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POLITICA

El presente de Carlos “Chacho” Álvarez, a 25 años de su renuncia

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Carlos “Chacho” Álvarez no va a hablar. No quiere dar entrevistas. Está sentado en una mesa de Varela Varelita, un bar de Palermo congelado en el tiempo. Ahí no hay avocado toast ni ninguna herejía similar. Hay café, sánguches de milanesas, barullo y vermut. Está envuelto en una bufanda porque su salud es frágil. Pero no tanto como para evitar ensañarse con un político en particular, atacarlo con crueldad, juzgarlo sin un atisbo de compasión.

Ese político que Carlos “Chacho” Álvarez critica sin piedad se llama Carlos “Chacho” Álvarez, el mismo que lo recibe cada mañana en el espejo de su departamento, a pocas cuadras del bar.

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“No tengo autoridad política para hablar”, dice a quienes lo consultan para justificar su silencio desde que renunció a la vicepresidencia. Se acusa a sí mismo de haber decepcionado a millones de argentinos que confiaron en su fuerza política, el Frepaso de los noventa, que vieron en sus promesas un camino para superar al menemismo, para extirpar su corrupción y darle valores morales a la estabilidad económica. Aquel experimento de la Alianza, que unió al Frepaso con la UCR, terminó por estallar con la crisis de la convertibilidad y el 2001. Y luego Néstor Kirchner fagocitó a sus dirigentes, se quedó con el electorado progresista y desechó la bandera de la lucha contra la corrupción.

“Mi proyecto político fracasó, no puedo hablar de nadie”, se juzga Álvarez, de 76 años, sin miramientos, para denegar una entrevista. Los comensales del Varela Varelita lo saludan, comparten horas de charlas con el cliente más ilustre, pero nadie logra suavizar sus palabras cuando se refiere a sí mismo: “Soy un político del pasado, del siglo XX, no soy de esta época, no entiendo nada”, se castiga, y aleja al periodista de . No va a hablar.

Carlos Chacho Álvarez en el café Varela VarelitaAníbal Greco

Sin embargo, con su cuerpo enjuto delante del café servido en un vaso, con su pelo ondulado cubierto de canas y su oratoria sagaz y lúcida imperturbable; la figura de Chacho se proyecta sobre el presente. Transmite enseñanzas que explican la política de la Argentina y las claves de su deterioro.

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Álvarez fue vicepresidente de Fernando de la Rúa, pero cuando se convenció de que su gobierno les pagaba a los senadores peronistas para aprobar leyes, la relación entre ambos entró en crisis. Luego, De la Rúa nombró un gabinete con dirigentes hostiles a Álvarez y el vicepresidente terminó por renunciar. Su portazo aceleró la crisis de la Alianza y las dificultades para sostener la convertibilidad. Para entonces, el peronismo había olido debilidad y retaceaba cualquier colaboración. Los mismos senadores que habían sido denunciados por los sobornos ahora acicateaban la crisis. Las protestas sociales terminaron por marcar el final y la Asamblea Legislativa abrió la puerta a una sucesión de presidentes del PJ: Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde.

Fernando de la Rúa, en el balcón, junto al vicepresidente Carlos Chacho Alvarez.Archivo

Desde entonces, Chacho se apartó de los micrófonos y no habló más. Eligió el ostracismo como una forma de expiación. Armó un centro de estudios enfocado en la integración de los países de América Latina, el Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (Cepes), y evitó pisar la política nacional como si fuera un lugar prohibido, como si se tratara de un templo del que merecía ser expulsado. Néstor Kirchner le ofreció ser canciller en reemplazo de Rafael Bielsa, pero lo rechazó. Finalmente aceptó representar a la Argentina en la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur (CRPM). Ese cargo le resultó providencial. Álvarez nunca tramitó la pensión por su paso por la vicepresidencia, como hizo Amado Boudou, y vive en el barrio de siempre, a pocas cuadras del bar Varela Varelita, donde los habitués lo conocen como si fuera parte de la ambientación.

