POLITICA
Cómo se vivió la Hiperinflación de Alfonsín del 89: saqueos, obsesión por el dólar y nenes dejados en garantía

Fue la tormenta perfecta. Peor: un tsunami que arrasó con casi todo lo que encontró a su paso. La hiperinflación. Durante 1989 la inflación anual argentina fue de 3079,5%. Sólo en julio rozó el 200%.
La crisis se fue gestando desde el agotamiento del Plan Austral, la derrota del radicalismo en las elecciones legislativas del 87 y los primeros levantamientos militares. En 1988, el ministro de Economía Juan Sourrouille anunció el Plan Primavera, que tenía como finalidad aguantar hasta la entrega del mandato a fines de diciembre de 1989.
El anhelo de Raúl Alfonsín era pasar la banda presidencial a otro presidente constitucional, un hecho institucional absolutamente infrecuente en la Argentina. Pero una serie de factores produjeron la bomba que empezaría a explotar en abril del 89. Inflación mensual altísima, gran déficit fiscal, caída del precio de los commodities, la deuda externa asfixiante, emisión, las elecciones presidenciales que se aproximaban con un candidato desbocado como Menem, malhumor social por la baja del poder adquisitivo y por los apagones programados, los levantamientos carapintadas y La Tablada. Alfonsín perdía margen de maniobra. Cuando el 6 de febrero de 1989, el Banco Central anunció que no intervendría en el mercado de cambios (ya no tenía dólares: las cuentas estaban en rojo) se produjo el desmadre. 40% de inflación, 80%, 120%, 200%. Así mes a mes.
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Al principio de la crisis Eduardo Angeloz, candidato radical a la presidencia para las elecciones del 14 de mayo, pidió públicamente la renuncia del ministro de Economía, Sourrouille; pensaba que era la única oportunidad que tenía de llegar a ser presidente. Alfonsín nombró a Juan Carlos Pugliese, viejo político radical de comité, que había presidido con habilidad la Cámara de Diputados desde el 83 y que en el final del gobierno de Illia había ocupado el Ministerio de Economía un corto lapso. El paso de Pugliese fue breve y dramático. Tal vez los resultados de su gestión se resuman en su frase célebre tras ver que la inflación se había disparado hasta el 200 por ciento en un mes: “Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”. Mientras tanto Menem (y sus hombres) desde la seguridad de la victoria y con el deseo de que todo el ajuste y el costo lo pagara el gobierno saliente fogoneaba a los mercados.
Para la vida cotidiana de las personas había dos personajes fundamentales, los grandes protagonistas anónimos de esos meses de locura y desesperación. El empleado de la financiera que cambiaba en la pizarra el valor del dólar y el remarcador en el supermercado.
Caos en los supermercados
En los supermercados tenían lugar escenas dramáticas. Muchas de las góndolas parecían desiertos, el desabastecimiento era una sombra (más) que se cernía cotidianamente sobre todos.
Por los pasillos, con changuitos muchas veces vacíos, la gente corría una carrera permanente. Debía llegar antes que el remarcador. No había código de barras y cada producto tenía una pequeña etiqueta rectangular blanca y adhesiva en la que figuraba el precio. Un empleado con una pistola era el que las ponía sobre la caja o el paquete. La actividad que esos hombres tuvieron durante esos días fue demencial. No paraban de remarcar. Una etiqueta sobre otra. El precio nuevo tapando el anterior que tal vez había sido puesto unas pocas horas antes. A veces esa superposición de etiquetas provocaba una especie de costra de papel de varios centímetros de espesor. En ocasiones a los comercios llegaban dos listas de precios por día; una por la mañana, otra por la tarde.
A veces el remarcador se tomaba su trabajo demasiado a pecho y no dejaba acercarse a los clientes a los bienes a los que les estaba poniendo un nuevo precio. Y ellos pujaban con él e intentaban arrebatarle los productos. Pero también estaban los que se apiadaban de la gente y les permitían tomar los que él todavía no había intervenido, los que tenían el precio anterior. Un gesto compasivo en medio de la crisis.
