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Sarlo para multitudes: un desafío que valió la pena

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Desde mi oficio de periodista, Beatriz Sarlo nunca fue para mí un personaje o una autora más a quien debía entrevistar: sentarme a conversar con ella para luego transcribir esa charla y hacerla pública fue siempre una situación anómala, que discurría entre el hábito y la tensión. Esa persona a quien a lo largo de los años entrevisté decenas de veces había sido antes mi profesora más querida en la universidad, aquella que había marcado con sus propias elecciones teóricas y estéticas mi destino lector. Beatriz había sido mi maestra y no dejaba de serlo nunca, tampoco durante las entrevistas.

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Como dijo Sarlo

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Ella sabía, claro, que mi intención nunca iba a ser dañarla, avergonzarla o exponerla. Sin embargo, al estar a cargo de las preguntas, podía incomodarla igual, incluso sin intención. Y eso pasó algunas veces. No necesitaba decirme “estoy molesta” o “no quiero hablar de este tema”; alcanzaba con ver sus gestos, con prestar atención al modo en que respondía. Cuanto más incómoda estaba, más altiva se volvía y, también, más exhibicionista de su conocimiento. Actuaba como un puercoespín: su respuesta a la incomodidad o a cualquier cosa que pudiera mostrarla vulnerable era la multiplicación de su arrogancia. No recuerdo haberla visto o escuchado dubitativa y mucho menos vulnerable en sus respuestas. Eso no era para ella, siempre lista para el retruco.

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Sarlo tenía una extraordinaria capacidad para la argumentación, cultivada por décadas de debates y discusiones, privados y públicos. Sabía mucho y, lo que sabía, conseguía siempre exponerlo con claridad y excelencia. Lo más alucinante es que, de lo que no sabía, también: acabo de decirlo, era una gran jugadora de truco. Podía disimular su desconocimiento o ignorancia a partir de su destreza retórica, de manera que, cuando se sentía atrapada por un déficit de conocimiento que podía mostrarla en falta, lograba llevar la conversación hacia orillas más amigables con su saber. En eso de acomodar las fichas para instalar los temas era imbatible.

Como dijo Sarlo: un libro
Como dijo Sarlo: un libro de entrevistas a la intelectual.

La entrevisté con cámara y sin cámara, con público y sin público. La entrevisté en un camioncito especial de la radio pública instalado en la Feria del Libro, por zoom en pandemia y también en salas colmadas de fans de su obra y de su estilo porque, sí, Beatriz Sarlo tenía un estilo que podía resultar fascinante. Había algo de su cancherismo elegante que era magnético porque nunca perdía el buen habla ni la calidad de las imágenes y los ejemplos o la sintaxis perfecta de sus respuestas. Esto sucedía sobre todo cuando sentía que le había tomado el pulso a la charla pero se la veía mucho más fría y alerta cuando sospechaba que la cosa podía escurrirse de sus manos.

Recuerdo puntualmente una entrevista que está en Como dijo Sarlo, en la que hablamos de los derechos de las mujeres y de feminismo y Beatriz respondía todo el tiempo a la defensiva, orientando la charla hacia el registro de las ciencias sociales; marcando sus coincidencias con los reclamos feministas pero, al mismo tiempo, haciendo todo lo posible por mostrarse, de alguna manera, excepcional: ella nunca había perdido un trabajo por ser mujer, tampoco le habían pagado menos, no se habían abusado de ella de ninguna manera, eso decía. No se sentía cómoda llamándose “feminista” porque no había militado el feminismo, decía también. Hoy le responderíamos que, en todo caso, fue una feminista sin marco teórico.

Beatriz Sarlo conversa con Hinde
Beatriz Sarlo conversa con Hinde Pomeraniec en la Feria del Libro, en 2019.

Le gustaba destacarse, correrse de las marcas; disfrutaba el lugar de francotiradora. Beatriz necesitaba alejarse de cualquier asomo de victimización y se esforzaba por exhibir una suerte de condición excepcional que la había salvado, suponía, por haber nacido en el seno de una familia de maestras y porque luego había estudiado Filosofía y Letras. Todo eso la había alejado de los riesgos del machismo abusivo.

