POLITICA
El hombre que afinó la horca: la historia de Albert Pierrepoint, el verdugo que ejecutó a más de 400 personas

Un oficio familiar. Algo bastante usual. Un joven que sigue el camino de su padre y de su tío. El trabajo como legado.
Un oficio como cualquier otro. Que exige dedicación, conocer sus reglas, descubrir sus secretos, que dispone de propios métodos y herramientas.
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Un oficio ejercido durante más de un cuarto de siglo, que lo convirtió en el referente indiscutido en el rubro. Este hombre fue tan bueno en lo suyo que lo convocaban desde diversos países de Europa para que desplegara sus conocimientos, para que hiciera lo que sabía hacer mejor que nadie.
Albert Pierrepoint fue verdugo. El verdugo más conocido, acaso el mejor, del Siglo XX. Quien llevó a la horca alrededor de 600 personas. Como verdugo principal sus víctimas fueron 435; en las restantes ejecuciones participó, en los primeros años de su carrera, como asistente.
Hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, asesinos seriales, espías, traidores a la patria, nazis, guardias de campos de concentración, homicidas, envenenadores, psicópatas, granjeros, ladrones, revolucionarios hindúes, políticos, hampones, esposas golpeadas, amantes despechados, parroquianos de su pub y hasta inocentes. Él, con dedicación y esmero, ajustó la soga alrededor del cuello de todos ellos.
Su padre Henry también fue verdugo. Era su segunda ocupación, a la que se dedicaba en sus ratos libres para ganar unos pesos extras. No tenía un sueldo fijo, cobraba por cada trabajo realizado. Pero Henry era alcohólico y un día llegó en mal estado a una ejecución. Lo dieron de baja. La posta la tomó Thomas, su hermano y tío de Albert. Thomas era un hombre serio que jamás defeccionaría en su trabajo.
Albert en algún momento de su niñez ante la habitual pregunta de qué quería ser cuando fuera grande respondió: “Verdugo, como mi papá y mi tío. Es un trabajo que requiere tener buenas manos”.
Para ganarse la vida, durante años, Albert fue verdulero. Su tío le dijo que se inscribiera en el registro de verdugos. Lo contrataron como ayudante y pasó a asistir a su tío.
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Fueron varios años acompañando, realizando tareas menores y tomando nota de los pequeños detalles. Albert aprendía y en su mente iba perfeccionando un método.
Recién en 1941 lo nombraron verdugo oficial. A partir de ese momento él estaría a cargo.
La profesionalización de un método macabro
Su designación marcó un cambio de época. Empezó a aplicar un método. Una vez que le asignaban un caso, solicitaba informes sobre la contextura del reo. Altura, peso y el resto de las dimensiones corporales relevantes. El día previo acudía a la prisión para controlar el estado de la horca, probaba el funcionamiento de la trampilla del patíbulo y, sin que el otro lo supiera, visitaba al hombre que mataría al día siguiente. A través de una mirilla lo miraba, lo estudiaba y hacía cálculos.
Todos los datos recabados los pasaba a mano a una planilla y abajo hacía cuentas. Con una bolsa de un peso similar al del condenado, probaba el dispositivo. Así determinaba la cantidad de soga que necesitaba, el largo de esta, el tamaño del nudo que haría.
Si la soga era demasiado larga o demasiado corta, la ejecución podía convertirse en un espectáculo patético. Algo en las antípodas de su ambición: un trabajo pulcro, discreto, perfecto. Un trabajo de precisión.
En ese tipo de trabajos, el deber del verdugo era pasar desapercibido. Y que la tarea fuera veloz. En realidad debía tener el tempo justo. Debía evitar que la muerte fuera demasiado lenta o demasiado abrupta. Una cuerda laxa podía matar al condenado muy lentamente, alargando la agonía y aumentando el sufrimiento. No era la idea que la muerte fuera por asfixia. Una cuerda en exceso tensa podía decapitar al pobre hombre y el patíbulo se convertía en el escenario de una película gore. Todos los presentes bañados en sangre y una cabeza rodando por las maderas.
La forma más eficaz para provocar la muerte inmediata era provocar una ruptura entre la segunda y la tercera vértebra cervical. Cuando una muerte -por ejemplo en accidente automovilístico- se produce por una fractura en ese sector se la llama: “La Muerte del Verdugo”.
