POLITICA
El mercado empieza a votar

El tiempo del reloj es homogéneo. Se compone de unidades iguales que van transcurriendo. El tiempo de la historia, el de la vida pública, no. Hay momentos en que su transcurso parece acelerarse. Situaciones en las que, a diferencia de otras, todo parece estar cambiando de manera más rápida. Esa percepción es la que podemos tener hoy en el mundo, y en la economía y la política argentina: una aceleración de esta historia que vivimos. Y, en el caso del escenario económico, una aceleración donde se cruzan la situación material, con la política y con la perspectiva electoral.
Han ocurrido cosas importantes en ese plano, más que nada en la cuestión cambiaria. No hay que perder de vista lo principal. Desde el plano político, lo principal es que el gobierno de Javier Milei ha hecho y sigue haciendo una apuesta principal a un único tema: reducir la inflación. Es la forma de conseguir votos, conservar y eventualmente incrementar el poder.
Como siempre en la Argentina, por razones más o menos arbitrarias, la inflación tiene un determinante: está muy influida por el valor del dólar. Todo lo que tiene que ver con dólar tiene que ver con inflación. Y todo lo que tiene que ver con inflación tiene que ver, en este contexto en el que estamos hablando, sobre todo del gobierno de Milei, con votos. Lo que pasa y va a pasar con la divisa norteamericana es, en consecuencia, decisivo para el resultado electoral. Por lo tanto, el mayor acto de campaña, el más importante, el más promisorio o el más riesgoso, es el que protagonizó el Gobierno este fin de semana: la liberación parcial del cepo cambiario.
Ocurrió lo que muchas veces se había presumido. A mediados de abril se cerraría el acuerdo con el Fondo. Aquel pacto iba a tener un capítulo muy especial en la cuestión cambiaria. Cuanto más generosa fuera la ayuda del Fondo, más audaz debería ser la liberación cambiaria.
Esto reviste importancia por dos razones. Primero, existe un vínculo entre el sistema cambiario y el nivel de actividad de la economía. Es muy difícil que haya crecimiento, que un país se desarrolle y reciba inversión privada si hay dos o más tipos de cambio. Segunda razón: entre las muchas palancas que usó el Gobierno para controlar la inflación, una crucial ha sido el atraso cambiario, que significa mantenerlo congelado, dominado por el Banco Central, con una pauta de devaluación que es el crawling peg de 1% mensual. Era una forma de mantener el dólar a raya para que una depreciación no se vaya a los precios y, en el fondo, para tener los salarios sobrevaluados en relación con el dólar. Esto es lo que se ha tocado. Son modificaciones en este orden de cosas.
El Gobierno, por boca nada menos que del Presidente, que tuvo un diálogo a la mañana con Luis Majul, dijo que no hay motivo para que haya un reflujo inflacionario, porque el dólar es un precio más. Es discutible. Primero por una razón cultural. Los que forman precios miran el dólar, aunque sea arbitrario verlo en relación con muchos precios. Pero además, muchos productos están hechos con insumos dolarizados. O son bienes importados. Y, por lo tanto, si el precio del dólar se modifica, se modifica también el precio de esos productos.
Hay incluso un campeonato de los economistas hoy por saber cómo se va a trasladar a los precios esta modificación del tipo de cambio que estamos viendo por la liberación del cepo. Existen ejemplos recientes de esto. Cuando se devaluó durante el gobierno de Macri, el traslado fue de 0,24%. Durante el periodo en que Sergio Massa fue ministro de Economía, fue de 0,9%. Y algunos economistas creen que esta vez va a ser de 0,4%.
Se han planteado dos mercados. Hay un mercado de dólar absolutamente libre, al que pueden acceder las personas físicas entrando al home banking, sin limitación alguna. Y otro mercado regulado, que es el mercado para las empresas. Hay expertos que suponen que, dado que las personas físicas tienen acceso ilimitado ahora al dólar, van a poder ejercer una especie de arbitraje con el otro mercado a través del contado con liquidación (CCL), ofreciendo bonos. Y como las empresas pueden optar por adquirir dólares en el mercado del contado con liquidación, para lo cual tienen que renunciar a intervenir en el mercado único de cambios, el puente que podría ejercerse a través de estos bonos entre un mercado liberado y el de las personas jurídicas, haría que la brecha se achique. Habría prácticamente un solo tipo de cambio aun cuando, en teoría, existieran dos niveles de libertad distintos.
De hecho, hoy lunes, en el comportamiento que tuvo el mercado, la brecha entre el dólar libre y el dólar todavía regulado ha sido de 2,5%. Ínfima. Significa que vamos a algo que para casi todos los economistas y para el mismo Gobierno era lo deseable: un solo tipo de cambio.
