INTERNACIONAL
“Rusia contra el mundo”: el libro que expone el Estado-mafia de Putin y su guerra de mentiras

Marc Marginedas, periodista y corresponsal de guerra español con experiencia directa en zonas de conflicto, ofrece en “Rusia contra el mundo” un análisis implacable y meticulosamente documentado sobre la naturaleza del régimen de Vladimir Putin.
A través de nueve capítulos y un revelador epílogo, Marginedas construye un expediente demoledor que vincula al Kremlin con operaciones de falsa bandera, asesinatos políticos y complicidad con grupos terroristas, desplegando un relato estremecedor de Rusia como un Estado-mafia con ambiciones imperiales.
La obra combina el rigor periodístico con una narrativa personal, fruto de los años que el autor fue corresponsal en Rusia y su experiencia en conflictos como el de Siria, donde fue secuestrado por el Estado Islámico en 2013.

El libro comienza con un episodio fundacional del putinismo: los atentados de 1999 en Moscú y Riazán, atribuidos inicialmente a terroristas chechenos pero que, como revela Marginedas, fueron probablemente obra del FSB (el servicio de seguridad ruso) para justificar la segunda guerra de Chechenia y catapultar a Putin a la presidencia. “¿Y si los atentados no tuvieran nada que ver con la guerra caucásica y sí con la inminencia de unas elecciones legislativas y presidenciales en las que se dirimiría el relevo de Borís Yeltsin?”, se pregunta el autor.
Marginedas reconstruye cómo agentes del FSB fueron detenidos colocando explosivos en Riazán, aunque posteriormente el gobierno insistió en que se trataba de un “ejercicio de entrenamiento”.
El periodista español argumenta que esta operación de bandera falsa estableció un patrón de impunidad que ha caracterizado al régimen durante más de dos décadas: “Cada nuevo crimen de Putin ha sido aceptado o incluso recompensado por Occidente”, cita Marginedas al intelectual ucraniano Mykola Ryabchuk.
La obra también aborda la corrupción sistémica en Rusia, desde los privilegios de la élite en el tráfico —“En Rusia, el segundo ayudante del fiscal del distrito tiene más privilegios en la carretera que Angela Merkel”, señala el experto Mijaíl Blinkin— hasta la impunidad en casos como el de Anna Shabénkova , hija de una funcionaria, que atropelló y mató a una mujer en Irkutsk y evitó la cárcel gracias a conexiones políticas. “Si el asunto llega al juzgado, allí ustedes van a lograr poco”, le advirtió la madre de Anna a la familia de la víctima, según el abogado Víktor Grígorov.
Esta cultura de privilegios se extiende al sector inmobiliario, donde Marginedas expone cómo los residentes de Moscú son desalojados forzosamente de sus viviendas para beneficiar a constructoras vinculadas al poder, utilizando informes falsos y un sistema judicial corrupto. “La corrupción en Rusia no es un problema, es un negocio”, cita el autor a la economista Aleksandra Kalinina.

Uno de los aspectos más inquietantes del libro es el análisis de cómo Rusia manipula a periodistas extranjeros. Marginedas recuerda el caso de Walter Duranty, corresponsal del New York Times que en los años 20 del siglo pasado negó el Holodomor ucraniano mientras en privado admitía que “la gente moría como moscas”. Este patrón persiste hoy con periodistas comprados o coaccionados en Bulgaria, España y Oriente Medio.
En Bulgaria, por ejemplo, Rusia pagaba a prominentes periodistas 2.000 euros al mes para difundir narrativas prorrusas, revela el libro. La autora búlgara Maria Cheresheva denuncia que solo en Bulgaria existen más de 300 sitios web que reproducen materiales alineados con el Kremlin.
“La importancia de los medios no militares para fines políticos excede, en algunos casos, la efectividad de las armas”, cita Marginedas al general Valeri Guerásimov, artífice de la doctrina militar rusa moderna, en una frase que resume la importancia de etas tácticas para el Kremlin.
Marginedas subraya cómo Rusia ha logrado manipular las narrativas en su propio beneficio, a través de la creación de una “realidad paralela” que engaña tanto a la población rusa como a sectores de Occidente.
La obra también destaca la brutalidad del Ejército ruso en conflictos como Chechenia, Siria y Ucrania, donde se repiten patrones de violencia: bombardeos a hospitales, double tap (bombardear dos veces para matar a los rescatistas)) y masacres como la de Bucha.
“Que las tres guerras de Putin se asemejen como gotas de agua no es de extrañar, si uno presta atención a los nombres de los comandantes militares que las han dirigido”, señala el autor, subrayando la continuidad en las tácticas brutales empleadas por el ejército ruso.
“Chechenia, Siria y Ucrania son las tres guerras de Putin, unidas por un cordón umbilical e iniciadas —semántica oficial de Moscú aparte— de acuerdo con una misma justificación: recuperar para Rusia el estatus de superpotencia imperial que un día detentó la URSS», observa Marginedas.

