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El plan para terminar con la Argentina peronista

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Nunca lo dirá con esas palabras, pero con el programa que impulsa para la segunda etapa de su mandato Javier Milei se propone desmantelar la Argentina peronista. A diferencia de quienes lo intentaron antes que él, en dictadura o en democracia, el proyecto adquiere hoy un tinte verosímil ante la colosal crisis de liderazgo, identidad y conexión con su entorno social que afecta al movimiento que fue durante décadas el partido del poder.

Es una misión que Milei delegó en negociadores de origen peronista, como Diego Santilli, Martín Menem o Sebastián Pareja. Tienta a gobernadores que agitan en su tierra con la bandera justicialista, pero que al perder toda expectativa de construir una alternativa nacional aceptan el viejo negocio de la nueva era: fondos a cambio de votos en el Congreso y paz social en las provincias.

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El primer gran éxito quedó a tiro de obtenerlo en la Cámara de Diputados al acercarse a la primera minoría, que le permitirá dominar las comisiones y controlar el ritmo de la actividad parlamentaria.

Libertad Avanza (LLA) salió de las elecciones de octubre con la certeza de que tendría desde el 10 de diciembre un bloque de 80 legisladores, mientras que Fuerza Patria sumaba 99. El triunfo resultó magnético: en un mes sumó otros 13 diputados provenientes en su mayoría del Pro. En paralelo convenció al gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, de retirar a sus cuatro representantes de la bancada dominada por el kirchnerismo. Ya se habían ido dos representantes del siempre díscolo Alberto Rodríguez Saá. Es un empate en 93, pero que se torcerá en breve.

Los gobernadores Gustavo Sáenz (Salta) y Osvaldo Jaldo (Tucumán) negocian un nuevo bloque legislativoRicardo Pristupluk

Al santiagueño Gerardo Zamora, radical kirchnerista de la primera hora, lo tienta la autonomía que le aconseja la Casa Rosada. Maneja 7 diputados y 3 senadores (incluido él mismo), a los que aglutinará en un bloque aparte.

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Jalil acordó formar un frente propio con Osvaldo Jaldo, de Tucumán, que en la campaña prometía cortarle la melena al león. La peluquería no es lo suyo, parece. También estará con ellos el salteño Gustavo Sáenz, amigo y excompañero de fórmula de Sergio Massa. Es un dialoguista que puede andar a los abrazos con Santilli y Santiago Caputo, pero no deja de recordarles que los acuerdos se hacen cumpliendo los compromisos. “El poncho no aparece”, es su frase de cabecera para reclamar fondos al Gobierno. El misionero Hugo Passalacqua, delegado del eterno gobernador fantasma Carlos Rovira, podría integrarse a esa alianza que sumaría una veintena de diputados y media decena de senadores.

La otra entente de gobernadores, Provincias Unidas, tambalea antes de inscribirse. Martín Llaryora (peronista de Córdoba), los radicales Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Gustavo Valdés (Corrientes) y Carlos Sadir (Jujuy), más el santacruceño Claudio Vidal (sindicalista independiente) y el chubutense Ignacio Torres (Pro) se unieron pensando en una respuesta sindical al ajuste que propone Milei, pero el tablero invita ahora al juego individual.

El plan de reformas al que se los invita a apoyar incluye una amplia reforma laboral, privatizaciones y reducción drástica del Estado y sus empleados, el pacto comercial que da un acceso privilegiado a Estados Unidos al mercado argentino con mínimos beneficios recíprocos, un alineamiento diplomático férreo con el gobierno de Donald Trump, apertura económica acelerada y un modelo de crecimiento basado en la inversión a gran escala en minería e hidrocarburos.

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Las banderas peronistas -soberanía política, justicia social, independencia económica- no tienen quién las alce. La principal oposición quedó grogui después de la derrota electoral de octubre, la tercera consecutiva que sufre en el orden nacional. La consigna “frenar a Milei” quedó como una apelación hueca, diluida en la guerra interna por determinar quién es el culpable del desastre.

Axel Kicillof pasó de creerse destinado a la Presidencia cuando arrasó en septiembre a luchar por la supervivencia después de la sorprendente remontada libertaria en las elecciones del 26 de octubre. El fracaso en aprobar un endeudamiento de 3000 millones de dólares en la Legislatura bonaerense antes del recambio del 10 de diciembre lo pone ante el riesgo de un ajuste durísimo en el Estado provincial.

El sector que defiende a Kicillof –los intendentes-, el massismo y La Cámpora se trenzaron en una discusión inconducente por fondos y cargos que buscaron disimular en el hecho de que le faltaban votos opositores para alcanzar los dos tercios que requiere la aprobación para tomar deuda.

