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El día que Buenos Aires fue una zona de guerra: Seineldín, tanques en las calles, muertos y un golpe fallido

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Fue el cuarto levantamiento carapintada, casi una costumbre de esos primeros años democráticos. Un mal hábito. Pero fue el peor de todos y el último. El más sangriento. Dejó 14 muertos y casi 200 heridos. El centro de la ciudad quedó bajo una larga balacera durante horas. Un tanque atropelló un colectivo de línea asesinando 5 pasajeros. Un jefe militar se pegó un tiro en la sien en su puesto de comando un tanque. A un periodista le acertaron un balazo en la cabeza. Los rebeldes no pusieron contar con el factor sorpresa y el gobierno de Menem, avisado y decidido, reprimió y sofocó el levantamiento comandado por Mohammed Alí Seineldín para el atardecer. La mesiánica aventura carapintada llegó a su fin con un telón sangriento.

Bajo el camuflaje retórico de reivindicaciones, Seineldín y sus hombres trataban de cambiar las reglas del ejército y también de la sociedad. Quisieron imponer sus normas, sus parámetros, sus condiciones, sus hombres y sus estructuras por la fuerza. A sangre y fuego.

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La relación entre Seineldín y Menem había sido fluida durante unos años. Antes de las elecciones hubo contactos y declaraciones del riojano en favor del militar. Su esposa Zulema Yoma también abogaba por él. Hasta lo propuso como jefe del ejército. Menem lo indultó en su primera tanda de perdones presidenciales por el levantamiento de Villa Martelli. Ya en libertad, Seineldín acudió en, al menos, un par de oportunidades a Olivos. A mediados de 1990 comenzó a presionar de nuevo; el gobierno, decía, no le había cumplido lo pactado. Escribió una carta pública al presidente: “Están dadas las condiciones para que sucedan acontecimientos reivindicatorios de tal gravedad que ni usted ni yo estamos en condiciones de precisar”. Una amenaza. Ordenaron 60 días de arresto. Pasó por distintos lugares hasta que terminó en San Martín de los Andes. Seineldín estaba cómodo, residía en el casino de oficiales. Mientras tanto conspiraba.

Seineldín pasaba sus días de prisión en San Martín de los Andes, en una unidad militar. Una de las claves era que él, su líder indiscutido, abandonara su lugar de reclusión y apareciera en Buenos Aires dirigiendo el levantamiento. De la ventana de su habitación colgó sábanas anudadas para que pareciera que se había escapado de improviso. Pero nada de eso sucedió. Salió caminando por la puerta principal con la connivencia de quienes debían ser sus cuidadores. Pero eso fue lo único que le salió bien ese día. El plan original era partir en avión hacia la Capital. El gobierno, enterado de sus planes, reforzó el aeródromo de Chapelco, desde donde partiría. El plan de fuga de Seineldín era poco realista y dependía de muchas factores y de que nadie defeccionara en el medio. Luego de salir del cuartel de San Martín, se trasladaría a Chapelco, de allí tomaría un avión que aterrizaría en el aeroparque de Buenos Aires, en una zona que sus hombres liberarían; en Aeroparque lo esperaría un helicóptero que finalmente lo depositaría en el edificio Libertador. Cada uno de los eslabones de esa cadena fracasó. Seineldín quedó esperando en la madrugada neuquina, solo, sentado en una estación de servicio, la llegada de tropas rebeldes que nunca arribaron. Los de la Fuerza Aérea tampoco se unieron pese a las promesas anteriores. El plan B era ir por tierra, en auto, hasta Buenos Aires: alguien pensó que podían sortear todos los controles que pusiera el gobierno apenas supiera del viaje de Seineldín. Tampoco pudo ser por ruta, porque nadie se ofreció a trasladar al militar. Seineldín derrotado regresó a su acomodado lugar de reclusión. Debe tratarse del primer fugado de la historia que vuelve motu propio caminando por la puerta principal para seguir detenido. Dos horas después Seineldín estaba sentado otra vez en su cama y escuchaba con inquietud las noticias que la radio traía.

