POLITICA
Jorge Triaca: “Esta reforma laboral da previsibilidad y certezas, lo que favorecerá la creación de empleo”

El exministro de Trabajo durante la gestión de Mauricio Macri (Cambiemos) Jorge Triaca asevera que el proyecto de “modernización laboral” que presentó el Gobierno al Congreso es una oportunidad para insuflarle mayor dinamismo a un mercado laboral estancado y que, advierte, hace 12 años que no genera empleo formal en el sector privado.
En diálogo con , Triaca señala que uno de los puntos positivos del proyecto es que establece parámetros claros para la incorporación y despido de trabajadores, lo que redundará en una reducción de la llamada “industria del juicio” y, por consiguiente, en un incentivo para la contratación.
Sin embargo, también señala algunos puntos grises de la iniciativa –como el financiamiento del Fondo de Asistencia Laboral− y tiene dudas sobre la conveniencia de eliminar las polémicas cuotas sindicales y empresarias.
−¿Cree que el proyecto impactará positivamente en la generación de empleo formal? ¿Por qué?
−Yo creo que sí: da previsibilidad, establece elementos claros para la incorporación y para la salida de los trabajadores, que son las demandas más importantes del sector empleador. Además, incluye cláusulas que apuntan a reducir la litigiosidad y la industria del juicio. El motivo central por el cual los sectores empresarios deciden tomar un trabajador nuevo está vinculado a que tenga un rédito en relación a la inversión que realiza tanto en capital como en recursos humanos; cuando ve que eso se pone en riesgo a partir de la litigiosidad se retrae la voluntad de contratar a una persona nueva. Dispone, también, la creación de un Fondo de Asistencia Laboral (FAL) para atender las futuras indemnizaciones. Entonces, este proyecto busca resolver y dar previsibilidad al sector empleador, que es el sector que contrata, para que tenga certeza en relación a sus costos. No alcanza solamente con arreglar la macroeconomía; también hay que darle previsibilidad al empresario a la hora de contratar a los trabajadores. Me parece que todas estas reformas van a impactar positivamente en el mediano plazo y, sobre todo, le darán dinamismo a uno de los sectores más castigados del mercado laboral, que son las pequeñas y medianas empresas.
−¿Qué ventajas le ofrecería esta reforma a los futuros trabajadores?
−El proyecto ofrece un dinamismo que va a ayudar a los futuros trabajadores a conseguir un trabajo formal de otra manera. Hace doce años que no se genera empleo en el sector privado formal, y si esta ley se aprueba, le va dar una dinámica distinta al mercado laboral. Sobre todo para las empresas nuevas y aquellas que se sumen al Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) que quiere llevar adelante el Gobierno. Además, el proyecto propone que la negociación de los convenios colectivos (entre empresarios y gremios) sea por empresa, con un reflejo regional, lo que da la posibilidad de analizar situaciones particulares de los procesos productivos.
−¿Qué aspectos del proyecto quedan, a su juicio, a mitad de camino o bien perjudican a los trabajadores?
−Creo que el proyecto pudo ser más claro y preciso en lo referido a la negociación colectiva, entendiendo que entran en conflicto algunos criterios, como el de la negociación universal. Me parece que el proceso de negociación colectiva tiene que estar profesionalizado, tiene que tener financiamiento para que las partes (gremios y empresas) puedan llevarlo de manera técnicamente responsable y dé certezas de lo que finalmente se negocie. Entiendo que el Gobierno pretende reducir costos (al establecer en el proyecto fuertes limitaciones al cobro compulsivo de las denominadas cuotas solidarias que gremios y cámaras acuerdan en los convenios colectivos y que aplican a trabajadores no afiliados y empresas de sus actividades respectivas). También que ha habido abusos tanto de la representación gremial como trabajadora, pero tengo alguna diferencia sobre este punto.
−¿Cree que esta reforma debería eliminar las llamadas “cuotas sindicales”?
