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Caso Techint: la vuelta de Milei al discurso duro, los prejuicios y la inquietante negación del debate

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De manera sorpresiva, por el contexto y por el objetivo elegido, Javier Milei volvió al discurso duro. Esta vez, apuntó contra Paolo Rocca. Hacía tiempo que evitaba confrontar en los términos elegidos para la carga sobre Techint y hasta se especulaba con la existencia de una estrategia comunicacional que explotaba la “moderación” o al menos la contención discursiva, como viene ocurriendo con algún sobresalto desde las pasadas elecciones. Estudiado o no, el mensaje presidencial ni siquiera abrió una discusión de fondo en el terreno económico y, al revés, retomó definiciones dominadas por el prejuicio ideológico y repitió el mecanismo, básico, de la descalificación para cerrar las puertas del debate.

La andanada llego a tal punto que Milei, de hecho, acusó al empresario de conspirar contra su gobierno después de la derrota electoral de septiembre en Buenos Aires, capítulo revertido ampliamente con el resultado de octubre. Una acusación grave, bajo un formato repetido que tiende a restarle trascendencia: el Presidente avaló y reprodujo un mensaje en X que chicaneaba de ese modo a Rocca. Antes, Milei lo había llamado “Don Chatarrín de los tubitos caros” y había hecho una mención ácida aunque menos directa al hablar en el festival veraniego de derecha.

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Por supuesto, la pelea desde el poder político con empresarios no es una novedad absoluta. Puede que sí los términos, pero no hay que viajar mucho en el tiempo para encontrarse con las descargas de CFK y de Axel Kicillof en su época de ministro. Esos recuerdos, presentes en ámbitos empresariales, no suavizan lo ocurrido. Al contrario, inquieta que todo se limite a la batalla, sin chances de discusión y, en rigor, con intenciones expresas de clausurarla. Milei incluso avanzó en esa dirección colgando de entrada el cartel de ensobrado a cualquiera con mirada ajena a la línea de Olivos.

Las tensiones fueron desatadas por el caso de la licitación perdida por Techint a manos de la empresa india Welspun, mientras desde las cercanías de Rocca se dejaba trascender la intención de empujar un proceso antidumping. Esto último parece haber sido el elemento de mayor malestar en el círculo violeta. Pero tampoco esto quedó abierto como tema explícito.

Dicho de otra forma: la escalada de Milei expuso al máximo su visión “libertaria”. Y fue más lejos al hablar, sin mencionar a Techint pero con destinatario claro, de empresas favorecidas por negocios “turbios” con el Estado. “Deben desaparecer”, dijo en Mar del Plata. Nadie en el oficialismo fue más allá en términos económicos y políticos, salvo Federico Sturzenegger que sugirió una discusión sobre la necesidad de una mirada con “sentido estratégico”.

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Eso mismo, sin embargo, no existió del lado del oficialismo. Se plantó en la descargada referida, sin avanzar seriamente en ningún sentido: ni obre el papel de empresas en posición dominante de mercado, ni sobre el tipo de país imaginado, es decir, qué áreas y producciones privilegiar, como hace cualquier nación desarrollada.

Junto a la descarga mediática, Milei buscó mostrarse nuevamente como una especie de faro internacional del verdadero “liberalismo libertario”. Resulta otra vez significativo el contraste que expone el alineamiento político con Donald Trump, difícil de asimilar en la teoría económica, especialmente por el trazo “proteccionista” de su concepto de MAGA.

Paolo Rocca, en la mira presidencial

Es una cuestión ya repetida en el tablero internacional. Y se trata de la expresión práctica de prejuicios ideológicos. Esa cerrazón, que genera paradojas en el alineamiento con Washington y algunos líderes europeos globalmente resumidos como derecha, va de la mano con el concepto bastante reducido de “batalla cultural”. Y eso mismo llega al punto de denigrar cualquier planteo o mirada crítica de la posición de Olivos.

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En el caso del cruce con Techint, Milei dijo: “Si ves ‘periodistas’, ‘economistas’ y políticos hablándote de la industria del acero y los prejuicios que causa la apertura, ya sabés quién le llena el sobre”. Asomó como una forma de advertir sobre las descalificaciones que podrían sobrevenir y fue seguido por descargas sobre periodistas. Un recurso conocido, desde el poder, para “disciplinar” las opiniones.

