POLITICA
El Gobierno relativiza el conflicto con el PRO y asegura que no hay irregularidades en las designaciones en la AGN

A pesar del recurso de amparo que presentó Cristian Ritondo para frenar las designaciones en la Auditoría General de la Nación (AGN), el Gobierno no cree que haya cambios en la relación que mantiene La Libertad Avanza con el PRO en el Congreso.
“El vínculo con ellos está bien”, indicó una fuente oficialista a este medio. Además, sostienen que el espacio que lidera Mauricio Macri seguirá acompañando las propuestas de La Libertad Avanza porque comparten las mismas convicciones.
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Asimismo, TN pudo confirmar que el oficialismo cree que los miembros de la AGN fueron bien elegidos. Es decir, no ven irregularidades en la repartición de los tres lugares del organismo: Mónica Almada (en representación de LLA), Juan Ignacio (por el peronismo) y Pamela Calletti (por las provincias, miembro de Innovación Federal).
En ese contexto, en LLA también sostuvieron que el PRO no tiene los legisladores necesarios para que les corresponda un lugar en el organismo de control. Otros, además, aludieron a una sobreactuación de los referentes del espacio macrista.
En ese sentido, Javier Milei también se refirió al tema en diálogo con LN+. El Presidente descartó que la decisión haya sido un quiebre en la relación con el PRO y aseguró que “no fue una traición a Mauricio Macri”.
Sin embargo, miembros del PRO insisten con que La Libertad Avanza incumplió un acuerdo político. “Cuando hay ruptura de la palabra, lo que se pierde es la confianza”, indicó este domingo Laura Alonso, legisladora porteña que responde a Jorge Macri.
La presentación del PRO para frenar la designación de los nuevos miembros de la AGN: los detalles del amparo
Cristian Ritondo se presentó en la Justicia en representación de todo su bloque, pidiendo la nulidad de la resolución y el dictamen de una medida cautelar para impedir que los nuevos miembros “asuman o actúen en la AGN hasta que exista una sentencia definitiva”.
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Entre los argumentos, Ritondo sostuvo que la resolución se aprobó en “un procedimiento que fue abiertamente inconstitucional”. El documento agrega que la designación se realizó fuera del temario habilitado para extraordinarias y que la votación de los miembros de la AGN se realizó a las tres de la mañana, sin cumplir con los procedimientos reglamentarios. Es decir, sin dictamen, sin publicidad y sin debate parlamentario.
Para el PRO, La Libertad Avanza negoció con el kirchnerismo secretamente, para definir la nueva composición de la AGN en un momento clave de la sesión, donde se debatía el Presupuesto 2026 y el proyecto de Inocencia Fiscal.
PRO, La Libertad Avanza, AGN
POLITICA
Tras el discurso de Alberto Fernández, EE.UU. elogió el vínculo con la Argentina y dijo que tener diferencias es normal

LOS ÁNGELES.- Luego del discurso del presidente Alberto Fernández en la Cumbre de las Américas, Estados Unidos elogió el vínculo con la Argentina, dijo que quiere trabajar con el país para fortalecer la democracia y la economía de la región, y que tener diferentes perspectivas sobre cómo avanzar “es una parte normal de una relación madura y constructiva”.
“La administración Biden quiere trabajar con la Argentina para fortalecer la democracia en la región, promover la reforma económica y el crecimiento sostenible, combatir el cambio climático y luchar contra la pandemia”, indicó a un vocero del Departamento de Estado.
“Tener diferentes perspectivas sobre cómo avanzar en estos asuntos es una parte normal de una relación madura y constructiva. Estados Unidos cree que promover un sistema interamericano fuerte y reforzar nuestros compromisos compartidos para promover y defender la democracia y los derechos humanos son esenciales para el éxito de las Américas”, completó.
El mensaje del gobierno de Biden llega luego del discurso del presidente Fernández que sacudió el ambiente de la Cumbre de las Américas. Fernández criticó la exclusión de la cita de Cuba, Nicaragua y Venezuela, tres regímenes a los que la Casa Blanca y varios gobiernos regionales consideran dictaduras, y decidió dejarlos fuera de la convocatoria, en línea con la carta fundacional del foro, que solo permite la participación de gobiernos democráticos.
“Definitivamente hubiésemos querido otra Cumbre de las Américas. El silencio de los ausentes nos interpela”, dijo Fernández en su mensaje, en el que también cargó contra el “bloqueo” a Cuba y Venezuela, en referencia al embargo y las sanciones.