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Alexis Guerrera y Facundo Tignanelli hablan por teléfono con Sergio Massa con la sesión caída en la Legislatura bonerense; se le dilata el permiso para tomar deuda a KicillofIgnacio Amiconi

El drama los encuentra extraviados. El kirchnerismo en sus diferentes vertientes ha sido incapaz de mostrar una renovación de ideas y de figuras. Encadenó fracasos electorales y de gestión sin preguntarse cómo interpelar a su base de votantes. Perdió la flexibilidad que caracterizaba al peronismo y jamás encontró una respuesta que no fuera autoindulgente a las denuncias corrupción que minaron su credibilidad. Cristina Kirchner, presa e inhabilitada para competir, se mantiene como la principal referencia nacional del Partido Justicialista, que se ha ido convirtiendo en un sentimiento que apenas da votos.

Kicillof perdió una oportunidad verdadera de construir un liderazgo propio cuando desoyó a quienes le proponían romper con Cristina antes de las elecciones provinciales de septiembre. No quiso afrontar las consecuencias de lo que iba a ser una derrota segura. ¿Decidirá ahora salir del corset kirchnerista, cuando lo aqueja el fantasma de adeudar aguinaldos? Difícil. La única apuesta clara es resistir, con la convicción de que cualquier alternativa a Milei en 2027 será, como él, pro-Estado, progresista, feminista, anclada en los conurbanos. Es decir, la reacción a un hipotético fracaso presidencial.

De momento, los libertarios festejan el espectáculo bonaerense. Milei dio la orden de no asistir en nada a Kicillof. “Que gobierne como pueda”, fue la respuesta que se llevó un intermediario que transmitió a la Casa Rosada el temor a una convulsión social en el conurbano si dejan al gobernador sin recursos.

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Los abrazos de Milei con los ministros

Milei eligió a Kicillof como némesis. Así como busca sumar a otros kirchneristas sin pedirles explicaciones sobre su estatismo ni sus tendencias feudales –como Zamora-, al bonaerense “no piensa darle ni agua”, como afirma una fuente del círculo de poder libertario. Con él se permite despunta el vicio del insulto cuando lo llama “enano soviético”. A su juicio, obligarlo a ajustarse y señalarlo como responsable de las consecuencias es una forma de la batalla cultural en la que se siente inmerso.

Del mismo modo, aspira a presentar la reforma laboral como un triunfo sobre la “casta de la CGT”. Un grupo de sindicalistas octogenarios, en su mayoría reconvertidos en empresarios exitosos, enfrenta un reto existencial con escaso margen de resistencia. El texto completo de la ley sigue bajo estricto secreto, pero el espíritu ideológico es claro: hacer retroceder el poder sindical y revertir las relaciones de fuerza dentro de las empresas. Los negociadores peronistas de Milei les ofrecen a los jerarcas gremiales el caramelo de no tocarles la caja.

El sindicalista Gerardo Martínez, al salir de la Casa Rosada después de una reunión del Consejo de MayoNicolás Suárez

En la Casa Rosada son optimistas en que conseguirán los votos en el Congreso. Santilli, su jefe y chaperón Manuel Adorni y los primos Menem detectaron un clima de acuerdo muy superior al que podrían indicar las declaraciones públicas de los diferentes actores. La política más que nunca se comporta como una discusión de intereses. Un triunfo del individualismo libertario: al peronismo del interior lo tientan con la promesa de inclinar el peso del ajuste sobre el peronismo de Buenos Aires.

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El sueño definitivo del mileísmo consiste en acomodar el Congreso de forma tal que le permita renovar jueces y otros cargos institucionales sin negociar con el kirchnerismo sino con quienes se despojan de esas vestiduras. ¿Sería ese el indicio de que la Argentina ingresa en un camino posperonista?

El escenario de esa aventura es el Senado. Hasta allí se movilizó Karina Milei el viernes. Ocupó un palco principal, como una emperatriz, con Santilli a un lado y Adorni al otro. Detrás su mano derecha, Lule Menem, reivindicado en la primera línea de poder después del golpe que significaron para él en la campaña los audios de Diego Spagnuolo en los que se lo acusaba de organizar un sistema de coimas en el área de Discapacidad.