Tenía otra regla que no violaba nunca. Jamás necesitó ayuda externa, algún estimulante, para enfrentar la horca. Tal vez influido por el mal ejemplo paterno, adoptó como lema -no sólo para el trabajo sino para su vida- una frase de su tío Thomas: “Si no lo podés hacer sin unos vasos de whisky encima, no lo hagas”.
Pero, Pierrepoint no tenía aversión al alcohol. Mientras forjaba un nombre como verdugo oficial, junto a su esposa puso un pub en su pueblo, en Lancashire.
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Apenas ascendido a verdugo oficial en 1941 comenzó a tener mucho trabajo. No necesariamente porque en Londres hubieran aumentado los delitos graves, sino por la Segunda Guerra Mundial. Los enemigos internos y externos de Gran Bretaña eran ultimados, luego de una decisión judicial express, por Pierrepoint. Espías alemanes y traidores a la patria pasaban de la corte marcial a su patíbulo. Él nunca se permitió mostrar emociones al respecto.
Su fama se extendió y lo convocaban a distintas partes para que llevara a cabo su tarea. Eso hizo que, unos meses antes de la boda, debiera confesarle a Anne, su futura esposa, el motivo de los viajes: develar la naturaleza de su oficio. Ella le dijo que ya lo sabía y que le parecía un trabajo como cualquier otro.
Apenas finalizada la Segunda Guerra sus servicios fueron requeridos todavía con más asiduidad. Había que desnazificar Europa. Viajó a Alemania para colgar a los 13 condenados por el juicio a los responsables del campo de concentración de Bergen-Belsen, entre los que se encontraban el comandante del campo Josef Kramer y la joven de 22 años, Irma Grease, la Bella Bestia de Auschwitz. El Gral. Montgomery anunció a la prensa su llegada. Era una garantía. A Pierrepoint no le gustó la publicidad ni el acoso de la prensa. Estaba convencido de que la discreción era una de las virtudes indispensables del trabajo.
En los meses posteriores ejecutó a cientos de nazis y colaboracionistas. Su nombre ya era conocido en toda Europa. Lo enviaron a distintas ciudades para que difundiera su método, para que entrenara a los nuevos verdugos que debían ahorcar a los nazis juzgados que proliferaban.
Con las sentencias a muerte en el Juicio de Nuremberg, se supuso que Pierrepoint sería el encargado de las ejecuciones. Nadie más preparado que él, nadie con más experiencia. Pero la cuestión no resultaría tan sencilla. Los norteamericanos quisieron tener el manejo de esas muertes, no ceder protagonismo. No aceptaron al verdugo británico. No querían que otro se llevara el mérito. Una declaración de principios: nosotros matamos mejor que los demás.
Pero el encargado de las ejecuciones, el sargento John Woods proveniente de Texas, no hizo bien su trabajo. Hubo jerarcas nazis como Willhem Keitel que agonizaron casi 20 minutos con la soga al cuello, que murieron de asfixia y no por el cuello roto. El diseño de la horca era defectuoso. La trampilla era demasiado angosta y casi todos los condenados golpearon su cara contra el borde de madera. Terminaron muertos y con la nariz quebrada.
Es posible que para Pierrepoint no haber participado en este caso haya significado una derrota: hubiera significado la cúspide de su carrera.
Inglaterra trató de recuperar la normalidad después del conflicto bélico y una nueva era se asomaba. Un mundo algo más humano. En 1948 se presentó una iniciativa legislativa que intentó abolir la pena de muerte. Fracasó pero durante los meses que duró la discusión parlamentaria, no hubo ejecuciones. Unos años después, se restringieron los delitos que la permitían. Cada vez menos delincuentes eran ahorcados.
Mientras tanto a los grandes criminales hallados culpables, esos que salían durante semanas en las tapas de los diarios, siempre los mataba Pierrepoint. Un hombre que hizo desaparecer 9 víctimas en ácido sulfúrico y que confesó haberse tomado la sangre de ellas, un asesino serial, un ladrón de bancos célebre que había matado casi una decena de policías.
Uno de sus casos más complicados fue el de James Corbitt, un hombre que acudía a su pub con regularidad y que fue condenado por asesinar a su esposa. Lo llamaban Tish. Así lo llamó también Pierrepoint en el patíbulo al tiempo que vendaba sus ojos y ataba pies y manos. Mientras ultimaba los detalles, Pierrepoint no podía dejar de recordar las noches en las que ambos cantaban a viva voz y a dúo viejas canciones populares. De todas maneras, dejó los sentimientos de lado y el trabajo fue hecho.