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El levantamiento de 1990 dejó 14 muertos y casi 200 heridos. (Foto: DYN)

Mientras Seineldín resignaba el escape, Menem era despertado a la madrugada para avisarle de la situación. Dicen que a las 5 de la mañana en jean y camisa ingresó a la Casa Rosada con un arma en la cintura. Se puso al tanto de la situación y ordenó que se reprimiera el levantamiento sin negociación posible. Algunos de los que reivindican su gestión sostienen que utilizó una frase de los caudillos federales del Siglo XIX: ¡A degüello!

El plan incluía la toma de varios lugares claves y que luego, por efecto contagio, se sumaran otras unidades.

A las tres de la mañana, los rebeldes tomaron el Edificio Libertador, el Regimiento de Patricios en Palermo, el Batallón 601 de inteligencia, varios tanques partieron de Entre Ríos a Buenos Aires, en el edificio de Prefectura hubo 400 sublevados (que pedían por los integrantes del grupo Albatros que estaban detenidos desde Villa Martelli), la fábrica de tanques TAMSE en Boulogne también fue ocupada. Este último punto, menospreciado durante buena parte del día, sería el foco de algunos de los momentos más dramáticos, dolorosos y demenciales de la jornada.

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Los rebeldes apuntaron a grandes objetivos: el edificio sede del ejército, la oficina de la comandancia, el principal sitio de inteligencia, la fábrica de tanques, el centro de comunicaciones y el lugar de los blindados.

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El despliegue fue grande y violento. La respuesta del gobierno, muy veloz, y, a diferencia de las asonadas anteriores, inclemente. Por primera vez los militares leales, comandados por Martín Bonnet y Martín Balza, dispararon contra sus camaradas. El cambio de actitud se debió a múltiples factores. En 1990 las condiciones políticas habían cambiado; ya no gobernaba Alfonsín y pesaba el fracaso de los tres levantamientos previos; el gobierno estaba avisado: tanto es así que en algún diario dominical se anunció que al día siguiente o a más tardar el martes, se produciría un levantamiento carapintada (el ministro de Defensa Humberto Romero había puesto en alerta a todas las unidades); la respuesta de Menem fue inmediata y ordenó reprimir; la ausencia de Seineldín dejó sin líder visible el movimiento; y, por último, el motivo que impidió que otros que pensaban sumarse durante el día, no lo hicieran: el asesinato de dos militares de alto rango en el Regimiento Patricios por parte de los rebeldes.

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Enterados de la toma del Regimiento de Patricios, llegaron al lugar dos de sus jefes, el teniente coronel Hernán Pitta, segundo jefe del Regimiento, y el mayor Federico Pedernera, jefe de operaciones de la unidad. Junto a algunos hombres ingresaron de civil al lugar para intentar recuperar la unidad. Se impusieron los carapintadas por la disparidad de fuerzas. Pitta y Pedernera fueron atacados por los rebeldes y asesinados a tiros. Y rematados con disparos en la cara. También murió un conscripto.

La gran diferencia de este levantamiento militar con los tres anteriores fue su violencia. Más allá de la multiplicidad de objetivos a tomar, en ninguno se había disparado contra camaradas y público. La excepción había sido en Villa Martelli, también comandado por Seineldín en el había habido tres muertos (la gente por primera vez había reaccionado y los rebeldes dispararon).

Mohamed Ali Seineldin, líder de los alzamientos «carapintadas» (Foto: DYN)

A partir del asesinato de Pitta y Pedernera hubo fuertes intercambios de disparos tanto allí como en el edificio de prefectura y en el Edificio Libertador.

Todo se había salido de control.

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Antes de que comenzara, el operativo, en las cercanías del edificio de Prefectura, había dos periodistas esperando novedades. Jorge Grecco de la revista Somos y Fernando Carnota de Radio Mitre. A sus medios les habían avisado de la asonada. Horas despues ambos fueron heridos. Grecco en el hombro, a Fernando Carnota le dispararon a la cabeza, salvó su vida de milagro después de pasar más de una semana en terapia intensiva.

Otra pregunta sobrevuela cuando se recuerdan paso a paso los hechos de ese día: ¿Qué hubiera sucedido si los rebeldes hubieran triunfado? ¿Tan sólo un cambio en la cúpula militar? Difícil creerlo. Y difícil también ver alguna posibilidad de éxito a esta aventura alucinada, carente de realidad, desbordada de mesianismo.

Algunos de los Carapintadas, al ver que no sólo no se plegaban otras unidades, sino que eran reprimidos por los leales, se fugaron de sus puestos.

