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POLITICA

Guillermo Moreno Hueyo: una lección de vida ejemplar

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La definición que mejor encuadra en la personalidad del político de convicciones republicanas que falleció esta madrugada en la ciudad cabe en una sola palabra: “Señor”.

Lo fue, sin duda, Guillermo Moreno Hueyo. Encarnaba al porteño de indudable clase que podía evocar con el encanto de una voz profunda las tradiciones políticas que habían impregnado a la familia desde el nacimiento de la Unión Cívica Radical, en 1891. Esas tradiciones se afirmarían con la designación del abuelo paterno, don Julio Moreno Ruiz, como jefe de la Policía Federal y ministro de Guerra del primer gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-1922). Una familia de firmes tradiciones católicas, patentizadas en la figura del tío Belisario Moreno Hueyo, portando el palio en procesiones en la arquidiócesis de Buenos Aires.

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Sabía aguardar por horas sin despeinarse en unos altos de la calle Montevideo, casi Guido, donde funcionaba el comité partidario de la Circunscripción 20ª, la más pituca de Buenos Aires, a que llegaran vehículos con vecinos de chabolas de la Villa 31. Sin sobreactuar en calidez los orientaba, boletas en mano, a los lugares de votación en el sueño de renovar las victorias radicales en la ciudad. Sabía competir con los amigos sobre quién entre ellos memorizaba con mayor fidelidad la letra de tangos consagrados o perdidos en el olvido; o aguardarlos en la esquina de La Biela, domingo tras domingo en años mozos, para marchar aunados hacia donde se batieran ilusiones auriazules.

Lo hacía todo con la pasión que moderaban el sentido innato de la elegancia, y la autoridad natural, con las que podía presidir una larga mesa de amigos en el club en el que se sentía como en su casa de la calle Libertad, el Jockey. En esa mesa se ventilaban tanto asuntos serios del país como la historia menuda de argentinos de fuste y la de otros que habían pugnado por serlo: la narración debía ajustarse, oh, sí, a la regla gastronómica de usar en proporción civilizada los condimentos del caso. Con espíritu gregario había sumado gente, y más gente, durante casi un cuarto de siglo, al ágape mensual que había organizado inicialmente con Miguel Ángel Martínez -otra de las tantas bajas sentidas en los años transcurridos desde entonces- a fin de que fuera menos patética la soledad de Fernando de la Rúa después de su caída, en diciembre de 2001.

Consiguió rodear al expresidente de viejos y nuevos afectos. Este los necesitaba tras el hecho resonante que tuvo tanto de renuncia resignada por sus incomprensibles indecisiones como de una deposición amañada por intrigas de adversarios de otras fuerzas, en concurso con actos y omisiones que disimularon correligionarios de alta influencia partidaria.

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Estaba desprovisto de pensamientos ocultos. Carecía de tal modo de experiencia en el arte de la intriga a la que los políticos se entregan con mayor asiduidad, pero con menor refinamiento, que tantos académicos y cardenales. Marcelo Sánchez Sorondo, un nacionalista con quien Moreno Hueyo había trabado la relación social que estimulan las virtudes del conversador agudo, decía que en cierto tipo de urdimbres algunos hombres constituyen por sí solos una masonería.

Guillermo Moreno Hueyo, cuando era funcionario porteño

Fue un fenómeno de época débilmente estudiado cómo el antiguo alvearismo había encontrado desde los años sesenta un liderazgo partidario confiable en Ricardo Balbín. La cepa de quien había sido uno de los fundadores del Movimiento de Intransigencia y Renovación por oposición al radicalismo “galerita” no fue óbice para que esta corriente terminara acompañando a Balbín sin renunciar a la memoria del presidente cuya administración, entre 1922 y 1928, fue la de mayores calidades en el siglo XX.