Karina Milei, en el Senado, acompañada por Santilli y Adorni; detrás Lule Menem y su hijo SharifPilar Camacho

Patricia Bullrich conducirá un bloque de 20 senadores al que espera añadir alguno más. Si todo le sale bien, el kirchnerismo podría pasar de 28 a 23 o al menos partirse en un sinfín de subbloques autónomos. El objetivo de la todavía ministra de Seguridad es manejar la cámara como si la presidiera: el conflicto con Victoria Villarruel está servido, como probó la sesión preparatoria del viernes.

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Bullrich encaró a Villarruel porque no le dio la palabra en la sesión preparatoria del SenadoPilar Camacho

Hace bien el Gobierno si no se confía. Aunque parece mejor provisto que en 2024, el recuerdo de lo que fue la primera ley bases todavía pesa en el entorno íntimo de Milei como una alerta de lo difícil que puede resultar la formación de mayorías cuando se discuten cambios de alto impacto. En la escala de la reforma laboral encallaron Raúl Alfonsín, en 1984, y Fernando de la Rúa, en 2000, por citar solo los ejemplos más notorios.

El éxito de la política debe acompasarse con la situación económica. Milei vivió noviembre en una burbuja de optimismo después de la victoria electoral y con el reaseguro de la promesa de auxilio infinito de su amigo Trump.

Las señales económicas invitan a la cautela. La actividad sufre un estancamiento desde febrero. El Indec reportó un crecimiento interanual en septiembre del 0,5% después de revisar al alza los datos de meses anteriores. Ese ajuste evitó que se declarara oficialmente una recesión (fruto de tres trimestres seguidos de caída). Las autoridades del instituto estadístico tuvieron que publicar un comunicado larguísimo para explicar las razones técnicas de ese cambio y que no se lo compare con las maniobras del Chiqui Tapia para inventarse un campeón con el torneo terminado.

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Como sea, la industria y la construcción siguen en caída. Las noticias sobre cierre de fábricas han vuelto a poner el foco sobre los costos sociales del cambio de modelo hacia una economía abierta apalancada en inversiones energéticas y mineras que aportan escasa mano de obra. Todavía no hay señales de recomposición del salario real y en breve empezará a sentirse el efecto de nuevas quitas de subsidios en servicios públicos.

La planta de Whirpool que cerró, en Pilar

En paralelo se recorta el debate sobre las reservas. Milei está plantado en la idea de no comprar. El ancla cambiaria es clave de su programa de desinflación y no está dispuesto a entregar ese tesoro. Con el Banco Central vacío se ata al humor de los mercados. El cañón de dólares del Tesoro de Estados Unidos ayuda, pero no tanto para que el riesgo país se desplome por debajo de los 600 puntos como pronosticó el Presidente.

Son, aun así, días de una calma impensada. Milei camina solo el ring y por momentos no tiene con quién despuntar el vicio de la pelea. Tapia le dio un poco de juego esta semana con su despliegue impune de negociados, trampas y prepotencia que desató una ola de repudio social.

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Milei puso una camiseta de Estudiantes en el sillón presidencial como símbolo de su enfrentamiento con Claudio TapiaPresidencia

Como jefe del antikirchnerismo, la única fuerza nacional vigente, Milei necesita ejemplos como el que le ofrece Tapia para generar identidades negativas que se traducen en votos libertarios. Que Cristina Kirchner lo siga desafiando. Que Kicillof, La Cámpora, los intendentes y el massismo se repartan los jirones de la caja bonaerense.

Solo debería prevenir los excesos de confianza. En el sosiego de noviembre, alguien podría pensar que el malestar social que empujó a la categórica derrota electoral bonaerense de septiembre quedó superado por arte de magia dos meses más tarde. Las montañas rusas son así de traicioneras.


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Reforma laboral: el oficialismo quiere sesionar antes del 13 de febrero y los aliados miran a Luis Caputo

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Con un nuevo llamado a sesiones extraordinarias a punto de asomarse -se inicia mañana, hasta fines del corriente mes-, el Gobierno libertario sostiene como sea la idea de sesionar antes del 13 de febrero -11 o 12- para aprobar la reforma laboral en el Senado y girarla a Diputados. El final de este sendero se consumará tras una primera dilación, en diciembre pasado -donde se obtuvo un dictamen de mayoría-, y una reunión clave entre dialoguistas y la jefa oficialista en la Cámara alta, Patricia Bullrich, con varias solicitudes de modificaciones en manos del Ministerio de Economía, es decir, Luis Caputo.

Mientras se aguarda la cumbre entre la ex ministra de Seguridad y los potenciales aliados -no siempre acompañan-, la Casa Rosada busca pulir su estrategia política de cara a semanas trascendentales en el Palacio Legislativo. Lo que está en juego, por fuera del articulado en sí, es la posibilidad de un aterrizaje triunfal de Javier Milei el 1 de marzo próximo, cuando el primer mandatario inaugure el período ordinario de sesiones.

