INTERNACIONAL
«Tontorrones y sin remedio»: los repudiables dichos de una diputada de Chile sobre los bolivianos

«Yo quiero, sin ánimo de ser denostadora…», comenzó su discurso la diputada chilena María Luisa Cordero Velásquez (84) ante la cámara legislativa. Pero lo que siguió a esa aclaración inicial de Cordero Velásquez fue una cadena de dichos que generaron revuelo y condenas tanto en Bolivia como en Chile. Lo que hizó Cordero Velásquez fue tildar a los bolivianos de «tontorrones» y argumentó que se debe a «la falta de oxígeno en el cerebro» por vivir en el altiplano.
La polémica situación se dio el martes en la Cámara de Diputados de Chile. Su origen, sin embargo, está en Bolivia. Rodrigo Paz, que competirá con Jorge «Tute» Quiroga en el balotaje presidencial del 19 de octubre, prometió la semana pasada que si gana las elecciones permitirá la legalización de autos con irregularidades burocráticas. Por ejemplo, asociaron en Bolivia, los vehículos que son robados en Chile y luego cruzan la frontera.
Las autoridades chilenas observan de cerca ese fenómeno, principalmente para discernir posibles delitos de trata o tráfico en la frontera entre ambos países, que es cuidada celosamente de ambos lados por la tensión de conflictos históricos. La Cámara de Diputados de Chile trató recientemente proyectos de ley para ampliar las facultades de las autoridades fronterizas, pero ahora el tema volvió a instalarse en el Parlamento debido a las afirmaciones del candidato boliviano Paz. En rigor, considerando cómo sobrevinieron luego los hechos, por los dichos de una diputada chilena.
María Luisa Cordero Velásquez es médica psiquiatra y cirujana, mediática y diputada independiente que integra, desde hace años, coaliciones de derecha. Actualmente es miembro de Chile Vamos, en representación de la Región Metropolitana. «La doctora Cordero», se la conoce en el país trasandino.
El martes, a colación de los dichos de Paz, la diputada se desembozó. «Lo que dijo el candidato presidencial boliviano… que para colmo de males se llama igual que un colega mío: Rodrigo Paz. Yo quiero, sin ánimo de ser denostadora… Sólo estoy haciendo una descripción de la fisiología del cerebro de los bolivianos«, advirtió Cordero Velásquez en el inicio de su intervención.
Si suena aventurado que en la Cámara de Diputados de Chile se traten cuestiones fisiológicas de los ciudadanos de un país vecino, la diputada de Chile Vamos redobló todas las apuestas: «Los bolivianos nacieron en el altiplano y por lo tanto tienen disminución del oxígeno cerebral. Eso hace ellos tengan estas frases (como la de Paz). Ellos son portadores crónicos desde el nacimiento de una encefalopatía hipóxica«.
«Esa patología fue descubierta por un grupo de norteamericanos que andaban de vacación por Bolivia y se dieron cuenta de la bradipsiquia: ese es el nombre elegante para decir la ‘tontorronez’ de los vecinos. Y es crónico, no tiene remedio», acotó la diputada chilena. «Muchas gracias», extendió al presidente de la cámara legislativa, y apagó su micrófono.
Pero la cuesitón no quedó ahí. El presidente de Bolivia, Luis Arce, lanzó su protesta en redes sociales por los dichos de Cordero Velásquez: «Su inaceptable intervención es una afrenta al Parlamento, al pueblo chileno y a la ética de la profesión médica. (…) Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado Plurinacional de Bolivia realizaremos las acciones correspondientes a través de los canales diplomáticos establecidos».
Bolivia y Chile cesaron sus relaciones diplomáticas en 1978, por la falta de un acuerdo para que el país altiplánico obtenga una salida al mar por territorio chileno, y desde entonces no las retomaron. Sí, en cambio, mantienen vínculos comerciales y acuerdos migratorios.
En Chile, por su parte, la polémica también pregnó. La Cancillería, por medio de su principal ministro, Alberto van Klaveren, repudió «enérgicamente las expresiones xenófobas hacia el pueblo boliviano, las que no representan desde ningún punto de vista el sentir del Estado y del Gobierno de Chile. El racismo y la xenofobia son inaceptables».
