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A 40 años del alegato del “Nunca Más”: del abrazo de Strassera y Moreno Ocampo a la reacción de los militares

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Apenas Julio César Strassera dijo “Nunca más” sucedió algo inédito luego de cinco meses del Juicio a las Juntas Militares: la sala explotó. Una ovación conmovedora surgió desde las tribunas superiores y se extendió a la planta de abajo y a los palcos de los periodistas.

Fue un gesto espontáneo y colectivo, esos fenómenos que surgen y son imposibles de replicar de manera artificial. Difícil no emocionarse cada vez que nos enfrentamos a esa explosión pese a que la hayamos visto decenas de veces. Hay abrazos, gritos de vivas, llantos desconsolados.

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Después de siete jornadas había finalizado el alegato de la fiscalía. Con esas palabras finales se consolidó la intervención judicial más célebre, más relevante y sobrecogedora de nuestra historia.

Desde su sitial, León Arslanián, presidente del tribunal, pidió silencio en la sala. Pero al ver que cualquier intentó sería infructuoso ordenó, con energía, desalojarla.

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Mientras los aplausos no se apagaban, los comandantes se pusieron de pie y salieron por la puerta del costado. Videla con su carpeta bajo el brazo miró desafiante a las tribunas. Viola moviendo los labios teatralmente para que nadie dejara de entender, modulando sílaba por sílaba, les dijo repetidas veces Hijos de puta a los que seguían celebrando el alegato del fiscal.

En simultáneo a la salida de los acusados, Strassera y Moreno Ocampo se pusieron de pie, como siempre. Apenas se miraron de frente y con las ovaciones de fondo, se fundieron en un abrazo emocionado. Un abrazo que tuvo más de afectuoso y de alivio que de celebración. La foto que lo registra muestra cómo cada uno con un brazo caído y el otro detrás de la espalda de su compañero, esconde la cabeza en el hombro ajeno: no querían que los vieran llorar. Habían llegado al final del camino. Habían superado la incertidumbre, las amenazas, la falta de apoyo de los colegas, las sospechas, las presiones, el trabajo que en algún momento pareció imposible.

Hay una foto sacada desde uno de los palcos del primer piso que retrata el momento a la perfección: los comandantes saliendo abatidos, y Strassera y Moreno Ocampo dándose su propio abrazo del alma. En los días siguientes hubo editoriales en matutinos muy importantes y notas de opinión criticando el abrazo. Decían que se trató de un gesto casi de ostentación, que afectaba el decoro que debe mantenerse en una sala.

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El abrazo fue pudoroso y no tuvo nada de festivo y mucho menos de provocación. Da la impresión que los columnistas estaban molestos por otra cuestión más dolorosa y con mayores consecuencias que ese abrazo inicuo y noble.

El fiscal y su adjunto salieron de la sala juntos. Querían llegar a la fiscalía para escuchar los comentarios de los chicos que trabajaron con ellos, para compartir la alegría, para poder celebrar en la intimidad. Pero al llegar al hall principal del Palacio se encontraron con una sorpresa inesperada. La gente desalojada de la sala y varios empleados de tribunales los esperaban para seguir aplaudiéndolos. Una pequeña multitud los saludaba. Se acercaban, los abrazaban, les agradecían, los tomaban de las manos. Atravesaron el amplio hall sin que los aplausos se desvanecieran.

Esa escena podría ser un gran final de película.

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Se cumplen 40 años del histórico alegato de Julio César Strassera en el Juicio a las Juntas. (Foto: Archivo Télam/lz)

El 18 de septiembre de 1985 Julio César Strassera cumplía 53 años. Pero no era eso lo que lo desvelaba ese día. Después de siete jornadas, finalizaba el alegato de la fiscalía en el Juicio a las Juntas. Sabía que la atención de todo el país estaría, una vez más, puesta sobre él.