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Lo que también quedará demostrado, con el destino final, es si de verdad influyó el leve viraje -sin tocar las “bases” y, sobre todo, las feroces formas- de la estrategia política de Balcarce 50 en relación con el Congreso, luego de tediosos meses -entre 2024 y 2025- en ambas Cámaras, con una oposición que casi toma el control absoluto de la agenda, si de votos se hablase. En especial, en la alta, donde haber ganado tiempo ante oleadas kirchneristas fue algo nunca reconocido por el Ejecutivo. Por un puñado de aventureros poco profesionales que miraron hacia otros objetivos, muchos más cayeron en la volteada. Más que injusto.

Tras varias semanas de una repetida y gastada calesita de “novedades” sobre la reforma laboral, los puntos aún no congeniados entre oficialismo y dialoguistas ya son trillados. En el Senado, La Libertad Avanza tiene más que claro que acordar con gobernadores con terminales en legisladores cerraría la luz verde del proyecto. Con algunos, ya lo hicieron. No obstante, no puede apostar sólo a ello y debe pegotear a revoltosos silvestres provinciales que no responden a una gestión local. El diablo suele acercarse a éstos, que aprovechan el minuto de gloria y se convierten en máquinas de exigir, a veces, barbaridades.

La jefa libertaria en la Cámara alta, Patricia Bullrich, junto a su par de la Unión Cívica Radical, Eduardo Vischi (Adrián Escandar)

El panorama descripto siempre presenta inconvenientes a la hora de mover piezas en el tablero político. Por un lado, el Gobierno quiso “cerrar” algunos asuntos en diciembre último. Fueron convites discretos. Esto se comprobará en los próximos días y se sabrá hasta dónde “aflojaron” los eventuales ayudantes. Las especulaciones empiezan a picar cerca y nadie quiere, como es lógico, abrir la boca.

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Con el foco en mandatarios provinciales, la resistencia principal apunta a la inevitable caída en la coparticipación. Los distritos olvidan recordar que quien más perderá, en este sentido, será la Nación. También es cierto que, al tener los resortes del Estado, dicho hueco sería cubierto de manera ágil. No es lo mismo en el caso del interior. Ya no se trata sólo de pagar sueldos. Por caso, la obra pública ingresó en una fase delicada.

Un ingeniero top, con emprendimientos de todo tipo realizados en al menos un tercio del país, lo definió de esta manera a Infobae el año pasado y reiteró idéntico comentario días atrás: “Si no se hace algo ya se repetirá una pandemia, pero en rutas”. Se habla de reclamos concretos a Bullrich y un ruego a Caputo para reactivar un área dañada y de difícil resolución. Pretender solucionar todo en dos años, a esta altura, es más que primitivo, aunque hay prioridades a repensar.

En caso de destrabar la coparticipación, que implicaría revisar beneficios sobre Ganancias a grandes empresas -dialoguistas prefieren otra clasificación y no dejar al resto afuera-, los aliados quieren plazos más precisos en la potestad laxa que el artículo 212 del dictamen le otorga al Ministerio de Economía para reglamentar, una vez sancionada la ley, varios sistemas incluidos en el proyecto, como el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI, que fue observado) y otras jugadas tributarias. Según confiaron a este medio desde dos despachos, “eso ya se sacó”.

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Las situaciones puntuales del mundo laboral parecen encontrarse en segundo o tercer plano. El kirchnerismo casi no reapareció en la Cámara alta, lo cual llamó demasiado la atención. En comparación a debates de los últimos 15-20 años, los movimientos cristinistas fueron mínimos y en modo tortuga. Por eso la atención está puesta en cómo negociará Balcarce 50 y hasta dónde cederá. Si se frenara el texto, sería un “strike dos”, con perfume a tres y “out”. Desde las 15 del martes próximo, en la oficina central de la bancada radical del Senado -comanda el correntino Eduardo Vischi-, habrá novedades. Llega la hora de mostrar las cartas.

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Acampes, linchamientos y un incidente diplomático: furor por los shows de BTS, la banda más grande del K-Pop

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Considere este comienzo de nota un servicio: si usted, pensaba viajar a Buenos Aires desde alguna provincia o un país limítrofe el fin de semana del 23 al 25 de octubre de este año, le informamos que no va a conseguir pasaje aéreo, ni en micro de larga distancia y que tampoco hay ya, a esta altura, alojamiento disponible. No, no se cambió la fecha ni la sede del Mundial de fútbol. BTS, la banda de K-Pop, tocará en Argentina los días 23 y 24 de octubre. Y la expectativa es colosal.