Todo se produce además en un contexto en el que los mensajes del oficialismo aparecían unificados casi de manera excluyente en un punto: el objetivo de coronar la reforma laboral en el Congreso. Pensado desde la perspectiva empresarial, esta movida del oficialismo alimenta mayor expectativa que la aprobación del Presupuesto 2026. Ese resultado de hace poco más de un mes fue sobredimensionado por el oficialismo, que lo difundió además como la apertura de un camino sin sobresaltos para nuevos éxitos legislativos.

El proyecto de Presupuesto perdió en Diputados algunos puntos especialmente sensibles para el Gobierno, en especial para Economía. Y la negociación para la sanción en el Senado consagró el mecanismo de tratativas permanente con la oposición dialoguista y sobre todo con los gobernadores. Es lo que ocurre con la ley laboral y provoca tensiones en la antesala de las sesiones extraordinarias.

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Los operadores violetas anotan en estas horas al menos dos señales significativas de los jefes provinciales, y no sólo por el artículo que involucra Ganancias en el proyecto de reforma laboral. La primera tiene que ver con el condicionamiento expuesto por los gobernadores del peronismo “amigo”, es decir, el tucumano Osvaldo Jaldo, el salteño Gustavo Sáenz y el catamarqueño Raúl Jalil. Y la segunda, con el reclamo de los gobernadores patagónicos para enfrentar los incendios que devoran miles de hectáreas de bosques.

Esa demanda del Sur terminó provocando una respuesta por DNU. Fue una manera de hacer frente también a un tema persistente en los medios y que, a la vez, impactó con fuerza en las redes sociales, con chicanas que contraponían fotos de los incendios e imágenes de Milei en un show marplatense.

Ese último es un dato mayor para el círculo violeta. Hace a la preocupación por el dominio de la “conversación pública”. Expone que el temario social muchas veces supera el temario oficial. El caso Techint no parece suficiente para imponer agenda, aunque alcanza para mostrar el modo en que lo entiende el Gobierno y la pobreza de debate político.

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El Gobierno busca aplacar las internas por la reforma laboral con la sanción de la ley en el Senado

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Luego de varias idas y vueltas, el Gobierno finalmente quitó de la reforma laboral el artículo referido a las licencias médicas, el cual había generado críticas por parte de distintos sectores de la oposición, y el proyecto quedó a un paso de ser aprobado en el Congreso, aunque continúa el ruido interno por la decisión de haber sumado en un principio ese apartado.

Cuando se inició la polémica, las autoridades nacionales primero salieron públicamente a defender la medida que se había incorporado al texto original 48 horas antes de su votación en el Senado.

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Uno de los referentes del Gabinete que lo hizo fue el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quien justificó la reducción del salario al 50% por parte de los privados en determinadas situaciónes, al argumentar que “si te lastimaste jugando al fútbol, la empresa no tuvo nada que ver” y, por lo tanto, no debe afrontar toda la carga que demanda tener un empleado menos durante su recuperación.

Sin embargo, en los pasillos de la Casa Rosada reconocían que se trató de un error por parte del oficialismo y al poco tiempo anticiparon que esa iniciativa iba a ser eliminada antes del debate en la Cámara de Diputados, lo que efectivamente sucedió.

Sturzenegger defendió el artículo sobre las licencias médicas

Incluso, en los pasillos de la Casa Rosada responsabilizaron directamente a Sturzenegger, al considerar que con esas declaraciones “se mandó una de más, como siempre”, porque esos dichos habrían provocado el malestar contra las modificaciones en las licencias médicas.

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En tanto, consultados por Infobae sobre esta interna, en el entorno del funcionario aseguraron que estaban “tranquilos” y que iban a continuar trabajando en todos los temas que están en agenda.

Además, aseguraron que la inclusión de este artículo la reforma laboral no fue un pedido de esta cartera: “No estaba en el proyecto que envió el Poder Ejecutivo. Por ende, está claro aue no es algo que se impulso desde el Gobierno o el Ministerio”, señalaron.

Lo cierto es que la medida fue sumada poco antes de que el texto recibiera media sanción del Senado, y establecía que, “en caso de sufrir un accidente o una enfermedad que no sea consecuencia de la prestación de tareas derivadas del contrato de trabajo, y que impida dicha prestación, el trabajador tendrá derecho a percibir el 50% de su remuneración”, siempre que esa condición “fuera producto de una actividad voluntaria y consciente”

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Asimismo, se remarcaba que, “si la imposibilidad de trabajar no fuera producto de una actividad voluntaria y consciente del trabajador sobre el riesgo en la salud, percibirá el 75% de tal remuneración”.

