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El libro de Mauricio Macri sobre Franco: de las peleas más feroces al dramático pedido del último encuentro

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Franco Macri llegó de Italia a los 18 años. A los dos días comenzó a trabajar de administrativo en una obra de construcción. A los pocos años ya tenía su propia empresa constructora. Fue subcontratista, luego contratista. Erigió silos, fábricas, grandes torres, puentes que unen ciudades. Levantó las autopistas más importantes, diques y hasta centrales atómicas. Comandó Sevel, la automotriz más importante del país en su tiempo. Se encargó de la recolección de basura en la Ciudad de Buenos Aires (Manliba), tuvo la primera empresa de telefonía celular del país, productoras de cine. Durante más de una década fue el empresario más importante del país. Después cayó en una espiral de autodestrucción y emprendimientos poco certeros. También negoció con éxito y templanza la liberación de dos de sus hijos que habían sido secuestrados. Se casó varias veces, tuvo parejas y amantes de perfil alto. Fue un personaje público muy controvertido. Su hijo mayor, Mauricio Macri, con el que lo unió una relación tempestuosa y cambiante, llegó a ser el presidente de la República.

Ayer llegó a todas las librerías del país el nuevo libro del ex presidente Mauricio Macri. Se llama Franco y trata, naturalmente, sobre su padre Franco Macri. La bajada muestra de manera cabal su contenido: Vida de mi padre. La historia de mi mayor maestro y mi gran antagonista. Este lanzamiento de Editorial Planeta generará, sin duda, buenas ventas y bastantes comentarios y controversias. Hay historias desconocidas e impactantes, anécdotas sorprendentes, miradas sesgadas, es una carta de amor a un padre que nunca lo comprendió y también un furibundo ajuste de cuentas.

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En el primer capítulo, el autor hace una aclaración, un pedido al lector: solicita que no ponga alta la vara de la objetividad. Sabe que es muy difícil hablar de un padre, y mucho más de uno como el suyo.

Suspender la pretensión de imparcialidad, en este caso, sirve para lo bueno y para lo malo. Sostiene que Franco fue inigualable, que fue su héroe y reconoce múltiples aciertos. Pero también se muestra duro en la evaluación de las últimas décadas de su padre pero no sólo en lo profesional, también en lo personal. A cada elogio parece seguirle una crítica impiadosa, que hasta invalida lo anterior.

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Como escribe Mauricio Macri, este libro es “la historia de la capacidad de construcción de Franco, pero también la de su esfuerzo por destruir lo que había logrado”. Y el lector puede agregar, después de pasar por varios ejemplos en estas páginas, que Franco Macri parecía también hacer esfuerzo -tener un talento especial- para destruir personas o, al menos, los vínculos con ellas ya sean hijos, esposas, amigos, socios o gerentes calificadísimos. Su hijo dice que Franco era Dr. Jekyll y Mr. Hyde: lo repite en varias ocasiones a lo largo de las más de 200 páginas.

Mauricio Macri afirma en varios pasajes que su padre era un manipulador. (Foto: Clarín).

Mauricio Macri cuenta que como en toda buena familia italiana -y más si se trata de gente de negocios- se suponía que el primogénito sucedería al padre y que para eso se lo preparó. Pero en este caso no sucedió, no hubo tal sucesión. Y él encuentra una explicación: Franco nunca resistió -ni siquiera se imaginó- no tener el control absoluto de lo que había construido.

La influencia de este padre seguro de sí mismo, de personalidad dominante, self made man, sobre su hijo mayor fue evidente y abrumadora. Desde adolescente llevaba a su hijo Mauricio a las reuniones con los presidentes de las empresas más importantes del mundo o con ministros. Quería que aprendiera. La misión de Mauricio -siempre según su padre- era sucederlo, para eso había llegado al mundo, para continuar sus pasos. El problema era, esencialmente, que Franco nunca creyó que nadie sería capaz de reemplazarlo, que nadie estaría a su altura. Y mucho menos su hijo mayor. Lo hizo estudiar ingeniería y lo fue paseando por diferentes cargos de poder en las empresas de su grupo para ir fogueándolo. El hijo lo miraba deslumbrado y consternado por partes iguales, pero no podía salir, liberarse, del influjo de ese progenitor avasallador. Hasta aprendió a jugar al bridge para sorprenderlo.

