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El día que militantes del PJ robaron el sable de San Martín y, para devolverlo, exigieron romper con el FMI

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12 de agosto de 1963. El lunes ya está terminando. La zona de Parque Lezama está tranquila, quieta. Cuatro jóvenes de traje -cómo se vestía la mayoría de los hombres en ese tiempo- llegan al Museo Histórico Nacional. Parecen estudiantes. Tienen poco más de 20 años, alguno usa anteojos, actitud vital, levemente ingenua. Parecen lamentarse, parece que llegaron tarde. El Museo cerró hace 10 minutos. Golpean la sólida puerta de madera. Nadie responde. Insisten con más entusiasmo. Una voz, desde adentro, les dice -les grita- que está cerrado, que el horario de visita es hasta las siete de la tarde. Los jóvenes no necesitan mirar el reloj para saber que ya pasaron diez minutos de esa hora. Vuelven a golpear. Piden clemencia. Explican que son del interior y que esa misma noche deben regresar a Tucumán, que harían una visita rápida, que les interesa ver unas pocas pinturas, algunas banderas y dos o tres objetos. El hombre detrás de la puerta no responde. Los jóvenes insisten. El hombre entreabre la puerta y empieza a explicarles, con voz piadosa que no puede dejarlos pasar, parece que hasta les está pidiendo perdón. Se justifica aclarando que en cualquier momento llegaría el sereno y que lo comprometería que los viera dentro. Los jóvenes ya no escuchan las explicaciones. Solo miden distancias. Apenas el hombre desvía la mirada para buscar alguna palabra precisa, dos de los visitantes se abalanzan sobre él y lo empujan hacia adentro, sostienen la puerta e ingresan los cuatro. Alguno blande un arma, para terminar de disuadir cualquier intento de resistencia.

Inmovilizan al pobre cuidador sorprendido, derrotado. Tiene 72 años y se reprocha su candidez. Los jóvenes le dicen que no le va a pasar nada. Lo maniatan y encierran en un cuarto. Uno de ellos saca una tijera de su bolsillo y corta el cable del teléfono. Luego caminan presurosos por los pasillos. Saben dónde van. En los últimos días visitaron varias veces el museo para que llegado este momento no tuvieran dudas al actuar. Llegan hasta la vitrina. Uno saca un martillo y rompe el vidrio. Con cuidado toma el botín, lo que fueron a buscar. El sable corvo de San Martín. En su lugar dejan dos hojitas mecanografiadas: el comunicado reivindicando el robo, fijando sus exigencias para la devolución. Envuelven el sable dentro de un poncho y se dirigen hacia la salida. Uno de ellos pasa por la oficina en la que tienen cautivo al cuidador y le pide disculpas una vez más. Salen caminando por Defensa, atraviesan con cautela, tratando de no llamar la atención el Parque Lezama, se suben a un Peugeot 403 celeste que los espera con el motor encendido y se pierden en la oscura noche porteña.

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El sable corvo de San Martín es uno de los símbolos nacionales. Durante la década del 70 fue robado dos veces por miembros de la Resistencia Peronista, por jóvenes que querían utilizarlo como moneda de cambio para imponer condiciones, para lograr que algunas de sus exigencias se cumplieran o al menos para dar visibilidad a sus demandas.

Detalle del sable corvo de José de San Martín. (Foto: Museo Histórico Nacional)

El hecho preocupó a las autoridades e hizo mover a las fuerzas de seguridad. En esos días fue eclipsado por otro robo: el de Ronald Briggs al tren postal Glasgow-Londres, un robo con una logística imposible, de gran espectacularidad. Los diarios publicaban día a día en su portada los nuevos hallazgos sobre el mítico atraco como si se tratara de un folletín: Briggs con el tiempo se convertiría en una leyenda del crimen. En la Argentina todavía gobernaba José María Guido aunque Illia ya era el presidente electo y en esos días la Asamblea Legislativa confirmaba su nombramiento.

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El comunicado que habían dejado en la vitrina vacía entre las astillas de vidrio denunciaba la elección que había ganado Illia, hablaba de proscripción y entre otras cosas pedía romper con el FMI. A pesar de ser firmado por la Juventud Peronista no nombraba a Perón. Es muy probable que ello haya sido para lograr que los diarios publicaran la proclama completa: pesaba todavía la prohibición de mencionar a Perón del Decreto 4161 que emitiera la autodenominada Revolución Libertadora en 1956.

Pocas veces como hoy una crisis moral y espiritual ha comprometido más entrañablemente el honor de la patria y la felicidad del pueblo.

En efecto, en pocas coyunturas como en ésta la soberanía argentina ha sido tan vejada, la economía nacional más entregada y la justicia social más negada.

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Frente a esta realidad angustiosa y vejatoria, la elección del 7 de julio, fraudulenta en su proceso y realización, difícilmente pueda dar las soluciones honradas y profundas que la dignidad de la acción exige imperiosamente.

