POLITICA
El Gobierno se refirió a la posibilidad de que los argentinos no necesiten la VISA de Estados Unidos para ir al Mundial 2026

Luego de que este lunes se anunciara que la Argentina inició el proceso para que se le permita a sus ciudadanos ingresar sin VISA a los Estados Unidos, desde el Gobierno de Javier Milei abrieron la posibilidad de que el tramite esté listo antes del Mundial de Fútbol que se realizará el año que viene.
En ese sentido, el canciller Gerardo Werthein indicó en declaraciones a LN+ que “este proceso habitualmente dura muchísimo tiempo y es muy largo”.
Pero detalló: “Sin embargo, en virtud de la relación y la posición que tiene Argentina hoy estamos en condiciones de hacerlo como dijo la secretaria, quizás un año“.
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Fue entonces que remarcó que en el caso del país sería “un proceso muy corto, cuando miramos un año y tenemos el Mundial por delante, es muy importante para todos los argentinos“.
“¿Usted cree que para el Mundial”, le preguntaron durante la entrevista. A lo que el funcionario respondió: “Ojalá así sea, porque estaríamos dentro del año”.
A su vez, se refirió a un futuro encuentro entre el presidente Javier Milei y Donald Trump sobre el que aseguró que “va a ocurrir” y que están buscando fecha.
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GERARDO WERTHEIN,Mundial 2026,VISA ARGENTINOS,VISA ESTADOS UNIDOS
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El Gobierno cree que la oposición usará las derrotas en el Congreso para imponer sus nombres en la AGN

En medio de los embrollos de las últimas semanas, en el plano legislativo pasó desapercibida la grave situación en la Auditoría General de la Nación (AGN), el principal órgano de control externo de los gastos del Estado, que desde hace meses está casi acéfalo salvo la presidencia del legislador porteño electo Juan Manuel Olmos (PJ). Con tres butacas sin definir por cada Cámara del Congreso, La Libertad Avanza cree que la oposición aprovechará la oleada de derrotas al oficialismo de los últimos días para imponer nombres y dejar aún más aislado al Gobierno.
“Una vez que se abre la ventana y te entran las piñas, pasa lo de la última sesión o la que se vendrá prontamente. Teníamos un principio de acuerdo meses atrás sobre la AGN, pero se perdió tiempo y, ahora, los kirchneristas podrían pactar dos para ellos, dejan uno a los radicales y fuiste. El temor principal es que antes se acercaban a consultar o hablar. Esto ya no pasa y, cuando ello ocurre, es esperable cualquier cosa”, sentenciaron desde un despacho oficialista de peso a Infobae.
“Para nosotros, dos o nada, como debió ser siempre. Quisieron la fórmula de uno para cada sector y se equivocaron”, sentenciaron a este medio desde el Frente de Todos en la Cámara alta, que espera el momento para accionar. Además, hoy tiene el control total de la AGN a través de Olmos. De hecho, en la última sesión en la Cámara alta, un respetado legislador radical se cruzó a dos periodistas acreditados en una escalera y, al mencionar el tema, deslizó: “Es muy curioso que el Gobierno arme tanto lío por las jubilaciones, el Garrahan o discapacidad y pida controles a gritos. Pero, ¿cómo puede ser que nadie esté interesado en esto? ¿Por qué casi nadie habla? ¿A quién le favorece todo esto? Muy extraño”.
El inconveniente que se suma a todo esto es que los otrora aliados ahora se encuentran con la cara pintada y están dispuestos a disparar más dardos contra la Casa Rosada desde el recinto de la Cámara alta. No obstante, se encuentran con algunos inconvenientes. Es caso más concreto es la Unión Cívica Radical (UCR) que, para variar, está dividida.
“Algunos no vienen a las reuniones de bloque; otros, están cada vez más opositores. Incluso hay uno que ya parece una filial del kirchnerismo. Y quienes mantienen lazos con el Gobierno libertario o respetan los acuerdos gobernador-Ejecutivo quedaron atrapados. Presentemos a quien presentemos, será para la sospecha de algún bando. Quizá sea mejor que sigamos así”, reflexionaron desde el centenario partido.