Strassera era, hasta principios de ese año, un funcionario judicial gris aunque capaz, conocido en su mundillo por algunas excentricidades y calenturas, que le valieron el mote de Loco. Pero enfrentado a un desafío profesional ciclópeo, estuvo a la altura. Dio la talla. La misión era muy difícil. En la Argentina no se sustanciaban juicios orales, la presión era demencial y estaba representando a miles que ya no estaban y a sus familiares. En Estados Unidos, las causas judiciales que impulsa la fiscalía llevan en la carátula “El Pueblo Vs. …” Y en el Juicio a las Juntas, casi como en ningún otro, el fiscal cargaba con el peso de representar, literalmente al pueblo.

La labor de la fiscalía fue notable. Valiente, profesionalmente irreprochable, técnicamente inteligente y pedagógica. Y extraordinariamente convincente.

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Antes de comenzar el juicio, una encuesta demostró que menos del 20% de los argentinos estaba a favor de que se llevara a cabo. En la semana posterior al alegato, el 83% se mostraban a favor y pedían condena dura para los acusados.

El alegato de siete días y el cierre histórico que trascendió fronteras: “Señores jueces, Nunca Más”

El alegato empezó a las 15.13 hs del miércoles 11 de septiembre. Era la primera vez que los acusados ingresaban a la Sala. Había expectativas, rumores y, también, absurdas suposiciones. Algunos hasta soñaban (los diarios utilizaban el potencial para informar) algún tipo de pequeña revuelta que mostrara la dignidad de los comandantes.

Lo cierto es que entre trajes a medida y uniformes militares, los nueve que eran juzgados entraron en fila y se acomodaron en los bancos de madera. Algunos mostraron enojo, otros estaban serios y también estuvieron los que simularon desinterés.

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Videla leía un libro religioso que sacó de un portafolio de cuero marrón que tenía sus iniciales en dorado: Las siete palabras de Cristo de Charles Journet. Leía por espacios breves y muchas veces se quedaba en una página muchos más minutos que los que requería su lectura habitual: hacía que leía para que pasaran las horas. El resto del tiempo miraba el techo o posaba sus ojos por encima de la cabeza de los jueces, en el crucifijo colgado en la pared que debajo tenía la inscripción: Afianzar la Justicia.

El alegato final del Juicio a las Juntas describió -entre otras cosas- el plan sistemático instrumentado por la Dictadura.(Foto: archivo Telam)
El alegato final del Juicio a las Juntas describió -entre otras cosas- el plan sistemático instrumentado por la Dictadura.(Foto: archivo Telam)

Una digresión: el episodio hace recordar otro juicio célebre. Mientras se preparaba el juicio en su contra, el Estado de Israel puso a un oficial del ejército para resguardar el bienestar físico y mental de Adolf Eichmann: no querían juzgar a alguien demasiado demacrado ni que alucinara. Deseaban que pareciera lo más normal, sano e íntegro posible para que el juicio tuviera más impacto. El detenido no creaba problemas: tenía apetito, se mostraba dispuesto a colaborar, respondía todo tipo de preguntas, su trato era amable y siempre parecía de buen ánimo.

El oficial israelí que lo cuidaba le acercó el libro del momento para que lo leyera, para que se distrajera un rato. Dos días después cuando el militar pasó por la celda, encontró a Eichmann de mal humor, renuente al diálogo. En el piso de la celda, contra la puerta estaba el ejemplar de Lolita de Vladimir Nabokov que le había entregado. Eichmann, indignado, le dijo: “Lléveselo. Es un libro completamente malsano”.

Y Eichmann en esta historia tiene su importancia. No sólo por los argumentos jurídicos que se plantearon en los diferentes alegatos y el antecedente de lo que decidieron los jueces en Jerusalén y cómo la doctrina lo interpretó. La imagen que preocupaba era la de Eichmann en esa jaula de vidrio blindado, asistiendo a cada instancia del juicio. Por eso los pedidos de las defensas para que los acusados no estuvieran en la sala fueron aceptados hasta esta instancia. Procesalmente era imposible que no escucharan la acusación. También cada uno estaría –con la excepción de Videla- en sus propios alegatos y hasta harían uso de la palabra.

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Galtieri se veía abatido: un par de años atrás se imaginaba en bustos y hasta debe haber soñado con alguna estatua ecuestre en plazas céntricas de todo el país y ahora las revistas lo dibujaban con traje a rayas y bolas de acero atadas a sus tobillos.

