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POLITICA

Entre rebeldías, fricciones y pérdida de poder, se reformula el mapa sindical y complica el armado de la futura CGT

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La CGT sigue encerrada en el laberinto de siempre, con dialoguistas y duros sacándose chispas para ocupar lugares en una sigla que alguna vez fue poderosa, pero que hoy mantiene sólo el peso de su historia pasada, mientras sobrevuela una pregunta clave: ¿cuál es el proyecto que sustenta esta central obrera y la que se elegirá en el congreso del 5 de noviembre próximo?

No está claro. En 2021, cuando tenía que definirse la nueva cúpula sindical, un dirigente como Sergio Palazzo (bancarios) advirtió que “el problema para encontrar la unidad sindical es que la CGT no tiene un proyecto”. Pero por entonces gremios como Camioneros, SMATA y la Asociación Bancaria, entre otros, no estaban en la central como fruto de las peleas internas y por eso el eje del congreso cegetista del 11 de noviembre que se hizo hace cuatro años fue la reunificación, con el regreso de aquellas organizaciones que se habían alejado.

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Esa integración de todos los sectores alcanzada con el triunvirato que conformaron Héctor Daer (Sanidad), Carlos Acuña (estaciones de servicio) y Pablo Moyano (Camioneros), sin embargo, tampoco determinó que hubiera un proyecto ni mucho menos la fórmula para mantener la unidad. El hijo de Hugo Moyano fue el ariete de los sectores más duros, alineados con el kirchnerismo, contra la postura dialoguista de la alianza dominante en la CGT (“Gordos”, independientes y barrionuevistas). Y la central obrera quedó atrapada otra vez en la dicotomía que es el sello distintivo del sindicalismo peronista.

La CGT reunió a unos 140 dirigentes en Ezeiza

Esta CGT fue la que atravesó el gobierno de Alberto Fernández sin haberle hecho ni un solo paro general pese a los malos resultados de la economía, con una inflación que creció 779% en cuatro años, una pobreza que subió al 40,1% y una caída real de los salarios del 20%.

Ni siquiera una sola marcha callejera contra el presidente de origen peronista que antes de asumir les prometió a los dirigentes de la CGT que iban a ser “parte del Gobierno” y que luego, ya en la Casa Rosada, no nombró ni un funcionario importante sugerido por los sindicalistas (a diferencia de los cargos repartidos a los movimientos sociales), no les dio participación alguna en las medidas oficiales y les retaceó fondos de las obras sociales.

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Ya se sabe: es la misma CGT que ya hizo 3 huelgas y 5 movilizaciones contra Javier Milei en menos de 2 años de gestión, pero que terminó siendo mucho más efectiva en los tribunales para embestir contra las políticas libertarias (con sus impugnaciones judiciales logró frenar el DNU 70 y el decreto 340 que reglamentó el derecho de huelga). Incluso logró más con el lobby que permitió que el diputado aliado Miguel Angel Pichetto negociara la eliminación de 42 artículos del capítulo laboral de la Ley Bases para facilitar su sanción parlamentaria.

Y esta CGT es también la que salió a la calle el 7 de agosto para protestar contra el Gobierno mientras simultáneamente, participaba del Consejo de Mayo, junto con funcionarios libertarios, gobernadores, legisladores y empresarios, para consensuar una modernización laboral.

¿Cuál es el proyecto de la CGT, entonces? Uno de sus críticos proveniente del kirchnerismo, Abel Furlán (UOM), reclama ahora que se discuta “un programa antes que los nombres” de la próxima estructura cegetista. Y lo puso de manifiesto el miércoles pasado, en una reunión citada en la sede del PJ, en la que se aprobó un programa que, en realidad, consiste en una serie de ítems muy generales y cargados de obviedad como “rechazo a la reforma laboral regresiva del DNU y la Ley Bases”, “propuestas para una política industrial nacional con eje en el trabajo argentino” y “lucha contra el congelamiento salarial de facto en sectores estatales y privados”.

