POLITICA
Coimas: el ministro de Salud se reunió en Casa Rosada para explicar la auditoría en la ANDIS

En medio del escándalo por presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), el ministro de Salud, Mario Lugones, se reunió este lunes en la Casa Rosada con el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y el asesor presidencial, Santiago Caputo, para presentar el plan de auditoría interna que se llevará a cabo en el organismo. La intervención se produce tras la difusión de audios del exdirector de la ANDIS, Diego Spagnuolo, en los que se menciona un supuesto esquema de corrupción.
Según fuentes cercanas a Lugones, la auditoría se centrará en las licitaciones realizadas a través del programa Incluir Salud, destinado a brindar cobertura médica a titulares de pensiones no contributivas. El objetivo es revisar los contratos y determinar si existieron irregularidades en los procesos de adjudicación.
El Congreso busca que Karina Milei brinde explicaciones sobre el escándalo de las coimas
El interventor de la ANDIS, Alejandro Vilches, firmó la orden para iniciar la revisión de los contratos, que comenzará este martes. Además, se llevará a cabo un sumario administrativo dentro del organismo para evaluar el estado general de la situación y asegurar mecanismos transparentes en la gestión de las prestaciones a cargo de la ANDIS.
En relación a la licitación con la empresa Suizo Argentina, mencionada en los audios filtrados, fuentes oficiales aseguraron que fue un proceso abierto y competitivo, en el que la droguería compitió contra otras compañías como Andreani, Correo Argentino y OCA. La empresa fue adjudicada por presentar una propuesta de un 17% por debajo del precio de referencia. Sin embargo, el Gobierno destaca que solo el 6% de lo que compra el Ministerio de Salud en medicamentos es a través de esta empresa.
Mientras tanto, el empresario Jonathan Simón Kovalivker, uno de los propietarios de Suizo Argentina, se presentó en los tribunales federales de Comodoro Py para declarar en la causa que investiga las presuntas coimas. Entregó su celular para una eventual revisión pericial, aunque no proporcionó la clave de su dispositivo.
La entrada Coimas: el ministro de Salud se reunió en Casa Rosada para explicar la auditoría en la ANDIS se publicó primero en Nexofin.
Agencia Nacional de Discapacidad,Auditoría,Coimas,Diego Spagnuolo,Mario Lugones
POLITICA
Karina Milei en Mar del Plata: más de 700 dirigentes, tregua con Las Fuerzas del Cielo y énfasis en la línea partidaria

El mundo libertario bonaerense se trasladó a Mar del Plata, para el congreso que montó allá la secretaria general y presidenta partidaria, Karina Milei, a través de sus principales laderos políticos: los primos Martín y “Lule” Menem, y el armador Sebastián Pareja.
Empoderada y con un perfil más alto que en los albores de la gestión libertaria, la hermana presidencial llegó a la ciudad balnearia acompañada por Martín Menem este mismo domingo.
El evento está planeado para la dirigencia bonaerense -desde diputados nacionales hasta consejeros escolares- y forma parte de una etapa de “maduración” partidaria que quieren encarar en La Libertad Avanza (LLA) en este segundo tramo de administración de Javier Milei, tras el triunfo electoral que lograron en las elecciones del 26 de octubre, con presencia de la marca oficialista en todas las provincias.
Más de 700 dirigentes violetas tendrán ocho horas de talleres instructivos en Mar del Plata, que comenzaron a las 9 y se extenderán hasta las 17, con un break para almorzar. Habrá uno especial de técnica parlamentaria y “negociación”, que darán los primos Menem.
Los discursos finales estarán a cargo de Pareja, Martín Menem y Karina Milei. La idea de esas intervenciones será bajar la línea partidaria y las condiciones que deberán cumplir los dirigentes locales para respetar su pertenencia a LLA.
En un intento de mostrar que los ánimos están más calmos desde que pasaron las elecciones legislativas, serán de la partida integrantes de Las Fuerzas del Cielo, la extracción que tiene ancla en el estratega Santiago Caputo, que aloja a los más importantes propagandistas libertarios de X (como Daniel Parisini, alias Gordo Dan) y que tuvo múltiples fricciones con Pareja cuando fue el cierre de listas, sobre todo en la Provincia, para las legislativas del 26 de octubre. El armador de Karina Milei los invitó.
Como uno de los referentes más fuertes de ese espacio, desembarcará en Mar del Plata el diputado nacional Santiago Santurio. Esta semana, en parte de la tregua, también hubo una cena de los legisladores bonaerenses de la que participaron Agustín Romo y Nahuel Sotelo, otros dos referentes de Las Fuerzas del Cielo, con los parejistas.
En tanto, la dirigencia de Pro que se sumó a las listas violetas bonaerenses pegará el faltazo. Sí el intendente de General Pueyrredón, Guillermo Montenegro, que es amarillo pero ofició como uno de los principales promotores de un acuerdo con los Milei y encabezó la boleta libertaria en la quinta sección electoral, pasará a la hora del almuerzo por ser el anfitrión.
El encuentro se hace en el Hotel NH, en plena costanera, frente a la playa Bristol. Más allá de que la mayoría de los invitados arribó el domingo, hay dirigentes de LLA que llegaron a Mar del Plata ayer y se alojaron en el hotel “por cuenta propia”, aclararon fuentes del partido.
