POLITICA
La imparable caída de Mickey Rourke: malas decisiones, violencia doméstica y cómo se quedó sin vivienda

Mickey Rourke fue desalojado por una deuda de poco más de 60.000 dólares. Está quebrado, desocupado y, literalmente, en la calle. Mickey Rourke, el actor de grandes éxitos de los ochenta, el de Nueve Semanas y Media, el que protagonizaba con De Niro, el chico malo que alguna vez fue llamado el nuevo Brando, el sex symbol de una generación.
El que luego de varias malas decisiones desapareció y que tuvo en 2008 un rutilante comeback con El Luchador –nominación al Oscar incluida– que pareció que le iba a devolver su status de estrella. Pero eso no sucedió. Sus últimas apariciones públicas se debieron a problemas, sus opiniones contundentes, las conductas erráticas o por comentarios sobre su cara transformada en una máscara algo tenebrosa, casi sin facciones que lo hagan reconocible. Si a alguien le muestran una foto de Rourke en la actualidad, sin brindarle ninguna referencia externa, difícilmente logre identificarlo.
Actuó en grandes éxitos y en fracasos estrepitosos. Compartió pantalla con íconos de Hollywood y mujeres despampanantes y también con actores amateurs que no pueden decir una línea sin tropezarse. Su trayectoria está repleta de sucesos, de malas decisiones, de violencia, de declaraciones estentóreas, de intentos por convertirse en un boxeador tardío, de resurrecciones inesperadas, de divorcios dolorosos, de burlas por las redes y memes y de una gloria que se marchitó demasiado pronto.
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Cuando se repasa su trayectoria muchos hablan de una carrera perdida, malgastada, de películas espantosas y olvidables (olvidadas de hecho). Pero la gran mayoría de los actores envidiarían el catálogo de películas que interpretó. Sólo algunas: Diner, Cuerpos Ardientes, Homeboy, Barfly, Corazón Satánico, Manhattan Sur, La Ley de la Calle, El Luchador, Sin City y, por supuesto, Nueve Semanas y Media.
Si bien protagonizó varias películas que resultan inolvidables para el público, también actuó en muchas otras que ni siquiera él recuerda. Eso suele pasar cuando las carreras se derrumban, cuando se cae desde demasiado alto y, claro, cuando se lleva una vida desordenada, complicada. Acaso su aquello que lo llevó al éxito haya sido lo mismo que lo condenó al derrumbe. La ambición desbocada, la impertinencia de bordear abismos, la pulsión por la frontera.
Para su desgracia en los últimos años cada vez que fue noticia no se debió a un estreno o aun proyecto. El año pasado ingresó a la edición de celebridades del Gran Hermano británico. En esos realitys suelen ingresar famosos como músicos que tuvieron algún one hit wonder, ex parejas o hijos de celebridades, actores medio pelo y personajes mediáticos: nadie con demasiado talento demostrado con anterioridad o con un status de estrella previo (quizá la excepción sea la incursión actual de Andrea del Boca: súper estrella del espectáculo argentino a través de varias décadas). Desde el principio se lo vio incómodo. Terminó arreglando su salida con la producción para evitar el escándalo de ser expulsado por comentarios abiertamente homofóbicos.
Fue uno de los protagonistas de esta semana en las noticias del espectáculo debido a su desalojo. Acumulaba meses de deuda del alquiler de la vivienda que ocupaba. El alquiler en los últimos meses había aumentado de 5.000 dólares mensuales a 7.000. El propietario lo intimó al pago o dejar el lugar. Mickey no respondió; tampoco se defendió en tribunales cuando avanzó la presentación ante la justicia. El juez ordenó el desalojo. “Todo estuvo bien durante cinco o seis años. Después dos inescrupulosos neoyorkinos compraron la casa. Y no quisieron dialogar más. Decidí no pagar más el alquiler porque había ratas, el suelo estaba podrido, en un baño no hay agua y muchos problemas más” justificó Rourke su incumplimiento.
