POLITICA
El pájaro canta hasta morir: la historia de un amor prohibido que provocó la ira de su creadora y que pasó del éxito a un estrepitoso fracaso

La noticia de la muerte de Richard Chamberlain ocurrida ayer, apenas dos días antes de que el actor cumpliera los 91 años, inevitablemente hará que una parte del público recuerde a uno de los grandes éxitos de la carrera del interprete fallecido en Hawái, dónde vivía desde que grabó aquel suceso: la miniserie El pájaro canta hasta morir. Más allá de haber tenido una larga carrera en la TV y el cine, la obra de Chamberlain quedó asociada para siempre a la del sacerdote Ralph de Bricassart enamorado de la joven australiana en el centro de la ficción adaptada de una novela de Colleen McCullough.
La figura romántica de 1983 no fue el típico galán de telenovela, sino un seductor y ambicioso sacerdote católico de origen irlandés, enamorado de una mujer 20 años más joven. Ambientada en la aristocracia rural australiana del 1900, El pájaro canta hasta morir conquistó al público del mundo entero con su historia de amor verdadero y paternidad clandestina entre el futuro cardenal del Vaticano y la hija de un encumbrado linaje familiar. Protagonizada por Richard Chamberlain y Rachel Ward, la segunda miniserie más exitosa de todos los tiempos puso al monacal voto de castidad en el centro de la escena, revitalizó la carrera profesional del mítico Dr. Kildare y generó una secuela que fracasó estrepitosamente. Transformada en un global éxito de ventas, Colleen McCullough, autora del libro original en que se basó la saga, terminó odiando ambas adaptaciones audiovisuales.
Éxtasis y sacrificio
Existe un pájaro que canta una sola vez en su vida, pero lo hace con más emoción y dulzura que cualquier otro ser vivo sobre la tierra. Desde que abandona su nido, esta ave pasa sus días buscando un árbol espino. Cuando lo encuentra, elige la espina más larga y puntiaguda y, sin dudarlo, ensarta en ella su cuerpo. En ese instante de agonía es cuando emite su famoso canto. Una bella melodía que estremece el alma humana y hace que Dios, en su trono celestial, sonría. Según esta vieja leyenda atribuida a los celtas, todo aquello que es bueno trae aparejado mucho dolor porque la concreción del deseo viene de la mano de la muerte.
No está claro si la escritora australiana Colleen McCullough conocía o inventó esta historia, pero desde que la utilizó como disparador para su novela El pájaro canta hasta morir, el mundo entero pasó a darla por cierta. Corrían los años 70 y su colega en Yale, Erich Segal, había alcanzado un enorme suceso con Love Story. En base a esa repercusión, hizo una encuesta entre sus alumnos para descubrir qué les había gustado de la novela. “El romance, los personajes y la trama, pero sobre todo esa idea de que el éxtasis y el sacrificio son inseparables uno del otro”, enumeró McCullough.
Decidida a replicar el éxito, la profesora, bibliotecaria, periodista y neurocientífica tomó la premisa del amor imposible y condenado; y la instaló en el escenario australiano que tan bien conocía. El resultado, una épica ambientada en entornos de la aristocracia rural, atraviesa la vida de tres generaciones de la familia Cleary entre 1915 y 1969. Pero se detiene, muy específicamente, en la irrefrenable atracción que une y separa a la joven Meggy con el atractivo y ambicioso sacerdote irlandés Ralph de Bricassart, veinte años mayor que ella. Una relación sentimental trágica y furtiva, que a lo largo del tiempo pasa por diferentes estadíos: maestro y discípula, amigos y finalmente amantes, con el nacimiento de un hijo que ella le oculta hasta el cierre de la novela.