¿Cómo es el esquema? Un gráfico confeccionado por la economista Marina Dal Poggetto permite entenderlo fácilmente. Hay una línea que delimita la banda superior de fluctuación que prevé el Gobierno para el dólar. Arranca en $1400 por dólar. Por encima de eso, el Banco Central empieza a vender dólares. Y hay un límite para la banda inferior, en $1000 por dólar. Por debajo de ello, la autoridad monetaria empezaría a comprar.
Ambas bandas se indexan. La superior comienza en $1400 por dólar pero se incrementa en un 1% hasta llegar, según calcula Dal Poggetto, a $1.516 por dólar en diciembre, su techo. La banda inferior, por su parte, va reduciéndose 1% mes a mes, y estaría en $923 a fin de año.
La economista compara ese movimiento con los futuros del dólar en el ROFEX, en el mercado de futuros. Aquel mercado ve un dólar que nunca toca el límite superior, pero que va subiendo. No converge con el precio más barato, sino con el precio más caro. Según esta hipótesis, no llegaría a tocar en diciembre los $1516.
Respecto del dólar oficial, hubo una devaluación entre el viernes y el lunes prevista por el Gobierno. Y se confirma, entonces, lo que decían muchos economistas: que había un dólar atrasado y que debía actualizarse.
¿Cuál es la lógica que piensan muchos expertos que va a tener el mercado? El blend fue anulado. Estaba en $1150 por dólar hasta el viernes. En esta situación, siempre que el dólar esté por encima de $1150 pesos, y ya está por encima, tenderán a vender. Milei aclaró, y probablemente el sector exportador, el campo, ya lo sabía, que la baja de retenciones era con un plazo, que ahora se elimina. “Vendan, porque después vuelven las retenciones a lo que eran antes”, dijo Milei. Y el sector agropecuario respondió: “Nos están extorsionando”. La realidad es que siempre fue así. Las retenciones no se bajaron por una política comercial o productiva ligada al campo, sino para estimular a que el sector exportador venda y ofrezca dólares. Coincide además la liberación del cepo con el comienzo de la cosecha gruesa. Hay entonces un mecano medianamente armado, de relojería, para que en el momento en que el Estado decide retirarse parcialmente del mercado de cambios, el sector privado esté dispuesto a ofrecer dólares.
Los importadores, pensando en la suba del techo del dólar, van a comprar lo más barato que puedan. Se supone que cualquier particular, que tiene acceso irrestricto al mercado de cambios, si percibe que el dólar está por debajo de lo que estaba el contado con liquidación el fin de semana -1300 pesos—, van a comprar.
Hay dos dimensiones muy importantes en todo esto. El Gobierno renuncia a tener el control sobre el dólar como una herramienta antiinflacionaria. Es un camino hacia la coherencia. Era poco congruente que un gobierno como el de Milei, alguien para quien cual donde hay Estado, hay una perversión, tuviera estatizado un precio estratégico de la economía como es el tipo de cambio. Y aquella renuncia hace que otra variable económica comience a ganar relevancia: la tasa de interés.
El ritmo de la economía, el crecimiento, los niveles de inflación, calentamiento o enfriamiento de la economía van a manejarse con el precio del dinero. ¿Por qué es un punto a tener en cuenta? Porque si hay un desarreglo, si el esquema no se comporta de manera virtuosa y hay que corregir subiendo la tasa de interés, el oficialismo va a estar ante el problema en el que estuvieron las dos experiencias anteriores de normalización económica -Menem y Macri- que es dirigirse hacia una recesión.
El gran desafío histórico y “cultural” de Milei es que este experimento, ligado a la libertad de mercado y a la derrota de la inflación, no termine en una recesión. Ganar la batalla cultural es lograr que estas ideas de libertad económica, de consagración de la iniciativa privada, de mercado, no terminen en un trauma social, porque se pierde el empleo y se destruye el tejido productivo. La llave entonces que va a tener el Gobierno para controlar la economía será subir o bajar la tasa de interés.
El otro tema, que probablemente sea el más sutil pero no menos importante, es que, desde este lunes a la mañana, el mercado empezó a votar.
Un analista político suele decír: “Al tener controlado el tipo de cambio, el Gobierno ejerce también un control político sobre la sociedad, porque el valor del dólar, sobre todo en la Argentina, es un termómetro muy sensible a los niveles de consenso o disenso, a los niveles de adhesión o de queja, que tiene la sociedad respecto del Gobierno”.
Si las cosas andan bien, el dólar está quieto, o puede inclusive bajar. Y si las cosas andan mal, el primer lugar donde se refleja es en la pizarra de las casas de cambio. Ahora esto se liberó. Y ahí hay un termómetro inquietante para cualquier oficialismo que es la cotización del dólar para saber qué nivel de adhesión tiene respecto de la gente.
Todo esto se produce en un contexto político muy llamativo. Es un escenario internacional donde hay un monto de incertidumbre pocas veces visto, debido a que Trump decidió tocar todas las variables, y sobre todo una: lo que tiene que ver con el comercio, modificando aranceles. Fue y tuvo que volver de esa idea. Y ahora, lo que parecía una pelea contra el resto del mundo, es una riña solo contra China.