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Mauricio afirma en varios pasajes que su padre era un manipulador. Que podía ser muy generoso con familiares y amigos pero que siempre procuraba que todos hicieran lo que él quería o disponía. Que esa vocación por manipular era uno de sus rasgos distintivos, inevitables (sostiene que en sus actuales conferencias sobre liderazgo dice que un líder debe resistir la tentación de manipular). Un ejemplo flagrante de cómo controlaba a los que estaban a su alrededor: durante un largo tiempo Franco obligó a su hermano Tonino, a su primera esposa (aún en medio del divorcio) y a sus hijos a ir al mismo psicoanalista -que era, obviamente, el de Franco-. Mauricio dice que él concurrió unas pocas sesiones y después lo abandonó pese al enojo de su padre.

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Mauricio Macri no hace autocríticas en el libro. No asume errores ni reconoce fallas. Las pérdidas las endilga todas a su padre. De hecho, sin decirlo explícitamente, plantea que la verdadera debacle de las empresas de la familia Macri (o de Franco mejor dicho) comenzó cuando él, su hijo mayor abandonó Socma para presidir Boca Juniors. Según Mauricio, después, Franco desoyó varios de sus consejos que podían haber evitado que se metiera en negocios ruinosos como el del Correo.

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El hijo mayor pedía que en vez de que los negocios del grupo se siguieran diversificando, Franco fuera más cauteloso (o que lo fuera al menos una vez en la vida) y que consolidara posiciones. El plan de Convertibilidad, el 1 a 1 parecía agotarse. Pero Franco siguió comprando empresas y probando nuevos territorios. Cuando empezó la década del 90 Franco Macri era el empresario número 1 de la Argentina; 10 años después, cuando Menem dejó el poder, había descendido hasta el puesto 17. Con estos números Mauricio Macri intenta romper con la versión de que Franco y sus empresas se beneficiaron con el menemismo.

Por otro lado muestra que la gran expansión se dio desde mediados de los 60 y en los 80. Sin embargo rechaza de plano que su padre haya sido cómplice de la dictadura militar. Afirma -sin que el lector lo crea demasiado- que Franco “jamás sacó provecho de posición política alguna”. Y que fue un pertinaz oficialista: siempre fue oficialista, la mejor manera de seguir haciendo negocios y expandirse.

Una historia peculiar con el poder de turno: Franco construyó las torres de Catalinas Norte. Isabel Perón pasaba por allí cada mañana en su trayecto Olivos- Casa Rosada. El reflejo del sol en la superficie vidriada, la encandilaba. Entonces la presidenta de la Nación ordenó que la fachada fuera modificada de inmediato para evitar que la molestara. La orden no se llegó a implementar porque ella fue derrocada antes.

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Franco y Mauricio Macri en 1991, el día que liberaron al expresidente de su secuestro. (Foto: DYN)
Franco y Mauricio Macri en 1991, el día que liberaron al expresidente de su secuestro. (Foto: DYN)

Mauricio Macri no reconoce ningún caso de corrupción de Franco ni de sus empresas. Afirma que todo se trató de calumnias y difamaciones y persecución política, en buena parte obra del periodista Horacio Verbitsky y el matrimonio Kirchner. Según su versión cuando Socma ganaba licitaciones lo hacía porque sus ofertas económicas y propuestas técnicas eran mejores que las del resto y cuando perdía eso sucedía por la corrupción y venalidad de los funcionarios de turno.

En 1979 Franco Macri intentó desembarcar en Nueva York como empresario de la construcción. Compró dos terrenos para levantar sendos edificios. Pero en el medio surgió una oportunidad más grande. Unos terrenos del ferrocarril en venta y la posibilidad de construir decenas de viviendas y oficinas. Un proyecto faraónico, que de salir bien lo convertiría en un gigante en Estados Unidos. Franco dedicó mucha energía y dinero a esa posibilidad. Consiguió financiación por 600 millones de dólares. Pero algo siempre lo trababa. Él negociaba, ponía dinero, contrataba especialistas -desde ingenieros a lobbystas- y seguía adelante. En algún momento Donald Trump pareció que se asociaba, a pesar de haber renunciado a la idea de desarrollar esos terrenos antes de la entrada de Franco. Finalmente las trabas -políticas, judiciales, económicas, impositivas, sindicales, municipales: todos parecían confabularse contra el empresario ítalo-argentino- fueron tantas que Macri debió reconocer su derrota y abandonar. Y ceder los terrenos y sus sueños neoyorkinos. El comprador fue Donald Trump que en persona le dio a Mauricio Macri un cheque por 100 millones de dólares (dice que nunca vio tantos ceros juntos). Era una fortuna pero no alcanzaba ni por asomo para cubrir todo el dinero que Franco había puesto. Se supo luego que Trump había complotado con banqueros, políticos, sindicalistas y demás rubros, para que los Macri fracasaran y así quedarse por un precio casi vil con la propiedad. Cuando ambos fueron presidentes de sus países, Donald Trump le confesó a Mauricio la jugada y le dijo que su padre había sido muy imprudente al lanzarse a una aventura de este signo y de esta magnitud siendo tan visitante, sin conocer el terreno ni las reglas de juego.

