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El día que se rompió la Argentina: la historia nunca antes contada del Rodrigazo

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El nombre podía haber sido el de un galán de esas telenovelas que en los años 70 monopolizaban las tardes de la TV, esas que solo estaban dirigidas al público femenino. Era resonante y hasta un poco inverosímil, perfecto para un personaje de Alberto Migré. Celestino Rodrigo. Sin embargo, terminó siendo el de un villano: el autor de uno de los ajustes más brutales de la historia contemporánea, tanto que al poco tiempo ese paquete de medidas fue bautizado con su nombre: El Rodrigazo. Y así quedaría inmortalizado.

Celestino Rodrigo fue nombrado Ministro de Economía el 2 de junio de 1975. Era el tercero en pocos meses que tenía Isabel Perón (después de la renuncia de José Bel Glebard había estado a cargo de la cartera Gómez Morales).

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Leé también: Qué fue el “Rodrigazo” al que hizo referencia Javier Milei

Al día siguiente del nombramiento, la foto salió en todos los diarios, y motivó una larga nota en la revista Gente. En los vagones de madera de la Línea A, desde la estación Acoyte en Caballito hasta Plaza de Mayo. El futuro Ministro de Economía viajaba hacia su jura en subte. Que la escena quedara registrada no debe haber sido una casualidad. Debe haberse tratado del primer acto de comunicación de la nueva gestión económica. La imagen de alguien cercano al pueblo, pese al gesto severo y el traje, el aviso de un tiempo austero. De todas maneras, al terminar la jornada, Celestino Rodrigo no bajó al subsuelo del Ministerio de Economía para recorrer los pasillos que lo depositaban en el andén del subte para regresar a su casa. A partir de ese momento, ya sin fotógrafos, utilizó chófer y auto oficial. Unas pocas horas después ya no pudo volver a utilizar transporte público ni a caminar tranquilo por la calle.

Celestino Rodrigo tenía 60 años, era ingeniero industrial y llegaba como hombre de López Rega, que antes la había designado Secretario de Seguridad Social, aunque él haya reconocido que no sabía nada del tema. También fue puesto a cargo del proyecto de negocios con Libia, aprovechando que Gadafi se había fortalecido con el alza del precio del petróleo.

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Ese primer día en funciones no anunció ninguna medida concreta. Se limitó a señalar a sus enemigos: el terrorismo y los especuladores. Clamó para que los ciudadanos se volcaran al ahorro. Y dejó una definición sobre sí mismo que pensó sería un escudo suficiente para lo que vendría. “Soy peronista de la primera hora”, dijo.

En su mensaje inaugural avisó lo que se venía, aunque nadie quiso escucharlo: “Las medidas que vamos a implementar serán necesariamente severas. Y durante un corto tiempo provocarán desconcierto y reacciones. Pero el mal tiene remedio”. Como todo político, Rodrigo mentía y decía la verdad al mismo tiempo. Las medias fueron severísimas, su efecto se prolongó durante mucho tiempo y en vez de curar el mal, empeoró la situación de manera drástica, casi irreversible.

En su segunda jornada de trabajo mientras terminaban de definir el paquete de medidas y la manera de comunicarlo, algunos de los funcionarios recién llegados al equipo económico no podían creer la magnitud de lo que se venía, al principio creyeron que se trataba de un error, que habían entendido mal. En un descanso, Rodrigo se cruzó en uno de los pasillos a un periodista acreditado. Sin darle mayores precisiones, vaticinó: “Mañana me matan o mañana empezamos a hacer las cosas bien”.

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Spoiler: no sucedieron ninguna de las dos cosas.

Tapas del diario Clarín durante el Rodrigazo. (Foto: Clarín)

Medio siglo atrás, el 4 de junio de 1975, en una concurrida conferencia de prensa (se había corrido el rumor en las últimas horas que lo que se venía era algo nunca visto), Celestino Rodrigo anunció su plan:

  • El dólar aumentaba de 10 a 26, se desdoblaba -además del oficial había un financiero y uno turístico: a 45, ese era el más alto-
  • Las tarifas aumentaban hasta un 80%
  • La nafta subía más del 175%
  • Pese a algunas promesas iniciales más generosas, el Gobierno clavó las paritarias en un máximo del 45%.

Fue un shock. Nadie imaginaba la magnitud de las medidas.

Para que la gente, los empresarios y el mercado se acostumbraran al nuevo panorama, se decretó feriado cambiario por 5 días: los bancos recién abrirían el 9 de junio.

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Hubo quejas, zozobra, remarcaciones galopantes y desabastecimiento.

Lorenzo Miguel se apresuró a conseguir unas paritarias generosas de 145%, pero el gobierno no las homologó. Así sucedió con cada uno de los gremios fuertes. Eso desencadenó algo inédito, algo que muchos creyeron que nunca verían: el primer paro general de la CGT contra un gobierno peronista. Ante la falta de respuestas, y con los diarios rebosantes de solicitadas enojadas firmadas por los más diversos sindicalistas, un par de semanas después, hubo un segundo paro de 48 horas.