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El centro de la ciudad se convirtió en un campo de combate. Los de brazalete colorado eran los rebledes; los de blanco, los leales. Se escuchaban balaceras y detonaciones. El avión presidencial con el vicepresidente Duhalde dentro fue baleado cuando se acercaba al helipuerto de la Casa Rosada.

A media mañana, el mayor Hugo Abete salió a hablar con la prensa, se convirtió en el vocero carapintada. Descartó que se tratara de un golpe de estado pero afirmó que al único comandante que reconocían como legítimo era a Seineldín y desestimó al resto del generalato. Marcó ese levantamiento como una continuación de los tres anteriores y dijo que estas iban a seguir pasando. En ese punto Abete y sus secuaces se equivocarían.

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Una foto de Ricardo Ceppi resume el estado de ánimo de buena parte de los rebeldes. Es un primer plano estremecedor. Casi como cumpliendo con el lugar común, el hombre tiene toda la cara cubierta tiznada, un verdadero carapintada. La crispación en cada uno de sus gestos, ojos furiosos, la boca estrangulada en un grito de rabia y abajo del cuadro se asoma el arma con la que está apuntando a los periodistas. Después se supo que se trataba del sargento Guillermo Verdes quien sobre el final de la jornada murió de un disparo en la cabeza que recibió de un francotirador leal en la pugna por recuperar el último de los edificios tomados.

Avanzado el día, y mientras las noticias que llegaban no eran buenas, los amotinados en TAMSE se pusieron nerviosos. Decidieron salir con los tanques a la calle. Después de una primera incursión con unas pocas unidades, regresaron y salieron en caravana casi diez tanques. Se supone que pretendían llegar hasta el centro de la Capital, donde todavía se combatía. Todo terminó en una tragedia. Uno de los tanques arrolló un colectivo de la Línea 60 y produjo un desastre. 5 muertos y varios heridos, algunos de gravedad.

De los centenares de detenidos durante esa jornada fueron condenados unos quince con diferentes penas de prisión. (Foto: DYN)
De los centenares de detenidos durante esa jornada fueron condenados unos quince con diferentes penas de prisión. (Foto: DYN)

Unos minutos después dentro de uno de los tanques, el coronel Jorge Alberto Romero Mundani– segundo mejor promedio de la historia del Colegio Militar-, que encabezaba la acción, se pegó un tiro en la sien sentado en la cabina de mando. Algunos dicen que sus últimas palabras fueron: “Ya me rendí en Malvinas, no lo volveré a hacer”. Es probable que haya sido el responsable de más muertes en esta aventura urbana que en el conflicto bélico.

Poco después, los que estaban en TAMSE se rindieron ante las fuerzas leales. El que comandó la rendición de sus hombres fue Héctor Romero Mundani que lo hizo rodeado de sus hombres deponiendo la actitud y con el cadáver de su hermano a sus pies.

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El Regimiento de Patricios fue recuperado después de varias horas de enfrentamientos. El General Balza, segundo hombre en importancia del ejército en ese momento, comandó las operaciones. Como llegó de madrugada al lugar y su ropa estaba en lugares tomados por los rebeldes, buscó al conscripto más alto que encontró y le ofreció (le exigió) un cambio de vestimenta; los borceguíes le sacaron ampollas. Balza y sus hombres se dirigieron al Edificio Libertador, el último foco rebelde. No parecían dispuestos a rendirse. Seguían disparando. Recién a las 7 de la tarde los carapintadas se rindieron. Y la rebelión se había sofocado.

El gobierno había obtenido un gran triunfo y respiraba aliviado. El 5 de diciembre, 36 horas después, recibía la visita del presidente de Estados Unidos George Bush.