El pájaro canta hasta morir llegó a las librerías australianas en abril de 1977. La crítica especializada le cayó duro, pero el público adhirió masivamente a esta historia de pasiones hondas e inconfesables. Tanto que, a 47 años de su publicación, sigue siendo el libro de ficción más vendido de la historia de la literatura australiana. Publicado en los EE.UU. arrasó los rankings y en menos de un año, ganó traducciones a más de 20 idiomas, superando los 30 millones de lectores en todo el mundo. Interesado en la controversia religiosa que planteaba, Hollywood se hizo con los derechos para su adaptación cinematográfica.
En primera instancia, la superproducción se autopercibía como la nueva Lo que el viento se llevó. De ahí, tal vez, las idas y vueltas que fue sufriendo el proyecto y la cantidad de nombres que se barajaron. En distintos momentos, Christopher Reeve, Robert Redford y Ryan O’Neal sonaron para el sacerdote Bricassart; y Michelle Pfeiffer, Jane Seymour, Olivia Newton-John y Kim Basinger como Meggy. Detrás de cámara, ni Herbert Ross ni Peter Weir ni Arthur Hiller lograron enderezar el barco. Al borde de la desesperación, Warner estaba por cancelarlo todo, hasta que apareció en escena el productor ejecutivo David L. Wolper.
Humanizar el sacerdocio

“El libro estaba muy bien, pero el formato era inadecuado -sentenció Wolper. No había que ir al cine, teníamos que quedarnos en la TV. El pájaro… debía ser una miniserie”. Wolper hablaba con conocimiento de causa. Venía de sacudir la pantalla chica global con las dos partes de Raíces (1977 y 1979) y tenía muy en claro qué hacer con el material. Al frente de la producción, tomó un puñado de decisiones que resultaron definitorias. Primero, descartó las locaciones australianas y se propuso rodarlo todo en el sur de California y en la isla Kawai, una de las principales del archipiélago de Hawái. En segundo lugar, contrató como consultor al sacerdote jesuita Terrance Sweeney, voz disidente dentro de la Iglesia Católica por estar en contra del celibato y a favor de la incorporación de mujeres como sacerdotisas. “No hay ninguna contradicción entre ser cura y estar casado. Nosotros también somos seres humanos, hombres que podemos enamorarnos. La prohibición del matrimonio es una violación a los derechos humanos”, declaró Sweeney apenas se sumó al equipo.
Para la época, la relación clandestina (paternidad incluida) entre una mujer joven y un hombre mayor, que tranquilamente podría haber sido su padre, aseguraba la repercusión pública. Que ese hombre llegara a ser un poderoso cardenal del Vaticano, garantizaba el escándalo y el escarnio eclesiástico. Es cierto que la ficción no buscaba abrir ningún debate social o teológico, sólo pretendía contar una historia de amor trágico y contradictorio, a nivel emocional y espiritual. “Sweeney nos marcó el tono justo que el programa necesitaba para evitar el rechazo y humanizar el sacerdocio -aseguró Wolper. Y lo hizo a la perfección”. Además, el religioso (que en 1986 renunció a la Compañía de Jesús para contraer matrimonio) también resultó fundamental a la hora de elegir al protagonista.

Después de una década encasillado como el Dr. Kildare, Richard Chamberlain estaba empezando a despegarse del papel que le había dado fama e inmerecido ostracismo. Su trabajo en las miniseries Centennial y Shōgun (cuya reversión moderna puede verse ahora mismo en Disney+ y Star+), llamó la atención de Wolper, que lo convocó. Al principio, productor y actor chocaron en la forma de encarar al padre Bricassart. “Para mí, era un personaje mucho más fuerte y decidido de cómo querían mostrarlo -contó Chamberlain. Bricassart no era el típico galán de telenovela. No tenía el corazón partido en dos, ¡sino en tres! Tenía una genuina vocación religiosa y estaba honestamente entregado a la labor de Dios, pero el poder y el glamour de la Iglesia lo tentaban mucho más que la espiritualidad. Y se había enamorado realmente de Meggie, nunca impostó ese sentimiento”.