Había peleas a las trompadas entre clientes en los pasillos de los súper. Una escena habitual: alguien dejaba su changuito descuidado unos segundos para buscar algo, otro le sacaba una botella de aceite, un pedazo de queso o un paquete de galletitas y lo ponía en su changuito. Algún distraído preguntaba por qué lo hacía si el otro todavía no había pasado por caja a pagar. El motivo era que esos productos todavía conservaban el precio anterior; si uno volvía a las góndolas los encontraría con una remarcación superior al 20%.
Algunos conocían un pequeño secreto. Había supermercados que no alcanzaban a remarcar todos los productos y los más alejados, los que estaban en la tercera fila de la góndola, eran más baratos —habían quedado dos o tres remarcaciones atrás— que los del frente.
Otro momento horrible y muy frecuente se vivía en las cajas. La gente debía dejar productos que había tomado porque la plata que les alcanzaba para comprar al entrar al local ya no bastaba. Mucha gente cuenta que pensaban comer fideos al fileto y debieron dejar en la caja la lata de salsa de tomate porque ya había aumentado el valor.
A veces eran tan abruptos los cambios, tan veloces y tan masivos que algunos supermercados, obviando la ley, les comunicaban a los clientes los aumentos por altoparlantes. Podían anunciar remarcaciones en los lácteos, carnes o en el aceite, pero también podía ser un anuncio más inclusivo y, por supuesto, apocalíptico: “Todos los precios del supermercado han sufrido un aumento del 25%”, decía un locutor improvisado con voz neutra mientras, seguramente, rogaba para que ningún cliente encontrara el lugar desde el que emitía la macabra información.
Hubo familias -compañeros de trabajo, padres del colegio, vecinos- que se agrupaban y se dividían las compras. Uno se encargaba de comprar varios cajones de frutas y verduras, otro productos de limpieza, otro fideos y arroz.
Estas escenas, por supuesto, no sólo ocurrían en los supermercados. Los almacenes también tenían sus historias. La periodista Dalia Ber recuerda que su mamá mandaba a su hermano del medio a comprar leche al almacén de enfrente de su casa. El chico iba acompañado por su hermano menor. El sachet cada día costaba más que el anterior, a veces el doble y la plata que le había dado la madre no alcanzaba. El chico dejaba de seña a su hermano menor y cruzaba a buscar el dinero que faltaba. Un día la que cruzó fue la madre y el almacenero se acercó a la mujer y en tono cómplice, como para que no escucharan el resto de las clientas, casi al oído le dijo: “Señora, no es necesario que me deje al más chiquito de garantía”.
En las casas de electrodomésticos también la actividad era frenética. Muchos sueldos, condenados a licuarse en un par de días, eran destinados a adquirir al menos un bien durable. La búsqueda de la heladera o el televisor adecuado era fragorosa. La recorrida por las casas que vendían electrodomésticos o una caminata por la zona de San Juan y Boedo -que concentraba muchos comercios del ramo- mostraban una disparidad de precios gigantesca. Pero si uno caminaba mucho corría el riesgo de que al volver a ese negocio, el lavarropas por el que le habían pedido dos horas antes 700.000 australes ahora valía más de un millón. Exactamente el mismo lavarropa.

El economista y autor Walter Sosa Escudero cuenta que, a punto de casarse, debía comprar electrodomésticos para su casa. Su entonces novia iba al Hogar Obrero, cerraba el precio, lo llamaba desde un teléfono público, él salía de su oficina, vendía dólares y se tomaba un taxi para pagar. Si ese proceso tardaba más de un par de horas, el precio no se mantenía.
Mariel Fornoni, la directora de Management and Fit, también estaba por casarse pero todo era incertidumbre. Hasta último momento no supo si la fiesta iba a poder realizarse o no. Con las invitaciones ya enviadas, tuvo que esperar hasta el jueves previo a la boda -tan solo dos días antes- para que le confirmaron el costo definitivo del salón y del catering. Hasta esa instancia ella y su pareja no sabían si iban a poder afrontar el gasto porque la cifra podía variar sideralmente.