Tampoco va a conseguir para el día 21 y 22 y no sólo porque hay gente que antes del recital quiere disfrutar de la ciudad. Eso sucede por otra causa: el primer anuncio fue que el show inaugural sería el 22 de octubre pero unos días después se corrió la fecha. Eso generó quejas de miles de fans que ya habían sacado sus pasajes.

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Las entradas todavía no fueron puestas a la venta. Se espera una demanda muy superior a la oferta. Enormemente superior. Cientos de miles de fans quedarán sin su ticket. Tal vez más de un millón. Habrá escenas de dolor, desbordes y desesperación.

Tampoco se sabe aún en qué estadio tendrán lugar los recitales. Por las redes sociales corrieron rumores y hasta datos falsos. Alguien dijo que hasta último momento no se va anunciar el estadio sede para evitar que el público acampe con tanta antelación. Muchos de los que van a instalarse con carpas, bolsas de dormir, termos y mantas es posible que no logren conseguir entradas en la lotería de la venta virtual. Los que sí lo hagan pasarán meses a la intemperie en las inmediaciones del estadio.

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Muchos suponen que finalmente el elegido será River Plate por la sofisticación del escenario que ya se sabe será circular, con orientación 360° y que de él saldrán en diagonal cuatro largas pasarelas para que los cantantes penetren, se sumerjan en el público.

Los integrantes de BTS posando para las cámaras en un evento, en 2019 (Foto: AP).

Será la primera vez que BTS se presente en Argentina. El único antecedente fue la presencia de Jin cantando un tema con Coldplay en la seguidilla de shows de la banda de Chris Martin en River Plate.

“Soy influencer. Me van a regalar una entrada para BTS” dijo en una de sus transmisiones Spreen. Fue más que una afirmación, una especie de desafío a la Army, como se conoce al conjunto de seguidores de BTS. La Army es el fandom más grande del mundo, acaso el más intenso también: el nombre parece bien puesto porque se trata de un verdadero ejército de fans. En otra transmisión Spreen, provocador, dijo: “Yo si tengo la posibilidad de reclamar mi entrada gratuita para ir a ver BTS, voy a reclamarla. Porque yo disfruto de la vida y de las oportunidades”. Los seguidores de la banda vivieron los dichos de Spreen como un desafío y como una burla a sus esfuerzos por conseguir entradas. Y hasta a sus temores por la posibilidad de quedarse afuera. Primero en el chat de su transmisión, luego en comentarios de las redes sociales, Spreen recibió las quejas y el desprecio de los miembros de la Army.

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Es una discusión de larga data que se repite cada vez que llega un artista internacional: los fans del artista se quejan de que las productoras regalan entradas de protocolo a los influencers y dejan afuera a gente que verdaderamente ama a esa cantante o ese grupo y que los sigue fielmente desde hace años. El influencer debe haber pensado que su mayor momento de exposición y polémica ya había pasado, que había tenido lugar cuando a fines de 2004 jugó un minuto para Deportivo Riestra en un partido de la Liga Profesional de Fútbol. Se equivocó. En los días posteriores siguió haciendo referencias a su posibilidad de no pasar por la incertidumbre de conseguir o no lugar en los shows argentinos de BTS y hasta exageró con que “seguro también voy a conseguir gratis para todo mi equipo de seguridad”.

Unos días después, mientras el influencer estaba haciendo compras en un negocio del Barrio Chino de Buenos Aires, una pequeña multitud de fans del septeto coreano se acumuló a la salida del local. Cuando Spreen salió, su equipo de seguridad no pudo evitar que se le tiraran encima y en medio de reproches lo atacaran. Empujones, arañazos, cachetadas, tirones de pelo, alguna patada, varias piñas. Los guardaespaldas lograron meter a Spreen en la combi antes de que fuera linchado. La Army había mostrado su enojo. Y su poder de convocatoria y de fuego.

En México la expectativa es similar a la de Argentina. Con una enorme diferencia: las entradas ya fueron vendidas. La banda se presentará el 7,9 y 10 de mayo en la Ciudad de México.

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En pocas horas se agotaron las casi 140.000 entradas. No importó el valor. Sólo el 6% de los que hicieron la fila virtual pudieron obtener su ticket. Hubo casi 2.300.000 personas tratando de conseguir su entrada. Eso generó una gran desazón y enormes enojos.