La visión de Chamberlain coincidió con la de Sweeney, que convenció a Wolper. “Se llevó a Richard a un noviciado en Los Ángeles por un par de noches; y cuando regresó era el Bricassart perfecto”, reconoció el productor. En base a la química que mostraban al actuar juntos, Rachel Ward fue elegida como Meggy Cleary, junto a un reparto multiestelar liderado por Barbara Stanwick, Christopher Plummer, Jean Simmons, Ken Howard y Piper Laurie. El pájaro canta hasta morir (The Thorn Birds) se emitió por la cadena ABC del 27 al 30 de marzo de 1983. Al día de hoy, sigue siendo la segunda miniserie más vista de la historia de los EE.UU., sólo superada por Raíces. Obtuvo seis Emmy y cuatro Globo de Oro, incluyendo uno para Chamberlain, que vio resurgir su carrera profesional tal como le pasaría a John Travolta con Pulp Fiction. El mundo entero quedó enamorado del programa, salvo Colleen McCullough. “Estaba todo mal. El director no tenía idea de lo que estaba haciendo, la guionista era una evangélica bautista que no entendía el catolicismo y no me gustó la actuación de Chamberlain”, sentenció la autora.
Los años perdidos
Una década después de su estreno, la miniserie mantenía un alto y constante nivel de ventas en VHS. Para celebrar el aniversario, ABC volvió a emitirla en horario central y el rating voló por las nubes. Wolper se dio cuenta de que había un público ávido por los avatares sentimentales de Bricassart y Meggy, así que convenció a la cadena de TV para retomar la trama. Como la primera parte terminaba con la muerte del sacerdote, era imposible pensar en una secuela que reuniera a los protagonistas, así que buscó un vacío temporal que se lo permitiera. Y lo encontró. “Después de que hicieran el amor en la playa, la miniserie original saltaba una década al futuro, para mostrar el encuentro entre el padre y el hijo. Ahora vamos a contar qué pasó en el medio”, adelantó Wolper.
Esos años, que coincidían con la Segunda Guerra Mundial, tampoco habían sido incluidos en la novela. Y como Colleen McCullough se negó a escribirlos, Wolper le pasó el encargo al australiano David Stevens, que estaba atravesando un momento de cierta notoriedad gracias a la obra de teatro Nosotros dos. Pero el resultado dejó insatisfecho a Chamberlain, que terminó rechazando la oferta. “No trataba bien al padre Ralph. Lo cargaba de una autocompasión que no se correspondía con su naturaleza”, declaró la estrella. Y detrás del actor, ABC se retiró del proyecto.
Wolper no renunció a su idea. Interesó a CBS y le pidió a Stevens que reescribiera el guion las veces que fuera necesario, hasta que Chamberlain diera el sí. La última versión ubicó a Bricassart en Roma, trabajando activamente para dar refugio a los judíos perseguidos por los nazis. “Como la Iglesia no estaba de acuerdo con ese accionar, castigó al padre Ralph enviándolo de nuevo a Australia -comentó Chamberlain. Y allí se reencontró con Meggie, justo cuando empezaba a sentirse libre de su recuerdo. Por supuesto, seguía sin saber que el hijo de ella era su hijo”.

Del reparto original, sólo Chamberlain formó parte de El pájaro canta hasta morir: Los años perdidos (The Thorn Birds: The Missing Years), acompañado por la actriz británica en ascenso Amanda Donohoe (Meggie) y la participación especial de Maximilian Schell. Dividida en dos capítulos de 90 minutos cada uno, la miniserie se emitió en los EE.UU. el domingo 9 y el martes 11 de febrero de 1996. El fracaso fue estrepitoso e instantáneo. El público la odió y la crítica la demolió. Para la revista Variety, “es una farsa que frustra al espectador. Lo que antes se sentía impactante y lascivo, hoy se ve dócil y domesticado. No sólo palidece en comparación con la original, también contradice directamente los acontecimientos del libro y la miniserie”.