Otra escena común en varias familias, aquellas que tenían mayores posibilidades económicas, fue el acopio. Placares y alacenas repletas de papel higiénico, cajas de arroz, paquetes de fideos, latas de conserva, puré instantáneo, aceite, azúcar, harina, sal, productos de limpieza, jabones, champú. Todo lo que no venciera a corto plazo. Esa maniobra, esa decisión familiar, tenía un antecedente cercano: Malvinas. Y otro hecho anterior que les había enseñado las dificultades de no estar pertrechado: el Rodrigazo. Tanto un enorme sacudón económico e inflacionario como una guerra y su incertidumbre producen desabastecimiento. Los productos no tienen precio, entonces los fabricantes y los vendedores los guardan para no perder dinero.
En medio de la vorágine de la híper, el acopio tenía también otro móvil: era una inversión, una forma de proteger el dinero. Si con un sueldo el día uno del mes se podían comprar 300 paquetes de un producto, lo más probable era que avanzado el mes el mismo dinero permitiera adquirir sólo 80 o acaso 60 paquetes del mismo producto.
Otro factor vital en esos días era si los bienes comprados en los meses previos tenían cuotas fijas o variables. Si eran fijas, las últimas cuotas terminaban depreciándose tanto que a veces convenía pagarlas todas juntas porque habían quedado por debajo del valor de un pasaje en colectivo. Si eran variables, si habían sido indexadas, como los sueldos no aumentaban -ni cerca- a la velocidad de la inflación y el dólar, se volvían impagables y se perdía la plata puesta y no se podía comprar el producto en cuestión.
Si hablamos de pasajes, el periodista Pablo Strozza aporta una buena anécdota. En esa época alumno secundario, se movilizaba junto a sus amigos en subte. Los viajes se pagaban con cospeles que se compraban en las ventanillas y luego se ponían en los molinetes. Como el servicio podía aumentar más del cien por ciento en un día, la acumulación de cospeles era una fuente de ahorro. Pero en los subtes se prohibió que se vendieran más de dos por persona. Así que Strozza y sus amigos compraban y volvían a hacer la cola; tal vez pasaban por la ventanilla diez veces y acumulaban cospeles a un valor que una semana más adelante sería irrisorio.
Daniel Vega, gran autor inédito aún, cuenta que debía irse de viaje de egresados a Bariloche. Se venía pagando mes a mes desde el año anterior. La última cuota debía abonarse el día previo o directamente en la estación antes de subirse al micro. La cuota que pagó fue más barata que la revista El Gráfico que compró en el kiosco cercano al andén para poder leer en el largo viaje en micro.
Los cigarrillos fueron otros de los protagonistas (se fumaba mucho más que ahora). Los atados traían su precio en una especie de estampilla en su parte superior. Por ley los kioskeros tenían prohibido vender a un valor diferente al indicado en el paquete. Pero ese precio cambiaba diariamente. Así comenzaron a venderse por unidad y muchos preguntaban el precio vigente en cada kiosco que se cruzaban hasta dar con uno que todavía los tenía al precio anterior.
El día de cobro de sueldo pasó a ser vital. Una diferencia de 24 o 48 horas podía hacer que el salario permitiera comprar 30% menos de dólares. La compra de dólares era la única manera que los argentinos encontraron para proteger en parte sus ingresos. No lo hacían con afán de ahorro ni especulador. Durante todo el mes irían cambiando dólares para afrontar los gastos de su vida cotidiana. El que se quedaba con australes en el bolsillo, la cartera o el colchón, estaba condenado a que se convirtieran en papel pintado, en algo sin ningún valor. Un gran ejemplo de eso fue el que dio la Revista Humor en la hiperinflación siguiente, en la del año 90 bajo el gobierno de Menem. En cada ejemplar pegó en la tapa un billete real, todavía en circulación, pero que ya no tenía ningún valor. Unos meses antes con ese billete se podían comprar varias revistas.