Proyectos en stand by
Son dos las iniciativas discutidas tiempo atrás -ahora en siesta, en la comisión de Asuntos Constitucionales- e involucran a dos experimentados: la del jefe del Frente de Todos, José Mayans; y una segunda, del peronista disidente Juan Carlos Romero (Provincias Unidas). Ambas comparten la disminución de los mandatos, que pasarían de ocho a cuatro años, con posibilidad de reelección. Es decir, actualizados a la realidad de los gobiernos y renovaciones parlamentarias, en general.
Un ítem con leves diferencias apunta a la remuneración de los auditores: el del formoseño habla de ser “equivalente” al de legisladores -sin aclarar cuáles y genera una duda, dada la diferencia entre las dietas de Diputados y Senadores en la actualidad-, mientras que el segundo impone que no perciban “un monto mayor a la dieta percibida” por los integrantes de la Cámara alta, que a partir de noviembre próximo pasará los $10,2 millones en bruto.
Sobre el último punto, varios senadores se quejaron -e intentaron operar, con resultado penoso- para desdramatizar la polémica por las dietas. Más allá de que siempre se aclara que, con los descuentos, disminuyen dichos haberes -entre seis y siete millones en mano de mínima, en la actualidad y en general-, todos los bloques tienen amnesia sobre la sesión del año pasado, cuando en modo ninja metieron un proyecto por la ventana y lo votaron sin chistar en minutos. Ahí es donde se ataron a las paritarias de los empleados del Congreso. El famoso y pícaro “si pasa, pasa”.
El único oasis de institucionalidad y que equilibra -como puede- el desmadre vigente relacionado con la AGN es la comisión bicameral Mixta Revisora de Cuentas -nexo principal del Congreso con el organismo-, que comanda el diputado peronista Miguel Pichetto. Es la última barrera de contención e intenta, al mismo tiempo, saldar asuntos demorados hace largos años.
POLITICA
El silencio como estrategia: el caso Spagnuolo y la comunicación de crisis

Creer que el silencio de Javier Milei es indecisión, desconcierto o falta de inteligencia es subestimar la capacidad comunicacional de un Gobierno que, desde el discurso, ha convencido a los argentinos de que el sacrificio es el mecanismo para ser mejores y ha aplicado el ajuste más grande de la historia sin tener manifestaciones sociales. Y sin afectaciones significativas en su imagen.
No hay que ser el Mago del Kremlin; basta con leer algunos manuales de gestión de crisis para entender que las posibles respuestas ante un escándalo son: inculpatorias, negacionistas, confrontativas y el silencio. Sí, el silencio es también una respuesta.
Escándalos de todos los colores
Si hacemos revisionismo de los últimos gobiernos de la Argentina, podemos recordar la cadena nacional de Cristina Kirchner luego de la muerte de Alberto Nisman. Su estrategia fue rápidamente salir a poner la cara, con una vestimenta blanca, estética limpia, para frenar acusaciones que comenzaban a tener visibilidad en los medios. Su respuesta fue negacionista y confrontativa.
Otro de los escándalos fue la tragedia de Once, en la que durante los primeros cinco días se optó por el silencio y luego la dirigente le pidió a la Justicia públicamente que “no demore la pericia”. Otra vez, confrontativa.
En tanto, en rasgos generales, podemos decir que la estrategia más utilizada por Mauricio Macri ha sido la inculpatoria. Recordemos cuando el expresidente se refirió a las supuestas preferencias de las mujeres al decir: “A todas las mujeres les gustan los piropos, aunque les digan qué lindo culo tenés”. Para frenar esta polémica (previsible por lo brutal -de bruto- de la declaración), Macri pidió perdón, y no fue la única vez. Sin embargo, cuando uno hace abuso de una estrategia de comunicación, primero se afecta su figura porque pierde credibilidad y peso su palabra, y segundo, pierde efectividad el mecanismo. Recordemos los memes “Juan Domingo Perdón”.