A pesar de ello, los “beneficiarios del fraude” han prometido reivindicar el honor de la patria y los derechos del pueblo, produciendo los siguientes actos: anular por decreto los infamantes contratos petroleros suscritos por el gobierno radical del doctor Frondizi, ruptura con el FMI, nulidad de los convenios leoninos con Segba, levantamiento de la proscripción que pesa sobre la mayoría del pueblo argentino.

Y bien, cómo con tales hechos, prometidos pública y solemnemente, le devolvería al pueblo su fe perdida y a la república su soberanía enajenada, la juventud argentina se ve forzada a realizar un acto heroico para lograr su cumplimiento.

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Pues bien, aquella espada, la purísima espada del Padre de la Patria, aquel sable repujado por la gloria, aquella síntesis viril generosa de la patria, por milagro de la fe, volverá a ser el santo y seña de la liberación nacional.

Para ello, desde hoy, aquella espada que un día el Libertador, en plena lucidez, legara al brigadier general Juan Manuel de Rosas por la satisfacción con que viera la defensa de su patria frente a las agresiones del imperialismo, dejó su reposo en el Museo Histórico Nacional para brillar de nuevo en magno combate por la reconquista de la argentinidad.

Desde hoy, el sable de San Lorenzo y Maipú quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud Peronista.

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Y juramos que no será arrancado de nuestras manos mientras los responsables directos o indirectos de esta vergüenza que nos circunda no resuelvan anular los contratos petroleros, decretar la libertad de todos los presos políticos, gremiales y Conintes, y dar al pueblo libertad para expresar su pensamiento y ejercer su voluntad al amparo estricto de la ley y lejos de decretos delictivos y comunicado de mentiras, que han constituido la más fabulosa y descarada estafa uniformada de que se haya hecho objeto al pueblo de la República en toda su historia.

El pueblo no debe albergar ninguna preocupación: el corvo de San Martín será cuidado como si fuera el corazón de nuestras madres; Dios quiera que pronto podamos reintegrarlo a su merecido descanso. Dios quiera iluminar a los gobernantes.

Juventud Peronista.

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El sable corvo, de San Martín a Rosas y el robo a manos de la Juventud Peronista

El sable corvo había sido comprado por San Martín en 1811 en un negocio de antigüedades en Londres, durante los cuatro meses que pasó en la ciudad inglesa luego de haber dejado España y antes de viajar a Sudamérica. Estudios posteriores determinaron que la pieza provenía de Medio Oriente, muy probablemente de Damasco, y había sido construida en la era pre industrial. San Martín utilizó el arma en las batallas de Chacabuco y Maipú. Luego en su testamento legó la pieza de 95 centímetros de largo a Juan Manuel de Rosas: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina D. Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla”. Los herederos de Rosas, finalmente, en 1897 lo donaron al estado argentino.

Sable corvo de José de San Martín. (Foto: Andrés D'Elía / Gentileza Clarín)
Sable corvo de José de San Martín. (Foto: Andrés D’Elía / Gentileza Clarín)

Con el tiempo se supo que los cuatro que se llevaron el sable del Museo fueron Osvaldo Agosto, Alcides Bonaldi, Manuel Gallardo y Luis Sansoulet, miembros de la Resistencia Peronista. Idearon el plan y luego pidieron autorización a la cúpula integrada por Jorge Rulli, Héctor Spina y Envar El Kadri.

El proyecto original era muy ambicioso y estaba compuesto por tres operativos. Los otros dos eran espectaculares pero necesitaban mayor logística y, por supuesto, implicaban un riesgo infinitamente superior que el de reducir a un guardia desarmado de 72 años: tomar las Malvinas y recuperar las banderas de la Batalla de Obligado que descansaban en Los Inválidos de París. Desecharon -o al menos postergaron ambos- y se quedaron con la excursión a Parque Lezama.

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El destino final del Sable era hacérselo llegar a Perón en su exilio como ofrenda para que hubiera continuidad histórica según creían sus militantes: San Martín- Rosas- Perón. Mientras tanto harían jurar sobre él a todos los militantes que se unieran a la causa. Pero muy rápido descubrieron que sería muy complicada pasar las fronteras con el objeto histórico y el plan fue perdiendo ambición e internacionalidad.

La noche del 12 de agosto, al alejarse del Museo, los jóvenes se habían citado con otros militantes en una esquina céntrica para hacer el traspaso del Sable. Pero al llegar al lugar prefijado no había nadie. Esperaron unos minutos y se alejaron muy preocupados, convencidos de que sus compañeros habían sido apresados. Buscaron un teléfono público y llamaron a su casa. Los atendió Aníbal, uno de los hermanos Demarco (que sería Ministro de Bienestar Social durante el gobierno de Isabel Perón), uno de los que se tenía que hacer cargo del botín y trató de explicar que se había confundido de horario, que estaba haciendo tiempo para salir. No se sabe si hubo error o arrepentimiento. Lo cierto es que fijaron un nuevo punto de encuentro y el sable pasó a manos de los Hermanos Demarco que hacía tiempo habían desistido de sacarlo del país para hacérselo llegar a Perón. A la madrugada lo llevaron en auto hasta una estancia ubicada en la localidad bonaerense de Maipú, camino a Mar del Plata.