El gran cambio, el quiebre de la relación padre-hijo, se produjo tras el secuestro de Mauricio en 1991. Franco se puso al frente de las gestiones. Un feroz negociador se enfrentó a la negociación más importante de su vida. Tranquilizaba a los secuestradores y durante 15 días no perdió la calma, mantuvo vivas las conversaciones y pagó el rescate de siete millones de dólares. Los captores exigieron efectivo con billetes de diferentes denominaciones y colocados en fajos de una manera especial. En menos de dos días, Franco había reunido esa cantidad y él mismo con dos colaboradores estrechos contó billete por billete. Apilados en la habitación principal de la casa de Franco -cuartel general durante esas dos semanas- los billetes ocupaban una superficie de un metro de alto por tres metros de ancho.

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(Una dato gracioso: como en los medios llamaban a Mauricio como “El delfín de Franco Macri”, el nombre clave que le pusieron sus secuestradores fue “El Pescadito”).

Al mismo tiempo, sin dar aviso al gobierno, se contactó con Terence Todman, embajador norteamericano en el país, para solicitarle que le recomendara los mejores especialistas del mundo para estos casos. 24 horas después dos exagentes especialistas en secuestros y líderes de la agencia de investigaciones más sofisticada del mundo llegaban a Buenos Aires.

“El hecho de haber logrado mi liberación, lo puso en un nuevo rol frente a mí. Ahora era mi salvador. Había salvado mi vida. Su ego y su omnipotencia crecieron hasta niveles superlativos. Y no era para menos”, escribe Mauricio.

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Todas las semanas padre e hijo se peleaban con ferocidad. Franco echaba a Mauricio de sus empresas y a los pocos días lo volvía a contratar. Lo ayudaba y luego lo boicoteba. Le daba poder y minutos después lo desautorizaba. La guerra era permanente.

Ayer llegó a todas las librerías del país el nuevo libro del ex presidente Mauricio Macri. Se llama Franco y trata, naturalmente, sobre su padre Franco Macri. (Foto: Reuters)
Ayer llegó a todas las librerías del país el nuevo libro del ex presidente Mauricio Macri. Se llama Franco y trata, naturalmente, sobre su padre Franco Macri. (Foto: Reuters)

Otro efecto inesperado del secuestro fue que Mauricio se convirtió en una celebridad. La gente le hablaba por la calle, salía en las revistas. Hasta ese momento su notoriedad era menor -más allá de que su nombre fuera conocido y sus fotos aparecieran en la sección de sociales de las revistas. Eso, siempre según su hijo, hizo que Franco compitiera con él y procurara más notoriedad. De ahí sus romances publicitados, las fotos en Caras y Gente y las fastuosas fiestas en Punta del Este.

Sobre las mujeres del padre hay pocas referencias en el libro (y ninguna mención a Flavia Palmiero). Habla de Alicia Blanco Villegas, su madre, y cuenta que Franco y ella eran diferentes y que después de tres hijos y 20 años de matrimonio se divorciaron. Franco siempre había privilegiado sus negocios y su trabajo por sobre la familia; en un esquema de otra época (de esa época) la madre era la que se dedicaba a la crianza de los hijos y el padre era el proveedor.

Luego menciona a la segunda esposa (y madre de su hermana Florencia -que fue secuestrada en 2003, con lo que Franco tuvo que negociar una vez más con los captores de un hijo) y sin demasiados detalles da a entender que fue una relación tormentosa. También nombra a Evangelina Bomparola sin calificarla.