En el transcurso de la charla, sin que ella fuera consciente y mientras buscaba acomodar la conversación para hablar de lo que realmente le interesaba, se iban filtrando “cositas” que la ubicaban de este lado de la foto: como a todas las mujeres, también a ella todo le había costado más; teniendo los créditos para lograr buenos puestos, la obligaban a arrancar por debajo de sus capacidades laborales; como todas, había tenido que escuchar comentarios inapropiados en sus lugares de trabajo y también, como a todas, la habían manoseado en el subte, aún “vestida con un Burberry que llegaba hasta la punta de las botitas”.

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Independientemente del tema, cualquier conversación con Beatriz era siempre un espacio en el que surgían ideas, historias y citas inesperadas. Para alguien que, como yo, con poco más de veinte años ya asistía a sus grupos privados en el final de la dictadura y, poco después, cursaba con ella Literatura Argentina contemporánea en la carrera de Letras de la UBA, resultó magnético ver el modo en que su participación creció en el debate público. En las últimas décadas de su vida, esa deriva hizo posible que sus opiniones fueran influyentes para grandes audiencias y no sólo para quienes cursaban en sus cátedras.

Una joven Beatriz Sarlo.
Una joven Beatriz Sarlo.

Sarlo se tomó en serio eso de ser la intelectual de la república; sus temas de interés se ampliaron fabulosamente igual que las temáticas de sus libros: todo comenzó con sus columnas en medios masivos en las que, además de abordar asuntos coyunturales de la política, se permitió frivolizar sus elecciones y escribir y opinar también sobre cirugías estéticas de quinceañeras, shoppings y los efectos de las redes sociales.

Alguna vez, en una de las entrevistas (que también está en este libro) me confesó que “preferiría volver a escribir más sobre literatura y menos sobre política”. Me atrevo a decir que le pasaba algo parecido a la hora de las entrevistas: estaba más cómoda, se sentía más segura hablando sobre literatura o sobre la periferia social de la literatura que sobre la política y sus avenidas (para seguir con las metáforas cartográficas).

Hablar sobre temas de distintas esferas que afectan a todos puede haberle resultado un desafío magnético en un comienzo, pero también la obligó a dedicarle su tiempo y energía a cuestiones cuya electricidad duraba segundos. Escenas y temas chiquitos si se los pensaba a largo plazo, como siempre había elegido pensar ella. Se me ocurre que, en los últimos años de su vida, la obligación de opinar sobre cada cosa y cumplir con el delivery de expresiones y posicionamientos que demanda la época le restó espesor a la celebrada profundidad de su pensamiento, aunque no tengo dudas de que sus aportes enriquecieron y apuntalaron la conversación pública.

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¿Valió la pena su éxodo del coto académico para entregarse a otros escenarios con audiencias masivas y populares? Sí, valió la pena. Finalmente, ese tipo de intervención política, esa forma de incidencia social y democrática, eran propias de un modelo de intelectual que Sarlo siempre admiró y que claramente había aspirado a reproducir. A lo mejor ese trabajo dejó sus frutos y fueron muchos y muchas los que, después de leerla o escucharla en los medios masivos, terminaron llamándola “maestra”.

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Ucrania: personas ordinarias que hacen cosas extraordinarias

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Es el cuarto invierno de la invasión a gran escala. Y es muy difícil. Los misiles y drones rusos destruyen deliberadamente la infraestructura energética de la cual depende la supervivencia de la población civil. En enero y febrero, la temperatura desciende hasta menos veinticinco grados centígrados. Las ciudades ucranianas literalmente se congelan. Millones de personas tienen acceso limitado, o no tienen acceso en absoluto, a la calefacción, el agua y la electricidad.

Recuerdo que en 2022, cuando los rusos empezaron por primera vez a golpear la infraestructura, apareció en las redes una foto de una maestra de Kyiv. Está con un abrigo rojo, un gorro caliente, en cuclillas junto a un poste metálico sobre el que puso su computador, justo en la calle, cerca de una tienda donde funciona un generador y hay señal de internet. Y allí, en pleno frío, les da una clase a los niños. Y pensé que los rusos habían venido a quitarnos todo: nuestra tierra, nuestra libertad, nuestro futuro, la educación de nuestros hijos. Pero esa maestra de Kyiv decidió no entregarles nada. Y hasta una cosa tan sencilla como darles clase a los niños se convirtió en un acto de resistencia.