En ese marco, cuando EE.UU. afronta una tormenta por las decisiones de su presidente —no se sabe si esa tormenta supone que se encamina hacia una recesión y, al mismo tiempo, hacia un rebrote inflacionario— sucede algo que no hay que perder de vista: Scott Bessent, el secretario del Tesoro, decide estar en Buenos Aires el día que abre el mercado de cambios, después del acuerdo con el Fondo que supuso la liberalización de ese mercado.
Es una señal muy contundente de respaldo del gobierno de Trump a la gestión de Milei, de carácter internacional, porque aquellos que tienen que tomar decisiones económicas en cualquier lugar del mundo miran todos los días dónde está el señor Bessent, que hoy estaba en Buenos Aires diciendo que este experimento que ocurre hoy en la Argentina es muy importante para ellos, sobre todo en una región donde “tenemos pocos amigos”. Si bien acaba de ganar Noboa en Ecuador, en Venezuela sigue habiendo un gobierno dictatorial, muy antiamericano, muy anti-Washington; en Brasil hay un gobierno de izquierda, también con tensiones con Estados Unidos, como el de Lula; en Uruguay acaba de ganar un gobierno que se alineó también en contra de Estados Unidos. De hecho, el gobierno del Frente Amplio no califica a Venezuela como una dictadura. Hay un gobierno de izquierda en Colombia, en Chile, en Bolivia y en México, donde hay enormes tensiones con Estados Unidos. La gestión de Milei es una especie de mosca blanca en la región. Y también por eso al gobierno norteamericano, y sobre todo al secretario del Tesoro, le interesó estar acá en un momento de convulsión internacional. También tuvo una reunión con Luis Caputo, ministro de Economía.
Al mismo tiempo, no hay que mirarlo como una visita que sucedió por casualidad, llegó a Buenos Aires Matt Schlapp, el presidente del CPAC, la liga de asociaciones políticas, partidos y corrientes de ultraderecha, que une a Bukele, a Jair Bolsonaro en Brasil, a Milei, a Trump. El presidente de esa liga, que es un hombre muy ligado al esquema político del presidente nortemaricano, estuvo este lunes en Buenos Aires, acompañado por el dueño de un fondo de inversión que invierte, inclusive, en el negocio del fútbol, como es Rob Citrone.
Llegaron prácticamente al mismo tiempo que Bessent, se fueron con 40 minutos de diferencia y hay un dato interesante para mirar las relaciones entre Buenos Aires y Washington: el avión. El avión negro que usaron los visitantes es del empresario Leonardo Scatturice, en el que llegó, hace más o menos un mes, una referente local del CPAC, que es Laura Arrieta, en aquel vuelo controvertido porque aparecieron informaciones de que no se había revisado el equipaje y no se sabía muy bien qué traían. Curiosamente, en ninguna foto de ayer estuvo el canciller Gerardo Werthien. Estuvo Santiago Caputo, asesor del Presidente, quien es el que mantiene el vínculo con esta asociación internacional, la cual explica, probablemente por su afinidad política, por el alineamiento automático de Milei con lo que haga Donald Trump, la visita de Scott Bessent para respaldar un momento crucial del gobierno de Milei, que es la apertura del cepo. Probablemente el día más peligroso que haya tenido hasta ahora, y probablemente el que tenga en estos cuatro años de mandato, ligado a una decisión del propio gobierno pactada con el Fondo.
La pregunta que hay que hacerse es si hay alguna condición en todo este respaldo para la Argentina. ¿Es gratis o el gobierno de Milei va a tener que hacer cosas para seguir ganándose este apoyo del gobierno de Estados Unidos? Ya sabemos que Donald Trump es impredecible. Pero Milei no, es absolutamente predecible: va a estar donde esté Trump. Ya sabemos cuál va a ser su conducta internacional futura todo este tiempo. La gran pregunta es: ¿qué le va a pedir el presidente nortemaricano? ¿Va a tener que dejar de hacer algo en relación con China?
Hoy el conflicto es China. Bessent lo explicó en reuniones reservadas también. El gobierno norteamericano quiere evitar que América Latina sea un espejo de África, donde las inversiones chinas terminaron colonizando el continente. La Argentina tiene un swap de monedas sin el cual no habría estabilidad cambiaria, pactado con el Banco Nacional chino. ¿Eso va a seguir siendo así o habrá que cambiarlo? ¿Qué ayuda podrá dar Estados Unidos para que eso cambie, si es que eso tiene que cambiar? Son las preguntas de este momento histórico que se explican por la foto de Scott Bessent, que en un día como este, convulsionado para Estados Unidos, decidió estar en Buenos Aires.