Cuando recibió la orden judicial de pagar ya debía casi 60 mil dólares en alquileres atrasados; a eso hay que sumarle varios miles de dólares más por los gastos del juicio. Alguien decidió hacer una colecta pública a través de la plataforma GoFundMe para ayudar al actor. En pocos días se superó la cifra que Rourke necesitaba para conservar la casa en la que había vivido los últimos años. Sin embargo él salió a repudiar la colecta a través de un video que subió a sus redes sociales: “Estoy realmente frustrado y confundido. Alguien creó algún tipo de fondo para que la gente done dinero como si fuera caridad. Yo no soy ese. Si necesitara dinero, preferiría no pedir ninguna maldita caridad. Preferiría meterme un arma en el culo y apretar el gatillo”.
La que había lanzado la campaña había sido Kimberly Hines, manager de Rourke. Dijo que sólo había querido ayudarlo y de paso demostrarle que el público lo seguía queriendo. Rourke no quiso saber nada y el dinero -casi 100.000 dólares- fue devuelto a cada aportante.
Mickey se mudó. Lo vieron subiendo sus pertenencias a un pequeño camión de mudanzas. Su paradero actual no está claro. Algunos dicen que vive en un hotel, otros que vive en una habitación en la casa de un amigo.
Nació el 16 de septiembre de 1952 en un pueblito del estado de Nueva York. A los 6 años su padre los abandonó. Su madre, en busca de trabajo, se llevó a sus tres hijos a Miami. La mujer se volvió a casar y tuvo otro hijo. Su nuevo marido, el padrastro de Mickey, tenía otros cinco hijos. La casa se volvió multitudinaria y caótica con los nueve chicos peleándose y aprovechando las libertades que las ocupaciones y el cansancio de los padres les permitían.
Mickey aprobó apenas la secundaria y luego intentó una carrera en el boxeo. Según él ostentó un profuso récord amateur y hasta una participación en los Golden Gloves, el torneo amateur de pugilismo más importante de Estados Unidos. En los años posteriores ninguno de los periodistas que bucearon en su pasado pudo encontrar datos fehacientes de su participación o de alguna trayectoria destacada en el boxeo amateur.
Lo cierto es que en 1980 decidió mudarse a Los Ángeles y dedicarse a la actuación. Al principio no le resultó fácil. Fue rechazado en sus primeros 87 castings. Pero persistió. Después, en apenas cinco años, llegaría la gran explosión. De participaciones pequeñas en proyectos prestigiosos con directores aclamados (Coppola, Kasdan, Levinson) al estrellato.
Tardó en arrancar pero una vez en movimiento pareció que nada lo iba a parar.
Un pequeño papel en Diner, otro en Cuerpos Ardientes. Tras La Ley de la Calle tanto críticos como productores supieron que ese chico algo salvaje tenía mucho para dar. The Pope of Greenwich Village ayudó a cimentar su prestigio. Después vinieron sus grandes éxitos: Manhattan Sur, Nueve Semanas y Media, Corazón Satánico, el Bukowski de Barfly.

Bob Dylan lo alabó, como no suele hacerlo, cuando vio Homeboy en 1988. Fue un proyecto que pergeñó y escribió Rourke y en el que se dio el gusto de ponerse en la piel de un boxeador: “Te puede romper el corazón solo con una mirada. La película llega a alturas estratosféricas cada vez que Rourke aparece en pantalla”, dijo el músico y Premio Nobel de Literatura.
Después sus decisiones de carrera fueron desconcertantes. Maravillado con los beneficios en mujeres, diversión, fama sustancias y dólares que le había proporcionado su rol en Nueve Semanas y Media priorizó varias películas de tintes eróticos. Tal vez Orquídea Salvaje sea la más conocida.
Podría formarse una excelente cinemateca de la década del ochenta y de principios de los ochenta sólo con los proyectos en los que Mickey era considerado prioridad y rechazó: 48 Hrs, Un detective suelto en Hollywood (antes Stallone había dicho que no), El Silencio de los Inocentes, Pelotón, Pulp Fiction, Rain Man y Tombstone, entre muchas otras. Desechó varias de esas para hacer, por ejemplo, Harley Davidson y Marlboro Man con Don Johnson, en una de las peores decisiones de carrera de la historia de Hollywood. La caída ya había empezado. En 1991 le nominaron al Razzie (la antítesis de los Oscars) al peor actor no por una, sino por dos de sus actuaciones de ese año: Orquídea Salvaje y la remake de Horas Desesperadas. “No estuvo mal. Si hubiera votado probablemente yo también hubiera puesto mi nombre”. Después fue mucho peor: tan poco en serio lo tomaban, tan poco en cuenta lo tenían que ni siquiera para esos galardones se acordaron de él.