El cónsul general de Chile, Fernando Velasco, se expresó en la misma síntonía: «Me atrevo a decir que esas expresiones no son compartidas por todo el pueblo chileno. Merecen la condena y el rechazo».
Bolivia,Luis Arce,Chile,Últimas Noticias
INTERNACIONAL
Ucrania golpeó tres instalaciones petroleras en Rusia en una nueva escalada de su campaña energética

Drones ucranianos atacaron esta madrugada tres infraestructuras petrolíferas en territorio ruso, entre ellas dos refinerías en la región de Nizhni Nóvgorod y un oleoducto en la región de Leningrado, en una nueva escalada de la campaña de Kiev contra las instalaciones energéticas del Kremlin.
El gobernador de Nizhni Nóvgorod, Gleb Nikitin, informó que los restos de un dron derribado dañaron dos instalaciones de la petrolera Lukoil y provocaron incendios que fueron controlados. Las autoridades señalaron que rechazaron 30 drones ucranianos que apuntaban al distrito industrial donde se ubican las refinerías.
Se trata de una de las mayores refinerías de Rusia, con una capacidad de procesamiento de hasta 17 millones de toneladas de crudo por año. Según datos de fuentes abiertas, se registraron más de 20 explosiones, actividad de defensa aérea y un incendio de gran escala en las inmediaciones de la instalación.

Además, en la misma región resultaron dañadas una central termoeléctrica y varios edificios residenciales.
En la región de Leningrado, a orillas del mar Báltico, el gobernador Alexandr Drozdenko informó que un dron abatido cayó sobre un oleoducto cerca de la ciudad de Primorsk. “Esta mañana, las fuerzas de defensa aérea derribaron 19 drones sobre la región de Leningrado”, añadió.

El Ministerio de Defensa ruso comunicó que durante la noche derribó un total de 87 drones ucranianos en catorce regiones del país, incluida la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014.
Heridos civiles y ataque ruso
Los ataques no se limitaron a infraestructuras. El gobernador de Bélgorod, Viacheslav Gladkov, informó que un dron ucraniano impactó contra un minibús blindado utilizado para transportar civiles al trabajo en la aldea de Zamostye, en el distrito de Graivoron, dejando siete heridos.
En paralelo, Rusia lanzó su propio ataque nocturno contra Ucrania con casi cien drones. Según el parte diario de la Fuerza Aérea ucraniana, Moscú empleó 93 drones suicidas de los tipos Shahed, Gerbera e Italmas, lanzados desde territorio ruso y desde Crimea. La defensa antiaérea derribó o neutralizó 76 de ellos, pero 17 lograron impactar en diez ubicaciones distintas. Entre los lugares alcanzados estuvo la región de Odesa, donde edificios residenciales del distrito de Jadzhibei resultaron dañados y tres personas resultaron heridas.
Una campaña que incomoda a los aliados
Los ataques del domingo se producen en un contexto de creciente tensión dentro del bloque occidental. Aliados de Ucrania han pedido a Kiev que suspenda su campaña de drones contra refinerías rusas, preocupados por el impacto sobre los precios globales del crudo en un momento en que la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha bloqueado el estrecho de Ormuz, por el que transitaba el 20% del petróleo mundial.
Kirilo Budánov, jefe de gabinete del presidente Volodímir Zelensky, confirmó a la agencia Bloomberg que Kiev ha recibido esas solicitudes. “Respondamos a esto de forma diplomática. Estamos recibiendo ciertas señales al respecto”, afirmó, sin revelar qué países han pedido la pausa.
Kiev considera las instalaciones energéticas rusas objetivos militares legítimos porque abastecen a las tropas del Kremlin y financian la maquinaria bélica. En las últimas semanas, además de los ataques del domingo, Ucrania golpeó una refinería en Sarátov y la tercera más grande del país, en Kirishi, también en la región de Leningrado.
El petróleo, un factor clave en la guerra
El debate sobre los ataques a refinerías tiene un trasfondo económico de peso. Según el Instituto KSE, el aumento repentino de los precios mundiales del combustible podría impulsar significativamente las finanzas rusas, después de que los ingresos petroleros del Kremlin se redujeran a la mitad en los dos primeros meses de 2026. En el escenario menos favorable para Ucrania, Rusia podría obtener hasta 252.000 millones de dólares en ingresos adicionales este año.