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Un recuerdo personal: ese 3 de diciembre yo estaba en la facultad dando un examen de mi primer año de abogacía. La sede quedaba en la calle Moreno. En un aula alargada el silencio y los nervios del examen oral ante una severa mesa examinadora era interrumpido por detonaciones. Alguien en broma y susurrando dijo que “deben estar cagándose a tiros en la Casa Rosada”. No falló por mucho. Un empleado de la facultad, ingresó al salón y le dijo algo al oído al titular de la cátedra que no pareció acusar recibo. Cuando me tocó mi turno de dar examen, poco minutos después -sería media mañana-, el empleado volvió a ingresar. otro mensaje al oído y la cara del profesor se transformó. Recién estaba empezando mi exposición. El profesor me interrumpió: “Muy bien, eso está muy bien”, mintió porque yo no sabía demasiado del tema y estaba tartamudeando. Me hizo una pregunta muy sencilla y en la mitad de la respuesta, me volvió a cortar: “Lo felicito. Está aprobado” dijo mientras se levantaba. “Se suspenden los exámenes. Afuera se están matando. Me voy a buscar a mi hija al colegio. Tengan cuidado” y salió al trote del aula, seguido por sus dos ayudantes. Cuando salimos del edificio había olor a pólvora y los ruidos de los disparos sonaban muy cercanos. Nos alejamos todo lo que pudimos. Tardamos varias horas en volver a nuestras casas.

De los centenares de detenidos durante esa jornada fueron condenados unos quince con diferentes penas de prisión. Seineldín fue condenado a cadena perpetua, pero en 2003, horas antes de dejar su gobierno, el presidente Duhalde lo indultó junto a Gorriarán Merlo.

Seineldín murió el 2 de septiembre de 2009 por una crisis cardíaca. Tenía 75 años.

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carapintadas, Carlos Menem, Martín Balza

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Milei sostiene a Adorni, busca retomar el control de la agenda política y enfrenta la ofensiva de la oposición

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Marzo no suele ser un mes benigno para el poder. La advertencia atraviesa siglos y geografías. Desde la Roma de Julio César hasta la Argentina contemporánea, los terceros meses del calendario concentran crisis, quiebres políticos y puntos de inflexión. No es una categoría científica, pero sí una regularidad histórica que la política —siempre atenta a los símbolos— incorpora como marco interpretativo. En ese registro, Javier Milei transita su propio “idus de marzo”, en el tercer mes de su tercer año de Gobierno, con un combo que combina presión política, ruido judicial y señales económicas ambiguas.

El paralelo no es meramente retórico. La política argentina tiene una relación recurrente con marzo como punto de inflexión. Cristina Kirchner lo experimentó en 2008, cuando el 11 de ese mes firmó la resolución 125 que detonó el conflicto con el campo. Aquella decisión no solo abrió una crisis sectorial: terminó con el “voto no positivo” de Julio Cobos, selló la ruptura con amplios sectores del interior y coincidió con el inicio de la crisis subprime internacional, que tuvo en la caída de Bear Stearns su primer síntoma estructural antes del colapso de Lehman Brothers. Líos afuera, que encontraron a la Argentina con líos adentro.

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Mauricio Macri, a su vez, tuvo su propio marzo crítico en 2018. Fue cuando pronunció aquella frase —“lo peor ya pasó”— que quedó desmentida por los hechos semanas después, cuando anunció el regreso de la Argentina al Fondo Monetario Internacional, marcando el inicio del tramo final de su gobierno. Alberto Fernández también enfrentó su momento de inflexión en marzo de 2022, con el impacto global de la invasión rusa a Ucrania y la ruptura interna del Frente de Todos, cristalizada en el voto en contra de La Cámpora al acuerdo con el FMI y la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque oficialista.

El presente no desentona. Milei llega a este marzo con un frente externo complejo —marcado por una nueva escalada bélica en Medio Oriente, con impacto directo en los precios internacionales del petróleo— y con tensiones internas que combinan variables económicas, judiciales y políticas. A ese cuadro se suma la crisis en desarrollo por el caso $Libra y las acusaciones que alcanzan al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a partir de la revelación de su viaje a Nueva York y Punta del Este.

En ese contexto, el Presidente regresó de Hungría y tomó una decisión política inmediata: sostener a Adorni y ordenar la gestión. La conversación que mantuvo con su jefe de Gabinete fue, en ese sentido, un gesto de respaldo explícito. No habrá cambios en el equipo. La lectura en la Casa Rosada es que ceder en este punto implicaría validar el eje de ataque que impulsa la oposición.

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Manuel Adorni en la Argentina Week

Milei está particularmente fastidiado por lo que considera una ofensiva coordinada. En los últimos días, intensificó su actividad en redes sociales, donde cuestionó con dureza las coberturas que describen un clima de deterioro económico y social. Su diagnóstico es que existe una intencionalidad política en la construcción de esa narrativa, que no se condice —según su visión— con los datos duros de la economía.

