INTERNACIONAL
Trump ordena investigar a Bill Clinton y a reconocidos empresarios que tuvieron relación con Jeffrey Epstein

Preocupado por un escándalo que le sigue pisando los talones, el presidente Donald Trump pidió este viernes a la ministra de Justicia de Estados Unidos y al FBI que investiguen la relación de Jeffrey Epstein con el ex presidente Bill Clinton, el ex secretario del Tesoro Larry Summers, el empresario Reid Hoffman, y los bancos JPMorgan y Chase.
“Los registros muestran que estos hombres y muchos otros pasaron gran parte de su vida con Epstein en su isla”, denunció el presidente, en referencia al lugar paradisíaco del Caribe donde el financista que fue condenado por abuso y tráfico sexual llevaba a menores de edad con invitados.
Con un posteo en su red Truth Social, Trump reaccionó así a las recientes revelaciones de correos electrónicos de Epstein, entre ellos uno que señalaba que «(La víctima) pasó horas en mi casa con él, nunca se le ha mencionado», en referencia a Trump.
Este e-mail fue parte de un lote de más de 23.000 documentos que el Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes recibió recientemente del patrimonio de Epstein en respuesta a un pedido judicial.
El difunto delincuente sexual fue muy crítico con Trump y dijo que el ahora presidente “sabía de las chicas” pero no lo acusó directamente de ningún delito. Los correos electrónicos también muestran a Epstein diciendo que Clinton «nunca» había estado en su isla privada, a pesar de las afirmaciones de Trump de lo contrario. Trump y Clinton siempre han negado cualquier acción delictiva.
«Estos correos electrónicos no prueban absolutamente nada más que el hecho de que el presidente Trump no hizo nada malo», dijo a los periodistas la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
En un posteo este viernes Trump escribió: “Ahora que los demócratas están utilizando el engaño de Epstein, que involucra a los demócratas, no a los republicanos, para tratar de desviar la atención de su desastroso CIERRE, y de todos sus otros fracasos, le pediré a la fiscal general Pam Bondi y al Departamento de Justicia, junto con nuestros grandes patriotas del FBI, que investiguen la participación y la relación de Jeffrey Epstein con Bill Clinton. Larry Summers, Reid Hoffman, J.P. Morgan, Chase y muchas otras personas e instituciones, para determinar qué estaba pasando con ellos y con él”, reclamó Trump en su posteo.
Y siguió: “Esta es otra estafa de Rusia, Rusia, Rusia, con todas las flechas apuntando a los demócratas. Los registros muestran que estos hombres, y muchos otros, pasaron gran parte de su vida con Epstein y en su «Isla». ¡Estén atentos!!”.
Según los expedientes judiciales del financista, que se suicidó en la cárcel, varios ricos y famosos eran transportados a una isla en el Caribe de propiedad de magnate, en un avión privado. Allí residían por varios días con mujeres, muchas de ellas menores de edad.
Hasta ahora, Trump no había respondido a la publicación de los emails el miércoles. Entre ellos había un mensaje de Epstein que decía que sabía «lo sucio que es Donald», mientras que en otros llamó a Trump «jodidamente loco» y «casi loco» o lo comparó con un jefe de la mafia al que se le había otorgado un «gran poder peligroso» como presidente.
El pedido de investigación de Trump a Clinton y otros relacionados con Epstein es una muestra más de cómo el caso incomoda al presidente. Cuando estaba en campaña electoral, había prometido revelar todos los archivos del caso, algo que siempre reclamó sus bases trumpistas. Pero cuando llegó al poder se difundieron apenas algunos nombres que ya eran conocidos. Y su base MAGA no está conforme.
Según publicó la prensa estadounidense, el miércoles la Casa Blanca llevó a cabo una campaña de presión de última hora contra los miembros republicanos del Congreso que se habían unido al esfuerzo para publicar los archivos de Epstein.