Chacho Alvarez, en 1994Augusto Arturi –

Los comensales le preguntan por el peronismo, la fuerza donde inició su recorrido, y Álvarez les habla de “los tres tabúes” que lo encadenan: aceptar que es imposible construir un país sin una macroeconomía ordenada, enfrentar el problema de la inseguridad y encarar una regeneración moral.

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De Milei piensa que “quiere gobernar como un outsider, pero necesita apoyo” y que el problema de la tercera vía es “fortalecerse en la provincia de Buenos Aires”.

Chacho tiene cuatro hijos de tres matrimonios. Los amigos cuentan que a Paula, una hija de su última esposa, Liliana Chiernajowsky, la quiere como propia. Tiene además dos nietos propios y otros dos, de Paula, que lo llaman abuelo.

Liliana Chiernajowsky murió en 2016. En el bar saben que la mención de su nombre marca el único momento en que la fluidez irrefrenable del relato de Chacho se quiebra. “Mi compañera de los años más difíciles”, la define, y hace silencio, busca recomponerse. Entonces vuelve a la política y recupera el tono sagaz, como si el tiempo no hubiera pasado.

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Álvarez está en una mesa individual junto a una columna, en el centro del bar. Los extraños se acercan para estrecharle las manos. Cree que la Argentina necesita “consensualismo”, un país donde la clase dirigente, de diferentes partidos, acuerde reglas básicas, cualquiera sea el ganador de las elecciones. Pero la Argentina avanzó justamente en el sentido contrario. En especial después de 2008, el kirchnerismo y luego Pro apostaron por construir un enemigo para fortalecer su identidad. Desde entonces, el enfrentamiento caracterizó al proceso político argentino. “Son todos discípulos de Ernesto Laclau”, resume Álvarez frente a uno de los asistentes, en referencia al teórico del populismo que promueve el antagonismo como organizador del espacio político. En vez de amainar, con Milei el enfrentamiento se exacerbó a través del lenguaje.

Chacho alguna vez representó al porteño común y llegó a hacer campaña subido a los colectivos, donde repartía folletos del Frepaso. A veces se tomaba el 12 hasta la terminal para hablar con los pasajeros. O se bajaba en una parada al azar y se sentaba en un café para que lo abordaran con preguntas. Eran las campañas en tiempos analógicos, antes de entregarlas a trolls y bots, antes de que la vida fuera mediada por aplicaciones, que los discursos políticos se armaran para Instagram o para TikTok.

Frente a la actualidad, Álvarez se siente un personaje de otro tiempo, un quijote derrotado, que vio cómo la política se abrazaba al dinero y sus figuras se volvían multimillonarias, como su contemporáneo José Luis Manzano, que pasó del recinto que compartían en la Cámara de Diputados a dueño de Integra Capital, con acciones en compañías de minería, petróleo y medios de comunicación.

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Ahora, con una cucharita de metal, Álvarez corre la espuma de un cortado en vasito y los recuerdos retroceden a los tiempos en que junto a Germán Abdala inventaron el Grupo de los 8, como una alternativa a la hegemonía de la ortodoxia sindical. Por entonces, los gremios grandes, como el metalúrgico, financiaban al PJ. Luego el dinero llegó a la política argentina desde otros sectores. Manzano fue el exponente emblemático. No el único. Y esa sociedad entre política y negocios se extendió hasta el presente en la figura de los facilitadores, los operadores que entrelazan ambas orillas.

En ese mundo, Chacho se ve como un personaje de Jurassic Park. Un día, cuando presidía el Senado, hace más de dos décadas, se le ocurrió dar a conocer públicamente la lista de empleados de la cámara. Aparecieron nombres que llevaban a figuras de todos los partidos, una sedimentación geológica de acomodos. Incluso tuvo que llamar a Raúl Alfonsín porque figuraba una persona muy cercana al líder radical. Desde entonces, la mayoría de los senadores lo odió. Y todavía nadie usaba la palabra casta.