Estados Unidos, en tanto, relajó temporalmente las sanciones a las ventas de petróleo ruso debido a las interrupciones en el estrecho de Ormuz, lo que añade complejidad a los cálculos estratégicos de Kiev sobre si continuar o no con su campaña energética.
War,Europe,Military Conflicts
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Pope Leo XIV invokes Pope Francis’ final words in Easter plea against growing ‘indifference’ to war

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Pope Leo XIV gave his first Easter blessing as pontiff on Sunday, calling for peace and urging the world not to grow indifferent to the deaths of tens of thousands in violent conflicts around the world.
Leo gave the traditional Urbi et Orbi blessing from the balcony of St. Peter’s Basilica to a crowd in St. Peter’s Square that Vatican media described as numbering over 50,000.
Leo said that in a world hurt by wars and abuses, people need hope and peace, urging against growing accustomed to violence and indifferent to the death of tens of thousands.
«On this day of celebration let us abandon every desire for conflict domination and power and implore the Lord to grant his peace to a world ravaged by wars and marked by a hatred and indifference that makes us feel powerless to the face of evil,» the pope said.
IRISH PRIME MINISTER TAOISEACH MICHEÁL MARTIN ADDRESSES HOW EUROPE FEELS ABOUT US-IRAN CONFLICT
Pope Leo XIV delivers the Urbi et Orbi blessing — Latin for «to the city of Rome and to the world» — from the central loggia of St. Peter’s Basilica at the end of Easter Mass he presided over in St. Peter’s Square at the Vatican, Sunday, April 5, 2026. (AP Photo/Alessandra Tarantino)
Leo reminded the faithful that «the power with which Christ rose is entirely nonviolent.»
«In the light of Easter, let us allow ourselves to be amazed by Christ,» he said. «Let us allow our hearts transformed by his immense love for us. Let those with weapons lay them down. Let those who have the power to unleash wars choose peace. Not a peace imposed by force, but through dialogue. Not through a desire to dominate others, but to encounter them.»

Faithful wait for Pope Leo XIV to deliver the traditional Urbi et Orbi blessing at the end of the Easter Mass in St. Peter’s Square at the Vatican, Sunday, April 5, 2026. (AP Photo/Andrew Medichini)
Leo also invoked what he said were the final words that Pope Francis issued to the world from the same balcony one year ago, during which the late pontiff warned of a «globalization of indifference.»
ISRAEL LOOKING FOR ‘SOLUTIONS’ TO OPEN CHRISTIAN SITES AFTER BARRING CHURCH LEADER ON PALM SUNDAY DUE TO WAR
«What a great thirst for death, for killing we witness each day in the many conflicts raging in different parts of the world,» Leo said, quoting Francis.

Pope Leo XIV addresses the faithful before delivering the Urbi et Orbi blessing from the central loggia of St. Peter’s Basilica at the end of Easter Mass he presided over in St. Peter’s Square at the Vatican, Sunday, April 5, 2026. (AP Photo/Alessandra Tarantino)
Leo concluded the blessing by wishing everyone a happy Easter in 10 different languages and singing the Regina Ceoli.
Leo earlier held his first Easter Mass as pope, in which he called for the faithful to exercise hope against «the violence of war that kills and destroys,’’ adding that in the face of conflicts spreading around the world, «we need this song of hope today.»
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Leo has repeatedly called for a halt in hostilities as the U.S.-Israeli war on Iran enters its second month and Russia continues its violent campaign in Ukraine.
Fox News’ Courtney Walsh contributed to this report.
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INTERNACIONAL
Unabomber: ascenso y caída del brillante matemático que sembró terror enviando bombas por correo

Fueron 18 años de una búsqueda constante y desesperante. En algún momento, los investigadores creyeron que nunca lo iban a encontrar, que ese hombre iba a seguir haciendo daño por correo, a larga distancia. Sus perseguidores eran un batallón y se invirtieron cientos de millones de dólares. Pero las pistas eran muy escasas. Sólo sabían que los medios lo llamaban Unabomber y que persistiría haciendo daño.