La fiscal general Pam Bondi y el director del FBI Kash Patel incluso sostuvieron una reunión en la Sala de Situación de la Casa Blanca con la representante de Colorado Lauren Boebert, una de las republicanas que ha apoyado la publicación de los archivos. Las reuniones con miembros del Congreso sobre cualquier cosa que no sea información clasificada de seguridad nacional rara vez, si es que alguna vez, se llevan a cabo en la Sala de Situación.
Trump ha negado enfáticamente cualquier participación o conocimiento de la operación de tráfico sexual de Epstein. Después del arresto de Epstein en 2019, Trump dijo que no había hablado con él en 15 años. A principios de 2025, el presidente afirmó que terminó su vínculo con Epstein a principios de la década de 2000 después de descubrir que Epstein y su compañera Ghislaine Maxwell supuestamente estaban reclutando a empleados de Mar-A-Lago.
Epstein se suicidó en 2019 mientras esperaba el juicio por cargos de tráfico de niñas y mujeres. Maxwell, quien ha negado constantemente haber actuado mal, actualmente cumple una sentencia de prisión de 20 años en Texas por tráfico sexual infantil y otros delitos relacionados con Epstein.
INTERNACIONAL
Dem senators dodge crucial question on illegal alien accused of killing Chicago college student

NEWYou can now listen to Fox News articles!
While Republican senators, like Texas’ Ted Cruz and Florida’s Rick Scott, were quick to condemn the policies that kept the illegal immigrant killer of 18-year-old Sheridan Gorman from being deported, Democratic senators dodged questions on whether Gorman’s killer should have previously been deported prior to this month’s murder.
Gorman, who was a student at Loyola University of Chicago at the time of her death, was allegedly killed by an illegal immigrant from Venezuela, Jose Medina, 25. Medina was apprehended by U.S. Border Patrol on May 9, 2023, but was subsequently released into the U.S. under the Biden administration, according to Trump’s Department of Homeland Security.
A short time later, Medina was arrested for shoplifting in Chicago, but was again released on June 19, 2023, DHS said. A judge put a warrant out on Medina after he failed to appear in court for his shoplifting charge, which was still active at the time of Gorman’s killing, according to the Chicago Sun Times.
«Shoplifting in and of itself is not a violent crime. It’s not an indicator of a person that’s leaning toward violent crime,» said Sen. Dick Durbin, D-Ill., when asked about Medina’s case and whether he should’ve been deported prior to Gorman’s murder.
ILLEGAL IMMIGRANT ACCUSED OF KILLING CHICAGO COLLEGE STUDENT TO FACE COURT AFTER TUBERCULOSIS DELAY
Sheridan Gorman (L) was allegedly murdered by Jose Medina (R) (Sheridan Gorman/Instagram and Cook County Sheriff’s Office)
«You’re asking me to speculate on a bunch of things, and I can’t answer that,» said Sen. Catherine Cortez-Masto, D-Nev., when asked if Gorman’s killer, and other illegal immigrant murderers who had significant criminal records at the time of their arrests, should have been deported before people got hurt. «I don’t know the cases. I trust our justice system to do the right thing and hold people accountable.»
Sen. Tammy Duckworth, D-Ill., responded that the Trump administration’s broad deportation crackdowns have prevented federal law enforcement from targeting genuinely dangerous people, an argument pushed by other top Democrats in Congress. «I think that if Trump cleared out Chicago and if ICE did their job, he wouldn’t be here, right?» Duckworth said as she got onto an elevator on Capitol Hill. «But they deported people who are not . . . [unintelligible].»
Meanwhile, Sen. Elissa Slotkin, D-Mich., offered a more judicious response, but also suggested the style by which the Trump administration is deporting people is problematic.
«Do I think violent criminals should be deported? Yes,» Slotkin said, adding it is an «easy» call to deport someone who has been «accused and properly prosecuted.» But, Slotkin added, «Innocent civilians who are protesting their government and using their freedom of speech should not be fingered and booted out.»
Democrats who spoke with Fox News Digital did quickly agree that violent criminals who entered and are residing in the country unlawfully should be deported.