Una de ellas fue Karen Reichardt, número dos en la lista en la Provincia y ahora diputada nacional electa, quien mostró en una historia de Instagram desde la ventana de su habitación cómo rompían las olas del mar sobre la costa el sábado por la tarde.
congreso que montó allá la secretaria general y presidenta partidaria, Karina Milei,Paula Rossi,Karina Milei,Mar del Plata,Martín Menem,Conforme a,,Sangría de Pro. Lospennato deja el Congreso y se abre un nuevo foco de tensión entre los primos Macri,,Milei huele sangre. El plan para terminar con la Argentina peronista,,Caso $LIBRA, El fideicomiso de Hayden Davis se constituyó en una jurisdicción offshore y sin datos clave sobre su operación,Karina Milei,,¿Cómo fue? El enfrentamiento entre Karina Milei y Villarruel por un palco del Congreso,,Saltos y euforia. El video de Milei a los abrazos con los ministros en la reunión de gabinete,,Los desafíos de Presti. El nuevo ministro de Defensa afrontará reclamos salariales y quejas por la crisis de la obra social
POLITICA
Mauricio Macri habló de “Franco”, el libro sobre su padre: del apogeo a la declinación, anécdotas y una dramática charla final

“Un día me levanté y dije: quiero contar la verdad de la historia de mi padre, sin ocultar nada, porque a partir de que me metí en política, el kirchnerismo y la izquierda lo estigmatizaron a mi padre, con toda la mala intencionalidad que pueda haber. Y crearon una fantasía de cómo surgió él”. Así inició Mauricio Macri desde sus oficinas de Olivos la charla con Infobae a propósito de la publicación del libro “Franco. Vida de mi padre. La historia de mi mayor maestro y mi gran antagonista”.
El libro recorre el vínculo afectivo, personal, íntimo y también público y político. Una relación atravesada por el afecto pero también por una rivalidad que, reconoció Macri, se precipitó a partir de la traumática experiencia del secuestro que sufrió en 1991.
En la entrevista, el ex presidente contó detalles -incluso algunos que no figuran en el libro, como sus charlas durante los largos baños de Franco-, pero sin referencias a la actualidad política. Fue una conversación sobre la biografía de su padre, que, en definitiva, expuso una época y también una reconciliación definitiva y póstuma.
“El libro refleja que él fue un permanente optimista, creador, un apasionado por sus proyectos, apasionado por el hacer. Todas cosas que, finalmente uno termina mamando, porque uno aprende no de lo que le dicen los padres, sino de lo que uno ve que hacen los padres. Y nada que ver con la política. Si hay algo que él nunca entendió fue la política”.
Durante la conversación, Mauricio Macri evocó escenas y anécdotas que marcaron la historia de uno de los empresarios más emblemáticos de la Argentina y el complejo vínculo entre padre e hijo. “Para mí, de chico siempre era mi ídolo, era la persona que yo admiraba. Bueno, él me empezó a llevar a los cinco años a las obras, con esa cosa del inmigrante que quiere adelantar el proceso para que su hijo se incorpore a su vida porque pierde todos los amigos de la infancia en Italia… Siempre me generó mucha admiración esa capacidad de imaginar, de crear, de unir personas, recursos económicos y crear cosas”.

La relación entre ambos –marcada por la admiración, el desencuentro y la rivalidad– es el eje de un retrato íntimo y universal. Macri reconoce: “Para él, su hijo primogénito era todo. Después empezó, con el correr del tiempo, a desarrollar… siempre, hasta el final, hubo una mitad de su cabeza que su vida pasaba por ver qué estaba haciendo yo. Él siempre se abocó muchísimo a transmitirme sus vivencias, a compartirlas”.
La entrevista completa con Mauricio Macri
—Primero hay que preguntar por qué la decisión de escribir este libro.
—No sé. Un día me levanté y dije: quiero contar la verdad de la historia de mi padre, sin ocultar nada, porque a partir de que me metí en política, el kirchnerismo y la izquierda lo estigmatizaron a mi padre, con toda la mala intencionalidad que pueda haber. Y crearon una fantasía de cómo surgió él y ese libro refleja que él fue un permanente optimista, creador, un apasionado por sus proyectos, apasionado por el hacer. Todas cosas que, bueno, finalmente uno termina mamando, ¿no? Porque uno aprende no de lo que le dicen los padres, sino de lo que uno ve que hacen los padres. Y nada que ver con la política. Si hay algo que él nunca entendió fue la política.
—¿Por qué dice usted que no la entendió?
—Porque no entendía. No, no, no podía, no podía entender qué significaba la política en Argentina. No es fácil entender la política en Argentina. Y él siempre iba a ayudar, como en aquella primera reunión con Alfonsín, que me llevó. Y Alfonsín le dice: “¿Qué quiere usted, Macri?”. Y él dijo: “Ayudarlo a que crezca el país”. Yo soy el productor de autos más grande de la Argentina. Tengo el 45% del mercado y el mercado es de 70 mil unidades. Si Argentina funciona, tiene que ser de un millón de unidades, con lo cual, aunque venda menos porcentaje, serían muchas más unidades. Lo mismo, tengo la segunda constructora más grande en la Argentina. Si el país crece, necesita más infraestructura, es un país que está casi virgen. No hay rutas buenas, no hay aeropuertos, no hay puertos. Entonces, yo necesito que el país crezca para que mi constructora tenga más trabajo. Y así le fue diciendo otras cosas que él hacía y Alfonsín sorprendido. Y ahí empezaba a tener una relación. Eso fue ya el segundo año del gobierno, tercero de Alfonsín, porque el radicalismo llegó con mucha prevención sobre el sector empresario.
—El libro habla mucho de todo el surgimiento, del crecimiento, de cómo arrancó Franco Macri. Me interesa el tema este de la creación de este partido del padre de Franco, del Partido Qualunquista.