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Con quién hace una excepción y un reconocimiento especial es, sorpresivamente, con Nuria Quintela. Asistente de Franco con la que solía viajar con asiduidad a China y con la que su padre mantuvo una relación amorosa, acaso la última: “Creo que ella fue la que más lo acompañó en ese momento tan difícil, en el que iba perdiendo cada vez más lucidez, y lo hizo con mucho amor”.

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Los enfrentamientos finales se dieron a partir de 2007. Mauricio ya lanzado de lleno a la política había sido electo como jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Socma ya no era lo que había sido (había perdido Sevel, los celulares y otros negocios importantes) y el enfrentamiento con el kirchnerismo era abierto: la situación del Correo era uno de los puntos álgidos de la confrontación. Franco citó a todos sus hijos a su casa y anunció que les entregaría sus acciones en Socma, que él se dedicaría a los negocios con China. Puso como condición que permaneciera uno de los gerentes generales a la cabeza de todo. Los hijos, según la versión de Mauricio, aceptaron sin quejas. Días después, Franco llamó a su primogénito desde China y lo insultó y lo llamó estafador. También lo acusó de querer robarle la empresa. Los hijos aceptaron un nuevo convenio dando de baja el anterior. Pero la situación se repitió tres veces. Siempre de madrugada y desde China, Franco insultaba y gritaba a su hijo mayor y daba de baja lo acordado en Buenos Aires. Según Mauricio esas fueron las primeras manifestaciones evidentes del deterioro cognitivo de su padre.

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La escena en la que describe el último encuentro entre ambos es estremecedora. Mauricio ya era presidente de la Nación; Franco padecía de una avanzada demencia senil, ya no salía de su mansión de Barrio Parque y estaba rodeado por un batallón de enfermeras, médicos y personal doméstico. En medio de una jornada de trabajo, Anita, la secretaria privada de Mauricio -que lo había sido de Franco: otro hilo que los ataba-, le dice que su padre está en un infrecuente intervalo lúcido y que quiere verlo. El Presidente suspendió todas sus audiencias y salió de inmediato hacia la mansión de la calle Eduardo Costa. Al llegar vio a su padre sentado en un sillón, mirando hacia la nada. Franco le señaló a dos de las cuidadoras y dijo: “¿Viste lo que es esto? No sé quiénes son estas mujeres”. Y miró por primera vez en la tarde a su hijo a los ojos, después de un largo silencio prosiguió: “Ya no dependo de mí, me tiene que bañar, me tiene que dar de comer (…) Toda mi vida fui un creador, y ya no puedo hacer más nada. Terminé. Me quiero ir”.

Mauricio Macri, sobrecogido por las palabras de Franco y azorado por la repentina lucidez, trató de explicarle que él no podía hacer nada, que aquello que estaba insinuando no era una posibilidad. Franco lo interrumpió: “Sos mi hijo mayor. Entendeme, yo soy Franco Macri, no puedo estar en esta situación. Ya terminé y me quiero ir”.

Franco Macri saludando a Mauricio el día que se convirtió en Presidente. (Foto: Télam)
Franco Macri saludando a Mauricio el día que se convirtió en Presidente. (Foto: Télam)

Su hijo trató de disuadirlo y, como en los viejos tiempos, Franco gritó, agravió, insultó, intentó imponer su voluntad pero en medio de la furia el discurso fue perdiendo coherencia primero y luego intensidad. Hasta que Franco Macri quedó en silencio y volvió a desconectarse de la realidad. Esa fue la última conversación entre padre e hijo.

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La crisis golpea a las puertas del conurbano

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Axel Kicillof ingresó al Salón Dorado de la Gobernación de La Plata, saludó y se sentó en el estrado junto a su mano derecha, Carlos Bianco; la vicegobernadora Verónica Magario; y el ministro de Economía, Pablo López. Enfrente esperaban escucharlo unos 60 intendentes de diferentes partidos. Lo que siguió fue la más cruda descripción que se pudo haber realizado sobre la crítica situación económica de la provincia. Era el objetivo de la convocatoria: transmitir sin anestesia el mensaje de que se venían tiempos de más restricciones, a partir del descenso drástico en los ingresos de los últimos meses.

Las cifras que se desglosaron en ese encuentro de la última semana fueron letales. Primero hubo un capítulo fiscal, en el cual se subrayó que en el primer tramo del año hubo una caída de la recaudación nacional de casi 10 puntos porcentuales por mes. Este fue el detonante de la alarma, porque se desplomó en enero, siguió en los mismos niveles en febrero, y en marzo no repuntó. Es decir, no se trata de un evento episódico, sino de una tendencia.

