INTERNACIONAL
Un hallazgo clave ayuda a predecir el impacto del calentamiento global en la Antártida

(UNIVERSIDAD DE MELBOURNE)
Un estudio en la Capa de Hielo de la Antártida Occidental halló un registro profundo y antiguo de cambios climáticos, y abre una nueva era para la predicción del aumento del nivel del mar
En una de las zonas más remotas y frías del planeta, un equipo internacional de científicos completó una hazaña técnica que promete revolucionar la comprensión global sobre la estabilidad del hielo antártico.
El proyecto SWAIS2C (Sensibilidad de la Capa de Hielo de la Antártida Occidental a 2 °C) consiguió extraer el núcleo sedimentario más profundo jamás recuperado bajo la capa de hielo del continente blanco, un cilindro de 228 metros de longitud que representa un archivo geológico de cerca de 23 millones de años de historia climática.

(Crédito: Ana Tovey / SWAIS2C)
La operación se llevó a cabo en la Cresta de Hielo Crary, ubicada a unos 700 kilómetros de las estaciones de investigación más cercanas, en las inmediaciones del borde de la Capa de Hielo de la Antártida Occidental y la Plataforma de Hielo Ross. Para llegar al objetivo, el equipo perforó 523 metros de hielo sólido hasta alcanzar los sedimentos que reposan en el fondo antártico. Estos estratos, formados por barro, arena y roca, preservan información única sobre los cambios ambientales ocurridos durante las primeras fases cálidas del planeta.
El hallazgo no solo constituye un récord para la ciencia polar, sino que abre una ventana inédita para anticipar cómo reaccionará el hielo antártico ante un incremento sostenido de las temperaturas globales.
Tal como advirtió el estudio, la región occidental de la Antártida representa una de las mayores incógnitas en cuanto a la proyección del nivel del mar. Si esa extensa capa de hielo se derritiera completamente, los científicos estiman que el nivel de los océanos podría aumentar entre cuatro y cinco metros, una cifra capaz de transformar drásticamente las zonas costeras del mundo.

(Crédito: Ana Tovey / SWAIS2C)
Hasta la fecha, las predicciones sobre el comportamiento de la Capa de Hielo de la Antártida Occidental bajo escenarios de calentamiento se basaban en registros satelitales y núcleos de sedimentos obtenidos en áreas periféricas o bajo plataformas flotantes.
El núcleo recién recuperado por el proyecto SWAIS2C ofrece, por primera vez, una evidencia directa y detallada sobre la evolución de la capa de hielo desde el interior del continente durante periodos cálidos anteriores.
De acuerdo con Huw Horgan, codirector científico de SWAIS2C e investigador de ETH Zürich, “este registro nos brindará información crucial sobre cómo es probable que la capa de hielo de la Antártida Occidental y la plataforma de hielo de Ross respondan a temperaturas superiores a 2 °C”.

(Crédito: Ana Tovey / SWAIS2C)
El experto enfatizó la urgencia de este tipo de investigaciones para anticipar las consecuencias del calentamiento en las próximas décadas y para afinar la capacidad de predicción global.
El análisis preliminar de las capas sedimentarias permitió establecer una cronología basada en microfósiles marinos, y reveló que los estratos abarcan hasta 23 millones de años, incluyendo intervalos en los que la temperatura media global superó en más de 2 °C los niveles preindustriales.
Los investigadores esperan que el estudio detallado de estos sedimentos permita comparar cómo reaccionó el hielo antártico en otros episodios de calentamiento extremo, y así identificar los umbrales que podrían desencadenar cambios drásticos en la masa de hielo actual.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La investigadora Molly Patterson, codirectora científica del proyecto y profesora de la Universidad de Binghamton, explicó la diversidad de los materiales recuperados: “Observamos mucha variabilidad.
Algunos sedimentos eran típicos de los depósitos que se forman bajo una capa de hielo, como la que tenemos actualmente en Crary Ice Rise.
Pero también vimos material más típico de un océano abierto, una plataforma de hielo flotando sobre el océano o el borde de una plataforma de hielo con icebergs desprendiéndose”.

