la que cada persona se va a dormir y en los buenos hábitos de sueño, como abandonar las pantallas más temprano, son fundamentales para la salud humana.

Además de cuidar la cantidad
Además de cuidar la cantidad y la regularidad en las horas de sueño, la actividad física frecuente y la buena alimentación son factores a favor de la prevención de la diabetes (Imagen Ilustrativa Infobae)

En tanto, Carla Musso, presidenta de la Sociedad Argentina de Diabetes y coordinadora de diabetes del Hospital Universitario Fundación Favaloro, señaló:

“El nuevo trabajo se suma a investigaciones anteriores y demuestra el impacto de la calidad y la cantidad de horas de sueño en el metabolismo, así como en la enfermedad cardiovascular. Son evidencias de que es fundamental incluir el buen dormir en los cambios de hábitos de vida. No solo hay que considerar la alimentación y la actividad física; las horas de sueño también son clave para la salud”.



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Mientras se dispara el precio del petróleo y sube la nafta, Donald Trump se jacta de que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán dejaron “prácticamente todo destruido”

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El presidente Donald Trump se jactó este martes de que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán dejaron “prácticamente todo destruido” y aseguró que los funcionarios que la Casa Blanca había considerado como posibles nuevos líderes de Irán habían sido asesinados. Señaló además que el precio del petróleo –que previsiblemente subió desde el inicio de la guerra— bajará cuando termine el conflicto, que aún tiene un final incierto.

En el Salón Oval, al inicio de una reunión con el canciller alemán Friedrich Merz, los periodistas le preguntaron a Trump quién le gustaría que tomara el control de Irán, luego de que el líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei y otros 48 altos funcionarios fueran asesinados en la “Operación Furia Epica”.

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Trump sorprendió al contestar: «La mayoría de las personas que teníamos en mente están muertas», dijo. «Ahora tenemos otro grupo, puede que también estén muertos, según los informes. Así que se acerca una tercera ola. Muy pronto no conoceremos a nadie».

Cuando le preguntaron sobre cuál sería el peor escenario, dijo: «Supongo que sería que hagamos esto y alguien que sea tan malo como la persona anterior tome el relevo”. “No queremos que eso ocurra. Probablemente sería lo peor, pasar por esto y en cinco años te das cuenta de que has metido a alguien que no es mejor».

Trump avanzó sobre qué tipo de nuevos líderes serían adecuados en su visión para Irán. “Nos gustaría ver a alguien que regrese (el poder) a la gente. Veremos qué pasa”.

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El presidente había dicho el domingo que estaban en contacto con un nuevo liderazgo iraní, sin dar detalles. Antes había afirmado que entre los objetivos del ataque figuraban el cambio de gobierno, pero el lunes pareció eludir esa alternativa y se enfocó más en acusaciones a Irán de terrorismo y en que Teherán iba a atacar a EE.UU. Sin embargo, hoy insistió en el cambio de liderazgo.

Sus declaraciones resultan un poco confusas dado que aún quedan vivos algunos influyentes dirigentes que podrían tomar el control como Ali Larijani, Secretario del Consejo de Seguridad Nacional iraní, o el canciller Abbas Araghchi.

Sin embargo, el presidente afirmó que el martes hubo un ataque que habría producido más víctimas entre quienes tenían posibilidad de estar en el poder. «Supongo que hoy hubo otro golpe contra el nuevo liderazgo, y parece que eso también fue bastante importante», dijo Trump sin mas detalles.

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El sitio Axios informó que la fuerza aérea israelí había atacado el martes el edificio que alberga el Consejo de Expertos de Irán en la ciudad sagrada de Qom en un intento de interrumpir el proceso de nombramiento de un nuevo líder supremo. Quizás Trump se refería a ese supuesto ataque.

El presidente también pareció festejar una victoria temprana diciendo que Estados Unidos ya tiene a Irán “derrotado militarmente”. “Estamos atacando todos sus portaaviones. Estamos atacando todo su stock de misiles. Han acumulado todos estos misiles en los últimos años. Tenían muchos. Han disparado a muchos. Y estamos eliminando mucho», dijo Trump.

Trump insistió en que Irán estaba a punto de atacar a sus vecinos e Israel, y que tomó la decisión de ir a la guerra para anticiparse a esa acción. «Estábamos negociando con estos locos, y en mi opinión iban a atacar», dijo.