En esos tiempos no había transferencias ni tarjetas de débito. Las empresas pagaban con el dinero en efectivo en un sobre o con un cheque que se cobraba por caja. Una vez que la gente se hacía con su salario empezaba una carrera infernal y angustiante. Literalmente corriendo iban hasta la financiera más cercana y hacían una larga cola para comprar dólares. Era tanta la gente que se amuchaba que las colas podían ser de decenas de metros.
En la vidriera del local una pizarra informaba el precio del dólar. El cadete que debía cambiar la cotización durante esos meses tuvo días muy agitados. Todo el tiempo se modificaba, siempre a la alza. En la calle se escuchaban los murmullos, lamentos y hasta insultos de los que estaban en la cola y veían que el cálculo que habían hecho cinco minutos atrás ya había quedado inútil y había sido ingenuamente optimista.
Como el dinero cada vez valía menos, el gobierno emitía nuevos billetes, de mayor denominación, que a los pocos días ya valían muy poco. Llegó a haber billetes de 500.000 australes y monedas de mil.
La pobreza aumentó a 47%, se perdieron muchos puestos de trabajo, hubo desabastecimiento y saqueos. La crisis energética también hacía que hubiera apagones programados. Parecía que el caos ganaría la partida.
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La hiperinflación provocó la salida anticipada de Alfonsín del gobierno. Debió entregar el mando antes de lo previsto. Se había quedado sin poder real (Enrique Paixao, entonces secretario de Justicia, graficó: “Ya ni el café nos servían”) y, entre caos, pobreza creciente y precios y dólar desatados, la salida y la asunción del nuevo gobierno parecía lo más razonable. Para los meses finales eligió como ministro de Economía a un joven. Una noche Alfonsín llamó por teléfono a Jesús Rodríguez a la casa:
-Jesús, le tengo que pedir un favor.
-Por supuesto, Presidente. Lo que usted diga.
-Me tiene que ayudar a convencer a un amigo de que agarre el Ministerio de Economía.
-Uhhh, eso es difícil, ¿quién va a querer agarrar ese fierro caliente? Nadie. Pero lo intento. Dígame, Presidente, ¿quién es el amigo a convencer?
–Es un amigo muy querido. Se llama Jesús Rodríguez —dijo Alfonsín— y se hizo unsilencio muy largo en la línea, tanto que con las precarias comunicaciones de Entel cualquiera podría haber pensado que se había cortado la llamada, hasta que Jesús Rodríguez respondió:
-A usted no le puedo decir que no, Raúl.
Alfonsín consiguió su último ministro de Economía hablándole con el corazón.
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POLITICA
Reclaman al Gobierno la urgente repatriación de los argentinos varados en Medio Oriente

Ante la escalada del conflicto que se desarrolla Medio Oriente, un grupo de diputados de la oposición solicitó al Gobierno que, por medio de la Cancillería y el Ministerio de Defensa, arbitre los mecanismos para repatriar a los más de 600 argentinos que se encuentran varados en la región.
“El Estado argentino tiene la responsabilidad de proteger y asistir a sus ciudadanos en el exterior, particularmente en situaciones de crisis, conflictos armados o emergencias internacionales que comprometen su seguridad o su capacidad de desplazamiento”, argumentó la diputada Victoria Tolosa Paz (Unión por la Patria) en un proyecto de resolución que firmaron legisladores de su bloque y de Encuentro Federal.
El pedido opositor se da en momentos en que desde Dubai se confirmó la salida de tres vuelos con destino a Buenos Aires con pasajeros varados en la zona. Según confirmó la empresa aérea Emirates Airlines, los vuelos partirán desde Dubai el domingo 8, el lunes 9 y el martes 10.
El canciller Pablo Quirno señaló, en diálogo con LN+, que había alrededor de 600 ciudadanos varados en diferentes países afectados por el conflicto. “Hay 170 que están en Israel y 350 en Dubai. Dubai tiene 150 mil varados de todo el mundo en este momento”, detalló el canciller.