Al aire le cuesta llegar a los pulmones de Chacho. El fundador del Frepaso sufre de EPOC. A un amigo le repite una crítica contra el progresismo que, alguna vez, encarnó como el personaje principal: “No se puede imaginar un modelo que otorgue al Estado centralidad y, al mismo tiempo, parasitarlo, querer vivir de sus recursos”.

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Tiene diagnósticos agudos y críticos sobre la política, pero con ninguno es tan impiadoso como consigo mismo. “No tengo derecho a hablar de nadie”, repite con una sonrisa de resignación, y rechaza una entrevista.

Su destierro interno, su autocastigo, destaca por contraste frente a las otras renuncias de la dirigencia argentina. La renuncia a los acuerdos mínimos, a las exigencias éticas, a la sensibilidad social. Y así, esa falta de piedad consigo mismo, resulta finalmente iluminadora sobre las carencias del presente.


Damián Nabot,Conforme a

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Estados Unidos convocó a Argentina a una cumbre militar con líderes del hemisferio occidental

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Argentina participará el próximo 11 de febrero en una cumbre militar de alto nivel en Washington, convocada por el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Dan Caine.

La delegación nacional estará encabezada por el vicealmirante Marcelo Dalle Nogare, recientemente designado jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas por el presidente Javier Milei.

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El encuentro reunirá a jefes militares de 34 países del hemisferio occidental, además de representantes de naciones europeas con presencia en la región como el Reino Unido, Francia y Dinamarca, en una cita que el Pentágono describió como poco frecuente por su escala jerárquica.

Dan Caine

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El objetivo principal de la reunión es mejorar la coordinación regional contra el narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales. Según un comunicado de la oficina de Caine, los líderes explorarán esfuerzos conjuntos para contrarrestar a “organizaciones criminales y terroristas, así como los actores externos que socavan la seguridad y la estabilidad regional”.

Esta iniciativa ocurre tras la redefinición de la Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos, que ubica a América Latina como un espacio estratégico central para proteger rutas comerciales y contener influencias hostiles externas.

Donald Trump y Dan Caine

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Desde la Casa Rosada interpretan la invitación como una oportunidad para “reposicionar a la Argentina en los foros hemisféricos de seguridad” y consolidar el acercamiento estratégico con Washington.

La cumbre se desarrollará a puertas cerradas en un contexto de intensa actividad operativa estadounidense en el Caribe y el Pacífico oriental, tras la detención de Nicolás Maduro bajo cargos de narcoterrorismo.

La entrada Estados Unidos convocó a Argentina a una cumbre militar con líderes del hemisferio occidental se publicó primero en Nexofin.

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Dan Caine,Donald Trump,Marcelo Dalle Nogare,Militar

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La fase suicida del kirchnerismo

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“Tiró la toalla”. Un cacique peronista que trata desde hace años a Cristina Kirchner reaccionó con estupor al cortometraje que la vicepresidenta publicó el lunes para denunciar una conspiración judicial en su contra. En el universo político que ­­orbita alrededor de ella primó una sensación inquietante de que aquella jugada de tremendo impacto institucional esconde un mensaje de resignación sin retorno sobre el destino del Gobierno.

La mujer que se presenta cómo víctima de intereses económicos y políticos que maniobran para condenarla por corrupción avisa a los argentinos que “será muy difícil mejorar las condiciones de vida de todos y todas con esta Corte” y que “nada puede funcionar en un país si carece de un Poder Judicial que tenga legitimidad”.

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Nunca antes el discurso de la vicepresidenta enlazó de manera tan explícita su situación procesal con la suerte del país, en una confesión involuntaria de lo que significó para ella desde un principio esa invención llamada Frente de Todos.

La incapacidad de Alberto Fernández para conseguirle el certificado de inocencia en los tribunales es indivisible del descalabro económico, que Cristina atribuye en su relato exculpatorio a la falta de coraje del Presidente para enfrentar a los “poderes fácticos” que resisten la instauración de “gobiernos populares”.

Es la acción desesperada de alguien que intenta rescatar del incendio un objeto de inconmensurable valor. En su caso, el capital simbólico de la líder intransigente, iluminada e incomprendida que, aún en sus horas más bajas, despierta veneración en un círculo de fieles­ proclive a valorar los sacrificios que ella pide en el camino a la salvación.