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El sol se pone tras una columna de humo que se eleva tras un ataque militar estadounidense-israelí en Teherán, Irán. Foto AP

Mientras tanto, Trump comienza a sentir el impacto interno de la guerra. Los mercados bursátiles se desplomaron el martes y el precio del petróleo se disparó, mientras el conflicto se expandía en Oriente Medio, con amenazas de cierre del estrecho clave de Ormuz y bombardeos a instalaciones de producción, con funcionarios estadounidenses e israelíes que señalaban que los bombardeos contra Irán podrían durar semanas.

Los movimientos en el precio del petróleo ya amenazan con empeorar la inflación en Estados Unidos y provocarle un fuerte dolor de cabeza a Trump en un año electoral, mientras el aumento de precios es la mayor preocupación de los estadounidenses y un 60% desaprueba los ataques, según una encuesta para CNN.

Desde que comenzó la guerra, el combustible aumentó 11 centavos por galón en EE.UU. Por cada aumento de 10 dólares en el precio de un barril de petróleo, los economistas estiman que los precios del combustible en los surtidores estadounidenses subirían unos 25 centavos. Si los precios superan los 100 dólares por barril, se acercaría a los 3,50 dólares por galón o más.

Un combustible más caro significará menos dinero para que los hogares de Estados Unidos y menos posibilidades de que la Reserva Federal baje la tasa de interés. También elevaría los gastos de las empresas en todo el mundo, lo que igualmente perjudicaría sus ganancias. Y las ganancias corporativas son el sustento de los mercados bursátiles.

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Por eso Trump buscó calmar los ánimos: «En cuanto esto termine, creo que esos precios van a bajar incluso más que antes», dijo Trump en un indicio de que el tema le preocupa.

El alza del martes en los precios del petróleo se produjo después de que Irán atacó la embajada de Estados Unidos en Arabia Saudita, como parte de una ampliación de objetivos que también incluye zonas críticas para la producción mundial de petróleo y gas natural. La preocupación es particularmente alta por el estrecho de Ormuz frente a la costa de Irán, una vía marítima angosta por donde pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial.

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Iran dijo que cualquier barco que pasara por el estrecho sería incendiado, aunque Trump anunció más tarde que la Marina de Estados Unidos podría comenzar a escoltar buques petroleros a través del estrecho, “si es necesario”, para “garantizar el libre flujo de energía”.

Lo que añade incertidumbre a los mercados es la incógnita de cuánto tiempo puede continuar esta guerra. Trump dijo en la noche del lunes que “las guerras pueden librarse ‘eternamente’, y además con mucho éxito” con el suministro de municiones que posee Estados Unidos.

El Fondo Monetario Internacional advirtió el martes que la guerra con Irán podría oscurecer las perspectivas económicas globales si un conflicto regional prolongado dispara los precios de la energía.

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Dan Katz, el segundo de Kristalina Georgieva, dijo que la guerra podría tener «un gran impacto en la economía global a través de varios indicadores», señalando la inflación y el crecimiento económico. «La persistencia del conflicto en particular va a impulsar la mayor parte del impacto», dijo y agregó que el FMI estaría atento a ver cómo la guerra afectaba los precios de la energía, el turismo y la infraestructura de la región. «Sin duda podría haber vínculos en la economía global», dijo Katz.

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Mapa de la guerra en Medio Oriente: dos bandos y 13 países involucrados en un conflicto que jaquea al mundo

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Trece países están hoy directamente involucrados en el actual conflicto de Medio Oriente. Es ya una de las conflagraciones de mayor dispersión geográfica desde la Segunda Guerra Mundial.

En esta guerra de drones y misiles, pero sin fuerzas en el terreno, hay dos bandos bien definidos.

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Por un lado, Irán y sus fuerzas “proxys” de Libano (Hezbollah), Gaza (Hamas, aunque virtualmente desmantelada y bajo un cese del fuego con Israel tras una guerra devastadora), Yemen (hutíes, por ahora inactivos) y Siria e Irak (con grupos chiítas armados proiraníes en conflicto con los gobiernos centrales).

Leé también: Irán: los tres desafíos que enfrenta la oposición en el exilio para intentar tomar el poder

Por el otro, Estados Unidos e Israel. En este bando se ven involucrados aquellos países de la región que albergan bases militares estadoundenses, como Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Jordania y que no son necesariamente aliados de Israel. Pero Irán también atacó Omán, un país neutral que tiene acuerdos militares con Washington. Chipre, un país europeo en el Mediterráneo, también fue atacado. Allí hay una base del Reino Unido, socio estratégico de Washington en la OTAN.