(Freepik)
Uno de los hallazgos más sorprendentes surgió del análisis de los microfósiles y fragmentos de conchas hallados en el núcleo. Según el equipo internacional, la presencia de organismos marinos que requieren luz confirma que la zona estuvo cubierta por mar abierto en el pasado, lo que sugiere que el borde de la plataforma Ross y la región occidental de la Antártida experimentaron episodios de retroceso parcial o total del hielo.
“Debió existir mar abierto”, afirmó Horgan, al referirse a la validación de estas condiciones en las capas arenosas del núcleo. Estos indicadores permitirán reconstruir la cronología de los periodos de deshielo y entender cómo la temperatura del océano, los cambios atmosféricos y otros factores ambientales influyeron en la estabilidad de la capa de hielo en épocas pasadas.
Patterson detalló que el objetivo ahora es determinar con precisión cuándo se produjeron esos retrocesos y qué condiciones ambientales los desencadenaron. El núcleo sedimentario contiene elementos clave para descifrar la relación entre las variables climáticas y la estabilidad del hielo, un aspecto fundamental para proyectar el futuro climático global.

CSIC
El equipo de investigación detalló que este avance científico fue posible gracias a la cooperación de especialistas de diez países y al perfeccionamiento de un sistema de perforación especialmente diseñado para operar en condiciones extremas, tras dos intentos fallidos en campañas previas.
El equipo de 29 integrantes trabajó en turnos rotativos, fundiendo inicialmente un pozo de 523 metros de profundidad en el hielo y luego descendiendo más de 1.300 metros de tubería para recuperar cada sección del núcleo.
Según los científicos, conseguir un registro tan extenso y completo es un logro científico excepcional, probablemente irrepetible en sus carreras profesionales.

La importancia del descubrimiento se multiplica cuando se lo compara con los datos satelitales más recientes sobre la dinámica del hielo antártico. De acuerdo con un extenso estudio dirigido por científicos de la Universidad de California, Irvine, la Antártida ha perdido casi 13.000 kilómetros cuadrados (5.000 millas cuadradas) de hielo en las últimas tres décadas, principalmente a causa del calentamiento de las aguas oceánicas que erosionan los bordes más vulnerables del continente.
El trabajo, publicado en 2026 rastreó cómo la “línea de base” de la Antártida —el límite donde el hielo anclado al lecho rocoso comienza a flotar en el océano— se ha desplazado entre 1992 y 2025. Este límite resulta clave porque marca el punto en el que el hielo terrestre empieza a contribuir directamente al aumento del nivel del mar, de modo que su retroceso evidencia inestabilidad y pérdida futura de masa.
“Sabemos que es de importancia crítica desde hace 30 años, pero esta es la primera vez que lo mapeamos de manera exhaustiva en toda la Antártida durante un período de tiempo tan largo”, explicó Eric Rignot, autor principal del estudio.

El análisis satelital, realizado a partir de datos de agencias espaciales europeas, canadienses, japonesas, italianas, alemanas y argentinas, mostró que alrededor del 77% de la costa antártica no experimentó migraciones detectables de la línea de base desde 1996, lo que sugiere estabilidad en buena parte del continente. Sin embargo, en las regiones más vulnerables, especialmente en la Antártida Occidental, la Península Antártica y sectores de la Antártida Oriental, el retroceso fue pronunciado.
Los cambios más marcados se detectaron en la costa del mar de Amundsen y en el sector de Getz, donde la línea de base se retrajo hasta 42 kilómetros en algunas áreas durante el periodo de estudio. Rignot precisó que el retroceso resultó más severo en zonas donde canales submarinos profundos permitieron que el agua más cálida del océano alcanzara la base de los glaciares, derritiendo el hielo desde abajo y debilitando su capacidad de sostener los glaciares interiores.