—Sí, de mi abuelo. Qué loco la genética… yo también terminé creando un partido.
—¿Qué recuerdos tiene usted de eso y por qué lo revaloriza como una herencia?
—De mi abuelo muy poco, porque mi abuelo era una persona de pocas palabras y ya estaba grande para esa época. Grande, era sesenta y pico, tendría setenta y pico cuando mi padre… cuando él murió. Y solamente me acuerdo de ir los domingos o sábados a la casa a visitarlo, que vivía en Las Heras y Uriburu, un departamento con su segunda mujer. Él me enseñó a jugar al ajedrez, jugaba al ajedrez con él y él no hablaba, cuarenta minutos todo en silencio. Después me fui enterando de su vida y su historia. Esa es la foto de él. Que parece Frondizi, todo el mundo cree que es Frondizi, que también yo respeto mucho, pero no, es mi abuelo. Así que fue loco porque fue un partido muy exitoso para arrancar de cero, sacó como el 6% en esa primera elección y ahí él se vino a Argentina.
—¿Usted considera que hay ahí una herencia, un vínculo, un lazo?
—La genética, es la genética.

—¿Cuándo se dio cuenta usted de que Franco Macri era “Franco Macri”, en la dimensión que tuvo, de llegar a ser el primer empresario de la Argentina? ¿Cuándo se dio cuenta de que era un hombre importante?
—Para mí, de chico siempre era mi ídolo. Era la persona que yo admiraba. Bueno, él me empezó a llevar a los cinco años a las obras, con esa cosa del inmigrante que quiere adelantar el proceso para que su hijo se incorpore a su vida porque pierde todos los amigos de la infancia en Italia. Así que ahí me fui integrando siempre, además era el primogénito en una familia italiana. Y la verdad es que yo fui viendo todo, todo lo que él hacía. Y siempre me generó mucha admiración esa capacidad de imaginar, de crear, de unir personas, recursos económicos y crear cosas. Creo que, cuando él ya da el salto arriesgando todo para entrar a la industria automotriz —porque le hicieron poner de garantía a los italianos la casa y la quinta—. Mi madre cuando se enteró quería matarlo. “Estás loco. Veinte años de trabajo y vamos a volver a la calle si te sale mal esto. ¿Qué sabés vos de autos?”, le decía mi madre. Y cuando vi cómo enseguida entendió, se adaptó, empezó a ser presidente de ADEFA, la Asociación de Fabricantes de Automóviles… Donde él se ponía, generaba respeto. Porque un tipo, aparte de carismático, era serio, encaraba las cosas con seriedad. Ahí empecé a tomar dimensión de que lo que había hecho mi padre era increíble. Y tal vez más cuando lo empezó a destruir. Cuando él entró a conectarse con la parte autodestructiva de sí mismo, empecé a darme cuenta del tamaño de lo que había construido y lo que eso se resistía a esta serie de malas decisiones que empezó a tomar.
—En el principio del libro, en página 19, habla usted de su padre y de la tradición italiana y dice: “De alguna manera, yo era una de sus obras, acaso la más importante”.
—Y sin duda.
—Tengo subrayada esa frase. ¿Qué significa?
—Sí, porque era así. Para él, su hijo primogénito era todo. Después empezó, con el correr del tiempo, a desarrollar. Pero siempre, hasta el final, hubo una mitad de su cabeza que su vida pasaba por ver qué estaba haciendo yo. Él siempre se abocó muchísimo a transmitirme sus vivencias, compartirlas. Por eso me hacía acompañarlo a cosas que eran aburridísimas. Yo tenía diez años, decía: “Papá, yo quiero jugar a la pelota, no estar en París cerrando un consorcio para cotizar una supuesta privatización de subterráneos que no se llegó a hacer”. Entonces, me decía: “Algo vas a aprender, aguantátela”. Me tenía ahí cuatro horas. Me acuerdo también de otro momento de grandes conversaciones que duró mucho tiempo, era cuando él se bañaba. Él se bañaba durante muchos años en bañadera. Entonces, ahí yo me sentaba y hablábamos, ¿no? Hablábamos. Eso creo que no lo puse en el libro. No, esa parte no estaba. Me acordé ahora.
—¿De qué hablaban? ¿Qué le contaba él?
—De sus nuevos proyectos. Siempre estaba hablando de sus nuevos proyectos.
—En todo el libro no hay muchas referencias a diálogos afectuosos o conversaciones más de padre a hijo, sino como de un hombre que está hablando con alguien a quien forma o entrena como aprendiz o sucesor. ¿En qué notaba usted esos vínculos amorosos que tenía como padre?
—No, papá siempre fue muy afectuoso. Con todo el mundo.
—Habla mucho de la generosidad de él.
—Aparte de ser generoso, él era afectuoso. Era alguien a quien uno rápidamente se encariñaba. No, hago referencia a eso porque es como más un plano tal vez que no genere tanto interés porque es natural. Los padres damos todo a nuestros hijos esperando recibir algo de todo lo que dimos. Esa es la ley de la vida. El retorno siempre es mucho menor, pero es así. De generación en generación. Pero él siempre fue muy afectuoso, me acompañó, se ocupó de malcriarme en todo lo que podía, o sea, a la vez exigirme, ¿no? Porque él era dos cosas, te daba y te exigía.
—¿Qué virtudes tiene usted de Franco?