Massera hacía saber, a través de sus periodistas amigos, que llevaba un riguroso archivo de todo lo publicado sobre el Juicio. Una amenaza. Como si nada hubiera cambiado. También disfrutaba que publicaran que él participaba activamente en sus estrategias de defensa.

En los estrados de los acusados, los empleados de la Cámara habían dejado varios ceniceros y nueve blocks de hojas y biromes sobre cada uno de ellos. Sólo Agosti, Viola y Massera tomaron algún apunte durante las intervenciones de los fiscales.

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Massera sonreía con sarcasmo cada vez que se le adjudicaba a la Marina algún asesinato, asentía con un leve sacudón de la cabeza cuando surgía su nombre.

Todos se veían más viejos.

El primer incidente se produjo en el primer cuarto intermedio. Los comandantes salieron en fila de la sala y pasaron por al lado de Moreno Ocampo que se había puesto de pie y los miraba con ojos encendidos, socarrones. Galtieri, con los músculos de la cara tensos, le dijo algo al pasar. Se presume que lo insultó. Moreno Ocampo rio con algo de estruendo. Cuando los periodistas corrieron a preguntarle qué le había dicho Galtieri, el fiscal adjunto minimizó la cuestión y se lamentó de no haber escuchado: “Es una lástima. Seguro la historia se perdió una frase célebre”, dijo.

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Esa primera jornada se extendió hasta más de las nueve de la noche. Strassera y Moreno Ocampo se alternaban en el uso de la palabra. El fiscal comenzó parafraseando a su colega Hausner, el del juicio a Eichmann y siguió hablando de la violencia del país hasta llegar a los años setenta. Luego describió en líneas generales el plan sistemático instrumentado por la Dictadura. Moreno Ocampo, en su turno, les pidió a los jueces que no se dejaran convencer por el aspecto de gente decente de los acusados. Eran criminales y habían sumido a la Argentina en un infierno, habían cometido la peor masacre de la historia.

Esa introducción conceptual provocó una gran conmoción. Era una pieza con profundidad y claridad, que no se enroscaba en el lenguaje jurídico ni en esas frases carentes de sentido pero altisonantes que los abogados suelen utilizar mientras creen que escriben bien. El alegato a esa altura ya era una pieza excepcional.

Luego ingresaron en el análisis caso por caso, las imputaciones específicas de homicidios, secuestro, torturas y delitos contra la propiedad.

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Aun en las secciones más farragosas, en las que predominaba la información y la descripción somera de los casos, el alegato del fiscal mantenía un estilo impecable y tenaz. En cada jornada de exposición del alegato, pocas veces decayó el interés, casi nunca se descuidó el estilo.

Los chicos de la fiscalía habían hecho un trabajo cotidiano que resultó de gran utilidad en el momento de preparar el alegato. Apenas recibían las copias de las declaraciones de los testigos, unos días después de presentarse ante el tribunal, las leían en profundidad, las marcaban en los márgenes y las identificaban con números y siglas para ir catalogando y sistematizando la información.

Strassera aclaró que esos pocos más de setecientos casos que había utilizado no agotaban el número escalofriante de víctimas. Lo siguiente que dijo fue recibido sin escándalo en la época: “Me acompaña el reclamo de más de 9000 desaparecidos que han dejado, a través de los que pudieron volver de las sombras, su mudo pero no por ello menos elocuente testimonio acusador”. (Aunque en los días posteriores y hablando de la destrucción de la documentación por parte de las autoridades militares en los días previos a las elecciones del 83, dijo que a raíz de esa actitud y de la falta de información “no se sabe con certeza cuántas fueron las víctimas: si fueron 5000, 9000 o 30.000”).

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Hoy a nadie se le ocurriría decir eso en ninguna instancia judicial ni en ningún foro público. Pasados 40 años, en algunas cuestiones, nos hemos vuelto un poco menos libres.