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Si el proyecto de la CGT en 2021 era la unidad, pero no resolvió su problema de fondo, ¿la solución para el futuro será definir un programa como el de Furlán? En la última reunión del Consejo Directivo cegetista, el jueves pasado, el líder de la UOM hizo ese reclamo a sus colegas y pidió redoblar la confrontación contra el Gobierno, mientras su rival interno Andrés Rodríguez (UPCN) defendió la estrategia del sector mayoritario de la central obrera: “Cuando tuvimos que ir a la Justicia, lo hicimos; cuando tuvimos que negociar, lo hicimos, y cuando tuvimos que parar y salir a la calle, también lo hicimos”.

Abel Furlán, titular de la UOM, en una reunión en el PJ para desafiar a la CGT

Quizás los dos sindicalistas tengan razón. El dilema de la CGT es cómo recuperar el poder perdido. Esta central obrera ya no es la influyente estructura de los años 60, 70, 80 o 90, cuando sus sindicatos no pasaban por la fuerte crisis de representatividad de hoy, con más de un 40% de trabajo informal y muchos menos afiliados.

Por eso en estos días la discusión sobre la nueva CGT pasa exclusivamente por su esquema de conducción y los nombres que podrían integrarlo. Pero el debate se abre en medio de aceleradas divisiones internas, una atomización extrema, la implosión de los sectores del sindicalismo y la ausencia de liderazgos fuertes.

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Lo nuevo del mapa sindical que se está reformulando es una división de 8 sectores internos que, en los hechos, son muchos más porque en cada fracción hay dirigentes que se maneja en forma autónoma, casi anárquica.

Así, el clásico sector de “los Gordos” incluye, en rigor, sólo a Héctor Daer (Sanidad) y Armando Cavalieri (Comercio), que siempre funcionaron en tándem y hoy, pese a su buena relación, toman decisiones distintas.

La semana pasada, por ejemplo, Daer promovió el asado de camaradería en Ezeiza con la presencia de 140 dirigentes, pero en esa postal de unidad faltó Cavalieri, quien no se opone a que siga un triunvirato en la CGT, pero cree que allí debe haber dirigentes de “gremios representativos”, en una crítica a los nombres propuestos por el ala mayoritaria: Cristian Jerónimo (empleados del vidrio), Jorge Sola (seguro) y Maia Volcovinsky (judiciales).

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A su vez, Daer tampoco funciona en bloque con los “independientes” Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (UOCRA) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias). Entre los líderes de Sanidad y de la UOCRA se abrió una sutil brecha a partir del súbito endurecimiento del primero ante el Gobierno y la mejor relación del segundo con la primera plana de la administración libertaria.

Hugo Moyano y su hijo Jerónimo

El jefe de la UOCRA, de todas formas, funciona como una suerte de canciller de la CGT: cultiva buenos vínculos con todos los sectores internos. En este momento ejerce un papel crucial para amalgamar las disímiles posturas para el diseño de la próxima central obrera, manteniendo su propuesta para que Jerónimo integre el triunvirato.

Además de Martínez, al ascendente líder de los empleados del vidrio lo apoyan Rodríguez y Hugo Moyano (Camioneros), quien, de todas formas, está más preocupado en que su hijo Jerónimo, el menor de la familia, sea secretario de la Juventud en la nueva CGT. El moyanismo virtualmente no existe como sector porque el propio titular de Camioneros dejó de tener la influencia y el predicamento entre sus pares que tenía antes.

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Gerardo Martínez y Cristian Jerónimo, con la directora del FMI, Kristalina Georgieva

Cristian Jerónimo, en cambio, es resistido por el sindicalismo kirchnerista: como es promovido por un dialoguista como el líder de la UOCRA, en el entorno de Furlán lo consideran un “candidato del círculo rojo” que tendrá buena llegada a la Casa Rosada.

El titular de la UOM, por su parte, busca aliados para ser el único titular cegetista. Está seguro del apoyo de otros dirigentes K como Palazzo y Ricardo Pignanelli (SMATA), aunque el bancario tiene un perfil independiente luego de que se disgregó la Corriente Federal de Trabajadores. Al metalúrgico también lo avalan dirigentes “pablomoyanistas” que quedaron huérfanos tras la renuncia del camionero a la CGT.