En efecto, el embajador argentino en Israel, Axel Wahnish, confirmó que al menos 260 argentinos permanecen varados en distintas ciudades del país. Según explicó el diplomático, muchos de ellos son turistas que quedaron atrapados tras la suspensión de los vuelos comerciales.
Ante esta situación, la diputada Tolosa Paz insistió en que se nuestro país reedite cuanto antes el operativo que, con éxito, llevó a cabo el año pasado durante la “guerra de los 12 días” también en Medio Oriente.
“Existen antecedentes recientes que demuestran la capacidad del Estado argentino para llevar adelante operativos de evacuación y repatriación en contextos complejos -sostuvo-. El año pasado el gobierno argentino organizó un puente aéreo humanitario para evacuar ciudadanos argentinos desde Israel. El operativo fue coordinado entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Defensa, y contó con la participación de aeronaves C-130 Hércules y un Boeing 737 de la Fuerza Aérea Argentina, que realizaron vuelos de evacuación hacia Roma”.
La diputada señaló que diversos países ya activaron mecanismos de repatriación para asistir a sus ciudadanos. “Frente a esta situación, resulta razonable que la República Argentina evalúe la implementación de mecanismos similares de asistencia y repatriación, coordinando acciones entre Cancillería, el Ministerio de Defensa y las representaciones diplomáticas en el exterior”, insistió Tolosa Paz en su proyecto, el cual cuenta con la firma de una treintena de diputados de su bancada, como así de sus colegas Nicolás Massot (Encuentro Federal) y Esteban Paulón (Socialismo).
escalada del conflicto que se desarrolla Medio Oriente,la salida de tres vuelos con destino a Buenos Aires,Guerra en Medio Oriente,Conforme a,,Pese al veto de Karina Milei. Gerardo Milman, exmano derecha de Bullrich, consiguió un cargo en el Senado,,Frente al juez y el fiscal. El director general de la AFA se negó a responder preguntas,,Condena por Vialidad. El fiscal de la Casación reclamó el inmediato remate de los bienes de los hijos de Cristina Kirchner,Guerra en Medio Oriente,,Noruega. Se reportó una «fuerte explosión» en Oslo, cerca de la embajada de EE.UU.,,Parte de guerra, día 9. Guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán: todo lo que hay que saber,,»Sería fantástico». Trump planteó la posibilidad de enviar tropas a Irán para controlar reservas de uranio enriquecido
POLITICA
El último triunfo de Karina, la advertencia de Milei a Scioli y la reacción de Santiago Caputo

En un solo acto, Javier Milei le sacó Justicia y le dio un largo abrazo a Santiago Caputo durante la jura del nuevo ministro, la reciente victoria de Karina Milei. Después, siguió con los saludos. Detrás, Daniel Scioli ofrecía la mano como un yo-yo a la espera de ser correspondido, hasta que el Presidente encontró el apretón y entregó un diálogo que resume magistralmente la interna del gobierno.
-JM: Hey, Pichichi, ¿qué haces, vos? ¿Me estás amagando con una gambeta?
-DS: Javier, cómo voy a amagar si jugamos en el mismo equipo.
Milei sonrió. Santiago Caputo miró la escena en silencio. Una mano sobre la boca y la otra dentro del bolsillo. Aun rebanado, el poder simbólico y real que conserva el asesor es monumental.
¿La Hermana de Hierro ahora va por la SIDE? “Es lo que operan los Menem. Si estás un año diciendo lo mismo, algún día la vas a pegar”. El entorno de Caputo ya suena a resignación.
Interna y furia
La interna siempre está. A veces llega al ridículo: el presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, el peronista Alejandro “El Facha” Dichiara tuvo que frenar a un enviado del karinista Sebastián Pareja cuando quiso negociar las comisiones: “Flaco, eso lo hablo con tu presidente de bloque”. O sea, con el caputista Agustín Romo.
Cerca del asesor presidencial dan sentido (o chicana o un poco y un poco) al manotazo sobre Justicia. “No es repentino y antojadizo que a Karina se le ocurriera limpiar a (Sebastián) Amerio”.
