POLITICA
En plena negociación con las provincias, crece el optimismo en el Gobierno por la sanción del Presupuesto 2026

“Estamos construyendo los consensos, pero hay muy buena predisposición”, reveló ante Infobae una importante fuente involucrada en las negociaciones que emprendió la Casa Rosada con gobernadores y legisladores para la aprobación de las reformas de segunda generación y el Presupuesto 2026. De los contactos con las provincias mantenidos hasta entonces el balance libertario es netamente positivo.
Es que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro del Interior, Diego “El Colo” Santilli, permutan acuerdos menores por apoyos legislativos. Al día de hoy, la Ley de Leyes cuenta con el preliminar visto bueno de varias provincias que consideran necesaria una previsión de gastos, la primera desde que el presidente Javier Milei asumió al cargo en diciembre de 2023.
En el segundo tramo de la gestión, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, desplegó -por orden directa del mandatario- un equipo abocado para la tarea. Mientras Santilli y Adorni tienden puentes con los gobernadores, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, futura jefa de bloque de La Libertad Avanza en el Senado y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, replican la lógica en las respectivas cámaras. Hay un quinto actor clave en los intercambios: el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, quien habilita las concesiones para dar lugar a las demandas provinciales.
“Todavía falta. Estamos expectantes, pero El Colo y Martín están bastante entusiasmados”, reveló un integrante de la mesa chica que rodea al mandatario ante Infobae.
Desde su desembarco en Interior, el legislador del PRO recibió a catorce mandatarios provinciales y en agenda tiene la visita del jujeño, Carlos Sadir, para este viernes a las 10 en Casa Rosada y un viaje a Corrientes con la idea de entrevistarse con Gustavo Valdés el próximo lunes.

El formato de los encuentros se repite: Santilli escucha, toma nota, evalúa los pedidos y oferta en base a los números que habilita el Palacio de Hacienda. De cerca, Adorni revisa los acuerdos.
La necesidad es tal que la firma de acuerdos como la adhesión al régimen de exportación en planta, que simplifica la burocracia provincial para empresas exportadoras conforma a un sector de mandatarios y no le supone costo adicional a la Nación. Hasta el momento adhirieron el catamarqueño Raúl Jalil y el salteño Gustavo Sáenz. Con los petroleros Ignacio Torres (Chubut), Claudio Vidal (Santa Cruz) y Rolando Figueroa (Neuquén) avanzaron en el entendimiento para la reducir las retenciones a las exportaciones de crudo convencional.
“Hay buena voluntad, hay intención de acompañar. Se han solucionado varios temas en pocos días”, reconocieron a Infobae en un despacho de Balcarce 50, y agregaron: “Santilli y Adorni se concentraron en el tema, están en línea con los gobernadores y todo el gobierno trabaja en sacar el Presupuesto y las reformas. Hay optimismo porque hay trabajo conjunto y voluntad de parte de las provincias para que esto salga”.
Con el paso de los días el listado de pendientes se achica y, de concretarse las reuniones con Sadir y Valdés, solo restará convocar a Sergio Ziliotto (La Pampa), Claudio Poggi (San Luis), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Jorge Macri (CABA) para evaluar los pasos que tomarán de cara a los cuatro peronistas rebeldes.
En el plano legislativo, como contó Infobae, un puñado de mandatarios provinciales peronistas debaten la conformación de un interbloque en la Cámara de Diputados. Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca), quien desfiló por el Patio de Palmeras de Rosada el pasado jueves, se muestran abiertos a la posibilidad de romper con Unión por la Patria. El catamarqueño dio claras señales de sus diferencias con la línea de conducción del bloque a cargo de Germán Martínez.

La idea en cabeza de los gobernadores, con más mella en Jalil, es conformar un espacio propio que les permita negociar con el Gobierno con mayor holgura. Si bien no está dispuesto a unirse en lo formal, Rolo Figueroa (Neuquén) aspira a coordinar sin sumarse dado que sostiene que su provincia cuenta con particularidades propias que deberá negociar.
Otro que podría adherir es Hugo Passalaqua (Misiones), que junto al referente misionero Carlos Rovira lideran un bloque de cuatro diputados y dos senadores. En un tercer escalafón se ubica Gerardo Zamora (Santiago del Estero), quien asumirá el 10 de diciembre a la Cámara de Alta y pasará a controlar tres bancas y siete diputados. Su situación configura un enigma para el Gobierno. Los tres referentes provinciales se entrevistaron con Santilli al cierre de la semana pasada.