Hasta que David Kaczynski, empujado por su esposa, leyó el manifiesto del Unabomber que publicaron -obligados- el New York Times y el Washington Post. Ahí estaban las huellas que sólo David podía ver, el único que podía reconocer que tras esas parrafadas farragosas y alucinadas estaba su hermano Ted. Seis semanas después, el FBI detuvo al criminal que lo había desvelado durante casi dos décadas: Ted Kaczynski, el Unabomber.
Después, hasta el día de su muerte, su hermano David trató de reiniciar la relación y que su hermano lograra perdonar que él lo hubiera delatado. No lo consiguió.
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El Unabomber fue el criminal más buscado del mundo. Su historia es mucho más que el recuento de la vida de un terrorista. Es la historia de una persecución interminable, de resentimiento, de muertes y mutilaciones, de un alienado que logró instalar el pánico en una sociedad. Y, también, es la historia de un amor fraternal perpetuo.
El arresto que conmocionó al mundo
La cacería incierta terminó 30 años atrás, el 3 de abril de 1996. El FBI rodeó la pequeña cabaña de Lincoln, Montana en la que vivía Ted Kaczynski. Un lugar inhóspito, desolado. El hombre de 54 años no tenía electricidad ni agua corriente. Los habitantes del pueblo testificaron que podía pasar meses sin salir de su vivienda. Nadie tenía nada malo para decir de él. Era raro, torvo, pero no solía causar problemas. Durante años, fue la persona más buscada. (Foto: AP / Elaine Thompson)
Un pequeño ardid para hacerlo salir de su cueva permitió su arresto inmediato. Dentro de la cabaña encontraron profusos diarios de su reclusión, notas codificadas explicando sus ataques, el original de su manifiesto, la máquina de escribir, elementos para armar los explosivos caseros y debajo del catre en el que dormía, una bomba dispuesta para ser despachada por correo.
La noticia provocó una conmoción mundial. Por fin habían logrado dar con el criminal que asolaba desde algún lugar remoto. Nadie ganó las apuestas. Ninguno de los perfiles que se habían hecho del terrorista había acertado. Fueron dieciocho años de investigación, de pesquisas estériles, de equipos puestos a perseguir un fantasma.
Tres agencias federales de Estados Unidos hacían más de una década se habían fijado como prioridad su captura: el FBI, la Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives (el “Explosives” lo agregaron por él al nombre de la agencia) y los investigadores del correo buscaban a alguien, pero no sabían a quién.
Se gastaron cientos de millones de dólares y se destinaron 500 hombres a dilucidar la cuestión. Se había convertido ya en una obsesión pública. Las autoridades querían desbaratar la amenaza que significaban esas cartas bombas siempre sorpresivas, que nunca podían prevenirse; pero también saciar su obsesión, su frustración por ser burlados, por ser incapaces de, con todos los recursos imaginables, acercarse al menos a delinear la identidad del asesino.

Ted Kaczynski en su cabaña en Lincoln, Mont. (Foto: David Kaczynski via The New York Times)
El Enemigo Público Número Uno
A lo largo de esas casi dos décadas, 16 atentados, tres muertos y 23 heridos (algunos de gravedad, con mutilaciones y discapacidades permanentes), el Unabomber se convirtió en el Enemigo Público Número Uno.
Pero con las víctimas puestas en fila, en uno de esos pizarrones que utilizan los investigadores en las series policiales, se hacía casi imposible descubrir cuál era el hilván que los sostenía, que comunicaba a cada caso entre sí. Sólo se podía saber, tras unos cuantos atentados, que el autor era el mismo por el tipo de paquetes y por cómo los mecanismos de los explosivos mantenían familiaridad entre sí a pesar de que entrega tras entrega se sofisticaban. Los hermanos Ted y David Kaczynski en 1952. (Foto: David Kaczynski via The New York Times)
Theodore John Kaczinski tuvo esa precocidad de la que alguna vez habló George Steiner. El pensador escribió que hay tres actividades en que los jóvenes prodigios son más frecuentes: la música, el ajedrez (Steiner se refería a Bobby Fischer) y las matemáticas. Ted se salteó algunos grados en el colegio primario y llegó a la universidad en medio de una adolescencia apocopada. Si los números se le daban bien, no sucedía así con las relaciones humanas.