From left to right: Sen. Elissa Slotkin, D-Mich., Sen. Dick Durbin, D-Ill., Sen. Tammy Duckworth, D-Ill., and Sen. Catherine Cortez Masto, D-Nev. (Getty Images)
SHERIDAN GORMAN’S UNIVERSITY NEWSPAPER TOUTS ICE TRACKER AFTER FRESHMAN ALLEGEDLY MURDERED BY ILLEGAL ALIEN
«Anybody who violates, or creates crime in this country — particularly kills somebody — should not only be held accountable in the United States, but, yes, there should be immigration enforcement against that individual,» Cortez-Masto said.
«Every community deserves to feel safe, and I think people who commit violent crimes should not be allowed to either be in our country, or to be among our communities,» added Sen. Angela Alsobrooks, D-Md.
Durbin, meanwhile, qualified his comments about Medina’s shoplifting charge by admitting, «We ought to do a careful examination of people coming into this country and those who want to stay in this country,» adding that, «If they are dangerous to the community, they need to be denied entry or taken out of the country later.»
But Republican Senators Cruz and Scott were quick to bash Democrats for allegedly caring more about illegal immigrants than American citizens.

Sen. Ted Cruz (R-TX) holds a press conference with families who lost loved ones in the January 29, 2025, DCA plane crash on December 15, 2025, at the U.S. Capitol in Washington, D.C. (Heather Diehl/Getty Images)
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«It’s tragic, and it was avoidable,» Cruz said when approached about Gorman’s death and Medina not being deported. «The Democrats are so radical they prioritize illegal immigrants over American citizens.»
«It’s disgusting that these people say, ‘Oh, they act like they care about Americans.’ But then you look at their actions — they care about people who are here violently hurting Americans,» Scott complained.
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INTERNACIONAL
Isabel Allende, a los 83: “Mientras pueda pensar voy a escribir y después… miraré un cuadro”

“Soy incapaz de contar un chiste”, va a decir dentro de un ratito Isabel Allende. “Pero puedo contar una historia”. Y, sí. Isabel Allende cuenta historias, eso le cambió la vida cuando era una exiliada que trabajaba como administrativa, eso la hizo una de las autoras más leídas en idioma español, eso llevó sus libros al cine y la hizo traducir a más de 40 idiomas. En la entrevista misma -un Zoom de 40 minutos-, Allende cuenta y cuenta. Hace reir, conmueve. No son chistes, claro.
Esta charla ocurre en los días en que Prime Video anuncia cuándo estrenará la serie de La casa de los espíritus, sobre el primer libro de Allende, ese que, en 1982, fue el punto de inflexión: será el 29 de abril. Pero no es por eso que la autora se sienta frente a la cámara sino porque a principios de abril estará en librerías su nuevo libro, que estará en las librerías argentinas desde el próximo 9.. No es una novela: se llama La palabra mágica. Una vida escrita y se trata de un recorrido por su vida y obra -cómo fue que empezó a escribir este libro, qué ocurrió cuando salió aquel- y, lo que no es menor, ofrecer “Trucos para la escritura”. Muchos. Una especie de curso de escritura dirigido por esta best seller.
En esta conversación, Allende dará sus claves principales para escribir, contará la historia íntima de su divorcio de Willie Gordon, que fue su marido durante 28 años -y que murió en 2019-, se reirá, recordará sus comienzos, dirá que todo fue un golpe de suerte.
Sabe, cómo no, que la crítica muchas veces la mira desde arriba. En el nuevo libro, dice que no recuerda el nombre de quien la llamó “escribidora” (fue un autor de culto, Roberto Bolaño). Pero en esas páginas dice que “para mí la escritura no es una opción, es una adicción”. Y dice que su infancia no fue feliz “pero tuve el refugio fabuloso de los libros”. Entonces, “me pregunto cómo se las arreglan para escribir los autores que tuvieron una infancia feliz”.
Esa infancia ocurrió un poco en Chile pero mucho afuera, porque su padre se fue y su madre se casó con el diplomático Ramón Huidobro, que para ella fue un papá inolvidable. Entonces anduvieron por Perú, Chile, Bolivia y El Líbano.