Pero los ex fieles a Pablo Moyano tampoco funcionan como un frente homogéneo. Por ejemplo, Omar Plaini (canillitas) ya no está alineado con el ultrakirchnerismo y Juan Pablo Brey (aeronavegantes) se independizó y tiene una impronta propia, sostenida por su protagonismo en la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT).

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Luis Barrionuevo, con sus aliados Carlos Acuña, Hugo Benítez, Maia Volcovinsky y Laura Sasprizza

Quienes proponen un solo secretario general de la CGT son Héctor Daer, Lingeri, Palazzo y Luis Barrionuevo (gastronómicos), que integran tribus sindicales enfrentadas, pero coinciden en que los triunviratos nunca funcionaron bien. Discrepan en los nombres: el titular de Sanidad es el promotor de la candidatura de Jorge Sola (Seguro) como único líder de la CGT. Este dirigente, a su vez, advirtió que no aceptará integrar un triunvirato.

Algunos barrionuevistas dejaron trascender que su jefe promueve a Volcovinsky si se mantiene el esquema de 3 cotitulares, pero, en el fondo, todos saben que impulsa para dirigir la CGT a Gerardo Martínez, quien no quiere saber nada con regresar a ese cargo (lo ejerció entre 1995 y 1996) y prefiere estar en un segundo plano para dejarles lugar a las nuevas generaciones sindicales.

Barrionuevo ya no pilotea la treintena de gremios de su CGT Azul y Blanca, pero en 2021 hizo valer ante “Gordos” e “independientes” a aliados como La Fraternidad y la UTA, que pueden paralizar el transporte, y así logró ubicar a Carlos Acuña (estaciones de servicio) en el triunvirato. Sus principales figuras actuales son, además, Daniel Vila (Carga y Descarga), Oscar Rojas (maestranza) y Roberto Solari (guardavidas). Allí también milita Hugo Benítez (textiles), aunque la semana pasada desobedeció el pedido de Barrionuevo de no ir al asado de la CGT.

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La conducción de la CATT, en un plenario realizado en la CGT

En este cuadro, hay aliados del sector mayoritario, como Sergio Romero (UDA), Rodolfo Daer (Alimentación), Julio Piumato (judiciales) y el propio Sola, aunque también mantienen un juego propio. De la misma manera sucede con dirigentes como Sergio Sasia (Unión Ferroviaria) y Guillermo Moser (Luz y Fuerza) que provienen de Sindicatos en Marcha para la Unidad Nacional (SEMUN), que llegó a tener unos 30 gremios, y hoy proponen una variante: un solo líder de la CGT acompañado por varios secretarios adjuntos.

En el sindicalismo del transporte, una fracción en sí misma con varias vertientes, pesa de manera decisiva Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento), un exponente del ala dura que no rompe con los dialoguistas y se encamina a ser reelegido al frente de la CATT, un cargo al que aspira Pablo Biró (pilotos), cercano al bloque K y sostén de la candidatura de Furlán en la CGT.

Mientras Brey y Omar Pérez (Camioneros) apoyan la continuidad de Schmid en la CATT, podría incorporarse a sus filas Omar Maturano (La Fraternidad), más cercano a Barrionuevo, y así dejar la jefatura de la Unión General de Asociaciones de Trabajadores del Transporte (UGATT), donde está asociado con Roberto Fernández (UTA).

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Hugo Moyano, Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez, Jorge Sola y Hugo Benítez, en la reunión de la CGT en Ezeiza

En este complejo y dinámico cuadro, las negociaciones para definir la futura CGT se tornan imprevisibles. A las autoridades de la CGT no las eligen los trabajadores sino congresales que envía cada sindicato y cuya cantidad es proporcional al número de afiliados que tiene.

Sin embargo, algunos de los gremios más numerosos, como Comercio, Camioneros, UOCRA, Sanidad, Gastronómicos y la UOM, funcionan hoy de manera más autónoma o con sugestivas fisuras en la interna cegetista, e inclusive hay un sindicato como UATRE (rurales), liderado por José Voytenco, cuyos 700 mil afiliados lo convierten en crucial para el congreso de la CGT y todavía no dio señales de cuál será su postura.