En ese plano, el Gobierno exhibe cifras que considera contundentes. El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, sintetizó esa mirada en un mensaje público: la economía creció 4,4% interanual en 2025, con un incremento del 16,4% en la inversión, del 7,9% en el consumo privado y del 7,6% en las exportaciones. En el cuarto trimestre del año pasado, el PBI se expandió 0,6% en términos desestacionalizados y 2,1% en comparación interanual. A precios constantes, el producto alcanzó un máximo histórico, ubicándose 1,1% por encima del pico previo de 2022. Doce de los dieciséis sectores de actividad mostraron subas, con destaque para hoteles y restaurantes (+7,4%), el agro (+6,2%) y la construcción (+4,3%).

Sin embargo, esos datos conviven con señales más complejas en la microeconomía y en los ingresos que vienen corriendo de atrás la inflación. Ya no existe el desquicio de las remarcaciones cotidianas del último gobierno kirchnerista, pero las correcciones en las góndolas encuentran a la mayoría de los asalariados con sus ingresos casi estancados. Ese contraste entre los indicadores macro y la percepción cotidiana alimenta la disputa por el relato. Para el oficialismo, los datos estructurales validan el rumbo. Para la oposición, la experiencia diaria de los ciudadanos desmiente ese optimismo. En ese terreno, se inscribe la ofensiva política que el Gobierno identifica como un intento de erosionar su capital simbólico.

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El presidente Javier Milei, junto a su jefe de Gabinete, Manuel Adorni (Foto: JUAN MABROMATA / AFP)

El caso $Libra funciona como catalizador de esa disputa. La revelación de información vinculada al celular de Mauricio Novelli —el empresario detrás de la fallida memecoin— y las denuncias que alcanzan a Adorni son leídas en la Casa Rosada como parte de una secuencia que excede lo estrictamente judicial. Sin pruebas concluyentes, en el oficialismo hablan de una “confabulación” que combina elementos verosímiles con otros que consideran operaciones.

La idea de una ofensiva más o menos concertada recorre los despachos oficiales. El objetivo, según esa interpretación, sería condicionar al Gobierno o forzarlo a modificar su rumbo. Milei, que durante la campaña se definía como un “fundamentalista de la verdad”, sostiene ahora que su gestión tiene en la moralidad uno de sus pilares centrales. En ese marco, todo lo que apareció en las últimas semanas es encuadrado como parte de una estrategia para atacar ese eje.

Esa convicción explica también la decisión de sostener a Adorni y de reposicionarlo en la gestión. El jefe de Gabinete tendrá en los próximos días una agenda intensa de reuniones con ministros y figuras clave del oficialismo, entre ellas la ministra de Seguridad y presidenta del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich. El objetivo es claro: ponerlo al frente de la coordinación política en un momento de alta exposición.

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La agenda parlamentaria será uno de los frentes a reactivar. La Casa Rosada había lanzado una serie de iniciativas la semana pasada, pero el ritmo quedó alterado por los viajes presidenciales y por la irrupción de las controversias judiciales. Ahora, la intención es retomar ese impulso, en paralelo con una señal institucional relevante: el envío al Senado de pliegos para cubrir vacantes judiciales.

El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, tiene previsto iniciar ese proceso en los próximos días. Se trata de más de 300 cargos sin cubrir en todo el país, una situación que afecta el funcionamiento del Poder Judicial. La iniciativa no solo apunta a mejorar la operatividad del sistema, sino también a recuperar iniciativa política en un terreno —el judicial— donde el Gobierno quedó a la defensiva.

En paralelo, el oficialismo buscará disputar el sentido de la agenda pública en torno a los 50 años del golpe militar. Esta noche se difundirá un anticipo del video institucional elaborado por el equipo audiovisual de Santiago Oría. Mañana, por la mañana, se conocerá la versión completa: una pieza de cerca de una hora que incluye testimonios de hijos de militares y de desaparecidos y que retoma la idea de la “historia completa”.

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El concepto ya genera rechazo en organismos de derechos humanos, que advierten una reedición de la teoría de los dos demonios. Pero en el Gobierno lo consideran una herramienta central para dar la batalla cultural en un terreno que históricamente fue dominado por el kirchnerismo.