Todo esto tiene que ver con la política internacional comercial también porque el gobierno de Milei está aprovechando esta afinidad para negociar un acuerdo especial con Estados Unidos, que está llevando una guerra comercial a escala global. De hecho, hubo una reunión de cancilleres del Mercosur en Buenos Aires, donde el gobierno argentino, a través de Werthein, no pidió salir del Mercosur para celebrar un tratado con Estados Unidos —porque es muy difícil que lo acepte Trump en un momento proteccionista—, pero sí pidió una flexibilización.
La Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, no pueden firmar tratados de libre comercio por separado porque el Mercosur es una unión aduanera, con un arancel externo común a todos. Pero hay un acuerdo interno por el cual, de todos los productos que se comercian internacionalmente, hay 100 sobre los cuales cada miembro del Mercosur puede firmar acuerdos particulares con otros países. Milei pidió ampliarlos de 100 a 150, pensando en Estados Unidos, a lo que los demás países dijeron que sí porque también necesitan mayor flexibilidad para hacer su propia negociación. No de un acuerdo de libre comercio, pero sí de moderar las restricciones que está poniendo Trump al acceso al mercado americano de productos de todo el mundo, centralmente siderurgia, acero y aluminio, que son los dos sectores más afectados.
Esto lo mira Europa porque la Unión Europea tiene negociado un acuerdo de libre comercio con Mercosur, que está todavía en trámite y debe terminar de ser aprobado. Los europeos amenazan con romper el acuerdo si se le entrega más mercado a Estados Unidos, a la vez que piensan que tal vez les conviene acelerar el acuerdo con el Mercosur, el cual venía muy lento por la presión de Francia e Italia.
Todo está cambiando. También el entorno de las relaciones comerciales de la Argentina con Estados Unidos y con Europa, en el plano de una política exterior argentina alineada con norteamérica como ni con Menem lo vimos.
Este levantamiento del cepo cambiario se relaciona con otro problema estrictamente local y político: dar buenas noticias. La inflación, que es el gran trofeo del gobierno, ya es una lucha más difícil. En marzo era de 3,7% y hace nueve meses que no baja, sino que ha estado subiendo. Esto significa que la desaceleración de los precios comenzó a ser más lenta en los últimos meses. Casi todos los economistas pronostican que esta depreciación de la moneda afectará los precios. Es posible que haya una inflación mensual del 5% en un par de meses. Entonces, había que dar una buena noticia y es que se liberó el mercado cambiario y se permitió que las personas accedan al dólar. Y a quienes decían que el dólar estaba atrasado y que por eso la economía tendría más dificultades. en dinamizarse o en crecer, también les dan la razón.
Esto tiene que ver con una encuesta que Mora Jozami realizó para Casa Tres. El 52% está de acuerdo con eliminar el cepo, mientras que el 24% no. El Gobierno está mirando esto también. El 11% se beneficia del levantamiento del control cambiario, al 42% no le importa y solo el 24% piensa que le perjudica. Significa que el Gobierno también está haciendo política interna o electoral con la política cambiaria, como no podría ser de otra manera.
Al mismo tiempo, estas medidas —el acuerdo con el Fondo y la liberación del cepo— tienen un efecto en las alineaciones políticas locales, donde también se cruza lo electoral. El primero en salir fue Mauricio Macri, quien asumió una postura moderadamente optimista y condicional, como todo lo que Macri dice hoy sobre el Gobierno. Dice que es muy bueno y maravilloso, pero todavía falta. Además advierte por la institucionalidad, que es lo que viene machacando desde la postulación del juez Lijo a la Corte.
Milei le contestó en la entrevista con Majul, donde adjudica que levantó el cepo que puso Macri. Se ensañó contra Hernán Lacunza, el ministro que tuvo que establecer el cepo al final del gobierno de Macri. Pero además, se mete de cabeza en las elecciones porteñas con mucha agresividad contra los Macri. Es importante escuchar lo que dijo este lunes por la mañana, al hablar de Jorge Macri, que es lo mismo que hablar de Mauricio.

Está diciendo muchas cosas. Dice que al desdoblarse las elecciones porteñas se rompió la relacion del Pro con La Libertad Avanza. Es muy importante porque hay una esgrima secreta entre Mauricio Macri y Javier Milei sobre quién es el culpable de que del centro a la derecha no haya unidad. Y que vayan por separado, potenciando las posibilidades del peronismo kirchnerista. Milei dice que el responsable fue Jorge Macri, que adelantó las elecciones porteñas para resguardar su reducto. Por su parte, Patricia Bullrich había dicho que los Macri están “cuidando sus negocios”.