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Axel Kicillof junto a intendentes en La PlataPBA

Esto afectó la coparticipación a todas las provincias, pero por su magnitud el impacto fue crítico para la administración bonaerense, ya que representa el 80% de su estructura de recaudación (el resto son impuestos provinciales y tasas municipales, que también cayeron). Sólo en febrero, esa merma significó $100.000 millones menos de ingresos para Buenos Aires, en comparación con el mismo mes del año pasado, según datos oficiales de la Gobernación.

Es inevitable interpretar también este análisis económico desde un prisma político. Kicillof apuntó contra la gestión de Javier Milei como la principal responsable del estancamiento económico, que derivó en la baja de la recaudación y en las desdichas que ahora él debe enfrentar. Los dos economistas no sólo representan una antítesis ideológica; también son potenciales competidores en la elección del próximo año.

Pero después hubo un tramo más profundo, que no tuvo que ver con las oscilaciones de los ingresos fiscales, sino con el deterioro de la malla productiva. El Estimador Mensual de Actividad de la provincia (Emapba), sin contabilizar el agro, cayó 4,2% entre 2023 y enero de este año, como consecuencia del desplome de la construcción, que en Buenos Aires está 21,4% debajo del nivel de hace dos años atrás, de la industria (retroceso de 8,3%) y del comercio (baja de 7,9%). El trípode que sostiene el corazón de la matriz económica de la provincia es precisamente el que se encuentra más estancado. Ahí no hay minería ni petróleo.

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Como derivación, la provincia sufrió el mayor impacto en materia de empleo. De los 270.000 puestos de trabajo formales que se perdieron en los últimos dos años, 160.000 fueron en territorio bonaerense, es decir el 60% del total, pese a que en términos demográficos representa el 38% de la población del país. En cuanto a la cantidad de empresas, en el período evaluado bajaron las cortinas casi 22.000 firmas, de distintas dimensiones y características. Si se mira la geolocalización de este retroceso, resalta la fuerte concentración de cierres que se produjo en la zona del conurbano.

Las suspensiones y cierres de empresas se concentran especialmente en el conurbanoPBA

En este diagnóstico descarnado influyen factores generales, que afectan a todas las economías, como la baja de la recaudación por el menor nivel de consumo. Al menos 15 provincias están enfrentado conflictos por problemas de caja y se percibe una preocupación creciente de los intendentes de los centros urbanos. De hecho esta semana se reunieron en Paraná los alcaldes de las principales ciudades del país y emitieron un documento muy duro contra el gobierno nacional. Ahí se nota la fractura que separa, por un lado, a los grandes conglomerados, marcados por el estancamiento económico; y por el otro, al interior productivo vinculado con los sectores más dinámicos.

Sin embargo, en el cuadro descripto también incidieron factores puntuales que impactan en particular en la provincia de Buenos Aires. Algunos tienen que ver con la discriminación en la distribución de fondos, que el gobernador le atribuye a la gestión de Milei por razones políticas, y que según sus cuentas ya suma una deuda de $22 billones por transferencias interrumpidas y obras paralizadas (ya hizo ocho demandas en la Corte Suprema). En La Plata ponen como ejemplo que en las últimas semanas el Gobierno reactivó los ATN y repartió $47.000 millones entre 11 provincias, pero que volvieron a ser excluidos de la distribución.

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Javier Milei en La MatanzaCaptura

Pero además, debajo de los números que exhibió Kicillof anida un problema mucho más profundo: el programa económico de Milei no tiene previsto ningún horizonte de prosperidad para el cordón industrial bonaerense, simplemente porque no está contemplado. El conurbano es el pato de la boda del modelo libertario, que sí incluye una perspectiva promisoria para el corredor andino y su minería prometedora, para la región patagónica y su desarrollo en petróleo y gas, y para las provincias agropecuarias del centro del país. Para el conurbano el único mensaje en el discurso oficial es reconversión o muerte.

Es cierto lo que plantea el Gobierno en términos de que buena parte de esa matriz productiva no es competitiva a nivel global, y que abastece a sectores diseñados para una economía que ya no es sustentable. Pero hay un detalle: allí viven 11 millones de personas, casi un cuarto de la población de todo el país.