Jorge Luis Borges con Julio César Strassera, fiscal en el histórico Juicio a las Juntas Militares, minutos antes de participar de una de las audiencias públicas del proceso judicial. (Foto: Juan Carlos Piovano - Agencia Télam)
Jorge Luis Borges con Julio César Strassera, fiscal en el histórico Juicio a las Juntas Militares, minutos antes de participar de una de las audiencias públicas del proceso judicial. (Foto: Juan Carlos Piovano – Agencia Télam)

Después de describir la irrupción de la Triple A –violencia desde el estado, también- entró de lleno en la represión desatada por la dictadura tras el golpe del 24 de marzo. La describió, en la cara de los comandantes, con tres palabras precisas y contundentes: feroz, clandestina y cobarde. Y explicó que decidieron responder a la guerrilla con los mismos métodos ilegales y bárbaros.

En ese momento fija algo que había repetido en cada entrevista. Al preguntarse cuántos de los que fueron desaparecidos y asesinados eran culpables y cuántos inocentes, responde que nunca lo sabremos porque no les dieron la posibilidad de un juicio y de defenderse. Por lo tanto para la ley todos eran inocentes porque ninguno había sido juzgado. “Al suprimirse el juicio, se produjo una verdadera subversión jurídica. Se sustituyó la denuncia por la delación, el interrogatorio por la tortura, y la sentencia razonada por el gesto neroniano del pulgar para abajo”.

Moreno Ocampo en su turno recordó las palabras de la señora Corbin de Capisano en esa misma sala. La mujer mientras se levantaba de la silla destinada a los testigos dijo: “Mi hijo también merecía un juicio como este”.

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En otro cuarto intermedio fue Videla el que se hizo notar. Cuando quiso salir por el pasillo estrecho, se cruzó con Strassera que estaba de espaldas y obstaculizaba el paso. El dictador lo pechó por la espalda y siguió su camino sin pedir perdón ni permiso. El fiscal supo contenerse. Supo también que estaba haciendo un buen trabajo.

Luego los casos. Divididos por junta, por campo clandestino, por zonas. Esa información fue más tediosa y uniforme. Pero ese catálogo además de ser monstruoso y de demostrar que a pesar de que hacía meses que escuchaban esos relatos, nadie se habituaba a tanto horror, además de todo eso, demostraba lo que era la democracia. Un lugar en el que se cumplían las reglas, en el que a veces lo monótono era la norma, en el que se respetaban los pasos institucionales y en el que la fiscalía debía exponer sus acusaciones ante los acusados para que tuvieran pleno acceso a su derecho de defensa. Cada secuestro, tortura, asesinato, sustracción de bebés y robo era un caso individual atroz. Y al mismo tiempo un mosaico del plan sistemático montado por el Proceso, de la instauración del terrorismo de estado.

Carlos Somigliana: trabajó en el poder judicial y participó del equipo que trabajo con los fiscales en el alegato del Juicio a las Juntas. (Foto: EAAF)
Carlos Somigliana: trabajó en el poder judicial y participó del equipo que trabajo con los fiscales en el alegato del Juicio a las Juntas. (Foto: EAAF)

Los siguientes días los abogados defensores empezaron a decir que el alegato había sido escrito por Carlos Somigliana. Lo afirmaban como si se tratara de un demérito. Pero en el mismo gesto reconocían que estaba muy bien escrito. Moreno Ocampo aclaró que Somigliana era empleado del Poder Judicial desde hacía tres décadas, que colaboraba desde hacía meses con ellos y que sí, que por supuesto escribía bien. También quisieron impugnar lo dicho porque los fiscales leían y el Código decía que los alegatos debían ser orales y que sólo se podía recurrir a apuntes. Una idea para una posible investigación: la influencia de Teatro Abierto y sus dramaturgos en los albores de la Democracia. No sólo el eco de Teatro Abierto, la bomba, los textos valientes, el boom de público, el quiebre de la censura. También Carlos Somigliana escribiendo el alegato con Strassera y Gerardo Taratuto dándole forma al Nunca Más a pedido de Sábato. Intelectuales que no opinaban obviedades por las redes (en ese tiempo no existían pero sí los medios) y que actuaban virtuosamente sobre la realidad.

En el penúltimo día de presentación, Strassera brindó los fundamentos doctrinarios en especial las teorías de responsabilidad del jurista alemán –al que leía en el idioma original- Claus Roxin.