Hay una visión muy agresiva en la Casa Rosada sobre la conducta de Jorge Macri y Mauricio Macri en relación con el gobierno porteño. Milei también dice que están demonizando a su hermana. No se sabe si es verdad. pero lo que sí es cierto es que en la campaña del peronismo y en la del Pro en la Ciudad han identificado que la figura oficialista a la que más fácilmente se le puede hacer bullying delante de la opinión pública es a Karina Milei, debido a su situación en las encuestas. Javier Milei lo vio en la elección contra Massa, donde también se empezó a demonizar su relación con su hermana. Y él le echa la culpa a Antoni Gutiérrez-Rubí, el catalán que asesoró a Massa en ese momento y que ahora asesora a Jorge Macri. Fueron a buscar con lupa los antecedentes migratorios de Gutiérrez-Rubí, y le quitaron el permiso de residencia porque descubrieron que había dicho que tenía un contrato con una universidad que finalmente no tenía. Están expulsando a Gutiérrez-Rubí porque le atribuyen ser el autor de una campaña sucia contra los Milei. Esto es importante porque si la figura de Karina Milei llega a ser —como dice su propio hermano— demonizada, lo que estará en juego es la estabilidad emocional de Milei, por el tipo de relación que tiene con su hermana, que le da calma y orden. Y, en pocas palabras, lo relaciona con el mundo de los seres humanos. Entonces están tocando un nervio importante.
Hay muchos negocios en la ciudad de Buenos Aires, tanto que una figura central del PRO y del radicalismo, quien hoy es el principal interlocutor político de Jorge Macri, Daniel Angelici, es concesionario de muchos negocios. Angelici es clave para los Macri. Pero en algunos de esos negocios es socio de uno de los mejores amigos de Karina Milei: el esposo de Pilar Ramírez, Darío Wasserman, vicepresidente del Banco Nación.
Esto es importante porque ambos, Angelici y Wasserman, incluyen a personas en las listas de la Legislatura. Wasserman en la de La Libertad Avanza. Angelici en la del Pro y en la de la UCR. Así nos encontramos ante una especie de Ciudad Gótica, donde los concesionarios porteños forman sus bloques en la Legislatura, presumiblemente para seguir aprobando los negocios o adquirir otros nuevos.
La herramienta que tiene Mauricio Macri para condicionar a Milei en la Ciudad es amenazarlo con ir con Pro por separado en la provincia de Buenos Aires. Es una amenaza cada vez menos creíble por la foto de Cristian Ritondo y Diego Santilli, entregados nuevamente a la mesa de Karina Milei, Lule Menem y Sebastián Pareja, su operador. Acá lo incorporan a Guillermo Montenegro, el intendente de Mar del Plata, que, como no quiere que le armen una candidatura por La Libertad Avanza en Mar del Plata, también se entregó al gobierno nacional. Lo que le están diciendo a Macri es que, si quería presionar desde la Provincia, que se olvide porque ya se la entregaron.
En el momento en que más se están hostigando Milei con Macri, como se advierte en esa entrevista con Majul, hay un esquema de unidad en la provincia de Buenos Aires, donde se está resolviendo, provisoriamente, el duelo entre Cristina Kirchner y Kicillof. Ella le acaba de decir a Kicillof que si quiere desdoblar, que lo haga. Cristina cree que le va a pasar lo mismo que a Jorge Macri: adelantando la elección van a juzgar su gestión. Lo mismo sucede con la eliminación de las PASO, donde ella cree que sería mejor que haya una interna. Al final, lo que no le dice es que ella maneja la lapicera porque conduce el PJ, a través de su hijo Máximo, y entonces las listas las hace ella. Todavía no ha dicho nada en público, pero podría ser candidata a la legislatura bonaerense por la tercera sección electoral, el corazón del peronismo en el conurbano.
Acá aparecen dos novedades: Kicillof debe volver a enfrentarse a Cristina Kirchner o someterse. Es difícil para el aparato bonaerense confrontar con ella, así que van a negociar. Especialmente los intendentes. Pero lo más importante es que, con este duelo con Cristina, es evidente que Kicillof se ha convertido en candidato o precandidato presidencial del peronismo. Lo más probable es que no sea el candidato de Cristina, aunque ella haya decidido no hostigarlo. Significa que la interna del peronismo ya se adelantó a las elecciones de medio término; la batalla presidencial está lanzada. Habrá que ver quién está dispuesto a competir con Kicillof, si se consolida como candidato, lo que será importante para el gobierno de Milei. Con un peronismo que compite por la candidatura presidencial es muy difícil pactar. Ningún sector se sentirá cómodo asociándose a Milei para que el otro sector le diga que es pactista con un gobierno liberal de derecha y ajustador.
Se está diseñando aceleradamente un nuevo mapa, muy condicionado por la economía, y, en especial, por el valor del dólar.
POLITICA
El Gobierno busca aplacar las internas por la reforma laboral con la sanción de la ley en el Senado

Luego de varias idas y vueltas, el Gobierno finalmente quitó de la reforma laboral el artículo referido a las licencias médicas, el cual había generado críticas por parte de distintos sectores de la oposición, y el proyecto quedó a un paso de ser aprobado en el Congreso, aunque continúa el ruido interno por la decisión de haber sumado en un principio ese apartado.