La recuperación del núcleo de sedimento antártico representó tanto un hito científico como un logro de ingeniería nunca antes alcanzado en un entorno tan remoto y desafiante. Dos intentos de perforación anteriores resultaron fallidos por dificultades técnicas, lo que subraya la magnitud del desafío superado por el equipo internacional.
“Hasta donde sabemos, los núcleos de sedimentos más largos perforados bajo una capa de hielo miden menos de diez metros. Superamos nuestro objetivo de 200 metros. Esta es una ciencia de vanguardia en la Antártida”, manifestó Patterson, codirectora científica del proyecto. El éxito requirió la colaboración de geólogos, glaciólogos, ingenieros y especialistas polares, así como el desarrollo de tecnología capaz de operar durante semanas bajo temperaturas extremas y total aislamiento.
Cada segmento del núcleo recuperado fue registrado, fotografiado, radiografiado y preparado para análisis avanzados en laboratorios de Nueva Zelanda, donde los investigadores trabajan para fechar con precisión cada capa, identificar restos orgánicos y reconstruir episodios de deshielo y persistencia glaciar a lo largo de millones de años.
El equipo del proyecto SWAIS2C espera que los datos obtenidos permitan combinar la información sedimentaria con modelos climáticos y registros históricos, perfeccionando las proyecciones sobre el impacto de un posible aumento de temperatura global superior a 2 °C respecto a los niveles preindustriales. Este umbral, definido como objetivo por el Acuerdo de París, representa el límite crítico para evitar consecuencias irreversibles del cambio climático.
De cara al futuro, Huw Horgan anticipó que el equipo internacional continuará “colaborando para desentrañar los secretos climáticos que se esconden en el núcleo. Tras haber probado nuestro sistema de perforación en estas duras condiciones antárticas y haberlo superado con éxito, planeamos futuras perforaciones para continuar nuestra misión de aprender más sobre la sensibilidad de la capa de hielo de la Antártida Occidental al calentamiento global”.
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El piloto desaparecido en Irán reaviva el fantasma de la crisis de los rehenes de 1979 y deja a Estados Unidos en alerta máxima

El derribo de un avión de combate estadounidense sobre territorio iraní y la intensa búsqueda de uno de sus tripulantes han generado preocupación de que pueda ser capturado y proporcionar a Irán un valioso recurso que podría utilizar para presionar a Estados Unidos.
La operación de rescate se encontraba en su segundo día este sábado, con tropas estadounidenses realizando una búsqueda exhaustiva y el ejército iraní también intentando encontrar al tripulante.
Como muestra del afán del régimen por atrapar al aviador, un presentador de una filial local de la cadena estatal iraní leyó el viernes en televisión un comunicado en el que instaba a los residentes a capturar al «piloto o pilotos enemigos» y entregarlos vivos a las fuerzas de seguridad a cambio de una recompensa.
La posibilidad de que Irán capture al aviador evoca el temor a una repetición de la crisis de rehenes de Irán de 1979, un suceso traumático en la historia estadounidense que sentó las bases de casi cinco décadas de relaciones hostiles entre Estados Unidos e Irán.
La crisis, en la que estudiantes militantes tomaron la embajada estadounidense en Teherán y mantuvieron cautivos a 52 estadounidenses durante 444 días, sentó un precedente para Irán que perfeccionaría en las décadas siguientes como forma de acaparar titulares internacionales, infligir daño a sus adversarios y obtener concesiones.
Desde 1979, el gobierno iraní ha utilizado repetidamente la toma de rehenes como táctica contra sus adversarios. Ha detenido a estadounidenses, europeos y otros ciudadanos extranjeros, a veces manteniéndolos encarcelados durante años antes de liberarlos, a menudo a cambio de dinero o la liberación de sus propios ciudadanos encarcelados en el extranjero. Ha utilizado a los rehenes como herramientas de propaganda y para obtener influencia.
La crisis de 1979 marcó el último año de la presidencia de Jimmy Carter y, para muchos, se convirtió en un símbolo de sus fracasos.
Donald Trump ha criticado repetidamente la gestión de la crisis de rehenes por parte del Carter, calificándola de «patética». En 1980, declaró a un periodista: «Que este país se quede de brazos cruzados y permita que un país como Irán retenga a nuestros rehenes, a mi parecer, es un horror, y no creo que lo harían con otros países».
Hamidreza Azizi, experto en seguridad iraní del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, una organización de investigación, afirmó que Irán podría adoptar dos estrategias si logra capturar al aviador.
Si la captura se mantiene en secreto, los iraníes podrían contactar a Estados Unidos en privado y llegar a un acuerdo secreto, exigiendo concesiones a cambio de la liberación del tripulante. O bien, Irán podría exhibir al aviador ante las cámaras como propaganda.
Según él, esa era la estrategia más probable. «Realmente quieren proyectar esta imagen de victoria y, además, humillar a Trump», afirmó Azizi.
Ali Alfoneh, investigador principal del Instituto de los Estados Árabes del Golfo, con sede en Washington, mencionó un incidente de 2007 en el que Irán capturó a marineros británicos, alegando que sus embarcaciones habían entrado ilegalmente en aguas iraníes. Los marineros fueron vendados, amenazados y sometidos a presión psicológica antes de prestar declaración en vídeo, en la que parecían disculparse. Sin embargo, no se reportó que sufrieran daños físicos, señaló Alfoneh.
“El entonces presidente Mahmoud Ahmadinejad aprovechó al máximo la cobertura mediática internacional al anunciar su liberación y les estrechó la mano personalmente”, declaró el Alfoneh en un correo electrónico. Añadió que el trato al aviador estadounidense probablemente sería diferente, dado que Estados Unidos e Irán están en guerra.
Incluso si el tripulante desaparecido es rescatado, el incidente subraya los riesgos de realizar misiones sobre territorio hostil contra un adversario con capacidad de represalia. Las operaciones de rescate son intrínsecamente peligrosas porque ponen en riesgo a otros miembros del servicio estadounidense.
Fuente: The New York Times
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TEVI TROY: Trump faces the burdens of a wartime presidency