Retrato de José de San Martín hecho por José Gil de Castro en 1818. (Foto: Museo Histórico Nacional)
Retrato de José de San Martín hecho por José Gil de Castro en 1818. (Foto: Museo Histórico Nacional)

En los días posteriores al robo, la pesquisa no avanzaba demasiado hasta que el 17 de agosto, el día en que se conmemora a San Martín, un diario capitalino recibió un llamado telefónico que invitaba a uno de sus periodistas a recoger del baño de un bar porteño un nuevo comunicado. En él se repetían los pedidos, las reivindicaciones y se nombraba a Perón y se reclamaba la devolución del cadáver de Eva. Es divertido observar los malabarismos que hicieron al día siguiente los matutinos nacionales para reemplazar el apellido Perón por otras construcciones gramaticales. La favorita seguía siendo el tirano depuesto.

Esa misma tarde uno de los que había robado la pieza histórica fue detenido cuando se dirigía a tomar radio El Mundo para emitir una nueva proclama. Lo torturaron hasta que dio el nombre de otro de los involucrados, el de Osvaldo Agosto, al que detuvieron pocas horas después. Más torturas aunque Agosto siempre sostuvo que no delató a nadie.

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Doce días después del robo, el sable apareció. Fue devuelto por Adolfo César Philippeaux, excapitán de origen peronista retirado del arma desde que participó en 1956 del levantamiento de Valle. La historia de la devolución nunca quedó demasiado clara. Los involucrados juran que Philippeaux, al enterarse de que el sable estaba en su poder les exigió su devolución: “Me sentí obligado, al conocer el lugar donde se hallaba el sable, a actuar inmediatamente para lograr su devolución. He sido oficial del Ejército y, aunque no revisto a la institución, estoy ligado moralmente a ella”, declaró días después el excapitán.

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El 28 de agosto los fotógrafos captaron a Philippeaux ingresando de uniforme, con gesto solemne y con el sable en un envoltorio de tela a la oficina del General Tomás Sánchez de Bustamante. La noticia fue tapa de los diarios aunque al día siguiente fue desplazada por el impactante robo al Policlínico Bancario, que se intentó hacer pasar por obra de delincuentes comunes aunque al poco tiempo se supo que fue ejecutado por Tacuara.

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Dos años después, el robo se repitió

Como si nadie hubiera sacado ninguna lección del incidente, dos años después se repitió el hecho. El 19 de agosto de 1965 (la cercanía de la efeméride sanmartiniana parecía enardecerlos) otra vez una banda ingresó al Museo, rompió la vitrina y se llevó el sable. Hubo algunas diferencias. Los tiempos se habían acelerado, se iban poniendo más violentos y ya no alcanzaba con un robo blanco, pacífico. Hubo ráfagas de disparos y amenazas. La recién nacida revista Gente tituló: “La política no debe manchar la historia”.

Retrato de José de San Martín, autor anónimo. (Foto: Museo Histórico Nacional)
Retrato de José de San Martín, autor anónimo. (Foto: Museo Histórico Nacional)

El sable permaneció más tiempo desaparecido: 11 meses después en un operativo que nunca quedó demasiado esclarecido fue recuperado por el servicio de inteligencia del Ejército. A esa altura ya había sido derrocado Illia y Onganía era el presidente de facto. Los responsables habían sido integrantes de una incipiente organización armada de cuño peronista. A partir de ese momento el Sable Corvo de San Martín permaneció bajo la custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo hasta 2015 cuando volvió al Museo Histórico Nacional.

En 1969, Osvaldo Agosto, ideólogo y autor del robo original, visitó a Perón en el exilio de Puerta de Hierro. Perón lo chicaneó apenas el militante ingresó: “Estuve esperando el sable”. Agosto se excusó: “Hubo unos inconvenientes”. “Sí, ya me enteré”, respondió el viejo líder e hizo un gesto con su mano mostrando indulgencia. Enseguida cambiaron de tema.

José de San Martín, Robo

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Oficializaron la designación Pedro Lines como nuevo titular del Indec tras la renuncia de Marco Lavagna

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A una semana de haber presentado su renuncia, el Gobierno nacional oficializó este lunes la salida de Marco Lavagna del Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) e hizo efectiva la designación de quien era su número 2, Pedro Lines, como el nuevo titular.

Los cambios quedaron establecidos mediante la publciación del decreto 91/2026, que lleva la firma del presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo.

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La dimisión del funcionario técnico se dio en medio de las diferencias con el titular de la cartera por la aplicación de la nuevo fómula del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que tendría que haberse comenzado a aplicar en enero.