Habla Allende, entonces, desde su casa de San Francisco, donde vive con Roger Cukras, su actual marido.
-Leyéndote, por un lado da la sensación de que es muy fácil escribir, que hay que seguir unas pautas y listo. Pero luego parece todo lo contrario, porque decís que hay algo que se tiene o no se tiene… ¿Vos aprendiste, lo traías, pudiste enseñar?
-Se fue dando de a poco. Yo empecé a escribir muy tarde, pero siempre estuve muy atraída por los libros. Cuando era chica no existía la televisión, no existían las películas para niños tampoco. O sea que lo único que se podía hacer era leer. Yo era la única niña en un ambiente más bien masculino, con mis tíos, mis hermanos. No tenía mucha vida social tampoco. Y me crié leyendo. Después empecé a trabajar como secretaria en las Naciones Unidas, copiando estadísticas forestales, pero rápidamente me trasladaron al Departamento de Información, donde podía escribir algunas cosas para la prensa. Estudié un año en Bélgica y pude empezar a escribir en la revista Paula. Y ahí aprendí a escribir. Me enseñaron mis compañeras, que eran periodistas: yo no era periodista. Me enseñaron a estructurar un artículo, a empezarlo bien, a manejar el idioma: yo había estado en diferentes países, en diferentes colegios, en diferentes idiomas. Ni siquiera escribía bien el castellano. Ese fue el inicio y de ahí ya no paré más. Pero cuando me fui al exilio en Venezuela, no pude escribir como periodista, no pude hacer nada relacionado con la literatura o con la escritura.
-¿Por qué?
-Por falta de conexiones, muy difícil. Mira, cuando uno empieza en otro país, uno no es nadie y todo lo que has hecho antes -yo había hecho teatro, había hecho periodismo, había hecho de todo menos radio- no sirve de nada. O sea, si tú no tienes los pitutos, como decimos en Chile, para conectarte, no consigues nada. Terminé administrando una escuela, que es lo menos adecuado para mi temperamento que te puedas imaginar. Y en eso trabajé cuatro años y medio antes de empezar a escribir. Y empecé a escribir sin ninguna ilusión de que eso fuera un libro, de que se pudiera publicar, ni podía imaginar que me iba a cambiar la vida. Fue un golpe de suerte extraordinario.
El primer periodista que me entrevistó, que era un crítico, me dice: “¿Usted puede explicar la estructura circular de su novela?”. ¡Ni idea de lo que estaba hablando el tipo!
-¿Fuiste a un taller, tomaste clases?
-Nada. Muy solitario mi trabajo. Hay una parte que es la capacidad de contar de manera que sea interesante. Hay gente que sabe contar un chiste porque tiene el sentido de la pausa, de lo que hay que guardarse hasta el final, de cómo sorprenderte con la última cosa, que es el chiste. Yo no tengo eso. No soy capaz de contar un chiste aunque lo lea. Pero puedo contar una historia. Y cuando me ha tocado enseñar, que han sido muy pocas veces, puedo enseñar a estructurar algo, puedo corregir algo que ya está escrito, pero no puedo darle al futuro escritor o escritora eso que es la pausa del chiste, cómo se hace para agarrar a tu lector. Eso creo que es innato.
-En el libro decís que el miedo te terminó llevando a la escritura…
-El primer libro (N. de la R: habla de La casa de los espíritus) es un ejercicio de nostalgia, de tratar de recuperar todo lo que había perdido en el exilio: la familia, mi abuelo, todo lo que dejé atrás y que nunca más pude recuperar. Mi país. Yo llevaba ya varios años viviendo en Venezuela y sentía que no iba a ninguna parte, que estaba como detenida en la nada. Iba a cumplir 40 años y todo el pasado existía en una especie de burbuja que se iba desdibujando más y más. Por eso digo que ese libro nació de todo lo perdido. Y ahí está todo. En una obra de Brecht hay un personaje que dice que él va por el mundo con un ladrillo para mostrarle al mundo cómo era su casa. Y yo siempre pienso que La casa de los espíritus tiene la forma y el peso de un ladrillo y que le estoy mostrando al mundo lo que era ese mundo, esa vida que perdí.