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En total, son 13 países involucrados en una guerra que pone en vilo no solo a la región, sino al mundo entero por sus ramificaciones geopolíticas y económicas en una región donde se produce la mayor parte del petróleo mundial.

“Cuando comparamos lo que está pasando ahora con otros conflictos, esta conflagración regional es relativamente única y se equipara, aunque son casos muy diferentes, con los episodios que después terminaron en las guerras mundiales en su momento”, dijo a TN el analista Ivan Briscoe, director del programa de Políticas del Crisis Group, una ONG encargada de la resolución y prevención de conflictos armados.

Uno por uno, los países involucrados en la guerra y su rol

La guerra amenaza con extenderse. De hecho, ya llegó a Chipre, en Europa, lo que puso en alerta máxima a la Unión Europea y la OTAN. Grecia, Alemania y Francia se comprometieron a ayudar a Chipre a reforzar sus defensas. Irán amenazó con atacar a cualquier país europeo que se sume al conflicto.

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El jefe de la OTAN, Mark Rutte, dijo que la alianza militar “no está implicada” en la guerra, pero advirtió que “defenderá cada centímetro del territorio de la OTAN” si es necesario.

En tanto, hasta ahora, los países del Golfo se han limitado a acciones defensivas, aunque esa estrategia podría cambiar en cualquier momento.

“Este es un factor que puede contribuir a la extrema incertidumbre que afecta al mundo. Si estos países del Golfo entran en un espiral de represalias y se adentran a un conflicto directo podría extender el campo de batalla más allá de los países afectados, quizás hasta África, donde hay aliados de los dos grupos”, afirmó Briscoe.

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En ese escenario, todo apunta al Mar Rojo. Ahí está, por ejemplo, Somalilandia, una región de la fallida Somalia y que fue reconocida por Israel. “Hay presencia militar norteamericana en el territorio”, dijo el analista británico.

Teherán está bajo ataque (Foto: Majid Asgaripour/WANA (West Asia News Agency) via REUTERS)

Pero hoy la guerra está circunscrita, con diferente participación, a 13 países:

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  • Estados Unidos. Es el que inició la escalada bélica el sábado, bajo la orden de Donald Trump, con un ataque combinado con Israel. Tiene desplegada en el área una poderosa flota. Los argumentos del ataque oscilan entre el plan nuclear, los misiles balísticos y el “cambio de régimen”. “Han cambiado mucho los objetivos en los últimos días. Lo del cambio de régimen se ha diluido. Ahora son más militares contra el proyecto nuclear y los programas de misiles balísticos, de su presencia naval y su apoyo a fuerzas proxis en la región”, dijo Briscoe.
  • Israel. Benjamin Netanyahu venía presionando a Trump para terminar la tarea de la guerra de los 12 días contra Irán de junio pasado. Lanzó más de 1000 ataques contra territorio iraní, según el informe oficial. Sostiene que la Revolución Islámica representa una “amenaza existencial” para su país. Su objetivo es no solo acabar con las aspiraciones nucleares de Teherán, sino terminar con el “régimen” teocrático. El país fue atacado con misiles iraníes.
  • Irán. Está bajo ataque estadounidense e israelí desde el sábado. Sufrió innumerables pérdidas militares y bajas entre jefes militares, religiosos y políticos, entre ellos su líder supremo, Alí Jamenei. Defiende su derecho a desarrollar su plan nuclear, una línea roja para Estados Unidos e Israel. En las últimas décadas ha armado y financiado a inmumerables grupos armados en Líbano, Gaza, Siria e Irak para combatir al “régimen sionista”, al que llama a su exterminación. Además, ha financiado y organizado ataques terroristas en distintos puntos del planeta. A la Fuerza Quds se le atribuye el atentado a la AMIA de 1994.
  • Arabia Saudita. Es un socio clave de Washington en la región, más allá de ser una nación acusada de múltiples violaciones a los derechos humanos. Es un enemigo histórico de Irán, aunque en los últimos años habían normalizado sus vínculos bajo mediación china. La base Prince Sultan alberga a personal estadounidense. Irán lanzó misiles contra esa instalación militar y el aeropuerto de Riad y atacó la embajada estadounidense. El Reino no mantiene relaciones con Israel.
  • Líbano. En los últimos días, milicias de Hezbollah, uno de los grupos “proxys” iraníes, lanzaron misiles contra el norte de Israel. En represalia, las fuerzas armadas israelíes atacaron su bastión en el sur de Beirut. El grupo ha sufrido enormes pérdidas durante la última guerra en solidaridad con Gaza, pero aún mantiene un importante arsenal y efectivos.
Donald Trump a bordo del Air Force 1. Foto: Reuters