—Yo diría que la del hacer. El hacer es lo más importante. Él desde muy chico me transmitió que lo importante era hacer, no lo material. Lo material es una circunstancia. Él nunca ni coleccionó autos, ni relojes, ni nada. O sea, vivía bien, pero no era lo que a él lo motivaba. Y a mí me pasó lo mismo. A mí, rápidamente, yo me enganché con hacer cosas sin pensar en acumular cosas. Por algo me dediqué entre Boca y la política, son más de veinte años.
—¿Sí?
—Justamente, es todo lo contrario de acumular. Eso es dar. Pero la verdad es que en la vida dar es mucho más lindo y nutritivo que recibir. Él siempre me dijo que lo importante era crear. Él siempre, cuando se presentaba, te decía la cantidad de empleados que tenía y cuántos impuestos pagaba, no qué patrimonio tenía ni cuánto ganaba. De eso nunca hablaba.
—¿Y qué defectos tiene usted de Franco?
—Y tal vez el de haber asumido siempre demasiados riesgos. Menos que él, mucho menos que él.
—¿Menos que él?
—Sí, menos que él. Meterse en política fue tal vez más, pero en términos de inversiones y pasos a dar, siempre fui un poquito más racional que él y menos intuitivo que él. También eran otros tiempos. La Argentina de él, el mundo de él, todavía había más lugar para el voluntarismo. Ahora está todo mucho más acotado científicamente, de qué es lo que se puede y qué no. Tal vez fue lo que le pasó en la segunda parte de su vida. Seguía creyendo que él podía dar vuelta al mundo siempre y ya el mundo se puso un poco más complejo y ortodoxo.
—Hay un punto que es decisivo en todo el libro y en la vida de usted y en la vida de él, que es el tema del secuestro. Usted plantea que esa fue la bisagra en el vínculo entre ustedes. Cuénteme un poco de eso.
—Fue muy malo eso, porque primero fue mucho sufrimiento. Para él, obviamente para mí, pero no sé qué es peor. Yo creo que la debe pasar peor el que está afuera que el que está adentro. Por la impotencia, la desesperación. Y después fue muy malo porque levantó el perfil de la familia en forma exponencial. La familia, por supuesto, manejando la empresa más grande del país, tiene un complejo empresario, que era el más importante que había, en un microclima de lo económico, todo el mundo sabía quién era Franco Macri. Pero cuando pasó lo del secuestro, eso llegó a una escala. Porque ese secuestro tuvo un impacto muy particular. No sé qué pasó, pero la prensa…
—Era el hijo del empresario más importante de Argentina.
—Sí, eso le dio una atracción, porque ya había habido muchos secuestros antes. Y eso creo que descompaginó todo definitivamente, porque yo me transformé en un personaje público, sin ningún mérito, solamente por haber sido víctima de esta banda de excomisarios y represores. Y él también.
Ahí se transformó todo en una cosa muy expuesta, con más, más cercanía con la frivolidad y sus fiestas y todo este tema. Generó todo un cambio de perfil que fue negativo. Él perdió foco en lo que hacía y creo que desató mucho más una competencia entre padre e hijo, que ya venía manifestándose. Pero eso lo aceleró, eso lo aceleró.
—Le pido que se conecte un poco con la emotividad y con el tiempo ese, con el tiempo de la angustia suya padeciendo el secuestro, estando en las condiciones en las que usted tantas veces contó que pasó. Imaginarse a su padre del otro lado…
—No. Peor que imaginármelo: yo tenía un televisor chiquitito, blanco y negro, que la primera semana me sirvió un montón para distraerme y que pasen las horas, que no pasaban. En esa caja de madera de dos por dos. Pero en la segunda semana, cuando la prensa lo descubre e instalan todas las cámaras de televisión, yo lo veía a papá, que cada tanto salía a hablar. Esto era desgarrador porque yo lo veía cómo estaba. Siempre tuve un vínculo muy fuerte con él, muy fuerte. Entonces era verlo tratando de transmitir entereza, pero yo me daba cuenta de que estaba partido al medio. Sobre todo para alguien que ya en ese momento tenía tanto poder, de golpe toparse con la impotencia de no saber, de no poder, de estar en manos de gente que ni conocía.
—Y después de ese momento, ¿se acuerda usted de alguna charla, ya pasada la tormenta, donde pudieron hablar sobre lo que vivió cada uno? ¿Se acuerda usted de algo de eso?
—No. Los dos tuvimos la misma actitud de olvidar el tema. Yo me acuerdo que hice un reportaje con “Perfil” y no quise hablar más del tema. Dije: “Yo de este tema no hablo más”. Años, muchos años después.
—Pero con su padre tampoco.
—Con papá, tampoco. Como que los dos dijimos “qué duro fue”. Él me entregó una carpeta con todos los mensajes que había recibido de apoyo, de cariño, por si la quería ver. Un día la hojeé un poco y después dije: “Bueno, no, ya está. Ya esto pasó, me lo tengo que olvidar”. Y él también, él también. Después lo volvió a revivir con mi hermana.
—Con Florencia.
—Uf, otra vez…
—¿Y de eso de qué se acuerda usted?
—De eso me acuerdo que él ya estaba sordo, con lo cual era tragicómico ver las conversaciones con el secuestrador. Mi hermano le decía a Franco que debía decir que se callara porque papá no le entendía nada al tipo. Entonces, parece una conversación de locos. Ttragedia más tiempo, igual a humor. Ahora uno se puede reír. El secuestrador, no sé, yo no me acuerdo porque en alguna conversación estuve. El secuestrador le decía no sé qué cosa y papá le contestaba cualquier otra. Entonces, llegó un momento que mi hermano me dice: “Por favor, ¿lo podés sacar a papá de acá? Así yo puedo hablar con el tipo”, porque papá en esa cosa de querer siempre… Y ya estaba más grande y encima sordo, estaba muy mal de la audición, con lo cual no se escuchaba, no se entendía nada.