Su capacidad sorprendía a sus maestros. Algunos le han atribuido un coeficiente intelectual comparable (o tal vez superior) al de Stephen Hawking o Albert Einstein. La carrera universitaria pareció impecable. Uno de los más jóvenes en ingresar a Harvard, un doctorado precoz en la Universidad de Michigan, el asistente con menos edad en la historia de Berkeley.
El futuro parecía para él repleto de posibilidades. Pero su incomodidad y sus problemas de relación lo fueron alejando. Algo se rompió dentro suyo. Otros conseguían cosas que le correspondían a él. Los demás mantenían relaciones afectivas, avanzaban en su trabajos y eso Ted lo vivía como una injusticia.
No era igual a los otros. Y toda la vida eso le había pesado. Había recibido agresiones, indiferencia, bullying. La incomodidad era una sensación permanente. Dentro suyo crecía un odio oscuro, una sed de revancha contra no sabía quién, generalizada. Dejó la vida académica en 1969. Consiguió algunos trabajos pero ni siquiera duró con su hermano como empleador que debió despedirlo por su conducta extraña y agresiva.
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La decisión de apartarse de la sociedad
En una carta que le mandó a su hermano hablaba de sed de venganza, de una pulsión interna: “Hago lo que hago por una simple cuestión de venganza personal. No hay un motivo altruista ni pienso en el bienestar de la raza humana. Deseo de venganza. Nada más. Una venganza general contra la comunidad científica y los estamentos burocráticos, por no hablar de los comunistas y de los otros que amenazan las libertades. Pero eso es imposible. Me tendré que conformar con una venganza menor, personal”. El texto es de abril de 1971, año en el que decidió apartarse de la sociedad.
Construyó la cabaña en Montana y llevó una vida de ermitaño. Viviría como en otro siglo -uno muy lejano- de lo que pudiera recolectar, en comunión con la naturaleza. Los contactos con su hermano también se espaciaron.
Su hermano, David Kaczynski, reconoció en el manifiesto la voz del Unabomber y facilitó su detención. (Foto: AP)
La primera carta bomba la mandó siete años después, el 25 de mayo de 1978, a un profesor de ingeniería de los materiales de Illinois. La encomienda la abrió un guardia que sólo sufrió quemaduras leves. Luego los envíos se sucedieron con frecuencia irregular y sin demasiada efectividad letal.
Los primeros destinatarios y los investigadores se desgañitaron para entender quién habría sido el remitente. Todas las pistas llevaban a callejones sin salida. No había móvil posible. Tuvieron que llegar varias cartas y pasar algunos años para que alguien conectara los ataques y entendiera que se trataba de la misma persona.
En 1979 en la bodega de un avión de American Airlines un paquete empezó a lanzar un humo extraño. Un aterrizaje de emergencia y un mecanismo defectuoso evitaron una tragedia. Los investigadores, mientras tanto, no encontraban nada. No había pruebas, ni indicios. Cada ataque parecía surgir de la nada. Por el momento sólo les quedaba agradecer que la pericia del atacante para fabricar era, todavía, muy limitada. Pero cada artefacto superaba al anterior. Entre los papeles personales del Unabomber, encontrados luego de su detención, había anotaciones en las que se lamentaba ante la ineficacia de sus bombas iniciales. Quería que fueran mejores, que provocaran más daño, más destrucción. Que mataran a quienes las recibían.
El desconcierto del FBI
El FBI ya iba tras él pero sin saber qué rumbo tomar. Como los primeros ataques estaban dirigidos a universidades y aerolíneas, se lo llamó Unabomber. La unidad que investigaba sus crímenes fue, con el tiempo y la frustración de la cacería inocua, creciendo exponencialmente. Los posibles sospechosos cambiaban todo el tiempo.
El mayor momento de zozobra fue cuando, ya en los noventa, tras una amenaza, logró detener los vuelos durante una jornada en todo el país y paralizar uno de los mayores orgullos de los norteamericanos, su servicio postal.
¿Quién podría ser? ¿Qué habilidades debía poseer? ¿Dónde vivía? ¿A qué se dedicaba? ¿Cómo elegía sus víctimas? ¿Cuál era su móvil? Esas eran algunas de las preguntas que los investigadores fracasaban en responder. Algunas respuestas ni siquiera las tuvieron tras solucionar el caso. Otras posiblemente ni siquiera las tuviera Kaczinski.