Otro escándalo conocido por todos fue la publicación de la famosa foto de Olivos. Luego de un silencio de muchos días por parte del entonces gobierno—aquí sí, creo, minimizando desde la comunicación el impacto que podría tener— hubo una suerte de defensas tibias y fallidas de algunos funcionarios que obviamente no lograron apaciguar nada. Por el contrario, le dieron aún más visibilidad al tema. Luego, el presidente Alberto Fernández pidió perdón -e hizo en su defensa una transferencia de culpabilidad- pero no una vez, sino tres veces (con argumentos débiles), porque la indignación y el enojo en la sociedad eran tales que ya no había escucha. Síntesis: too little, too late.
Ahora bien, volvamos al caso de Spagnuolo, que tiene muchas semejanzas con el escándalo de la foto de Olivos. Primero, la fecha en la que se revela el audio y la foto: agosto, año electoral. La lectura obvia es que podría ser una operación mediática (argumento sin fuerza, pero utilizado por el oficialismo), lo que no quita la infracción o la acusación de fondo. Y no es una infracción más —y aquí está el punto más relevante— porque se trata de la bandera que levantaban ambos presidentes: “cuidate, no salgas” y “vamos a terminar con la casta corrupta”.
En el caso de Milei, fue su promesa electoral. Entonces, lo que hace el escándalo Spagnuolo es romper un contrato de confianza y reciprocidad que construyó Milei con parte de la sociedad, y especialmente con el electorado propio o afín. Y, en consecuencia, inevitablemente habrá afectación reputacional, institucional y electoral. La pregunta es en qué medida. Y eso dependerá de los nuevos elementos que puedan aparecer en la causa (lo judicial), las filtraciones (lo mediático) y las decisiones que se tomen desde la comunicación (gestión de crisis).
Lo que sabemos es lo que ocurrió hasta ahora: (1) aparecieron audios del titular de la Agencia de Discapacidad, Spagnuolo (abogado y amigo íntimo de Milei, de los pocos oyentes de ópera en la Quinta de Olivos), (2) el Ejecutivo lo echó y (3) se activó el accionar judicial.
¿Qué dicen los manuales? Que el escándalo requiere reacción sistémica. El problema es que echar al que acusa delito de corrupción no soluciona el problema en cuestión. El infractor no es quien acusa, sino el acusado, y la respuesta que se espera es sobre ese agente o esos, en este caso (Karina y los Menem).
Cuando el escándalo siguió escalando, lo que se hizo fue: (4) mandar a voceros a “poner la cara”, que ensayaron una suerte de defensa confrontativa y de transferencia de responsabilidades: “publicarlo ahora es una operación mediática y oportunismo electoral”. Otra vez el mismo problema: que sea una estrategia electoral de la oposición o una venganza de su propio frente (como ha trascendido en las últimas horas) no quita la existencia del delito y no le responde a la sociedad si es verdad o no que quienes venían a terminar con la corrupción, terminaron robando. Y no es menor que los voceros elegidos para hacer la defensa sean los que se apellidan Menem y dos de los señalados en el audio.
El otro funcionario que habló fue Guillermo Francos, el jefe de Gabinete de Milei y el dirigente de mayor imagen positiva de La Libertad Avanza y del país, según la última encuesta nacional de la consultora D’Alessio IROL – Berensztein. ¿Búsqueda? Credibilidad. Sin embargo, en un Gobierno tan personalista y confrontativo, la respuesta que se espera y que podría ser efectiva para poner paños fríos en un escándalo de esta dimensión es la de Milei, Karina o, como poco, la de Adorni. Y hubo respuesta de los tres: el silencio. El vocero apenas mencionó el tema en su última exposición pública, en la que no respondió preguntas.
No subestimaría la inteligencia y capacidad comunicacional del Gobierno (otra discusión es la moralidad en la gestión de la comunicación). Optar por el silencio es seguramente la estrategia más efectiva en este contexto de incertidumbre, no solo en la sociedad, sino posiblemente en el Gobierno, que no sabe qué más puede aparecer (audios, chats, fotos o videos).