Hasta su muerte en 2010, Wolper defendió la segunda parte, a capa y espada. “Era una historia diferente, estamos de acuerdo, pero tenía a los mismos personajes y profundizaba las situaciones originales de maneras que la primera miniserie no pudo reflejar. Y estaba filmada en hermosos escenarios naturales de Australia. No entiendo por qué no gustó”, decía a quien quisiera oírlo. Años más tarde, McCullough dio su propia versión de los hechos. “Nunca estuve de acuerdo con Los años perdidos –dijo en la TV nacional de Australia-. No quería que se haga y le mandé todas las maldiciones que pude. Y parece que funcionó porque salió horrible”.
POLITICA
“Esto demuestra que teníamos razón y van a salir muchas cautelares más”, anticipó unos de los secretarios de la CGT luego del fallo

Cristian Jerónimo, uno de los secretarios generales de la CGT, aseguró que la decisión judicial que suspendió más de ochenta artículos de la reforma laboral fue un límite claro al Gobierno y adelantó que podrían sumarse nuevas cautelares.
Durante su paso por el estudio de Infobae al Mediodía, donde dialogó con Maru Duffard, Andrei Serbin Pont, Jimena Grandinetti, Fede Mayol y Facundo Kablan, Jerónimo defendió el rol del sindicalismo y subrayó el impacto de la medida: “Es una muy buena noticia para el mundo del trabajo. Esta cautelar trae un grado de mayor tranquilidad en los trabajadores y trabajadoras de la República Argentina”.
La CGT y el alcance general del fallo judicial
Jerónimo remarcó que la resolución de la justicia laboral frena de manera colectiva y general la aplicación de la reforma: “No es para un caso puntual. Es colectivo”, aclaró, despejando dudas sobre el alcance de la suspensión. Explicó que la medida afecta ochenta y tres artículos clave y que “lo que hizo la justicia fue ponerle un límite muy claro al Gobierno: cualquier ley se puede discutir, pero no puede avasallarse los derechos de los trabajadores”.
El dirigente afirmó que la CGT había advertido desde el inicio sobre la inconstitucionalidad de la norma: “Nosotros lo dijimos muy claramente desde el principio, que esta ley era totalmente regresiva, que era inconstitucional y que atacaba los derechos colectivos e individuales de los trabajadores y trabajadoras”. Para Jerónimo, la cautelar ratifica la representatividad de la central obrera: “La Confederación General del Trabajo, y así lo dice en la cautelar, es la central que tiene la mayor representatividad de los trabajadores en Argentina”.
Los artículos suspendidos y el impacto en los derechos laborales
Consultado sobre los puntos más sensibles de la reforma, Jerónimo subrayó: “El derecho a huelga es algo importantísimo. En la ley habían puesto actividades como trascendentales y esenciales, que quitaban todo derecho a protestar, que limitaban las asambleas”. Agregó que las modificaciones en el proceso indemnizatorio y la promoción de la precarización también quedaron en suspenso.
Destacó la vigencia de la ultractividad en los convenios: “A Comercio hace algunos días le acaba de salir también una cautelar favorable en favor de la ultractividad de los derechos normativos. Dentro de la cautelar de la CGT también se vuelve a poner en vigencia la ultractividad, que ellos querían que se vuelva a discutir todo de vuelta. Se retrotrae todo a como estaba la ley de contrato de trabajo”.
Sobre otros institutos como el banco de horas, reiteró: “Todo se retrotrae. Lo dijimos muy claramente: nunca estuvimos negados a discutir una modernización laboral, porque entendemos que el mundo del trabajo tiene otra dinámica, pero siempre en el marco de la institucionalidad que nos dan los convenios colectivos de trabajo”.
Estrategia judicial y futuro de la reforma laboral
Jerónimo vaticinó una judicialización creciente: “Esto demuestra que teníamos razón, van a salir muchísimas cautelares más contra la ley”. Sostuvo que “esta ley no va a prosperar porque van a seguir saliendo muchísimos más amparos”, y anticipó que el conflicto podría terminar en la Corte Suprema.