—Ahora puede reír, pero en ese momento debe haber sido terrible.
—Ahí fue donde tomé conciencia de lo que es estar afuera y tener una víctima adentro. Estábamos todos muy preocupados por lo de Florencia.
—Una de las cosas impactantes que revela el libro es que cuando tuvieron que juntar el rescate por usted, tuvieron que juntar billetes de distintas denominaciones que tenía una altura de un metro de alto por tres metros los billetes que tenían que juntar.
—Sí. Bueno, eran muchos millones de dólares y ocupan lugar. Así que… qué sé yo. Sí, hubo que juntarlos y guardarlos en un lugar a la espera de cuando ellos disponían el pago, porque cuando salió en la prensa, ellos suspendieron conversaciones por varios días. Pensando que papá los había traicionado. Y la verdad que hubo una filtración que nunca se llegó a saber bien…
—¿Nunca se supo?
—Sospechas, pero ciencia cierta no.
—Y ahí aparece Nicolás Caputo para hacer esa operación.
—Exactamente. Y Roberto Pascual, que era el chofer, que a veces era el chofer de papá y era chofer mío. Y los dos estuvieron esperando días hasta que tenían la orden de ir a pagar.
—A mí lo que más me llamó la atención de esa parte, de ese tramo, es la angustia entre que se hace efectivo el pago y el tiempo en que tienen que esperar que efectivamente cumplan la palabra.
—Claro, porque es el momento peor para la familia. Porque es el momento en el cual perdiste todo el poder. Ya diste lo que ellos querían y ahora dependés de ellos. Y ellos estuvieron 48 horas debatiendo si me mataban o no me mataban.
—¿Usted estuvo o fue testigo o escuchó algo de eso?
—No, no, no. Yo estaba en la caja. Me contaba el Mario que me cuidaba a mí.
—En el libro hay mucho claroscuros sobre Franco Macri. Usted cuenta muchas cosas, muchas virtudes, pero también muchos defectos y muchos errores. Uno de esos, de los más graves que usted menciona, es el tema del Correo, en su etapa final. El kirchnerismo lo menciona para criticarlo. Y usted dijo que en el libro que fue el primero que dijo: “No es una buena idea”.
—Él me llama, yo ya estaba en Boca, me había retirado de la empresa, pero él me invita un día a la reunión para escuchar una opinión y di mi opinión y terminó todo como el traste, porque se enojó.
—¿La opinión suya era negativa?
—Obvio. Le dije: “Esto es un disparate. Con esto no vas a poder dar vuelta el Correo, es inviable, tiene 89 sindicatos, tiene la competencia de los pequeños prestadores, tiene la competencia de OCA, Alfredo Yabrán estaba en su apogeo. Vas a quemar la plata porque acá no hay manera».
Él estaba muy mortificado porque había perdido la industria automotriz, Fiat había vuelto, el liderazgo que tenía cuando empezó el menemismo, ya estaba creo en el puesto diecisiete, con lo cual necesitaba volver a tener protagonismo y se lanza a esto y a los aeropuertos. Por suerte en los aeropuertos perdió, porque también era una oferta muy disparatada. Y en esta ganó y ganó para perder más de la mitad de su patrimonio. Y el kirchnerismo inventó que con el Correo mi padre ganó plata.
Mi padre puso de aquella época lo que hoy serían 500 o 600 millones de dólares. Muchísimo dinero. Y siempre siguió poniendo. Hizo la fábrica nueva, la planta nueva, equipamiento nuevo, achicó la planta, empezó y el Correo funcionó bastante mejor, pagaba sus impuestos y ganaba algo, pero no podía pagar el canon que había puesto, porque no le pagaban las cuentas.
Los prestadores chicos le vendían sin pagar impuestos, tenía el boicot de OCA. De vuelta, 89 sindicatos, ochenta y nueve, que le prometió Menem que lo iba a unificar, y Erman González no lo hizo.
—En varias partes habla usted de los 89 sindicatos. ¿Por qué fue un factor que complicó todo el negocio?
—Y porque no podías ponerte de acuerdo en un régimen laboral más eficiente. Necesitaba tener otra forma de organizarse y era todo un debate permanente. Esto es lo que me contaban a mí, porque yo estaba en Boca. Eso es lo que me contaron cuando fueron a plantear por qué sí. Yo dije: “Me parece que no, que no vale la pena esto”. Pero él estaba ya muy herido en su amor propio por cómo había perdido protagonismo empresario. Lo empujó a algo que fue un desastre, que encima después, como él nunca entendió la comunicación, él no quería explicar su verdad.
Cuando el kirchnerismo le confisca las plantas. El kirchnerismo no es que le rescinde la concesión. Vos te podías llevar el Starbucks -no me gusta tu negocio, me lo llevo-, pero no te podés llevar el local que es del tipo, vos te llevás la marca. El kirchnerismo le llevó las plantas, le llevó las máquinas, los autos, hasta los depósitos que tenía en una cuenta y le dejó todas las deudas y lo empezó a volver loco y para seguir con una causa que todavía sigue hoy, 23 años después, no se cerró lo del Correo.
—Por eso le quería preguntar, porque es un tema que atravesó su gobierno también y que hasta el día de hoy sigue. Es una de las herencias de Franco.
—Exactamente, exactamente. Pero bueno, son esos fenómenos para estudiar, porque la verdad que el kirchnerismo logró en base de “miente, miente, que algo quedará”, que mucha gente crea que papá sacó algún beneficio del Correo. SOCMA puso plata en el correo, nunca salió plata del correo al revés, nunca.