La maldad siempre la facturan en la cuenta de los Menem, Martín y Lule. Amerio ni figuró en la transmisión oficial de la Asamblea Legislativa. Pura ironía. La cámara lo esperaba, en vivo y en directo durante un Zoom del Consejo de la Magistratura, para recibir la peor de las noticias: estaba afuera. A él que quería ser ministro. “Estaba recontra furioso”, admiten cerca suyo. Tuvo castigo y consuelo: el cargo de procurador del Tesoro.
Mariano Cúneo Libarona ya había renunciado tres veces y avisó que el límite era marzo: “Yo me voy, me voy, me voy”. En el caputismo dicen que es “lógico” que, ante las causas ANDIS y $Libra que golpean en la puerta de la hermandad presidencial, Karina Milei quiera poner “a alguien propio”.
¿Me estás gambeteando? es la duda que plantó Milei en la humorada con Scioli delante de Caputo. La frase era para Pichichi, pero sonaba para Caputo. La intriga siempre está. ¿El Triángulo de Hierro devenido en una triangulación de mensaje?
“Amerio voló porque ningún ministro se va a bancar que el secretario de Justicia le maneje el Ministerio, como pasaba con Cúneo”, dicen en Las Fuerzas del Cielo y separan: “Ahora, una cosa es eso y otra es ‘viene la embestida’, que no es cierto, porque cuando nos daban por muertos, Santi sumó el área nuclear’”.
Justicia pasa de Caputo a Karina. Fin. No hay dudas. Ahora, cómo sigue la confrontación con la AFA con el ingreso al Gabinete de Juan Bautista Mahiques, anticipado por TN el domingo último. “Juan es un exponente de la familia judicial. No va a entrar pateando tachos”, dice un abogado-político muy cercano. Más que un millón de amigos, el nuevo ministro de Justicia habla con Sergio Massa y Wado de Pedro. La playa de Pinamar siempre los encuentra.
Para el pragmatismo de Milei, está la “alegoría de la mesa”. La anécdota la cuenta uno de los funcionarios más cercanos de Milei. “Antes de asumir nos dijo reunidos en una mesa: yo vivo en esta casa alquilada, con esta mesa que no me gusta. Pero hasta que la pueda cambiar, la tengo que usar. Lo mismo va a pasar con el Estado”.
Karina, la dueña de las lapiceras
Ahora Karina Milei es ambidiestra: en una mano, la lapicera política; en la otra, la judicial. En noviembre, a días de ganarle a Caputo la pulseada en las elecciones del 26 de octubre, empezó a barajar la carta judicial. Esta semana, reunió a los presidentes de LLA de las provincias, con una prioridad: “Boleta Única y eliminación de las PASO en todos los territorios (que puedan)”. Hay más de 200 pliegos de jueces para nombrar (y negociar). La nueva Corte, ya dijo el nuevo ministro, puede esperar.
Mahiques descabezó el ministerio. Hasta cayó Daniel Vítolo, el titular de la Inspección General de Justicia, la cara mediática del Gobierno en la confrontación con la AFA. “Nadie habló conmigo ni me mandó mensaje alguno. Hoy trabajamos normalmente. Incluso sacamos la resolución para solicitar veedores en la Superliga”, decía desconcertado.
“Veedores, sí. Pacto, no”, fue la bajada de Mahiques. ¿Será la AFA para Milei, el símil del campo para Cristina Kirchner? El ruido con la UIA es incipiente y no escala a la institucionalidad. Milei caza en el zoológico, por unidad, contra los “empresarios prebendarios”.
De tanto en tanto en la Argentina asoma un “doble poder”. Lenin usó el concepto para explicar la puja entre los soviets y el gobierno provisional en la Rusia de principios de siglo XX. Lenin reclamaría todo el poder para los soviets. Dos poderes que rivalizan, miden fuerzas, hacen acuerdos provisorios y retoman la confrontación. El mensaje de Milei: “No me van a llevar puesto como a Macri”.