Marginedas señala que estas guerras no son solo enfrentamientos militares, sino que son utilizadas por el Kremlin para cimentar su poder, tanto en el ámbito interno como en el internacional. En este contexto, analiza cómo el régimen ha logrado utilizar el discurso de “defender a los rusos” en el extranjero para justificar sus agresiones y, al mismo tiempo, fortalecer su apoyo dentro del país.
El capítulo sobre el envenenamiento de Alexei Navalny es particularmente revelador. Marginedas viajó a Tomsk, donde el opositor fue intoxicado con Novichok, y describe el miedo que imperaba: “Nadie se acordaba de nada, nadie admitía haber visto nada”. Había “una suerte de amnesia colectiva acerca de lo sucedido”.
El autor detalla cómo el hospital en Omsk Navalny fue tomado por agentes del FSB, mientras los médicos emitían diagnósticos falsos. “Estaban bajo presión; entendían que algo muy importante estaba sucediendo en su hospital”, le cuenta a Marginedas el corresponsal Tom Vennik. Tres de esos médicos murieron después en circunstancias sospechosas.

El libro vincula los casos de Navalny, Aleksándr Litvinenko y Víktor Yúshchenko, señalando la impunidad con la que actúa el FSB incluso en territorio occidental.
“No querían asustarme, querían matarme”, cita a Yúshchenko sobre su envenenamiento con dioxinas en 2004.
A lo largo del libro, el autor no solo se limita a describir los actos de represión, sino que también reflexiona sobre las consecuencias a nivel social y psicológico. La sociedad rusa, según Marginedas, vive bajo un clima de miedo constante, donde la disidencia se paga caro.

Un capítulo revelador examina la fusión entre el crimen organizado y el Estado ruso, documentando la operación policial “Caso Troika” en España contra la mafia Tambóvskaya y sus conexiones con altos funcionarios del Kremlin.
“Desde su llegada al poder con el cambio de siglo, Gobierno y mafia en la Federación Rusa se habían fusionado en un todo, convirtiendo en la práctica a la segunda potencia nuclear del planeta en un Estado gobernado por gentes con mentalidad y actitudes propias del crimen organizado”, escribe Marginedas.
Las investigaciones judiciales en España fracasaron por la desestimación de pruebas y la fuga de los acusados a Rusia, ilustrando la capacidad del Kremlin para proteger a sus operadores criminales en el extranjero.
Quizás el aspecto más perturbador del libro es la documentación de cómo Rusia habría utilizado el terrorismo como instrumento político. Marginedas analiza los asaltos al teatro Dubrovka (2002) y a la escuela de Beslán (2004), sugiriendo la complicidad del FSB con los terroristas chechenos.
“Los rehenes fallecidos fueron víctimas de un ataque terrorista que el Estado ruso conocía con antelación… un acto que probablemente contó con el apoyo de algún sector de los servicios secretos rusos”, afirma el autor.