−Está relacionado justamente con lo anterior. Si el beneficio de una negociación es universal, es lógico que se considere al afiliado haciendo los aportes con los beneficios adicionales que puede dar el sindicato. Pero hay que considerar los costos de la negociación, la profesionalización de los dirigentes, los recursos técnicos que se utilizan, los procesos de fortalecimiento de la representación gremial, tanto de trabajadores como empresarios. Me parece que el proyecto es bastante agresivo y eso le quita chances de que los procesos de negociación, que son correctos, se puedan llevar adelante. Me parece que el texto está más basado en casos muy particulares o en situaciones donde hubo abusos extremos.
−¿Qué puntos quedaron fuera del proyecto y deberían ser incluidos?
−Creo que pudo haberse trabajado también sobre otro tipo de relaciones de trabajadores independientes, los regímenes tributarios vinculados a autónomos y a monotributistas. Debió calibrarse, además, el impacto fiscal que (este proyecto) tendría sobre los servicios de la salud y el sistema previsional (porque un porcentaje de las contribuciones patronales que van destinadas a la Anses y a las obras sociales pasará, con esta ley, a financiar el FAL para pagar las futuras indemnizaciones). Es algo que debería analizarse.
−¿Cree que éste es el momento oportuno para discutir una ley de modernización laboral?
−Yo creo que sí, siempre es oportuno. Tenemos que acostumbrarnos a que discutir el marco laboral. Tiene que ser habitual. ¿Por qué? Porque los cambios tecnológicos nos obligan a pensar formas de trabajo distintas, como puede ser el de la economía de las plataformas, el impacto de la inteligencia artificial. Y eso nos obliga a estar revisando permanentemente de qué manera podemos ser más productivos, de qué manera podemos ser más competitivos, porque eso va a generar más trabajo para los argentinos. El Gobierno tiene la oportunidad para poder hacerlo; hay un nivel de consenso generalizado y lo que tenemos que tratar de hacer es que lo que se escriba tenga no solo la sustentabilidad política y la sustentabilidad legislativa, sino sobre todo sustentabilidad judicial, que es donde mayores trabas ha tenido el Gobierno.
Laura Serra,Reforma laboral,Conforme a,Reforma laboral,,Senado. El oficialismo confía en aprobar la reforma laboral en diciembre, pero crecen las suspicacias por la interna oficialista,,Reforma laboral. Proyectan que los juicios por riesgos del trabajo serán récord y estiman un costo de $2,3 billones,,Reforma. Cómo es el plan de Milei para desarmar el fuero laboral, una trinchera residual del kirchnerismo
POLITICA
Una reforma que no jaquea el poder sindical

Para algunos, la reforma laboral fue tibia y terminó salvando a la “casta sindical”; para otros, un atropello a derechos laborales históricos. En el centro de esta controversia emerge una pregunta: ¿cuánto, realmente, se reconfigura la arquitectura del poder sindical?
En materia de financiamiento, el esquema no se modifica. Los sindicatos mantienen los aportes a las obras sociales, así como también la cuota sindical que se descuenta por la representación en la negociación colectiva. Dentro del oficialismo coexistían dos enfoques: uno buscaba reducir esos aportes y eliminar la cuota para erosionar de manera decisiva el poder gremial; el otro apostaba a una reforma políticamente viable.
Finalmente prevaleció esta segunda línea tras la negociación con la CGT, y el resultado fue la preservación del statu quo: la cuota quedó sujeta a un tope del 2%, que en la práctica coincide con el promedio que ya recaudaban los sindicatos por este concepto. En perspectiva comparada, el contraste con Brasil es elocuente: la reforma laboral impulsada por Michel Temer en 2017 eliminó el impuesto sindical obligatorio y redujo en torno al 90% los ingresos de los sindicatos en apenas un año.
Hay otro componente que no se altera: la estructura sindical. Se mantiene el monopolio por rama y no se avanza hacia un pluralismo al estilo chileno (sistema en el cual el trabajador puede elegir a qué sindicato afiliarse) ni se introducen mecanismos de democratización interna o límites a los mandatos. En este punto, el gobierno ha sido menos ambicioso que otras administraciones no peronistas como la de Raúl Alfonsín, que con el proyecto de Ley Mucci intentó democratizar a los sindicatos. El núcleo institucional del sindicalismo argentino permanece intacto.