Así, Lavagna puso fin a una gestión que había comenzado mucho antes de la llegada de La Libertad Avanza a la Presidencia, puesto que fue designado por Alberto Fernández al inicio de su mandato. Antes había sido legislador por UNA y, luego, para el Frente Renovador, el espacio de Sergio Massa. Su perfil técnico fue lo que le permitió seguir en el cargo.

Marco Lavagna, economista

A través de una carta a los empleados del organismo, el ahora ex funcionario dio a conocer más detalles de su dimisión. En su mensaje, destacó los logros alcanzados durante su mandato: “Fueron 6 años de mucho trabajo y de enormes desafíos, en los que logramos avanzar en la mejora de las estadísticas públicas y el sistema estadístico nacional”.

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En ese sentido, señaló que la realidad económica y social exige que el sistema estadístico nacional “siga adaptándose y fortaleciéndose”, y valoró el compromiso del equipo: “Son el principal activo del organismo y la base para que las estadísticas públicas sigan siendo técnicas, confiables y transparentes”. Además, expresó su confianza en el futuro del Indec y en la posibilidad de que “próximamente se pueda actualizar el marco normativo que ayude a esto”.

“En lo personal no es una decisión sencilla, pero es momento de encarar nuevos proyectos y desafíos, con la tranquilidad de haber compartido con ustedes una etapa intensa y valiosa”, dijo Lavagna.

Lavagna se hizo cargo del Indec en diciembre de 2019 y continuó en el mismo tras el cambio de Gobierno en 2023 (EFE)

Lavagna concluyó su despedida agradeciendo el trabajo diario de los empleados y afirmó: “Un fuerte abrazo, los voy a extrañar y el INDEC siempre podrá contar con lo que esté a mi alcance para defenderlo”.

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El número 2 del organismo, Pedro Ignacio Lines, es quien queda a cargo al menos temporalmente como resultado de la renuncia. Se trata de otro funcionario de perfil técnico. Es licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y magíster en Economía por el Centro de Estudios Macroeconómicos. Actualmente, cursa una Maestría en Minería de Datos en la Universidad Austral.

Desde su rol como director ténico del Indec —cargo que ocupó desde 2018—, estuvo a cargo de la coordinación y elaboración del Programa Estadístico Anual del país y del desarrollo de normas y procedimientos técnicos vinculados con la planificación, diseño, implementación y evaluación de censos y encuestas, además de la construcción de indicadores sociales y económicos.

Pedro Lines fue designado como director ténico del Indec en 2018

También es miembro del Grupo de Expertos Asesores (AEG) de las Naciones Unidas, que asiste al Grupo de Trabajo Intersecretarial sobre Cuentas Nacionales (ISWGNA) en la resolución de problemas de investigación del Sistema de Cuentas Nacionales (SNA) y en la revisión de su programa de implementación.

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Entre 2016 y 2018, Lines estuvo a cargo de la compilación de las estimaciones de Balanza de Pagos, Deuda Externa y Posición de Inversión Internacional (PII) de la Argentina. Previamente, entre 2011 y 2016, trabajó en la Autoridad Estadística de Qatar, donde lideró la elaboración de los cuadros de Oferta y Utilización y las cuentas por sector institucional de ese país.

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En los últimos meses, Lavagna y el Indec estuvieron abocados a la actualización de la canasta con la que se mide el Índice de Precios al Consumidor (IPC), el dato de inflación. Los cambios en la canasta buscaron acercarse a los consumos de las familias argentinas actuales de manera tal de reflejar mejor el impacto del movimiento de los precios en las cuentas de los hogares.

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El cambio sustancial en el IPC radica en que empezará a utilizarse la canasta de consumo que surge de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) del 2017-2018 en reemplazo del relevamiento de 2004. La falta de actualización de la fórmula con la que se mide el avance de los precios llevó a subestimar el impacto de muchos consumos que crecieron en las últimas décadas, como por ejemplo la mayor relevancia que ganaron los servicios de internet y celulares.

Los cambios más drásticos están en los rubros Vivienda, Agua, Electricidad y otros combustibles, donde la ponderación (es decir el peso de ese capítulo en el total de la canasta) pasa de 9,4% a 14,5%, lo que lleva a que las tarifas de los servicios públicos incidan más. Así, con la nueva fórmula, cada incremento en el cuadro tarifario de electricidad o gas tendrá un impacto directo en el nivel general superior al que evidenciaba con la canasta anterior.

En Transporte se notará otro cambio sustancial, ya que la ponderación pasará de 11% a 14,3 por ciento. Aquí tendrán mayor peso los combustibles y los boletos de pasajeros. También en Comunicaciones (de 2,8% a 5,1%), donde se duplicará el peso de internet y celulares, y Educación (de 2,3% a 3,1%) con mayor relevancia de las cuotas y servicios educativos.

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Otros rubros como Salud (de 8,0% a 9,1%) se mantendrán estables respecto al impacto que tienen en la inflación. Respecto a los que reducen su peso, figura Alimentos y Bebidas (de 26,9% a 22,7%), ya que el agro y la industria alimenticia se reducen. Este segmento fue la principal razón de la aceleración en el último cuatrimestre de 2025.