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El 18 de septiembre fue la última jornada.

En el momento previo a pedir las condenas, Strassera hace un gesto que pasó desapercibido. Con las dos manos se toma del apoyabrazos de su silla y se levanta un poco, como acomodándose para el gran momento. Después pidió condenas durísimas para todos los comandantes, incluyendo varias reclusiones perpetuas. Pero todavía faltaba algo más.

El párrafo final es célebre y tiene varios méritos. Su contundencia, la facilidad con que se fijó en la memoria colectiva y el haber utilizado una frase que ya tenía peso, que no era propia, que era un tótem de la lucha de los organismos de DD.HH. Ese cierre es el otro rezo laico de los albores democráticos junto al recitado del preámbulo de la Constitución con el que Alfonsín cerraba sus discursos: “Señores jueces, quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ‘Nunca más’.”

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Ese gran final, inolvidable, con su enorme impacto, logra tapar un párrafo dicho unos minutos antes y que debiera haberse convertido en el lema de nuestra democracia. “Hemos tratado de buscar la paz por la vía de la violencia y el exterminio del adversario, y fracasamos: me remito al período que acabamos de describir. A partir de este juicio y de la condena que propugno, nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido sino en la memoria; no en la violencia sino en la justicia. Ésta es nuestra oportunidad: quizá sea la última”.

Allí, en ese párrafo, Strassera siembra su legado y muestra el camino. Memoria, paz y justicia. Todavía estamos a tiempo de escuchar ese mensaje.

Ojalá se haya equivocado y no haya sido la última. Ojalá tengamos aún una nueva oportunidad.

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Julio Cesar Strassera, Luis Moreno Ocampo, Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Leopoldo Fortunato Galtieri, Terrorismo de Estado

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El mensaje de Milei sobre la “traición” que llamó la atención en el Gobierno y también en la oposición

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En medio de las internas que sacuden al Gobierno y cuando el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, es blanco de versiones sobre su continuidad en el cargo, el presidente Javier Milei compartió este lunes una historia en su cuenta de Instagram en la que se hace una sugestiva reflexión sobre el origen de la “traición”.

“La traición nunca viene del enemigo…sino de alguien que supo ganarse tu confianza”, reposteó Milei a la cuenta @culturaconlectura. Lo hizo desde la quinta presidencial de Olivos, donde transcurrió la jornada, puesto que no concurrió a la Casa Rosada en el inicio de la semana.

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Con Adorni desactivado en su contacto con la prensa, el Gobierno no difundió la agenda del primer mandatario para los próximos días. En ese sentido, Milei podría permanecer mañana en la residencia presidencial, mientras los organismos de derechos humanos y partidos de la oposición marchan a la Plaza de Mayo por los 50 años del último golpe de Estado.

Milei apareció en público por última vez el sábado pasado en Budapest, Hungría, donde participó de la cumbre conservadora CPAC y mantuvo un encuentro con el primer ministro Viktor Orban, mientras que el domingo regresó a Buenos Aires y se recluyó en Olivos.

Javier Milei y Viktor Orban, el sábado pasado en Budapest

Este lunes Milei permaneció en Olivos y no asistió a la Casa Rosada, donde la presencia de funcionarios fue escasa en vísperas del feriado nacional del 24 de marzo. Desde la quinta presidencial posteó el mensaje sobre la traición y no faltaron entonces los que se preguntaron a quién o quiénes podría estar refiriéndose el mandatario.

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Mientras en el Gobierno intentaban averiguar si había algún señalado por el Presidente, también en las fuerzas de la oposición comentaban el peculiar mensaje de Milei. “Nos pareció raro, justo cuando están complicados por el caso $LIBRA y los viajes de Adorni, que no hacen más que agrandar la desconfianza entre ellos”, deslizaron.


El futuro de Adorni está “en manos de Milei y Karina”, pero en el Gobierno ya evalúan posibles reemplazos,Conforme a

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En medio de su crisis de imagen y los rumores de renuncia, Manuel Adorni reaparecerá junto a Milei

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En medio de una crisis que no termina y que lo tiene como centro de la escena, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, reaparecerá de forma pública esta semana. Será este viernes, cuando se saque una foto con el presidente Javier Milei. A su vez, el funcionario también mostrará actividad a través de reuniones con el resto del gabinete.