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America’s war with the mullahs of Tehran is into its second month and it has already changed Donald Trump’s presidency in important ways. As the president considers how to navigate these new dynamics, it’s worth considering the experience of some previous presidents who entered office not expecting to be wartime presidents.
Woodrow Wilson ended a four-cycle Republican winning streak by winning the three-way election of 1912. He did so because his two opponents, former president Teddy Roosevelt and incumbent president William Howard Taft, split the Republican vote. As president, Wilson embarked on an aggressive progressive domestic policy agenda. Things changed when World War One broke out in Europe midway through Wilson’s first term. Wilson then ran for reelection in 1916 promising to keep America out of the conflict, even using the slogan «He kept us out of war.» He did not keep that promise, though, as America entered the war in 1917, during the first year of his second term.
Woodrow Wilson’s portrait during his campaign for New Jersey Governor in 1910. (Circa Images/GHI/Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)
Franklin Roosevelt was elected in 1932 to rescue the economy from the Great Depression. In his third term, he gained a new mission: fighting the Axis Powers and presiding over the largest military mobilization in American history. Roosevelt addressed this shift at a 1943 press conference where he explained the transition from «Dr. New Deal» to «Dr. Win-the-War.» FDR’s quip highlighted the way his administration had to reorder itself to face the new challenge.
Lyndon Johnson came to office unexpectedly after the tragic assassination of John F. Kennedy. He took over in peacetime and began pursuing his dream of a Great Society — a sweeping domestic agenda to rival Roosevelt’s New Deal.
WHY TRUMP, IRAN SEEM LIGHT-YEARS APART ON ANY POSSIBLE DEAL TO END THE WAR
As he managed to pass his ambitious — and costly — domestic agenda, he soon found himself and his administration consumed by the conflict in Vietnam. The experience was so draining that by 1968, Johnson, who had spent his whole life pursuing the presidency, shocked the world by refusing to seek re-election.
In 2000, George W. Bush explicitly campaigned on pursuing a humble foreign policy, rejecting the nation-building missions of the Bill Clinton era. His ambition was to be the «Education President.» Then, 19 militant jihadis from Al Qaeda struck America on September 11. In response, Bush ordered the invasions of terror-supporting countries Afghanistan and then Iraq. As someone who served in that administration, the shift I saw was palpable. Bush had entered office with one kind of vision for his presidency, but history had a different idea entirely.