Ese contrapunto tendrá su correlato en la calle. La marcha convocada para mañana a Plaza de Mayo, con acto central a las 16.30, será una demostración de fuerza de la oposición. Participarán todas las vertientes del peronismo —desde La Cámpora hasta el PJ tradicional y el Frente Renovador de Sergio Massa—, además de la CGT, que movilizará de manera institucional, y distintos movimientos sociales. También estará el radicalismo y todas las expresiones de izquierda y de organismos de derechos humanos.

Estará presente el gobernador bonaerense Axel Kicillof, que impulsa su espacio Movimiento Derecho al Futuro con proyección presidencial, con el respaldo de sectores como Madres de Plaza de Mayo. La Cámpora, por su parte, marchará desde la ex ESMA hasta Plaza de Mayo, con una parada simbólica frente a San José 1111, donde Cristina Kirchner cumple arresto domiciliario.

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La escena condensa la grieta en su máxima expresión. No se trata solo de una disputa política, sino de una confrontación de narrativas sobre el pasado reciente y sobre el presente. Para el Gobierno, es una oportunidad de diferenciarse y de recuperar iniciativa. Para la oposición, un escenario para mostrar volumen y cuestionar al oficialismo en un terreno sensible.

En ese contexto, la referencia a los “idus de marzo” adquiere un valor más que literario. En “Julio César”, Shakespeare construye una advertencia que el protagonista escucha pero desestima. “Cuídate de los idus de marzo”, le dice el adivino. César oye, pero no actúa. Cuando llega el día señalado, la amenaza ya está en curso.

La política argentina no replica tragedias clásicas, pero sí reproduce lógicas de acumulación y ruptura que encuentran en marzo un momento de condensación. Milei enfrenta ese escenario con una estrategia definida: sostener a su equipo, confrontar con la oposición y retomar el control de la agenda.

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No habrá repliegue ni concesiones. La apuesta es avanzar en medio de la tormenta, confiando en que su base electoral se mantiene sólida y en que los datos económicos terminarán imponiéndose sobre las percepciones negativas. Es una jugada de alto riesgo. Porque, como en la obra de Shakespeare, la advertencia puede ser escuchada, pero la clave está en cómo se la interpreta. Y, sobre todo, en si se actúa a tiempo.

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Mientras afina su estrategia judicial contra la reforma laboral, la CGT se suma a la propuesta de armar un frente opositor a Milei

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Tras los primeros reveses en tribunales, la Confederación General del Trabajo (CGT) sostiene la vía judicial para intentar frenar aspectos de la reforma laboral, pero en paralelo reactiva su presencia en las calles al sumarse a la movilización por el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia y empieza a intervenir en la discusión política del peronismo con una propuesta que excede al partido.

En la central obrera hay preocupación por la caída del empleo y el deterioro del ingreso, pero también por la dificultad para traducir ese malestar en volumen político propio. Ese es uno de los principales argumentos por los que se suma a la idea de crear un frente amplio para enfrentar electoralmente a Javier Milei en 2027, que hoy atraviesa al Partido Justicialista.

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En ese equilibrio aparece una consigna que empieza a repetirse entre sus dirigentes. La salida de fondo no es sindical, sino política, pero no puede limitarse a la oferta actual del peronismo. Los gremios buscan lugar en esa discusión sin quedar atrapados en las internas que fragmentan a la oposición.

La vía judicial como límite y señal política

La CGT mantiene activa su ofensiva legal contra la reforma laboral. Presentó un nuevo amparo en el fuero laboral para cuestionar artículos vinculados al derecho colectivo y a la regulación de la huelga.

Así, el expediente sobre la reforma laboral se mantiene como el eje institucional de la respuesta sindical. La CGT insiste en que hay artículos que afectan derechos individuales y colectivos, y por eso recurrió al fuero laboral con un planteo más acotado que el inicial. La apuesta es que ese ámbito tenga otra recepción que la que tuvo el contencioso administrativo.

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Al mismo tiempo, la central obrera observa el impacto de la reforma en la negociación cotidiana. La discusión paritaria y las condiciones de contratación aparecen como los espacios donde esos cambios empiezan a materializarse. En ese plano, la disputa no depende de un fallo, sino de la capacidad de cada gremio para sostener sus posiciones.

La CGT se suma a la movilización por el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia (Foto: Captura de TV).