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Otro caso muy polémico fue el de Timothy Evans, un hombre de 25 años, con algunos problemas cognitivos, que había sido condenado por matar a su esposa y su hija. Tres años después, otro recluso se adjudicó los crímenes. Un inocente había sido ahorcado.
Sin embargo, Pierrepoint nunca pareció mostrar demasiados remordimientos. Los que decidían quienes subían al patíbulo eran los jueces; lo de él era una cuestión técnica: sus víctimas no tenían nombre.

En 1955, colgó a Ruth Ellis, una mujer que le pegó cuatro tiros a su pareja, un corredor de autos de la época. El caso salió en todos los diarios. Y hubo muchos que defendieron a la mujer por los golpes y maltratos que le propinaba el marido. A Pierrepoint esas discusiones poco le interesaron. Ruth Ellis fue la última mujer ejecutada en Gran Bretaña.
La opinión pública inglesa ya se expresaba con contundencia en contra de la pena de muerte. Cada ejecución conllevaba largas discusiones, planteos y protestas masivas.
Menos de un mes después, Pierrepoint ejecutó a Norman Green, un hombre que había matado a dos chicos pequeños en un bosque. Fue su última ejecución.
Al año siguiente, a inicios de 1956, fue convocado desde Manchester. Llegó, como siempre, un día antes para ver la horca y conocer a la víctima. Hizo sus cálculos y preparó la soga del largo adecuado. Pero unas horas después, el reo recibió un indulto. Pierrepoint regresó a su hogar para seguir atendiendo el pub. A los pocos días comenzó los trámites para cobrar los gastos realizados en el viaje y para que le pagaran por su trabajo. Pero la administración sólo se encargó de los viáticos y no abonó los honorarios por la ejecución ya que no se llevó a cabo. Pierrepoint argumentó que eso no era responsabilidad suya. Pero de nada sirvió. Desencantado y considerando que su dignidad había sido afectada, Pierrepoint renunció a su puesto de verdugo.
Ya no volvió a ejercer.
En los medios se dijo que el retiro se había debido al impacto que habían producido en él los casos de Ruth Ellis y el de Timothy Evans. Pierrepoint se apresuró a desmentirlos: él hacía su trabajo, el resto era problema de los jueces.
En 1964 tuvo lugar la última ejecución en Gran Bretaña. La pena de muerte fue finalmente abolida en 1969.
Pierrepoint se dedicó a atender su pub junto a su esposa. En 1976 publicó su autobiografía en la que cuenta los entretelones de su oficio y los casos más célebres. En esas páginas se mostró en contra de la pena de muerte.
Albert Pierrepoint, que concretó tantas muertes tempranas, vivió mucho tiempo. Se fue apagando de a poco y murió de viejo en un geriátrico en 1992. Tenía 87 años.
pena de muerte, nazis, Historia, Sumario
POLITICA
El Gobierno sigue revisando los pliegos judiciales y admite que puede demorarse el envío al Senado

El Gobierno sigue revisando los pliegos para cubrir vacancias judiciales y advierte que puede dilatarse el envío al Senado. En el Ejecutivo reconocen que el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, sigue retocando las nóminas y que los expedientes todavía no llegaron a la Secretaría de Legal y Técnica, que encabeza María Ibarzabal.
Más allá de que el jefe de gabinete, Manuel Adorni, anunció este miércoles que serían remitidos “hoy mismo” a la Cámara Alta, en la Casa Rosada admiten que el proceso de selección definitiva no está “tan avanzado” y que puede enviarse en los próximos días. “No está todo cerrado”, agregan.
El ministro coordinador informó en conferencia de prensa que el Ministerio de Justicia enviaría 60 pliegos y que luego seguiría remitiendo los restantes. Lo presentó como parte de una estrategia para recomponer “el funcionamiento del sistema judicial”, en un contexto de fuerte crecimiento de las vacantes.
Cerca del ministro de Justicia aseguran, de todos modos, que la intención es enviar los pliegos cuanto antes. Se trata del área que interviene en la revisión final de los expedientes antes de que sean formalmente girados para la firma de Javier Milei y que responde políticamente al asesor presidencial Santiago Caputo.