U.S. President George W. Bush (R) speaks about the recent flooding in the mid-west that has displaced thousands, during a briefing about the floods as Vice President Dick Cheney (L) listens June 17, 2008 in Washington DC (Mark Wilson/Getty Images))
War reshapes more than just the man sitting behind the Resolute Desk. It changes the teams around the president. We saw this with the resignation of Trump’s counterterrorism director, Joe Kent. As the Kent episode showed, advisors who were in alignment before the shooting starts are not necessarily in alignment once fighting begins.
DESTROY THE REGIME’S POWER WITHOUT OCCUPYING IRAN: A SMARTER WAR PLAN
This sort of thing has also happened in previous presidencies. In the early years of Wilson’s administration, Wilson was reliant on the advice of Texan political operative Colonel Edward House, who was so close to the president that he even lived in the White House. Things changed during the war, however, as internal critics in the State Department and the White House pushed back against House’s broad mandate managing the war. Wilson and House also clashed over the Versailles Treaty, which led to a permanent end to their once close relationship.
As for Johnson, he was famously intolerant of internal dissent, and he drove away or silenced advisors who questioned his Vietnam strategy. Johnson pushed aside his defense secretary Robert McNamara — initially the face of the Vietnam War—after Johnson noticed and didn’t appreciate McNamara’s increasing skepticism of Johnson’s Vietnam policy. Johnson wanted — and got — an echo chamber, to his administration and to our nation’s detriment.

Daylight Saving Time first went into effect under the Johnson administration, following the passage of the Uniform Time Act of 1966. (Bettmann/Contributor via Getty Images)
In the Bush administration, the Iraq war set off a bureaucratic civil war inside Bush’s national security team. This internal struggle led to the Valerie Plame affair, which brought about the indictment of Vice President Cheney’s top aide Scooter Libby after the exposure of the name of a covert CIA operative. Libby, however, had not leaked her name; his bureaucratic nemesis Dick Armitage was the leaker, and Armitage shamefully stayed silent about his role during the investigation. The episode showed the degree to which the higher stakes brought about by war can roil an administration, not to mention innocent lives.
WHY TRUMP FACES AN AGONIZING DECISION ON OBLITERATING IRAN’S OIL SUPPLY IF HE CAN’T GET A DEAL
War also takes a personal toll on presidents. Sometimes it leads to behavioral changes. In 2003, Bush gave up playing golf, one of his few outlets for escaping the pressures of the presidency. He said years later that he was unwilling to be seen on the links while American soldiers were dying in Iraq. As he explained in 2008, «I don’t want some mom whose son may have recently died to see the commander-in-chief playing golf.» It was a quietly devastating admission about the weight a wartime president carries every day.
In other cases, the toll of being president in wartime has been even heavier. Wilson suffered a stroke while in Europe and was incapacitated for much of the rest of the administration; his team kept the American people in the dark as his wife Edith secretly managed things in the White House. Roosevelt died during his fourth term at 63. Those who saw him in his final days found him to be pale and depleted beyond his years. A visibly thinned Johnson, who left office at 60, died less than four years after exiting the White House.
While these examples may seem harrowing, there is one also instructive counterexample.
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George H.W. Bush entered the Gulf War with a limited objective, built a broad international coalition for expelling Saddam Hussein from Kuwait, achieved that objective, and got out. Bush’s national security team was extraordinarily disciplined and cohesive. The war did not appear to fundamentally damage Bush’s presidency or his person. Yet even Bush could not escape the political gravity of wartime leadership — he was perceived as so focused on foreign affairs that he lost touch with a domestic economy in recession, leading to what many believed was highly improbable when Bush had a 91% approval rating on the way: His defeat at the hands of Bill Clinton in 1992.
The lesson here is not that presidents should shrink from the use of force. President Trump has shown courage in taking on one of the most murderous and predatory regimes in the past half century. The decision to go to war is the most difficult decision a president must make. It costs lives and changes the world in unpredictable ways. And even before the end is reached, it changes the president, his staff, and his agenda, testing his character and taxing his body and soul in ways that cannot be fully anticipated.
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Ataque armado en Guatemala deja cuatro personas fallecidas en Sábado de Gloria

