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Un libro en dos mil palabras: “El proceso”, de Kafka, una acusación sin causa y un descenso sin fin

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Un hombre es arrestado y arrastrado por un juicio interminable, sin reglas claras ni posibilidades de defensa. Publicado en 1925, es un clásico universal. Aquí te lo contamos

Algunos libros no se leen, se habitan. Nos envuelven con una atmósfera, una lógica propia que altera nuestras coordenadas más elementales. Tal es el caso de El proceso, novela inacabada de Franz Kafka publicada póstumamente en 1925, que narra el lento e inexorable hundimiento de Josef K., un empleado de banco que es arrestado una mañana sin saber por qué. Desde entonces, el protagonista intenta sin éxito comprender y defenderse ante un tribunal que nunca ve, en un proceso cuyo sentido y lógica escapan a toda razón. Esta es la historia que te vamos a contar-CON SPOILERS– en unas 2.000 palabras.

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El proceso

Por Franz Kafka

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En la primera edición de El proceso, en 1925, Max Brod -el amigo de Kafka que publicó su obra pese a los pedidos en contrario del autor- comentaba que el manuscrito no llevaba título. Sin embargo, contaba que Kafka -que había muerto un año antes- siempre se refirió al texto con esa denominación. Por regla general, Kafka se decidía por un título definitivo una vez concluida la obra. El proceso, entonces, podría haber sido sólo un título provisional.

Kafka, nacido en Praga en 1883, creó una obra única y perturbadora, donde la culpa y el absurdo son fuerzas que gobiernan al individuo. El proceso se ha interpretado como una alegoría, una crítica al poder burocrático o un retrato de la ansiedad existencial. Pero, más allá de las interpretaciones, lo que queda es una narración que nos atrapa desde la primera línea. La historia no tiene redención, sino una deriva: el proceso comienza, y de ahí en adelante, todo es descenso.

Vamos al texto:

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“Alguien tenía que haber calumniado a Josef K., pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo“. Así comienza la historia. Es su cumpleaños número treinta, vive en una pensión, trabaja como procurador en un banco. Pero ese día, en vez del desayuno que le lleva la cocinera Anna, entran dos hombres desconocidos. Uno se llama Franz. Visten de negro. No son policías ni muestran credenciales. Solo le dicen que está detenido, aunque puede seguir con su rutina. K. no entiende nada. Pregunta por la acusación. La respuesta es siempre la misma: “No estamos autorizados a decírselo”.

El escritor Franz Kafka
El escritor Franz Kafka

Franz y su compañero Willem lo escoltan, no lo agreden. Lo llevan ante un inspector que se presenta en una habitación de la pensión convertida en improvisado despacho. El inspector repite que todo está en marcha: “El proceso se acaba de iniciar y usted conocerá todo en el momento oportuno”. Pero no hay explicación, ni delito, ni instancia clara. K. se siente ofendido y ridículo. No es encerrado ni conducido ante un juez. Simplemente le dicen que el proceso ha comenzado y que será convocado. Esa es la nueva condición de su existencia.

Esa misma noche, K. se disculpa ante su casera, Frau Grubach, y luego va a la habitación de la señorita Bürstner, una vecina. Le cuenta lo sucedido, la escena del arresto, la presencia de los extraños. Bürstner, incrédula, escucha con interés. K., excitado, recrea el episodio, la imita, se agita, mueve los muebles como si interpretara una obra. Termina besándola. A la mañana siguiente, un tal Capitán Lanz, amigo de la casera, lo reprende por haber importunado a la señorita. K. lo ignora. El proceso ya ha entrado en su cuerpo.

Lo más inquietante: no lo trasladan ni lo encierran. El arresto no implica reclusión. K. puede continuar con su vida, ir al trabajo, hablar con su casera. –”Entonces estar detenido no es tan malo”, dice K. Pero todo está teñido de una nueva inquietud. El proceso ha comenzado y su sombra lo acompañará siempre.

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Una semana después, recibe una citación. Debe presentarse un domingo en un lugar impreciso. Encuentra finalmente la sala: un desván miserable, atestado de personas. El juez instructor le llama la atención por su retraso. K. responde con un largo alegato donde denuncia el carácter arbitrario del tribunal: “Fui detenido hace diez días, me río de lo que motivó mi detención, pero eso no es algo para tratarlo aquí. Me asaltaron por la mañana temprano, cuando aún estaba en la cama. Es muy posible ––no se puede excluir por lo que ha dicho el juez instructor–– que tuvieran la orden de detener a un pintor, tan inocente como yo, pero me eligieron a mí”.