En los primeros días, primó la desesperación. El sueldo había pasado en cuestión de horas a valer la mitad. El poder adquisitivo se había licuado. Con el tiempo hubo varios trabajadores que obtuvieron un beneficio impensado. Las cuotas del crédito con el que estaban pagando su propiedad se habían casi evaporado. Tanto era así que son muchos los que recuerdan que la última docena de cuotas las hicieron en un solo pago, en parte por la vergüenza de abonar tan poco y en parte porque el transporte hasta llegar a la oficina en la que habían pagado cada mes era (bastante) más caro que la cuota.

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Un recuerdo familiar: mi hermano estaba en segundo grado. El día posterior a los anuncios de Rodrigo, en el patio del colegio, en medio del partido de fútbol que se jugaba en cada recreo, un compañero lo detuvo y le preguntó si en su (nuestra) familia ahorraban en dólares. Mi hermano no supo qué responder, todavía convencido de que los únicos activos posibles eran las figuritas de los jugadores de Racing y la colección de muñequitos Jack. El compañero ante la duda de Diego le dijo: “Si no tienen dólares van a ser pobres muy pronto”. Apenas llegó a casa, mi hermano le preguntó a mi papá si teníamos dólares. Mi papá no dudó en mentirle y tranquilizarlo: “Por supuesto”, respondió y siguieron abriendo paquetes de figuritas juntos.

Gelbard, López Morales, Rodrigo: cómo se llegó al Rodrigazo

¿Cómo se había llegado hasta ahí? El plan de José Ber Gelbard -ministro de Economía de tres presidentes consecutivos distintos- del Pacto Social y de Inflación Cero había fracasado. Los precios y los salarios congelados, problemas productivos, déficit fiscal creciente, recesión, caída de reservas y emisión monetaria eran los ingredientes del cóctel explosivo. A eso había que sumarle la crisis del petróleo de 1973, la muerte de Perón, la inestabilidad y la incapacidad de Isabel Perón, la presencia ominosa de López Rega y la violencia desatada (los Montoneros en la clandestinidad, el ERP atacando, la Triple A cazando gente) en el país. A Gelbard lo siguió López Morales que quiso reflotar el plan trienal que aplicó -sin demasiado suceso- en los 50. Después desembarcó Celestino Rodrigo.

El Rodrigazo, más allá de sus historias particulares y de la coyuntura, marcó un cambio de paradigma. Los efectos fueron duraderos. Muy duraderos. Por un lado la inflación llegó para quedarse. A partir de 1975 la inflación anual de Argentina hasta 1992 fue, al menos, superior al 100% (muchos años superó esa cifra con creces); la única excepción fue 1986, no por el título de Diego en México, sino por los efectos fugaces del Plan Austral. Por el otro, El Rodrigazo es el momento en que comienza la incertidumbre, la falta de confianza, la idea del dólar como único refugio posible; a partir del Rodrigazo los argentinos se convencieron, entendieron, que las reglas de juego pueden cambiar en cualquier momento. En un artículo publicado hace unas semanas en el diario La Nación, Alejandro Poli Gonzalvo sostiene que el Rodrigazo marcó el fin del contrato social argentino, aunque pese al brutal cambio de condiciones nadie osó violar los contratos, todavía “la noción de que los contratos estaban para cumplirse y había que apechugar” se mantenía incólume.

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“El Rodrigazo no fue un ajuste más sino el momento bisagra entre dos tipos de país”, afirman Nestor Restivo y Raúl Dellatorre en su libro El Rodrigazo. El lado oscuro del ajuste que cambió la Argentina.

En esos días entre titulares que hablaban de aumentos, deudas, movilizaciones, paros, paritarias frustradas y demás nadie hablaba todavía de Rodrigazo. El término, se supone, lo acuñó el diputado tucumano Juan Carlos Cárdenas del partido Vanguardia Federal que en medio de un discurso enérgico calificó el paquete de medidas del ministro de economía como “Rodrigazo”.

El 30 de junio en medio de insistentes pedidos de interpelación del Congreso, Celestino Rodrigo habló al país por última vez. Trató de justificar las medidas que había tomado 26 días antes:”El plan no es solo un intento de salvar la emergencia: es la única salida posible para una instancia dramática de riesgo creciente. Dramática, debido a la ausencia de reservas, a la especulación desenfrenada, a las pautas de consumo sin límite, a una inflación acelerada y desordenada y a un déficit fiscal astronómico…”

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Rodrigo debió renunciar a los 49 días, aunque todas las fuentes coinciden en que su suerte estuvo sellada varios días antes; había vaciado su despacho y se había despedido de su gente pero oficialmente seguía a cargo porque al gobierno le costaba encontrar a su sucesor. López Rega, en simultáneo, escapó del país. Mientras tanto el gobierno homologaba paritarias muy superiores a las autorizadas por el Ministerio. En medio del descontrol asumió Pedro José Bonanni que también había sido ministro de Perón en el 55. Bonanni en una de sus alocuciones iniciales fijó 11 objetivos de su gestión. Pero se apresuró a aclarar que no tenía idea cómo lograrlos en ese contexto, así que convocó a quienes le podían dar una mano o aportar ideas. Bonanni solo duró 20 días al frente del Ministerio.