Donald Trump a bordo del Air Force 1. Foto: Reuters

  • Jordania. El reino hachemita denunció que sus fuerzas armadas derribaron misiles balísticos iraníes dirigidos contra su territorio. Estados Unidos tiene allí la base Muwaffaq Salti. Mantiene una buena relación con Israel y alberga una enorme comunidad de refugiados palestinos.
  • Bahrein. Tiene una activa presencia de tropas estadounidenses. Incluso, es la sede de la Quinta Flota de la Marina. Irán atacó la base naval. Bahrein e Israel formalizaron relaciones diplomáticas en septiembre de 2020 a través de los llamados Acuerdos de Abraham.
  • Irak. Es un país inestable desde la última invasión estadounidense y el derrocamiento y muerte de Saddam Hussein. Hay varias bases militares estadoundenses. En el terreno actúan milicias chiítas proiraníes, armadas y financiadas por Teherán. Las autoridades dijeron que tres drones fueron derribados sobre el aeropuerto de Irbil, que alberga a las tropas de la coalición liderada por Estados Unidos. Israel bombardeó a las milicias proiraníes. El país sufre ataques de ambos bandos.
  • Chipre. Es miembro de la Unión Europea, pero no de la OTAN. Desde su independencia en 1960, el Reino Unido mantiene la base militar permanente de Akrotiri que fue atacada por Irán. Londres anunció que enviará un buque de guerra y helicópteros con capacidades antidrones para proteger a su personal militar.

Leé también: Qué es la Fuerza Quds, el cuerpo de elite iraní que organiza los ataques en el exterior

  • Qatar. El emirato es uno de los principales socios de Washington. Allí se asienta la mayor base militar estadounidense en la región. Es el centro de operaciones aéreas para Irak, Siria, Afganistán y todo el Golfo. Pero Doha, su capital, no mantiene vínculos con Israel. De hecho, alberga a la cúpula política de Hamas y fue el principal negociador en los acuerdos de cese el fuego en Gaza. Israel atacó Qatar el año pasado en un intento por matar a la dirigencia del grupo palestino. Irán ya atacó una planta de gas. El Ministerio de Defensa anunció que derribó dos aviones iraníes, siete misiles y cinco drones.
  • Kuwait. Allí existe una de las presencias militares más importantes de los Estados Unidos en el área. Hay al menos cuatro bases. Se lo considera el principal centro logístico en el área. Es un nodo central de transporte y abastecimiento por vía terrestre. El país no mantiene vínculos con Israel. La base aérea Ali Al-Salem fue atacada por varios misiles balísticos que fueron interceptados con éxito, según las autoridades.
Un miliciano de la Fuerza Al Quds iraní (Foto de archivo: Reuters)

Un miliciano de la Fuerza Al Quds iraní (Foto de archivo: Reuters)

  • Emiratos Árabes Unidos. Hay gran presencia militar norteamericana, pero las bases son emiratíes y funcionan bajo acuerdos bilaterales. El principal centro es el de la base aérea de Al Dhafra. Mantiene relaciones diplomáticas con Israel desde 2020. Las autoridades dijeron que tres personas murieron en ataques iraníes.
  • Omán. Se ha esforzado en los últimos tiempos por mantenerse neutral. De hecho, su gobierno fue el facilitador de las últimas negociaciones llevadas a cabo hasta la semana pasada en Ginebra entre Washington y Teherán. Tenía un buen vínculo con Irán y, al mismo tiempo, firmó un acuerdo de cooperación de defensa con Estados Unidos que permite al Pentágono usar puertos y aeródromos en distintos puntos del país. El puerto comercial de Duqm fue atacado por dos drones iraníes, según el gobierno.

En total son 13 países involucrados en forma directa. “Es uno de los conflictos más multinacionales de las últimas décadas. Hay otros con muchas naciones involucradas, pero que no sufren ataques en su territorio, como ocurrió con la invasión a Afganistán en 2001, la guerra en Irak o el actual conflicto en Ucrania”, dijo Briscoe.

El analista aclaró que, en el caso ucraniano, “la OTAN no está participando en batalla, pero sí en el equipamiento de armas y con apoyo financiero y diplomático. Hay más países involucrados que en la actual guerra de Medio Oriente, pero que no entran en batalla ni son atacados”, concluyó.

Irán, Israel, Donald Trump

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