Fernández también dijo que se había utilizado a la Organización de Estados Americanos (OEA) como “un gendarme que facilitó un golpe de estado en Bolivia”, y que Estados Unidos se había “apropiado” del Banco Interamericano de Desarrollo durante la gestión de Donald Trump, quien impulsó al actual presidente, Mauricio Claver-Carone.
“Empezamos fuerte”, fue la respuesta de Biden al cerrar el plenario tras el mensaje de Fernández, otros líderes y el secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres. “Y a pesar de algunos desacuerdos relacionados con la participación, en las cuestiones sustanciales lo que escuché fue casi unidad, uniformidad”, completó.
El Departamento de Estado ofreció varios puntos destacados en el vínculo entre ambos países. El vocero indicó que la Argentina y Estados Unidos disfrutan de una relación positiva y mutuamente beneficiosa, arraigada “en nuestros valores e intereses compartidos”, dijo.
“Nuestra gente, nuestros gobiernos, nuestras universidades y nuestras comunidades empresariales participan en intercambios recíprocos de ideas, perspectivas e información en beneficio tanto de las sociedades como de los gobiernos”, insistió.
Con todo, el discurso de Fernández levantó cejas entre analistas en Washington, y quienes reclaman una postura nítida, contundente y consistente contra los regímenes regionales. Pero el nuevo respaldo de la Casa Blanca de Biden al gobierno de Alberto Fernández y a la Argentina brindó otra prueba de la fortaleza actual de la relación bilateral, que la Casa Rosada se preocupó por cultivar. Es, también, otra señal de la fuerte determinación de la administración norteamericana de buscar la mejor relación posible con los principales países de la región. Biden, además, tampoco tiene muchos socios con quienes trabajar en el hemisferio. Andrés Manuel López Obrador faltó a Los Ángeles. Iván Duque se está yendo. Y su bilateral con Jair Bolsonaro expuso sus diferencias y fue visiblemente incómoda.
Para la Casa Blanca, la presencia de Alberto Fernández en la Cumbre fue de suma importancia y un gesto también a Biden, que tuvo que esforzarse por salvar la cita, otro factor que también acolchonó la aspereza palabras.
En la comitiva presidencial se mostraron muy conformes con las reacciones al discurso presidencial. Remarcaron que el gobierno de Biden estaba al tanto de cuáles serían los principales lineamientos del mensaje, que Fernández brindó en nombre de la Celac, y destacaron el apoyo y el entendimiento del ala política de la administración norteamericana. El Gobierno, indicaron, había recogido reacciones positivas al mensaje, aunque también intuían un eventual malestar y rechazos, por ejemplo, en segundas líneas oficiales.
El propio Fernández dijo en una conferencia de prensa con periodistas argentinos que “no hubo sobresaltos” en el vínculo con Estados Unidos.
“A mí me tocó hablar por la Celac y ahí di mi posición sobre lo que creía que pasaba en esta cumbre, en América y hacía donde debíamos transitar. No voy a evaluar lo que dije, pero creo que fue una jornada valiosa. A la noche tuve un intercambio de palabras buenas con el presidente Biden para seguir viendo cómo seguir con este tema. Vamos a seguir trabajando. A pesar de las limitaciones por las ausencias que hubo, fue una buena cumbre”, indicó el Presidente. “No tuvimos ninguna reacción en contra. Ayer recibí solo palabras de apoyo”, afirmó.
Biden recibirá a Fernández a fines de julio en la Casa Blanca, en lo que será su primera visita a la capital norteamericana desde que asumió la presidencia. El Gobierno viene trabajando desde hace mucho en esa reunión con gestiones de alto nivel que lideraron el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, y el embajador argentino, Jorge Argüello.
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POLITICA
Estados Unidos convocó a Argentina a una cumbre militar con líderes del hemisferio occidental

Argentina participará el próximo 11 de febrero en una cumbre militar de alto nivel en Washington, convocada por el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Dan Caine.
La delegación nacional estará encabezada por el vicealmirante Marcelo Dalle Nogare, recientemente designado jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas por el presidente Javier Milei.
El encuentro reunirá a jefes militares de 34 países del hemisferio occidental, además de representantes de naciones europeas con presencia en la región como el Reino Unido, Francia y Dinamarca, en una cita que el Pentágono describió como poco frecuente por su escala jerárquica.