Cuando se inició la polémica, las autoridades nacionales primero salieron públicamente a defender la medida que se había incorporado al texto original 48 horas antes de su votación en el Senado.
Uno de los referentes del Gabinete que lo hizo fue el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quien justificó la reducción del salario al 50% por parte de los privados en determinadas situaciónes, al argumentar que “si te lastimaste jugando al fútbol, la empresa no tuvo nada que ver” y, por lo tanto, no debe afrontar toda la carga que demanda tener un empleado menos durante su recuperación.
Sin embargo, en los pasillos de la Casa Rosada reconocían que se trató de un error por parte del oficialismo y al poco tiempo anticiparon que esa iniciativa iba a ser eliminada antes del debate en la Cámara de Diputados, lo que efectivamente sucedió.

Incluso, en los pasillos de la Casa Rosada responsabilizaron directamente a Sturzenegger, al considerar que con esas declaraciones “se mandó una de más, como siempre”, porque esos dichos habrían provocado el malestar contra las modificaciones en las licencias médicas.
En tanto, consultados por Infobae sobre esta interna, en el entorno del funcionario aseguraron que estaban “tranquilos” y que iban a continuar trabajando en todos los temas que están en agenda.
Además, aseguraron que la inclusión de este artículo la reforma laboral no fue un pedido de esta cartera: “No estaba en el proyecto que envió el Poder Ejecutivo. Por ende, está claro aue no es algo que se impulso desde el Gobierno o el Ministerio”, señalaron.
Lo cierto es que la medida fue sumada poco antes de que el texto recibiera media sanción del Senado, y establecía que, “en caso de sufrir un accidente o una enfermedad que no sea consecuencia de la prestación de tareas derivadas del contrato de trabajo, y que impida dicha prestación, el trabajador tendrá derecho a percibir el 50% de su remuneración”, siempre que esa condición “fuera producto de una actividad voluntaria y consciente”
Asimismo, se remarcaba que, “si la imposibilidad de trabajar no fuera producto de una actividad voluntaria y consciente del trabajador sobre el riesgo en la salud, percibirá el 75% de tal remuneración”.
Ante la presión de los bloques aliados y de algunos gobernadores, La Libertad Avanza optó por quitar todo este apartado antes de que la medida fuera votada en Diputados, lo que obligó a que el texto volviera al Senado, que lo tratará el viernes que viene, por lo que se demoró su sanción definitiva.
“No pedimos nada de ese artículo. Es más, la UIA (Unión Industrial Argentina) ya manifestó que ellos tenían propuestas sobre ese tema y la decisión consensuada era la de no hacer cambios sobre el proyecto enviado. No vino de nosotros”, insisten desde el lado de Sturzenegger.
En una entrevista en Infobae en vivo, el presidente de esa entidad, Martín Rappallini, lamentó que se haya retirado esa iniciativa y opinó que “es un tema muy complejo, porque hay muchas variables”.
Efectivamente, el empresario contó que la cuestión fue analizada durante las reuniones del Consejo de Mayo, mesa de trabajo impulsada por el Ejecutivo y en la que comparte un lugar junto al ministro.
“Nosotros habíamos planteado en algún momento que fuera el 100% no remunerativo, sin cargas, para que el Estado se hiciera cargo”, detalló.
Por su parte, tras la interna, Sturzenegger se encuentra ahora abocado a otras tareas que tenía en agenda, como la preparación de las normas que se tienen que implementar para que pueda comenzar a regir el acuerdo comercial entre la Argentina y los Estados Unidos.

La administración libertaria se comprometió en ese tratado a adaptar la legislación local y también adoptar una serie de puntos para facilitar el intercambio de bienes y servicios con Washington.
De acuerdo con lo que precisaron a este medio fuentes de la cartera de Desregulación, “no todas estas medidas son leyes”, sino que en algunas ocasiones “solo implica cambios normativos de menor nivel”.
En esos casos, las modificaciones necesarias podrían hacerse “a través de Decretos o incluso Resoluciones”, en los cuales ya está trabajando el funcionario desde la firma del acuerdo.
De todas formas, el convenio tiene todavía que ser aprobado en el Congreso, pero su debate se demoraría hasta el mes próximo. Esta semana será la última semana de las sesiones extraordinarias y los diputados y senadores tienen varios temas en agenda.
Luego de la aprobación de la reforma laboral del jueves pasado, el proyecto terminará de ser discutido en la Cámara alta el viernes próximo, junto con el nuevo régimen penal juvenil y el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea.
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Mientras avanza la reforma laboral y en medio del conflicto de Fate, Milei envió un mensaje a los industriales

La reforma laboral quedó a un paso de convertirse en ley. Javier Milei logró que uno de los proyectos centrales de su agenda avance a un ritmo inusual: primero obtuvo la aprobación en el Senado; fue votado en la madrugada del viernes en Diputados con modificaciones y pocas horas despues salió el dictamen de mayoría en la Cámara Alta. Ahora se encamina a la sanción definitiva el próximo viernes.