La diplomacia paralela de la AFA que regresó a Nahuel Gallo a la Argentina disparó la furia de Patricia Bullrich: “A Germán Giuliani no lo trajeron porque solo tenían un objetivo político”.
La triple entente fueron Claudio “Chiqui” Tapia, Marcela Pagano y su esposo Franco Bindi. El Gobierno atribuye a Bindi los audios de Diego Spagnuolo, difundidos por Carajo, el streaming que adjudican a Pablo Toviggino, el tesorero de la AFA. Todo derivó en la causa ANDIS.
Para los Milei fue un golpe preparado, contemporáneo con la derrota en las elecciones desdobladas en la provincia de Buenos Aires y las turbulencias financieras del septiembre negro. Fueron horas desesperantes. Todo volvió al cauce por el rescate de los Estados Unidos.
Paradojas. En septiembre, fue el último partido de la Argentina en el país ante Venezuela, en el Monumental. Entonces, la ministra de Seguridad había querido impedirle el ingreso a Buenos Aires a Jorge Giménez, presidente de la Federación Venezolana de Fútbol. Giménez también andaba con ganas de mojarle la oreja al Gobierno. Saboreó el llamado de Tapia.
La FVF tiene lazos directos con Delcy Rodríguez. Los memoriosos recuerdan: “Giménez es ficha directa. De hecho, estuvo en el vuelo a España de hace años, cuando le prohibieron entrar a Europa”. El episodio es conocido como Delcygate. Fue el 20 de enero de 2020. Coincide con el momento de efervescencia del vínculo atribuido a Bindi con PDVSA.
La intimidad del operativo Gallo
El plan perfecto de Chiqui Tapia era la foto de él con Gallo. Sin conocer el desenlace, la Justicia no autorizó el viaje. El presidente de la AFA envió a Luciano Nakis, “El secanuca” y a Fernando Isla Casares, “El Gaucho”.
El Gobierno y la AFA jugaron al polidron. Patricia Bullrich ordenó desviar el avión. La AFA tenía pensado aterrizar en Tucumán. Milei visitará la provincia entre el 19 y el 20 de marzo, después del viaje a los Estados Unidos. El 12, espera recibir al secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, que tenía previsto asistir el 11 a la asunción de Antonio Katz en Chile, si el conflicto en Medio Oriente no escala aún más.
Ni bien llegaron Nakis y Casares, la PSA tomó el control. La Gendarmería ingresó al avión. “¿¡Qué es esto!? ¿Estoy en mi país?”, el gendarme Gallo explotó de alivio y conmoción. “No entendía nada. Imaginate que con los de la AFA no sabía si el rescate era cierto. Nada. Recién pudo tranquilizarse cuando vio a la Gendarmería”, dicen en el Gobierno.

“Patricia, dejanos quedarnos, nosotros te conocemos”, les dijeron Nakis y Casares. “¡No, fuera!» fue la respuesta que recibieron.
Al día siguiente, “El Gaucho” Casares estuvo, enviado por Tapia, en la Asamblea Legislativa que inauguró Axel Kicillof. Compartió palco con los intendentes chiquifriendly: Nicolás Mantegazza (San Vicente), Gastón Granados (Ezeiza) y Federico Otermín (Lomas de Zamora). Ahora los llaman “los tres mosqueteros”. Algunos, con ironía, hacen un juego de palabras: “los tres ‘moscateros’”. “En esos municipios hay mucha mosca. Son los intendentes ricos del conurbano, sobre todo uno de ellos”, dicen en el peronismo.
Director de protocolo y empresario agropecuario, “El Gaucho” llegó a pagar 28 millones por una vaquillona en la Rural, una cifra récord.
Luciano Nakis, más conocido como “el secanuca del Chiqui”, es el hijo Noray Nakis, dirigente de Deportivo Armenio, dueño de joyerías en la calle Libertad y el que le regaló a Julio Grondona el anillo de oro con la leyenda “Todo pasa”.