Este sindicalismo de hoy no tiene un Lorenzo Miguel del siglo XXI, el cacique metalúrgico respetado por sus pares y temido por los políticos, que durante décadas puso y sacó ministros, legisladores y, sobre todo, jefes de la CGT. Con un mapa sindical reformulado y más atomizado que nunca, sin proyecto ni programa y con menos poder que antes, la CGT es un rompecabezas de mil piezas y casi imposible de armar. Al menos armónicamente.

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El Gobierno busca aplacar las internas por la reforma laboral con la sanción de la ley en el Senado

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Luego de varias idas y vueltas, el Gobierno finalmente quitó de la reforma laboral el artículo referido a las licencias médicas, el cual había generado críticas por parte de distintos sectores de la oposición, y el proyecto quedó a un paso de ser aprobado en el Congreso, aunque continúa el ruido interno por la decisión de haber sumado en un principio ese apartado.

Cuando se inició la polémica, las autoridades nacionales primero salieron públicamente a defender la medida que se había incorporado al texto original 48 horas antes de su votación en el Senado.

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Uno de los referentes del Gabinete que lo hizo fue el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quien justificó la reducción del salario al 50% por parte de los privados en determinadas situaciónes, al argumentar que “si te lastimaste jugando al fútbol, la empresa no tuvo nada que ver” y, por lo tanto, no debe afrontar toda la carga que demanda tener un empleado menos durante su recuperación.

Sin embargo, en los pasillos de la Casa Rosada reconocían que se trató de un error por parte del oficialismo y al poco tiempo anticiparon que esa iniciativa iba a ser eliminada antes del debate en la Cámara de Diputados, lo que efectivamente sucedió.

Sturzenegger defendió el artículo sobre las licencias médicas

Incluso, en los pasillos de la Casa Rosada responsabilizaron directamente a Sturzenegger, al considerar que con esas declaraciones “se mandó una de más, como siempre”, porque esos dichos habrían provocado el malestar contra las modificaciones en las licencias médicas.

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En tanto, consultados por Infobae sobre esta interna, en el entorno del funcionario aseguraron que estaban “tranquilos” y que iban a continuar trabajando en todos los temas que están en agenda.

Además, aseguraron que la inclusión de este artículo la reforma laboral no fue un pedido de esta cartera: “No estaba en el proyecto que envió el Poder Ejecutivo. Por ende, está claro aue no es algo que se impulso desde el Gobierno o el Ministerio”, señalaron.

Lo cierto es que la medida fue sumada poco antes de que el texto recibiera media sanción del Senado, y establecía que, “en caso de sufrir un accidente o una enfermedad que no sea consecuencia de la prestación de tareas derivadas del contrato de trabajo, y que impida dicha prestación, el trabajador tendrá derecho a percibir el 50% de su remuneración”, siempre que esa condición “fuera producto de una actividad voluntaria y consciente”

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Asimismo, se remarcaba que, “si la imposibilidad de trabajar no fuera producto de una actividad voluntaria y consciente del trabajador sobre el riesgo en la salud, percibirá el 75% de tal remuneración”.

Ante la presión de los bloques aliados y de algunos gobernadores, La Libertad Avanza optó por quitar todo este apartado antes de que la medida fuera votada en Diputados, lo que obligó a que el texto volviera al Senado, que lo tratará el viernes que viene, por lo que se demoró su sanción definitiva.

Finalmente, el artículo fue retirado del proyecto (REUTERS/Agustin Marcarian)

“No pedimos nada de ese artículo. Es más, la UIA (Unión Industrial Argentina) ya manifestó que ellos tenían propuestas sobre ese tema y la decisión consensuada era la de no hacer cambios sobre el proyecto enviado. No vino de nosotros”, insisten desde el lado de Sturzenegger.

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En una entrevista en Infobae en vivo, el presidente de esa entidad, Martín Rappallini, lamentó que se haya retirado esa iniciativa y opinó que “es un tema muy complejo, porque hay muchas variables”.