En negociación colectiva hay dos cambios: el fin de la ultraactividad y la descentralización. La ultraactividad es el principio por el cual un convenio sigue vigente hasta tanto se firme uno nuevo. Este mecanismo fortaleció históricamente a los sindicatos, porque les permitió resistir acuerdos menos favorables en contextos de crisis. La reforma la limita, pero de manera acotada: sólo elimina las cláusulas obligacionales (las que regulan aportes o compromisos entre sindicato y empleador) y no las cláusulas normativas que fijan salarios y condiciones de trabajo. Además, no se trata de una excepción regional: en Uruguay, bajo el gobierno de Luis Lacalle Pou, también se avanzó en esa dirección en el marco de una reforma laboral muy moderada.
El cambio más profundo aparece en la descentralización. El modelo argentino se basó históricamente en convenios por rama de actividad que funcionaban como piso para los acuerdos por empresa: estos podían mejorar condiciones, pero no pactar por debajo del piso del convenio de actividad. La reforma invierte esa lógica al establecer la prevalencia de los convenios de menor jerarquía, lo que habilita acuerdos inferiores a ese piso. Esto no elimina la negociación por rama, pero puede desplazar el centro de gravedad hacia la empresa y abrir la puerta a una mayor dispersión salarial y de condiciones laborales.
La descentralización no es nueva en la Argentina. Bajo Arturo Frondizi y Arturo Illia se promovieron sindicatos de empresa para debilitar la estructura por rama, pero lejos de generar organizaciones dóciles, emergieron experiencias de sindicalismo clasistas como Sitrac-Sitram, protagonistas del “cordobazo”. Ese patrón no es sólo histórico: la presencia de corrientes combativas en las comisiones internas de grandes plantas (visible en conflictos como los de FATE) sugiere que una mayor descentralización puede favorecer a dirigencias de base menos proclives al acuerdo que los actuales dirigentes sindicales.
En los años noventa también se expandió la negociación por empresa. Sin embargo, el diseño impulsado por Carlos Menem (en alianza con el sindicalismo peronista) exigía que todo acuerdo por empresa fuera ratificado por el sindicato de rama, que actuaba como instancia de veto sectorial. La reforma actual no contempla esa ratificación y, en este punto específico, va más allá del esquema de los noventa.
Resulta llamativo que la descentralización no haya sido un eje central del debate en torno a esta ley. Esto se explica porque tanto sindicalistas como empresarios consideran que su implementación práctica será compleja y que los convenios por rama seguirán siendo el marco predominante. Queda por verse si esa previsión se confirma o si, al menos en algunos sectores, el centro de gravedad de la negociación colectiva se desplaza.
Por último, aparece un cambio importante en las restricciones al derecho de huelga. La reforma distingue entre actividades “esenciales” y “trascendentales” y exige garantizar un 75% y un 50% de prestación mínima, respectivamente. Si bien todos los países regulan los servicios esenciales, el umbral fijado es elevado en términos comparados y limita de manera significativa el ejercicio del derecho de huelga. Una regulación similar (incluida en el Decreto 70/2023, que contenía la primera reforma laboral de Javier Milei) ya fue declarada inconstitucional por la justicia, y esta versión podría volver a judicializarse por su posible tensión con tratados internacionales ratificados por la Argentina.
En suma, la caja y la conducción sindical permanecen blindadas; las restricciones a la huelga probablemente serán judicializadas y la incógnita es cómo evolucionará la relación de poder entre bases, dirigentes sindicales y empresas, qué nivel de conflicto industrial emergerá y si aumentará la dispersión salarial en los próximos años.
*El autor es profesor de la Universidad de San Andrés
Andrés Schipani,Conforme a
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André Larané: “Me pregunto cómo Macron, presidente joven, carismático e inteligente, ha podido acomodarse de la decadencia de su país”

Periodista e historiador, en 2004 André Larané creó el sitio Herodote.net, especializado en Historia. Ha publicado varios manuales de Historia, como una Cronología universal, Grandes fechas de la historia de Francia. uno de sus últimos libros es Nuestra herencia: lo que Francia le aportó al mundo (L’Artilleur 2022).