Durante la Dictadura, Rodrigo estuvo preso durante cuatro años, de 1977 a 1981. Fue acusado de incumplimiento de deberes de funcionario público y de malversación de fondos en la causa de la Cruzada de la Solidaridad Justicialista.

Celestino Rodrigo murió a finales de 1987. Tenía 72 años. Cada tanto daba entrevistas y trataba de defender las medidas de shock y sus 49 días al frente del Ministerio de Economía. Intentaba convencer a la población de que su actuación no había sido equivocada. Nunca lo logró.

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crisis, Inflación, Peronismo

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El Gobierno asegura que mantiene la decisión de enviar veedores para revisar los balances de la AFA

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El flamante ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, confirmó que Alejandro Ramírez será el nuevo titular de la Inspección General de Justicia (IGJ). Ambos mantendrán la decisión de enviar veedores para auditar los balances de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), una solicitdud elevada por Daniel Vítolo, quien presentó la renuncia al organismo con una carta en la que lamentó no haber podido culminar su tarea de “ordenar y transparentar” ámbitos “históricamente considerados intocables”.

Fuentes al tanto de los movimientos de la nueva conducción del ministerio, que lo tiene a Mahiques a la cabeza y a Santiago Viola como su número dos, aseguraron a que la decisión de enviar veedores a la institución que preside Claudio “Chiqui” Tapia se evaluará la semana que viene, aunque todo va encaminado a que se firme el envío de los inspectores. Pero habrá un paso previo: el ministro de Justicia va a revisar personalmente el proceso anterior para evaluar que no haya vicios, según dijeron fuentes oficiales.

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“Mahiques va a revisar que no haya ninguna irregularidad; su idea es mandar los veedores”, aseguró a una altísima fuente del Gobierno.

En tanto, otra voz que conoce a la nueva cúpula de Justicia, añadió: “Se va a revisar y se va a terminar firmando”. Una tercera fuente de la Casa Rosada añadió: “Está por avanzar Mahiques con eso”.

El pedido de veedores -para acceder a información contable que la AFA supuestamente no había presentado a tiempo- tomó estado público cuando Vítolo hizo la solicitud y reforzó ese mensaje en televisión, por lo que su salida despertó polémica sobre si esto se vinculaba a una decisión del Gobierno de bajarle el tono a la disputa con la AFA.

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El Gobierno, a través de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), denunció a fines del año pasado a la AFA y a Tapia por la presunta apropiación indebida de tributos y recursos de la seguridad social por 7500 millones de pesos. Por este caso, declaró hoy en la Justicia Gustavo Lorenzo, director general de la entidad de fútbol.

En sus últimas apariciones públicas, Mahiques intentó despejar la polémica por la salida de Vitolo. “No vengo a tapar ninguna investigación”, dijo el ministro, que admitió que conoce a Tapia y al tesorero de la AFA, Pablo Toviggino.

Vítolo presentó su renuncia este viernes a pedido de MahiquesRicardo Pristupluk –

Durante el verano, Vítolo fue la cara visible del Gobierno en su enfrentamiento con la AFA. “Tengo la esperanza de que la próxima gestión continúe ese camino con vocación, profesionalidad y responsabilidad, preservando el interés del Estado nacional y del pueblo argentino por encima de cualquier presión corporativa, privilegio sectorial o ideología”, señaló Vitolo en su carta de salida.

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El propio Mahiques en las dos entrevistas que dio tras asumir -una a A24 y otra, a LN+– admitió que conoce a Tapia y a Toviggino, pero insistió con que no son sus amigos. Incluso, consideró que aquellos clubes que quisieran deberían poder transformarse en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), una modalidad que promociona el Gobierno y a la que se opone de manera tajante la AFA.

No tengo interés ni facultades para salvar a la AFA ni a nadie. Es falso. La AFA o los dirigentes de la AFA están siendo investigados en distintas causas, en distintas jurisdicciones, en distintas instancias, en donde el Poder Ejecutivo y, en este caso el ministro, no tienen absolutamente nada que ver. No vengo a tapar ninguna investigación. Y que se me critique por pedir la renuncia al extitular de la IGJ y aceptársela… no le encuentro el sustento”, dijo Mahiques en LN+.

Desde un primer momento, el ministro marcó que venía con su propio equipo y que, por eso, le pidió la dimisión a todo el personal político que llegó en la gestión anterior, la de Mariano Cúneo Libarona. Aseveró, en ese sentido, que la tradición para estos casos lo avala.