Efectivamente, el empresario contó que la cuestión fue analizada durante las reuniones del Consejo de Mayo, mesa de trabajo impulsada por el Ejecutivo y en la que comparte un lugar junto al ministro.

“Nosotros habíamos planteado en algún momento que fuera el 100% no remunerativo, sin cargas, para que el Estado se hiciera cargo”, detalló.

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Por su parte, tras la interna, Sturzenegger se encuentra ahora abocado a otras tareas que tenía en agenda, como la preparación de las normas que se tienen que implementar para que pueda comenzar a regir el acuerdo comercial entre la Argentina y los Estados Unidos.

El funcionario junto al embajador norteamericano en Buenos Aires, Peter Lamelas

La administración libertaria se comprometió en ese tratado a adaptar la legislación local y también adoptar una serie de puntos para facilitar el intercambio de bienes y servicios con Washington.

De acuerdo con lo que precisaron a este medio fuentes de la cartera de Desregulación, “no todas estas medidas son leyes”, sino que en algunas ocasiones “solo implica cambios normativos de menor nivel”.

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En esos casos, las modificaciones necesarias podrían hacerse “a través de Decretos o incluso Resoluciones”, en los cuales ya está trabajando el funcionario desde la firma del acuerdo.

De todas formas, el convenio tiene todavía que ser aprobado en el Congreso, pero su debate se demoraría hasta el mes próximo. Esta semana será la última semana de las sesiones extraordinarias y los diputados y senadores tienen varios temas en agenda.

Luego de la aprobación de la reforma laboral del jueves pasado, el proyecto terminará de ser discutido en la Cámara alta el viernes próximo, junto con el nuevo régimen penal juvenil y el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea.

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POLITICA

Mientras avanza la reforma laboral y en medio del conflicto de Fate, Milei envió un mensaje a los industriales

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La reforma laboral quedó a un paso de convertirse en ley. Javier Milei logró que uno de los proyectos centrales de su agenda avance a un ritmo inusual: primero obtuvo la aprobación en el Senado; fue votado en la madrugada del viernes en Diputados con modificaciones y pocas horas despues salió el dictamen de mayoría en la Cámara Alta. Ahora se encamina a la sanción definitiva el próximo viernes.

El trámite fue vertiginoso. En sesiones extraordinarias y en apenas un mes, el oficialismo consiguió ordenar una mayoría que parecía esquiva. En la Casa Rosada lo presentan como un éxito de la capacidad negociadora de Diego Santilli y de la flexibilidad que mostró la mesa política del Gobierno, integrada por Karina Milei, Manuel Adorni y Martín Menem. La prueba más concreta, subrayan, es que los gobernadores aportaron 24 votos clave para garantizar el avance del proyecto.

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Fue, en ese contexto, una semana casi perfecta para el Presidente. A la dinámica parlamentaria se sumaron señales políticas y económicas que el oficialismo leyó como favorables. Milei recibió elogios de Donald Trump en la reunión del Consejo de Paz; el Banco Central continuó recomponiendo reservas; el dólar oficial bajó a $1410 y la inflación mayorista se ubicó en enero en 1,7%, un dato que, en el Gobierno, consideran que quita presión sobre la evolución de los precios minoristas.

El único hecho que empañó ese escenario fue el cierre de Fate, una decisión empresaria que tuvo fuerte impacto mediático justo cuando se discute la reforma laboral. La coincidencia temporal generó malestar en la Casa Rosada.

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Milei intuye que la determinación de Javier Madanes Quintanilla no solo fue inoportuna, sino que también buscó producir un daño político al Gobierno. La reacción presidencial fue directa: lo acusó de ser “prebendario” y de “cazar en el zoológico”, en una crítica pública que marcó distancia con el empresario.

A partir de ese episodio, en Balcarce 50 resolvieron convocar a una conciliación obligatoria entre la empresa y el gremio para que la fábrica reabra sus puertas y los trabajadores continúen cobrando sus salarios. La decisión fue instrumentada por el secretario de Trabajo, Julio Cordero, quien llevó adelante la medida administrativa.