Dan Caine
El objetivo principal de la reunión es mejorar la coordinación regional contra el narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales. Según un comunicado de la oficina de Caine, los líderes explorarán esfuerzos conjuntos para contrarrestar a “organizaciones criminales y terroristas, así como los actores externos que socavan la seguridad y la estabilidad regional”.
Esta iniciativa ocurre tras la redefinición de la Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos, que ubica a América Latina como un espacio estratégico central para proteger rutas comerciales y contener influencias hostiles externas.

Donald Trump y Dan Caine
Desde la Casa Rosada interpretan la invitación como una oportunidad para “reposicionar a la Argentina en los foros hemisféricos de seguridad” y consolidar el acercamiento estratégico con Washington.
La cumbre se desarrollará a puertas cerradas en un contexto de intensa actividad operativa estadounidense en el Caribe y el Pacífico oriental, tras la detención de Nicolás Maduro bajo cargos de narcoterrorismo.
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La fase suicida del kirchnerismo

“Tiró la toalla”. Un cacique peronista que trata desde hace años a Cristina Kirchner reaccionó con estupor al cortometraje que la vicepresidenta publicó el lunes para denunciar una conspiración judicial en su contra. En el universo político que orbita alrededor de ella primó una sensación inquietante de que aquella jugada de tremendo impacto institucional esconde un mensaje de resignación sin retorno sobre el destino del Gobierno.
La mujer que se presenta cómo víctima de intereses económicos y políticos que maniobran para condenarla por corrupción avisa a los argentinos que “será muy difícil mejorar las condiciones de vida de todos y todas con esta Corte” y que “nada puede funcionar en un país si carece de un Poder Judicial que tenga legitimidad”.
Nunca antes el discurso de la vicepresidenta enlazó de manera tan explícita su situación procesal con la suerte del país, en una confesión involuntaria de lo que significó para ella desde un principio esa invención llamada Frente de Todos.
La incapacidad de Alberto Fernández para conseguirle el certificado de inocencia en los tribunales es indivisible del descalabro económico, que Cristina atribuye en su relato exculpatorio a la falta de coraje del Presidente para enfrentar a los “poderes fácticos” que resisten la instauración de “gobiernos populares”.
Es la acción desesperada de alguien que intenta rescatar del incendio un objeto de inconmensurable valor. En su caso, el capital simbólico de la líder intransigente, iluminada e incomprendida que, aún en sus horas más bajas, despierta veneración en un círculo de fieles proclive a valorar los sacrificios que ella pide en el camino a la salvación.
El Presidente y su vice se revolean una bomba a punto de estallar como si ya no valiera la pena intentar desactivarla
Mientras salva lo suyo, se desentiende de las llamas. El gobierno de Fernández languidece entre la crisis financiera, la sequía de dólares y la angustia de un nuevo equipo económico sin poder para hacer frente a una ola de desconfianza de apariencia tan irremediable como la ley de la gravedad.
El Presidente se permite comentar entre los suyos que decidió no ejercer el liderazgo porque eso implicaría romper con Cristina. Como quien descubre, al fin, la confortable tranquilidad de no ser responsable.
Se configura así la dinámica del kirchnerismo en fase suicida: el Presidente y su vice se revolean una bomba a punto de estallar como si ya no valiera la pena intentar desactivarla y solo quedara ponerse a resguardo de los daños.
Cristina sacudió a Fernández y a su equipo cada vez que quisieron moverse de la línea imaginaria del kirchnerismo histórico”
Los dos sufren las consecuencias del contrato opaco que firmaron en 2019 para juntar al peronismo en una ventanilla única que garantizara el regreso al poder. Cristina -traducen a su lado- eligió a Alberto no tanto porque creyera que sin él no ganaba las elecciones sino porque estaba convencida de que a ella no la iban a dejar gobernar. Él tenía el perfil para desempeñarse con alguna soltura en el escenario económico que heredaba del macrismo, en el que intervenían actores repudiados por ella como el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Pero eso que podía parecer astuto resultó el germen de una implosión. Cristina sacudió a Fernández y a su equipo cada vez que quisieron moverse de la línea imaginaria del kirchnerismo histórico. Así fue minando su ánimo, potenció la ineficiencia de la gestión y convirtió la postergación en política de Estado. El imperativo del Presidente no fue superar la crisis, sino evitar el conflicto político. En sus picos de popularidad, exaltaba su singularidad según esos parámetros en los que aceptaba moverse. Era cuando decía con disimulada arrogancia que no creía en los planes económicos, como declaró al Financial Times en 2020.