—¿Nunca salió al revés?
—Claro, nunca, nunca, nunca pudo hacerlo rentable ni recuperar. Y estaban de socios el Banco Mundial y el BID y el Banco Galicia, y todos se retiraron, porque fue un desastre.

—En el libro también hay un aspecto que me interesa mucho, que es uno de los saltos que tiene Franco Macri, dejando la cuestión de la ingeniería y las obras civiles, que es el ingreso a Manliba y el ingreso de las prestaciones en la ciudad, y tiene palabras muy elogiosas de la gestión de Osvaldo Cacciatore, y a la gestión de esos años…
—Y de Laura.
—De Guillermo Laura y de la gestión de esos años de la dictadura que, hasta el día de hoy, no muchos se animan a reconocer como algo importante o como algo que haya sido valioso. ¿Por qué decide usted escribir y decir: “Esto estuvo bien”, aunque estaba la dictadura y aunque…?
—Porque es la verdad, porque es la verdad. Cacciatore fue un buen intendente. Hay cosas emblemáticas que hizo él. Conectar la ciudad con el Aeropuerto, que hoy ya no alcanza. Nunca nadie más hizo algo para mejorar la conexión con el Aeropuerto. El sistema de recolección de residuos, acuérdense que todavía se quemaba la basura y teníamos un desastre lo que era la ciudad de Buenos Aires y él transformó un sistema moderno que nunca más, en estos cuarenta y pico de años, alguien dijo: “Bueno, vamos a modernizarlo con estas nuevas tecnologías de arco de plasma”. Nada. Fue un momento en el cual se hicieron muchas cosas, se hicieron muchas cosas…
—Digo, ¿no tiene usted miedo en reconocer algo bueno de la época de la dictadura?
—¿Por qué esas cosas tan absolutistas? Cacciatore no tuvo que ver ni con la represión ilegal ni nada de eso. Era un tipo honesto que trabajó, que transformó, tenía un gran planificador, otro soñador, como Guillermo Laura…
—Usted cuenta en el libro que una de sus vocaciones con la ciudad tuvo que ver con una reunión en la oficina con Cacciatore y vio lo que se estaba haciendo.
—Cuando yo vi dije “qué lindo debe ser ser intendente, debe ser maravilloso”. Me quedé muy impresionado de ver todas las maquetas que tenía, los proyectos, y la autoridad con la que los describía. La verdad, fue una reunión que me impactó, de las tantas que papá me llevó como parte de mi aprendizaje.
—Sí.
—Y después Laura, que era un tipo correctísimo. Muy amante de lo que hacía. Me acuerdo que en la autopista Buen Ayre, papá ganó la construcción versus una propuesta de Techint y la de papá era un poco más cara, pero se la adjudicó Laura, porque era un camino parque. Le gustó que doblaba. La de Techint era una línea recta. Dijo: “Me gusta más este proyecto. Me parece que sirve más para lo que quiero, que alrededor se construyan estos parques que vamos a crear con el relleno sanitario”. Así que fíjese, en esa época cómo funcionaba.
—Ahora hay cosas que pueden decirse que antes eran tabú.
—Totalmente, totalmente.
—¿Y qué piensa usted de eso?
—Bienvenido el fin de los tabúes. Porque la verdad que toda esta situación de que todo lo que pasó en esa época estaba mal y que nada se puede rescatar, ni siquiera un buen intendente, y que del lado de los Montoneros no hicieron nada mal, me pareció siempre una exageración, una exageración absoluta. Es más, en el único país del mundo que los delitos de lesa humanidad no incluyen al terrorismo es la Argentina. No existe en otra parte. Todo el mundo de lesa humanidad, delitos de lesa humanidad es de los dos lados. Son asesinos de los dos lados, no de un solo lado.
—Y eso no pasó acá.
—Y eso acá, lamentablemente, no pasó.
—Describe también en el libro lo que pasó en esa época donde su padre fue testigo de secuestros, asesinatos de empresarios.
—Le tocó defender jóvenes líderes del peronismo que después hicieron historia en cada uno de sus lugares. De Carlos Groso, José Octavio Bordón, José Manuel De La Sota un tiempo. O sea, mucha gente. Y se comió bastantes reuniones ásperas, con Albano Harguindeguy. Me contaba él, que decía: “¿Por qué tienen estos tipos?” “Porque trabajan bien. Yo no los voy a sacar porque trabajan bien. Usted haga lo que quiera, pero yo no los voy a sacar porque trabajan bien”. O cuando tuvo que defender a Timerman, que lo venían a echar del edificio porque estaba detenido, después de desaparecido, lo devolvieron y lo pusieron detenido en donde vivíamos, en Ayacucho y Posadas. Y él en el consorcio dijo: De ninguna manera.
—Javier Timerman, el hijo, hace pocas horas publicó y reconoció eso. Reconoció la valentía que tuvo Franco Macri al haber rechazado eso.
—Papá era un tipo muy valiente, muy de actuar realmente como que todo el mundo debería actuar, que es más allá del bien y el mal, haciendo lo correcto.

—Ahora, después de ese episodio con el kirchnerismo, después me voy a meter en Boca, pero quiero seguir con esta temática, si se quiere. Uno de los temas importantes de la época del kirchnerismo es lo que terminó de ocurrir con Franco Macri, que tuvo una declaración terrible con usted, que dijo que antes de votar a usted prefería votar a La Cámpora. ¿Qué recuerda usted de eso?