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La Justicia ordenó desalojar a los trabajadores de FATE tras la conciliación obligatoria que dictó el Gobierno. (Foto: Captura TN)

La intervención oficial abrió interrogantes. Muchos se preguntaron si no resultaba paradójico que un gobierno libertario cuestionara a un empresario y, en los hechos, coincidiera con la postura del gremio, conducido por el trotskismo. En el oficialismo admiten que el paso del tiempo ayuda a enfriar los ánimos que se caldearon en las primeras horas del conflicto.

En ese marco, circula una versión que el propio Gobierno reconoce no poder confirmar: que los sindicalistas del SUTNA y la empresa mantienen más diálogo del que se conoce públicamente. Según esa hipótesis, la estrategia empresaria sería dejar transcurrir 15 días, tal vez un mes, descomprimir la tensión generada en estos días y luego presentar una oferta indemnizatoria superadora.

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Más allá de la disputa puntual, el episodio dejó una definición política. Milei explicó que ser liberal no implica ser “pro empresa”, sino respaldar el libre mercado. La frase buscó despejar interpretaciones y fijar un criterio: el Gobierno no está dispuesto a cerrar la economía ni a proteger a compañías que no se adapten al nuevo escenario.

La conclusión que transmiten en la Casa Rosada es que las empresas deberán adecuarse para sobrevivir y ganar competitividad.

Javier Milei, reforma laboral, Fate, Dólar, La Libertad Avanza

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Celebración violeta en el Congreso: negociación ley por ley y doble crisis peronista

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En el final de una semana política densa, el oficialismo celebró de madrugada en Diputados y desayunó el viernes con otro avance en el Senado. La reforma laboral terminó con aprobación cómoda en la Cámara baja -podado ya el inviable artículo de las licencias por enfermedad- y apenas unas horas después pasó por comisiones en la otra ala del Congreso, para quedar en los umbrales de la sanción. El Gobierno quedó así a un paso de coronar su mayor objetivo de las sesiones extraordinarias. ¿Cómo? Asoman dos trazos gruesos en ese cuadro: la asimilación del mecanismo de negociación en continuado -que demanda concesiones- y la doble crisis que arrastra el peronismo, expuesta en el núcleo K y en el juego propio de varios gobernadores.

Desde el inicio, todavía en diciembre, había quedado a la vista que la negociación con socios legislativos y gobernadores iba a ser el único camino posible para convertir en ley el proyecto laboral. El tema pasó entonces para febrero, segunda tanda de las extraordinarias, y tal como fue conversado con aliados -también, por vías más reservadas, con algunos jefes sindicales-, hubo modificaciones y tachaduras sobre el texto original. Fueron varias decenas. El último paso -la poda del artículo 44- obligó a un renovado ejercicio negociador. Le dio frutos a Olivos.

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El oficialismo expuso pragmatismo, realismo libertario. Pero no ocurrió en un día y, está claro, el interrogante es si termina armando un sistema de alianzas sólido, no necesariamente con traducción electoral. Al menos por ahora, se trata de un ejercicio ley por ley, costoso, que en el caso de los jefes provinciales tiene como eje cuestiones de plata. El marco es conocido. La recaudación viene a la baja desde hace seis meses, el impacto en la coparticipación no es menor y, según fuentes cercanas a gobernadores, la mayoría de los distritos no tiene margen para nuevos ajustes.

Las votaciones de este mes entusiasman a los operadores violetas. Más de 40 votos en el Senado, como ocurrió antes del capítulo de Diputados, reponen en ese imaginario los cálculos para nombrar jueces y hasta para ampliar la Corte Suprema. Se verá. El foco inmediato vuelve a estar puesto en la Cámara alta. Por lo pronto, si no aparece nada extraño en el camino, a fines de la semana que viene sería ley la reforma laboral y también el Régimen Penal Juvenil, como renglones más destacados.

