POLITICA
Amenazas para el liberalismo del ojo por ojo

La narrativa pública de Javier Milei ha dado un salto en su nivel de desmesura. Se declara en guerra contra “enemigos” que buscan matarlo. Dice que quienes no coinciden con él están “infectados con parásitos mentales”. Se vanagloria de ser cruel. Reparte insultos y neologismos denigrantes. Aplaude a quienes dicen que hay una violencia buena según quién sea el destinatario de ella. Pasó de solo odiar a los periodistas a desearles graciosamente la décima plaga de Egipto (la muerte de los primogénitos).
La relevancia de esta escalada reside no tanto en el contenido del discurso sino las acciones políticas que derivan de él. Como les pasa a menudo a gobernantes que merodean la cima, Milei olvida la lección cínica que les dan a los principiantes en el arte del poder: nunca compren el buzón que venden.
Al atarse a una fábula excluyente, la del profeta vengador en un país de buenos y malos, sacrifica dosis del pragmatismo que le ha permitido gobernar con estabilidad a pesar de su escueta minoría parlamentaria.
Un mes atrás hubiera sonado inverosímil que los 24 gobernadores se pusieran de acuerdo para presentar dos proyectos de ley, como hicieron esta semana, para recomponer las cajas provinciales. Esa alianza en defensa propia que integran kirchneristas, peronistas camaleónicos, macristas, radicales y aspirantes a libertarios es producto de las carencias y el hartazgo. “Hacen el ajuste con la nuestra”, se queja uno de los jefes provinciales que añoraba un 2025 en paz.
El recorte de partidas fue la chispa final que encendió la bronca de los que se mantenían en el lote de los aliados por necesidad. La estrategia electoral de los primos Menem, validada por Karina Milei, deja heridos por todo el mapa. La Libertad Avanza les pisa el territorio a los gobernadores que habían dado apoyo al oficialismo hasta ahora. Les ofrecen pactos leoninos, bajo la amenaza de armar listas opositoras y resquebrajarles la gobernabilidad local.
Entre las arengas de Javier y la acción de Karina, los Milei cantan un jaque al sistema político aún más enfático que el que implicó su desembarco en el poder. Despliegan un liderazgo que demanda lealtad entendida como obsecuencia. Y azotan a quien no entienda la diferencia.
Les pasó esto a los diputados Martín Arjol, en Misiones, y Mariano Campero, en Tucumán. Eran los pioneros del mileísmo dentro de la UCR, pero se quedaron secos en el reparto electoral. Ahora resisten las directivas del oficialismo en el Congreso. Son “radicales momentáneamente sin peluca”; oficialistas en modo espera, que en el mientras tanto constituyen un peligro latente para los planes legislativos de Milei.
En el Pro también avanza el desconcierto por la negociación de un acuerdo en Buenos Aires. Milei riega la discusión de palabras ofensivas para los “ñoños macristas” que le cuestionan sus formas ásperas; su hermana exige sumisión en el armado de las listas. A Cristian Ritondo –entusiasta del pacto- le costó entusiasmar el viernes a los intendentes que se perciben marchando hacia la disolución del partido en el que militan desde hace 20 años. Todo indica que competirán juntos contra el kirchnerismo bajo el nombre Frente La Libertad Avanza. “Guarda que lo de ‘frente’ somos nosotros y lo ponen adelante”, ironiza un jefe comunal que se hace mala sangre con la situación.
La combinación de gobernadores enojados y aliados desilusionados anticipa un mes turbulento en el Congreso. El Senado pretende sancionar la ley de aumento de las jubilaciones que ya pasó por la Cámara de Diputados. Los votos están. La presión desde las provincias permite pensar que, de no mediar algún gesto de la Casa Rosada, avanzarán los proyectos para regular el reparto de los Adelantos del Tesoro Nacional (ATN) y para hacer coparticipable el impuesto a los combustibles líquidos. Las iniciativas para blindar el financiamiento del Garrahan y ampliar los fondos para las universidades también ganan impulso al calor de la temporada electoral. Y nada enciende más alarmas en el Gobierno que la intención opositora de endurecer los requisitos para convalidar los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).