El libro también examina la cooperación rusa con el régimen sirio en la radicalización de prisioneros, creando lo que un testigo describe como “una escuela de yihadismo” en la prisión de Sednaya.
Marginedas incluso sugiere posibles vínculos entre Rusia y el ataque de Hamas a Israel en 2023.
“Rusia no solo considera al fenómeno del terrorismo islámico como un enemigo, sino como un instrumento en su lucha contra Occidente”, escribe Marginedas, aludiendo a cómo el Kremlin ha utilizado el terrorismo para justificar sus agresiones tanto dentro como fuera de sus fronteras.
Marginedas relata su secuestro en 2013 por el Estado Islámico en Siria, donde pasó seis meses en condiciones brutales junto a otros rehenes occidentales. “A lo máximo a lo que puede aspirar uno es a dejarse llevar por un ligero duermevela, en una vigilia plagada de sobresaltos”, describe sobre las noches vigiladas por yihadistas armados. Un detalle clave fue su interacción con un comandante del ISIS de origen ruso, quien lo amenazó: “Tú has entrado dos veces anteriores a Siria y te ha salido bien; pero ahora te vamos a matar”. Marginedas sospecha que este hombre podría ser un agente infiltrado del Kremlin, dada su retórica similar a la de las autoridades rusas.
La conexión rusa con el terrorismo se profundiza con investigaciones que revelan cómo Moscú facilitó pasaportes a yihadistas para que viajaran a Siria entre 2013-2014. Marginedas destaca la paradoja: aunque fue interrogado por gobiernos occidentales tras su liberación, “en ningún momento las fuerzas de seguridad rusas […] me inquirieron para una simple sesión informativa”. Su contacto en Moscú lo resumió: “No tienes nada que enseñarles acerca del Estado Islámico”.
El libro repasa históricos secuestros vinculados a Rusia, como el de los ingenieros de Granger Telecom en Chechenia (1998), decapitados tras ser acusados falsamente de espionaje. Documentos citados por el periódico Nóvaya Gazeta sugieren que el líder yihadista Arbi Baráyev —responsable del crimen— actuaba como agente doble: “Viajaba tranquilamente por Chechenia […] con un conductor del FSB”. Médicos Sin Fronteras también sufrió ataques, como el secuestro de Arjan Erkel (2002-2004) en Daguestán. Pruebas mostraron llamadas desde su teléfono a cuarteles del FSB, pero las autoridades rusas cerraron el caso. “Es un escándalo que […] nuestro colega esté aún desaparecido”, denunció la ONG.
En Ucrania, los métodos son más directos: bombardeos a hoteles de periodistas y el asesinato de la reportera rusa Oksana Baulina en 2022. Testigos como el fotógrafo Ricardo García Vilanova señalan que su muerte fue una “ejecución” con un dron, no un accidente bélico. Marginedas concluye que Rusia usa el terrorismo y el secuestro como herramientas geopolíticas, desde Chechenia hasta Siria, con un patrón común: “Ahuyentar a testigos molestos de sus excesos”. La impunidad, advierte, alimenta ciclos de violencia. “Lo que verdaderamente empodera a Rusia es la sensación de que pueden salirse con la suya”, remarca, citando al experto David Satter.
El autor concluye examinando si Rusia bajo Putin puede ser clasificada como “Estado terrorista”. Marginedas destaca patrones del Kremlin: desde la represión interna hasta ataques híbridos contra Occidente, como asesinatos de disidentes, desinformación y apoyo a regímenes como el sirio. Cita al periodista David Satter, quien afirma que Rusia actúa con impunidad porque “sus crímenes no son expuestos”. El libro también revela la ambivalencia rusa en casos como el atentado de Boston (2013), donde Moscú advirtió sobre los autores pero no colaboró con EE.UU., y la persecución de exiliados chechenos en Europa, como la activista Khazman Umarova, detenida injustamente en Francia tras los ataques a Charlie Hebdo.