Preocupado siempre por el desamor de las élites por Francia y su historia, Larané afirma que ese es uno de los factores que dificulta la integración de los inmigrantes recién llegados. El odio a Francia, escribió alguna vez, “está con seguridad más alimentado por el espectáculo de una clase dominante“ que alegremente adopta “la cultura norteamericana y el globish (inglés de aeropuerto) hasta en las Universidades”, que deslocaliza “sus impuestos pero también nuestras fábricas y nuestras grandes industrias (Snofi, Lafarge, Alstom…), asfixiando los servicios públicos por servilismo hacia Bruselas, Berlín y Frankfurt, saqueando nuestro patrimonio a golpes de gigantescos aerogeneradores y de centros comerciales, dejando incendiarse por negligencia nuestras iglesias y catedrales”.
El amor a Francia lo lleva a alarmarse por su pérdida de relevancia en el mundo. Por lo tanto, aunque su materia principal es la historia, últimamente ha publicado reflexiones sobre la situación actual y la política francesa de los últimos años.
En este sentido, accedió a ampliar sus reflexiones en esta charla con Infobae.
— Le leo un párrafo de un artículo suyo reciente: “Durante mucho tiempo, el historiador y periodista que soy se ha preguntado por el misterio por el cual un presidente joven, atractivo, carismático y muy inteligente pudo, durante una década, acomodarse a la lenta decadencia de su país. Creo hoy entrever el sentido de estos aparentes fracasos”. En un balance de la era Macron, usted parece concluir que la pérdida de relevancia de Francia no contradice el pensamiento de un Presidente que aspiraría a una Europa federal. Y esto surge en parte de su biografía. ¿Podría resumirla?
— Es el presidente más joven que ha tenido la República Francesa, elegido en 2017 y reelegido en 2022. Nació en diciembre de 1977, en un momento en que cambiaba un orden mundial basado, desde hacía tres siglos, en la hegemonía de las naciones occidentales. Habían pasado veinte años del Tratado de Roma de 1957 que puso en marcha la Unión Europea, y sus promotores proyectaban ir más allá y empezaban a soñar con un orden postnacional. Y pocos observadores se detuvieron entonces en otro cambio crucial: en todos los países desarrollados, el índice de fecundidad cayó en 1973 por debajo del umbral necesario para el estricto reemplazo de la población. De manera correlativa, se producía el inicio de una migración desde los países con fuerte crecimiento demográfico hacia los países en vías de envejecimiento y despoblamiento.
— También hay en Macron una voluntad de ruptura con la historia y la cultura…
— Nunca ha mostrado un gusto particular por el patrimonio, la historia, las artes y las letras del Viejo Continente. En cambio, se enorgullece de su dominio del idioma inglés y de su ingreso en la promoción 2012 de los Young Leaders de la French-American Foundation. En todo esto, es el retrato inverso de otros dos líderes de su generación, el vicepresidente estadounidense James Davis Vance (nacido en 1984) y el Secretario de Estado estadounidense Marco Rubio (nacido en 1971). Ambos expresaron en términos vehementes en la Conferencia de Seguridad de Múnich, en 2025 y 2026, su nostalgia de la gran y hermosa Europa de sus lejanos antepasados.
— ¿Macron no siente esa nostalgia?
— Diría que no. Macron vio nacer y crecer junto a él a la Unión Europea del Acta Única y del Tratado de Maastricht, y desde el principio, empezó a soñar con ese proyecto federalista calcado de los Estados Unidos de América y en el cual se disolverían los viejos Estados-nación, liberados de todos los corporativismos heredados de un milenio de historia agitada.
— Usted habla de ascenso providencial en el caso de Macron, ¿por qué?
— No fue llamado Emmanuel en vano [del hebreo: “Dios está entre nosotros”] este hijo de la burguesía provincial, alumno talentoso, que fue constantemente querido y estimulado por sus allegados, su abuela y su esposa, lo que le permitió un recorrido vital sin tropiezos. Se convirtió en inspector de finanzas a su salida de la ENA [N. de la R: Escuela Nacional de Administración, donde se formaba la elite del estado]. En 2008, el ensayista Jacques Attali lo sacó del anonimato asociándolo a la redacción de su informe “300 decisiones para cambiar Francia”. Luego, por consejo de otro ensayista destacado, Alain Minc, se convirtió en banquero de inversiones en Rothschild. Finalmente, inmediatamente después de la elección de François Hollande en 2012, fue nombrado secretario general adjunto del Elíseo. Así fue como, desde la cumbre del G20 en Los Cabos, México (junio 2012), se codeó con la élite planetaria. Todo esto sin rebajarse nunca a una campaña electoral de base por una intendencia o un escaño parlamentario.