La venta de los conciertos en el país centroamericano desató quejas, denuncias serias, decepciones y un conato de incidente diplomático. O al menos de diálogo intergubernamental cuyo único tema fue BTS y sus conciertos mexicanos. La presidenta mexicana, Claudia Scheinbaum, en una reciente conferencia de prensa se mostró preocupada por la situación y dijo que tomó cartas en el asunto. Y lo de cartas en este caso debe tomarse literalmente. Envió una misiva oficial al primer ministro de Corea del Sur -su par- pidiéndole que intervenga y convenciera a BTS de poner más fechas en México.

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Scheinbaum declaró que todavía no había recibido una contestación pero que esperaba una respuesta positiva. Los que conocen la hoja de ruta de la banda creen que es muy difícil que puedan agregar más conciertos en su tour; el traslado de los equipos, la sucesión de fechas y el complejo montaje del escenario dificultan la logística. Entre ciudad y ciudad a lo largo de la gira los conciertos están espaciados, al menos, por una semana. En México les quedaría libre el día 8 de mayo para agregar pero en ningún lado se presentarán cuatro noches consecutivas. Esto demuestra que en el mejor de los casos se podría sumar tan solo una fecha.

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La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum tuvo que meterse en el arribo de la banda a México. (AP Foto/Marco Ugarte, Archivo)
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum tuvo que meterse en el arribo de la banda a México. (AP Foto/Marco Ugarte, Archivo)

Otra consecuencia del escándalo mexicano fue que el gobierno azteca puso bajo la lupa a las organizaciones que venden virtualmente entradas para los grandes shows. Y endureció los requisitos y la normativa para las siguientes ocasiones, instó a la transparencia obligando a mostrar sectores del campo y en cuanto crece la ocupación según el ritmo de venta. El cambio más rotundo fue la regulación de la cantidad de dinero que pueden cobrar a los clientes como costo del servicio de venta.

Es necesario aclarar que el de BTS y la expectativa por sus nuevos conciertos no es sólo un fenómeno que ocurre en Latinoamérica. Ocurrió y ocurrirá en cada ciudad norteamericana, sudamericana, europea y asiática en la que se presente el septeto.

¿Por qué semejante furor? ¿A qué se debe la expectativa desmesurada, desbordada?

La banda es la nave insignia del K-Pop, género que arrasa en el mundo. Hace unas pocas semanas anunciaron una gira mundial de 79 fechas. Es su vuelta a los escenarios después de cuatro años de parate forzoso debido a que sus miembros tuvieron que realizar el servicio militar obligatorio coreano de 18 meses, del que casi ningún joven de esa nacionalidad es eximido.

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El puntapié inicial será en Goyang, Corea del Sur el 9 de abril. Se desplazarán por el mundo a lo largo de siete meses; luego descansarán unas semanas y en 2027 girarán por Oriente y Oceanía. Se espera que sea la gira más taquillera del año. Billboard calculó que recaudarán más de 1.000 millones de dólares entre la venta de entradas, álbumes, merchandising, licencias e ingresos por streaming. Hasta el momento en cada lugar que se pusieron entradas a la venta, se agotaron en unas pocas horas.

El 20 de marzo sale su nuevo disco, el quinto, que ya todos descuentan que llegará al número 1 de los charts en tiempo récord.

La desesperación de los fans en todo el mundo para conseguir tickets. (REUTERS/Kim Soo-hyeon).
La desesperación de los fans en todo el mundo para conseguir tickets. (REUTERS/Kim Soo-hyeon).

La BTSmania amenaza con ser una ola sin precedentes gracias al impulso de las redes sociales, al FOMO (el miedo a perderse algo), la viralización instantánea que permiten las redes y el interés que genera el K-Pop (un ejemplo: la película Las Guerreras K-Pop estrenada a mediados del año pasado se ha convertido en la más vista globalmente de la historia de Netflix).

RM, Jin, Juga, J-Hope, Jimin,V y Jung Kook son sus integrantes. BTS es una sigla de Bangtan Sonyeondan. La traducción sería algo así como Boy Scouts (o chicos) a Prueba de Balas. Su estilo empezó más emparentado con el hip hop y luego incorporaron múltiples elementos y mixturas que los instaló en el pop y los convirtió en un fenómeno global. Debutaron en 2013. Recién con su segundo disco, en 2016, lograron vender un millón de copias en Corea. Faltaba todavía un tiempo para el salto internacional que dieron recién en 2018. Lograron un récord que sólo ostentaban los Beatles. Fueron el primer grupo desde los de Liverpool en tener cuatro discos en la cima de los charts en menos de dos años. También colocaron cinco de sus canciones como número 1 en Estados Unidos.

