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A 40 años del alegato del “Nunca Más”: del abrazo de Strassera y Moreno Ocampo a la reacción de los militares

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Apenas Julio César Strassera dijo “Nunca más” sucedió algo inédito luego de cinco meses del Juicio a las Juntas Militares: la sala explotó. Una ovación conmovedora surgió desde las tribunas superiores y se extendió a la planta de abajo y a los palcos de los periodistas.

Fue un gesto espontáneo y colectivo, esos fenómenos que surgen y son imposibles de replicar de manera artificial. Difícil no emocionarse cada vez que nos enfrentamos a esa explosión pese a que la hayamos visto decenas de veces. Hay abrazos, gritos de vivas, llantos desconsolados.

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Después de siete jornadas había finalizado el alegato de la fiscalía. Con esas palabras finales se consolidó la intervención judicial más célebre, más relevante y sobrecogedora de nuestra historia.

Desde su sitial, León Arslanián, presidente del tribunal, pidió silencio en la sala. Pero al ver que cualquier intentó sería infructuoso ordenó, con energía, desalojarla.

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Mientras los aplausos no se apagaban, los comandantes se pusieron de pie y salieron por la puerta del costado. Videla con su carpeta bajo el brazo miró desafiante a las tribunas. Viola moviendo los labios teatralmente para que nadie dejara de entender, modulando sílaba por sílaba, les dijo repetidas veces Hijos de puta a los que seguían celebrando el alegato del fiscal.

En simultáneo a la salida de los acusados, Strassera y Moreno Ocampo se pusieron de pie, como siempre. Apenas se miraron de frente y con las ovaciones de fondo, se fundieron en un abrazo emocionado. Un abrazo que tuvo más de afectuoso y de alivio que de celebración. La foto que lo registra muestra cómo cada uno con un brazo caído y el otro detrás de la espalda de su compañero, esconde la cabeza en el hombro ajeno: no querían que los vieran llorar. Habían llegado al final del camino. Habían superado la incertidumbre, las amenazas, la falta de apoyo de los colegas, las sospechas, las presiones, el trabajo que en algún momento pareció imposible.

Hay una foto sacada desde uno de los palcos del primer piso que retrata el momento a la perfección: los comandantes saliendo abatidos, y Strassera y Moreno Ocampo dándose su propio abrazo del alma. En los días siguientes hubo editoriales en matutinos muy importantes y notas de opinión criticando el abrazo. Decían que se trató de un gesto casi de ostentación, que afectaba el decoro que debe mantenerse en una sala.

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El abrazo fue pudoroso y no tuvo nada de festivo y mucho menos de provocación. Da la impresión que los columnistas estaban molestos por otra cuestión más dolorosa y con mayores consecuencias que ese abrazo inicuo y noble.

El fiscal y su adjunto salieron de la sala juntos. Querían llegar a la fiscalía para escuchar los comentarios de los chicos que trabajaron con ellos, para compartir la alegría, para poder celebrar en la intimidad. Pero al llegar al hall principal del Palacio se encontraron con una sorpresa inesperada. La gente desalojada de la sala y varios empleados de tribunales los esperaban para seguir aplaudiéndolos. Una pequeña multitud los saludaba. Se acercaban, los abrazaban, les agradecían, los tomaban de las manos. Atravesaron el amplio hall sin que los aplausos se desvanecieran.

Esa escena podría ser un gran final de película.

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Se cumplen 40 años del histórico alegato de Julio César Strassera en el Juicio a las Juntas. (Foto: Archivo Télam/lz)

El 18 de septiembre de 1985 Julio César Strassera cumplía 53 años. Pero no era eso lo que lo desvelaba ese día. Después de siete jornadas, finalizaba el alegato de la fiscalía en el Juicio a las Juntas. Sabía que la atención de todo el país estaría, una vez más, puesta sobre él.