— Y entonces vino el ministerio de Economía, el último peldaño hacia la cima.
— Sí, en agosto de 2014, a los 36 años, fue nombrado ministro de Economía en el gobierno de Manuel Valls [presidencia de Francois Hollande]. Calificado por sus admiradores como “el Mozart de las finanzas”, dimitió dos años después, el 30 de agosto de 2016, para lanzarse a la campaña presidencial.
— En esa carrera hacia el Eliseo se vio ayudado por algunos contratiempos que afectaron a sus rivales.
— Así es: el camino hacia la victoria se le abrió como por arte de magia. Primero fue el favorito François Fillon, oportunamente abatido en pleno vuelo por un caso de empleo ficticio de hace algunos años y revelado oportunamente por Le Canard Enchaîné [periódico satírico]; luego Alain Juppé se retiró en favor del joven ministro; finalmente, el centrista François Bayrou le brindó su apoyo. Macron fue el único de los once candidatos en declararse abiertamente europeísta y maastrichtiano sin reservas.

— Usted lo define como un presidente en sintonía con la generación postnacional, ¿podría fundamentarlo?
— Sí. Siendo candidato, en el 17, Macron declaró: “No hay cultura francesa. Hay una cultura en Francia. Es diversa”. Poco después, en Londres, reiteró estos comentarios afirmando que “no hay cultura francesa” y que ¡jamás había visto el arte francés! De hecho, como dije, el presidente no siente nostalgia por la Historia o el patrimonio, como las generaciones anteriores, a las que yo mismo pertenezco, pero lo seducen y penetran las costumbres estadounidenses, como a la mayoría de los jóvenes diplomados de su generación. Perfectamente cómodo en la economía globalizada, domina a la perfección el angloamericano.
— ¿Y una vez electo?
— A partir de ese momento, toda su política exterior se conformaría a su visión personal del mundo. Tras su elección, se prestó a una ceremoniosa y majestuosa investidura en el patio del Louvre el 14 de mayo de 2017. Fue abierta por el himno europeo y cerrada por La Marsellesa. Un dato para mí revelador: escuchó el himno nacional con la mano sobre el corazón, al estilo estadounidense-, y no con los brazos al costado, como suele indicar el protocolo francés. Lo que siguió demostró que su “americanización” no se reduce a los gestos: el 22 de mayo de 2018, rechazó el Plan banlieues de Jean-Louis Borloo [N. de la R: un conjunto de medidas destinadas a mejorar educación, empleo, seguridad y transporte en las banlieues, es decir los suburbios, los barrios populares]. El argumento de Macron para rechazarlo fue que los problemas de las banlieues no se resolvían con informes redactados por “dos hombres blancos”. Algo inédito en Francia, donde, a diferencia de Estados Unidos, la clase política jamás ha distinguido a los ciudadanos según el color de su piel.
— Los planes europeos de Macron, ¿cómo se manifestaron en lo sucesivo?
— Luego de aquella asunción, vino el discurso de la Sorbona, el 26 de septiembre de 2017, “por una Europa soberana, unida, democrática”. Un discurso vibrante y lleno de brío, porque en oratoria, tuvo buena escuela con su esposa, profesora de teatro. Pero encierra una contradicción en el uso del calificativo “soberana” en lugar de “independiente”. La independencia de Europa era el objetivo legítimo del Tratado de Roma de 1957, con fronteras herméticas, protecciones comerciales y una defensa sólida. Conscientes de que Europa como nación y pueblo no existe, sus redactores aspiraban a Estados fuertes al servicio de una ambición común: preferencia comunitaria, política agrícola común, Airbus, Agencia Espacial Europea, Erasmus (intercambio educativo), etc. En sentido opuesto, olvidando la Historia y las realidades humanas, los redactores de los tratados de Maastricht y de Lisboa dieron la espalda a los logros del pasado. Ambicionaron abiertamente la creación de una federación a imagen de los Estados Unidos y erigieron en dogma constitucional la apertura de fronteras a los capitales, bienes y personas. Así, Macron se trazó como horizonte el advenimiento de una “soberanía europea”, lo que no tiene nada que ver con la independencia de Europa.