“Somos un tsunami de felicidad”, graficó ante este medio un funcionario al tanto de las negociaciones. Sin embargo, hay quienes se muestran más modestos y piden cautela. Este último grupo detecta luz verde para el tratamiento del Presupuesto 2026 y la Ley de Glaciares, pero algunas complicaciones en las reformas de segunda generación. “El Presupuesto siempre es mucho más fácil. Generalmente se aprueba por casi unanimidad, es hasta un gesto de la oposición con el oficialismo que marca la hoja de ruta con algunas negociaciones en particular”, expresó a este medio un legislador libertario, y aclaró: “Las reformas son más ambiciosas y más duraderas. El Presupuesto dura un año y las reformas duran hasta que alguien las modifiquen atrás de la ley”.
Con las sesiones extraordinarias en agenda para el próximo 10 de diciembre, Martín Menem trabaja en conseguir la foto que ubique a La Libertad Avanza como la primera minoría en la Cámara de Diputados para el 3 de este mes, cuando juren los diputados electos y el bloque amplíe su representación. Todavía hay conversaciones con sectores aliados que podrían hacer realidad las voluntades de Menem, lo que le permitiría al oficialismo ocupar más lugares en las comisiones. “No se podrá cumplir todo lo que piden las provincias, pero muchas cosas sí”, repiten en la administración libertaria como prenda de negociación.
POLITICA
A quién afecta la reforma laboral: ¿es solo para las relaciones futuras o también para las preexistentes?

El proyecto de reforma laboral que aprobó la Cámara de Diputados legisla sobre temas centrales de las relaciones de trabajo y los especialistas coinciden en que no sólo alcanza a las nuevas contrataciones, sino también a las preexistentes; es decir, que afectará a todo el universo de trabajadores.
Si a un empleado lo echan, la regla es que el cálculo de la indemnización se hace con la ley vigente al momento del despido (no la que regía cuando el trabajador fue contratado), coinciden especialistas en derecho laboral consultados por , que imaginan como probable un escenario de alta litigiosidad una vez que la reforma entre en vigencia.
El tema de la indemnización es clave porque la reforma excluye expresamente de la nueva fórmula de cálculo ítems como el aguinaldo, las vacaciones y las bonificaciones. Además, habilita al empleador a pagarla en cuotas.
Para que la reforma se aplicara solo a los nuevos empleos, eso debería estar expresamente escrito.
El 11 de febrero, cuando el Senado debatió el proyecto, Mariano Recalde (PJ) pidió esa especificación. Solicitó agregar un artículo 57 bis, que dijera: “Las disposiciones del presente Título –el Título I– serán de aplicación a los contratos de trabajo que se celebren a partir de la entrada en vigencia de esta ley”. El senador Bruno Olivera Lucero, miembro informante de La Libertad Avanza, rechazó la modificación y el proyecto quedó tal cual estaba redactado.
Sucedió algo similar anoche en la Cámara de Diputados. Sergio Palazzo (PJ) hizo el mismo planteo que Recalde: pidió un agregado que especificara que la aplicación de la ley sería para los empleos que se generaran a partir de su promulgación. El diputado libertario Lisandro Almirón también rechazó la propuesta.
En el Gobierno habían sido poco claros con respecto a este punto. entrevistó al secretario de Trabajo, Julio Cordero, en diciembre pasado y le preguntó específicamente: “¿En caso de que el proyecto se convierta en ley, a partir de cuándo se aplica y quiénes están abarcados bajo el paraguas de esta legislación? Usted habló de derechos consagrados…“. Cordero contestó: ”Cuando la ley menciona especialmente que va a haber una aplicación retroactiva, entonces ahí hay una aplicación retroactiva. Por ejemplo, en los juicios pendientes. En general, cuando no dice nada, la ley por regla no tiene aplicación retroactiva».
En el Congreso, en el plenario de comisiones que analizó la reforma, Cordero fue más allá: “La ley va a aplicar a los nuevos trabajos… las normas no son de aplicación retroactiva, salvo que lo diga expresamente”.

En rigor, es cierto que no se trata de una “aplicación retroctiva” porque la nueva ley no tendrá impacto sobre situaciones agotadas (por ejemplo, despidos previos a que entrara en vigencia reforma). Pero no es cierto que se aplique sólo a los “nuevos trabajos”.