Durante un tiempo dominó la desesperanza. Parecía que iba a ser imposible descubrir a este asesino que atacaba y se escondía por meses o años y que, cada vez que aparecía, modificaba el objetivo y aumentaba su poder de daño. Elusivo, frío y arbitrario, no se veía cómo se lo podía atrapar.
La publicación del manifiesto
El 10 de septiembre de 1995, el New York Times y el Washington Post, los dos diarios más importantes de Estados Unidos, aparecieron con un suplemento especial. 35.000 abigarradas palabras en el que el criminal exponía sus ideas antiindustriales, anarquistas, sus alegatos contra la tecnificación y la deshumanización de la vida moderna. Se lo conoció como el Manifiesto Unabomber. David Kaczynski entregó a su hermano Ted al FBI (Foto: Jordan Vonderhaar/The New York Times)
Causó impacto, el público se mostró ávido por leer el texto. Sin embargo, tras un estilo enérgico, altisonante y afectado (como el del que conoce la importancia de lo que está diciendo), sólo había ideas vagas, poco originales, parciales e infantiles. Las denuncias que contenía habían sido expresadas, con más elaboración e ingenio, en otras ocasiones. Un anarquismo de fin de siglo, romántico y en apariencia bien intencionado en las palabras, pero que cargaba con varias vidas destrozadas por los 16 ataques precedentes.
El Unabomber había enviado el farragoso texto a las redacciones de esos diarios con una advertencia, con una propuesta negociadora. Él interrumpía para siempre sus ataques si los dos medios más importantes de Estados Unidos publicaban sin cercenar su escrito.
La primera reacción tanto del FBI como de los diarios fue rechazar la propuesta. No se negocia con terroristas, fue el principio general esgrimido. Pero desde el FBI se insistió en que el manifiesto se diera a conocer. Era una chance de que alguien viera en ese mamotreto algo que ellos no estaban viendo. Que algún amigo o familiar reconociera algún rasgo particular, alguna marca propia en la escritura que les permitiera acercarse a su presa. Aunque era un lance, un albur, la estrategia funcionó. Su historia fue objeto de artículos periodísticos, documentales, películas, series y libros. (Foto: AP)
La cuñada y el hermano lo reconocen
Quien terminó identificando al Unabomber, la que logró darle un nombre propio al terrorista fue la esposa de su hermano. A pesar de que ella nunca lo había visto en persona, había leído cartas que Ted le había enviado a su marido David. Reconoció su estilo, sus obsesiones en el manifiesto Unabomber publicado en el New York Times y el Washington Post. Le contó a su marido. Después de algunas dudas, idearon una estrategia que les permitiera dos protecciones simultáneas. Por un lado, conservar el anonimato del matrimonio; y por el otro, proteger la vida de Ted, en caso de que efectivamente fuera el asesino postal.
La tarea de la esposa de convencer a David Kaczinsky no fue sencilla. Sacaron de una caja en el desván las cartas furiosas de su hermano que hacía años que habían dejado de llegar. Las similitudes de estilo y de discurso eran evidentes. Las invectivas contra el sistema, la furia, el resentimiento similares. Encontraron un ensayo que había escrito en 1971 contra la sociedad industrial muy similar temática y estilísticamente.
La disyuntiva era denunciar al hermano y condenarlo a la silla eléctrica o permitir que hubieran más atentados y sentirse cómplices de las muertes seguras. Primero contrataron un detective privado para que ubicara a Ted y les contara cuál era su estilo de vida actual. Luego, llevaron todo lo colectado a una abogado para que sirviera de intermediario con el FBI.
La tarea de convencer a un juez
El FBI determinó que no quedaban dudas: se trataba de la misma persona. Por fin, después de años a oscuras, tenían un nombre firme. Pero todavía debían convencer a las autoridades judiciales para que aprobaran el operativo y la requisa. No tenían pruebas convencionales. Ni declaraciones testimoniales, ni rastros de los explosivos, ni circunstancias fácticas que asociaran a Kaczynski con los explosivos. Es más, se abrían interrogantes.
¿Cómo este hombre alejado de casi todo contacto social y de la economía de consumo había logrado conseguir los materiales para fabricar las bombas? ¿Cómo había conseguido enviarlas desde distintos lugares? ¿Por qué había elegido esas víctimas tan poco conectadas entre sí y que vivían en seis estados diferentes?