Sus palabras son firmes, cada vez más enfáticas: “No hay ninguna duda de que detrás de las manifestaciones de este tribunal, en mi caso, pues, detrás de la detención y del interrogatorio de hoy, se encuentra una gran organización. Una organización que, no sólo da empleo a vigilantes corruptos, a necios supervisores y a jueces de instrucción, sino a una judicatura de rango supremo con su numeroso séquito de ordenanzas, escribientes, gendarmes y otros ayudantes

El público, formado por gente de aspecto miserable, parece aprobar. Pero K. no obtiene respuestas. «Hoy se ha privado a sí mismo de la ventaja que supone el interrogatorio para todo detenido“, le reprocha el juez. K. abandona la sala frustrado: ”¡Pordioseros! Os regalo todos los interrogatorios“.

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"El proceso", de Franz Kafka
«El proceso», de Franz Kafka

En la segunda visita, el tribunal ya no lo espera. Las salas están vacías. Recorre pasillos, encuentra a la esposa del ujier, quien coquetea con él. La escena es ambigua. Aparece un estudiante, la alza y se la lleva. La mujer lo mira y le dice: “No, ¿en qué piensa usted? Eso sería mi perdición”. El poder judicial también tiene sus jerarquías internas, sus transacciones. K. apenas las roza.

K. empieza a perder el control de su vida. Visita cada semana el tribunal, que se esconde en los pisos superiores de edificios ajenos, mal ventilados y llenos de funcionarios indiferentes.

Aunque el proceso domina la vida de K., también lo afectan sus relaciones personales. Una figura clave es la señorita Bürstner, la vecina a quien K. confiesa su arresto. Tras el primer encuentro, ella lo evita.

Más adelante, cuando K. acude con su tío Karl al abogado Huld, conoce a Leni, la enfermera del abogado, que está enfermo del corazón. Ella se presenta como una figura abierta, sensual, casi provocadora. Lo conduce a un cuarto, se entrega de inmediato. «––Venga ––dijo ella, y lo atrajo a sí. Le besó la frente y sus manos“.

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Pero incluso ese gesto tiene algo ambiguo. Leni parece disfrutar su influencia sobre los acusados. Josef K. lo percibe: “––Para ella ––pensó K.–– no soy más que otro cliente del abogado”. En sus visitas posteriores, Leni se muestra cada vez más involucrada, lo cela, le da consejos, se infiltra en su proceso. Pero K. duda. No sabe si confiar en ella o si es parte del engranaje judicial. La intimidad también se vuelve sospecha.

El abogado recibe a K. en la cama.

Karl se preocupa por el prestigio del apellido, por la reputación. Pronto se desencanta de la pasividad de K. «––No te das cuenta de lo que está en juego ––le dice––. Te comportas como si fuera un juego de oficina». La tensión entre ambos se incrementa. Karl lo abandona, decepcionado, sin ayudar más. K. se queda solo, otra vez.

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Pero K. desconfía de Huld. Cree que el abogado solo prolonga el proceso. La escena más inquietante ocurre cuando conoce al comerciante Block, otro cliente de Huld, que ha estado procesado durante cinco años. Block se ha convertido en una sombra, un siervo. Se arrastra, obedece, vive con miedo. Cuando K. lo visita, lo encuentra arrodillado, siendo humillado por el abogado. «––Este hombre ––dijo Huld– ya no es un cliente. Es mío“. K. ve en Block su posible futuro. Decide cortar con Huld.

La rutina del proceso

El tribunal no emite dictámenes ni convoca nuevas audiencias. Pero el proceso sigue. K. no sabe cómo. Alguien escribe su expediente. Hay funcionarios que lo visitan, escribientes en habitaciones ocultas.

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Uno de los momentos más simbólicos ocurre en el banco donde trabaja. Al escuchar ruidos en un depósito, K. descubre a Franz y Willem, los dos empleados que lo detuvieron al inicio, siendo azotados por un guardián. Ellos le suplican: «––¡Ayúdenos, señor K., somos sus guardianes!“. El castigo, le explican, es por su queja formal contra ellos. Pero la escena se repite: al día siguiente, los vuelve a encontrar en la misma posición, como si el castigo no tuviera fin.