Strassera era, hasta principios de ese año, un funcionario judicial gris aunque capaz, conocido en su mundillo por algunas excentricidades y calenturas, que le valieron el mote de Loco. Pero enfrentado a un desafío profesional ciclópeo, estuvo a la altura. Dio la talla. La misión era muy difícil. En la Argentina no se sustanciaban juicios orales, la presión era demencial y estaba representando a miles que ya no estaban y a sus familiares. En Estados Unidos, las causas judiciales que impulsa la fiscalía llevan en la carátula “El Pueblo Vs. …” Y en el Juicio a las Juntas, casi como en ningún otro, el fiscal cargaba con el peso de representar, literalmente al pueblo.

La labor de la fiscalía fue notable. Valiente, profesionalmente irreprochable, técnicamente inteligente y pedagógica. Y extraordinariamente convincente.

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Antes de comenzar el juicio, una encuesta demostró que menos del 20% de los argentinos estaba a favor de que se llevara a cabo. En la semana posterior al alegato, el 83% se mostraban a favor y pedían condena dura para los acusados.

El alegato de siete días y el cierre histórico que trascendió fronteras: “Señores jueces, Nunca Más”

El alegato empezó a las 15.13 hs del miércoles 11 de septiembre. Era la primera vez que los acusados ingresaban a la Sala. Había expectativas, rumores y, también, absurdas suposiciones. Algunos hasta soñaban (los diarios utilizaban el potencial para informar) algún tipo de pequeña revuelta que mostrara la dignidad de los comandantes.

Lo cierto es que entre trajes a medida y uniformes militares, los nueve que eran juzgados entraron en fila y se acomodaron en los bancos de madera. Algunos mostraron enojo, otros estaban serios y también estuvieron los que simularon desinterés.

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Videla leía un libro religioso que sacó de un portafolio de cuero marrón que tenía sus iniciales en dorado: Las siete palabras de Cristo de Charles Journet. Leía por espacios breves y muchas veces se quedaba en una página muchos más minutos que los que requería su lectura habitual: hacía que leía para que pasaran las horas. El resto del tiempo miraba el techo o posaba sus ojos por encima de la cabeza de los jueces, en el crucifijo colgado en la pared que debajo tenía la inscripción: Afianzar la Justicia.

El alegato final del Juicio a las Juntas describió -entre otras cosas- el plan sistemático instrumentado por la Dictadura.(Foto: archivo Telam)
El alegato final del Juicio a las Juntas describió -entre otras cosas- el plan sistemático instrumentado por la Dictadura.(Foto: archivo Telam)

Una digresión: el episodio hace recordar otro juicio célebre. Mientras se preparaba el juicio en su contra, el Estado de Israel puso a un oficial del ejército para resguardar el bienestar físico y mental de Adolf Eichmann: no querían juzgar a alguien demasiado demacrado ni que alucinara. Deseaban que pareciera lo más normal, sano e íntegro posible para que el juicio tuviera más impacto. El detenido no creaba problemas: tenía apetito, se mostraba dispuesto a colaborar, respondía todo tipo de preguntas, su trato era amable y siempre parecía de buen ánimo.

El oficial israelí que lo cuidaba le acercó el libro del momento para que lo leyera, para que se distrajera un rato. Dos días después cuando el militar pasó por la celda, encontró a Eichmann de mal humor, renuente al diálogo. En el piso de la celda, contra la puerta estaba el ejemplar de Lolita de Vladimir Nabokov que le había entregado. Eichmann, indignado, le dijo: “Lléveselo. Es un libro completamente malsano”.

Y Eichmann en esta historia tiene su importancia. No sólo por los argumentos jurídicos que se plantearon en los diferentes alegatos y el antecedente de lo que decidieron los jueces en Jerusalén y cómo la doctrina lo interpretó. La imagen que preocupaba era la de Eichmann en esa jaula de vidrio blindado, asistiendo a cada instancia del juicio. Por eso los pedidos de las defensas para que los acusados no estuvieran en la sala fueron aceptados hasta esta instancia. Procesalmente era imposible que no escucharan la acusación. También cada uno estaría –con la excepción de Videla- en sus propios alegatos y hasta harían uso de la palabra.

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Galtieri se veía abatido: un par de años atrás se imaginaba en bustos y hasta debe haber soñado con alguna estatua ecuestre en plazas céntricas de todo el país y ahora las revistas lo dibujaban con traje a rayas y bolas de acero atadas a sus tobillos.