Uno de los investigadores del FBI, James Fitzgerald trabajó durante años con uno de los escasos elementos que el Unabomber les había proporcionado. Sus escritos. Su tarea era durante diez o doce horas diarias encontrar señales o pistas que lo llevaran hasta su presa. Una palabra, una coma, una expresión, un refrán mal usado.
Cuando tuvo el manifiesto y lo pudo comparar con las cartas personales sus dudas se disiparon. Tenían, por fin, a quien buscaban. Pero debía convencer a un juez de ello, debía lograr que por primera vez alguien autorizara una medida de tamaño impacto basándose sólo en el análisis y coincidencias de unos párrafos. En los escritos había otras pistas que lo contactaban con su autor. Estructura sacada de sus años universitarios, vocabulario técnico o expresiones coloquiales ya en desuso. A esa rama novedosa de la criminalística se la llamó lingüística forense.
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Finalmente un juez libró la orden de captura y se realizó el operativo que lo encontró en la precaria cabaña en Montana. La noticia recorrió el mundo.
El juicio y los años en prisión
Durante el juicio, Ted Kaczinski tuvo una conducta errática. Sobre él pendía la pena de muerte. Pero también la posibilidad cierta de ser declarado insano, con las facultades mentales alteradas. Esa declaración efectiva hubiera, según su perspectiva, alterado su legado. En medio del proceso decidió asumir la culpabilidad y la autoría de cada uno de los atentados para evitar que lo declaren efectivamente como alguien inimputable debido al deterioro psiquiátrico. Hasta luchó con sus propios abogados que sólo buscaban salvar su vida. Fue condenado a prisión perpetua sin posibilidad de obtener la libertad condicional.
Permaneció aislado en una cárcel de alta seguridad en Colorado. Fue objeto de artículos periodísticos, documentales, películas, series y libros. La imagen de su identikit dibujado a lápiz con la capucha se convirtió en póster y en signo de época.
Fue incorporado a esa lista que logra generar una atracción en el público, la de los asesinos seriales. Y como tal se convirtió, él mismo, su figura, su historia, sus representaciones, sus escritos, sus crímenes, sus ideas, todo ello, toda su existencia se convirtió en aquello que siempre dijo combatir. Fue un ícono popular, un eslabón más (y uno redituable) de la sociedad de consumo, de la era de la industrialización. Tras años de muerte y dolor, fue condenado a prisión perpetua sin posibilidad de obtener la libertad condicional. (Foto: AP / John Youngbea)
Las cartas de su hermano
Su hermano David le escribió decenas de cartas. Casi ninguna fue respondida, pese a que Ted escribió más de 400 desde su celda. David depositaba dinero para que pudiera comprar cosas en la despensa de la prisión. Pidió visitarlo, pero su hermano mayor se negó.
Le envió alguna misiva expresándole su desprecio: le dijo que lo había denunciado en venganza, porque siempre había sido inferior a él, por un complejo de inferioridad. David nunca perdió las esperanzas. Le contaba anécdotas de la infancia compartida, le repetía que lo amaba.
Cuando su madre se enfermó gravemente, le pidió a Ted que le escribiera. El Unabomber jamás respondió y la mujer murió sin volver a hablar con su hijo. Hasta que un día una de las cartas volvió rechazada. Tras varios llamados y correos electrónicos, David se enteró de que su hermano había sido trasladado del penal a una unidad de cuidados hospitalarios. Padecía un cáncer rectal avanzado.
Otra vez pidió visitarlo, pero Ted negó la autorización. Mientras tanto, David se contactó con varias de las víctimas de su hermano para pedirles disculpas. Con algunas de ellas dio conferencias sobre la paz y el perdón.
El final
Ted Kaczynski, el Unabomber, fue encontrado muerto en su celda la mañana del 10 de junio de 2023. Luego se supo que se había ahorcado, sumido en la depresión que lo había azotado tras el diagnóstico de cáncer.
Su hermano David pidió disponer de los restos, pero el servicio penitenciario se lo impidió. Ted había dejado un testamento en el que la única disposición determinaba que David, su hermano, no pudiera decidir qué hacer con sus restos ni con sus pertenencias.
Sumario, atentados, Terrorismo, Ted Kaczynski, Fbi
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