Ante la presión de los bloques aliados y de algunos gobernadores, La Libertad Avanza optó por quitar todo este apartado antes de que la medida fuera votada en Diputados, lo que obligó a que el texto volviera al Senado, que lo tratará el viernes que viene, por lo que se demoró su sanción definitiva.

Finalmente, el artículo fue retirado del proyecto (REUTERS/Agustin Marcarian)

“No pedimos nada de ese artículo. Es más, la UIA (Unión Industrial Argentina) ya manifestó que ellos tenían propuestas sobre ese tema y la decisión consensuada era la de no hacer cambios sobre el proyecto enviado. No vino de nosotros”, insisten desde el lado de Sturzenegger.

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En una entrevista en Infobae en vivo, el presidente de esa entidad, Martín Rappallini, lamentó que se haya retirado esa iniciativa y opinó que “es un tema muy complejo, porque hay muchas variables”.

Efectivamente, el empresario contó que la cuestión fue analizada durante las reuniones del Consejo de Mayo, mesa de trabajo impulsada por el Ejecutivo y en la que comparte un lugar junto al ministro.

“Nosotros habíamos planteado en algún momento que fuera el 100% no remunerativo, sin cargas, para que el Estado se hiciera cargo”, detalló.

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Por su parte, tras la interna, Sturzenegger se encuentra ahora abocado a otras tareas que tenía en agenda, como la preparación de las normas que se tienen que implementar para que pueda comenzar a regir el acuerdo comercial entre la Argentina y los Estados Unidos.

El funcionario junto al embajador norteamericano en Buenos Aires, Peter Lamelas

La administración libertaria se comprometió en ese tratado a adaptar la legislación local y también adoptar una serie de puntos para facilitar el intercambio de bienes y servicios con Washington.

De acuerdo con lo que precisaron a este medio fuentes de la cartera de Desregulación, “no todas estas medidas son leyes”, sino que en algunas ocasiones “solo implica cambios normativos de menor nivel”.

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En esos casos, las modificaciones necesarias podrían hacerse “a través de Decretos o incluso Resoluciones”, en los cuales ya está trabajando el funcionario desde la firma del acuerdo.

De todas formas, el convenio tiene todavía que ser aprobado en el Congreso, pero su debate se demoraría hasta el mes próximo. Esta semana será la última semana de las sesiones extraordinarias y los diputados y senadores tienen varios temas en agenda.

Luego de la aprobación de la reforma laboral del jueves pasado, el proyecto terminará de ser discutido en la Cámara alta el viernes próximo, junto con el nuevo régimen penal juvenil y el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea.

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Mientras avanza la reforma laboral y en medio del conflicto de Fate, Milei envió un mensaje a los industriales

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La reforma laboral quedó a un paso de convertirse en ley. Javier Milei logró que uno de los proyectos centrales de su agenda avance a un ritmo inusual: primero obtuvo la aprobación en el Senado; fue votado en la madrugada del viernes en Diputados con modificaciones y pocas horas despues salió el dictamen de mayoría en la Cámara Alta. Ahora se encamina a la sanción definitiva el próximo viernes.

El trámite fue vertiginoso. En sesiones extraordinarias y en apenas un mes, el oficialismo consiguió ordenar una mayoría que parecía esquiva. En la Casa Rosada lo presentan como un éxito de la capacidad negociadora de Diego Santilli y de la flexibilidad que mostró la mesa política del Gobierno, integrada por Karina Milei, Manuel Adorni y Martín Menem. La prueba más concreta, subrayan, es que los gobernadores aportaron 24 votos clave para garantizar el avance del proyecto.

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Fue, en ese contexto, una semana casi perfecta para el Presidente. A la dinámica parlamentaria se sumaron señales políticas y económicas que el oficialismo leyó como favorables. Milei recibió elogios de Donald Trump en la reunión del Consejo de Paz; el Banco Central continuó recomponiendo reservas; el dólar oficial bajó a $1410 y la inflación mayorista se ubicó en enero en 1,7%, un dato que, en el Gobierno, consideran que quita presión sobre la evolución de los precios minoristas.

El único hecho que empañó ese escenario fue el cierre de Fate, una decisión empresaria que tuvo fuerte impacto mediático justo cuando se discute la reforma laboral. La coincidencia temporal generó malestar en la Casa Rosada.