El conurbano bonaerense representa el dilema mayor de la economía argentina, porque es la geografía donde colisionan una estructura prevista para el desarrollo industrial de mediados del siglo XX con las demandas de la sociedad actual. Simboliza el cruce de camino más cruel entre un pasado que ya no existe y un futuro que no se deja ver. En el medio, rige un presente cargado de tensiones, carencias y riesgos. Se trata de un proceso que empezó a germinar en el último tramo del menemismo, y que nunca encontró una respuesta integral. No es un drama que se le pueda atribuir a la gestión libertaria. El mayor responsable es el peronismo, que gobernó la provincia 34 de los últimos 42 años.

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Paisaje de una calle inundada en José C. PazRicardo Pristupluk –

Hablar de crisis en el conurbano es siempre convocar a los fantasmas del 2001. Pero eso sería un error conceptual. No hay por ahora síntomas de un estallido social, a pesar de las penurias. En eso coinciden todos los referentes políticos, religiosos y de organizaciones civiles que transitan el territorio, a pesar de que reportan un agravamiento acelerado y preocupante de la situación.

En primer lugar, porque todos los actores contribuyen a mantener esquemas de contención, que a principios de siglo no existían. Por algo Sandra Pettovello es la única que tiene chequera abierta en el Gobierno, y a eso se suman los aportes que hacen la provincia y los municipios en áreas en donde la Nación se retrajo. En eso Milei y Kicillof son socios involuntarios: a ninguno de los dos les conviene que la situación se desmadre. Al primero, porque expondría los déficits de su modelo; al segundo, porque una provincia incendiada significaría el fin de su proyecto presidencial.

Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario para personas con consumos problemáticos, en Tigre Ricardo Pristupluk – La Nación

Pero hay otra diferencia gravitante con el contexto de 2001: la sociedad ya no es la misma. No manifiesta vocación por salir a las calles a guerrear o a protestar masivamente. Se impone la decepción silenciosa y el rebusque individual. No hay explosión externa; hay implosión hacia adentro, en las casas, en las escuelas, en el barrio. Se vivencian crisis domésticas, violencia intrafamiliar, deserción escolar, coqueteo con el narco. Se trata de un lento deterioro anímico y moral, que la política apenas alcanza a intuir. Los habitantes del conurbano están en modo supervivencia.

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Algunos de los que estuvieron en la presentación se preguntaban si con su descripción tan desalentadora Kicillof quiso abrir el paraguas preventivamente frente a los intendentes, o si está previendo un estrangulamiento inminente de las cuentas públicas y una crisis de pagos.

En el entorno del gobernador admiten que “la situación es crítica si no se revierte rápidamente la recaudación. Si eso no ocurre, vamos a tener problemas serios este año”. Pero al mismo tiempo reconocen que por el momento tienen margen para administrar la situación. Buscan no ser alarmistas, aunque en algunas conversaciones reservadas transmitieron una preocupación más honda por el agravamiento del cuadro. El dato que los alertó fue el rápido incremento en la demanda de alimentos desde los municipios. “Ese es un indicador claro porque ya no te piden chapas, ni ropa, sino comida. Y son de distritos de todos los colores políticos”, agregan.

El otro foco de extrema dificultad gira en torno de IOMA, donde se están evidenciando muchos problemas con los insumos y los servicios, y sobre el que se acumulan reclamos de los afiliados. Allí influye mucho la interna, donde le apuntan a la gestión del titular de la obra social de la provincia, Homero Giles, que pertenece a La Cámpora.

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Hospital Balestrini en La Matanza. El sector sanitario es uno de los más afectadosPilar Camacho

En este contexto, Kicillof ordenó congelar todos los gastos y postergar los pagos a proveedores. La excepción son cuatro ítems críticos, en los que la indicación es sostener el nivel: salarios, alimentos, seguridad y medicamentos. Es decir, una política de resistencia.

La paritaria docente, que sirve de referencia para otros sectores, se cerró para la primera mitad del año en 7,5% (5% en marzo y 2,5% en abril), que se agrega a un 1,5% de febrero. En los papeles, esto clausura la discusión hasta junio, pero las previsiones para adelante son complejas si no mejoran los ingresos. En la propia Gobernación admiten que “los sueldos están bajos”.

Con los docentes quedó un clima tenso después del paro en el inicio del ciclo lectivo (el fin de la era de Roberto Baradel en Suteba es un síntoma de las presiones internas del gremio), y esta semana el gobernador debió soportar silbidos y abucheos en el acto de egreso de oficiales de la policía bonaerense. Por ahora el pago de los sueldos no corre riesgos, pero el aguinaldo va a ser un desafío importante. Todo está muy ajustado.