La fragmentación política y, más precisamente, la crisis profunda de los partidos nacionales -y luego, las coaliciones- desdibujó por completo lo que fue JxC y deteriora de manera creciente al peronismo. Impacta a favor del oficialismo, aunque con costos. Se multiplican los interlocutores, a veces con poco. Es un tablero en el que las fichas se cuentan de a una. Dicho de otra forma: cada gobernador pone en la mesa el número de legisladores que le responden y cada espacio aliado o socio hace valer lo suyo en el recinto.

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Lo registra Martín Menem desde hace rato y lo anota últimamente Patricia Bullrich. Juega centralmente Diego Santilli con las provincias, operan Karina Milei y, con agenda propia, Santiago Caputo. No quiere decir que las internas estén superadas -algunas, han recrudecido, como ocurre con las ambiciones porteñas-, pero el peso del poder ordena en el Congreso. También, la realidad y la asimilación de cada prueba.

Bancada oficialista del Senado. Ahora se viene el segundo capítulo de la ley laboral

El giro más notorio del oficialismo se produjo en diciembre con el Presupuesto 2026. La caída inesperada de un capítulo gravitante -que incluía la derogación de las leyes de financiamiento universitario y de emergencia en el área de discapacidad- provocó de entrada una mezcla de ira y cerrazón para reponer el tema, pero rápidamente hubo señales de aceptación de lo ocurrido en Diputados. Con buen número de votos, el proyecto fue sancionado sin esos puntos. Los gobernadores negociaron según sus necesidades -ATN, deudas, fondos para cajas de jubilaciones, en algunos casos- y, para terminar de distender, la reforma laboral pasó para la segunda entrega de extraordinarias.

Los jefes provinciales de buen entendimiento con Olivos volvieron a mostrar sus cartas ahora, con la ley laboral. Terminaron por empujar y sellar un acuerdo con el Gobierno -de mutua conveniencia, en el delicado contexto de recaudación- para dejar de lado el artículo que establecía una baja de ganancias para empresas. Y fueron decisivos para liquidar el artículo de las licencias por problemas de salud. En la misma línea, condicionaron su apoyo los socios del espacio PRO/UCR. Quedó desechada así la idea oficialista de buscar alguna diagonal que evitara la vuelta al Senado. La baja del artículo 44 fue suficiente para no pasar sobresaltos en Diputados. Y terminó de allanar el camino para la sanción de la ley.

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Para completar el cuadro, la oposición dura registra crujidos en aumento. El último contraste fue exhibido por los gobernadores. Se afirmó el esquema de jefes provinciales del PJ o aliados, inorgánico pero coordinado, como espacio negociador. Ahí se anotan Salta, Tucumán, Catamarca y, cercanos, Misiones tradicionalmente y Santa Cruz, de manera más reciente. En espejo, el peronismo/K promovió un documento de rechazo a la reforma que destacó la posición de Buenos Aires, Formosa, Catamarca y La Pampa, más un par de aliados. Igual, algunos de ellos tienen puentes con el Gobierno.

Esa declaración, con todo, expuso de hecho que el sello del PJ nacional gravita cada vez menos. Y también, que el quiebre es de una franja del peronismo del interior con el círculo que aún expone la marca de CFK. No es todo. En el Senado, es cada vez más notoria la tensión en el espacio de UxP por desgaste de conducción. Y esto último está asociado al otro factor doméstico, es decir, el trance del núcleo kirchnerista, expresado en la pulseada entre Axel Kicillof y la ex presidente. Doble crisis.

Los operadores del Gobierno festejan en estas horas los éxitos legislativos. No borran sus propias tensiones: de arrastre aunque más contenidas en la superficie, entre Karina Milei y Santiago Caputo; repetidas y sin retorno como en el caso de Victoria Villarruel; algo más novedosas como los recelos con Bullrich, y de manera más visible en este tramo con Federico Sturzenegger. De todos modos, por debajo de la celebración, el foco se corre hacia los nuevos proyectos para tratar de sostener la iniciativa a partir del 1° de marzo. También, hacia la Justicia, ante la posible judicialización de algunos puntos de la reforma laboral. Y no sólo se trataría de los jefes sindicales. Se verá si el impacto político de la sanción de la ley modera reacciones en ese frente, que no se reduce a Comodoro Py.

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