Por estilo y convicciones doctrinarias Moreno Hueyo era un alvearista tan subyugado por el ascetismo de Hipólito Yrigoyen como lo pudo haber estado Alvear. Habiéndose plegado después al balbinismo, siguiendo lo hecho por su propio padre, se rindió más tarde a la seducción cautivante de Raúl Alfonsín. Difícil de comprender esto para quien no consiga distinguir entre la madera en que se ha tallado la templanza de un político y las ideas que este experimenta, en toda suerte de vaivenes, en las lides públicas. Precisamente porque lo distanciaban diferencias con Alfonsín en el terreno programático, Moreno Hueyo estuvo en 1983 del lado de la candidatura de Fernando de la Rúa y no de la de quien llegó ese año a la Casa Rosada.

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Sobre la conjunción armónica de tales matices el intendente Julio César Saguier no tuvo inconvenientes en designar a Moreno Hueyo en 1984 presidente del Banco Ciudad. Desde entonces se ha señalado su transparencia como contracara idiosincrática de los hombres que han medrado en las penumbras eternas de la vieja “casta” o en las más flamantes, estridentes y camorreras de la “criptocasta”.

La vida de Guillermo Moreno Hueyo se apagó ayer después de sufrimientos homéricos devenidos de la diabetes. Si se quiere trazar fielmente su retrato de bromista irreductible habrá de imaginarse que alguna vez barruntó, mientras tomaba el whisky de la siete, que había tropezado con la paradoja del azúcar que amarga, en lugar de endulzar la existencia. Sobrellevaba tantas cicatrices como Blas de Lezo, el vasco heroico, el almirante que había dejado medio cuerpo en combates, pero que aun así derrotó a los ingleses cuando procuraron capturar Cartagena en el siglo XVIII.

Moreno Huego salió limpio y moralmente entero en 1987 de la presidencia del Banco Ciudad, y ocurrió otro tanto cuando dejó en la década siguiente la subsecretaría, primero, y la secretaría de Gobierno, después, en las que acompañó a De la Rúa y a Enrique Olivera. Fue un calco de esa límpida trayectoria el tiempo en que actuó como subsecretario de Coordinación del Ministerio de Infraestructura y Vivienda, a cargo de Nicolás Gallo.

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En medio de la ebullición suscitada en 1955 por la caída de Juan Perón, dos muchachitos del Colegio Champagnat se apersonaron al Comité Tte. Cnel. Gregorio Pomar, nombre del instigador de sucesivos alzamientos contra los gobiernos de Uriburu y de Justo, y solicitaron la adscripción a la Juventud Radical. Quien acompañaba a Moreno Hueyo apenas duró allí tres meses, despedido por encarnar el tipo de sensibilidad cívica que lo ha llevado a entregarse, con otros destacados abogados católicos, a la defensa de militares y civiles encarcelados, con proceso o no, y condenados por delitos en la represión de los movimientos terroristas de los setenta.

Se trataba de Alberto Solanet, con quien Moreno Hueyo y Ricardo Di Paola fundaron un estudio jurídico. Con Solanet y otros amigos Moreno Hueyo encontró en 1989 un espacio para recrear antiguos lazos con Pergamino. En ese pago están esparcidas otras ramas de los Moreno. Allí, los descendientes directos de Julio Moreno retuvieron hasta hace treinta años el establecimiento “San Julio”. Con aquellos encaró, en un predio sobre la ruta 8, el emprendimiento del cementerio privado “La Merced”.

Después de haberse graduado de abogado en la UBA, Moreno Hueyo se desempeñó en SADE, empresa de construcciones, y siguió los pasos del padre, de igual nombre que él, en el mundo de los seguros, donde fue vicepresidente de La Franco Argentina. Este buen lector de la historia nacional dictó materias de Derecho en la Universidad Católica Argentina.

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Moreno Hueyo fue convencional nacional de la UCR e integró el Tribunal de Conducta del partido que rechazó el pedido de expulsión de De la Rúa hecho por el Comité Capital en 2002 por el voto de 42 delegados sobre 74 presentes. Consideraron que el expresidente se había “apartado de la doctrina partidaria”. Desde la provincia de Buenos Aires, Federico Storani y, nada menos que Leopoldo Moreau, alentaron la expulsión. Alfonsín y Ángel Rozas, presidente entonces de la UCR, desestimaron el requerimiento.