El Congreso se salió de control. Se vio el miércoles en la sesión donde casi terminan a las piñas la diputada kirchnerista Paula Penacca y la libertaria Juliana Santillán. Pero también en las disparatas reuniones de comisión en el Senado en las que se discutió sobre los haberes jubilatorios y el dinero para asistir a la discapacidad. Las internas libertarias no ayudan a calmar las aguas.
Milei insiste que vetará todo lo que afecte el superávit fiscal y anticipa una avalancha de acusaciones contra aquellos que lo desafíen.
A su juicio no son rivales políticos. “No contemplo la posibilidad de una oposición constructiva. Son enemigos que intentan matarte”, dijo. Su ideólogo favorito y jefe además de la organización recaudatoria Fundación Faro, Agustín Laje, dijo esta semana que “no está mal» usar “formas violentas contra el mal”. ¿Y qué hace a alguien malvado? “Un corrupto es una persona malvada, una persona que vota a un corrupto es una persona malvada, una persona que genera inflación es malvada”, opina.
Otro escritor libertario, el chileno Axel Kaiser, conquista a Milei con la teoría de los “parásitos mentales”. Lo explica así: “Hay ideas que se instalan en tu sistema nervioso como parásitos. Se llaman neuroparásitos. Muchas de esas creencias tú las encuentras en grupos políticos como el kirchnerismo”. Esos neuroparásitos “les impiden pensar racionalmente y los condicionan a reaccionar de manera violenta”. Los kirchneristas, a su juicio, “son seres humanos cuya mente está infectada por estos parásitos”. Hay un lado positivo: pueden curarse “si abrazan las ideas de la libertad”.
Los parásitos de Kaiser son siete, según el libro que escribió, entre ellos la justicia social, los derechos sociales, el Estado benefactor, la responsabilidad social empresarial y la diversidad. ¡Cuánto trabajo por delante para las Fuerzas del Cielo!
Milei le añade condimento propio a la retórica divisiva que importó de experiencias pioneras de la nueva derecha internacional. Configura una suerte de liberalismo del ojo por ojo cuando advierte que su lógica de interacción pública es responder a todo aquello que considere una agresión con una violencia mayor.
Normaliza así una degradación del debate y coloca el escarmiento por encima de la justicia. Por ejemplo, su candidato deseado en la provincia de Buenos Aires, José Luis Espert, llegó a expresar la siguiente fórmula para acabar con la inseguridad en el conurbano: “Colgas cuatro o cinco de estos delincuentes en la plaza pública, llenalos de balazos y decí ‘el próximo sos vos, hijo de puta’”.
El propio Espert sufrió un repudiable acto vandálico en la puerta de su casa, cuando militantes kirchneristas tiraron estiércol, colgaron un pasacalle y tiraron volantes ofensivos. La inusual detención en una cárcel común por ese hecho de la dirigente camporista Alesia Abaigar recibió el aplauso del Gobierno bajo el lema bullrichista: “El que las hace las paga”.
Milei volvió habitual la expresión “no se bancan el vuelto”. La usó para amplificar una campaña de desprestigio contra una periodista, Julia Mengolini, que hace dos años dijo que Milei estaba “enamorado de su hermana”. Festejó que sus seguidores la acusaran falsamente de tener una relación incestuosa con su hermano y difundieran videos escabrosos hechos con inteligencia artificial. “Acción-reacción”, explicó el Presidente.
A otro periodista, Fabián Doman, lo denunció por injurias porque opinó en un programa de streaming que puede ser interesante saber sobre la vida sexual de los líderes políticos. El abogado que firma la demanda consideró aplicable en ese caso la doctrina de la real malicia, que refiere a quien miente a sabiendas o afirma algo con “total desprecio por la verdad”. Es decir, lo que hace Milei de manera explícita cuando alienta la reprimenda a sus críticos con la difusión de falsedades.
Denunció también a Jorge Rial porque un periodista que reporta a él contó que le había pedido conseguir “información sobre los perros” de Milei. Lo tomó como la prueba de “una operación de inteligencia” en su contra. “Esta lacra moral va contra los hijos”, escribió el funcionario Santiago Oría, que trabaja de alimentar la cruzada presidencial contra el disenso.