El trámite fue vertiginoso. En sesiones extraordinarias y en apenas un mes, el oficialismo consiguió ordenar una mayoría que parecía esquiva. En la Casa Rosada lo presentan como un éxito de la capacidad negociadora de Diego Santilli y de la flexibilidad que mostró la mesa política del Gobierno, integrada por Karina Milei, Manuel Adorni y Martín Menem. La prueba más concreta, subrayan, es que los gobernadores aportaron 24 votos clave para garantizar el avance del proyecto.
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Fue, en ese contexto, una semana casi perfecta para el Presidente. A la dinámica parlamentaria se sumaron señales políticas y económicas que el oficialismo leyó como favorables. Milei recibió elogios de Donald Trump en la reunión del Consejo de Paz; el Banco Central continuó recomponiendo reservas; el dólar oficial bajó a $1410 y la inflación mayorista se ubicó en enero en 1,7%, un dato que, en el Gobierno, consideran que quita presión sobre la evolución de los precios minoristas.
El único hecho que empañó ese escenario fue el cierre de Fate, una decisión empresaria que tuvo fuerte impacto mediático justo cuando se discute la reforma laboral. La coincidencia temporal generó malestar en la Casa Rosada.
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Milei intuye que la determinación de Javier Madanes Quintanilla no solo fue inoportuna, sino que también buscó producir un daño político al Gobierno. La reacción presidencial fue directa: lo acusó de ser “prebendario” y de “cazar en el zoológico”, en una crítica pública que marcó distancia con el empresario.
A partir de ese episodio, en Balcarce 50 resolvieron convocar a una conciliación obligatoria entre la empresa y el gremio para que la fábrica reabra sus puertas y los trabajadores continúen cobrando sus salarios. La decisión fue instrumentada por el secretario de Trabajo, Julio Cordero, quien llevó adelante la medida administrativa.
La intervención oficial abrió interrogantes. Muchos se preguntaron si no resultaba paradójico que un gobierno libertario cuestionara a un empresario y, en los hechos, coincidiera con la postura del gremio, conducido por el trotskismo. En el oficialismo admiten que el paso del tiempo ayuda a enfriar los ánimos que se caldearon en las primeras horas del conflicto.
En ese marco, circula una versión que el propio Gobierno reconoce no poder confirmar: que los sindicalistas del SUTNA y la empresa mantienen más diálogo del que se conoce públicamente. Según esa hipótesis, la estrategia empresaria sería dejar transcurrir 15 días, tal vez un mes, descomprimir la tensión generada en estos días y luego presentar una oferta indemnizatoria superadora.
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Más allá de la disputa puntual, el episodio dejó una definición política. Milei explicó que ser liberal no implica ser “pro empresa”, sino respaldar el libre mercado. La frase buscó despejar interpretaciones y fijar un criterio: el Gobierno no está dispuesto a cerrar la economía ni a proteger a compañías que no se adapten al nuevo escenario.
La conclusión que transmiten en la Casa Rosada es que las empresas deberán adecuarse para sobrevivir y ganar competitividad.
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Celebración violeta en el Congreso: negociación ley por ley y doble crisis peronista

En el final de una semana política densa, el oficialismo celebró de madrugada en Diputados y desayunó el viernes con otro avance en el Senado. La reforma laboral terminó con aprobación cómoda en la Cámara baja -podado ya el inviable artículo de las licencias por enfermedad- y apenas unas horas después pasó por comisiones en la otra ala del Congreso, para quedar en los umbrales de la sanción. El Gobierno quedó así a un paso de coronar su mayor objetivo de las sesiones extraordinarias. ¿Cómo? Asoman dos trazos gruesos en ese cuadro: la asimilación del mecanismo de negociación en continuado -que demanda concesiones- y la doble crisis que arrastra el peronismo, expuesta en el núcleo K y en el juego propio de varios gobernadores.
Desde el inicio, todavía en diciembre, había quedado a la vista que la negociación con socios legislativos y gobernadores iba a ser el único camino posible para convertir en ley el proyecto laboral. El tema pasó entonces para febrero, segunda tanda de las extraordinarias, y tal como fue conversado con aliados -también, por vías más reservadas, con algunos jefes sindicales-, hubo modificaciones y tachaduras sobre el texto original. Fueron varias decenas. El último paso -la poda del artículo 44- obligó a un renovado ejercicio negociador. Le dio frutos a Olivos.
El oficialismo expuso pragmatismo, realismo libertario. Pero no ocurrió en un día y, está claro, el interrogante es si termina armando un sistema de alianzas sólido, no necesariamente con traducción electoral. Al menos por ahora, se trata de un ejercicio ley por ley, costoso, que en el caso de los jefes provinciales tiene como eje cuestiones de plata. El marco es conocido. La recaudación viene a la baja desde hace seis meses, el impacto en la coparticipación no es menor y, según fuentes cercanas a gobernadores, la mayoría de los distritos no tiene margen para nuevos ajustes.