Vistos en perspectiva, aquellos días del radicalismo parecían hervir en caldos de Macondo. En ese ambiente de irrealidad se exigía la cabeza de un expresidente que ya había padecido bastante con la pérdida del poder. Ahora está más claro que eso fue apenas el preludio de lo que sobrevendría al cabo de dos décadas más, con un partido al que devoran las aguas arremolinadas de la política y no se siente que palpite en tiempos electorales. “El partido no está dividido ni segmentado; está muerto”, sentenciaba Moreno Hueyo en los últimos tiempos, sin haberse recuperado de la incredulidad de que la UCR estuviera bajo el control nominal de un forastero, el senador Martín Lousteau.

Moreno Hueyo había prescindido de festejar su cumpleaños entre amigos en los años siguientes al derrocamiento de Arturo Illia, producido en 1966 en el aniversario de su nacimiento. Ese 28 de junio no pudo ingresar en la Casa Rosada y se conformó con seguir los acontecimientos desde la vereda del Banco Nación hasta que apareció, cuando alboreaba, la cabeza blanca de Illia para desaparecer en un taxi y emprender el camino del ostracismo por culpa del más absurdo de los golpes militares.

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Solo cuando Inés, la hija mayor, hizo saber días atrás que su ánimo estaba decaído todos cuantos lo apreciaban entendieron la inminencia del final. Había atravesado las penurias físicas con entereza admirable, con asombrosa valentía, asistido por la fe, el amor por la familia y la patria, y por un caudal inacabable de amigos.

Su vida ha sido una lección para cuantos se victimizan por razones triviales o fantasean con ser los únicos que han sufrido en este mundo. Lo más que podría habérsele arrancado de quejumbre a quien vivió los últimos años entre mutilaciones sucesivas habría sido algo del tenor de lo que dijo Woody Allen, al recibir en 2002 el Premio Príncipe de Asturias, parafraseando a Jack Benny, otro gran comediante del siglo XX: “Yo no me merezco este premio, pero tengo diabetes y tampoco me la merezco”.

Solo restó que Moreno Hueyo ocupara un asiento en el Congreso de la Nación para terminar de configurarse la personalidad que todos le atribuían. La oportunidad más propicia se perdió cuando De la Rúa renunció en 1995 a su banca en el Senado a fin de asumir la jefatura de la ciudad, y la Legislatura porteña designó senador, según atribuciones conferidas por la cuarta cláusula transitoria de la reforma constitucional de 1994, a otro candidato posible del delarruismo. El episodio no pasó de dibujar una leve sombra, con algo de perdurable, en la relación fraterna con De la Rúa.

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Guillermo Moreno Hueyo estaba casado con Inés Vernet, descendiente de Luis Vernet, gobernador de las Malvinas hasta que Gran Bretaña se apoderó en 1833 de ellas. Con Inés tuvieron siete hijos -uno, Guillermo, ya fallecido- y veintinueve nietos. Había nacido en Buenos Aires, el 28 de junio de 1941.


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POLITICA

Milei, el caso Adorni y la economía: tono de batalla recargado, pero esta vez defensivo

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Desde Hungría, recién llegado para asistir a una nueva cita internacional de la derecha, Javier Milei tuiteó rápidamente para celebrar los datos del PBI 2025. Pero el mensaje, de hecho, tuvo más sentido político que económico: se anotó en la lógica de la batalla discursiva, en una sucesión de días difíciles y tensos para el oficialismo, en primer lugar por el impacto y las estribaciones del caso de Manuel Adorni. El Presidente aprovechó el informe del INDEC para repetir lo que había hecho en Tucumán, apenas unas horas antes de embarcarse hacia Budapest: rearmar el enemigo político/empresario/mediático frente a un cuadro que no pinta a su gusto. No pareció un gesto a la ofensiva, sino un giro defensivo.