-¿Y sirvió para recuperar algo?
-Claro, claro. Quedó impreso en papel lo que había sido mi abuela, mi abuelo, mi infancia, mi país. Estaba todo ahí, mis tíos locos, todo. Y nunca más se perdió. O sea, mi ladrillo sirvió.

-¿Y para tu nostalgia?
-Sí, sirvió porque me conectó con el pasado y me abrió el mundo. Yo estaba metida en una cápsula, tan limitada y tan deprimida y tan furiosa también… Junto con esto, se estaba deshaciendo mi matrimonio, mis hijos se iban a la universidad… Muchas cosas se combinaban para que yo me sintiera pésimo. Y el libro me pavimentó el camino para otros libros. Me dio una voz y me conectó con el mundo. Yo me acuerdo cuando me invitaron a España -se publicó el libro en España primero- para hacer la presentación. Yo era una campesina que llegué con una maleta enorme que no la podía ni levantar porque no tenía ruedas a hacer entrevistas de prensa sobre algo que yo no tenía idea cómo lo había hecho.
-¿Por ejemplo?
-El primer periodista que me entrevistó, que era un crítico, me dice: “¿Usted puede explicar la estructura circular de su novela?”.
-¿Y entonces?
-¡Ni idea de qué estaba hablando el tipo! Para mí la estructura eran los edificios y circular era la menstruación. Eso te da una idea de la inocencia y la ignorancia de aquella época. Y después, poco a poco, paso a paso, he ido haciendo una carrera muy solitaria, porque yo no pertenezco a ninguno de los grupos literarios que se apoyaban unos a otros. Además, por ser mujer, estaba excluida de los círculos masculinos completamente. Y es muy difícil para una mujer, para cualquier autora, obtener el respeto que tiene cualquier escritor masculino. Para que te critiquen con verdadero respeto, para que te traten con el respeto que tratan a un hombre. Y me lo dijo mi agente, Carmen Balcells, desde el comienzo: “Vas a tener que hacer el doble o triple de esfuerzo que cualquier hombre para obtener la mitad de reconocimiento”. Así ha sido.

-Pero te tomó Carmen Ballcells, que era “la mama grande” del boom latinoamericano. No tomaba a cualquiera.
-Yo no sabía que existían los agentes literarios. Escribí la novela y pasó por Venezuela Tomás Eloy Martínez. Y él dijo: “Nadie te va a publicar si no tienes un agente. El mejor agente es Carmen Balcells en Barcelona”. Y yo le mandé el libro por correo. No tenía idea quién era Carmen Balcells, nunca había oído su nombre. Yo estaba completamente lejos de la industria del libro. Fue un milagro, oye, un milagro. Hoy no se daría.
-¿Y cómo lo explicás?
-Estaba el boom de la literatura latinoamericana, que tomó al mundo por asalto, la verdad. Y se hablaba de la literatura latinoamericana pero ahí no había ninguna voz femenina, a pesar de que las mujeres estaban escribiendo desde siempre, pero ignoradas por el boom. Y yo creo que eso llamó la atención. Y mi apellido, anda a saber. ¿Por qué Carmen Balcells se interesó en leer ese manuscrito cuando le llegaban miles? Porque era latinoamericana, porque era chilena, porque me llamaba Allende. No sé.
-Acá decís que no podés escribir desde el despecho y el enojo. Y lo decís hablando de tu separación de Willie. Preguntás cómo dejaron de quererse, una pregunta dura. Entonces: ¿desde dónde sí podés escribir? Y ¿por qué dejaron de quererse?
-Me separé de Willie hace diez años, en el 16, y no podía escribir sobre lo que había pasado porque no lo había resuelto emocionalmente. Todavía me preguntaba por qué. ¿Por qué se terminó esa relación en la cual invertí veintiocho años? No fue una frivolidad separarse. Me separé porque ya no daba más la cosa, pero necesité diez años para poder mirarlo con ironía desde lejos y verme yo misma en el papel que cumplía entonces. Y decir: “Qué pelotuda”. Pero no lo podía decir en ese momento, lo puedo decir ahora: era una pelotuda.