Se enardece también con quienes tildaron de homofóbico su discurso en Davos, pero no corrige a los propagandistas del Gordo Dan cuando tratan de pedófilo y le desean que contraiga el sida al diputado Esteban Paulón, del socialismo de Santa Fe.
En los tuits donde llama a “odiar” a los periodistas Milei ahora añade una alusión a la décima plaga de Egipto. Es decir, la muerte de los primogénitos, el castigo final con el que el Dios de la Biblia logró que el faraón se rindiera y liberara a los hebreos. ¿Desea la muerte de los hijos de quienes osan criticarlo? Hay que suponer que no quiso ser literal. Es indudable, en cambio, que incurrió en un error de lectura o de memoria. Se le mezcló el libro del Éxodo con una vieja película sobre la vida de Moisés. Interpretó entonces que la décima plaga era una venganza divina por una amenaza proferida por el faraón ante Moisés. Lo que intentó decir Milei es que aquel que hable contra él debe saber que lo que diga se volverá en su contra.
Suele caer en despistes cuando se entusiasma en el señalamiento de los réprobos. El mismo día en que aludió a las plagas había atacado a los “pelotuditos de las formas” que lo critican por su virulencia y dijo que le recordaban una frase del tango Cambalache: “Un disfrazado sin carnaval”. En realidad, es una línea de Qué vachaché, una pieza anterior de Discépolo. También se alegró del apoyo que, afirmó, le había dado “la versión en español de The Economist” porque en la Argentina se estaría viviendo un “ajuste expansivo”. El artículo al que aludía salió en El Economista, un medio madrileño sin relación alguna con la prestigiosa revista británica. Es un texto sin firma que presenta como única fuente a Juan Ramón Rallo, un libertario que integra el círculo de amigos presidenciales en España.
La degradación del debate público y la radicalización contra quienes piensan diferente plantean un reto delicado para el porvenir del Gobierno. El programa de Milei logró bajar la tasa de inflación y ordenar las variables macroeconómicas, lo que le da la popularidad suficiente como para ilusionarse con un triunfo en las elecciones de este año. Sin embargo, la tarea por delante es más que desafiante. El préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) que le permitió hace tres meses sortear una crisis en gestación requiere una serie de reformas estructurales -jubilatoria, fiscal, laboral-que solo pueden conseguirse a partir de un amplio acuerdo político.
Al deshumanizar a los diferentes y comparar el consenso con la corrupción, Milei les ofrece a sus rivales políticos pocos incentivos para colaborar en la transformación a la que apunta su programa.
La alternativa al acuerdo es una selva donde la tentación de los opositores calificados como enemigos consiste en sentarse a esperar un fracaso del Gobierno. Frente a un programa de ajuste en el que las cargas no se reparten de manera equitativa, donde habrá ganadores y perdedores al menos en sus primeras instancias, les queda servido el relato de defensa de los desprotegidos. La Argentina está llena de políticos entrenados en la gimnasia de prometer salidas fáciles y rápidas a problemas que solo podría resolver el largo plazo.
Los inversores que deben financiar el cambio miran con desconfianza la archiconocida película del péndulo. ¿Y si otra vez termina igual?
Milei había parecido intuir la encerrona cuando el 1 de marzo de 2024 presentó el Pacto de Mayo, pero la aventura terminó, un año después, en una mesa en la que solo se sientan políticos elegidos a dedo por el Presidente a avalar ideas escritas por el Presidente.
Sus funcionarios se mimetizan con el clima de época. Hasta los ministros de perfil técnico le copian el tono pendenciero en busca de un like en las redes. Otros son más literales, como las diputadas Lilia Lemoine y Juliana Santillán, que van por la vida con un mameluco de YPF igualito al que usa Milei con su perro Conan. El cosplay de Estado ya está aquí.
POLITICA
Para la CGT, el paro contra la reforma laboral tuvo un acatamiento del 90%: “Recién empieza el plan de acción”

El triunvirato que dirige la Confederación Argentina del Trabajo (CGT) brindó una conferencia de prensa en la que afirmó que el paro general convocado para este jueves tuvo un “enorme acatamiento, de más del 90% de las actividades” en todo el país.