Por supuesto, Luis Caputo se mostró en primera línea para festejar y exponer la lectura del Gobierno. Sin matices, porque domina la disputa que, en el imaginario del poder, debería “marcar agenda”. No siempre ocurre. Y en este caso, además, como si no existiera contexto ni diferentes elementos para un análisis más o menos razonable. El registro del INDEC dice que la economía creció 4,4% el año pasado. El desagregado del último trimestre expone trazos similares a relevamientos previos, no sólo públicos: aumento significativo de rubros como la intermediación financiera, la actividad agropecuaria y la minería; y números negativos en industria manufacturera y comercio. Nada monocolor.

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La mirada de economistas, consultores y políticos -pocos- que siguen el tema con atención considera toda la película del año pasado, el cierre del último trimestre en relación a los previos y lo que estaría registrando el arranque del 2026. En esa línea, hay que esperar un nuevo aporte del INDEC: el jueves próximo será difundido el EMAE de enero. Se verá entonces si confirma o va a contramano de algunas estimaciones a la baja para este período.

En cualquier caso, la reacción del Gobierno expone la necesidad de recuperar el centro político. Las preocupaciones son alimentadas por diferentes datos de la economía diaria –inflación, consumo, empleo, morosidad en créditos y tarjetas– y la repercusión prolongada de temas que exponen al jefe de Gabinete y, en otra escala, del caso $LIBRA. A eso se añaden números de encuestas y la recrudecida interna violeta. La disputa doméstica -que trepa en intensidad por la ofensiva de Karina Milei sobre espacios de Santiago Caputo– tiene trascendencia pública y genera recelos entre socios y aliados del oficialismo.

En ese contexto, los últimos mensajes del Presidente incluyen y trascienden su concepción básica. Resulta claro que la “construcción del enemigo” -y su sostenimiento- constituye un elemento central de la lógica mileista. Expone o refleja una ideología que supera la división tradicional entre derecha e izquierda. Es un terreno en el que Milei se siente cómodo. Eso es sabido. En cambio, lo más reciente es el sentido defensivo o, si se prefiere, la intención de revertir la situación que enfrenta Olivos, especialmente en las últimas dos semanas.

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Según la mirada de algunos analistas -y también de acuerdo con relevamientos de redes sociales- la sucesión de noticias vinculadas al jefe de Gabinete habrían sacudido al oficialismo más que la escalada del caso $LIBRA. No tendría relación directa con la dimensión de cada tema, sino más bien con la “simplicidad” de los capítulos de Adorni y el contraste con el discurso violeta sobre la “casta”, que lo ha tenido siempre como expositor destacado.

Manuel Adorni, con Karina Milei. Su caso también impacta en la interna

El ruido inicial tuvo que ver con la inclusión de la esposa del funcionario en el vuelo a Nueva York. El impacto terminó opacando la actividad apuntada a promover inversiones. Casi en paralelo, se agregaron informaciones e imágenes sobre el viaje de Adorni y su familiab a Punta del Este: los gastos y pagos por los pasajes y otros elementos aumentan el foco sobre el tema, ya en terreno judicial. Y finalmente, apareció la denuncia sobre la propiedad en un country de Exaltación de la Cruz, algo conocido por los vecinos desde hace tiempo y que ahora trepó a la categoría de estado público.

El Gobierno y el oficialismo en general exponen nerviosismo -o incomodidad, según el término utilizado para morigerar el impacto- y cierta contradicción. A veces, asoma la esperanza en que los temas se desgasten y pierdan atracción con el paso del tiempo. Eso se expresa en silencios y esfuerzos por cambiar el eje del temario público. Y en otros momentos, vuelve el tono de batalla, con dos sentidos visibles: tratar todo como una conspiración o jugada para esmerilar al Gobierno, y adjudicar lo que ocurre al “enemigo” ya diseñado.

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Milei habló en Tucumán de una “carnicería mediática” -se entiende que por el caso Adorni y el criptogate- y puso en la mira otra vez a políticos opositores, empresarios ya descalificados y periodistas. En su mensaje a raíz del informe sobre la actividad económica, dio una vuelta parecida: habló de “operetas”, de “ensobrados”, de “políticos chorros” y de “empresaurios”.