-Bueno…
-Y tú me preguntas por qué se termina el amor. A veces simplemente se cansa el amor, se va desgastando. Nunca con Willie tuvimos una pelea, nunca nos enfrentamos con portazos ni con palabrotas ni nada. Con decirte que nos separamos sin un abogado. Y yo sentía que Willie se iba alejando. Esto empezó muy claramente cuando murió su hijo. Cuando murió el menor de sus hijos, por una sobredosis de heroína, algo se le quebró a Willie adentro. Ya venía alejándose, alejándose. Pero cuando se murió el hijo se encerró y yo ya no pude tener acceso a él. Entonces, empezamos a ir a terapia. Y en la terapia yo hacía todo el esfuerzo y Willie estaba mirando el celular, distraído. No participaba, no estaba interesado. Yo tendría que haberme dado cuenta mucho antes que él no estaba interesado en la relación conmigo, pero no quise verlo. No quise verlo nomás, porque era evidente, para otra gente era evidente.
-¿Entonces?
-Entonces hubo un momento en la terapia en que el psicólogo nos dijo: “Escriban en un papel, en una frase, qué es lo que quiere de la otra persona y me lo traen en la próxima sesión”. Volvimos a la sesión siguiente y dice: “Bueno, ¿hicieron la tarea?” “Sí”, le dije yo, y Willie dijo: “No, yo no tuve tiempo”. Que esa era la típica actitud: “No, yo no tuve tiempo”. Entonces el psicólogo dijo: “Bueno, Isabel, dale tu papel a Willie. Willie, por favor, leelo en voz alta”. Y Willie dijo: “No tengo necesidad de leerlo, sé exactamente lo que dice. Lo siento mucho, no te lo puedo dar”. Y la única palabra que yo había escrito en el papel era, en inglés, kindness, o sea, cariño. Lo único que quería era cariño. No le estaba pidiendo nada porque yo soy muy autosuficiente. Pero el cariño no te lo puedes dar tú misma, te lo tiene que dar otro. Entonces, cuando dijo eso, fue como si se hubiera abierto una cortina y yo hubiera visto finalmente lo que era evidente, que él no quería estar en esa relación, que estaba harto de estar conmigo, que estaba cansado.

-Qué doloroso.
-Es que él quería sentirse joven de nuevo, quería tener mujeres jóvenes, quería tener el éxito que tal vez alguna vez tuvo. Era un hombre de setenta y tantos años, gastado, quebrado, deprimido por la muerte de los hijos… Todos los hijos, drogadictos. Todos los hijos murieron, dos de ellos antes que él. Entonces, era muy trágico y él quería vivir otra vez, volver a ser joven y yo era una carga, pues un ancla. Entonces le dije: “Bueno, entonces no hay nada que hacer, tenemos que separarnos”. “Ok”, dijo. Así: “Ok”. Y yo le dije: “¿Cómo lo hacemos?” “Como tú quieras”, me dijo. Y en cinco días había comprado una casa chiquita por ahí cerca. Teníamos una casa inmensa, con piscina… Y yo me quedé sola en el caserón y él se fue para allá y yo de repente cocinaba y le llevaba comida, paseábamos los perros, amistosamente. Y él empezó a salir con mujeres jóvenes y a gastarse la plata en mujeres jóvenes y empezó la locura de él. Pero bueno, eso fue su historia.
-¿Y la tuya?
-Mi historia fue que siempre había estado con alguien, siempre había estado casada. Me casé a los diecinueve y nunca me faltó marido hasta los setenta y cuatro. Y ahí me encontré por primera vez sola. Entonces fue un tiempo de reflexión muy importante. Y en ese tiempo de reflexión, antes de que el destino me mandara a Roger, me encontré con mí misma por primera vez sola y fue muy bueno. Compré una casa con un dormitorio y una cama donde cabíamos yo y mi perro, nadie más. Y esa reducción, el deshacerme de todo, regalar todo y quedarme con lo esencial, fue fantástica. Una liberación completa.