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Solo en off: las razones de la salida de Paul Starc de la UIF que desmienten la versión oficial

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En los días que siguieron a la salida de Paul Starc de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) surgieron versiones alternativas a la que ofreció el Gobierno respecto a su partida, que habría resultado ser más traumática de lo que trascendió desde el oficialismo.

Por su rol antilavado, de recepción y análisis de datos, la UIF está obligada a desplegar sus actividades en contacto continuo con otros organismos, y los chispazos entre Starc y otras áreas del Estado se dieron desde el comienzo de su gestión, y de forma permanente, aseguraron a fuentes indiscretas que lo trataron durante su paso por el organismo.

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Los desentendimientos del otrora fiscal federal de Tres de Febrero habrían sido con la Procuraduría General y el Ministerio de Economía, en este caso, según trascendió, por diferencias en torno a la ley de Inocencia Fiscal. Pero tampoco faltaron roces con la Procelac, una fiscalía especializada en lavado, a la que Starc elegía eludir cuando presentaba sus denuncias en la Justicia, y con el Ministerio de Justicia que lidera Mariano Cúneo Libarona, cartera con la que nunca logró acordar el reparto de una reparación integral millonaria en un juicio.

Así, la red de vínculos del funcionario se fue deshilachando. La manifestación más gráfica de ese proceso llegó con la decisión de clausurar la puerta que conectaba su despacho con el de la vicepresidencia, en manos de Santiago Martín González Rodríguez. Su aislamiento, sin embargo, alcanzó nuevas profundidades un mediodía, cuando solicitó, con cierto temor, que le probaran la comida. El mecanismo de prevención terminó por encender nuevas alarmas.

El Gobierno maquilló las desventuras al sostener que el funcionario no volvería a su fiscalía natal, sino que sería relocalizado como parte del directorio del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), un lugar de baja exposición política y buen sueldo, adonde el fiscal buscaba recalar. Pero su desembarco allí no estaría permitido por la ley de ética pública por su cargo anterior.

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Ante la noticia, algunos se pusieron rigurosos con un tecnicismo, resaltando un artículo de la reglamentación de la UIF que impide a sus autoridades desempeñar cualquier rol profesional que esté obligado a reportar irregularidades ante el propio organismo antilavado, por el cabo de dos años. Es el caso de los contadores públicos o de las entidades financieras, como el Bice.

Otros ponen en duda incluso los dichos del Gobierno tras su salida – que “desempeñó sus funciones con profesionalismo”- y aseguran que, en octubre último, durante una corta visita de dos días a Paris en el marco de un plenario internacional, el exfiscal dividió su tiempo entre los compromisos antilavado y el disfrute nocturno.

El Congreso no es solo negociaciones, leyes y rosca política. También hay lugar para la charla distendida, los vínculos personales y, por qué no, el amor. En los últimos días comenzó a circular un comentario sobre un acercamiento entre dos legisladores que cruza provincias y pertenencias políticas.

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De Buenos Aires a Catamarca, y del ex Juntos por el Cambio al peronismo, Fernanda Ávila y Nicolás Massot quedaron envueltos en rumores que hablan de una sintonía que va más allá de lo parlamentario. La casualidad quiso que, en este nuevo período legislativo, quedaran sentados juntos en el recinto.

Los diputados Nicolás Massot y Fernanda ÁvilaManuel Cortina

Ávila se referencia políticamente con el gobernador Raúl Jalil, fue secretaria de Minería durante el último tramo del gobierno de Alberto Fernández y hoy integra el bloque Elijo Catamarca, tras escindirse de Unión por la Patria junto a otros aliados del mandatario provincial.

Massot, en tanto, integra Encuentro Federal, el bloque que preside Miguel Ángel Pichetto, y el interbloque Unidos. Se sabe que el diputado bonaerense terminó su matrimonio el año pasado. El resto, por ahora, circula solo en clave de off.

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Una cumbre de jefes de bloque en la presidencia de la Cámara de Diputados, con Martín Menem como anfitrión, congregó el miércoles por la tarde a periodistas de distintos medios en los pasillos del Congreso. Hacían guardia, charlaban con legisladores a medida que salían de la reunión y cruzaban off the record, cuando algo empezó a desentonar.

Entre off y off, periodistas y diputados comenzaron a toser, lagrimear y, en algunos casos, a ponerse visiblemente colorados. “¿Qué está pasando?”, fue la pregunta que empezó a repetirse. Hubo hipótesis rápidas: el polvo de la cafetería en obra, a pocos metros de donde estaban. Duró poco. La explicación era otra.

El gas lacrimógeno estaba entrando por las aberturas desde la calle, donde se desarrollaba una nueva movilización de jubilados y personas con discapacidad, ya convertida en una postal recurrente de los miércoles. En esa misma protesta fue detenido el padre Paco Olveira, que reclamaba junto a las organizaciones convocantes.