El punto para el Gobierno es qué efecto real tiene la reiteración de esa línea discursiva. Difícil de medir, aunque algunos sondeos registran una pérdida de adhesión en lo que se denomina “voto blando”. En otras palabras: malestar en una franja que acompañó a Milei pero no de manera incondicional, como ocurre con el “núcleo duro” de LLA, que se mantiene. Son trazos que no tienen traducción mecánica en sentido electoral, ni mejoran necesariamente la situación de la fragmentada oposición. Eso anima al círculo violeta, aunque no resuelva la cuestión.

El último informe de la Universidad Di Tella sobre el Indice de Confianza del Consumidor enciende algunas luces amarillas, por lo que dice y porque es valorado en medios políticos y empresariales. Anota en marzo una caída de 5,3% frente a febrero, que ya había retrocedido, y un 4,7 en la comparación interanual. El registro es menor y hasta positivo en algunas provincias, pero por encima del promedio se destaca especialmente el GBA.

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Eso explica en parte una inquietud que supera las líneas del oficialismo. Y que no parece decrecer por simple efecto del discurso.

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POLITICA

La definición de Javier Milei sobre la interna de Caputo con Karina y la negociación secreta del PRO para 2027

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Los aviones son un problema para el poder, se sabe. No solo por lo que muestran, sino por lo que infinidad de revelaciones que pueden producir. Manuel Adorni probablemente no haya recuperado la paz —y difícilmente lo haga en los próximos días— después de que dos vuelos, uno oficial junto a su mujer en el AR01, y otro privado a Punta del Este, abrieran una secuencia que ya escaló a investigaciones judiciales. Lo que empezó como una incomodidad política se transformó rápidamente en un expediente. Y en la Argentina, cuando eso ocurre, el problema pasa a otra dimensión.

En este caso, el destino del jefe de Gabinete quedó en manos de causas que se acumulan bajo dos juzgados que ahora maneja Ariel Lijo: el suyo histórico -el número 4- que investigará la denuncia de Marcela Pagano por los contratos de la consultora de la mujer de Adorni y el 11 -donde tramita ANDIS- que subroga desde el mes pasado. Lijo fue el candidato fallido del Gobierno a la Corte, una contienda que lo dejó expuesto, desgastado, ¿enojado? Ahora en su despacho confluyen el caso del vuelo a Punta del Este, la presentación de Marcela Pagano y se sumó ayer la causa por enriquecimiento ilícito que tenía María Servini, pero que está enviando a Lijo para que concentre toda la investigación. El volumen de medidas en curso es significativo. Cámaras de seguridad del aeropuerto, registros contables, trazabilidad de gastos.

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El presidente Javier Milei junto al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. (Foto: X @madorni)

La famosa factura de pago del viaje a Punta del Este ya reveló incógnitas, pero sobre todo más problemas: costó casi el triple de lo que dijo Adorni en la entrevista que dio y encima está a nombre de la productora de su amigo, Marcelo Grandia, quien voló con él a la ida y tiene contratos en la TV Pública con la misma productora que pagó el viaje en el tramo hacia Uruguay. A esta hora Grandia ya debe saber que posiblemente le toque declarar como imputado por sospecha de dádivas más que como testigo. El tramo de vuelta está produciendo medidas en este mismo momento porque Alphacentauri entregó la factura de contratación de un paquete de vuelos adquirido por un tal Agustín Issin Hansen, radicado en Uruguay. ¿De qué banco provino esa transferencia? ¿Cuál es el motivo de la generosidad de Agustín? Se sabrá en las próximas horas. En principio es información que Adorni no dijo cuando dio sus explicaciones en público.