El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, sí admitió, en una entrevista con Radio Mitre, que la reforma aplicaba a todos los empleos, no solo a los nuevos. Sturzenegger sostuvo: “Aplica a cualquier relación laboral”. Y argumentó: “No estás cambiando nada. Estás simplemente dándole precisión al cálculo. Simplemente estamos clarificando temas de la nueva ley de contrato de trabajo, que aplica para todos”.

El abogado laboralista Julián De Diego dijo que es claro que “se aplica para todos”. Advirtió que para las relaciones preexistentes “hay derechos adquiridos que no se pueden vulnerar” porque “la mayoría de los principios generales del derecho del trabajo [que protegen al trabajador] están a salvo y deben ser tenidos en cuenta además los tratados internacionales, que están por encima de la ley”. Pero esto no aplica para un despido posterior a la entrada en vigencia de la nueva ley.
“A quien sea despedido dentro de seis meses se le aplicará la nueva norma. El suyo era un derecho en expectativa, no adquirido. Se le aplica la ley vigente en el momento de la causa que da origen al beneficio”, afirmó De Diego. “Esto no quiere decir que se aplique en forma retroactiva. Lo dicen la Constitución Nacional y el Código Civil”, advirtió.
De Diego explicó que los derechos aquiridos, que “son intocables”, son, por ejemplo, el premio que le da la empresa a un empleado por productvidad, el bono por objetivos, el pago de guardería, los cursos de capacitación.
En el mismo sentido, Inés Arias, abogada laboralista del estudio Aguirre Saravia y Gebhardt, y subdirectora del Instituto de Derecho del Trabajo del Colegio Público de la Abogacía de la Capital, dijo a que si la ley no afirma lo contrario, rige para el futuro desde su entrada en vigencia, y que la Constitución Nacional establece el derecho de toda persona a una sentencia basada en la ley vigente en el momento (según el principio de legalidad del art. 18). “Si el despido se produjo después de la entrada en vigencia, se aplica la nueva ley”, coincidió.
Pero, ¿puede un trabajador con décadas de antigüedad reclamar que se le aplique la ley anterior? Arias explicó que podría intentarlo invocando la “doctrina de la condición más beneficiosa subsistente”, para que el contrato de trabajo se considere junto con las normas laborales que estaban vigentes cuando se celebró. Explicó que esto “se apoya en los principios de progresividad y de no regresividad” (en términos del constitucionalista Andrés Gil Domínguez, este principio significa que si un Estado ya reconoció y garantizó un derecho en cierto nivel, no puede dar marcha atrás arbitrariamente).
“El trabajador podría plantear que integra su patrimonio el standard de derechos indemnizatorios que ya adquirió, pero quien calcula las indemnizaciones es el empleador al momento del despido pago”, advirtió Arias. Por ende, todo indica que en la práctica, si alguien pretende que le aplique la ley anterior, deberá plantearlo en los tribunales.
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POLITICA
Pese al fallo contra los aranceles de Trump, la Casa Rosada prevé enviar al Congreso los aspectos técnicos del acuerdo con Estados Unidos

La Corte Suprema de los Estados Unidos dictaminó este viernes que Donald Trump excedió su autoridad al imponer aranceles generalizados a las importaciones de diferentes socios comerciales. Se trata de uno de los fallos más determinantes en materia de política económica en las últimas décadas, con un impacto muy alto en el principal instrumento de negociación política del presidente norteamericano.
Las implicancias no se limitan a los aranceles globales que había impuesto el mandatario —quien horas después redobló la apuesta ante la Corte al volver a implementar un 10% de aranceles globales, y este sábado las incrementó 5 puntos porcentuales más—, sino que también alcanza a los acuerdos comerciales que la Casa Blanca había negociado y anunciado con diferentes socios, entre ellos la Argentina.
La decisión de la Corte tiene implicancias significativas porque podría obligar al gobierno estadounidense a deshacer acuerdos comerciales con otros países y, potencialmente, a pagar reembolsos cuantiosos a las administraciones extranjeras afectadas. A pocos meses de haber ingresado a su segundo mandato presidencial, Trump invocó la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977 para establecer aranceles a bienes importados de más de 100 países. Argentina fue una de las afectadas.