Las votaciones de este mes entusiasman a los operadores violetas. Más de 40 votos en el Senado, como ocurrió antes del capítulo de Diputados, reponen en ese imaginario los cálculos para nombrar jueces y hasta para ampliar la Corte Suprema. Se verá. El foco inmediato vuelve a estar puesto en la Cámara alta. Por lo pronto, si no aparece nada extraño en el camino, a fines de la semana que viene sería ley la reforma laboral y también el Régimen Penal Juvenil, como renglones más destacados.
La fragmentación política y, más precisamente, la crisis profunda de los partidos nacionales -y luego, las coaliciones- desdibujó por completo lo que fue JxC y deteriora de manera creciente al peronismo. Impacta a favor del oficialismo, aunque con costos. Se multiplican los interlocutores, a veces con poco. Es un tablero en el que las fichas se cuentan de a una. Dicho de otra forma: cada gobernador pone en la mesa el número de legisladores que le responden y cada espacio aliado o socio hace valer lo suyo en el recinto.
Lo registra Martín Menem desde hace rato y lo anota últimamente Patricia Bullrich. Juega centralmente Diego Santilli con las provincias, operan Karina Milei y, con agenda propia, Santiago Caputo. No quiere decir que las internas estén superadas -algunas, han recrudecido, como ocurre con las ambiciones porteñas-, pero el peso del poder ordena en el Congreso. También, la realidad y la asimilación de cada prueba.

El giro más notorio del oficialismo se produjo en diciembre con el Presupuesto 2026. La caída inesperada de un capítulo gravitante -que incluía la derogación de las leyes de financiamiento universitario y de emergencia en el área de discapacidad- provocó de entrada una mezcla de ira y cerrazón para reponer el tema, pero rápidamente hubo señales de aceptación de lo ocurrido en Diputados. Con buen número de votos, el proyecto fue sancionado sin esos puntos. Los gobernadores negociaron según sus necesidades -ATN, deudas, fondos para cajas de jubilaciones, en algunos casos- y, para terminar de distender, la reforma laboral pasó para la segunda entrega de extraordinarias.
Los jefes provinciales de buen entendimiento con Olivos volvieron a mostrar sus cartas ahora, con la ley laboral. Terminaron por empujar y sellar un acuerdo con el Gobierno -de mutua conveniencia, en el delicado contexto de recaudación- para dejar de lado el artículo que establecía una baja de ganancias para empresas. Y fueron decisivos para liquidar el artículo de las licencias por problemas de salud. En la misma línea, condicionaron su apoyo los socios del espacio PRO/UCR. Quedó desechada así la idea oficialista de buscar alguna diagonal que evitara la vuelta al Senado. La baja del artículo 44 fue suficiente para no pasar sobresaltos en Diputados. Y terminó de allanar el camino para la sanción de la ley.
Para completar el cuadro, la oposición dura registra crujidos en aumento. El último contraste fue exhibido por los gobernadores. Se afirmó el esquema de jefes provinciales del PJ o aliados, inorgánico pero coordinado, como espacio negociador. Ahí se anotan Salta, Tucumán, Catamarca y, cercanos, Misiones tradicionalmente y Santa Cruz, de manera más reciente. En espejo, el peronismo/K promovió un documento de rechazo a la reforma que destacó la posición de Buenos Aires, Formosa, Catamarca y La Pampa, más un par de aliados. Igual, algunos de ellos tienen puentes con el Gobierno.
Esa declaración, con todo, expuso de hecho que el sello del PJ nacional gravita cada vez menos. Y también, que el quiebre es de una franja del peronismo del interior con el círculo que aún expone la marca de CFK. No es todo. En el Senado, es cada vez más notoria la tensión en el espacio de UxP por desgaste de conducción. Y esto último está asociado al otro factor doméstico, es decir, el trance del núcleo kirchnerista, expresado en la pulseada entre Axel Kicillof y la ex presidente. Doble crisis.
Los operadores del Gobierno festejan en estas horas los éxitos legislativos. No borran sus propias tensiones: de arrastre aunque más contenidas en la superficie, entre Karina Milei y Santiago Caputo; repetidas y sin retorno como en el caso de Victoria Villarruel; algo más novedosas como los recelos con Bullrich, y de manera más visible en este tramo con Federico Sturzenegger. De todos modos, por debajo de la celebración, el foco se corre hacia los nuevos proyectos para tratar de sostener la iniciativa a partir del 1° de marzo. También, hacia la Justicia, ante la posible judicialización de algunos puntos de la reforma laboral. Y no sólo se trataría de los jefes sindicales. Se verá si el impacto político de la sanción de la ley modera reacciones en ese frente, que no se reduce a Comodoro Py.
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