Aunque el Parlamento Europeo y el Senado de EE.UU. han declarado a Rusia “Estado patrocinador del terrorismo”, Marginedas señala que falta acción concreta. El Departamento de Estado evita incluirlo en su lista oficial por temor a fracturar la coalición antirrusa.
El autor cierra con un homenaje a colegas asesinados y un llamado a no ignorar las complicidades del Kremlin con el terrorismo: “Este libro es mi granito de arena para romper el muro de silencio”.
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Donald Trump dijo que la Marina de Estados Unidos escoltará a los petroleros que quieran cruzar el Estrecho de Ormuz

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que el país ofrecerá garantías de seguro e incluso escoltas navales para asegurar el paso seguro de petroleros y otras embarcaciones a través del estrecho de Ormuz, con el objetivo de evitar una posible crisis energética derivada de la guerra con Irán. Trump comunicó el martes que la US International Development Finance Corporation (DFC) ofrecerá seguros “a un precio muy razonable” para facilitar el flujo de energía y comercio en el Golfo, y que la Marina estadounidense escoltará buques si resulta necesario.
“No importa qué suceda, Estados Unidos garantizará el FLUJO LIBRE de ENERGÍA para el MUNDO”, publicó Trump en redes sociales. El anuncio tuvo impacto inmediato en los mercados: el precio del Brent, referencia internacional del petróleo, se estabilizó en torno a 80 dólares el barril tras una jornada de volatilidad.
La decisión surge después de que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán interrumpieran el tráfico de crudo por el estrecho de Ormuz, ruta por la que transita una quinta parte del suministro energético mundial. El conflicto provocó que los principales clubes de seguro marítimo retiraran la cobertura por riesgos de guerra para barcos que ingresen al Golfo Pérsico, incrementando drásticamente los costos para los armadores que buscan otras alternativas de cobertura.
El gobierno estadounidense busca frenar la escalada de precios del petróleo resultante del cierre virtual del estrecho, considerado un corredor estratégico para el transporte de crudo. Un aumento sostenido en los precios de los combustibles podría convertirse en un riesgo político para Trump de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró a la prensa que la administración había previsto el encarecimiento de la energía y anticipó que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el secretario de Energía, Chris Wright, anunciarán un programa de contención de precios. Trump tenía previsto reunirse con ambos funcionarios en la Casa Blanca el mismo martes para abordar el tema.
El seguro político de la DFC está diseñado para cubrir pérdidas derivadas de guerras, violencia o inestabilidad política, aunque el presidente no especificó los detalles del mecanismo. Se informó que la medida busca sostener el comercio y reducir la incertidumbre para los operadores marítimos, en un contexto donde los precios del petróleo han sufrido aumentos abruptos por las hostilidades en Oriente Medio y la interrupción de una de las rutas más vitales para el suministro energético global.
Emmanuel Macron solicitó este martes la creación de una coalición internacional para proteger las vías marítimas esenciales, tras el aumento de tensiones en Oriente Medio que amenazan el tráfico por el estrecho de Ormuz. La decisión llegó después de que Estados Unidos e Israel atacaran objetivos en Irán, acción que el mandatario francés desaprobó por haberse realizado fuera del marco del derecho internacional, aunque señaló a Teherán como responsable final de la situación debido a su programa militar y respaldo a milicias en la región.
Durante un discurso televisado, el presidente de Francia advirtió sobre la gravedad de la crisis surgida en el estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo mundial. Macron enfatizó que tanto el Canal de Suez como el mar Rojo se encuentran igualmente bajo amenaza. En palabras del mandatario: “La historia nunca llora a los verdugos de sus pueblos. No se echará de menos a ninguno”.
El aumento de la tensión en el estrecho de Ormuz ha suscitado preocupación internacional por las posibles repercusiones en el suministro energético global. Macron explicó que Francia ha lanzado una iniciativa para conformar una coalición que reúna medios, incluidos recursos militares, con el objetivo de restaurar y mantener la seguridad en las rutas marítimas clave para la economía mundial. Al mismo tiempo, anunció un refuerzo del dispositivo militar francés en la zona, para contribuir a la protección de estas arterias estratégicas.
La propuesta de Macron surge en un contexto de creciente hostilidad entre Irán, Estados Unidos e Israel, donde los recientes acontecimientos han incrementado el riesgo de incidentes que puedan afectar la estabilidad del transporte marítimo en una región esencial para el comercio internacional.
(Con información de Bloomberg y EFE)
Corporate Events,Middle East,Military Conflicts
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Mamdani putting NYPD ‘between rock and a hard place’ in move that could ultimately help his goal: expert