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El comienzo fue como el de tantos otros. Tanteos, la búsqueda de repetir una fórmula que había funcionado, un buen casting, estrategia de redes. Pero eso no garantiza nada. Es la repetición de una receta. Algo que no suele funcionar. Después vino la explosión producida por circunstancias coyunturales por supuesto pero también -y no en menor medida- por el talento y el carisma de sus integrantes y las buenas canciones.

BTS fue la punta de lanza para que el K-Pop se metiera en todo el mundo, para que se convirtiera en un género muy frecuentado. Y para imponerlo. Muchos sostienen que es la boy band más influyente de la historia. Esas consideraciones, su fortaleza comercial y su impacto cultural parece que sólo se van a acrecentar con la locura que provocará el nuevo disco y la gira mundial. Es posible que se esté gestando un fenómeno como nunca se ha visto antes (la incógnita es cómo reaccionarán los que finalmente no pueden acceder a los shows).

Unos años atrás, además de reconocerlos como una de los artistas más influyentes de la actualidad, la revista Time llevó a BTS a su tapa y nombró a sus integrantes como Príncipes del Mundo.

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Está claro que esa denominación perdió vigencia, no alcanza, se quedó corta. Esta gira mundial 2026 convertirá a BTS y a sus siete integrantes en los Reyes del Mundo.

BTS, K-pop, Jin, Música

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La batalla por el PJ Bonaerense: el dilema de Kicillof, la jugada de Máximo Kirchner y las diferencias en el MDF

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Axel Kicillof puede terminar siendo el próximo presidente del PJ Bonaerense, tal como lo propuso Máximo Kirchner el último jueves por la noche, durante una reunión con dirigentes cercanos. En el entorno más próximo del Gobernador nadie lo niega tajantemente, como lo hacían un puñado de meses atrás, cuando eran los intendentes kicillofistas los que pedían que fuera el mandatario el que se hiciera cargo del partido.

En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) conviven diferentes posturas sobre lo que debería hacer Kicillof. Es así desde hace tiempo, solo que ahora el líder de La Cámpora salió a desplegar su estrategia en el tablero político y ejerció presión para que el Gobernador tome su posta. Lo que no había hecho nunca desde que el mandatario asumió la conducción de la provincia en el 2019. “La política es dinámica”, dicen en el cristinismo para justificar la propuesta de Kirchner.

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En el peronismo se estila, históricamente, que los intendentes y los gobernadores sean los presidentes de los partidos de las localidades que gobiernan. Ricardo Quintela gobierna La Rioja y también el PJ riojano. Lo mismo sucede con Sergio Ziliotto en La Pampa o Gildo Insfrán en Formosa. En Avellaneda lo preside Jorge Ferraresi y en La Matanza Fernando Espinoza. Es una regla con pocas excepciones.

Hubo dos casos puntuales que rompieron esa dinámica: Catamarca y Tucumán. Dos provincias donde gobiernan peronistas que decidieron ser aliados estratégicos de Javier Milei, pero que mantienen ordenada la fuerza política en sus distritos gracias a acuerdos con socios históricos. En Catamarca gobierna Raúl Jalil, pero preside el PJ Lucía Corpacci, cercana a Cristina Kirchner. En Tucumán manda Osvaldo Jaldo y el partido lo conduce Juan Manzur, un enemigo íntimo de su ex compañero de fórmula.

La discusión por el PJ Bonaerense es uno de los frentes de batalla donde se juega la interna del peronismo

En Buenos Aires la situación fue distinta. La relación entre Kicillof y Kirchner se empezó a deteriorar vertiginosamente a partir del 2021, hasta el punto de no hablarse y evitarse todo lo posible. No hubo un acuerdo interno para que uno gobernara la provincia y otro el PJ. Por eso, este nuevo escenario es un encuentro de contradicciones con el pasado.

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“Si Axel acepta ser, la sensación que va a quedar es que terminó haciendo lo que Cristina quería”, reflexionó un intendente que está en el ala dura del MDF, y que espera con ansias, que Kicillof dé muestras más contundentes de que quiere ser jefe, candidato a presidente y terminar, de una vez por todas, la interna con el camporismo. Hay muchos intendentes que le reclaman decisiones más terminantes. Un golpe seco y corto a la realidad actual. El Gobernador tiene otro estilo y otras formas de gestionar el poder. Cada uno con su librito.