Massera hacía saber, a través de sus periodistas amigos, que llevaba un riguroso archivo de todo lo publicado sobre el Juicio. Una amenaza. Como si nada hubiera cambiado. También disfrutaba que publicaran que él participaba activamente en sus estrategias de defensa.

En los estrados de los acusados, los empleados de la Cámara habían dejado varios ceniceros y nueve blocks de hojas y biromes sobre cada uno de ellos. Sólo Agosti, Viola y Massera tomaron algún apunte durante las intervenciones de los fiscales.

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Massera sonreía con sarcasmo cada vez que se le adjudicaba a la Marina algún asesinato, asentía con un leve sacudón de la cabeza cuando surgía su nombre.

Todos se veían más viejos.

El primer incidente se produjo en el primer cuarto intermedio. Los comandantes salieron en fila de la sala y pasaron por al lado de Moreno Ocampo que se había puesto de pie y los miraba con ojos encendidos, socarrones. Galtieri, con los músculos de la cara tensos, le dijo algo al pasar. Se presume que lo insultó. Moreno Ocampo rio con algo de estruendo. Cuando los periodistas corrieron a preguntarle qué le había dicho Galtieri, el fiscal adjunto minimizó la cuestión y se lamentó de no haber escuchado: “Es una lástima. Seguro la historia se perdió una frase célebre”, dijo.

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Esa primera jornada se extendió hasta más de las nueve de la noche. Strassera y Moreno Ocampo se alternaban en el uso de la palabra. El fiscal comenzó parafraseando a su colega Hausner, el del juicio a Eichmann y siguió hablando de la violencia del país hasta llegar a los años setenta. Luego describió en líneas generales el plan sistemático instrumentado por la Dictadura. Moreno Ocampo, en su turno, les pidió a los jueces que no se dejaran convencer por el aspecto de gente decente de los acusados. Eran criminales y habían sumido a la Argentina en un infierno, habían cometido la peor masacre de la historia.

Esa introducción conceptual provocó una gran conmoción. Era una pieza con profundidad y claridad, que no se enroscaba en el lenguaje jurídico ni en esas frases carentes de sentido pero altisonantes que los abogados suelen utilizar mientras creen que escriben bien. El alegato a esa altura ya era una pieza excepcional.

Luego ingresaron en el análisis caso por caso, las imputaciones específicas de homicidios, secuestro, torturas y delitos contra la propiedad.

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Aun en las secciones más farragosas, en las que predominaba la información y la descripción somera de los casos, el alegato del fiscal mantenía un estilo impecable y tenaz. En cada jornada de exposición del alegato, pocas veces decayó el interés, casi nunca se descuidó el estilo.

Los chicos de la fiscalía habían hecho un trabajo cotidiano que resultó de gran utilidad en el momento de preparar el alegato. Apenas recibían las copias de las declaraciones de los testigos, unos días después de presentarse ante el tribunal, las leían en profundidad, las marcaban en los márgenes y las identificaban con números y siglas para ir catalogando y sistematizando la información.

Strassera aclaró que esos pocos más de setecientos casos que había utilizado no agotaban el número escalofriante de víctimas. Lo siguiente que dijo fue recibido sin escándalo en la época: “Me acompaña el reclamo de más de 9000 desaparecidos que han dejado, a través de los que pudieron volver de las sombras, su mudo pero no por ello menos elocuente testimonio acusador”. (Aunque en los días posteriores y hablando de la destrucción de la documentación por parte de las autoridades militares en los días previos a las elecciones del 83, dijo que a raíz de esa actitud y de la falta de información “no se sabe con certeza cuántas fueron las víctimas: si fueron 5000, 9000 o 30.000”).

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Hoy a nadie se le ocurriría decir eso en ninguna instancia judicial ni en ningún foro público. Pasados 40 años, en algunas cuestiones, nos hemos vuelto un poco menos libres.