-¿Y de eso ya podés escribir?
-Sí, ya pude escribir. Ya escribí una memoria sobre eso, que está por ahí dando vueltas. No sé cuándo se va a publicar.
-Hablabas de lo difícil que era tener reconocimiento. ¿Sos una buena escritora?
-Yo creo que sí. Creo que sé contar una historia y no me cuesta nada una vez que me largo. Y después corrijo mucho, es cierto, pero el impulso de contar lo tengo adentro y me doy cuenta de que escribo correctamente.
-En el libro mostrás una relación entre la Inquisición y la fantasía de América latina. ¿La literatura fantasiosa que tenemos, el realismo mágico, tienen que ver con que los conquistadores escaparon de la Inquisición?
-No, yo creo que es el fabuloso continente que encontraron. ¡Vienen de Extremadura estos tipos! Y aterrizan en el Caribe… ¿qué se puede esperar? Deben haber quedado patitiesos. Llegan a México y se encuentran con una cultura absolutamente increíble en una ciudad flotante prácticamente. Y allí entran estos tipos que son unos patanes de Extremadura. Entonces, lógicamente se volvieron locos. Bueno, lo dice Alejo Carpentier. Dice que en América Latina no hay que inventar el surrealismo, está ahí, está en todo lo que ves. La cosa es poder contarlo de manera que sea creíble.
“No me preguntes por Venezuela porque no he estado ahí hace muchos años. No me queda ni un solo amigo allí, se fueron todos”
-Porque no salimos volando, no es verdad.
-Hablas de Cien años de soledad. ¿Qué pasó allí? Que no saben cómo explicar lo que le pasa a Remedios la Bella. La familia inventa que se va en cuerpo y alma al cielo porque seguramente se quedó embarazada, hubo que recluirla en alguna parte y desapareció del mapa. Pero entonces la posibilidad de que se fuera en cuerpo y alma al cielo queda como flotando y la gente como que medio lo cree, ¿te fijas? Esa explicación no la podrías dar entre los anglosajones. Tendrías que decir que se murió nomás. O sea dentro de nuestra imaginación como latinoamericanos existen todas las posibilidades.
-Mmm.
-Es fantástico. Yo tengo una anécdota ahí en el libro, sobre un amigo que tenía en Venezuela. Asdrúbal Meléndez, ya se murió. Era actor de cine, era pintor. Y tocaba cualquier instrumento. Me encuentro con Asdrúbal, después de no verlo mucho tiempo, y andaba como con varias vueltas de collares de colores. Le pregunto qué pasa y me dice que los usa para no ser invisible. Que se estaba volviendo invisible. ¿Tú crees que se le ocurriría a un alemán? Yo lo dudo.
-Puede ser algo simbólico. Como “soy una mujer mayor, me volví invisible”, porque si no generás deseo, sos invisible.
-Las mujeres decimos eso, decimos que nos volvemos invisibles. Pero de ahí a que tú realmente creas que no te ves en el espejo, ya hay un paso…

-Ya que mencionás Venezuela y que viviste tantos años ahí…
-Yo amo a Venezuela, le debo todo. Le debo a Venezuela el color. Vengo de una familia vasca sobria, deprimida, con suicidas en mi familia, melancólicos. Y de un país sobrio, con miedo, venía escapando de una dictadura. Y llego a esta Venezuela saudita, que era la Venezuela del petróleo, donde todo era importado, donde el clima y todo se prestaba para la playa, para la exuberancia del cuerpo, con las mujeres más lindas del mundo que ganaban todos los concursos de belleza. La abundancia y la alegría. Cualquier disculpa era buena para una fiesta, para bailar. En Chile no bailábamos, dos pies izquierdos teníamos.
-¿Cómo ves todos los cambios que hubo? ¿Qué te cuentan?