Javier Milei en Tucumán: respaldó a Manuel Adorni y apuntó contra la “carnicería mediática”

Según Noticias Argentinas, el Gobierno adoptará una estrategia para mostrar a Adorni con mucha actividad y lejos de las controversias y explicaciones por los tres casos que salpican su figura: la inclusión de su pareja en la comitiva oficial que viajó junto al presidente Milei a Nueva York hace dos semanas, un vuelo privado que compartió con su familia a Punta del Este, y la compra de un lote en un country de lujo en Exaltación de la Cruz con un salario que no es compatible con el gasto que implica vivir en ese lugar.

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La actividad central que tendrá el jefe de Gabinete en esta semana corta en lo laboral será una reunión con el mandatario en el marco de la inauguración del Centro de Formación de Capital Humano que encabezará la ministra del área, Sandra Pettovello.

El Gobierno apunta a una sindicalista por la filtración del video de Manuel Adorni en un vuelo privado

El que Adorni y Milei compartan el mismo escenario será un gesto hacia el primero por parte del libertario. La última vez que se mostraron juntos fue el 19 de marzo, también para despejar especulaciones sobre la continuidad del jefe de Gabinete.

 

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Javier Milei,Jefe de Gabinete,Manuel Adorni

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La justicia porteña citará a indagatoria a 7 agresores del ex delegado golpeado por una patota de Camioneros

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La Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas Nº 35 de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo de Celsa Ramírez, citará a indagatoria a 7 personas que el 20 de enero pasado le dieron una paliza a Gustavo Ferreyra -ex delegado del Sindicato de Camioneros- adentro de la empresa de recolección de residuos Urbasur, a quienes se les imputará los delitos de lesiones y amenazas, con una expectativa de penas de 1 a 6 años de prisión.

Así lo confirmaron a Infobae fuentes judiciales, que no quisieron brindar los nombres de los imputados por la agresión porque es una causa aún en trámite, pero trascendió que uno de ellos sería José “Teta” Garnica, secretario de la rama de recolección de residuos del gremio y dirigente de confianza de Hugo Moyano.

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Como anticipó este medio, Garnica lideró el ataque de unas 10 o 12 personas contra Ferreyra en las instalaciones de Urbasur con golpes de puño y un palo de escobillón de recolector de residuos, que dejaron al agredido con posible desprendimiento de retina de su ojo izquierdo, golpes en todo el cuerpo y la pérdida de una muela.

En un video, el agredido brindó detalles sobre el episodio y puntualizó: “Me salvé y estoy vivo de milagro porque me intentaron matar adentro de la empresa”.

La fiscal porteña Celsa Ramírez

Andrés Martín, abogado de Urbasur, informó a Infobae que Garnica renunció a la empresa a fines de enero, mientras que fuentes sindicales aseguraron que el dirigente acusado “llegó a un arreglo, reincorporaron a toda la gente que habían echado y se fue”.

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A los otros 6 imputados la empresa les aplicó suspensiones preventivas con apercibimiento de posible despido, pero ya cumplieron la sanción y están trabajando normalmente, al igual que Ferreyra, que se reincorporó a sus tareas: “Me reintegré porque necesitaba laburar y de salud estoy bien, aunque tengo un tema del ojo que me está molestando un poco”, dijo a Infobae el agredido por la patota de Camioneros.

“Quedé traumado, un poco con miedo”, confesó, tras lo cual resaltó que 6 de sus agresores que volvieron a trabajar no lo molestan, aunque en Urbasur hay policías para prevenir otra posible agresión. El abogado de la empresa confirmó: “La consigna policial está desde el inicio del conflicto por expreso pedido nuestro a la fiscalía para proteger a la personas y preservar la normal prestación del servicio público a nuestro cargo».