Jorge Luis Borges con Julio César Strassera, fiscal en el histórico Juicio a las Juntas Militares, minutos antes de participar de una de las audiencias públicas del proceso judicial. (Foto: Juan Carlos Piovano - Agencia Télam)
Jorge Luis Borges con Julio César Strassera, fiscal en el histórico Juicio a las Juntas Militares, minutos antes de participar de una de las audiencias públicas del proceso judicial. (Foto: Juan Carlos Piovano – Agencia Télam)

Después de describir la irrupción de la Triple A –violencia desde el estado, también- entró de lleno en la represión desatada por la dictadura tras el golpe del 24 de marzo. La describió, en la cara de los comandantes, con tres palabras precisas y contundentes: feroz, clandestina y cobarde. Y explicó que decidieron responder a la guerrilla con los mismos métodos ilegales y bárbaros.

En ese momento fija algo que había repetido en cada entrevista. Al preguntarse cuántos de los que fueron desaparecidos y asesinados eran culpables y cuántos inocentes, responde que nunca lo sabremos porque no les dieron la posibilidad de un juicio y de defenderse. Por lo tanto para la ley todos eran inocentes porque ninguno había sido juzgado. “Al suprimirse el juicio, se produjo una verdadera subversión jurídica. Se sustituyó la denuncia por la delación, el interrogatorio por la tortura, y la sentencia razonada por el gesto neroniano del pulgar para abajo”.

Moreno Ocampo en su turno recordó las palabras de la señora Corbin de Capisano en esa misma sala. La mujer mientras se levantaba de la silla destinada a los testigos dijo: “Mi hijo también merecía un juicio como este”.

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En otro cuarto intermedio fue Videla el que se hizo notar. Cuando quiso salir por el pasillo estrecho, se cruzó con Strassera que estaba de espaldas y obstaculizaba el paso. El dictador lo pechó por la espalda y siguió su camino sin pedir perdón ni permiso. El fiscal supo contenerse. Supo también que estaba haciendo un buen trabajo.

Luego los casos. Divididos por junta, por campo clandestino, por zonas. Esa información fue más tediosa y uniforme. Pero ese catálogo además de ser monstruoso y de demostrar que a pesar de que hacía meses que escuchaban esos relatos, nadie se habituaba a tanto horror, además de todo eso, demostraba lo que era la democracia. Un lugar en el que se cumplían las reglas, en el que a veces lo monótono era la norma, en el que se respetaban los pasos institucionales y en el que la fiscalía debía exponer sus acusaciones ante los acusados para que tuvieran pleno acceso a su derecho de defensa. Cada secuestro, tortura, asesinato, sustracción de bebés y robo era un caso individual atroz. Y al mismo tiempo un mosaico del plan sistemático montado por el Proceso, de la instauración del terrorismo de estado.

Carlos Somigliana: trabajó en el poder judicial y participó del equipo que trabajo con los fiscales en el alegato del Juicio a las Juntas. (Foto: EAAF)
Carlos Somigliana: trabajó en el poder judicial y participó del equipo que trabajo con los fiscales en el alegato del Juicio a las Juntas. (Foto: EAAF)

Los siguientes días los abogados defensores empezaron a decir que el alegato había sido escrito por Carlos Somigliana. Lo afirmaban como si se tratara de un demérito. Pero en el mismo gesto reconocían que estaba muy bien escrito. Moreno Ocampo aclaró que Somigliana era empleado del Poder Judicial desde hacía tres décadas, que colaboraba desde hacía meses con ellos y que sí, que por supuesto escribía bien. También quisieron impugnar lo dicho porque los fiscales leían y el Código decía que los alegatos debían ser orales y que sólo se podía recurrir a apuntes. Una idea para una posible investigación: la influencia de Teatro Abierto y sus dramaturgos en los albores de la Democracia. No sólo el eco de Teatro Abierto, la bomba, los textos valientes, el boom de público, el quiebre de la censura. También Carlos Somigliana escribiendo el alegato con Strassera y Gerardo Taratuto dándole forma al Nunca Más a pedido de Sábato. Intelectuales que no opinaban obviedades por las redes (en ese tiempo no existían pero sí los medios) y que actuaban virtuosamente sobre la realidad.