-No me preguntes por Venezuela porque no he estado ahí hace muchos años. No me queda ni un solo amigo en Venezuela, se fueron todos. Están todos viviendo de inmigrantes en otras partes, muchos en Chile. Ahora, yo no sé qué es lo que pretende Trump en Venezuela. Fuera de quitarles el petróleo, no sé qué, qué es lo que pretende.
-¿Y cómo ves Chile con la asunción de la derecha?
-Chile es un país que va de la izquierda a la derecha cada cuatro años. Y yo creo que Kast va a hacer grandes cambios que durarán cuatro años… pero es una democracia sólida. Yo no creo que vaya a pasar lo que está pasando en Estados Unidos, aunque él es un gran admirador de Trump y está siguiendo sus pasos, en lo que es inmigración por ejemplo. La gente lo votó por él por las mismas razones que votaron aquí, que fue por la inmigración y por la seguridad.
-¿Y harán algo parecido a lo que está haciendo Estados Unidos?
-Claro que sí, pero en vez de un muro, están haciendo una zanja. Y eso ya comenzó. La verdad es que hay un problema de inmigración en Chile: es un país chico que ha tenido una inmigración tremenda. Hay más de ochocientos mil venezolanos y llegaron en oleadas. Los primeros fueron profesionales que encontraron trabajo inmediatamente y han sido realmente abrazados por la sociedad chilena. Después llegó otra clase de gente que llegó a trabajar también, pero la tercera ola fue gente que no estaba acostumbrada a trabajar. Y ahí empezaron las pandillas y el crimen urbano y en Chile empezaron a echarle las culpa de todo a los venezolanos. Hay un sentimiento antimigrante muy fuerte.
-En este libro das “trucos de escritura”, ¿me podrías decir los más importantes?
-Primero, perderle el miedo. Yo creo que lo más importante es lanzarse y escribir. Siempre se puede corregir. Lo que no puedes corregir es lo que no has escrito. Yo gasto mucho tiempo en editar, en corregir, en revisar, en chequear cada cosa bien. Ese trabajo es mecánico y ahora hay mucha ayuda. Pero tienes que lanzarte y contarlo de frentón.
-¿Otro?
-La otra cosa es que uno no le da a la escritura la prioridad que necesita. Uno siempre tiene otra cosa que hacer. Tienes que ganarte la vida, tienes que cocinar, tienes que esto, que lo otro… Siempre hay una disculpa Y para mí la escritura tiene prioridad absoluta. Te voy a dar un ejemplo estúpido, pero acaba de pasar. Mi marido fue al dermatólogo y volvió herido porque le sacaron algo. Parece que se quitó el parche y pasé yo por la cocina y estaba sangrando. Entonces, había sangre en el mesón de la cocina. Y entonces paso yo y le digo: “¿Necesitas ayuda?”. Y me parece que me dijo que sí, pero yo no lo oí. Yo seguí de largo a mi oficina, que queda dentro de la casa, y seguí escribiendo. Y como a la hora llega él todo vendado y me dice muy triste: “Te dije que sí necesitaba ayuda. Te lo dije dos veces y ni siquiera me miraste”. Eso te da una idea de la prioridad de la escritura. No puedes parar. Yo solamente lo pude hacer cuando mis hijos ya no me necesitaban.
-Decís que desde los ochenta años escribir te cuesta más.
-Me cuesta más porque me he puesto más lenta para todo. Para caminar, para imaginar, para todo estoy más lenta. Pero me planteé el desafío de escribir una novela este año y estoy lanzada. Entonces, como te digo, es cuestión de tirarse de cabeza y ya después veremos.
-El libro termina diciendo algo como “escribir, escribir”, con la idea de escribir hasta la muerte. ¿Cómo es eso?
-Mientras tenga cerebro… El tipo de libro que yo escribo requiere atención, memoria, estudiar mucho, sobre todo la novela histórica. Entonces, mientras me funcione la cabeza lo puedo hacer, porque a diferencia de si yo fuera bailarina, no importa que el cuerpo no me dé, si me da la mente. Mientras pueda pensar voy a escribir y después… ya no se podrá nomás. Me dedicaré a mirar un cuadro.
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