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En la nota que remitió Vítolo al Ministerio de Justicia el 25 de febrero pasado, además de pedir los veedores para que revisen los estados contables y financieros de la AFA cerrados al 30 de junio de 2025, solicitó también que se envíen los inspectores para auditar los documentos relacionados a la “creación, puesta en marcha y equipamiento” de la Universidad de la AFA (Unafa), como así también de las operaciones que hizo la universidad con otras casas de estudios y/o “con cualquier otro tercero”.

Cuando Tapia presentó la Unafa, el 11 de noviembre de 2025, anunció a Mahiques como su vicerrector. En su momento, el entonces fiscal general porteño dijo que inmediatamente después del lanzamiento, informó que desistía de seguir integrando la Unafa y que pidió que su nombre fuera eliminado de la página oficial. En este momento, en la nota que cuenta la presentación de la universidad en la página oficial de la AFA, el cargo de vicerrector aparece sin completar.

Cuando la IGJ solicitó la veeduría, la AFA emitió un comunicado firmado por Chiqui Tapia en el que la calificó como una medida ilegítima, basada en “hechos falsos” y “con una clara finalidad política”.

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Tapia el día en que encabezó el acto de presentación de la UnafaWeb AFA

“No es una medida técnica, es una operación política. Y las operaciones políticas no resisten el control judicial. Quieren que seas cliente. Pero sos parte. Quieren que seas espectador. Pero sos protagonista. Porque sin vos no hay clubes. Sin vos no hay historia. Sin vos no hay fútbol. El fútbol argentino es del pueblo. Y el pueblo no se vende“, dijo Tapia en ese comunicado.

En las últimas horas, personajes importantes del Gobierno se encargaron de aclarar que la postura contra la asociación no cambiará más allá del enroque en el Ministerio de Justicia. Este viernes, ARCA amplió la denuncia contra Malte SRL, una de las sociedades vinculadas a la AFA y a Toviggino.

A los frentes judiciales que tocan a sus figuras de mayor poder, a la AFA se le sumó ayer un escándalo deportivo, cuando River Plate anunció que no participaría más de las reuniones del Comité Ejecutivo, en una clara señal de desacuerdo con Tapia y sus laderos.

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Juan Bautista Mahiques,presentó la renuncia,denunció a fines del año pasado,pic.twitter.com/fAQCM1HoOy,March 6, 2026,nota que remitió Vítolo al Ministerio de Justicia el 25 de febrero pasado,página oficial de la AFA,ARCA amplió la denuncia contra Malte SRL, una de las sociedades vinculadas a la AFA y a Toviggino.,Paula Rossi,AFA,Juan Bautista Mahiques,Ministerio de Justicia,Conforme a,,Blanqueó US$1,4 millones. La ARCA amplió la denuncia contra una de las sociedades vinculadas a la AFA,,Frente al juez y el fiscal. El director general de la AFA se negó a responder preguntas,,Nuevo ministro de Justicia. Mahiques negó un pacto con Tapia en la AFA y dijo que nadie le pidió «tapar investigaciones»,AFA,,Cajas, sobres y chats. Cómo eran los envíos de dinero que le hacía Toviggino a Tapia,,Nuevo ministro de Justicia. Mahiques negó un pacto con Tapia en la AFA y dijo que nadie le pidió «tapar investigaciones»,,“¿Por qué no lo hicieron antes?”. Elisa Trotta, exembajadora de Venezuela en Argentina, cuestionó el rol de la AFA en la liberación de Nahuel Gallo

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Cómo se vivió la Hiperinflación de Alfonsín del 89: saqueos, obsesión por el dólar y nenes dejados en garantía

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Fue la tormenta perfecta. Peor: un tsunami que arrasó con casi todo lo que encontró a su paso. La hiperinflación. Durante 1989 la inflación anual argentina fue de 3079,5%. Sólo en julio rozó el 200%.

La crisis se fue gestando desde el agotamiento del Plan Austral, la derrota del radicalismo en las elecciones legislativas del 87 y los primeros levantamientos militares. En 1988, el ministro de Economía Juan Sourrouille anunció el Plan Primavera, que tenía como finalidad aguantar hasta la entrega del mandato a fines de diciembre de 1989.

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El anhelo de Raúl Alfonsín era pasar la banda presidencial a otro presidente constitucional, un hecho institucional absolutamente infrecuente en la Argentina. Pero una serie de factores produjeron la bomba que empezaría a explotar en abril del 89. Inflación mensual altísima, gran déficit fiscal, caída del precio de los commodities, la deuda externa asfixiante, emisión, las elecciones presidenciales que se aproximaban con un candidato desbocado como Menem, malhumor social por la baja del poder adquisitivo y por los apagones programados, los levantamientos carapintadas y La Tablada. Alfonsín perdía margen de maniobra. Cuando el 6 de febrero de 1989, el Banco Central anunció que no intervendría en el mercado de cambios (ya no tenía dólares: las cuentas estaban en rojo) se produjo el desmadre. 40% de inflación, 80%, 120%, 200%. Así mes a mes.