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Milei intuye que la determinación de Javier Madanes Quintanilla no solo fue inoportuna, sino que también buscó producir un daño político al Gobierno. La reacción presidencial fue directa: lo acusó de ser “prebendario” y de “cazar en el zoológico”, en una crítica pública que marcó distancia con el empresario.

A partir de ese episodio, en Balcarce 50 resolvieron convocar a una conciliación obligatoria entre la empresa y el gremio para que la fábrica reabra sus puertas y los trabajadores continúen cobrando sus salarios. La decisión fue instrumentada por el secretario de Trabajo, Julio Cordero, quien llevó adelante la medida administrativa.

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La Justicia ordenó desalojar a los trabajadores de FATE tras la conciliación obligatoria que dictó el Gobierno. (Foto: Captura TN)

La intervención oficial abrió interrogantes. Muchos se preguntaron si no resultaba paradójico que un gobierno libertario cuestionara a un empresario y, en los hechos, coincidiera con la postura del gremio, conducido por el trotskismo. En el oficialismo admiten que el paso del tiempo ayuda a enfriar los ánimos que se caldearon en las primeras horas del conflicto.

En ese marco, circula una versión que el propio Gobierno reconoce no poder confirmar: que los sindicalistas del SUTNA y la empresa mantienen más diálogo del que se conoce públicamente. Según esa hipótesis, la estrategia empresaria sería dejar transcurrir 15 días, tal vez un mes, descomprimir la tensión generada en estos días y luego presentar una oferta indemnizatoria superadora.

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Más allá de la disputa puntual, el episodio dejó una definición política. Milei explicó que ser liberal no implica ser “pro empresa”, sino respaldar el libre mercado. La frase buscó despejar interpretaciones y fijar un criterio: el Gobierno no está dispuesto a cerrar la economía ni a proteger a compañías que no se adapten al nuevo escenario.

La conclusión que transmiten en la Casa Rosada es que las empresas deberán adecuarse para sobrevivir y ganar competitividad.

Javier Milei, reforma laboral, Fate, Dólar, La Libertad Avanza

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Celebración violeta en el Congreso: negociación ley por ley y doble crisis peronista

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En el final de una semana política densa, el oficialismo celebró de madrugada en Diputados y desayunó el viernes con otro avance en el Senado. La reforma laboral terminó con aprobación cómoda en la Cámara baja -podado ya el inviable artículo de las licencias por enfermedad- y apenas unas horas después pasó por comisiones en la otra ala del Congreso, para quedar en los umbrales de la sanción. El Gobierno quedó así a un paso de coronar su mayor objetivo de las sesiones extraordinarias. ¿Cómo? Asoman dos trazos gruesos en ese cuadro: la asimilación del mecanismo de negociación en continuado -que demanda concesiones- y la doble crisis que arrastra el peronismo, expuesta en el núcleo K y en el juego propio de varios gobernadores.

Desde el inicio, todavía en diciembre, había quedado a la vista que la negociación con socios legislativos y gobernadores iba a ser el único camino posible para convertir en ley el proyecto laboral. El tema pasó entonces para febrero, segunda tanda de las extraordinarias, y tal como fue conversado con aliados -también, por vías más reservadas, con algunos jefes sindicales-, hubo modificaciones y tachaduras sobre el texto original. Fueron varias decenas. El último paso -la poda del artículo 44- obligó a un renovado ejercicio negociador. Le dio frutos a Olivos.

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El oficialismo expuso pragmatismo, realismo libertario. Pero no ocurrió en un día y, está claro, el interrogante es si termina armando un sistema de alianzas sólido, no necesariamente con traducción electoral. Al menos por ahora, se trata de un ejercicio ley por ley, costoso, que en el caso de los jefes provinciales tiene como eje cuestiones de plata. El marco es conocido. La recaudación viene a la baja desde hace seis meses, el impacto en la coparticipación no es menor y, según fuentes cercanas a gobernadores, la mayoría de los distritos no tiene margen para nuevos ajustes.

Las votaciones de este mes entusiasman a los operadores violetas. Más de 40 votos en el Senado, como ocurrió antes del capítulo de Diputados, reponen en ese imaginario los cálculos para nombrar jueces y hasta para ampliar la Corte Suprema. Se verá. El foco inmediato vuelve a estar puesto en la Cámara alta. Por lo pronto, si no aparece nada extraño en el camino, a fines de la semana que viene sería ley la reforma laboral y también el Régimen Penal Juvenil, como renglones más destacados.