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Kicillof recibió silbidos y abucheos contra durante el acto de egreso de oficiales de la Policía bonaerense

Kicillof tuvo una etapa más holgada cuando Cristina Kirchner forzaba a Alberto Fernández a abastecer su bastión electoral en la provincia con un flujo de recursos que otros distritos no recibían. Pero desde que llegó Milei demostró que también puede ser fiscalista y cuidar la caja. Nunca va a pasar la motosierra, como hizo el Presidente, porque va contra su visión ideológica, pero sí viene cerrando grifos silenciosamente. Es una contorsión forzada que desnuda una disyuntiva incómoda.

Así como para los libertarios el conurbano bonaerense es un punto ciego, para el peronismo representa un dilema existencial: ¿cómo sostener las banderas del Estado presente o de la justicia social sin plata? Es una trampa narrativa que tiene atrapado al peronismo, especialmente después del fracaso del último gobierno de Alberto Fernández. ¿Cómo articular un mensaje alternativo al de Milei sin verbalizar conceptos que para una mayoría de la sociedad quedaron abolidos? Las utopías retrospectivas no parecen seducir más a una sociedad tan desencantada, ni los 70’ revolucionarios, ni la era dorada del kirchnerismo. Hoy son significantes vacíos. Cuando no se llega a fin de mes tambalean las mitologías.

Cristina Kirchner y Alberto Fernández, la última dupla presidencial peronistaFABIAN MARELLI

El peronismo enfrenta un desafío intelectual y político inédito. En los 80’, cuando fue derrotado dos veces por el alfonsinismo, reaccionó con una “renovación” profunda que encarnaron Antonio Cafiero, José Manuel de la Sota y otros. En la década pasada, cuando cayeron dos veces seguidas frente al macrismo, la respuesta ya fue un modesto reciclado, con Alberto y Cristina intercambiando roles. Pero nunca desde la restitución democrática hasta ahora el peronismo había perdido tres elecciones seguidas, como ocurrió en 2021, 2023 y 2025. Su futuro depende de la capacidad que demuestre para dar respuesta a semejante interpelación histórica. Y esa partida se juega esencialmente en el conurbano bonaerense. Kicillof, el único candidato del partido posicionado hasta ahora para dar esa pelea, enfrenta allí una encrucijada existencial.

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pic.twitter.com/HeE0QMNZ0b,April 4, 2026,Jorge Liotti,Conforme a

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En medio de una fuerte interna, Javier Milei salió a respaldar a Santiago Caputo: “Soy yo quien decide”

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La interna en el Gobierno de Javier Milei vive horas intensas este fin de semana. La tensión se visibilizó en un duro cruce que el presidente mantuvo con la periodista de La Nación Laura Di Marco en X.

Di Marco, en un mensaje dedicado al asesor presidencial Santiago Caputo, había afirmado que su salida de la gestión libertaria era un hecho consumado.

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Sin embargo, el presidente intervino no sin agresividad: “Mirá lo que me vengo a enterar de esta operadora roñosa. Además habla de reuniones privadas. Creo que soy yo quien decide las personas que me acompañan en la gestión”, escribió.

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La periodista, anterior a ese mensaje, había escrito, en una indirecta al asesor: “Te vas a ir y lo sabés. Vos mismo lo anunciaste en reuniones privadas”, escribió, además de agregar el dato nada menor de que la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, lo quiere afuera del Gobierno.

Javier Milei cierra filas con Manuel Adorni y activa el Congreso para salir del escándalo

El cruce pone de relieve la dura interna que atraviesa al Ejecutivo, demarcada entre dos frentes, el encabezado por Karina Milei y el de Santiago Caputo. Ambos controlan los principales resortes de poder y cajas del Estado Nacional.

Este antagonismo tomó fuerza nuevamente a partir de la crisis desatada por los escándalos que salpican al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, ladero de la número dos del Gobierno. El karinismo sospecha que es víctima de “fuego amigo”.