Leé también: Reynaldo Bignone, Raúl Alfonsín y la restauración de la República en 1983: una gesta nacional

Al principio de la crisis Eduardo Angeloz, candidato radical a la presidencia para las elecciones del 14 de mayo, pidió públicamente la renuncia del ministro de Economía, Sourrouille; pensaba que era la única oportunidad que tenía de llegar a ser presidente. Alfonsín nombró a Juan Carlos Pugliese, viejo político radical de comité, que había presidido con habilidad la Cámara de Diputados desde el 83 y que en el final del gobierno de Illia había ocupado el Ministerio de Economía un corto lapso. El paso de Pugliese fue breve y dramático. Tal vez los resultados de su gestión se resuman en su frase célebre tras ver que la inflación se había disparado hasta el 200 por ciento en un mes: “Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”. Mientras tanto Menem (y sus hombres) desde la seguridad de la victoria y con el deseo de que todo el ajuste y el costo lo pagara el gobierno saliente fogoneaba a los mercados.

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Para la vida cotidiana de las personas había dos personajes fundamentales, los grandes protagonistas anónimos de esos meses de locura y desesperación. El empleado de la financiera que cambiaba en la pizarra el valor del dólar y el remarcador en el supermercado.

Caos en los supermercados

En los supermercados tenían lugar escenas dramáticas. Muchas de las góndolas parecían desiertos, el desabastecimiento era una sombra (más) que se cernía cotidianamente sobre todos.

Por los pasillos, con changuitos muchas veces vacíos, la gente corría una carrera permanente. Debía llegar antes que el remarcador. No había código de barras y cada producto tenía una pequeña etiqueta rectangular blanca y adhesiva en la que figuraba el precio. Un empleado con una pistola era el que las ponía sobre la caja o el paquete. La actividad que esos hombres tuvieron durante esos días fue demencial. No paraban de remarcar. Una etiqueta sobre otra. El precio nuevo tapando el anterior que tal vez había sido puesto unas pocas horas antes. A veces esa superposición de etiquetas provocaba una especie de costra de papel de varios centímetros de espesor. En ocasiones a los comercios llegaban dos listas de precios por día; una por la mañana, otra por la tarde.

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Las familias recorrían los supermercados en busca del precio que aún no haya sido remarcado. (Foto: AFP)

A veces el remarcador se tomaba su trabajo demasiado a pecho y no dejaba acercarse a los clientes a los bienes a los que les estaba poniendo un nuevo precio. Y ellos pujaban con él e intentaban arrebatarle los productos. Pero también estaban los que se apiadaban de la gente y les permitían tomar los que él todavía no había intervenido, los que tenían el precio anterior. Un gesto compasivo en medio de la crisis.

Había peleas a las trompadas entre clientes en los pasillos de los súper. Una escena habitual: alguien dejaba su changuito descuidado unos segundos para buscar algo, otro le sacaba una botella de aceite, un pedazo de queso o un paquete de galletitas y lo ponía en su changuito. Algún distraído preguntaba por qué lo hacía si el otro todavía no había pasado por caja a pagar. El motivo era que esos productos todavía conservaban el precio anterior; si uno volvía a las góndolas los encontraría con una remarcación superior al 20%.

La frenética hiperinflación marcó el final del gobierno radical. (Foto: AFP)
La frenética hiperinflación marcó el final del gobierno radical. (Foto: AFP)

Algunos conocían un pequeño secreto. Había supermercados que no alcanzaban a remarcar todos los productos y los más alejados, los que estaban en la tercera fila de la góndola, eran más baratos —habían quedado dos o tres remarcaciones atrás— que los del frente.

Otro momento horrible y muy frecuente se vivía en las cajas. La gente debía dejar productos que había tomado porque la plata que les alcanzaba para comprar al entrar al local ya no bastaba. Mucha gente cuenta que pensaban comer fideos al fileto y debieron dejar en la caja la lata de salsa de tomate porque ya había aumentado el valor.

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A veces eran tan abruptos los cambios, tan veloces y tan masivos que algunos supermercados, obviando la ley, les comunicaban a los clientes los aumentos por altoparlantes. Podían anunciar remarcaciones en los lácteos, carnes o en el aceite, pero también podía ser un anuncio más inclusivo y, por supuesto, apocalíptico: “Todos los precios del supermercado han sufrido un aumento del 25%”, decía un locutor improvisado con voz neutra mientras, seguramente, rogaba para que ningún cliente encontrara el lugar desde el que emitía la macabra información.

La pobreza aumentó al 47%, se perdieron muchos puestos de trabajo, hubo desabastecimiento y saqueos. (Foto: AP)
La pobreza aumentó al 47%, se perdieron muchos puestos de trabajo, hubo desabastecimiento y saqueos. (Foto: AP)

Hubo familias -compañeros de trabajo, padres del colegio, vecinos- que se agrupaban y se dividían las compras. Uno se encargaba de comprar varios cajones de frutas y verduras, otro productos de limpieza, otro fideos y arroz.