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La escena se trasladó entonces del off político al resguardo físico: la actividad periodística quedó interrumpida y los cronistas se dispersaron por los pasillos en busca de aire, entre tos y ojos llorosos.

La agenda “antiwoke” de Clara Muzzio, la dos de Jorge Macri

Febrero comenzó con cambios para la vicejefa de gobierno, Clara Muzzio, que, por apenas dos días, reemplazó el conocido recinto de la Legislatura porteña por el hemiciclo del Parlamento Europeo. Allí, el martes pasado, la segunda al mando de Jorge Macri consolidaba su admisión a la derecha global con su participación en la VII Cumbre Transatlántica, el evento que también convocó a parte del repertorio de aliados internacionales de Javier Milei como el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, y el diputado español y referente de Vox, Santiago Abascal.

Muzzio había recibido su invitación a la cumbre en octubre a instancias de la Red Política por los Valores, una agrupación que reivindica la “cultura de la vida y la familia como célula básica de la sociedad”. Era un reconocimiento a su trabajo no oficial como portavoz de esos valores, un rol que construyó a base de tuits y publicaciones en redes sociales sobre la baja de la natalidad y las concepciones “biológicas” sobre género y sexualidad.

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La vicejefa de gobierno llegó al Parlamento Europeo el 3 de febrero para exponer sobre libertad de expresión ante un repertorio que mira con desconfianza los discursos políticamente correctos. Allí, también estaban, como invitados, los diputados de La Libertad Avanza Nicolás Mayoraz y Santiago Santurio.

Su alocución fue breve, pero contundente. En apenas ocho minutos, relató los agravios que recibe por mostrarse en contra de la interrupción voluntaria del embarazo o las transiciones de género. Pero ante todo, reafirmó su banca en las filas de la derecha internacional con una premisa concisa: “Siempre defenderé la verdad objetiva, biológica y científica”.

Sonriente y enfundada en un traje sastrero marrón chocolate, la dirigente de Pro dejó atrás las camisetas con los colores de la bandera LGBTIQ+ que alguna vez lució junto a exfuncionarios de Horacio Rodríguez Larreta y que las redes sociales le recuerdan con cierta frecuencia. Quienes la conocen dicen sin dudar que esta mujer alineada con la definición binaria del sexo y la agenda provida -“antiwoke” en términos libetarios- es “la verdadera Clara”.

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Menuda sorpresa se llevaron algunos diputados nacionales libertarios cuando, la noche del martes pasado, se apareció nada menos que la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, a la comida que compartían en un coqueto restaurant de sushi de Villa Crespo.

Karina Milei, la semana pasada, cuando se realizó el DNI digital en la Casa RosadaPresidencia

De buen humor, la hermana del presidente y jefa política del espacio saludó con beso y abrazo a cada uno y, en un improvisado discurso, instó a sus acólitos a preservar la unidad, no ventilar las desavenencias al sol y a priorizar las políticas del Gobierno. “A los proyectos del Poder Ejecutivo primero se los vota y después se los lee”, aleccionó, como para que no quedaran dudas. La aplaudieron a rabiar.


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El estreno de la hegemonía mileísta

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“Gran semana por delante”. La frase del jefe de gabinete, Manuel Adorni, en su amanecer tuitero dominical no pretendió ser una manifestación de buenos deseos sino un augurio de lo que está por venir en los próximos días.

La optimista expresión hace pública así la intención oficialista de inaugurar, a partir del miércoles, en el Congreso, una hegemonía nacida del triunfo en las recientes elecciones legislativas.

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El acto inaugural se daría con la aprobación de la reforma laboral, en el Senado, y del nuevo régimen penal juvenil, en Diputados. Por contraste, la media sanción de esos dos proyectos del Gobierno resaltaría el vacío, la orfandad y la impotencia de la oposición, en todas sus versiones.

La más sonora de las debilidades que quedará expuesta será la del peronismo, en general, y la del kirchnerismo, en particular. Para Cristina Kirchner y su brazo político -La Cámpora- significará la consagración de un ocaso inexorable, que anteayer tuvo una de las más duras manifestaciones.

Fue su rendición negociada en la conducción del PJ bonaerense, que de Máximo Kirchner y lo suyos pasó a manos de Axel Kicillof y los intendentes peronistas, quienes hace ya casi dos años comenzaron a levantarse contra el dedo y la voz de “la jefa” y obligaron al gobernador a empezar a romper el cordón umbilical con quien fue su madre política y quien lo había llevado a ganar la primera elección de su vida.

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El avance de la reforma laboral en el Senado, a la que todavía le quedan varios detalles por terminar de definir, con negociaciones que irán hasta el filo del comienzo de la sesión y concesiones que el Gobierno intenta mantener en secreto, pondrá en el centro de la escena la debilidad histórica que atraviesa el movimiento fundado hace 81 años por Juan Perón.