En el penúltimo día de presentación, Strassera brindó los fundamentos doctrinarios en especial las teorías de responsabilidad del jurista alemán –al que leía en el idioma original- Claus Roxin.

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El 18 de septiembre fue la última jornada.

En el momento previo a pedir las condenas, Strassera hace un gesto que pasó desapercibido. Con las dos manos se toma del apoyabrazos de su silla y se levanta un poco, como acomodándose para el gran momento. Después pidió condenas durísimas para todos los comandantes, incluyendo varias reclusiones perpetuas. Pero todavía faltaba algo más.

El párrafo final es célebre y tiene varios méritos. Su contundencia, la facilidad con que se fijó en la memoria colectiva y el haber utilizado una frase que ya tenía peso, que no era propia, que era un tótem de la lucha de los organismos de DD.HH. Ese cierre es el otro rezo laico de los albores democráticos junto al recitado del preámbulo de la Constitución con el que Alfonsín cerraba sus discursos: “Señores jueces, quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ‘Nunca más’.”

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Ese gran final, inolvidable, con su enorme impacto, logra tapar un párrafo dicho unos minutos antes y que debiera haberse convertido en el lema de nuestra democracia. “Hemos tratado de buscar la paz por la vía de la violencia y el exterminio del adversario, y fracasamos: me remito al período que acabamos de describir. A partir de este juicio y de la condena que propugno, nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido sino en la memoria; no en la violencia sino en la justicia. Ésta es nuestra oportunidad: quizá sea la última”.

Allí, en ese párrafo, Strassera siembra su legado y muestra el camino. Memoria, paz y justicia. Todavía estamos a tiempo de escuchar ese mensaje.

Ojalá se haya equivocado y no haya sido la última. Ojalá tengamos aún una nueva oportunidad.

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Julio Cesar Strassera, Luis Moreno Ocampo, Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Leopoldo Fortunato Galtieri, Terrorismo de Estado

POLITICA

La advertencia de ATE a los gobernadores que apoyan la reforma laboral: “Firmarán su sentencia de muerte”

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El Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) movilizó este martes en Rosario junto a más de 100 organizaciones gremiales de todas las centrales obreras para rechazar la reforma laboral impulsada por el Gobierno. La protesta tuvo como objetivo exigirle a los gobernadores provinciales y sus senadores que se opongan a la iniciativa que se debatirá en sesión este miércoles en la Cámara alta.

Mientras el Gobierno cerró toda vía de diálogo con los sectores más opositores, el titular de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) Nacional, Rodolfo Aguiar, dio un fuerte mensaje de advertencia a los mandatarios dialoguistas. “Los gobernadores que avalen esta reforma laboral estarán firmando su propia sentencia de muerte, y la sentencia de muerte de su provincia”, apuntó.

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El gremialista, uno de los más confrontativos con la Casa Rosada, afirmó días atrás que el proyecto contempla una rebaja en el impuesto a las ganancias para las grandes empresas, financiada con el 60% de los fondos coparticipables destinados a las provincias. Según su análisis, esta medida pondría en riesgo “todos los derechos laborales que conocemos” e instó a los gobernadores a “defender a los ciudadanos que habitan en cada uno de sus territorios”.

“Todos los derechos laborales que conocemos están en riesgo de perderse. Por eso es un error grave prohibirles mañana miércoles 11, que movilicen al Congreso que ejerzan el derecho de huelga a los trabajadores. Es una oportunidad perdida», lamentó, en un video compartido por redes sociales.

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El gremio ATE advirtió que el capítulo fiscal de la reforma impactará directamente en las provincias. Estiman que la reducción de las alícuotas de Ganancias para grandes empresas representará 1,9 billones de pesos menos en recaudación anual, de los cuales $1,12 billones corresponderían a provincias y Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y $790.000 millones al Gobierno nacional.

Esta mañana, los sindicatos agrupados en el nuevo frente gremial ultraopositor –impulsado por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), ATE, las dos CTA y la Federación de Aceiteros– continuaron con su plan de lucha, sin el aval de la CGT, pero con medidas que incluyen movilizaciones y paros. Este sector sindical tiene críticas hacia la central obrera, e impulsa un perfil más beligerante a las medidas oficial de La Libertad Avanza (LLA).