En ese contexto, la CGT avanza con la creación de un observatorio de estadísticas socioeconómicas y laborales en convenio con la UBA. El objetivo es contar con mediciones propias sobre inflación, empleo y canasta básica. La iniciativa busca aportar datos para la negociación salarial y, al mismo tiempo, construir una referencia alternativa frente a los indicadores oficiales.

Movilización acotada y disputa sindical

La decisión de marchar el 24 convive con un esquema de movilización más selectivo. La CGT no impulsó en las últimas semanas una escalada de protestas, aunque sí acompañó conflictos sectoriales y mantuvo el respaldo a gremios en disputa. Esa dinámica refleja una tensión interna con sectores más duros que buscan mayor presencia en la calle.

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En la central obrera también registran un dato que condiciona esa estrategia. El malestar por la situación económica no se traduce de manera directa en mayor conflictividad. Entre los factores que mencionan aparecen el temor a perder el empleo y una lectura crítica sobre el Gobierno de Alberto Fernández, que complejiza la construcción de una agenda común.

Ese cuadro explica por qué la CGT combina presencia en movilizaciones de alta convocatoria con una administración más cuidadosa de sus propias iniciativas. La prioridad pasa por no quedar desfasada respecto de sus bases y sostener capacidad de articulación con otros actores del sindicalismo.

La discusión política hacia 2027

En paralelo a la agenda judicial, la conducción cegetista empezó a intervenir con mayor claridad en el debate político. La idea de construir un frente más amplio aparece como un punto de coincidencia entre distintos dirigentes, con el argumento de que el peronismo, por sí solo, no alcanza para ordenar una mayoría.

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Con el peronismo es indispensable, pero con el peronismo no alcanza”, planteó Jorge Sola, uno de los tres secretarios generales de la CGT, en Futurock. La definición no implica un corrimiento del espacio, sino una discusión sobre su alcance. “Lo que tiene que suceder es un enorme frente”, explicó.

El FreSU, que está integrado por la UOM, Aceiteros, Aeronáuticos, ATE y las dos CTA, entre otros sindicatos, presiona a la CGT para que endurezca su posicionamiento contra Milei (Foto: ATE).
El FreSU, que está integrado por la UOM, Aceiteros, Aeronáuticos, ATE y las dos CTA, entre otros sindicatos, presiona a la CGT para que endurezca su posicionamiento contra Milei (Foto: ATE).

La propuesta es avanzar en un esquema que incluya a otros sectores políticos y sociales, pero la central obrera evita, por ahora, cualquier definición sobre candidaturas. La posición dominante es que el orden de la discusión debe ser inverso al habitual. Primero el programa y después los nombres. Esa secuencia busca evitar que la interna condicione la construcción de acuerdos más amplios, pero es frecuente ver a dirigentes de la cúpula cegetista acompañando al gobernador bonaerense Axel Kicillof.

Al mismo tiempo, la CGT plantea la necesidad de “canalizar el malhumor social”. La expresión aparece como una síntesis del diagnóstico que comparten varios dirigentes. El descontento existe, pero no encuentra todavía una traducción política clara. La central intenta ubicarse en ese espacio sin dejar de lado su rol gremial.

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Esa misma lectura es la que hacen Miguel Ángel Pichetto, que se reunió con Cristina Kirchner y luego con Carlos Kikuchi —exarmador de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires—; Kicillof, que desde el Movimiento Derecho al Futuro promueve el lanzamiento de un frente amplio contra Milei; y hasta Victoria Tolosa Paz, diputada, consejera del PJ y cercana al expresidente Alberto Fernández.

“Lentamente, se van generando mesas, reuniones y principios de acuerdo sobre la forma en que esa alternativa tiene que reconstruir un espacio político bien amplio y justamente es alternativa porque es una alternativa al pasado y al presente”, planteó Tolosa Paz en Radio Splendid. La frase sonó al interior del peronismo entre propuesta y crítica a los gobiernos kirchneristas.

Ese movimiento convive con diferencias internas y con apuestas diversas dentro del sindicalismo. Algunos sectores mantienen alineamientos más definidos dentro del peronismo, mientras otros exploran alternativas por fuera de ese esquema. La CGT, como estructura, busca sostener un margen de acción que le permita intervenir en ese proceso sin quedar atada a una sola opción.