Esta repetición instala la idea de que la sanción no es una consecuencia, sino una estructura. Nadie sale. No hay redención ni aprendizaje. Solo ciclos. Kafka lo presenta sin subrayarlo, pero con brutal claridad.

Buscando otra vía, K. visita al pintor Titorelli, un artista oficial del tribunal. Vive en un altillo rodeado de niñas que lo espían. K. le pregunta si puede ayudarlo a obtener la absolución.

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El pintor le explica las tres formas de resolución posibles: la absolución verdadera (inexistente), la aparente (que lo mantiene bajo vigilancia) y la dilación indefinida. Esta última es la única accesible. Se le mantiene en libertad, pero el proceso sigue. “El proceso no se detiene, pero el acusado queda casi tan a salvo de una condena como si estuviera libre”, le explica Tirorelli. La culpa nunca desaparece.

Otro momento revelador ocurre cuando K. explora el desván donde se alojan las oficinas judiciales. Allí encuentra escribientes apilados, dormitorios improvisados, archivadores oscuros, sofocantes. Uno de ellos le explica que su expediente “debe ir bien” porque tiene poco volumen. K. pregunta por su contenido. Le responden: “––Los instructores lo leen, y si no entienden algo, añaden una nota”. No hay defensa ni acusación, solo texto acumulado, escrito sin sentido.

K. sube y baja escaleras, abre puertas, entra en salas de espera repletas. A veces le preguntan si es acusado o funcionario. Otras, lo confunden. La burocracia lo diluye todo: culpabilidad, jerarquías, hechos. Incluso el lenguaje se desvanece.

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Hacia el final, K. se encuentra en la catedral con un sacerdote. Cree que está allí para acompañar a un cliente del banco. Pero el sacerdote lo llama: “––¡Josef K.!“. Le revela que es el capellán de la prisión: “––Tú eres Josef K ––dijo el sacerdote […] ––Estás acusado”.

K. intenta justificarse: “––Pero yo no soy culpable ––dijo K––. Es un error. ¿Cómo puede ser un hombre culpable, así, sin más?“. El sacerdote responde: ”––Eso es cierto ––dijo el sacerdote––, pero así suelen hablar los culpables“.

Entonces le cuenta una parábola: un hombre llega ante una puerta que da acceso a la Ley. Un guardián le impide entrar. El hombre espera años. Pregunta si podrá pasar. El guardián dice: «––Es posible, pero no ahora“. El hombre envejece, insiste, ofrece todo lo que tiene. Antes de morir, pregunta por qué nadie más ha pedido entrar. El guardián responde: “––Ningún otro podía haber recibido permiso para entrar por esta puerta, pues esta entrada estaba reservada sólo para ti. Yo me voy ahora y cierro la puerta”.

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K. pregunta si el guardián lo engañó. El sacerdote dice: «––No debes aceptar todo como verdad. Debes aceptarlo como necesario». La necesidad reemplaza a la verdad. El orden ya no se basa en justicia, sino en cumplimiento.

La noche antes de cumplir 31 años, dos hombres vestidos de negro llegan a buscarlo. K. los esperaba. “Se levantó en seguida y contempló a los hombres con curiosidad. ––¿Les han enviado para recogerme? ––preguntó”. Lo conducen sin violencia, pero con firmeza. Caminan por las calles hasta llegar a las afueras.

Allí, uno de ellos saca un cuchillo. K. comprende lo que va a ocurrir. No se resiste. Piensa: «¿Dónde estaba el juez al que nunca había llegado?“.

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El verdugo se lo pasa al otro, quien lo sostiene. El cuchillo cae. Kafka cierra así la novela: «––¡Como un perro! ––dijo, fue como si la vergüenza debiera sobrevivirle“.

Kafka nunca terminó esta novela. Pero eso es parte de su fuerza. El proceso no tiene resolución ni moraleja, porque el mundo que describe tampoco las tiene. Josef K. no es culpable de nada, pero eso no lo salva. Como escribió el propio Kafka: “La sentencia no se pronuncia de una vez, el procedimiento se va convirtiendo lentamente en sentencia”. Y una vez iniciado, es imposible escapar del proceso.

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La DEA define al narco capturado Sebastián Marset como un “Pablo Escobar de la era moderna”

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Marset capturado: el cartel que difundió la DEA tras el arresto del narcotraficante uruguayo

Tras la captura del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset en Santa Cruz de la Sierra, la Administración de Control de Drogas (DEA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos informó que el delincuente ya estaba bajo su custodia. En un comunicado, la agencia estadounidense definió al criminal como “un Pablo Escobar de la era moderna”.