Esa es solo una posición interna del kicillofismo. Hay otros dirigentes que, desde hace tiempo, creen que Kicillof debe ser el presidente del PJ Bonarense. Incluso, desde antes de que comience a discutirse la sucesión de Kirchner en el sillón principal del partido. Kicillof nunca quiso ser él mismo el nombre propio que lo suceda. No quería meterse en el barro de la disputa peronista por el control del partido. Tal es así que siempre fueron sus delegados de la primera línea los que negociaron las condiciones del proceso electoral.

El argumento central para que el Gobernador no asuma en el partido es que no quede encerrado en la lógica bonaerense, teniendo en cuenta su decisión de edificar una candidatura presidencial. “Axel tiene que dedicarse a federalizar su construcción política. Su camino es nacional”, fue el argumento que compartieron algunos de los principales dirigentes de su entorno con intendentes que forman parte del MDF. Estrategias, movidas de ajedrez y rencores personales. Todo se mezcla en la licuadora del poder.

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La relación entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner es tirante y fría desde hace varios años (AG La Plata)

Kicillof tiene un dilema por delante. Debe definir si cambia su postura inicial de no ser presidente del PJ, sostiene a Verónica Magario como la principal candidata de su espacio y se dispone a ir a una elección interna, si el cristinismo no avala sus condiciones; o si acepta la propuesta de Máximo Kirchner, asume el poder del partido y trata, por esa vía, de cerrar la interna partidaria.

El problema, en todo caso, es cómo comunica su cambio de postura para que no sea interpretada como una derrota pequeña en la interna de la interna peronista. Un paso hacia atrás en una puja de intereses permanente que el peronismo bonaerense tiene, sin pausa, desde que comenzó el último mandato de Kicillof. Ceder no siempre es una derrota, pero se debe encontrar la forma de expresarla correctamente para que esa no sea la interpretación.

Por estas horas, en el círculo más chico del Gobernador nadie descarta la posibilidad de que termine siendo el presidente del partido. “Quien presida el PJ tiene que apoyar abierta y explícitamente a Axel y las políticas públicas de su gestión. Quien asegura eso es alguien del MDF. Después se discute el nombre”, explicó a Infobae uno de los ministros de su máxima confianza.

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Otro funcionario de relación estrecha con el Gobernador se mostró en la misma sintonía. “Conceptualmente el PJ se tiene que ordenar con el gobierno provincial, más allá de los nombres”, sostuvo ante la consulta de este medio. La línea es similar en el primer anillo kicillofista. Como suele suceder. Siempre hay un orden claro en los mensajes que expresan el camino de Kicillof.

Kicillof junto a los principales dirigentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF)

Máximo Kirchner jugó una carta importante al pregonar la asunción del Gobernador al PJ Bonaerense. Acepta su ascendencia como principal candidato de la fuerza política para la elección presidencial pero, al mismo tiempo, lo obliga a cambiar su postura inicial para evitar la confrontación interna en el partido y cerrar un nuevo capítulo de la pelea a cielo abierto. En paralelo, y si acepta, Kicillof lograría que sea alguien del MDF el que conduzca el partido y que el partido esté alineado a su gestión completamente. Nadie gana ni pierde definitivamente. Esa es la verdad de la milanesa, como suele decir la ex presidenta de la Nación.

En el cristinismo advierten que Kicillof se enteró de la intención de Kirchner antes de que saliera en los medios. De esa forma, buscan desarticular la queja del kicillofismo sobre que la propuesta nunca llegó por vías formales a La Plata. “La idea de que Magario sea presidenta del PJ no la transmitieron vía fax. Hace tiempo que nos hablamos por los medios”, ironizaron cerca del líder camporista. Rispidices de una familia disfuncional y la aceptación ímplicita de que los canales de diálogo no son fluidos.

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“Si Axel acepta presidir el PJ, clausuramos la interna partidaria y empezamos a cicatrizar algunas heridas. Sería sano que eso suceda. Así después abrimos el juego para discutir qué quiere el peronismo como proyecto nacional”, aseguró un dirigente importante de La Cámpora. Esa es la propuesta que le dejaron sobre la mesa al mandatario provincial.

Kicillof y Kirchner juegan, en forma constante, una partida de poder sobre el tablero bonaerense. Como punto de acuerdo el cristinismo solo acepta que sea el Gobernador el presidente del partido. Magario no es prenda de unidad. Si Kicillof sostiene a su compañera de fórmula y el sector de los Kirchner no acepta esa postura, no quedará otro camino que no sea el de ir a una interna partidaria en marzo. Todo puede pasar.

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