A su vez, los dirigentes criticaron a la reforma laboral. Al respecto, dijeron que “retrocede 100 años en derechos colectivos”, por cual advirtieron que “recién comienza el plan de acción”.
La dirigencia de la CGT considero como reflexión sobre la medida de fuerza que “la sociedad le dio un mensaje al Gobierno de que está cansada de esta política que le da pobreza al pueblo”.
Paro general de la CGT contra la reforma laboral: cuáles son los servicios afectados
Uno de los co-secretarios, Jorge Solá, dijo que la decisión de los trabajadores reflejó un respaldo claro a las resoluciones adoptadas por las organizaciones sindicales y subrayó que la propuesta comenzó a sentirse incluso antes del inicio formal de la jornada de paro.
Solá aseveró que “el acatamiento es importantísimo, ya que desde ayer a las 10 de la noche los sectores fabriles con turnos nocturnos empezaron a dejar sus puestos de trabajo”.
La conducción de la CGT pidió que los diputados tomen nota de la medida de fuerza, cuyo impacto refleja “el humor social”, y que “representen a quienes los votaron, los trabajadores”.
A su vez, la central sindical criticó al Gobierno Nacional por impulsar la reforma laboral y a los mandatarios provinciales por apoyarla por medio de sus diputados y senadores
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CGT,Gobierno,Paro General,Reforma Laboral,Sindicatos
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Incidentes frente al Congreso: manifestantes intentaron derribar una valla y la Gendarmería lanzó gases lacrimógenos

La protesta frente al Congreso en rechazo a la reforma laboral que trata hoy Diputados se desarrolló sin sobresaltos hasta las 16 horas, cuando comenzaron los primeros incidentes entre las fuerzas de seguridad y un pequeño pero creciente grupo de manifestantes que arrojó botellas y agitó las vallas del Congreso, sobre la avenida Rivadavia.
De ese lado de la plaza del Congreso, donde ya no quedaba rastro del paso de la izquierda, se había ubicado Gendarmería, detrás del vallado que separaba la plaza de la avenida Entre Ríos. Primero con un cordón espaciado de efectivos, que permaneció inactivo durante la primera parte de la protesta, y luego, tras los primeros incidentes, con un carro hidrante, que lanzó descargas de agua esporádicas para disuadir al primer frente de la protesta.
El agite inicial corrió por cuenta de un exiguo grupo de personas, algunos de ellas a cara descubierta, que intentaron hacer caer las vallas e hicieron caer la primera tanda de botellas y plásticos varios. Ese grupo, sin embargo, se amplió con la primera respuesta de Gendarmería.
La secuencia se inició luego de que la fisonomía de la convocatoria sobre la avenida Rivadavia cambiará por completo, cerca de las 15.30, cuando la columna principal de la izquierda, encabezada por el PTS, se retiró de la plaza, luego de una breve intervención de Myriam Bregman, que incluyó dardos a la CGT.
Con la salida de la izquierda, que ordenó su convocatoria en torno a un acto y una radio abierta, y no tenía previsto prolongar su estadía más allá de la media tarde, ese lado de la plaza quedó diezmado, con apenas un puñado de grupos disgregados, sin consignas partidarias, y casi ningún manifestante frente al vallado, el habitual eje de conflicto con la policía.
A las 16, sin embargo, una pequeña ola de rabia se adueñó del grupo de manifestantes que quedó allí. Comenzaron a golpear el vallado y unos carteles de publicidad y siguieron con la primera lluvia de botellas.
Los más exaltados fueron acusados de “infiltrados” por otros manifestantes, que, por momentos, intentaron frenarlos.
A partir de allí, comenzó un movimiento de ida y vuelta entre los manifestantes y el hidrante de Gendarmería, cuyas ráfagas empujaban al grupo unos metros hacia atrás, pero que a los pocos minutos se reconstituía frente al vallado.
Para ese entonces, ese primer bloque de protesta se había consolidado. La danza entre el hidrante y los manifestantes se extendió por un cuarto de hora, hasta que la Gendarmería añadió a su ofensiva granadas de gas, que desarticularon a los manifestantes.