Ahora que pisan arenas movedizas Alberto y Cristina rehúyen del liderazgo y por debajo de ellos reina el desconcierto. Se anuncian medidas de dudoso cumplimiento, llueven rumores tremendistas, el oficialismo se protesta a sí mismo y surgen desde sus entrañas predicadores de tragedias como Juan Grabois, que reinstaló despreocupadamente el peligroso discurso de la “sangre en la calle” y la inminencia de saqueos. Máximo Kirchner y La Cámpora meditan sin intervenir, como si la nueva militancia consistiera en hacerse los distraídos.
El portazo que dio Martín Guzmán obligó a Cristina a poner el cuerpo por miedo a que Fernández le revoleara la presidencia. Su compromiso se limitó durante tres semanas eternas a hacer silencio público y escuchar las medidas que tienen la cortesía de anticiparle.
Por temor a contrariarla en el recetario no aparece una propuesta para dejar de alimentar un déficit inmenso para el que ya no aparece financiamiento. Gestionar consiste, así, en buscar el parche más eficiente en una estructura que hace agua por cada rincón.
La sociedad percibe la confusión y busca protegerse como puede de la pulverización de su dinero, a pesar de que el Presidente y los voceros del negacionismo oficial descubran con horror que la crisis se espiraliza por la “especulación” de quienes actúan “pensando en su beneficio personal”. Es enternecedor ver cómo descubren el capitalismo funcionarios que en otra vida supieron ser expertos en ahorrar en dólares.
Acusar resulta más fácil que actuar. En un gobierno de nadie, el ministro de Seguridad da los mensajes económicos, el de Vivienda se mofa de los deudores que tomaron créditos UVA, la portavoz presidencial destrata a los periodistas por preguntar lo elemental, el jefe de Gabinete prepara una cumbre de gobernadores para empoderar a la ministra de Economía y solo consigue una postal de sillas vacías.
La última ocurrencia que la propia Cristina promueve es llamar a un diálogo con la oposición. Eso que sería tan natural en cualquier país sometido a un deterioro social dramático parece en la Argentina un recurso de gobiernos que presienten su final. Se vislumbra como una iniciativa condenada al fracaso porque parte desde el desprecio: la misma convocatoria incluye un rosario de acusaciones e insultos a aquellos a quienes se les pide sentarse a una mesa para buscar soluciones. Es la mano que arrastra hacia el precipicio.
“No vamos a pisar el palito. No piden ayuda sino un culpable alternativo para su propia crisis”, dice uno de los presidenciables de Juntos por el Cambio. Lo peor es que nadie abrió un canal verdadero de comunicación en semejante presente. Como si en realidad los llamados a la concordia fueran apenas condimentos para el relato victimista: señalar a aquellos que no quisieron poner el hombro en las malas.
En la oposición persiste el recuerdo amargo del debate parlamentario sobre el acuerdo con el FMI, en el que Juntos por el Cambio aportó sus votos para salvar al gobierno de Fernández mientras el kirchnerismo jugaba a denunciar traiciones al pueblo, sin mancharse las manos.
Los jefes opositores entraron en una etapa de consulta permanente para monitorear la crisis. Ya no le atribuyen “chance cero” a la posibilidad de una crisis institucional o un adelantamiento electoral. “Tenemos que estar preparados. Todo se acelera a un ritmo inimaginable”, dice otro de los aspirantes a suceder a Fernández. Elisa Carrió ya dijo en público que espera tempestades. Hoy no es ella la más dramática en el diagnóstico.
Hay coincidencia en Juntos por el Cambio en que las señales de Cristina y Alberto permiten sospechar que pueden patearles el tablero en pleno juego, a medida que la crisis financiera se agrava. Miran con desconfianza el operativo que ella ordenó para instalar la hipótesis de que la van a proscribir a partir de una condena judicial y sorprendió también la forma en que él se sumó a la ofensiva, atado otra vez al rumbo político que ella traza. Resignado, acaso definitivamente, a que el plan de reelección es un sueño terminado.
La pulsión autodestructiva del kirchnerismo 2022 parece irrefrenable. Pero puede ser una trampa para quienes lo enfrentan. Nada indica que Cristina Kirchner haya perdido su instinto de supervivencia: mostrarse como víctima y socializar el costo de la crisis puede ser la semilla de la esperanza de una resurrección futura. Solo hace falta que el ciclo decadente de la Argentina le permita ofrecerse otra vez como la arquitecta de un mal menor.
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