Un datito especial sobre la compañía de taxi aéreo que lo trasladó es que su dueño es Alfredo Ricardo Lisdero, un abogado que forma parte de un conocido estudio jurídico familiar especialista en radicación de sociedades en el exterior que tuvo que irse a Madrid a vivir después de una operación conflictiva por la compra de una nave en la época del dólar blue y el dólar oficial. El problema político más relevante para Adorni -y en consecuencia para el Gobierno- es que su caso ya está produciendo otras revelaciones intrigantes: hasta asumir en 2023, el jefe de Gabinete vivía en un departamento modesto sobre la avenida Asamblea al 1100 pero en 2024 compraron una casa en el country Indio Cua Golf Club a nombre de su esposa, tal como denunció la diputada Marcela Pagano. La inscripción de la adquisición en el registro de propiedad inmueble de la provincia de Buenos Aires es irrefutable así como las expensas que están a nombre de Bettina Angeletti. Hay que observar otra adquisición de diciembre del año pasado en el barrio de Caballito que también formaría parte del nuevo patrimonio de la familia.

En la Casa Rosada, los integrantes del primer piso y sus allegados decidieron responder con anécdotas del kirchnerismo: “Bolsos con millones de dólares, aviones que llevaban los diarios al sur, lavado de plata en los hoteles. De qué me hablan con Adorni?”, dice alguien de extrema confianza de Karina Milei. A esta hora, el Gobierno está filtrando su propia investigación interna, su propia obsesión: no es si hay un problema con el patrimonio del jefe de Gabinete, es básicamente quién grabó, guardó y filtró el video donde se dirige hacia el jet privado en el feriado de Carnaval. Están seguros de haber identificado a dos trabajadores del aeropuerto con afiliación sindical de izquierda. El problema es que el sueldo del jefe de Gabinete es de 3 millones de pesos en la mano y que eran de apenas 2 millones hasta diciembre. ¿Cómo paga su vida?

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Qué piensa Javier Milei sobre la interna del Gobierno

Javier Milei, una vez más, afrontará este conflicto desde el exterior. Disertará en Hungría para participar de una cumbre de derecha sin conexión directa con una agenda de interés nacional. Como la semana pasada cuando visitó España para un evento de Vox, el viaje lo costeará el Estado argentino. Otra vez el problema de los aviones. Antes de salir, se posicionó públicamente sobre las dos problemáticas políticas más intensas que transita: agredió a Liliana Franco por escribir que la salida de Adorni era un tema de conversación y ponderó a Santiago Caputo en un acto en el CCK a la vista de su hermana que no disimuló su disgusto.

Las anécdotas sobre el estado de ese vínculo son para una novela de la tarde. Pero ya es aburrido seguir detallando. Quienes vieron al Presidente en estos días aseguran que su decisión es no hacer nada, una dinámica que ha sucedido en otras situaciones conflictivas en la pugna interna.

Mauricio Novelli junto a Javier Milei. (Foto: Instagram / @mauricionovelliok).
Mauricio Novelli junto a Javier Milei. (Foto: Instagram / @mauricionovelliok).

No se le ocurre como posibilidad tomar ninguna decisión sobre Adorni y tampoco sobre la pelea irreversible entre su hermana y Caputo. Es incierto cómo se desencadenará el final. Ese clima se cruza, además, con otras revelaciones incómodas. La causa Libra volvió a mostrar en los últimos días fragmentos de conversaciones que exponen un vínculo directo entre el empresario Novelli, el presidente y Karina Milei. No hay intermedios ni filtros entre el desbocado Novelli, Hayden Davis y los hermanos Milei. Euforia. Circulación de dinero. Gasto desmedido.

Los audios y videos de un emprendedor que, después de acompañar a Davis a reunirse con el Presidente, hablaba de comprar autos importados, relojes de lujo y propiedades en una misma tarde, con una sola preocupación: los problemas para blanquear ese dinero.

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Las negociaciones dentro del PRO para 2027

El episodio de Adorni era tentador para el PRO que necesita desesperadamente conservar la ciudad de Buenos Aires en las elecciones del año que viene. Las revelaciones sobre el jefe de Gabinete -candidato de Karina para gobernar la ciudad- sucedieron justo en la semana en que el PRO se reunía estructuralmente por primera vez desde la derrota de las presidenciales. Hubo muchísima conversación interna sobre qué iba a decir Mauricio Macri en su discurso de cierre en relación al Gobierno libertario pero sobre todo al jefe de Gabinete.