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Escala la polémica por el nombramiento del Toty Flores: la respuesta de La Matanza y la furia de La Cámpora

La decisión del intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, de incorporar en su gabinete municipal a dirigentes de Pro y a Héctor “Toty” Flores, referente de la Coalición Cívica y excandidato a vicepresidente de Elisa Carrió en 2015, desató una inédita discusión en el peronismo de la provincia de Buenos Aires.
“La verdad es que habiendo tantos buenos compañeros peronistas en La Matanza ir a buscar a los del Pro no tiene sentido; además es subestimar a los votantes, que eligieron peronismo y ponen antiperonistas a gobernar”, dijo Facundo Tignanelli, titular del bloque kirchnerista y aliado de Máximo Kirchner, en diálogo con .
Espinoza, uno de los principales aliados del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, incorporó también a Jorge Lampa y Laura Greco, ambos con trayectoria en Pro.
Flores, exdiputado nacional de Juntos por el Cambio y concejal de La Matanza hasta diciembre pasado, quedó a cargo de la Subsecretaría de Economía Social y Productiva. En las elecciones nacionales de octubre pasado, el también dirigente social -conduce la cooperativa La Juanita de Laferrere- había integrado la lista de la Coalición Cívica.
Miguel Saredi, uno de los principales dirigentes de Espinoza, le salió al cruce a Tignanelli.
“El Peronismo tiene una responsabilidad histórica: Volver a representar a la mayoría del pueblo argentino, y no solos a las minorías, a las que se dedicó una parte del kirchnerismo -le contestó Saredi-. Por eso sorprenden las críticas del dirigente camporista Facundo Tignanelli a la incorporación de dirigentes provenientes de otros espacios políticos al gabinete municipal de Fernando Espinoza en La Matanza. El peronismo nunca fue una secta”.
El ladero de Máximo Kirchner dijo que Espinoza primero trajo «porteños a la gestión, ahora ponen antiperonistas; eso explica por qué La Matanza está como está; hay basura por todos lados, nadie gestiona nada, hay 250 mil palos en un plazo fijo que no se usan para resolver problemas de los vecinos”.
“El movimiento fundado por Juan Domingo Perón nació como un movimiento nacional amplio, capaz de convocar a dirigentes de distintos sectores -replicó Saredi-. Incluso la propia Cristina Fernández de Kirchner ha mostrado en los últimos días la necesidad de ampliar el diálogo político (o acaso no vio las fotos con Miguel Ángel Pichetto por ejemplo). Ampliar no es traicionar. Ampliar es volver a representar. Cuando la política se vuelve sectaria, se aleja del pueblo. Y cuando se aleja del pueblo, deja de ser peronismo”.
Durante el relanzamiento de su gestión, Espinoza sugirió que la oposición debe unirse para armar un gran frente contra Javier Milei. “Estamos fundando un movimiento de unidad nacional que trasciende al propio peronismo: un espacio amplio, generoso y profundamente comprometido con nuestro pueblo”, dijo.
Para el camporista, en cambio, el intendente “compró” dirigentes opositores. “Eligieron comprar opositores para no tener críticas, en vez de resolver los problemas de los y las matanceras”, sostuvo el colaborador de Máximo Kirchner.
Ante la consulta de , el diputado nacional Maximiliano Ferraro y la presidenta de la filial bonaerense de la Coalición Cívica, Maricel Etchecoin, lamentaron la incorporación de Flores al gabinete de Espinoza. Carrió también se mostró apenada por el giro de su ladero, pero aseguró que su relación personal no cambiará. “La decisión de Toty me rompió el corazón, pero nuestro vínculo no va a cambiar”, dijo a este medio.
La Matanza,Conforme a,La Matanza,,Un giro sorpresivo. Toty Flores, ladero fiel de Carrió, se sumó al gabinete de Fernando Espinoza en La Matanza,,El avance del narcotráfico y la desprotección social,,Video. Las últimas imágenes con vida de las tres chicas de La Matanza que hoy encontraron muertas
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