El secretario general de la CGT lamentó la falta de diálogo con el Ejecutivo: “El Gobierno nunca tuvo la voluntad realmente de generar un ámbito de diálogo. Quisieron construir una ley unilateralmente que hoy tiene este final a favor de los trabajadores”. Recordó también la responsabilidad de quienes acompañaron la reforma en el Congreso: “Lo jugará la historia aquellos legisladores que acompañaron esta ley tan dañina y regresiva para los trabajadores y trabajadoras”.
Sobre la posibilidad de una nueva ley laboral, admitió que existen actividades con dinámica distinta, pero insistió en la centralidad de la negociación colectiva: “Siempre reivindicamos una herramienta estratégica para el mundo del trabajo, que son los convenios colectivos. Cuando existió una necesidad, el sector empresario y el sector sindical se pusieron de acuerdo y construyeron lo que demandaba el sector”.
Consultado sobre la representación sindical, Jerónimo defendió la legitimidad de la CGT: “Tenemos muy claro qué es lo que representamos y los intereses que representamos. En ningún momento claudicamos ante ningún avasallamiento político en contra de los trabajadores. Esta cautelar demuestra que siempre tuvimos claro cuál era el horizonte de la defensa de los trabajadores colectiva e individualmente”.
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POLITICA
Un peculiar festejo en la Casa Rosada: los granaderos tocaron canciones de Abba para celebrar el cumpleaños de Karina Milei

La reunión semanal de la mesa política se extendió más de lo usual, hasta pasadas las cinco de la tarde. En una Casa Rosada ya semi-vacía, con empleados y policías enfilando hacia la salida vestidos de civil, la banda del regimiento de Granaderos apareció en pleno Patio de las Palmeras.
El cierre intempestivo de todos los accesos, por parte de la Casa Militar, hacía presagiar algo importante, aunque el presidente Javier Milei había dejado la casa pasado el mediodía, luego de la reunión con el embajador norteamericano Peter Lamelas.
De repente, fue una Karina Milei maquillada y muy sonriente quien se ubicó frente a la banda musical, dispuesta a asistir al festejo que le prepararon sus colaboradores, al que se sumaron dirigentes de su confianza que habían participado de la reunión, Martín y Eduardo “Lule” Menem, Diego Santilli y Pilar Ramírez, que llegó especialmente para el homenaje musical, a cuento del cumpleaños número 53 de El Jefe.
Formada como para un acto oficial, la banda tocó la Avenida de las Camelias, para luego quedar inmersa en el mundo de uno de los grupos favoritos de Karina Milei: el cuarteto sueco ABBA. Mamma Mía, Dancing Queen y Chiquitita fueron los hits de los ochenta, que la homenajeada siguió con sus pies haciendo ritmo, ante la sonrisa cómplice de sus acompañantes.
Luego de las primeras restricciones, hubo una contramarcha. Por orden de la mano derecha de Karina Milei, Mara Gorini, los periodistas pudieron seguir las alternativas desde el primer piso de la Casa Rosada.
Todo terminó de modo armónico, sin problemas, aunque hubo varios de quienes participaron de la reunión de mesa política que no se quedaron al festejo. Mientras la senadora Patricia Bullrich se iba por la explanada de la calle Rivadavia, el asesor presidencial Santiago Caputo subía raudo las escaleras hacia su despacho, también en el primer piso de la casa.
El otro gran ausente fue el jefe de gabinete Manuel Adorni, complicado por las causas judiciales en su contra vinculadas con su viaje a Punta del Este y distintas propiedades a su nombre, que aparecieron en las últimas semanas. Karina Milei no pareció alterada por las ausencias: durante la tarde, bolsas de ropa de marca entraron y salieron, llevadas y traídas por los funcionarios que querían hacerle un regalo.