Más allá de que aplica para la vida, pareciera que también en este caso se cree que, cuando lo que tenés que decir no es mejor que el silencio, mejor no decir nada. Y el silencio puede servir como escudo táctico. Evita contradicciones, protege a las primeras figuras de una exposición riesgosa y reduce la posibilidad de que aparezca un “escándalo de segundo grado” si surgen nuevos audios o chats.
Pero también tiene costos: deja el control del relato en manos de la oposición, los medios y las redes sociales, y se percibe como falta de transparencia en un gobierno que hizo de la confrontación y la frontalidad su marca registrada. No falta quien asegura: “el que calla, otorga”. En comunicación de crisis, la regla es simple: cuando hay incertidumbre, la solución es dar certezas.
Mentir u omitir información en la argumentación no solo es inmoral, es ineficaz y agravante si se descubre la mentira u omisión intencionada: debilita la credibilidad y prolonga la crisis. El oficialismo, en cambio, parece -hasta el momento- apostar desde el silencio a que la indignación social se diluya sola y posiblemente reza “a las fuerzas del cielo” para que no haya nuevos elementos inculpatorios. Pero la magnitud del caso —que toca el corazón del discurso presidencial— convierte al silencio en un arma de doble filo: puede contener el daño en el corto plazo, pero a la larga, si se extiende y se profundiza esta crisis, podría erosionar el principal capital de Milei, que es su credibilidad como outsider que prometió barrer con la corrupción de la política tradicional.
En definitiva, todo lo que se puede hacer en estos casos es poco en términos absolutos y siempre hay consecuencias. Hoy el Gobierno elige callar. Posiblemente la alternativa menos dañina. Pero en política, como en la comunicación, el silencio nunca es neutral: también habla.
La autora es consultora en Comunicación política, electoral, institucional y de crisis y riesgo.
Conforme a,,De Madrid a Tokio. La pasión porteña que se volvió un negocio global,,La reforma tributaria que viene. Qué hacer con Ingresos Brutos, el impuesto que todos cuestionan,,»Controlan todo». La ciudad más cara y competitiva de EE.UU. donde la burocracia es interminable
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Giro forzado del Gobierno, exposición directa de Milei y tensión por nuevos audios

Vértigo e incertidumbre. El Gobierno busca sostener una línea de respuesta al oleaje producido por el caso Spagnuolo, pero los hechos se suceden en velocidad y agotan planes propios. Javier Milei produjo el principal giro al involucrarse directamente en el tema y exponer que, si existía una estrategia oficial, fue superada. Afirmó que es “mentira” lo que dicen las grabaciones y anticipó que irán a la Justicia contra el funcionario echado del área de discapacidad. Dio así un paso personal riesgoso al negar algo -un posible mecanismo de corrupción- que recién empieza a ser investigado y habló de la voluntad de avanzar con una denuncia, cuya formulación y momento no parecen definidos. Todo, en horas de tensión creciente, que incluye a la campaña y trasciende largamente los límites de la política.
Ese cuadro, cuando la causa del ex jefe de la Agencia Nacional de Discapacidad y las medidas judiciales tiñen todo, agregó de golpe otro trazo fuerte: la difusión de fragmentos de conversaciones de Karina Milei. Nada comprometedor en los dichos, aunque está claro que el punto sería otro. Lo que impacta es la existencia de audios que habrían sido grabados en la propia Casa Rosada. “Si son verdaderos, estamos ante un escándalo sin precedentes”, fue la reacción expresada por Manuel Adorni.
Con tono de sorpresa, el mensaje del vocero tradujo el sacudón producido por la difusión del par de frases atribuidas a la hermana presidencial. Frases que, según su difusor, formaría parte de casi una hora de grabaciones. Más que sugestivo. En medios del oficialismo circulaban especulaciones sobre la existencia de otros recortes, pero de los dichos de Spagnuolo, cuyas acusaciones no resultaron una absoluta sorpresa en algunos circuitos mileistas.
Lo ocurrido ahora agrega combustible a las especulaciones y por momentos cruces domésticos sobre el origen de las operaciones. El foco fue puesto públicamente en el kirchnerismo -alimentado en las oscuridades de servicios de inteligencia-, pero incluso públicamente se sucedieron versiones y hasta declaraciones sobre batallas intestinas. Como fuera, está a la vista que hay elementos fuera de control.