Su conducta se volvió impredecible. Las actitudes despóticas le dieron una pésima reputación en el mundo del cine. Alan Parker, después de dirigirlo en Corazón Satánico dijo que la experiencia había sido una pesadilla, que era alguien peligroso y que nunca la había pasado peor en un set.
Productores, empresas de seguros y financistas escaparon durante años de proyectos que lo tenían como posible protagonista. Apenas un director proponía su nombre, los productores amenazaban con no seguir considerando la posibilidad de aportar a la película. Rourke se convirtió en material radioactivo.
Sólo para tomar dimensión de su falta de límites hay que recordar algunas declaraciones en entrevistas. Dijo que Nicole Kidman carece de todo encanto, que es un “puto cubito de hielo”; que el director Michael Cimino que lo dirigió en Manhattan Sur está completamente desquiciado y tildar de estafadores y mentirosos a los productores más poderosos de Hollywood.
Uno de sus enfrentamientos más célebres fue con Robert De Niro. Rourke lo acusó de haberle impedido actuar en El Irlandés. Contó que se había reunido con Scorsese quien le habría ofrecido un papel pero que luego De Niro vetó su participación por los malos recuerdos que acarreaba de la vez que tres décadas antes compartieron elenco en Corazón Satánico. El agente de prensa de De Niro dio por terminada la polémica con un elegante comunicado en el que afirmaba que ni el director ni el departamento de casting de El Irlandés jamás habían contactado a Rourke ni habían tenido intenciones de sumarlo a ese proyecto.
Cuando le preguntaron por el éxito de la nueva edición de Top Gun y de Tom Cruise. Mickey dijo que eso no tenía ningún valor, que era una mierda. “Tom Cruise hace 35 años que viene haciendo el mismo papel”, afirmó. La pregunta por Cruise parecía pertinente porque al primer actor al que, a mediados de los 80, le ofrecieron el papel del aviador fue a Mickey Rourke.
La mala fama y varios fracasos le sacaron oportunidades. A principios de los noventa dijo que se retiraba para dedicarse al boxeo y saldar esa deuda consigo mismo. Siguió vanagloriándose de su improbable récord. Pero nadie se tomó en serio su carrera pugilística. Una muestra: los diarios publicaban los comentarios de los combates en la parte de espectáculos y no en la sección deportiva. Parecían parodias de peleas. Cuando vino a la Argentina en una estadía bizarra que incluyó visita al programa de Susana Giménez, visita a Monzón en la cárcel, terminó peleando con Henry de Ridder, un integrante de la troupe de Tinelli en Ritmo de la Noche: no sabemos si esa pelea la incorporó a su récord.

Algún periodista llegó a titular: “La pelea de Mickey Rourke fue un fraude”. Aunque habría que hacer una aclaración: todo lo fraudulento que puede ser el boxeo. Porque su cara recibió muchos golpes y sufrió las consecuencias. Esos párpados machacados, el tabique fracturado y los labios hechos jirones le dieron la excusa perfecta para convertirse en una especie de junkie del quirófano, un adicto a las cirugías estéticas. Su cara se convirtió en una máscara sin facciones. En una máscara de alguien que no se parece en nada al Mickey rourke del pasado, que ni siquiera es su caricatura.