Estas escenas, por supuesto, no sólo ocurrían en los supermercados. Los almacenes también tenían sus historias. La periodista Dalia Ber recuerda que su mamá mandaba a su hermano del medio a comprar leche al almacén de enfrente de su casa. El chico iba acompañado por su hermano menor. El sachet cada día costaba más que el anterior, a veces el doble y la plata que le había dado la madre no alcanzaba. El chico dejaba de seña a su hermano menor y cruzaba a buscar el dinero que faltaba. Un día la que cruzó fue la madre y el almacenero se acercó a la mujer y en tono cómplice, como para que no escucharan el resto de las clientas, casi al oído le dijo: “Señora, no es necesario que me deje al más chiquito de garantía”.

En las casas de electrodomésticos también la actividad era frenética. Muchos sueldos, condenados a licuarse en un par de días, eran destinados a adquirir al menos un bien durable. La búsqueda de la heladera o el televisor adecuado era fragorosa. La recorrida por las casas que vendían electrodomésticos o una caminata por la zona de San Juan y Boedo -que concentraba muchos comercios del ramo- mostraban una disparidad de precios gigantesca. Pero si uno caminaba mucho corría el riesgo de que al volver a ese negocio, el lavarropas por el que le habían pedido dos horas antes 700.000 australes ahora valía más de un millón. Exactamente el mismo lavarropa.

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La crisis se fue gestando desde el agotamiento del Plan Austral, la derrota del radicalismo en las elecciones legislativas del 87 y los primeros levantamientos militares. (Foto: AFP)
La crisis se fue gestando desde el agotamiento del Plan Austral, la derrota del radicalismo en las elecciones legislativas del 87 y los primeros levantamientos militares. (Foto: AFP)

El economista y autor Walter Sosa Escudero cuenta que, a punto de casarse, debía comprar electrodomésticos para su casa. Su entonces novia iba al Hogar Obrero, cerraba el precio, lo llamaba desde un teléfono público, él salía de su oficina, vendía dólares y se tomaba un taxi para pagar. Si ese proceso tardaba más de un par de horas, el precio no se mantenía.

Mariel Fornoni, la directora de Management and Fit, también estaba por casarse pero todo era incertidumbre. Hasta último momento no supo si la fiesta iba a poder realizarse o no. Con las invitaciones ya enviadas, tuvo que esperar hasta el jueves previo a la boda -tan solo dos días antes- para que le confirmaron el costo definitivo del salón y del catering. Hasta esa instancia ella y su pareja no sabían si iban a poder afrontar el gasto porque la cifra podía variar sideralmente.

Otra escena común en varias familias, aquellas que tenían mayores posibilidades económicas, fue el acopio. Placares y alacenas repletas de papel higiénico, cajas de arroz, paquetes de fideos, latas de conserva, puré instantáneo, aceite, azúcar, harina, sal, productos de limpieza, jabones, champú. Todo lo que no venciera a corto plazo. Esa maniobra, esa decisión familiar, tenía un antecedente cercano: Malvinas. Y otro hecho anterior que les había enseñado las dificultades de no estar pertrechado: el Rodrigazo. Tanto un enorme sacudón económico e inflacionario como una guerra y su incertidumbre producen desabastecimiento. Los productos no tienen precio, entonces los fabricantes y los vendedores los guardan para no perder dinero.

La gente llegó a pelear por productos en los supermercados y hasta se programaban saqueos. (Foto: AP)
La gente llegó a pelear por productos en los supermercados y hasta se programaban saqueos. (Foto: AP)

En medio de la vorágine de la híper, el acopio tenía también otro móvil: era una inversión, una forma de proteger el dinero. Si con un sueldo el día uno del mes se podían comprar 300 paquetes de un producto, lo más probable era que avanzado el mes el mismo dinero permitiera adquirir sólo 80 o acaso 60 paquetes del mismo producto.

Otro factor vital en esos días era si los bienes comprados en los meses previos tenían cuotas fijas o variables. Si eran fijas, las últimas cuotas terminaban depreciándose tanto que a veces convenía pagarlas todas juntas porque habían quedado por debajo del valor de un pasaje en colectivo. Si eran variables, si habían sido indexadas, como los sueldos no aumentaban -ni cerca- a la velocidad de la inflación y el dólar, se volvían impagables y se perdía la plata puesta y no se podía comprar el producto en cuestión.

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Si hablamos de pasajes, el periodista Pablo Strozza aporta una buena anécdota. En esa época alumno secundario, se movilizaba junto a sus amigos en subte. Los viajes se pagaban con cospeles que se compraban en las ventanillas y luego se ponían en los molinetes. Como el servicio podía aumentar más del cien por ciento en un día, la acumulación de cospeles era una fuente de ahorro. Pero en los subtes se prohibió que se vendieran más de dos por persona. Así que Strozza y sus amigos compraban y volvían a hacer la cola; tal vez pasaban por la ventanilla diez veces y acumulaban cospeles a un valor que una semana más adelante sería irrisorio.