El líder del PRO, Mauricio Macri, en la cumbre del partido en Parque Norte, junto a la exgobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. (Foto: TN - Agustina Ribó)
El líder del PRO, Mauricio Macri, en la cumbre del partido en Parque Norte, junto a la exgobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. (Foto: TN – Agustina Ribó)

Al expresidente lo persigue la preocupación de mantener amarilla a la Ciudad considerando que su primo Jorge -con el que mejoró el vínculo pero no se hablan sino a través de Daniel Angelici– se candidateará naturalmente a la reelección. Está creciendo una posibilidad entretenida. A instancias del binguero Angelici, Jorge Macri y Horacio Rodríguez Larreta se juntaron a solas en el hotel SLS. Nadie quiere contar tanto de qué se trató el encuentro, pero la realidad es que se conversaron pautas posibles para una interna “saludable”. Larreta está decidido a pelear por la Ciudad y el PRO estaría necesitando generar alguna atención. Macri se ofrece como garante de una competencia sana. Algo así pasó en la Presidencial y ya se sabe cómo salió. De todos modos, el titular del PRO tiene a su favor un dato empírico: hasta ahora ganan la interna los que él termina apoyando. Si lo sabrá Larreta. El PRO podría estar interesado también en una alianza con los libertarios si los números propios no alcanzan en la Ciudad. Es una escena que sueñan con Adorni porque sería totalmente inviable imaginarla con Patricia Bullrich. Es un interés, claro, que comparten con Karina Milei.

Qué pasa con las expectativas y el plan económico

Las especulaciones electorales son de todos modos, futurismo en la coyuntura actual de la Rosada. Las encuestas empiezan a mostrar unívocamente un movimiento desfavorable en el humor social con respecto a la situación económica. Es un descenso que empezó a clarificarse en el verano y que en el último mes se mostró de manera contundente.

Una de las encuestadoras que Javier Milei escucha personalmente muestra que la confianza en que la situación económica mejorará bajó del 50% al 35% entre quienes apoyan al Presidente. Es una pérdida de fe muy contundente y más peligrosa por la acumulación de tiempo de gestión. Los estudiosos de la política entienden que en el mundo actual, el segundo tramo de un Gobierno es como un segundo mandato: la gente quiere ver resultados. Esa misma medición que acaba de cerrar y está siendo distribuida ahora revela además que tres de cada cuatro argentinos sienten que les cuesta más llegar a fin de mes y dos de cada tres se endeudaron. La baja en la expectativa parece mostrar que el acompañamiento está dejando de sustentarse no tanto en lo que se espera a futuro sino en lo que está pasando ahora. Aparece además, muy visible, el miedo a perder el empleo, una de las emociones más desequilibrantes para cualquier sociedad.

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Javier Milei busca blindar su esquema de poder: equilibrio interno y control de daños

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Pasados los primeros dos años de gobierno, el presidente Javier Milei intensifica el habitual equilibrio que tiende a hacer entre la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el asesor Santiago Caputo, sus dos principales espadas en las que se apoya para gestionar para mantener su esquema de poder. Luego de la avanzada en el Gabinete, en la que la funcionaria se hizo de la conducción del Ministerio de Justicia que hasta entonces funcionaba bajo la órbita del consultor, modificación que tomó por sorpresa a este último, el mandatario se esfuerza para compensar y contener a todas las partes.

“Está muy bien lo que hace. Para eso es el Presidente”, destacó un integrante de la mesa política que detectó el guiño del mandatario durante la disertación que protagonizó el miércoles en el Palacio Libertad en el marco del homaneje al economista Adam Smith. La referencia hace alusión a la disgresión del libertario, quien se tomó algunos minutos para destacar la colaboración del asesor ante la mirada atenta del auditorio.