Se casó tres veces. Su primera esposa fue Debra Feuer, con quien actuó en Homeboy. El matrimonio duró ocho años. Se separaron en 1989. Su segunda esposa fue Carré Otis, una joven y hermosa modelo con la que actuó en Orquídea Salvaje. Fue un romance tórrido. Se llegó a decir que tuvieron sexo de verdad en escena delante de todo el equipo de filmación. Poco después de la boda ella lo denunció por violencia, aunque luego retiró los cargos. El matrimonio tras muchas idas y vueltas (muchas de ellas públicas) se disolvió en 1998. Unos años atrás, Carre Otis publicó sus memorias Beauty, Disrupted. En el libro cuenta de la violencia a la que Mickey la sometió. Cuenta que una vez Mickey puso un arma cargada en un bolso y al lanzarlo contra el piso en medio de una pelea conyugal se disparó y la bala atravesó el hombro de la actriz. También narra otros episodios de violencia. Por último cuenta la extraña manera en que le propuso matrimonio. Luego de una discusión, Mickey había viajado a Japón a cumplir con un contrato publicitario. A su regreso, sacó una espada y le pidió que se casara con él, que si no lo hacía era capaz de matarse (se supone que con una especie de harakiri), que no podía vivir sin ella. “De haber sido menos joven y más sensata habría dicho que no”, concluye Carre Otis en su libro.
En 2005 volvió a los primeros planos de la mano de Robert Rodríguez en Sin City. Pero la gran explosión, la que parecía su consagración y regreso definitivo se dio en 2008. Esa fue la última vez que hizo su magia a gran escala con El Luchador de Darren Aronofsky. El protagonista era alguien que con facilidad el espectador podía asociar a Rourke, con una trayectoria de vida similar. Alguien que ya había pasado lo mejor de su vida, uno que había sido derrotado. Pero que se resistía a abandonar.
Sin embargo, no es Rourke actuando de Rourke. Porque ni siquiera tiene la misma cara. No sucede como otras glorias que ya pasados los sesenta sabemos qué nos van a mostrar. Y ese efecto, aunque reconfortante en su sensación de familiaridad, carece de riesgo y sorpresa. De Darín a De Niro, de Pacino a Tom Hanks. Rourke ya fuera de esas grandes ligas, a pesar de su edad y de su metamorfosis (o gracias a ella) todavía nos puede sorprender.
Después Stallone lo convocó para una de las entregas de Los Indestructibles y fue el villano de Iron Man II. En la última década participó de decenas de proyectos menores, sin gran trascendencia. Alfinal, el escalón más bajo: la hora de los realitys. Primero en la versión norteamericana de ¿Quién es la Máscara? Mickey cantó Stand By Me dentro de un disfraz de Gremlin. Pero la incógnita por quién estaba debajo del traje duró poco. Se sacó la máscara en medio del programa porque tenía demasiado calor y abandonó el set. después, su paso fugaz y polémico por Gran Hermano.
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Volvamos a la colecta pública para evitar el desalojo. Después de pedir a los fans que no donaran más, miró a cámara dijo: “Es humillante”. Y, en ese momento, recordamos la frase que sobre él había dicho Bob Dylan cuatro décadas antes: “Mickey Rourke con una mirada te puede romper el corazón”.
Mickey Rourke, Hollywood, Robert De Niro, Desalojo
POLITICA
El discurso del oficialismo, dañado por cuenta propia y con prueba económica en continuado

Las redes sociales -y en especial X- terminaron de convencer al Gobierno de la necesidad de enfrentar públicamente aquello que había intentado bajar a la categoría de “no tema”: la inclusión de la esposa de Manuel Adorni en el vuelo oficial a Nueva York. El hecho en sí mismo fue potenciado además por la frase que el jefe de Gabinete eligió y luego consideró desafortunada para calificar su papel en este viaje: “La palabra no debió ser deslomarse”, dijo. En las filas violetas reinó el malestar por la repercusión creciente. Pero el enojo apuntó a los medios, un ejercicio repetido como reflejo básico, aunque en rigor impactaba el efecto negativo en el terreno que consideraban propio.
El hecho, como cuestión de fondo y por el oleaje, terminó de correr el foco de la Argentina Week que, de arranque, Javier Milei había girado hacia el frente local con una nueva carga sobre el empresariado industrial. Finalmente, el remate de la movida neoyorquina quedó a cargo de Luis Caputo. Con todo, el ministro debió lidiar con el último IPC y, en ese terreno, orillar la contradicción entre dar por superado el “pasado” político -como atracción para inversionistas – y atribuir la persistencia inflacionaria a un “ataque” también político que remitió a la etapa electoral, seis meses atrás.