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El Presidente y su vice se revolean una bomba a punto de estallar como si ya no valiera la pena intentar desactivarla


Mientras salva lo suyo, se desentiende de las llamas. El gobierno de Fernández languidece entre la crisis financiera, la sequía de dólares y la angustia de un nuevo equipo económico sin poder para hacer frente a una ola de desconfianza de apariencia tan irremediable como la ley de la gravedad.

El Presidente se permite comentar entre los suyos que decidió no ejercer el liderazgo porque eso implicaría romper con Cristina. Como quien descubre, al fin, la confortable tranquilidad de no ser responsable.

Se configura así la dinámica del kirchnerismo en fase suicida: el Presidente y su vice se revolean una bomba a punto de estallar como si ya no valiera la pena intentar desactivarla y solo quedara ponerse a resguardo de los daños.

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Cristina sacudió a Fernández y a su equipo cada vez que quisieron moverse de la línea imaginaria del kirchnerismo histórico

Los dos sufren las consecuencias del contrato opaco que firmaron en 2019 para juntar al peronismo en una ventanilla única que garantizara el regreso al poder. Cristina -traducen a su lado- eligió a Alberto no tanto porque creyera que sin él no ganaba las elecciones sino porque estaba convencida de que a ella no la iban a dejar gobernar. Él tenía el perfil para desempeñarse con alguna soltura en el escenario económico que heredaba del macrismo, en el que intervenían actores repudiados por ella como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

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Cristina Kirchner y Alberto Fernández, durante el encuentro por los cien años de YPF

Pero eso que podía parecer astuto resultó el germen de una implosión. Cristina sacudió a Fernández y a su equipo cada vez que quisieron moverse de la línea imaginaria del kirchnerismo histórico. Así fue minando su ánimo, potenció la ineficiencia de la gestión y convirtió la postergación en política de Estado. El imperativo del Presidente no fue superar la crisis, sino evitar el conflicto político. En sus picos de popularidad, exaltaba su singularidad según esos parámetros en los que aceptaba moverse. Era cuando decía con disimulada arrogancia que no creía en los planes económicos, como declaró al Financial Times en 2020.

Ahora que pisan arenas movedizas Alberto y Cristina rehúyen del liderazgo y por debajo de ellos reina el desconcierto. Se anuncian medidas de dudoso cumplimiento, llueven rumores tremendistas, el oficialismo se protesta a sí mismo y surgen desde sus entrañas predicadores de tragedias como Juan Grabois, que reinstaló despreocupadamente el peligroso discurso de la “sangre en la calle” y la inminencia de saqueos. Máximo Kirchner y La Cámpora meditan sin intervenir, como si la nueva militancia consistiera en hacerse los distraídos.

Juan Grabois pronostica «sangre en las calles» y saqueosSantiago Filipuzzi

El portazo que dio Martín Guzmán obligó a Cristina a poner el cuerpo por miedo a que Fernández le revoleara la presidencia. Su compromiso se limitó durante tres semanas eternas a hacer silencio público y escuchar las medidas que tienen la cortesía de anticiparle.

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Por temor a contrariarla en el recetario no aparece una propuesta para dejar de alimentar un déficit inmenso para el que ya no aparece financiamiento. Gestionar consiste, así, en buscar el parche más eficiente en una estructura que hace agua por cada rincón.

La sociedad percibe la confusión y busca protegerse como puede de la pulverización de su dinero, a pesar de que el Presidente y los voceros del negacionismo oficial descubran con horror que la crisis se espiraliza por la “especulación” de quienes actúan “pensando en su beneficio personal”. Es enternecedor ver cómo descubren el capitalismo funcionarios que en otra vida supieron ser expertos en ahorrar en dólares.

Alberto Fernández volvió a cargar contra el campo, el viernesCaptura de video

Acusar resulta más fácil que actuar. En un gobierno de nadie, el ministro de Seguridad da los mensajes económicos, el de Vivienda se mofa de los deudores que tomaron créditos UVA, la portavoz presidencial destrata a los periodistas por preguntar lo elemental, el jefe de Gabinete prepara una cumbre de gobernadores para empoderar a la ministra de Economía y solo consigue una postal de sillas vacías.