El caso Spagnuolo y sus estribaciones preocupan por diversas razones y no sólo al oficialismo. En rigor, también son parte del análisis en el mundo empresarial y financiero: se mezclan hipótesis sobre sus alcances reales, la reacción del Gobierno y los posibles escenarios electorales, tema número uno de conversaciones con consultores. Por supuesto, el resultado que anote el peronismo/K sigue siendo un punto dominante en esas consideraciones, cuando falta una semana para los comicios bonaerenses. Pero no se trata sólo del “riesgo kuka”, como intenta alertar el Gobierno, sino también de los costos autogenerados por el oficialismo.
Las encuestas que se suceden en estas horas midieron el primer efecto del caso Spagnuolo. Hay coincidencias en un punto: la enorme repercusión en la sociedad y, en un escalón más bajo, la consideración sobre la credibilidad de los audios. Junto con eso, circularon un par de análisis sobre la disputa en redes sociales y allí, territorio de supuesto predominio violeta, tampoco el oficialismo registra buenos resultados.
Se ha dicho: nadie traduce eso de manera mecánica en términos electorales. El Gobierno puede rescatar algunos datos en medio de este cuadro. La mayoría de los sondeos precios venían anotando desgaste de la figura presidencial, pero en un cuadro de grave deterioro de otros dirigentes, desde CFK a Mauricio Macri. Eso es reforzado además por la enorme fragmentación en el conglomerado de otros espacios políticos.
A eso se suma un interrogante sin respuesta terminante: ¿cuánto impacta el caso, medido en términos de confianza pública? El Gobierno conserva niveles nada desdeñables de expectativas a mediano plazo, aunque en el marco de caída de los registros sobre situación y perspectivas de la economía personal. En ese punto coinciden algunos consultores. En sentido inverso para el oficialismo podría jugar un dato palpable: el tema Spagnuolo registra mayor repercusión que otros episodios, en especial el criptogate. Tiene todo para ser así: coimas y en un área sensible, el sistema de discapacidad.
Ese registro, no sólo mediático, explica el impacto y las cuentas políticas que comenzaron a hacerse apenas estalló el caso. La principal y más visible consecuencia es que pega en la línea central del discurso mileista, es decir, la batalla contra la “casta”.
Esa consigna fue retomada por Milei en su carga contra los audios de Spagnuolo. Reforzó el discurso inicial del oficialismo –habló de una “opereta” de la “casta”– pero lo hizo con un giro significativo: le agregó por primera vez una referencia a la cuestión de fondo, que es la descripción de un mecanismo de corrupción en la ANDIS. “Todo lo que dice Spagnuolo es mentira”, dijo. Y anticipó que harán una denuncia concreta contra el ex funcionario. El Gobierno por ahora no dio precisiones sobre el contenido y el momento de la presentación ante la Justicia.
El Presidente se expuso así directamente en un terreno que para Olivos se presenta poco firme. De hecho, la causa a cargo del juez Sebastián Casanello y el fiscal Franco Picardi recién comienza. No es lo único. Algunos legisladores de la oposición apuntan sobre contrataciones de la droguería Suizo Argentina en otros organismos estatales.
Milei, además, dejó atrás lo que fuentes del oficialismo presentaban como una especie de plan básico para enfrentar el escándalo: silencio inicial, declaraciones posteriores de Lule y Martín Menem, respuesta política a cargo de Guillermo Francos. La reacción presidencial expuso la imposibilidad de bajarle el volumen al caso y también los límites de un discurso que restringía todo a su uso político en tiempo de campaña, sin rechazar expresamente el contenido de los audios.
La alteración de planes y la velocidad con que se suceden los hechos arman una doble prueba política. Algunos capítulos asoman fuera de agenda y sacuden el tablero. Otros son parte del muy extenso recorrido electoral. Mañana, Corrientes elige gobernador y en una semana, apenas, será el turno crucial de Buenos Aires. Después, sólo quedará le camino a octubre.
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