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Javier Milei,Karina Milei,Laura Di Marco,Manuel Adorni,Santiago Caputo

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Con la mira en Adorni, la oposición planea convertir la próxima sesión informativa en una interpelación por su patrimonio

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Aunque ven difícil que Manuel Adorni se mantenga en su cargo de jefe de Gabinete mucho tiempo más, en la oposición esperan con avidez la sesión informativa del 29 de este mes, día que el propio Adorni fijó para ofrecer su informe de gestión a la Cámara de Diputados. Debilitado por las acusaciones sobre presunto enriquecimiento en su contra, los opositores buscarán convertir esa sesión en una virtual interpelación al jefe de ministros para que dé explicaciones sobre su patrimonio.

Si Adorni decide concurrir a la sesión será una masacre, exageran los opositores. El espectáculo se completaría si el presidente Javier Milei también fuera de la partida si, como anticipó, resuelve acompañar al jefe de sus ministros al recinto.

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Adorni podría optar por no concurrir a la sesión informativa del 29 –de hecho, ya pegó el faltazo el mes pasado cuando debió asistir al Senado-, pero no podrá evitar el envío del informe de gestión con las respuestas a las 4800 preguntas que le elevaron los distintos bloques la semana pasada.

Como era de prever, la mayoría apunta a pedir respuestas sobre su viaje familiar a Punta del Este y el incremento de su patrimonio que no fue informado en su última declaración jurada. El caso por la presunta estafa con la criptomoneda $LIBRA también concentra buena parte de las preguntas.

Hasta ahora la sesión sigue confirmada, dicen los voceros del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. En el oficialismo no disimulan su inquietud por la magnitud que adquiere el escándalo que rodea al jefe de ministros y no son pocas las voces que aconsejan que no se presente al recinto.

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“Si decide exponerse en el recinto es porque está en condiciones de acreditar, con documentación fehaciente, de que el incremento de su patrimonio fue lícito. De lo contrario, que no pise el recinto: la oposición lo va a masacrar”, deslizó un integrante de los bloques cercanos al oficialismo.

Más drástico, el diputado del MID Eduardo Falcone –que integra el interbloque Fuerza del Cambio, cercano al oficialismo- sostuvo que Adorni debería renunciar “inmediatamente”. Dice en voz alta lo que muchos, en su bancada, piensan en privado.

“Es insostenible. No hay margen político para que llegue a la sesión. Y si llegara, cosa que no le doy la menor chance, si no pudo enfrentar 5 preguntas en una conferencia de prensa, menos está en condiciones de enfrentar a la Cámara de Diputados”, advierte.

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De todas maneras, entre los bloques predomina la sensación de que Adorni no durará demasiado tiempo más en su cargo. “Milei va a intentar aguantarlo para no darle el gusto a los periodistas ‘basura’ y a los opositores que lo denunciaron, pero en cuanto él y su hermana Karina verifiquen que el escándalo erosiona cada vez más la imagen del Gobierno, no les va a quedar otro remedio que sacarlo”, indican.

Plan “aguantar”

El Presidente, sin embargo, no da el brazo a torcer. Anunció que este lunes, al mediodía, encabezará una reunión de gabinete en la Casa Rosada junto a Adorni. El encuentro, que no se realizaba desde el pasado 24 de febrero, tiene como objetivo dar muestras de unidad interna y de gestión para intentar dar vuelta la página del escándalo.

No será sencillo. El frente judicial también complejiza el panorama para el ministro coordinador, quien ya contrató al abogado penalista Matías Ledesma para su defensa. Tal como reveló , el fiscal federal Gerardo Pollicita citó a declarar como testigo a la escribana Adriana Mónica Nechevenko, quien intervino en la operación de compra del departamento del barrio de Caballito por parte de Adorni.

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Según la documentación analizada en el expediente, el funcionario adquirió el inmueble por un monto declarado de 230.000 dólares, gracias a un préstamo de 200.000 dólares que -de acuerdo con los registros oficiales- le otorgaron las propias vendedoras, dos mujeres de 64 y 72 años sin relación previa conocida con él. A cambio, se constituyó una hipoteca sobre el mismo departamento.

La oposición no dejará pasar las derivaciones de este escándalo el miércoles próximo en el recinto, cuando se debata la reforma de la ley de glaciares. Intentarán modificar el temario de la sesión para incorporar los proyectos para interpelar a Adorni, una ofensiva que el oficialismo y sus aliados buscarán bloquear con su mayoría. La oposición, debilitada respecto del año pasado tras su derrota en las elecciones legislativas, sabe que sus chances son difíciles, pero al menos intentará sacarle provecho político al escándalo.


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