Esta decisión judicial podría dejar sin efecto el principal beneficio que Argentina obtenía en términos de acceso a mercados, dado que la reducción del arancel recíproco del 10% al 0% para 1.675 posiciones arancelarias era “la única concesión en materia de acceso a mercados que brindaba a nuestro país”, afirmaron desde la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA). La ampliación de la cuota anual de importación de carne vacuna, que aumentó de 20.000 a 100.000 toneladas métricas hasta 2026, se concedió mediante un decreto específico de Trump (“Ensuring affordable beef for the American consumer”) y no está incorporada al tratado invalidado.
Infobae contactó a tres fuentes muy altas de la administración de Javier Milei. Dos de ellas reconocen que esta decisión de la Corte pone un signo de interrogación sobre la sostenibilidad del acuerdo. Aun así, existe una posición unánime de que no habrá marcha atrás en la decisión de ratificar el tratado comercial con Estados Unidos mediante un proyecto en el Congreso.
“Eso no se frena. En las próximas semanas tenemos intención de enviar las modificaciones de leyes que nos permitan aplicar los aspectos técnicos”, afirmó una fuente inobjetable. Para ejecutar varios de sus apartados, el Gobierno debe cambiar varias normas: algunas se dispondrán por Decreto, otras por Resolución Administrativa; pero las más importantes deberán aprobarse mediante un trámite legislativo.
Uno de los puntos más complejos es que, para que puedan entrar en vigencia los beneficios arancelarios, las autoridades norteamericanas exigen que el país adhiera a un conjunto de convenios internacionales, como el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT, por sus siglas en inglés).
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, señaló en las redes sociales que la incorporación a ese régimen ya tiene media sanción por parte de Diputados desde hace 29 años. “Es decir, ocho Gobiernos le hicieron el juego a los lobbies y se hicieron los ‘dolobus’. La aprobación del PCT va a marcar un antes y un después para la ciencia en Argentina. Mucho bla bla con la comunidad científica del kirchnerismo, pero, mamita, les prohibían a los científicos patentar sus invenciones en el país”, cuestionó.
En un hilo publicado en su cuenta de X, el funcionario remarcó que también se solicita “normalizar la situación con los tratados de Bruselas sobre señales por satélite; de Budapest sobre depósito de microorganismos; acta de Ginebra sobre dibujos y modelos industriales; protocolo de Madrid de registro internacional de marcas; tratado sobre derecho de patentes; de Singapur sobre derechos de marcas y el Convenio UPOV 91”.
Todas estas cuestiones deberían ser discutidas en el ámbito parlamentario, lo que demoraría la aplicación del acuerdo comercial, independientemente de si es aprobado o no en un proyecto aparte.
El reciente fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que bloqueó los aranceles generales impulsados por la administración de Donald Trump modificó el panorama comercial entre Argentina y el país norteamericano, al eliminar parte del diferencial arancelario que beneficiaba a los productos argentinos. La sentencia establece que la autoridad para fijar estos impuestos reside en el Congreso de Estados Unidos, lo que quita al Ejecutivo la posibilidad de imponer tributos de amplio alcance sin control parlamentario.
Para el sector argentino, el principal efecto se percibe en la posición competitiva frente a Brasil y otros países de la región. Según fuentes con acceso a la negociación, “parte del diferencial de aranceles con Brasil se diluye”, lo que podría afectar las cadenas de valor y la dinámica de inversiones e intercambio comercial interno en el Mercosur. Además, el fallo implica la potencial devolución de 133.000 millones de dólares por pagos realizados bajo los aranceles suspendidos, lo que representa una presión adicional para el Tesoro estadounidense.
En la industria local destacan que, hasta ahora, Argentina accedía a arancel cero para 1.600 posiciones arancelarias y un máximo del 10% para el resto, mientras que empresas de Brasil afrontaban gravámenes del 50%. Esto posicionaba a la Argentina con un trato preferencial, especialmente en sectores como el acero y el aluminio. La eliminación de los aranceles generalizados obliga al sector privado a replantear estrategias para el acceso al mercado estadounidense, aunque la cuota de 80.000 toneladas métricas de carne bovina destinada a Estados Unidos permanece sin modificaciones, ya que fue negociada de forma independiente y queda fuera del alcance inmediato del fallo judicial.