— ¿Podría explicar mejor la diferencia entre independencia y soberanía?
— La soberanía designa, en términos generales, la autoridad suprema en una colectividad. En los Estados miembros de la Unión Europea, que son todos democracias, esa autoridad suprema es el pueblo: elige a sus representantes, encargados de votar las leyes, y a sus gobernantes, encargados de ejecutarlas. Por tanto, es absurdo imaginar por encima del Pueblo soberano otra soberanía que sea europea. De hecho, en Europa, cada Estado conserva su autonomía a duras penas. Dentro de Francia, un individuo de clase media acomodada de Estrasburgo es solidario con el desempleado de Mayotte (isla francesa en el Océano Índico) aunque se desconozcan entre sí, pues son los impuestos de uno los que aseguran la educación y la atención sanitaria del otro. Sin embargo, ese mismo “burgués” no comparte nada con su homólogo de Friburgo (Alemania), en la otra orilla del Rin, pese a su parecido, ya que dependen de sistemas sociales y fiscales totalmente diferentes. Y si mañana, las instituciones europeas llegasen a esfumarse como por arte de magia, los Estados miembros y sus habitantes apenas lo notarían…
— Es la diferencia entre la Unión Europea y los Estados Unidos, como señala usted.
— Claro. Las prerrogativas de los cincuenta estados estadounidenses se limitan al marco de vida y a la gestión cercana. Los habitantes de Florida como de Alaska comparten sus recursos y sus impuestos; también muestran los mismos intereses estratégicos; tienen el sentimiento muy vivo de pertenecer a la misma nación. Resulta además significativo que en el momento en que las élites europeas aspiran a abolir los Estados-nación que hicieron la grandeza del continente, los demás Estados del planeta, incluidos los más grandes, tienden a adoptar este modelo, con un gobierno central fuerte y la reivindicación de una identidad común. Es el caso de los antiguos imperios de Rusia y China, de la federación estadounidense e incluso los Estados africanos que se esfuerzan por superar sus divisiones étnicas en favor de una identidad nacional.
— ¿Usted cree que Macron promueve políticas que debilitan al Estado-nación francés?
— Como demostró con el discurso de la Sorbona, el presidente Macron se considera más “europeo” que ningún otro dirigente. Apenas electo, en 2017, sacrificó la central nuclear de Fessenheim en el altar de la “amistad franco-alemana”. Recortó los presupuestos del ejército, uno de los orgullos nacionales, y destituyó al jefe del Estado Mayor, el general Pierre de Villiers, quien tuvo la osadía de protestar. En 2022, en esos dos aspectos, la guerra en Ucrania y las exigencias de Bruselas y Washington lo llevaron a un cambio de postura, sin resultados hasta el momento. Puso fin a las relaciones privilegiadas de Francia con África, que eran, junto con la disuasión nuclear y el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, uno de los tres pilares que permitieron a la Francia gaullista conservar durante mucho tiempo un estatus de gran potencia. Se desentendió de la francofonía hasta el punto de ceder a Ruanda la secretaría general de la OIF (Organización Internacional de la Francofonía) después de que ese país sustituyera el francés por el inglés como lengua oficial.

— Otra iniciativa sorprendente fue el cierre de la ENA, un verdadero símbolo francés, y donde él mismo se formó.
— Es que el Presidente no se privó tampoco de reformar las instituciones que constituyen, desde hace uno o varios siglos, la estructura del Estado. Sustituyó la ENA, vivero de grandes funcionarios de Estado —¡incluido él mismo!— por un Instituto Nacional del Servicio Público (INSP), con un reclutamiento más amplio. Más grave aún, dejó que se descontrolaran el déficit comercial, la industria, el déficit presupuestario, el gasto público así como los flujos migratorios. Lo más inesperado es sin duda el colapso del saldo agroalimentario de Francia, pese a un potencial agrícola sin equivalente en Europa. Al mismo tiempo, en diez años, la fecundidad de la población ha caído de 1,96 hijos por mujer en 2015 a 1,56 diez años después, en 2025, con, por primera vez, menos nacimientos que fallecimientos, una disminución de la población autóctona y una mortalidad infantil al alza.