La fragmentación política y, más precisamente, la crisis profunda de los partidos nacionales -y luego, las coaliciones- desdibujó por completo lo que fue JxC y deteriora de manera creciente al peronismo. Impacta a favor del oficialismo, aunque con costos. Se multiplican los interlocutores, a veces con poco. Es un tablero en el que las fichas se cuentan de a una. Dicho de otra forma: cada gobernador pone en la mesa el número de legisladores que le responden y cada espacio aliado o socio hace valer lo suyo en el recinto.

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Lo registra Martín Menem desde hace rato y lo anota últimamente Patricia Bullrich. Juega centralmente Diego Santilli con las provincias, operan Karina Milei y, con agenda propia, Santiago Caputo. No quiere decir que las internas estén superadas -algunas, han recrudecido, como ocurre con las ambiciones porteñas-, pero el peso del poder ordena en el Congreso. También, la realidad y la asimilación de cada prueba.

Bancada oficialista del Senado. Ahora se viene el segundo capítulo de la ley laboral

El giro más notorio del oficialismo se produjo en diciembre con el Presupuesto 2026. La caída inesperada de un capítulo gravitante -que incluía la derogación de las leyes de financiamiento universitario y de emergencia en el área de discapacidad- provocó de entrada una mezcla de ira y cerrazón para reponer el tema, pero rápidamente hubo señales de aceptación de lo ocurrido en Diputados. Con buen número de votos, el proyecto fue sancionado sin esos puntos. Los gobernadores negociaron según sus necesidades -ATN, deudas, fondos para cajas de jubilaciones, en algunos casos- y, para terminar de distender, la reforma laboral pasó para la segunda entrega de extraordinarias.

Los jefes provinciales de buen entendimiento con Olivos volvieron a mostrar sus cartas ahora, con la ley laboral. Terminaron por empujar y sellar un acuerdo con el Gobierno -de mutua conveniencia, en el delicado contexto de recaudación- para dejar de lado el artículo que establecía una baja de ganancias para empresas. Y fueron decisivos para liquidar el artículo de las licencias por problemas de salud. En la misma línea, condicionaron su apoyo los socios del espacio PRO/UCR. Quedó desechada así la idea oficialista de buscar alguna diagonal que evitara la vuelta al Senado. La baja del artículo 44 fue suficiente para no pasar sobresaltos en Diputados. Y terminó de allanar el camino para la sanción de la ley.

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Para completar el cuadro, la oposición dura registra crujidos en aumento. El último contraste fue exhibido por los gobernadores. Se afirmó el esquema de jefes provinciales del PJ o aliados, inorgánico pero coordinado, como espacio negociador. Ahí se anotan Salta, Tucumán, Catamarca y, cercanos, Misiones tradicionalmente y Santa Cruz, de manera más reciente. En espejo, el peronismo/K promovió un documento de rechazo a la reforma que destacó la posición de Buenos Aires, Formosa, Catamarca y La Pampa, más un par de aliados. Igual, algunos de ellos tienen puentes con el Gobierno.

Esa declaración, con todo, expuso de hecho que el sello del PJ nacional gravita cada vez menos. Y también, que el quiebre es de una franja del peronismo del interior con el círculo que aún expone la marca de CFK. No es todo. En el Senado, es cada vez más notoria la tensión en el espacio de UxP por desgaste de conducción. Y esto último está asociado al otro factor doméstico, es decir, el trance del núcleo kirchnerista, expresado en la pulseada entre Axel Kicillof y la ex presidente. Doble crisis.

Los operadores del Gobierno festejan en estas horas los éxitos legislativos. No borran sus propias tensiones: de arrastre aunque más contenidas en la superficie, entre Karina Milei y Santiago Caputo; repetidas y sin retorno como en el caso de Victoria Villarruel; algo más novedosas como los recelos con Bullrich, y de manera más visible en este tramo con Federico Sturzenegger. De todos modos, por debajo de la celebración, el foco se corre hacia los nuevos proyectos para tratar de sostener la iniciativa a partir del 1° de marzo. También, hacia la Justicia, ante la posible judicialización de algunos puntos de la reforma laboral. Y no sólo se trataría de los jefes sindicales. Se verá si el impacto político de la sanción de la ley modera reacciones en ese frente, que no se reduce a Comodoro Py.

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