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Sé por experiencia propia que, cuando no puedes confiar en el sistema internacional de paz y seguridad, siempre puedes confiar en las personas. Estamos acostumbrados a pensar en categorías de Estados y organizaciones intergubernamentales, pero la gente común tiene mucha más fuerza de la que ella misma imagina.

Hace cuatro años estaba en Kyiv cuando las tropas rusas intentaban cercarla. En aquel momento, nadie creía que pudiéramos resistir una amenaza militar tan poderosa. Recibíamos cada mañana como una victoria, porque habíamos logrado aguantar una noche más. Recuerdo cómo las organizaciones humanitarias internacionales evacuaban a su personal. Pero la gente común se quedó y empezó a resistir. Las personas comunes empezaron a hacer cosas extraordinarias.

Una de esas personas era mi amiga Victoria Amelina, la escritora ucraniana. En los primeros días de la invasión a gran escala, interrumpió un viaje y regresó a Ucrania. Muy pronto se incorporó al trabajo de documentación de crímenes de guerra. Y además hacía muchas cosas en paralelo. Recuerdo que le decía: haces demasiado y ya estás al borde del agotamiento: escribes un libro, documentas crímenes de guerra, vas a misiones de campo, haces trabajo voluntario. ¿Cómo puedes asumir más proyectos? Pero ella respondía que tenía una sensación persistente de no estar haciendo lo suficiente. Y que no sabía cuánto tiempo le quedaba a ella y, al final, a todos nosotros.

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Un mes después de esa conversación, un misil ruso impactó un restaurante en Kramatorsk. En ese momento Vika estaba allí acompañando al Donbas a un grupo de colombianos que promueven la campaña de solidaridad ¡Aguanta Ucrania!. Sufrió una herida grave y cayó en coma. Tal vez suene absurdo, pero le escribía mensajes todos los días. Estaba convencida de que despertaría y leería todo. Y aun cuando una amiga común, que estaba a su lado en cuidados intensivos, me dijo que no solo debía prepararme, sino aceptar lo inevitable, respondí que, aun así, no perdía la esperanza.

No hace mucho revisé por primera vez esa última conversación que Vika nunca llegó a leer. Y esto es lo que quiero decirles.

Primero. Durante tres siglos, los ucranianos vivieron a la sombra del imperio ruso. Por eso entramos en esta guerra como una sociedad sin contexto. Nuestra historia no fue escrita por nosotros. Somos un país con una literatura clásica sin traducir. Las personas en otros continentes sabían de nuestra parte del mundo solo que aquí estaba Rusia. Un imperio no es solo la posesión de tierras, recursos y personas. Es la posesión del conocimiento, es decir, el derecho a nombrar las cosas.

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Segundo. Putin afirma abiertamente que no existe la nación ucraniana, así como tampoco existen la lengua o la cultura ucranianas. Desde hace doce años documentamos cómo esas palabras se convierten en una práctica terrible en los territorios ocupados. Los rusos eliminan físicamente a las personas activas en las comunidades, prohíben la lengua ucraniana, saquean el patrimonio cultural ucraniano y educan a los niños ucranianos con manuales rusos en los que Ucrania no existe como Estado.

Y por último. Esta guerra tiene una dimensión de valores. No es una guerra entre dos países, sino entre dos sistemas: el autoritarismo y la democracia. Putin busca demostrar que un país con poder de veto en la ONU y armas nucleares puede permitirse todo lo que quiera. Incluso privar a toda una nación de su identidad y su libertad. Y la libertad, para los ucranianos, no es solo un valor de autoexpresión, es un valor de supervivencia. No habríamos sobrevivido ni surgido como nación si no hubiéramos aspirado obstinadamente a la libertad durante todos estos siglos.

Por eso, pese a todo, hay personas que enseñan a los niños ucranianos. Hay personas que escriben libros ucranianos. Hay personas que preservan su memoria.

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Sembramos. Sembramos semillas. Sembramos incluso en invierno, cuando todo está congelado. Sembramos aquello que no teme al frío. Sembramos como un acto de fe, porque sabemos que la primavera llegará inevitablemente y todo lo que sembremos brotará. Y sí, es un trabajo a largo plazo. Pero quien piensa en el largo plazo, gana.