—Sí. Ese día fueron varias, pero esa fue monumental. Pero yo ya lo tenía muy, muy elaborado en mi cabeza. Entender que él estaba en una disociación entre Dr. Jekyll, que me amaba, y Mister Hyde, que me quería matar. Yo entendí que él ya no lo podía manejar y logré que él se vaya de este mundo sin que yo esté enojado. Él no lo podía manejar, porque de verdad estoy convencido que en exceso, la persona que más amó en este mundo fui yo y a la vez él tenía una cosa de desesperación por boicotearme. Y bueno, son cosas que pasan en la vida. Alguien que tuvo muchos traumas a lo largo de su vida, una guerra, abandonar su país, fue muy complicado. Una mala relación con la madre. Pero igual yo entendí que él hizo lo que pudo. Y la verdad que somos todos productos de nuestros padres, nos guste o no nos guste. Y lo único que podemos aspirar es a tratar de mejorarlos en algún aspecto, no a renegar con la herencia cultural, de personalidad, de carácter que uno recibe. Y como él dijo, que está en la anécdota final, finalmente, si él no me hubiese desafiado de la forma…
—Déjeme leerlo. En la página 214 dice: “Si yo hubiese sido un padre normal, con el poder que usted tenía, con lo bien que estabas, lo que ganabas, lo que te gustaba tu trabajo, jamás te hubieses ido de SOCMA. Pero no solo te fuiste, hiciste el Boca más ganador de todos los tiempos, armaste un equipazo y lo pusiste en un lugar único y vas a dar vuelta la ciudad”. Me interesa que ahonde en esa anécdota.
—Y me dijo: “Va a terminar siendo presidente”. Entonces, hace una pausa y me mira y dice: “Entonces, es todo mérito mío”. Y yo me reí, como se ríe usted porque… Y le dije: “Tenés razón”, porque es verdad. O sea, si él no hubiese sido tan agresivo, tan conflictivo conmigo, y pasar de ser mi ídolo a boicotearme todo —que eso me lastimaba todos los días— hasta que llegué a un momento que también gracias al secuestro que dije: “Si sobreviví al secuestro es porque volví a nacer. Y si volví a nacer, yo quiero elegir que no voy a trabajar más con mi padre”. Y ahí me fui. Eso fue lo que detonó. Entonces, la verdad es que si él no hubiese sido como fue, demostrando que tenemos algo que tenemos que entender, que la influencia que tienen nuestros padres, nuestra familia, nuestro ambiente, nuestro lugar sobre nuestras vidas y manejarlo, no enojarse, hay que manejarlo.
—La última. Hay un tramo del libro donde habla sobre una de las últimas conversaciones que tuvo con su padre, cuando su padre le pide técnicamente que lo ayude a irse de este mundo. Es tremenda la parte esa. Quiero que me cuente un poco sobre qué se acuerda de esa conversación.
—Me acuerdo perfecto. Anita (Moschini, la secretaria histórica de Franco y Mauricio Macri) me dice que mi padre me llama urgente, que si puedo ir a verlo. “Pero ¿cómo? Si está ido». Ella me dice “no, parece que está lúcido”. Entonces, salgo de La Rosada a todo lo que da.
—Usted era presidente.
—Sí, yo era presidente. Voy a (la casa de la calle) Eduardo Costa. Y me lo encuentro lúcido, sentado en su cuarto, un sillón que tenía. Él me dice: “Gracias por venir. Te quiero pedir un favor. Vos sos mi hijo mayor. Y sé que, a pesar de todo lo que hemos vivido, nos amamos profundamente. Entonces, te tengo que pedir algo difícil, pero ¿a quién se lo voy a pedir? Yo estoy acá con gente que no conozco. Los señores que me cuidan, no los conozco. La gente que trabaja en casa, las que yo tenía, no sé dónde están. Yo ya no tengo nada más para hacer. Yo todo lo que tenía para hacer ya lo hice”. “¿Y qué hago acá?”. “Entonces, tenés que ayudarme a irme porque soy Franco Macri, no puedo estar acá. Me bañan, me dan de comer. Peor, me limpian el traste. Esto es humillante». Y ahí yo le dije: “Papá, pero no está permitido eso, no puede hacer…”.
Y ahí me insistió: “Pero yo soy Franco Macri, ¿me entendés?» Cuando le volví a decir que no se podía, se enojó de vuelta como en sus peores épocas y se fue de vuelta». Fue la última vez que estuvo lúcido.
—Ese sentimiento debe haber sido terrible.
—Sí, porque él tenía razón. Él tenía razón… No tenía ni una razón de ser que él estuviese ahí. Y bueno, la verdad que, fue un momento muy, muy tremendo porque él habló con honestidad y desde el corazón y con dignidad, porque finalmente cuando uno pierde la dignidad, no tiene sentido vivir, ¿no? Eso fue lo que él transmitió.
POLITICA
El Gobierno busca arrinconar a Chiqui Tapia, pero evita ir a una confrontación directa

En la semana en la que el conflicto con la AFA se instaló con mucha fuerza, el Gobierno definió una estrategia hacia la institución y hacia su titular, Claudio “Chiqui” Tapia. La idea es acorralarlo, desgastarlo y exhibir los desmanejos, pero sin medidas directas que puedan afectar el funcionamiento de la entidad o de la Selección Nacional.
En la Casa Rosada se sigue de cerca el escándalo que comenzó poco más de una semana atrás cuando la AFA le otorgó una copa inventada a Rosario Central y desató un escalada que se precipitó aún más con la respuesta de Estudiantes de La Plata y la inédita sanción del organismo al presidente de esa institución, Juan Sebastián Verón, y su plantel de primera división.