Para los granaderos, la cosa no terminó allí. Cruzando la reja por la calle Balcarce, continuaron con la música en plena Plaza de Mayo, para alegría de los turistas, aunque apelaron a marchas militares, más afines a su repertorio habitual en la semana en la que se rememora un nuevo aniversario de la guerra por las Islas Malvinas.
Jaime Rosemberg,Karina Milei,ABBA,Conforme a,Karina Milei,,»Va a tocar darte las gracias». Con una frase, Milei volvió a mostrar su apoyo a Adorni en el cierre de una semana complicada,,Vuelven los brotes verdes. Milei se refugia en su núcleo duro y contraataca,,La interna con Karina Milei. El Gobierno pospone los cambios en la SIDE y Santiago Caputo retiene un área clave
POLITICA
Tres senadoras cercanas al Gobierno proponen eliminar un capítulo de la Reforma Laboral ligado a las indeminzaciones

La reforma laboral todavía no está cerrada en el Senado. Tres legisladoras presentaron un proyecto para eliminar uno de sus puntos más sensibles: el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), el esquema que reemplaza el pago tradicional de indemnizaciones.
La iniciativa fue impulsada por Carolina Moisés (Convicción Federal), Alejandra Vigo (Provincias Unidas) y Flavia Royón (Primero los salteños). Moisés ya había rechazado la reforma en febrero, mientras que Vigo y Royón la apoyaron en general, pero votaron en contra del capítulo vinculado al fondo.
En el proyecto, las senadoras cuestionan de fondo el diseño del FAL. Sostienen que no se trata de un sistema de seguridad social, sino de un mecanismo de capitalización privada financiado indirectamente con recursos públicos.
El principal argumento apunta al impacto fiscal. Según explican, el esquema permite a los empleadores compensar sus aportes con una reducción de contribuciones patronales —del 1% para grandes empresas y del 2,5% para pymes—, lo que implica que el costo de las indemnizaciones deja de recaer en las empresas y pasa a ser absorbido por el Estado a través de una menor recaudación.
Ese punto conecta directamente con la preocupación de los gobernadores, ya que la caída de ingresos afecta los fondos coparticipables. Las tres senadoras tienen vínculo político con mandatarios provinciales: Royón y Moisés con el salteño Gustavo Sáenz, y Vigo con el cordobés Martín Llaryora.
En términos concretos, el proyecto advierte que el costo fiscal del fondo podría alcanzar los 3,28 billones de pesos, equivalente a aproximadamente el 0,32% del PBI, o unos 2200 millones de dólares al tipo de cambio actual.
Además del impacto en las cuentas públicas, las legisladoras cuestionan el efecto sobre el mercado laboral. Señalan que el FAL elimina el carácter disuasorio de la indemnización por despido, al diluir ese costo en aportes mensuales subsidiados. Según su planteo, esto podría incentivar la rotación de personal y debilitar la estabilidad del empleo.
La reforma también enfrenta cuestionamientos en la Justicia
El frente judicial es otro de los focos de conflicto para la reforma laboral. La CGT presentó una demanda para frenar varios artículos al considerar que afectan derechos laborales y sindicales, y que vulneran principios constitucionales.
En ese marco, un juzgado del fuero laboral dictó una medida cautelar que suspendió provisoriamente algunos puntos de la reforma. El objetivo, según el fallo, es evitar efectos que podrían ser difíciles de revertir si la ley se aplica antes de una resolución definitiva.
El Gobierno apeló la decisión a través del Ministerio de Capital Humano.
A su vez, el Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal, encabezado por Ricardo Gil Lavedra, presentó una acción de amparo contra artículos de la ley que modifican la Ley de Contrato de Trabajo.
El eje del planteo apunta contra la posibilidad de pagar indemnizaciones en cuotas. “Se genera una desigualdad irritante sobre un crédito laboral que tiene carácter alimentario”, advirtió Gil Lavedra.
reforma laboral, Senado, modificación
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