“La búsqueda ha terminado”, celebró la DEA en el comunicado en el que informaba que las autoridades bolivianas capturaron a Marset y lo entregaron a sus agentes, que se encargaron de escoltarlo hacia Estados Unidos tras su expulsión de Bolivia.

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Descrito como un ‘Pablo Escobar de la era moderna’, Marset se enfrentará a la justicia en Estados Unidos por los crímenes que se le imputan”, agrega el texto. También lo definen como “uno de los presuntos narcotraficantes más notorios de Sudamérica”.

El lienzo que se encontró
El lienzo que se encontró en la residencia donde se escondía el narco uruguayo Sebastián Marset (crédito captura de pantalla Unitel)

Marset había ingresado hace casi un año a la lista de los fugitivos más buscados de la agencia antidrogas de Estados Unidos, que se había comprometido a “perseguirlo sin descanso y desmantelar su organización del narcotráfico”, expresó el administrador de la DEA, Terrance Cole. Informó que el uruguayo será juzgado en Estados Unidos por tráfico de cocaína y lavado de activos.

“Este arresto representa un paso significativo hacia una América más segura”, declaró Cole, y recordó que la agencia que administra se enfoca en “desarticular organizaciones criminales transnacionales y fortalecer la seguridad nacional al perseguir a los narcotraficantes de todos los niveles”.

“Las acciones de este fin de semana reflejan la dedicación de los hombres y mujeres de la DEA y el poder de las alianzas sólidas. Agradecemos la asistencia de las fuerzas del orden bolivianas para la captura de Marset. El renovado enfoque de la DEA en las alianzas y los esfuerzos de aplicación de la ley a nivel global continúa dando resultados para los estadounidenses”, señaló Cole en la declaración difundida.

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Terrance “Terry” Cole, administrador de
Terrance “Terry” Cole, administrador de la DEA (REUTERS/Brendan McDermid)

Fue en mayo de 2025 que la DEA agregó a Marset a la lista de los más buscados y ofreció una recompensa por él de USD 2 millones. Esta decisión estuvo basada en una acusación formal realizada por el Distrito Este de Virginia que alegó que Marset es el líder de una organización de narcotráfico a gran escala, que traslada cocaína desde la región hasta Europea.

Marset está acusado de traficar cocaína en Bolivia, Paraguay, Brasil, Bélgica, los Países Bajos, Portugal y otros países. Además, según la acusación formal, el uruguayo utilizó instituciones financieras de Estados Unidos para blanquear millones de dólares procedentes del narcotráfico.

Tras su caída, el gobierno uruguayo de Yamandú Orsi celebró la noticia. El mandatario habló con su par boliviano, Rodrigo Paz, y lo felicitó por el operativo. Este luego le agradeció a través de la red social X.

Sebastián Marset, el narcotraficante uruguayo
Sebastián Marset, el narcotraficante uruguayo capturado en Santa Cruz de la Sierra

El ministro del Interior uruguayo, Carlos Negro, convocó a una conferencia de prensa luego de que las autoridades bolivianas confirmaran la captura y destacó que el intercambio de información “fue clave” para dar con el paradero del narcotraficante.

Además, el jerarca del gobierno uruguayo dijo que Marset está implicado en algunas investigaciones en Uruguay. “Tenemos la certeza de la participación de Marset en diferentes eventos que ocurrieron en el país en fechas no tan lejanas. Hay investigaciones abiertas por eso la reserva obliga a guardar silencio. Sabemos de la participación en varios hechos que fueron públicos y notorios en prensa”, expresó.

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Respecto al comportamiento de bandas criminales, señaló que las organizaciones buscan “suplir liderazgos”. Por tanto, hay “fenómenos en estudio” para ver qué consecuencias puede haber estas capturas. En concreto, Negro fue preguntado por posibles represalias y llamó a “estar alertas” y “no aflojar el músculo”. “Estamos pendientes de cualquier movimiento fuera de lo normal”, expresó.



Crime,North America,Government / Politics,NEW YORK

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Entre túneles, palacios enterrados y fuentes legendarias: los tesoros subterráneos de la Roma antigua

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Las excavaciones y recorridos permiten identificar estructuras antiguas, incluyendo palacios y acueductos, que ilustran transformaciones urbanas a lo largo de milenios y muestran una red histórica aún en proceso de estudio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el centro de Roma, bajo las calles y plazas más transitadas, se esconden yacimientos subterráneos que ofrecen una nueva perspectiva de la historia de la ciudad. Estos espacios incluyen desde antiguas residencias imperiales hasta templos y complejos de apartamentos, permitiendo recorrer las capas de Roma y descubrir restos que datan de hace más de dos milenios.