En las últimas horas el presidente Javier Milei canceló su viaje a Estados Unidos, donde este próximo viernes se realizará el sorteo de los partidos del Mundial 2026 y subió una serie de fotos en apoyo a Estudiantes. En tanto que Patricia Bullrich se manifestó directamente sobre el tema y adelantó que planea investigar desde el Senado los manejos de la institución.
El oficialismo apela así a una estrategia de desgaste de la figura de Tapia en medio del equilibrio que deben hacer para no generar problemas con la FIFA, y evitar posibles conflictos para la Selección de fútbol, algo que nadie quieren que suceda.
En Casa Rosada, más allá de diferencias iniciales con Tapia, no sólo leyeron la conversación pública, “la calle”, donde aseguran que perciben el rechazo a Tapia, sino que también recibieron encuestas que muestran la imagen negativa del dirigente.
Los números de los sondeos llegaron al Salón Martín Fierro, en el que se ubican las oficinas del asesor Santiago Caputo y sus fuerzas celestiales, que confirmaron que la opinión pública estaba mayormente en contra de Tapia.
De diferentes preguntas se desprendió que solo un 20% tenía imagen positiva del líder de la AFA, un 50% negativa y, en otra categoría de preguntas se desprendió que el 55% lo ve como un corrupto.
Sobre lo que puede hacer en lo inmediato reconocen que no es mucho, porque “mientras los asociados no avancen, el Gobierno no puede hacer nada porque es una asociación civil”.
Por su parte, Bullrich ya busca una ángulo desde el que poder avanzar. “Acá hay muchas irregularidades, me voy a concentrar en el Senado para estudiar la transparencia de la asociación”, dijo Bullrich este viernes por la mañana en radio Mitre. En tanto que, al ser consultada sobre una posible intervención nacional de la AFA, la flamante senadora dijo: “Eso es algo que no puedo decir, no lo hemos hablado, estoy estudiando desde la perspectiva legal”.
Para ese trabajo Bullrich ya tiene un equipo viendo el tema y otro que también trabajó en su cartera de Seguridad, a través de la División Eventos Deportivos, desde la que se alertó sobre distintas irregularidades. El nombre del tesorero de la AFA, Pablo Toviggino también está en la mira.
Más allá de eso, todo lo que se pueda hacer y decir por estas horas, explican en la distintas terminales del oficialismo, está atravesado por una palabra clave: “prudencia”.
Nadie ignora en la administración libertaria que la FIFA tiene “reglas claras sobre lo que es la intromisión de los gobiernos en las asociaciones de fútbol”. Y esa prudencia se amplifica aún más por lo que implica la cercanía del Mundial como el que habrá a mediados del año próximo, al que la Selección Argentina volverá como último campeón, y en ese contexto, más aún teniendo en cuenta la relación entre Tapia y el astro Lionel Messi.
“Se están viendo cuáles son los canales posibles para poder hacer algo sin que la FIFA baje ninguna decisión”, explicó a este diario una fuente al tanto de lo que sucede puertas adentro de la administración libertaria.
El tema es de tanta centralidad por estas horas que el propio presidente Milei habló del primer tuit que lanzó en apoyo a Estudiantes, el pasado lunes, luego del pasillo de espaldas a Rosario Central, en la reunión de Gabinete, el pasado miércoles, según contaron a fuentes de Gobierno.
Fue el primero de una serie de tres mensajes en los que el mandatario, sin expedirse oficialmente sobre el tema para evitar problemas, hizo con la camiseta de Estudiantes. “Honor a la Escuela de Don Osvaldo. Fin”, puso Milei en referencia al técnico Osvaldo Zubeldía, gloria de la institución que falleció en 1982.
El segundo mensaje fue una foto con el canciller israelí Gideon Sa’ar, en la que aparecieron tres guiños a Estudiantes.
El último de esos tres fue apenas horas después de que se conociera la sanción contra Estudiantes y luego de que se comunicara que Milei se bajaba del viaje a Washington D.C para participar del sorteo del Mundial. Importantes fuentes de Balcarce 50 negaban que la decisión fuera para evitar cruzarse con Tapia en medio del conflicto, en el que Gobierno silenciosa, pero contundentemente se ubicó del lado de Estudiantes de La Plata y de Verón.
Explicaron que la decisión de no viajar era para mostrar “desprecio hacia lo que está haciendo la AFA”, precisamente ante la imposibilidad de hablar oficialmente sobre el tema por las consecuencias a nivel internacional que podrían tener para la selección una escalada aún mayor del tema.
Después del anuncio en la cuenta del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, sobre la renuncia al viaje, el propio Milei publicó en la suya una foto del exjugador y exentrenador Carlos Salvador Bilardo, máxima figura del club platense junto a Zubeldía.
Milei no dudó en elegir a Bilardo, uno de sus ídolos, parra esa tercera foto con un guiño a la institución platense en su semana más caliente.
pic.twitter.com/XoXS4o7o6h,November 24, 2025,Cecilia Devanna,Conforme a
POLITICA3 días agoLa financiera vinculada a “Chiqui” Tapia utilizó 42 empresas falsas para lavar $72 mil millones: la lista completa
ECONOMIA2 días agoANSES confirmó aumento y bono de diciembre: cuánto cobran jubilados y beneficiarios de asignaciones
CHIMENTOS3 días agoLa polémica denuncia sobre Robertito Funes Ugarte por estafa: “Trató de no pagar la comisión a una trabajadora inmobiliaria por un departamento y la bloqueó”

