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CGT, Peronismo, PJ, Partido Justicialista

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El embajador argentino en Israel valoró el posicionamiento del país en la guerra de Medio Oriente: “Irán es como la Alemania nazi”

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El embajador argentino en Israel, Axel Wahnish, sostuvo que el posicionamiento de Argentina durante la guerra en Medio Oriente representa “ubicarse del lado correcto de la historia” y advirtió sobre el peligro que representa Irán para la región y el mundo, al señalar: “Es muy parecido a lo que pasó con la Alemania nazi”.

Wahnish describió el actual escenario geopolítico tras el estallido del conflicto armado con Irán. Según el embajador, la escalada militar era “una bomba de tiempo” y subrayó: “En algún momento iba a explotar. Eventualmente, explotó en este momento porque el mundo empezó a ver que si Irán se hacía con la bomba nuclear, iba a ser una amenaza sin vuelta atrás”. Para el jefe de la misión diplomática, los recientes acontecimientos suponen “una reconfiguración en todo Medio Oriente, pero que afecta a todo el mundo”.

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El diplomático argentino remarcó la dimensión global del enfrentamiento y la peligrosidad de los actores involucrados. “Cuando existe un elemento terrorista intolerante y encima bajo el escudo de una religión de la guerra santa, empieza en la región, pero su apetito es de conquista y extensión a todo el mundo”, explicó Wahnish, donde equiparó la situación actual con el avance del régimen nazi.

En ese sentido, Wahnish valoró la postura de Argentina bajo el liderazgo de Milei. “Todos los argentinos deberíamos estar orgullosos de que Argentina, bajo el liderazgo de nuestro presidente, se esté ubicando del lado correcto de la historia”, expresó el embajador, al tiempo que hizo referencia a los antecedentes de ataques terroristas sufridos en el país sudamericano. El diplomático mencionó la “mancha negra en la conciencia colectiva de todos los argentinos, que es después de haber sufrido dos atentados, no se hizo justicia, se firmó un memorándum para cubrir esos atentados. Eso nos debería dar vergüenza”.

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Durante la conversación con La Nación+, Wahnish relató cómo cambió la imagen de Argentina en Israel, con la figura de Milei. “Desde hace dos años vos caminas acá por donde sea, te dicen: ‘¿De dónde sos?’ ‘De Argentina’. ¡Milei! Acá Milei es visto como un prócer que está trayendo libertad y está haciendo la revolución y la lucha a nivel mundial contra el wokismo y la izquierda, que lamentablemente ha encontrado su mejor aliado con los terroristas”.

El embajador también explicó que el conflicto actual impactó de lleno en la vida diaria de los habitantes en Israel. Según relató, la sociedad enfrenta “una situación traumática”, con calles vacías, comercios cerrados y la suspensión de clases. La alarma, tal como indicó, genera pánico cada vez que suena. Además, Wahnish subrayó la preocupación de la comunidad argentina residente y de turistas, quienes buscan alternativas de salida ante las restricciones aéreas.

Por otro lado, el diplomático se refirió a la promesa de Milei de trasladar la sede de la embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén. “Es muy simbólico. El primero que lo hizo con mucho impacto geopolítico fue Trump. Nuestro presidente hizo esa declaración, esa promesa. No tenemos fecha concreta todavía de cuándo se va a poder concretar, pero es una declaración que hizo el presidente y estamos atentos”, señaló Wahnish.

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En otro tramo de la entrevista, Wahnish resaltó el reconocimiento que recibe Milei dentro de la sociedad israelí. “Acá celebran el Día de la Independencia, Yom Ha’atzmaut, con una ceremonia nacional donde prenden antorchas y se elige, por alguna razón u otra, a héroes o personas sobresalientes de la sociedad. Cada año, en total, prenden doce antorchas. Esta sería la primera vez que el primer ministro Netanyahu invita a un presidente de otro país a prender una antorcha”, destacó el embajador.

Al analizar la dimensión de la guerra, Wahnish insistió en que el conflicto busca “traer paz y estabilidad”. En sus palabras, la lucha se da en un contexto donde “la izquierda ha encontrado su mejor aliado en los terroristas”. El diplomático subrayó el respaldo que Argentina recibió en el plano internacional y señaló que altos funcionarios del gobierno israelí han transmitido su apoyo a la gestión de Milei.

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