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New York City Mayor Zohran Mamdani’s recent reactions to law enforcement, which some have interpreted as pushing back against the New York Police Department, likely won’t hurt him as much as previous mayors, a local crime expert told Fox News Digital, and could end up working to his overall political advantage.
«It may not hurt Mamdani in the way that it might hurt another mayor,» Manhattan Institute Fellow Rafael Mangual.
«I do think that Zohran Mamdani is okay with being an opponent and a critic of the NYPD. I think he comes from a sort of ideological perspective that does not believe that the NYPD actually reduces crime. So, if the NYPD pulls back and crime goes up, I think he will see that as an opportunity to further criticize the NYPD and point to reasons why it should be defunded in favor of this Department of Community Safety and some of these other proposals that he would much rather invest in.»
Two significant events in the city indicate that the mayor will not defend the police department, according to Mangual, and could result in cops pulling back due to lack of support. They include an incident last month in Washington Square Park, dubbed «Snowballgate,» where a mob of roughly 100 people pelted NYPD officers with snowballs, leaving two officers injured.
New York City Mayor Zohran Mamdani speaks to reporters during a news conference in New York, Tuesday, Feb. 17, 2026. (AP Photo/Seth Wenig)
Rather than condemning the assault, Mamdani appeared to downplay the violence, referring to the perpetrators as «kids» taking part in a snowball fight.
«Mamdani did not come out in support of the NYPD in that incident. Instead, he seemed to kind of brush it off and even refused to call for the prosecution of the perpetrators,» Mangual said, adding that the actions of the mob clearly qualified as an assault against police officers.
«Unfortunately, I think the mayor’s response was found wanting. He seemed unwilling to condemn it as an assault. He seemed unwilling to even say that it was something that shouldn’t be done in the future, and I think that is going to create a sense in the NYPD that this administration does not have their back.»
Perhaps more concerning, according to Mangual, was Mamdani’s reaction to a recent officer-involved shooting in Queens where, despite bodycam footage showing an officer being immediately attacked with a deadly weapon after entering a home at the owner’s invitation, Mamdani called on the district attorney to not prosecute the knife wielding suspect who was reportedly having a mental health episode.
CITY-RUN BOARD CANCELS LEASE OF ISRAEL DRONE SUPPLIER, SPARKING BACKLASH TOWARD MAMDANI: ‘LUDICROUS’
Additionally, Mamdani visited the attacker and his family after the incident.
«For Mayor Mamdani to come out and not just meet with the family as if this individual is some sort of crime victim, but to also make an open call to the Queens DA not to prosecute the individual for the obvious and clear assault with a deadly weapon on a police officer, I think is just completely irresponsible,» Mangual said.
«But it also will reinforce that sense in the NYPD that I think is already existing: that this administration is an opponent, not a partner. And if that dynamic continues and it reaches further down into the rank and file, I do think that the city is going to see a more reluctant police force at a time in which it needs it to be proactive.»
As a candidate, Mamdani attempted to distance himself from previous support of police defunding but faced backlash last month when he announced that part of his plan to balance the budget involves cutting the NYPD’s budget and canceling 5K new officer hires.
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In front of a painting of Alexander Hamilton, Mayor Zohran Mamdani speaks to reporters about the city’s finances during a news conference in New York, Tuesday, Feb. 17, 2026. (Seth Wenig/AP Photo)
«I think what we’ve seen in the early days of this administration is that Mamdani is not yet willing to position himself as an open partner of the NYPD,» Mangual said. «He is still trying to make a decision about whether he is going to lean into his more natural identity of an opponent of the NYPD.»
The NYPD is «between a rock and a hard place» under Mamdani, Mangual said, adding that officers will be «less likely to put their lives on the line for a city that they do not feel has their back.»
«He’d be perfectly happy with a world in which he can say, ‘Look, the NYPD is a failure, it’s not keeping crime down, it’s time to try other approaches,’» Mangual said.
Fox News Digital reached out to Mamdani’s office for comment.
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París bajo la sombra de la guerra: el miedo al desabastecimiento y la repatriación masiva de franceses en el Golfo