Desde el punto de vista de la inversión, los mecanismos de facilitación pactados en el último acuerdo bilateral mantienen vigencia pese al cambio en los tributos, según indicó Gustavo Perego, director de Abeceb. La continuidad de la cuota cárnica y el capítulo de inversiones permite sostener parte de los beneficios comerciales, aunque la discriminación positiva que tenía la Argentina sobre otros productos pierde peso.
El sector privado advierte que la redefinición de esquemas de cuotas y aranceles será prioritaria en la agenda bilateral y que la seguridad jurídica en materia de inversiones será un factor central para proyectar el vínculo económico con Estados Unidos. En ese sentido, la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA) resaltó que “el compromiso fundamental de Estados Unidos era la reducción del arancel recíproco del 10% al 0% para 1.675 posiciones arancelarias”, acuerdo que, tras la decisión judicial, pierde validez legal. CERA puntualizó además que la cuota cárnica, no incluida en el texto principal del acuerdo, debería mantenerse vigente.
El histórico fallo limita la utilización de aranceles como instrumento de presión en política exterior por parte del Ejecutivo, al definir que solo el Congreso puede establecer estos gravámenes, y marca un precedente para futuros debates sobre el alcance de la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) y la regulación de la política comercial de Estados Unidos. La revisión de las cuotas y eventuales nuevas medidas quedará en manos de Washington en las próximas semanas, mientras los actores económicos argentinos permanecen atentos al impacto sobre las cadenas de valor y las exportaciones.
North America
POLITICA
Tras el fallo de la Corte Suprema de EE.UU. contra los aranceles de Trump, el Gobierno espera definiciones de la Casa Blanca para avanzar con el acuerdo comercial

El Gobierno espera definiciones de Estados Unidos para avanzar con el acuerdo comercial tras el fallo de la Corte Suprema que invalidó algunos aranceles impuestos por la administración de Donald Trump.
El Tribunal Supremo desestimó las medidas respaldadas bajo Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) y reafirmó que la facultad corresponde al Congreso.
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En el Ejecutivo sostienen que el entendimiento se enviará al Congreso a partir de marzo, pero admiten que el nuevo escenario judicial en Washington condiciona el avance.
En Nación advierten que esperan detalles sobre el instrumento legal que utilizará la Casa Blanca para mantener el esquema arancelario negociado.
“Estamos esperando instrucciones. Trump quiere sostener los acuerdos”, expresan fuentes oficiales. En la Casa Rosada no descartan que el texto deba readecuarse antes de ser remitido formalmente al Congreso si Washington opta por utilizar otras herramientas, como las secciones 232 o 301 de su legislación comercial.
El ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, negó que el acuerdo sea afectado por la decisión de la Justicia estadounidense.
El entendimiento contempla que Estados Unidos no aplique el arancel adicional previsto en la orden ejecutiva del 2 de abril de 2025 y que el adicional no será superior al 10% para el resto de los bienes argentinos, entre otros puntos.
Más allá del capítulo arancelario, el acuerdo incluye compromisos sobre eliminación de barreras no arancelarias, reconocimiento de certificaciones técnicas y sanitarias, cooperación regulatoria y reglas en materia de inversiones y propiedad intelectual. El Gobierno instrumentará algunas partes a través de decretos y resoluciones administrativas.
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Tras el fallo, Trump anunció que impondrá un arancel global del 10% bajo otra disposición de la Ley de Comercio de 1974 y que mantendrá vigentes los gravámenes aplicados por razones de seguridad nacional y por “prácticas desleales”.
En Nación analizan si ese nuevo encuadre preserva en los hechos el tratamiento diferencial previsto para la Argentina o si obliga a introducir modificaciones técnicas en el texto firmado.
En el Ejecutivo remarcan que la prioridad es evitar que el Congreso trate un acuerdo cuyo sustento normativo en Estados Unidos quede sujeto a cambios inmediatos. Es por eso que aguardan la formalización de las nuevas órdenes ejecutivas y evaluan si el arancel global anunciado reemplaza o complementa el esquema previsto en el entendimiento bilateral.
El envío del texto a la Cámara de Diputados seguirá en pie, pero el ritmo dependerá de cómo quede configurada la política comercial estadounidense en las próximas semanas.
En la Casa Rosada aseguran que buscan sostener el acuerdo y mantener la señal política hacia Washington, aunque reconocen que la definición final estará atada a la arquitectura legal que adopte la Casa Blanca tras el fallo judicial.
Gobierno, Estados Unidos, acuerdo
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