Cuando releía aquella conversación que Vika nunca alcanzó a leer, recordaba todo lo importante que logró hacer en su corta vida; pensaba en el amor que compartió generosamente conmigo, con su familia y con nuestras amigas; revisaba las fotos de su libro inconcluso sobre mujeres en la guerra, que fue publicado después de su muerte y traducido a varios idiomas. La vida humana es frágil. Pero aun así, puede estar llena de sentidos eternos.

Ahora sé mucho sobre lo que es la esperanza. La esperanza no es la convicción de que todo saldrá bien. Es la profunda conciencia de que todos nuestros esfuerzos tienen sentido.

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*Oleksandra Matviichuk, defensora de derechos humanos y presidenta del Centro para las Libertades Civiles, en 2022 recibió el Premio Nobel de Paz.

“Cartas de Ucrania” es un proyecto de la campaña de solidaridad latinoamericana ¡Aguanta Ucrania! en conjunto con PEN Ucrania, UkraineWorld e Instituto Ucraniano.

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Trump envoy rebukes Greenland leader for rejecting hospital ship proposal

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

Greenland’s rejection of President Donald Trump sending a U.S. military hospital ship has touched off a private-public healthcare debate amid ongoing diplomatic talks about Arctic security.

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Greenland’s Prime Minister Jens-Frederik Nielsen on Sunday turned down Trump’s offer, and now Trump special envoy to Greenland, Louisiana Gov. Jeff Landry, has weighed in.

«Shame on Prime Minister Jens-Frederik Nielsen!» Landry wrote in response to a Fox News report on Nielsen’s objection. «President Donald J. Trump and America care. After speaking to many Greenlanders about the day to day problems they face, one issue stood out — healthcare.»

Greenland has sought more self-governance from Denmark under the Self Government Act in 2009 to take more local authority under home rule, but Danish officials’ instant rejection of Trump’s offer is aligned with Greenland’s own rejection that came later Sunday.

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CANADA AND FRANCE OPENING NEW CONSULATES IN GREENLAND’S CAPITAL AMID TRUMP PRESSURE

Greenland has rejected the Trump administration’s push to take over the Danish territory. (Thomas Traasdahl/Ritzau Scanpix / AFP via Getty Images; Al Drago/Bloomberg via Getty Images)

«President Trump’s idea of ​​sending an American hospital ship here to Greenland has been noted,» Nielsen wrote in a translated Facebook post. «But we have a public healthcare system where treatment is free for citizens.

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«It is a deliberate choice.»

Greenland remains open to dialogue and cooperation with the U.S., with a caveat, according to Nielsen.

«But talk to us instead of just making more or less random outbursts on social media,» Nielsen said in his own public Facebook protestation.

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TRUMP KEEPS MACRON UNDER SPOTLIGHT AS GREENLAND TALKS GRIND FORWARD FROM DAVOS

President-elect Donald Trump and Louisiana Gov. Jeff Landry

Louisiana GOP Gov. Jeff Landry speaks during a meeting with President Donald Trump last year. (Scott Olson/Getty Images)

Greenland’s «free for citizens» care is not sufficient, Landry argued in his Facebook response posted to his campaign’s page.

«Many villages and small towns lack basic services that Americans often take for granted,» Landry’s post continued. «Small settlements are without permanent doctors, diagnostic tools, or specialist care – forcing residents to travel great distances for vital treatments that should be available at home.»

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The healthcare issue underlies the overreaching Trump hopes to annex Greenland to secure the strategic Arctic region from Russian and Chinese designs, calling it a vital issue for «national security» for both the U.S. and the NATO alliance.

«A healthy Greenland is vital for America’s national security,» Landry’s post concluded. «America is committed to defending Greenland, and that begins by ensuring its people are defended against basic illnesses and ailments. 

«These missions matter because health is inseparable from security. America’s commitment to defending Greenland must begin with ensuring its people are healthy.»

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The recent dust-up came after Denmark’s Joint Arctic Command evacuated a crew member who required urgent medical treatment from a U.S. submarine in Greenlandic waters, seven nautical miles outside of Greenland’s capital of Nuuk.

«Working with the fantastic Governor of Louisiana, Jeff Landry, we are going to send a great hospital boat to Greenland to take care of the many people who are sick, and not being taken care of there,» Trump wrote Saturday night on Truth Social. «It’s on the way!!!»