Los parisinos están inquietos ante una guerra que pisa las fronteras europeas. Cuando el presidente Emmanuel Macron se disponía a hablar este martes, a la hora de la cena, para explicar la posición francesa frente al conflicto de Estados Unidos con Irán, París era un desierto.
Los restaurantes y bares estaban vacíos. En las paradas de taxis esperaban más de veinte vehículos a pasajeros que no llegaban. En las calles se escuchaban sirenas, había mucha presencia policial y las patrullas militares del Vigipirate estaban desplegadas.
En el Café Flore, el corazón de la intelectualidad y la política francesa, no había ni siquiera turistas curiosos. La habitualmente superpoblada brasserie Lipp era un desierto.
En el café Armani, en el St Germain des Prés, solo había tres mesas a la hora de cenar.
“La gente tiene miedo a salir. Estas noticias de la guerra los intimidan, los asustan. Temen atentados. También sienten que hay incertidumbre, que deben ahorrar porque el futuro es difícil de adivinar”, contó David, uno de sus históricos mozos.
Los que estaban, comían rápido y se iban. Todos hablaban de lo mismo: la guerra, el alza de los precios del gas y del petróleo y el impacto en su vida cotidiana.
En las pocas estaciones de servicio dentro de París había colas de automóviles cargando combustible. Temían su escasez.
Al menos hay 400.000 franceses en el golfo Pérsico y el gobierno ha decidido comenzar la repatriación de los que quieran regresar. Primero serán los enfermos, los ancianos y las familias. Después, los demás.
«Nos preparamos para fletar vuelos para que las personas más vulnerables, aquellas que merecen asistencia, puedan beneficiarse de ellos si es necesario», declaró el canciller Jean-Noël Barrot al canal de noticias BFMTV, sin especificar cuántas personas podrían verse afectadas por estos vuelos.
Según el ministro de Asuntos Exteriores francés, unos 400.000 ciudadanos franceses se encuentran actualmente en la decena de países afectados por el conflicto en curso.
«En su mayoría, se trata de ciudadanos franceses residentes en la región, incluyendo personas con doble nacionalidad. Otros son ciudadanos franceses de paso», de los cuales aproximadamente 25.000 ya se han puesto en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores, especificó. Todos los ciudadanos franceses deben registrarse «para que puedan ser localizados».
Las medidas implementadas varían según los países involucrados.
«Por ejemplo, hemos desplegado equipos consulares en las fronteras entre Israel, Egipto y Jordania, lo que ha facilitado el paso de ciudadanos franceses que desean salir por tierra y luego tomar un vuelo desde Egipto o Jordania«, declaró el ministro.
Los ciudadanos franceses que deseen salir de los Emiratos Árabes Unidos podrán hacerlo en las fronteras con Omán y Arabia Saudita, «dos países cuyo espacio aéreo permanece abierto hasta el momento«, añadió.
En cuanto a los vuelos, también se están considerando varias opciones.
Por un lado, los ciudadanos franceses podrán tomar vuelos comerciales en los que París ha reservado «bloques de asientos». También se podrían fletar «vuelos civiles» y «podríamos solicitar aviones de la República Francesa», explicó Jean-Noël Barrot.
«En cuanto a las personas vulnerables, las misiones diplomáticas, embajadas y consulados, que están en contacto con nuestros ciudadanos allí, en colaboración con el Ministerio de Asuntos Exteriores, están elaborando estas listas para que puedan regresar a Francia con prioridad», declaró.
Ante la incertidumbre económica causada por la guerra en Oriente Medio, el ministro de Economía y Finanzas, Roland Lescure, también anunció el martes que una unidad de crisis se reunirá «una vez al día», bajo su dirección, en el Ministerio de Economía y Finanzas. Su objetivo será «seguir la evolución de los mercados financieros, los indicadores económicos y, por supuesto, los mercados energéticos», especificó.
Sin embargo, «no existe riesgo de escasez de suministro a corto plazo» en Francia, «ni de gas ni de gasolina», aseguró el ministro.
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