“La definición es mandar los mejores candidatos, no hacerlo rápido”, expresan en Nación. Es por eso que hay diferencias entre el anuncio político y el estado administrativo de los pliegos. Según fuentes oficiales, hay algunas candidaturas para jueces, fiscales y defensores oficiales que siguen abiertas y bajo análisis.
Hay en la actualidad 364 cargos vacantes sobre 1002 en la justicia federal y nacional, lo que equivale a más de un tercio del total. En tribunales advierten además que, si no hay nombramientos, el nivel de vacancias podría seguir creciendo en los próximos meses, con impacto en fueros sensibles de la Capital y del interior del país.
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En el Gobierno remarcan que una parte de esa demora se explica por una decisión tomada al comienzo de la gestión. En diciembre de 2023, Javier Milei retiró del Senado todos los pliegos que habían sido enviados por la administración anterior y, desde entonces, no remitió nuevas propuestas para cubrir cargos federales. Eso hizo que el volumen de vacantes siguiera creciendo por jubilaciones, renuncias y fallecimientos.
La revisión actual quedó en manos de Mahiques, que asumió hace pocas semanas en reemplazo de Mariano Cúneo Libarona. En su entorno aseguran que está terminando de ordenar el universo de ternas disponibles y que busca definir qué nombres enviará primero al Senado. El ministro estuvo reunido este martes con Milei en la quinta de Olivos para la revisión de la reforma del Código Penal.
Gobierno, pliegos, Senado
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El Gobierno envía la Senado los pliegos de 62 jueces, fiscales y defensores, pero no da a conocer los nombres

El Gobierno envió esta noche al Senado los pliegos de 62 jueces, fiscales, defensores oficiales y conjueces, con lo que abrió el proceso para cubrir las vacantes de la Justicia federal y nacional, que llegan a más del 37% del sistema judicial. El anuncio lo realizaron esta noche fuentes del ministerio de Justicia, a cargo de Juan Bautista Mahiques.
Los pliegos elevados al Senado son 55 de jueces, fiscales y defensores oficiales y 7 conjueces, que son abogados de la matrícula, para que los senadores les den acuerdo y puedan suplir a los jueces hasta su nombramiento definitivo.
Actualmente hay 203 ternas con jueces nacionales y federales en manos del Poder Ejecutivo, que deben ser enviados al Senado para que puedan ser nombrados. Son cargos que ya se concursaron en el Consejo de la Magistratura, y las ternas de candidatos fueron elevadas al Poder Ejecutivo.
Ahora el Gobierno seleccionó un nombre para cada cargo, pero todavía no los dio a conocer. Basta con el voto de la mayoría simple de los senadores para que sean aprobados los pliegos. Luego deben ser designados por decreto del Poder Ejecutivo.
Las vacantes en la Justicia federal y nacional son una de las principales preocupaciones de la Corte Suprema. El Gobierno venía prometiendo hace dos años que iba a enviar los pliegos al Senado. El entonces ministro Mariano Cúneo Libarona no llegó a hacerlo. Ahora el proceso avanzó con Mahiques, que llegó al ministerio con el aval de Karina Milei.
Noticia en desarrollo
Hernán Cappiello,Conforme a
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El Gobierno lanzará a fin de marzo la licitación del Belgrano Cargas y apunta a tenerlo privatizado en diciembre

En el marco de su plan de privatizaciones, el Gobierno avanza con la concesión del sistema de trenes Belgrano Cargas y planea cumplir con el llamado a licitación en los próximos días, con el objetivo de que todo el proceso esté finalizado para principios de diciembre, aunque algunos oferentes ya expresaron sus cuestionamientos por el modo en el que se hará la compulsa.
Según pudo saber Infobae, así se los expresaron las autoridades nacionales a los empresarios interesados, durante una de las jornadas del Agentina Week, que se desarrolló a mediados de este mes en la ciudad de Nueva York.
En ese marco, la gestión libertaria expuso los principales lineamientos del plan y sus plazos, además de estimaciones de las inversiones que llegarían al país a partir de este proyecto, estimadas en casi 800 millones de dólares.
Por su parte, a lo largo de ese evento, algunos funcionarios, como el canciller, Pablo Quirno, y el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, recibieron a representantes de distintas compañías que podrían competir por hacerse con la operación de la red ferroviaria.