El impacto del episodio Adorni en el círculo de Olivos puede ser medido por las reacciones. Primero fue un intento de minimizarlo -aquello del “no tema”- después y en la misma línea sobrevino en las redes la reducción forzada a una cuestión de costo -retomada por el Presidente- y por último, una alineada salida de funcionarios en respaldo del jefe de Gabinete. Eso mismo expuso la magnitud del problema para el Gobierno, al menos en el análisis de posibles consecuencias y control de daños.
El “apoyo incondicional” a Adorni mostró en primera línea al Presidente y a Karina Milei, un dato en sí mismo por su espacio de poder ampliado y porque no abunda en mensajes públicos. Después siguieron los ministros. Pero la cuestión no fue agotada por la respuesta orgánica de los integrantes del Gobierno. Eso pareció además un nuevo gesto en clima de interna, alterada por otro capítulo con los mismos protagonistas.
Hacia afuera, la actividad en las redes apuntó básicamente a calificar el hecho del viaje como un dato menor. La línea argumental fue casi única: insistir con que no hubo costo adicional por la inclusión de la esposa del funcionario como pasajera. Milei incluso hizo una referencia al concepto de “costo marginal”. En rigor, algo inaplicable para el caso. Y sobre todo, porque el problema grave no sería el costo -por lo demás, con más o menos pasajeros, se utilizan recursos estatales- sino el hecho de traspasar límites entre las tareas que impone el cargo y el aprovechamiento personal.
Las críticas más ácidas apuntaron a asimilar el hecho con la condición de “casta”. Los cuestionamientos resultaron patéticos cuando surgieron de filas kirchneristas y eso mismo fue explotado en las réplicas de tuiteros violetas. Está claro que el ruido no invalida el señalamiento de fondo.
La inquietud en filas oficialistas no es provocada sólo por el costo que podría tener en lo inmediato, sino también por la especulación sobre sus estribaciones de más largo plazo. Adorni expresa sin vueltas el juego de Karina Milei y figura en las hipótesis para el 2027 como posible candidato porteño. Ese lugar como “karinista” alimentó sospechas sobre la utilización doméstica del episodio. Y más aún, cuando creció el tema del viaje privado del funcionario y su familia a Punta del Este. La circulación de un video sobre la partida en el aeropuerto de San Fernando le agregó un ingrediente mayor y reavivó la tensión con Santiago Caputo.

En conjunto, un daño con motor propio y fuera de cálculo. En una semana imaginada con dominio de la Argentina Week y la actividad de Milei lejos de Buenos Aires -estuvo en el recambio presidencial de Chile y este sábado será orador en Madrid-, la agenda también anotaba la difusión del IPC de febrero. El dato de la inflación estuvo algo por encima de algunas estimaciones y resultó igual al de enero: 2,9%. Una cifra preocupante en sí misma, también por los desagregados y la lectura más amplia.
El registro del Indec indica que ya son nueve los meses sin retroceso del promedio de inflación. Con un agregado: desde septiembre se mantiene por encima de los 2 puntos porcentuales. En las cifras por rubro, se destacan dos por encima de la marca general: viviendas y servicios (tarifas) con 6,8% y alimentos y bebidas con 3,3%. Las estadísticas, por supuesto, tienen traducción social, y política. En la mayoría de las encuestas, el capítulo de preocupaciones sociales expone a la cabeza temas relacionados con la situación económica: especialmente, inflación y empleo.
El ministro Caputo habló a la vuelta de Estados Unidos sobre el resultado de los días dedicados a la búsqueda de inversiones. Y eso naturalmente se mezcló en una entrevista con el dato oficial de la inflación de febrero. Así, se cruzaron en el discurso su énfasis en describir un escenario optimista para atraer inversiones y la descarga de responsabilidades fuera de la gestión para explicar la tendencia inflacionaria.
El jefe de Economía destacó la actividad en Nueva York y calificó como “fenomenal” el clima de inversiones para el país. En esa línea, por supuesto, no cabrían referencias negativas sobre riesgos políticos. “El pasado quedó atrás”, dijo, en obvia referencia al kirchnerismo. En cambio, según su exposición, los índices preocupantes de inflación serían consecuencia de factores políticos de arrastre.