La triste postal de la época: los saqueos que se producían a lo largo del país. (Foto: AP)
La triste postal de la época: los saqueos que se producían a lo largo del país. (Foto: AP)

Daniel Vega, gran autor inédito aún, cuenta que debía irse de viaje de egresados a Bariloche. Se venía pagando mes a mes desde el año anterior. La última cuota debía abonarse el día previo o directamente en la estación antes de subirse al micro. La cuota que pagó fue más barata que la revista El Gráfico que compró en el kiosco cercano al andén para poder leer en el largo viaje en micro.

Los cigarrillos fueron otros de los protagonistas (se fumaba mucho más que ahora). Los atados traían su precio en una especie de estampilla en su parte superior. Por ley los kioskeros tenían prohibido vender a un valor diferente al indicado en el paquete. Pero ese precio cambiaba diariamente. Así comenzaron a venderse por unidad y muchos preguntaban el precio vigente en cada kiosco que se cruzaban hasta dar con uno que todavía los tenía al precio anterior.

El día de cobro de sueldo pasó a ser vital. Una diferencia de 24 o 48 horas podía hacer que el salario permitiera comprar 30% menos de dólares. La compra de dólares era la única manera que los argentinos encontraron para proteger en parte sus ingresos. No lo hacían con afán de ahorro ni especulador. Durante todo el mes irían cambiando dólares para afrontar los gastos de su vida cotidiana. El que se quedaba con australes en el bolsillo, la cartera o el colchón, estaba condenado a que se convirtieran en papel pintado, en algo sin ningún valor. Un gran ejemplo de eso fue el que dio la Revista Humor en la hiperinflación siguiente, en la del año 90 bajo el gobierno de Menem. En cada ejemplar pegó en la tapa un billete real, todavía en circulación, pero que ya no tenía ningún valor. Unos meses antes con ese billete se podían comprar varias revistas.

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La hiperinflación provocó la salida anticipada de Alfonsín del gobierno. El presidente se había quedado sin poder real. (Foto: AFP)
La hiperinflación provocó la salida anticipada de Alfonsín del gobierno. El presidente se había quedado sin poder real. (Foto: AFP)

En esos tiempos no había transferencias ni tarjetas de débito. Las empresas pagaban con el dinero en efectivo en un sobre o con un cheque que se cobraba por caja. Una vez que la gente se hacía con su salario empezaba una carrera infernal y angustiante. Literalmente corriendo iban hasta la financiera más cercana y hacían una larga cola para comprar dólares. Era tanta la gente que se amuchaba que las colas podían ser de decenas de metros.

En la vidriera del local una pizarra informaba el precio del dólar. El cadete que debía cambiar la cotización durante esos meses tuvo días muy agitados. Todo el tiempo se modificaba, siempre a la alza. En la calle se escuchaban los murmullos, lamentos y hasta insultos de los que estaban en la cola y veían que el cálculo que habían hecho cinco minutos atrás ya había quedado inútil y había sido ingenuamente optimista.

Como el dinero cada vez valía menos, el gobierno emitía nuevos billetes, de mayor denominación, que a los pocos días ya valían muy poco. Llegó a haber billetes de 500.000 australes y monedas de mil.

La pobreza aumentó a 47%, se perdieron muchos puestos de trabajo, hubo desabastecimiento y saqueos. La crisis energética también hacía que hubiera apagones programados. Parecía que el caos ganaría la partida.

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La hiperinflación provocó la salida anticipada de Alfonsín del gobierno. Debió entregar el mando antes de lo previsto. Se había quedado sin poder real (Enrique Paixao, entonces secretario de Justicia, graficó: “Ya ni el café nos servían”) y, entre caos, pobreza creciente y precios y dólar desatados, la salida y la asunción del nuevo gobierno parecía lo más razonable. Para los meses finales eligió como ministro de Economía a un joven. Una noche Alfonsín llamó por teléfono a Jesús Rodríguez a la casa:

-Jesús, le tengo que pedir un favor.

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-Por supuesto, Presidente. Lo que usted diga.

-Me tiene que ayudar a convencer a un amigo de que agarre el Ministerio de Economía.

-Uhhh, eso es difícil, ¿quién va a querer agarrar ese fierro caliente? Nadie. Pero lo intento. Dígame, Presidente, ¿quién es el amigo a convencer?

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Es un amigo muy querido. Se llama Jesús Rodríguez —dijo Alfonsín— y se hizo unsilencio muy largo en la línea, tanto que con las precarias comunicaciones de Entel cualquiera podría haber pensado que se había cortado la llamada, hasta que Jesús Rodríguez respondió:

-A usted no le puedo decir que no, Raúl.

Alfonsín consiguió su último ministro de Economía hablándole con el corazón.