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La última ocurrencia que la propia Cristina promueve es llamar a un diálogo con la oposición. Eso que sería tan natural en cualquier país sometido a un deterioro social dramático parece en la Argentina un recurso de gobiernos que presienten su final. Se vislumbra como una iniciativa condenada al fracaso porque parte desde el desprecio: la misma convocatoria ­incluye un rosario de acusaciones e insultos a aquellos a quienes se les pide sentarse a una mesa para buscar soluciones. Es la mano que arrastra hacia el precipicio.

“No vamos a pisar el palito. No piden ayuda sino un culpable alternativo para su propia crisis”, dice uno de los presidenciables de Juntos por el Cambio. Lo peor es que nadie abrió un canal verdadero de comunicación en semejante presente. Como si en realidad los llamados a la concordia fueran apenas condimentos para el relato victimista: señalar a aquellos que no quisieron poner el hombro en las malas.

En la oposición persiste el recuerdo amargo del debate parlamentario sobre el acuerdo con el FMI, en el que Juntos por el Cambio aportó sus votos para salvar al gobierno de Fernández mientras el kirchnerismo jugaba a denunciar traiciones al pueblo, sin mancharse las manos.

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Los jefes opositores entraron en una etapa de consulta permanente para monitorear la crisis. Ya no le atribuyen “chance cero” a la posibilidad de una crisis institucional o un adelantamiento electoral. “Tenemos que estar preparados. Todo se acelera a un ritmo inimaginable”, dice otro de los aspirantes a suceder a Fernández. Elisa Carrió ya dijo en público que espera tempestades. Hoy no es ella la más dramática en el diagnóstico.

Hay coincidencia en Juntos por el Cambio en que las señales de Cristina y Alberto permiten sospechar que pueden patearles el tablero en pleno juego, a medida que la crisis financiera se agrava. Miran con desconfianza el operativo que ella ordenó para instalar la hipótesis de que la van a proscribir a partir de una condena judicial y sorprendió también la forma en que él se sumó a la ofensiva, atado otra vez al rumbo político que ella traza. Resignado, acaso definitivamente, a que el plan de reelección es un sueño terminado.

La pulsión autodestructiva del kirchnerismo 2022 parece irrefrenable. Pero puede ser una trampa para quienes lo enfrentan. Nada indica que Cristina Kirchner haya perdido su instinto de supervivencia: mostrarse como víctima y socializar el costo de la crisis puede ser la semilla de la esperanza de una resurrección futura. Solo hace falta que el ciclo decadente de la Argentina le permita ofrecerse otra vez como la arquitecta de un mal menor.

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El Gobierno aumentó los salarios de las Fuerzas Armadas y de la Policía de Establecimientos Navales

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El Gobierno confirmó un aumento para el personal militar de las Fuerzas Armadas y para el personal de la Policía de Establecimientos Navales, con vigencia a partir de diciembre. Esta medida se suma a los incrementos salariales otorgados en los últimos días para los empleados estatales.

Los nuevos valores quedaron establecidos, mediante la publicación en el Boletín Oficial de la resolución 1/2026, firmada por el ministro de Economía, Luis Caputo, y el titular de la cartera de Defensa, Carlos Presti. Según detallaron, los haberes se actualizaron tras el análisis de la situación escalafonaria y en función de los criterios salariales fijados para la Administración Pública Nacional.