That post sparked objection from both Danish Defense Minister Troels Lund Poulsen and Danish Prime Minister Mette Frederiksen on Sunday.

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«The Greenlandic population receives the healthcare it needs,» Poulsen told Danish broadcaster DR, according to Reuters. «They receive it either in Greenland, or, if they require specialized treatment, they receive it in Denmark.

VANCE: US SHOULD GET ‘SOME BENEFIT’ FROM GREENLAND IF IT’S GOING TO BE ‘ON THE HOOK’ FOR PROTECTING TERRITORY

«So it’s not as if there’s a need for a special healthcare initiative in Greenland.»

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A split of Donald Trump and Mette Frederiksen.

Danish Prime Minister Mette Frederiksen is rejecting President Donald Trump’s offer to send a U.S. military hospital ship to Greenland, suggesting Denmark’s public healthcare system is sufficient. (Anna Moneymaker/Getty Images; Kirsty Wigglesworth – WPA Pool/Getty Images)

Frederiksen spun the Trump offer into a political debate on public healthcare.

«Am happy to live in a country where there is free and equal access to health for all,» Frederiksen wrote in a translated post, sharing a Democrat attack point on Trump’s Republican Party’s struggles to reform what Trump has rebuked as a «failure» of Obamacare. «Where it’s not insurances and wealth that determine whether you get proper treatment. You have the same approach in Greenland.»

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The U.S. Navy has two hospital ships, the Mercy and the Comfort. Both were last docked in Alabama for repairs, according to Reuters.

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North Korea’s Kim Jong Un re-elected as ruling party leader

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North Korean leader Kim Jong Un was re-elected as general secretary of the ruling Workers’ Party of Korea, according to a press release from the country’s state-run media.

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The decision was announced on Monday by the Korean Central News Agency (KCNA), which said the party formally adopted the measure on Feb. 22 during its Ninth Congress.

KCNA described the move as reflecting the «unanimous desire» of party members, the military and the public, praising Kim as the «centre of unity and leadership» and crediting him with strengthening the country’s nuclear deterrence and advancing economic and military development.

The lengthy statement highlighted the country’s achievements over the past five years, including improvements to national defense capabilities and economic planning.

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KIM JONG UN APPEARS WITH DAUGHTER AT MAUSOLEUM, FUELING SUCCESSION SPECULATION

In this photo provided by the North Korean government, leader Kim Jong Un claps after being re-elected to the top post of the ruling Workers’ Party during its congress in Pyongyang on Feb. 22, 2026. (Korean Central News Agency/Korea News Service via AP)

It also reaffirmed Kim’s role as the guiding figure in the country’s «socialist construction.»

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Kim, who has been in power since 2011, has served as general secretary of the Workers’ Party since 2021, when he formally assumed the title previously held by his late father, Kim Jong Il.

An analysis by the American Enterprise Institute (AEI) suggests North Korea could use the conclusion of the Ninth Party Congress to unveil new strategic weapons and highlight progress under its 2021–2025 military modernization plan.

SOUTH KOREAN COURT RULES EX-PRESIDENT YOON SUK YEOL GUILTY IN INSURRECTION TRIAL

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Kim Jong Un sits at a podium during a Workers’ Party congress in Pyongyang.

In this photo provided by the North Korean government, leader Kim Jong Un attends the ruling Workers’ Party Congress in Pyongyang on Feb. 22, 2026. (Korean Central News Agency/Korea News Service via AP)

The report notes Pyongyang may showcase advances in intercontinental ballistic missiles, submarine-launched ballistic missiles and hypersonic glide vehicles as it seeks to improve the survivability and accuracy of its nuclear capabilities.

AEI assessed that Kim is also likely to outline modernization goals for the 2026–2030 period, potentially emphasizing second-strike capabilities, faster launch readiness and more diverse delivery systems.

NORTH KOREA FIRES MISSILE AS US, SOUTH KOREA BEGIN THEIR 1ST JOINT MILITARY EXERCISE OF TRUMP’S 2ND TERM

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Beyond military issues, the analysis says Kim may frame the current five-year economic plan as a success, pointing to increased trade with Russia and China and efforts under his «20×10 Regional Development Policy» to reduce rural-urban disparities.

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