Noticia en desarrollo
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“Le entrego el símbolo de esta ley”: Horacio Pietragalla le dejó una cadena a Martín Menem en el debate de la reforma laboral

En medio de los fuertes cruces en Diputados mientras se debate el proyecto de reforma laboral que impulsa el Gobierno, un insólito momento se vivió cuando el legislador kirchnerista Horacio Pietragalla le dejó una cadena en el escritorio que utiliza Martín Menem en el recinto.
“Quiero manifestar mi disconformidad de que en una ley que viene a quitar tantos derechos a trabajadores y trabajadoras se limite la voz solamente a 40 diputados”, comenzó su exposición el legislador que tomó la palabra tras pedir una interrupción a la diputada Vanesa Siley.
Así, el ex Secretario de Derechos Humanos de la Nación durante la presidencia de Alberto Fernández continuó: “Esta ley es una ley que nos retrotrae a la esclavitud y te voy a hacer entrega del símbolo de esta ley hoy, que es claramente un retroceso para nuestros derechos laborales, para nuestros derechos históricos y para nuestra Constitución, que defiende por sobre todas las cosas a los trabajadores”. En ese momento, se paró de su banca y fue hacia la presidencia de la Cámara para depositar una cadena frente al presidente de la Cámara.
“A mí no me puede entregar nada, diputado. Le pido que respete el reglamento, que retire lo que ha dejado acá. Es una falta de respeto. No está permitido”, le respondió el titular de la Cámara baja.
Esto se dio después de varios cuestionamientos por parte de la bancada de Unión por la Patria hacia la presidencia por la votación a mano alzada del plan de labor parlamentaria que impulsó el oficialismo en el inicio de la sesión. Desde la oposición pidieron una moción de reconsideración, aunque admitieron que iba a quedan en la nada.
En ese sentido, establecieron que primero cada uno de los miembros informantes de los cinco despachos pueda hablar durante 20 minutos y luego hay una lista de 40 oradores con 5 minutos cada uno antes de la votación en general y luego en particular, que será por capítulo.
Todo escaló todavía más cuando la diputada Cecilia Moreau tomó la palabra en el inicio de la sesión e increpó al presidente de la Cámara: «Usted está pasándose de vivo porque está planteando la reconsideración de esa moción porque sabe que reglamentariamente, para poner una moción en reconsideración, hacen falta dos tercios».
Y añadió: “Igual vamos a pedir esa moción de reconsideración, porque aunque perdamos, vamos a perder esos dos tercios con la frente en alto, defendiendo los derechos de los trabajadores”.
“Monigotes. Ustedes, los que entraron en nombre del peronismo, en nombre del campo nacional y popular, en nombre de Irigoyen y de Alem, no solo hoy van a acompañar un retroceso en la vida de los trabajadores, sino que además van a ser cómplices en este Congreso, censurar las voces de los diputados y diputadas”, lanzó Moreau en el recinto tras pedir la palabra. Enseguida, la diputada exigió que la votación se hiciera de manera nominal: “Pido una reconsideración y que se vote de manera nominal”.
En medio de los gritos y reclamos, la moción del peronismo para modificar el plan de labor fue sometida a votación y obtuvo 107 votos afirmativos y 136 negativos. De esa manera, la propuesta del oficialismo se mantuvo y la sesión avanzó bajo esos parámetros.
Minutos después, con la exposición del libertario Lisandro Almirón en el dictamen de mayoría, comenzó a tratar en la Cámara de Diputados la reforma laboral oficialista.
“¿De cuánto sirve una biblioteca entera de legislación laboral si al final del día el régimen previsto no sirve para generar empleo?“, se preguntó el legislador correntino que recibió cuestionamientos desde los bloques peronistas porque leyó todo su discurso.
El correntino defendió fervorosamente el proyecto del Gobierno. Incluso cuando el kirchnerista Aldo Leiva se acercó hasta su banca para increparlo. “Mientras estamos en este recinto, millones de argentinos trabajan por afuera del encuadre de las leyes, sin aportes y sin obra social”, recordó el diputado.
Y agregó: “La experiencia nos demostró que nuestra legislación laboral vigente, rígida y anacrónica, funciona como una barrera infranqueable para la registración de empleo formal”.
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