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A través del Anexo I que acompaña la resolución, el haber mensual para el personal militar de las Fuerzas Armadas quedó detallado de la siguiente manera:

  • Teniente General, Almirante, Brigadier General: $2.866.115
  • General de División, Vicealmirante, Brigadier Mayor: $2.555.944
  • General de Brigada, Contralmirante, Brigadier: $2.328.718
  • Coronel, Capitán de Navío, Comodoro: $2.039.752
  • Teniente Coronel, Capitán de Fragata, Vicecomodoro: $1.773.466
  • Mayor, Capitán de Corbeta: $1.397.196
  • Capitán, Teniente de Navío: $1.157.154
  • Teniente Primero, Teniente de Fragata, Primer Teniente: $1.029.221
  • Teniente, Teniente de Corbeta: $927.877
  • Subteniente, Guardiamarina, Alférez: $840.353
  • Suboficial Mayor: $1.433.055
  • Suboficial Principal: $1.270.438
  • Sargento Ayudante, Suboficial Primero, Suboficial Ayudante: $1.126.261
  • Sargento Primero, Suboficial Segundo, Suboficial Auxiliar: $990.671
  • Sargento, Cabo Principal: $889.398
  • Cabo Primero: $798.183
  • Cabo, Cabo Segundo: $738.764
  • Voluntario 1ra., Marinero 1ra.: $672.914
  • Voluntario 2da., Marinero 2da.: $622.720

El ministro de Defensa, Carlos Presti, firmó la resolución junto al titular de Economía, Toto Caputo

En el caso de la Policía de Establecimientos Navales, la adecuación salarial se estableció en el Anexo II de la resolución. Ambos documentos especificaron los nuevos valores según las distintas jerarquías.

  • Comisario Inspector: $883.514
  • Comisario: $848.036
  • Sub Comisario: $788.793
  • Oficial Principal: $687.932
  • Oficial Inspector: $625.825
  • Oficial Subinspector: $523.412
  • Oficial Ayudante: $433.557
  • Oficial Subayudante: $381.309
  • Subescribiente: $622.606
  • Sargento Primero: $470.357
  • Sargento: $450.727
  • Cabo: $361.420
  • Agente de Primera: $349.341
  • Agente de Segunda: $343.686

La elaboración de la medida contó con la intervención de la Comisión Técnica Asesora de Política Salarial del Sector Público, que participó en la evaluación y determinación de los nuevos montos.

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En una publicación oficial de este lunes, el Poder Ejecutivo oficializó un aumento salarial del 2% para los trabajadores estatales del Sistema Nacional de Empleo Público (SINEP), junto con el pago de una suma fija de $50.000 correspondiente al último mes del 2025.

La medida se formalizó mediante el decreto 37/2026 y respondió al acuerdo alcanzado el 26 de diciembre entre las autoridades gubernamentales y los representantes sindicales en la Comisión Negociadora Sectorial, en la que participaron la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), la Jefatura de Gabinete de Ministros, el Ministerio de Desregulación y el Ministerio de Economía.

Mientras que UPCN avaló el entendimiento, desde ATE se manifestaron en desacuerdo, argumentando que el incremento resulta insuficiente frente a la inflación y representa una pérdida acumulada del poder adquisitivo.

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El acuerdo también contempló la prórroga de la vigencia de artículos clave del convenio sectorial SINEP y la entrada en vigencia del artículo 24 bis, que hace referencia a condiciones especiales de carrera y promoción dentro del sistema.

En paralelo, el decreto 36/2026 dispuso la actualización de las escalas salariales para los profesionales residentes nacionales de hospitales e institutos dependientes del Ministerio de Salud y del Hospital de Pediatría S.A.M.I.C. “Profesor Dr. Juan P. Garrahan”. El monto mensual para los jefes será de $1.437.773, para residentes de cuarto y tercer año de $1.343.479, de segundo año $1.221.711 y de primer año $1.090.292. En cuanto a las becas, los valores se fijaron en $459.398 para jefes, $417.723 para residentes de cuatro y tres años, $379.686 para segundo año y $345.174 para primer año, siempre en relación a diciembre.

La normativa también introdujo modificaciones sobre licencias por exámenes, enfermedad, tratamiento médico y acompañamiento terapéutico de familiares a cargo, manteniendo condiciones previas al Decreto 788/2019. Además, se estableció en $771.912 el tope máximo mensual de retribución bruta normal, habitual y permanente para los agentes autorizados a realizar servicios extraordinarios, excluyendo suplementos y compensaciones específicas.

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