Un ataque armado registrado la mañana del sábado 4 de abril en la colonia Nuevo Texcuaco, sector conocido como “Las Tareas”, en jurisdicción de La Gomera, Escuintla, dejó un saldo de cuatro personas fallecidas. De acuerdo con información preliminar, las víctimas —dos mujeres y dos hombres— murieron a causa de múltiples heridas de bala en distintas partes del cuerpo. El hecho ocurrió durante la celebración del Sábado de Gloria, una de las fechas más concurridas de la Semana Santa en Guatemala, lo que ha generado consternación y temor entre los habitantes del área.
Versiones iniciales recabadas por medios locales como Emisoras Unidas y La Hora.gt señalan que las víctimas intentaron huir del lugar al percatarse del ataque, pero fueron perseguidas por los agresores, quienes finalmente les dieron alcance y abrieron fuego.
Bomberos Voluntarios que atendieron la emergencia informaron que, al momento de su evaluación, las personas ya no contaban con signos vitales. Imágenes divulgadas por páginas de noticias locales muestran que los cuerpos quedaron tendidos en diferentes puntos del terreno, lo que sugiere que las víctimas intentaron escapar por varias direcciones.
Tras el ataque, agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) acordonaron la escena y mantienen un fuerte resguardo policial en el área. Asimismo, se espera la llegada de fiscales y peritos del Ministerio Público (MP), quienes estarán a cargo del levantamiento de los cuerpos, su identificación oficial y la recolección de evidencias. Hasta el momento, las autoridades no han determinado el móvil del crimen ni se reportan capturas vinculadas al hecho. Voceros de la PNC indicaron que se han iniciado las investigaciones correspondientes para dar con los responsables y esclarecer las circunstancias del ataque.
El hecho ha generado alarma en la comunidad, donde vecinos y familiares de las víctimas se congregaron en las cercanías del sitio, visiblemente afectados por la violencia registrada en pleno feriado. Según testigos, la tranquilidad habitual del sector se vio interrumpida por la llegada de patrullas y ambulancias, mientras los cuerpos de socorro atendían el llamado de emergencia.

Mientras continúan las diligencias en la colonia Nuevo Texcuaco, las autoridades llaman a la población a colaborar con información que permita identificar a los responsables del ataque. El Ministerio Público solicitó a cualquier testigo o persona que haya presenciado movimientos sospechosos en la zona que se acerque a declarar de forma confidencial. Se prevé que en las próximas horas se brinden más detalles oficiales sobre este nuevo hecho de violencia que enluta a la comunidad de La Gomera y visibiliza la compleja situación de seguridad en Guatemala durante la Semana Santa de 2026.
Semana Santa marcada por la violencia
Este ataque se suma a otros hechos violentos registrados en Guatemala durante la Semana Santa de 2026, un periodo que tradicionalmente atrae a miles de personas a actividades religiosas y recreativas, pero que también evidencia los desafíos persistentes en materia de seguridad ciudadana. De acuerdo con reportes del Sistema Nacional de Prevención en Semana Santa (Sinaprese), hasta el 4 de abril se contabilizaban 190 personas fallecidas por diversas causas y más de 3,000 heridas durante el asueto, cifra que incluye víctimas de accidentes, ahogamientos y hechos criminales.
La violencia armada en el país se ha mantenido como una de las principales preocupaciones de la población y de las autoridades. Durante los últimos días, diversos departamentos han reportado incidentes similares, con ataques perpetrados en áreas urbanas y rurales. En la ciudad de Guatemala, la noche del Viernes Santo se registró un ataque armado en la zona 18, que dejó dos personas heridas, mientras que en Chiquimula, un altercado en la vía pública terminó con una persona fallecida y otras dos lesionadas.
Organizaciones sociales y observadores de derechos humanos han reiterado la urgencia de fortalecer las estrategias de prevención y respuesta ante la escalada de hechos violentos, especialmente en fechas de alta movilidad como Semana Santa. En respuesta, la PNC y el Ministerio Público han desplegado operativos especiales y reforzado los patrullajes en puntos considerados de alto riesgo, aunque los resultados siguen siendo limitados frente a la magnitud del problema.
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