“Este frente de sindicatos no para de crecer. Tiene que seguir peleando, no solo para derrotar la reforma laboral. La tiene que trascender, porque lo que hay que derrotar es el modelo económico de saqueo y empobrecimiento de Milei”, alentó.

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La conferencia de prensa de los sindicatos que marcharon en Rosario

En este marco, Aguiar sostuvo que la reforma laboral propuesta “ataca a los sindicatos para debilitar y desproteger a los trabajadores a la hora de discutir sus salarios y sus condiciones laborales”, y anticipó que podrían profundizar el plan de acción si la ley avanza en el Congreso. Además, vinculó la coyuntura de seguridad en Santa Fe al referirse al acuartelamiento policial, como un “ejemplo” de la tensión social que, dijo, podría agravarse con la aprobación de la reforma.

Días atrás, el 5 de febrero, sindicatos del mismo nucleamiento gremial realizaron una movilización en Córdoba como parte del “Plan Nacional de Lucha contra la Reforma Laboral Regresiva”, que busca promover acciones de resistencia en todo el país.

Daniel Yofra, secretario general de la Federación de Trabajadores Aceiteros y Desmotadores de Algodón, expresó: “Llaryora y sus legisladores tienen que entender que es una ley en contra de los trabajadores que la armaron los patrones por beneficio de ellos”. Según Yofra, el problema de fondo es económico y no se soluciona con cambios en la legislación laboral.

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Los sindicatos del transporte de la CATT aplicarán distintas medidas de fuerza este miércoles, durante el tratamiento de la reforma laboral

Las jornadas de protesta buscan exponer la posición de los gobernadores frente a la reforma y responsabilizarlos por un eventual avance del proyecto. El frente sindical rechaza cualquier intento de negociación parcial y desconfía de posibles declaraciones de inconstitucionalidad posteriores por parte de la Corte Suprema.

Este miércoles, la actividad gremial continuará con movilizaciones de la Confederación General del Trabajo (CGT) y otras centrales en la Plaza de los Dos Congresos, mientras algunos sindicatos optarán por un cese parcial de actividades para facilitar la asistencia de sus afiliados, y otros, de perfil más combativo, realizarán una huelga de veinticuatro horas.

El sector estatal, nucleado en el sindicato ATE, anunció para el miércoles 11 de febrero un paro nacional con movilización al Congreso, en coincidencia con el tratamiento de la iniciativa en el Senado. Sin embargo, el otro gremio de peso, la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), solo se limitó a convocar a la concentración ante el Congreso.

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En el sector del transporte, la respuesta será dispar. La Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) resolvió no realizar un paro general, sino ceses de actividades parciales. Hasta las 14.30, horario previsto para la concentración frente al Congreso, el transporte público funcionará normalmente, aunque algunas organizaciones podrían realizar paros breves al cierre de la jornada. La Unión Tranviarios Automotor (UTA), a cargo de Roberto Fernández, garantizó el servicio de colectivos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).

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El Gobierno extenderá un día las sesiones extraordinarias: busca que la reforma laboral se apruebe antes del 1 de marzo

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El Gobierno definió finalmente ampliar por decreto un día las sesiones extraordinarias para llegar con los tiempos de la reforma laboral. La decisión se instrumentará mediante un decreto de Javier Milei y apunta a ganar margen para completar el trámite parlamentario antes de la apertura de las sesiones ordinarias.

En la Casa Rosada sostienen que la extensión responde a las dificultades que impuso el calendario legislativo, atravesado por el fin de semana largo de Carnaval y por los plazos reglamentarios que condicionan la emisión de dictámenes y el giro de los proyectos entre ambas cámaras.

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Leé también: La Casa Rosada prepara un nuevo viaje de Javier Milei a Europa y ajusta la agenda internacional de febrero

En Balcarce 50 admiten que, con el esquema original -que preveía el cierre el 27 de febrero-, el margen era demasiado ajustado para cumplir con los tiempos formales. En el entorno del jefe de Estado ya habían reconocido la posibilidad de impulsar la extensión luego de la reunión de mesa política de la semana pasada.