La Domus Aurea, el palacio subterráneo construido por Nerón tras el incendio del año 64 d.C., ejemplifica el esplendor y la complejidad de la ingeniería romana. Aunque permanece en gran parte enterrada, es accesible solo en parte al público.

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De acuerdo con la revista especializada National Geographic, la Domus Aurea se extiende bajo el valle del Coliseo y las colinas del Palatino y Esquilino, y fue diseñada para captar la luz solar con sus incrustaciones de oro, mármol y piedras preciosas. A pesar de estar a pasos del Coliseo, recibe menos visitantes debido a su ubicación a más de nueve metros bajo tierra.

El yacimiento, sepultado por siglos de construcciones sucesivas, es solo uno de los muchos monumentos antiguos que permanecen ocultos bajo la Roma moderna, formando una ciudad paralela bajo la superficie.

Las exploraciones en túneles y
Las exploraciones en túneles y sótanos permiten reconstruir periodos poco conocidos, con hallazgos que van desde templos imperiales hasta viviendas cotidianas distribuidas en múltiples niveles bajo la urbe. REUTERS/Remo Casilli

Otras zonas y monumentos subterráneos, como la plaza Navona y el Vicus Caprarius, revelan la continuidad de la vida romana a lo largo de los siglos. El subsuelo de Roma contiene estadios, cisternas y viviendas que permanecieron preservadas por el paso del tiempo y el desarrollo urbano, recordando que la ciudad se construyó sobre sí misma durante generaciones.

El crecimiento de Roma a lo largo de los siglos se refleja en su estructura subterránea, formada por calles, edificios y artefactos de diferentes épocas. Cada vez que se realiza una obra pública o una excavación, surgen nuevos vestigios del pasado.

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Según el espeleólogo Adriano Morabito, presidente de la asociación científica Roma Sotteranea, la ciudad es como una “gran lasaña”, donde cada estrato representa una etapa histórica distinta. El subsuelo alberga desde estadios como el de Domiciano, bajo la plaza Navona, hasta acueductos en funcionamiento como el Aqua Virgo, construido en el año 19 a.C.

El agua jugó un papel fundamental en la configuración de la Roma subterránea. Ríos, pozos y cisternas forman una red hidráulica esencial para la vida urbana y que aún alimenta fuentes históricas como la Fontana di Trevi. El Vicus Caprarius, conocido como la Ciudad del Agua, guarda restos de una ínsula y de las antiguas cisternas que distribuían el agua en la Roma imperial.

Las visitas guiadas y los
Las visitas guiadas y los hallazgos arqueológicos añaden datos sobre el desarrollo urbano y revelan fragmentos de la vida cotidiana conservados bajo calles y plazas de la capital italiana. REUTERS/Alberto Lingria

Muchas de las iglesias romanas actuales se construyeron sobre estructuras anteriores, y en sus sótanos se pueden visitar excavaciones y restos de edificaciones romanas. Ejemplos como la Basílica de San Clemente y la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere permiten descender varios metros bajo tierra y observar suelos de mosaico, talleres, almacenes y viviendas privadas.

La Domus Aurea ofrece recorridos guiados que incluyen experiencias de realidad virtual para mostrar el aspecto original del palacio y sus jardines, donde ahora se ubica el Coliseo.

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El acceso a estos yacimientos varía: algunos requieren reserva y guía, mientras que otros, como los sótanos de iglesias, admiten visitas espontáneas por un bajo costo. Estos espacios menos visitados muestran la vida cotidiana de la antigua Roma y ayudan a completar el rompecabezas de la historia urbana, más allá de los grandes monumentos turísticos.

El subsuelo de Roma es tan extenso como la ciudad visible, aunque solo una pequeña parte, menos del diez por ciento, fue excavada y estudiada. Según los expertos, probablemente solo se conoce entre el 5% y el 10% de los vestigios bajo la superficie. Cada hallazgo arqueológico aporta una nueva pieza para entender la evolución de la ciudad, desde las residencias imperiales hasta las casas de los primeros cristianos y los sistemas hidráulicos que aún funcionan.