Hasta acá y mientras el peronismo no estuvo proscripto, ni la más mínima modificación de la legislación laboral vigente (en muchos casos desde hace cinco décadas o más) fue realizada sino tenía el sello de su autoría. Y mucho menos cualquiera que derogara institutos legales o limitara derechos que para el peronismo eran intocables.

La “modernización” (como le gusta al gobierno que se denomine a la reforma) que se apresta a aprobar el Senado, si nada de lo previsto falla, abre una nueva era en el marco regulatorio de las relaciones del trabajo, no sólo acorde con los cambios en la producción, la economía y la sociedad registrados en el último medio siglo y acelerados en la última década y media.

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La iniciativa avanza hasta a cotas altísimas de desregulación con el sello liberal y con la limitación de algunas protecciones para los trabajadores que ni Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa o Mauricio Macri intentaron hacer y aún así fracasaron estrepitosamente.

En esta ocasión, en cambio, hasta algunos legisladores del bloque justicialista, que responden a al menos tres gobernadores peronistas, votarán en general la iniciativa mileísta. Impensable hace apenas dos años. Un cambio de época. Expresiones de una nueva hegemonía y del ocaso de la civilización peronista. Al menos, por ahora.

Los sectores más directamente involucrados del peronismo en la cuestión laboral, como los sindicalistas, y los dirigentes, mandatarios provinciales y legisladores más nítidamente opositores al Gobierno se conforman ahora con mostrar una resistencia que no excede de lo meramente simbólica, tanto en la calle como en el Congreso. Dos ámbitos que fueron bastiones inexpugnables e hicieron inviable las iniciativas reformistas de las tres administraciones no peronistas anteriores a la de Milei.

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Un bloque fracturado de hecho en la Cámara alta y una movilización sin muchas expectativas de ser multitudinaria frente al Congreso serán la representación cabal de la decadencia y la crisis de liderazgo y representación por la que transita el peronismo.

Apenas si se ilusionan los sindicalistas y los dirigentes del PJ con alguna limitación en su aplicación que, luego de sancionada, pueda lograr en las primeras instancias judiciales, pero sin ninguna certeza de que eso prospere cuando sea evaluada en instancias superiores.

Expertos del oficialismo y también algunos no encuadrados en el pensamiento mileísta, en cambio, dudan de que finalmente pueda haber trabas para la aplicación de la iniciativa si es sancionada, finalmente, por la Cámara de Diputados. Pero para eso todavía falta demasiado. Tanto que la Casa Rosada ni siquiera ha empezado el laboreo en la Cámara baja para lograr las adhesiones necesarias.

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El resto de los opositores moderados, como los gobernadores que integran la variopinta y aún amorfa unión transitoria de partidos llamada (en un exceso de entusiasmo) Provincias Unidas, apenas si sumarán su cuestionamiento a algunos artículos en particular, pero sin hacer demasiado ruido, a excepción del capítulo fiscal de la reforma en defensa de sus intereses.

Por eso, ese es el apartado de la redacción original sobre el que más dudas siguen existiendo respecto de su suerte en el debate en el recinto. El Gobierno siguió intentando durante el fin de semana y lo continuará haciendo durante las próximas 72 horas. Los anzuelos, chupetines (comestible y de madera) y promesas que hasta ahora han lanzado los gestores oficiales Diego Santilli y Patricia Bullrich aún no han rendido suficientes frutos para despejar las dudas sobre el tratamiento en particular en ese tema y respecto del fondo de despidos (FAL).

“Nuestros gobernadores no están dispuestos a dar ninguna batalla que no sea la defensa de los intereses de sus provincias [y los propios]. Hasta los peronistas dicen que no piensan salir para quedar pegados con el kirchnerismo, la izquierda y los sindicalistas, que en sus electorados no pueden tener peor imagen”, admite y explica uno de los diputados más lúcidos del espacio.

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“Además, los gobernadores tienen que negociar con el Gobierno para no seguir desfinanciándose, lograr algunas obras y, así, empezar a transitar el año que los depositará en el proceso electoral 2027, en el que buscarán ser reelegidos o mantener el poder local. Ese es su gran objetivo. Después verán si tienen plafón para intentar algún proyecto presidencial”, señala el legislador que es uno de los que más trabaja para tratar de hacer de Provincias Unidas un proyecto alternativo al oficialismo libertario. Hoy, una utopía.

El escenario de resistencia parcial o simbólica a la reforma laboral deja al desnudo como pocas otras situaciones la fragmentación y la debilidad estructural del peronismo todo, así como el carácter apenas embrionario de cualquier otra construcción superadora.

En tanto, la reforma del régimen penal juvenil que se propone bajar la edad de imputabilidad a los 14 años y endurecer penas pone el kirchnerismo ante el espejo de su escualidez política.