Lo expuso de este modo: se trataría de estribaciones del “ataque político” del año pasado, más precisamente de la etapa electoral. En otras palabras, apuntó al clima de derrota de LLA en las elecciones bonaerenses de principios de septiembre. Pasaron desde entonces seis meses. Y en ese lapso, se sucedieron el éxito violeta de octubre y la sanción de los principales proyectos impulsados por el Gobierno en sesiones extraordinarias, como resultado de acuerdos políticos.
El discurso es parte del juego, no necesariamente reflejo de la realidad.
Manuel Adorni,Nueva York,inversor inmobiliario,Argentina,negocios,reunión,economía,política,internacional
POLITICA
BOMBAZO – Guerra abierta: Feinmann y Rossi contraatacan tras la denuncia de Victoria Villarruel

Los periodistas Eduardo Feinmann y Pablo Rossi se burlaron de la presentación judicial de la vicepresidenta, que pide hasta 8 años de prisión. «Es una cucarda que nos envíe a la cárcel», lanzaron en un pase cargado de ironía.
Buenos Aires, 14 de marzo de 2026 – Lo que comenzó como un análisis político en la pantalla de LN+ derivó en un conflicto judicial sin precedentes entre la Casa Rosada —vía el Senado— y el periodismo. Victoria Villarruel denunció formalmente a Eduardo Feinmann y Pablo Rossi, acusándolos de afectar su honor y de participar en supuestas maniobras desestabilizadoras.
La respuesta de los conductores no se hizo esperar. En su habitual «pase» televisivo, transformaron la gravedad de una denuncia penal en un ácido sketch donde se autodenominaron «los reos».
El origen del conflicto: «Victoria Pírrica» y el análisis político
La denuncia de la vicepresidenta apunta a expresiones de Rossi y Feinmann sobre la sesión preparatoria del Senado. Según el escrito judicial, los periodistas habrían sugerido que Villarruel pactó con la UCR para quedarse con cargos, calificando el movimiento como un «golpe político» contra Javier y Karina Milei [03:57].
Uno de los puntos más insólitos de la denuncia es la mención al término «Victoria Pírrica», utilizado por Rossi. «El abogado que la asiste parece que faltó a algunas materias; una victoria pírrica es aquella que termina pareciéndose a una derrota. No tiene nada que ver con su nombre», disparó Rossi con ironía [05:41].
La justicia federal le da la espalda a la Vicepresidenta
A pesar del impacto mediático, la denuncia parece tener las piernas cortas en los tribunales. Según informaron los propios periodistas, el fiscal Carlos Rívolo ya dictaminó la inexistencia de delito en cuanto a la acusación por «atentado contra el orden público» [10:21].
- Libertad de expresión: El dictamen fiscal subraya que los hechos analizados son de «interés público» y que el derecho penal debe aplicarse de forma restrictiva ante la libertad de prensa [14:04].
- Acción privada: La fiscalía desestimó el impulso penal, sugiriendo que, si la vicepresidenta se siente injuriada, debería iniciar una querella civil por daños y perjuicios, algo que Feinmann aceptó como un desafío: «Vamos a la justicia civil, a ver quién pone plata del bolsillo» [12:45].
«Campanita» y los 26 «Ravioles»: La contraofensiva de Feinmann
Lejos de retroceder, Feinmann redobló la apuesta revelando lo que llamó la «estructura ministerial» de recursos humanos que Villarruel habría montado en el Senado. El periodista leyó una resolución con 26 cargos jerárquicos (o «ravioles») creados bajo su gestión [23:33].
»Ustedes venían a destruir la casta y montaron un ministerio para 72 senadores», fustigó Feinmann, quien también cuestionó por qué la vicepresidenta no deroga la resolución que engancha los sueldos de los senadores a las paritarias, lo que permitió que sus dietas treparan a cifras millonarias [19:10].
¿Candidatura en peligro?
El cierre del programa dejó una advertencia política. Para Feinmann, esta actitud de Villarruel contra la prensa es «peligrosísima» de cara a sus ambiciones presidenciales. «Si con este mínimo poder ataca así la libertad de prensa, no me quiero imaginar lo que sería siendo Presidenta», concluyó [16:39].
POLITICA
Javier Milei y sus medidas, EN VIVO: tras reunirse con el líder de Vox en España, el Presidente habla hoy en el Madrid Economic Forum

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