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Desde la mesa ubicada en el centro del escenario, el Presidente le agradeció la colaboración a “Santi Caputo”, al que definió como “genio”, ante la mirada atenta de la menor de los Milei que seguía el discurso desde la primera línea. “Hemos evolucionado tanto como sociedad que estamos haciendo pensar y hablar a las piedras. Esa (frase) es buenísima, felicitaciones”, lanzó Milei, lo que generó que el grueso de los asistentes aplaudieran al consulto.

La funcionaria no lo hizo. En su lugar, permaneció inmovil, con la vista al frente, mientras el asesor, visiblemente incómodo por los aplausos, se reacomodaba en la butaca. «Karina da señales, pero tiene un comportamiento correcto”, sostuvo un importante ladero karinista ante este medio, quien se cuidó además de aclarar que cuando las cámaras dejaron de tomar a los presentes, y el mandatario reiteró la frase, la mencionada se plegó al aplauso.

La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, junto al asesor presidencial, Santiago Caputo (REUTERS/Tomas Cuesta)

Desde el Salón Martín Fierro le bajan el tono a las lecturas mediáticas y aseguran que “lo peor” que le pueden hacer al consultor es aplaudirlo públicamente. Además, insisten en que las acciones de los hermanos Milei son mayores a las que mantiene el propio Caputo. “El triángulo es invertido. Siemre lo dijimos”, repiten como mantra.

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Es que la turbulenta semana que atravesó el oficialismo obligó a la plana gubernamental a cerrar filas detrás de la figura del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, señalado por la oposición a raíz de la inclusión de su esposa, Bettina Angeletti, en el ARG 01 junto a la delegación presidencial. “Esta semana no hubo ruidos de adentro”, admitieron durante la noche del viernes.

La figura del ex vocero también ofició de síntesis entre las partes cuando en abril, La Libertad Avanza lo designó como el candidato a competirle al PRO en la Ciudad de Buenos Aires. Si bien responde de manera directa a la secretaria general de la Presidencia, como lo hacen Martín y Eduardo “Lule” Menem, mantiene buena comunicación con el asesor por fuera de las instancias colectivas, un especie de canal de diálogo en si mismo. “Manuel es la ancha avenida del medio”, ironizaron por los pasillos de Balcarce 50.

En otro de los gestos de alineamiento interno, el mandatario pidió que el flamante procurador del Tesoro, Sebastián Amerio, luego de su abrupta salida de la cartera que conducía junto a Mariano Cúneo Libarona, y la secretaria de Legal y Técnica, María Ibarzabal Murphy, dos alfiles del caputismo, se mostraran con el ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Pablo Quirno, electrón aislado, cercano a Karina Milei, en televisión para anunciar la determinación de la Justicia de Estados Unidos de suspender todas las demandas vinculadas al juicio por la expropiación de YPF. Detrás la decisión se esconde la necesidad de la administración libertaria de retomar la agenda con un discurso autorizado en el medio del proceos judicial.

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El presidente Javier Milei junto al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en la quinta de Olivos

Consciente de la destreza de Milei, un integrante de las filas violetas destacó el trato para con los dos exponentes a los que dotó de poder, definiendo el esquema como el tan mencionado “Triángulo de Hierro”, al sostener que se trata de “dos personas que quiere y considera que necesita”.

Tras días complejos, en los que circularon versiones de “fuego amigo” a raíz de la filtración de información, en el campamento libertario se vive un fuerte hermetismo, aunque hay quienes -muy por lo bajo- no ven nuevos movimientos en las estructuras ministeriales en el corto plazo.

Pasada la instancia de mayor intensidad, el espacio dio lugar a un proceso de revisión: son varios los que postulan que la estrategia para hacer frente a los embates tiende, no importa la problemática, a ser insuficiente. “Demostramos poca capacidad para responder. Si tenés un partido de fútbol, con el vestuario explotado, es difícil ganar el campeonato”, ejemplificó una voz del ecosistema. El Presidente parece haber sido el primero en tomar nota.

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