El principal obstáculo estuvo en la imposibilidad de dictaminar dentro de los últimos diez días del período extraordinario, como establece el reglamento de la Cámara de Diputados. A eso se sumó el impacto de los feriados, que mantendrá al Congreso sin actividad durante dos días y complica la presencia de legisladores que prevén viajar a sus provincias.

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El Gobierno busca que el texto que se apruebe en el Senado sea convalidado luego por Diputados sin modificaciones (Foto: Prensa Presidencia).

La medida se definió tras evaluar la agenda de ambas cámaras y el cronograma de sesiones previsto para la segunda quincena de febrero. El Gobierno busca que el texto que se apruebe en el Senado sea convalidado luego por Diputados sin modificaciones, para evitar que el proyecto deba volver a la cámara de origen y se dilaten los tiempos.

El Ejecutivo buscará avanzar mañana con la votación de la reforma laboral en el Senado y asegura que tienen los votos para darle media sanción. Insisten con que la jefa de bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, acordó cambios con más de 40 senadores y mantienen la postura de que no modificarán el artículo que contiene la reducción del Impuesto a las Ganancias.

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La Casa Rosada apunta además a tratar este jueves la Ley Penal Juvenil -que incluye la baja de la edad de imputabilidad a los 14 años- y busca sumar a la sesión el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Se trata de cuestiones que abordó la mesa política de Nación en la reunión de este martes.

En Balcarce 50 argumentan que buscan llegar al 1 de marzo -fecha en la que el jefe de Estado inaugura el período ordinario ante la Asamblea Legislativa- con los principales proyectos de su agenda ya definidos. El foco inmediato estará puesto en el poroteo final y en la firma de los dictámenes, en un escenario que el oficialismo reconoce como “ajustado”.

Gobierno, sesiones extraordinarias, Congreso

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Cómo será el operativo policial que el Gobierno desplegará durante la marcha contra la reforma laboral en el Congreso

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Los movimientos sociales, la CGT organizaciones piqueteras, sindicatos de base, y las dos CTA, junto con otros sectores, como jubilados, y gremios docentes, preparan una gran movilización, que prometen será “multitudinaria” para este miércoles 11 de febrero frente al Congreso de la Nación, en rechazo al tratamiento parlamentario de la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei.

Desde la cartera de Seguridad anticiparon a Infobae que se “aplicará el protocolo antipiquetes como lo hacemos en cada marcha, corte y manifestación” con el con el objetivo de garantizar la circulación y evitar incidentes. Se instalará un vallado en las inmediaciones del Congreso y en Plaza de Mayo.

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La protesta coincide con el inicio del debate legislativo del proyecto en la Cámara Alta y anticipa la transformación del Congreso en el epicentro de un conflicto político y social de alta tensión, con miles de manifestantes en las calles y un fuerte despliegue de seguridad anunciado por el Gobierno nacional.

La presencia de columnas piqueteras trotskistas, y partidos y movimientos de izquierda como el Polo Obrero, el Partido Obrero, el MST, el PTS, el MAS, el Bloque Nacional Piquetero, Territorios en Lucha y el FOL, entre otros, puso en alerta a la Casa Rosada ya que las últimas concentraciones terminaron en incidentes, algunos de gravedad.

El Ministerio de Seguridad de la Nación vallará los alrededores del Congreso (Fuente)

Ante la magnitud de la convocatoria, el Ministerio de Seguridad, a cargo de Alejandra Monteoliva, además del vallado preventivo en zonas críticas desplegará “un operativo de seguridad especial” que incluirá la participación de fuerzas federales y la coordinación con la Policía de la Ciudad de Buenos Aires.

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El dispositivo contempla controles en los accesos, cortes y desvíos de tránsito y un esquema preventivo para evitar incidentes durante la movilización, con el objetivo de garantizar el funcionamiento del Congreso durante el debate parlamentario sobre la reforma laboral.