Hugo Moyano, su hijo Jerónimo, Octavio Argüello y José Garnica, del Sindicato de Camioneros

En la investigación que impulsa la fiscal Ramírez, “se recabó información de testigos para dilucidar los responsable de los hechos” y “se tomaron alrededor de 6 declaraciones testimoniales”, según fuentes judiciales, donde aseguraron que están acreditadas las lesiones graves y las amenazas que surgen de las filmaciones de las cámaras ubicadas en el predio de Urbasur. “En el incidente hay unas 20 personas involucradas, pero sólo hay 6 identificados“, agregaron.

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Garnica, en su condición de secretario de esa rama del gremio, había cobrado un gran protagonismo en los últimos meses como alfil de Hugo Moyano en la pelea con su hijo Pablo y sus aliados, como Marcelo Aparicio, secretario Gremial del Sindicato de Camioneros.

Ferreyra es un ex delegado de la empresa que estaba enfrentado con Garnica: éste lo acusa de haber “celebrado” en las redes la muerte de su segundo, Rubén Parolini, referente de Urbasur en la rama de recolección de residuos. En diálogo con este medio, en febrero pasado, “El Teta” justificó la agresión contra Ferreyra: “Lo que le pasó se lo tenía merecido. Después que acuse, tiene que demostrar ahora lo que está diciendo”.

La empresa Urbasur es una de las que brinda el servicio de recolección de residuos en CABA

“Pero entonces usted admite que le pegaron”, le indicó Infobae. “No, no estoy admitiendo -contestó-. Hubo una trifulca, pero después no vas a escuchar si le pegué, le pegaron, si me intentaron pegar o pegué. No, eso no. Eso que lo dirima la justicia después”.

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Además, resaltó: “(Ferreyra) Ya viene sumando puntos y hace rato que le quieren pegar. Yo los vengo parando a los pibes. Pero hace 38 años que estoy en este trabajo y cuando te cagan a palos o me cagan a palos o nos agarramos a piñas, muere en el galpón, loco, muere en el galpón. Ya no hay códigos».

Para algunos, “El Teta” fue una pieza importante en la ofensiva del líder sindical para desgastar a Aparicio luego de que conoció el caso del presunto fraude con fondos de un hotel que el gremio tiene en Mar del Plata y por el que hay dos dirigentes desplazados e imputados.

Pablo Moyano y Gustavo Ferreyra, el ex delegado agredido

Sin prueba alguna, le atribuyen a “El Teta” haber sido el inspirador de una volanteada ante la sede de Camioneros con papeles que tenían impreso un mensaje: “Aparicio dejá de robarle a Hugo M., vos también participaste” (en alusión al supuesto fraude marplatense).

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También se le adjudica haber promovido asambleas en las empresas de recolección de residuos en la Ciudad de Buenos Aires en la que surgieron críticas contra Aparicio por haber sido quien negoció con el gobierno encabezado por Jorge Macri que no se cobraran las indemnizaciones que, en concepto de la llamada “ley Moyano”, les corresponderían a los trabajadores del sector por el vencimiento de las concesiones por la recolección de residuos en la Capital, aunque para el gobierno de CABA esa demanda no corresponde porque esos contratos se habían prorrogado hasta 2028.

“Alguien se equivocó, alguien firmó lo que no tenía que haber firmado y nos garchó”, dijo Garnica en referencia a Aparicio ante un grupo de trabajadores del sector que se reunió ante la sede de Camioneros. Y advirtió, con Aparicio en la mira, que ”hay algunos que dicen ser leales, pero no son leales a nuestro conductor”.

Hugo Moyano, titular del Sindicato de Camioneros

A fines de enero, Pablo Moyano recibió a Ferreyra y le expresó su solidaridad ante la agresión recibida, en una muestra de cómo este episodio fue parte de la interna de Camioneros: el ex cotitular de la CGT estaba peleado con su padre y por eso era un enemigo de Garnica.

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Ahora, sin “El Teta” en la empresa (¿y en el sindicato?), con Pablo Moyano de regreso a la actividad en Camioneros tras una tregua pactada con su padre y ante la inminente indagatoria judicial de sus agresores, Ferreyra decidió que será candidato a delegado en las elecciones que tendrán lugar este año en Urbasur. “La gente me lo está pidiendo, aunque ellos (por sus atacantes) no quieren que yo sea delegado”, señaló.

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