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Pese al arraigo como demanda popular que tiene ese cambio, Cristina Kirchner y sus seguidores siempre se han abrazado a su rechazo. Visto con los ojos de la sociedad actual asoma como otro error político del kirchnerismo, aún cuando pudieran asistirlo algunas razones teóricas o a que en la práctica la punibilidad de los menores de 16 años no vaya a solucionar radicalmente el problema de la inseguridad. Pero eso solo ha alimentado su imagen de dogmáticos y ajenos a nuevas realidades sociales y criminales. Los delincuentes juveniles provocan rechazo.

El fin de ciclo del kirchnerismo y el desierto que asoma en el resto del escenario político en cuanto a proyecto nacional abre las puertas para que el Gobierno avance y acelere con “cambios irreversibles” sobre la economía, como lo explicó la semana pasada el periodista y economista Ezequiel Burgo, en Clarín. También celebra en el ámbito político y se ilusiona con “cambios irreversibles” también ese terreno, que lo conviertan en poder hegemónico por muchos años. El desierto puede ser muy pródigo en la generación de espejismos.

El entusiasmo oficialista ante la ausencia de resistencias efectivas y alternativas de poder que amenacen su representación ya ha demostrado que suele potenciar su tendencia natural al sobregiro, las autolesiones y la intolerancia.

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La semana pasada fue ejemplar en esa materia. Si no fuera por el anuncio del acuerdo de comercio e inversiones con los Estados Unidos el Gobierno hubieran cerrado otro pésimo comienzo de febrero en el plano político y comunicacional.

Los ataques al mayor industrial del país, el papelón con el nuevo índice de inflación, cuya aplicación se suspendió al borde del debut que había sido anunciado y prometido al FMI por el Gobierno, y los frívolos ejemplos personales que “Toto” Caputo utilizó para cuestionar a la producción textil y de indumentaria nacional entrarían en los anales de los desatinos oficialistas.

Eso si no fuera por los muchos antecedentes que ya acumula la administración mileísta que superan estos derrapes o porque para silenciarlos los potenció anunciando la creación de una oficina/cuenta digital para hacer patrullaje de críticas, informaciones y opiniones publicadas. Nada, vale decirlo, que gobiernos anteriores ubicados en las antípodas de lo que pretende ser este no hayan hecho.

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Pero los desaciertos por exceso de envalentonamiento no se reducen al plano retórico y de la disputa política, si no que suelen complicar objetivos nodales del propio gobierno.

Eso es lo que está pasando con la reforma laboral debido a la inclusión de un capítulo fiscal, que es resistida por los gobernadores por afectar lo que reciben por coparticipación, y sobre lo cual Milei se han mostrado intransigente para modificar.

“No creo que logremos los votos para que en particular se apruebe la rebaja de Ganancias para las empresas. El problema que tenemos es que Toto [Caputo] se pasó de rosca con lo de la reducción de impuestos y la metió en la reforma laboral cuando ya está previsto que se trate este año una super reforma fiscal. Empiojó innecesariamente el tratamiento de una trasformación que en 50 años no se pudo hacer y nunca estuvo tan cerca de salir con cambios tan profundos”, admite un conspicuo integrante del Gobierno.

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Si el ejemplo vale para lo funcional hay otro que resalta como un cartel de neón para lo político-comunicacional en la siempre lábil relación entre gobiernos y ciudadanos. También lo protagonizó el ministro de Economía.

La jactancia con la que Caputo senior se puso como ejemplo para demonizar a la industria textil al decir que nunca se había comprado ropa en la Argentina puede ser un arma de doble filo.

Si bien muchos expertos en opinión pública y en comportamientos sociales reconocen que comprar ropa u otros artículos importados es un aspiracional de una amplia mayoría de argentinos, incluidos muchos que nunca accederán a ellos o que son perjudicados por eso, también se reforzaron algunas alertas por su efecto negativo en lo electoral.

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Al respecto Eduardo Fidanza advirtió: “Uno de los motivos de rechazo o desconfianza sobre Macri, en su apogeo, expresados en sectores medio bajos y bajos era que su mundo, sus problemas y su mirada no tenían nada en común con los de ellos. Lo de Caputo puede generar y profundizar un distanciamiento similar ahora”. A pesar de que Milei es el primer político de derecha liberal que, entre 2021 y 2023, logró penetrar y obtener el voto de los sectores populares.

La conjunción policlasista que llevó al libertario a la presidencia ya mostró fisuras y filtraciones severas en las elecciones legislativas del año pasado, a pesar del triunfo nacional. El ausentismo y el mapa de votantes de 2025 terminaron mostrando una composición de adhesiones al oficialismo más parecida a la del macrismo de 2015 que al del mileísmo de 2023.

“El paso de la lucha contra la casta a la ostentación del lujo puede ser peligroso”, señala Fidanza.

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La ausencia de competencia y el rol de actor hegemónico (o monopólico) suele generar distorsiones, excesos y riesgos. También para los que gozan de ese status dominante. Para seguir con atención en la semana inaugural de la hegemonía mileísta.


Claudio Jacquelin,Conforme a

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