El epicentro de la movilización será la Plaza Congreso, aunque se prevé que las columnas comiencen a concentrarse desde el mediodía en distintos puntos del centro porteño. Entre ellos el Obelisco. La Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), cuyo secretario general es Alejandro Gramajo, convocó a movilizar desde las 14.30. En un comunicado, la organización expresó: “Este miércoles movilizamos en todo el país contra esta reforma laboral que recorta derechos a los trabajadores. Por derechos y dignidad para los trabajadores y trabajadoras de la economía popular. Sin poder popular no hay justicia social”. Las organizaciones anticiparon, además, movilizaciones en distintas provincias en rechazo a la iniciativa oficial.

La Confederación General del Trabajo (CGT) anunció una movilización nacional, sin paro general, para ese día, tras una reunión de su Consejo Directivo en la que quedaron expuestas diferencias internas respecto de la estrategia frente a la reforma laboral.

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La CGT resolvió una movilizaciín sin paro general contra la reforma laboral

Mientras algunos gremios impulsaban un paro general, otros sectores plantearon la necesidad de una manifestación masiva sin huelga total. Finalmente, la conducción cegetista resolvió avanzar con la marcha y descartar el paro general, aunque habilitó a los sindicatos más duros a tomar medidas de fuerza por actividad.

La movilización de la CGT comenzará formalmente a las 15 horas, aunque las principales columnas gremiales se concentrarán desde el mediodía en las inmediaciones del Congreso y frente a la sede de los sindicatos que participan. El acto central esta previsto para las conco de la tarde.

Gremios enrolados en la CGT aseguraron su presencia en la marcha contra la reforma laboral

Jorge Sola, secretario general del sindicato de Seguros e integrante del Triunvirato de la CGT, junto a Cristian Jerónimoy Octavio Arguello se manifestó de manera contundente contra proyecto oficial: “Nuestro rechazo es total y absoluto. Es una pretendida modernización con sesgo ideológico que cercena derechos individuales y colectivos de los trabajadores y transfiere riqueza del sector trabajador al sector empleador”.

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En el marco de la jornada de protesta, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) confirmó un paro desde las 11 de la mañana y la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) ratificó una huelga general. Otros gremios, como Bancarios, Camioneros y Canillitas, aún no definieron si suspenderán actividades.

Movilizaciones anteriores en las que participaron organizaciones piqueteras terminaron con incidentes Crédito: Gustavo Molfino

En paralelo, el oficialismo necesita sumar apoyos de fuerzas aliadas para avanzar con la reforma laboral, que propone cambios en indemnizaciones, jornada laboral y régimen de vacaciones.

Los gremios docentes universitarios confirmaron su participación en la movilización y no descartan nuevas medidas de fuerza en marzo. “La situación de la docencia universitaria ya es insostenible. En ese marco, la CONADU resolvió la necesidad de impulsar un plan de lucha de paros y movilización”, afirmó Clara Chevalier, secretaria general de la Federación Nacional de Docentes Universitarios (CONADU). Entre los reclamos centrales figuran el llamado urgente a paritarias docentes, el cumplimiento efectivo de la Ley de Financiamiento Universitario (Ley 27.795) y la recomposición salarial de docentes y no docentes.

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La Federación de Educadores Bonaerenses (FEB) convocó a un paro docente para este miércoles 11 de febrero “en repudio al ajuste en educación y en reclamo de la devolución del FONID”, y confirmó su adhesión a la marcha. También participarán agrupaciones de jubilados, movimientos piqueteros independientes y el Plenario del Sindicalismo Combativo, que reclamaron un paro nacional y un plan de lucha para frenar la reforma laboral. La dirigente jubilada Nora Biaggio, del Plenario de Trabajadores Jubilados, declaró: “Este plenario es el que le enseña a luchar a la CGT”.

La marcha del miércoles 11 de febrero se perfila como una jornada clave para el futuro de la reforma laboral y para la relación entre el Gobierno y el movimiento sindical y social. Mientras el oficialismo busca avanzar con uno de los ejes centrales de su programa de reformas, los convocantes anticipan una movilización multitudinaria que podría marcar el inicio de un plan de lucha sostenido si el proyecto continúa su tratamiento parlamentario.

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