En la presentación, que se llevó adelante en el Consulado General argentino, el equipo del Belgrano Cargas inició con un análisis sobre la situación actual del sistema: de acuerdo con los datos oficiales, la red exhibe una densidad de carga de 0,63 millones de toneladas-kilómetro por kilómetro de vía, un nivel que contrasta con los 3,40 de Brasil y se ubica muy por detrás de los 24,20 de Australia.

De acuerdo con los gráficos de la exposición, el sistema argentino no logra absorber la expansión agrícola, ya que el volumen transportado por trenes permanece en torno a los 25 millones de toneladas anuales durante más de cinco décadas.
El modelo vigente, definido como “un círculo vicioso” de baja carga y recursos insuficientes para el mantenimiento, dejó como saldo una infraestructura degradada y una débil capacidad logística.
La propuesta que el Gobierno expuso en los Estados Unidos apunta a transformar el esquema de gestión de “concesión vertical” y pasar a uno de “acceso abierto” (Open Access, en inglés), en el que la administración de la infraestructura ferroviaria quedaría separada de la operación de trenes.
El esquema contempla tres ejes: un administrador de infraestructura responsable del control de tráfico, mantenimiento y asignación de turnos; operadores de carga privados que competirán por el servicio pagando peaje; y concesionarios de talleres ferroviarios, con contratos de cincuenta años para el mantenimiento de material rodante.

El alcance de la privatización comprende 7.594 kilómetros operativos a través de las líneas Belgrano, San Martín y Urquiza, que recorren 16 provincias y conectan con cinco pasos internacionales (Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay).
El material rodante se subastará por separado, entregando dos lotes de locomotoras y otros dos lotes de vagones por cada una de los tres ramales mencionados.
El contrato no prevé cánones ni subsidios estatales, sino que el concesionario obtendrá ingresos por el cobro de peajes sobre los operadores y la explotación comercial de inmuebles linderos a la traza ferroviaria, entre ellos silos y parques logísticos.
El plan exige inversiones por 755 millones de dólares: 420 millones para la línea San Martín, 260 millones para la Belgrano y 75 millones para la Urquiza, y se fijó un límite de financiamiento de 435 millones de dólares para el conjunto del proyecto.
El acuerdo incluye mecanismos de protección jurídica para el concesionario, con derecho a renegociar condiciones ante cambios legales o eventos extraordinarios. Además, el pliego incorpora cláusulas de arbitraje internacional bajo reglas UNCITRAL y derechos de “step-in” para los acreedores, lo que les otorga la posibilidad de intervenir en caso de incumplimientos antes de que el Estado rescinda el contrato.
El cronograma oficial establece que la licitación se lanzará a fines de marzo. A partir de ese momento, los oferentes tendrán 90 días para presentar propuestas.
La adjudicación y la firma del contrato se concretarán entre junio y julio, seguidas de un período de transición —también de 90 días— para inventarios y traspaso de personal. El objetivo es que en diciembre los nuevos operadores privados asuman el control efectivo del servicio.

Durante la Argentina Week, los representantes del Grupo México, una de las firmas que ya anunció públicamente su deseo de presentarse en esta licitación, les reiteró a los funcionarios sus críticas hacia el sistema de “Open Access”.
La compañía, que ya opera en su país y también en varias partes de los Estados Unidos, busca que tanto el material rodante, como la infraestructura (talleres) y la operación se incluyan en una misma oferta, para garantizarse contar con el sistema completo pra trabajar, y a cambio prometen una inversión de unos 3 mil millones de dólares para las líneas Belgrano y Urquiza, mucho más de los casi 800 millones que plantea el Gobierno.
“En todos lados se hace de esa forma, porque el mecanismo de acceso abierto solo se implementó en Inglaterra y fracasó. Como está armado ahora, se está pensando solamente en el mercado agrario, cuando la red puede beneficiar también a la minería y a otros sectores importantes de la economía, aunque para eso es necesario un plan más integral”, explicaron a este medio fuentes al tanto de la postura mexicana.
En febrero último, los representantes del grupo viajaron a la Argentina para reunirse con el flamante secretario de Transporte, Fernando Herrmann, y ratificar el pedido de que se revea el formato de la licitación.
La estructura que propone el Poder Ejecutivo para este proceso, por el momento, sigue estando dividida en dos partes: una oferta A por la concesión de vías e infraestructura solamente, y una oferta B por la concesión de vías más el adquisición de material rodante.
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