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Mahiques negó un pacto con Tapia en la AFA y dijo que nadie le sugirió “tapar investigaciones”

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El flamante ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, se refirió este viernes por la tarde a la salida del extitular de la IGJ, Daniel Vítolo, quien hasta ahora era la cara visible del oficialismo en los avances contra la AFA, y desestimó cualquier acuerdo para favorecer a la entidad que preside Claudio “Chiqui” Tapia.

“No vengo a tapar ninguna investigación”, señaló el funcionario que asumió en lugar de Mariano Cúneo Libarona, al tiempo que aclaró que no mantiene ninguna amistad con la dirigencia de la asociación. Además, aseguró que desde el Ejecutivo no hubo ningún pedido para “frenar causas”.

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“No tengo interés ni facultades para salvar a la AFA ni a nadie. No hay ningún interés mío en hacerlo”, afirmó Mahiques, en diálogo con LN+.

«La única vez que vi a Javier Milei fue en la asunción»: Juan Mahiques, tras jurar como nuevo ministro de Justicia

“La AFA o los dirigentes están siendo investigados en distintas causas, jurisdicciones e instancias en donde el Poder Ejecutivo y en este caso el ministro no tiene nada que ver”, indicó. Del mismo modo, el funcionario rechazó cualquier relación de amistad con la dirigencia de la entidad, a la cual se lo vinculó entre otras cosas por haber sido nombrado como vicerrector de la Universidad del Fútbol Argentino (Unafa).

“Conozco a Tapia, a Toviggino y a la mayoría de los dirigentes del fútbol. Yo entré como fiscal general de la Ciudad e inmediatamente creé una fiscalía que se tenía que dedicar a investigar la violencia que había en el fútbol. A raíz de eso, firmé convenios con toda la dirigencia de los clubes”, explicó Mahiques.

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El Presidente Milei toma juramento al nuevo Ministro de Justicia, Dr. Juan Bautista MahiquesCaptura

“Al margen de mi pasión por el fútbol, yo los conozco a todos, pero eso no me hace ser amigos de ellos. No soy amigo de ninguno. Califico a mis amigos por si vienen a mis cumpleaños, a mi casamiento o si están en un momento relevante. No vengo a tapar ninguna investigación”, insistió luego.

De igual modo, negó por completo que su padre, camarista de la Cámara Federal de Casación Penal, haya celebrado su cumpleaños en la ostentosa quinta de Pilar que se le atribuye al número dos de la AFA, Pablo Toviggino, tal como reveló el periodista Hugo Alconada Mon en una investigación publicada por .

Si bien el magistrado rechazó que la celebración haya existido, renunció a la suplencia en la vocalía de Casación donde tramitaba la causa que investiga quiénes son los dueños del predio de 5,5 hectáreas, en el que conviven 45 autos de alta gama y que además cuenta con helipuerto, caballerizas e instalaciones deportivas.

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En esa misma línea, y ante la consulta del periodista sobre un eventual pedido por parte del Ejecutivo para “obturar” las causas vinculadas a la criptomoneda $LIBRA y a la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), que involucran a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y al mandatario, Mahiques respondió de manera contundente: “Absolutamente nadie me lo ha pedido”.

“No solo no me lo han pedido, sino que no es mi función”, agregó. Sobre su desembarco en el Gobierno, Mahiques ratificó su pedido de renuncia a todo el equipo que acompañaba a Cúneo Libarona, que incluyó también la Procuraduría del Tesoro para Sebastián Amerio, alfil de Caputo que fue desplazado como número dos de Cúneo Libarona y sustituido por el karinista Santiago Viola.

El Presidente Milei toma juramento al nuevo Ministro de Justicia, Dr. Juan Bautista Mahiques.Karina Milei lo felicita al nuevo ministro. Casa RosadaPresidencia

Horas después de haber jurado como Ministro de Justicia en la Casa Rosada, Mahiques definió varias modificaciones en el esquema de su cartera que derivó en un pedido de renuncia al titular de la IGJ, Daniel Vítolo, quien hasta ahora era la cara visible del Gobierno en la embestida contra la AFA y que había solicitado incorporar veedores en la entidad del fútbol que preside Tapia.

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Pese a las declaraciones de Vítolo de este viernes, quien dijo lamentar no haber podido culminar su tarea contra ámbitos “considerados intocables”, Mahiques sostuvo que el funcionario “no se fue mal” y respaldó su accionar bajo la premisa de que cada ministro debe rodearse de equipos propios.

“Desconozco que es lo que dijo proque a mí no me lo dijo. Pero un ministro que llega y pide la renuncia de todos los funcionarios políticos es lo más habitual. Cada ministro llega con su gente de confianza”, destacó.

Vítolo no fue el único. Mahiques resolvió también el reemplazo de los titulares de la Unidad de Información Financiera (UIF), de la Oficina Anticorrupción (OA) y de la Secretaría de Derechos Humanos. En relación a las nuevas incursiones, el ministro anunció el nombre de Alejandro Ramírez como reemplazante de Vítolo, a quien definió como un hombre de su “confianza”, egresado de la Universidad Austral, “preparado e idóneo” para asumir al frente de la IGJ.

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