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El precio del petróleo cerró al alza y superó los USD 100 por barril ante la escalada del conflicto en Medio Oriente

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Un petrolero permanece anclado frente a la costa de Mascate ante el bloqueo del estrecho de Ormuz (REUTERS/Benoit Tessier/Archivo

El precio del petróleo superó este lunes los USD 100 por barril en los principales mercados internacionales, impulsado por la escalada del conflicto en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas más críticas para el comercio global de energía.

En la apertura de la jornada, el barril estadounidense West Texas Intermediate (WTI) alcanzó los USD 100,11, con un alza del 2,43%, mientras que el Brent, referencia internacional, subió un 2,82% hasta los USD 106,05.

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La tendencia alcista se consolidó tras una nueva serie de incidentes en la región y renovadas amenazas sobre infraestructuras energéticas clave.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó el viernes ataques contra posiciones militares en la isla iraní de Kharg, aunque aseguró que, por el momento, las terminales petroleras no fueron alcanzadas. Sin embargo, advirtió que una escalada en el estrecho de Ormuz o nuevos ataques iraníes contra buques petroleros podrían motivar bombardeos directos sobre las instalaciones de exportación de crudo en la isla, enclave estratégico desde donde se exporta cerca del 90% del petróleo iraní.

El precio del petróleo superó
El precio del petróleo superó nuevamente los USD 100 por barril ante la escalada del conflicto en Medio Oriente (EFE/WEI LEUNG/ARCHIVO)

El embajador estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz, confirmó que Washington mantiene la opción de atacar infraestructura energética iraní si lo considera necesario para intensificar la presión sobre Teherán.

“Hasta ahora, los ataques han sido limitados a objetivos militares, pero el presidente podría decidir ampliar el alcance en cualquier momento”, señaló Waltz en declaraciones televisivas. Según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Irán produjo en febrero unos 3,2 millones de barriles diarios, la mayoría exportados desde Kharg.

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La posibilidad de un ataque directo contra la terminal de exportación tendría efectos inmediatos para los mercados internacionales. Natasha Kaneva, responsable global de estrategia de commodities de JPMorgan, advirtió que la interrupción de las exportaciones iraníes, estimadas en 1,5 millones de barriles diarios, podría desencadenar una respuesta severa de Irán, ya sea bloqueando Ormuz o atacando otras infraestructuras energéticas en la región.

El estrecho de Ormuz, que conecta el Golfo Pérsico con los mercados mundiales, ha sido escenario recurrente de ataques a petroleros en las últimas semanas, lo que redujo drásticamente el flujo de crudo y agravó la crisis de oferta.

Así fue el ataque de EEUU contra la isla iraní de Kharg

Antes del estallido del conflicto, alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo dependía del tránsito por Ormuz. El cierre efectivo de esta vía ha provocado la mayor interrupción en la historia del mercado petrolero. Desde el comienzo de la ofensiva de Estados Unidos e Israel, el precio del crudo ha aumentado más de un 40%, y el Brent cerró la semana pasada por encima de los USD 100 por primera vez en cuatro años.

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En un intento por contener el impacto, más de 30 países anunciaron la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas, en una operación coordinada por la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Se trata de la mayor liberación de reservas de la historia, con Estados Unidos aportando 172 millones de barriles desde su Reserva Estratégica de Petróleo. La AIE informó que los países asiáticos comenzaron a liberar reservas de emergencia de inmediato, mientras que los de América y Europa lo harán a finales de marzo.

No obstante, la magnitud de la disrupción y el temor a un agravamiento de las tensiones han limitado el efecto de estas medidas sobre los precios internacionales.

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Analistas del sector señalan que la volatilidad persistirá mientras no se restablezca la seguridad en el transporte marítimo y continúen las amenazas sobre infraestructuras energéticas clave.

Antes del estallido del conflicto,
Antes del estallido del conflicto, alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo dependía del tránsito por Ormuz (REUTERS/Stringer/Archivo)

El futuro del mercado petrolero dependerá de la evolución del conflicto regional y de la capacidad de las potencias para garantizar la protección de rutas estratégicas como Ormuz.

La incertidumbre sobre el suministro, sumada a la posibilidad de nuevos ataques, mantiene la preocupación entre consumidores, gobiernos y empresas energéticas a nivel global. Mientras persista la tensión en Medio Oriente, la volatilidad de los precios del crudo impactará sobre economías de todo el mundo, con efectos directos en costos de energía y perspectivas de crecimiento.

(Con información de AFP)

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