— Tengo entendido que ha tomado alguna medida al respecto.
— En reacción a estos graves signos de amenaza, el presidente intentó una reforma benigna de las jubilaciones antes de conformarse con su suspensión. Una cura de austeridad drástica parece ya inevitable y los legisladores y otros funcionarios electos parecen resignarse a ello. Francia podría verse entonces obligada a solicitar la ayuda de sus socios europeos. Ya Emmanuel Macron avanza la idea de una “mutualización de la deuda” a nivel de la Unión Europea, lo que obligaría al país a aceptar como contrapartida una tutela de sus finanzas por parte de la Comisión y del Banco de Fráncfort. Renunciando a sus recuerdos de grandeza, Francia estaría entonces madura para una integración plena en la federación europea con la que sueña nuestro presidente. Esto pasaría, evidentemente, por la renuncia a la disuasión nuclear y al asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Sería el fin de mil años de Historia. No estoy seguro de que esta perspectiva entusiasme a la mayoría de mis compatriotas. Es, sin embargo, la que parece más probable en ausencia de una contestación política seria.
— Sus esfuerzos por protagonismo en las diferentes crisis de los últimos años no han dado demasiados resultados, más bien parece al revés.
— Sí, durante toda su presidencia, Emmanuel Macron experimentó las mayores dificultades para hacer oír la voz de Francia y aún más para mantener su estatus de gran potencia. ¿Cómo podría hacerlo, considerando el contexto geopolítico? Una Europa alineada de forma acrítica con el protector estadounidense; el resto del mundo generalmente receloso u hostil hacia Washington. Esta nueva bipolarización no impide que todo el planeta se haya rendido ante el soft power estadounidense y todos, o casi todos, juren por Hollywood, Coca Cola, Netflix y el globish.
— ¿Cómo ha sido el vínculo con Donald Trump? Porque hubo un claro sabotaje a la industria francesa con el caso de los submarinos.
— Así es. En septiembre de 2021, Australia anunció que rompía un contrato de 56.000 millones de euros firmado con Francia para la entrega de submarinos convencionales construidos por Naval Group, en favor de submarinos estadounidenses en el marco de una nueva alianza, Aukus, que también incluye al Reino Unido. Fue un duro golpe para el gobierno francés. Francia se veía excluida del Pacífico aunque esté presente allí a través de sus territorios de Nueva Caledonia y la Polinesia.
— Otro retroceso notorio de Francia fue en el África.
— Sí, que era una antigua zona de influencia de Francia, y allí los reveses son aún más flagrantes. El trabajo de zapa iniciado por Sarkozy y Hollande encontró su culminación con Emmanuel Macron. Aunque no tenga nada que reprocharse personalmente en el continente, salvo la dolorosa guerra de independencia de Argelia, Francia pierde todo su crédito tanto en el norte de África como en el Sahel e incluso en África central, hasta el punto de ser rechazada en favor de “protectores” tan cuestionables como Rusia y China.
— ¿Qué cambió para Europa a partir de la segunda presidencia de Trump?
— La irrupción de Donald Trump en la escena internacional dejó en evidencia la impotencia de Europa y de Francia. El presidente estadounidense repudió el tratado COP21 firmado por su predecesor sin que nadie pudiera oponérsele. También repudió el tratado, laboriosamente acordado, con Irán. Macron, lúcido, percibió el significado de ese acto: “Si aceptamos que otras grandes potencias, incluso aliadas, incluso amigas en las horas más difíciles de nuestra historia, se pongan en situación de decidir por nosotros nuestra diplomacia, nuestra seguridad, a veces haciéndonos correr los peores riesgos, entonces ya no somos soberanos”. Eso lo dijo en mayo de 2018. Ahora bien, ¿el presidente francés y sus colegas europeos actuaron en consecuencia? En absoluto. Se rindieron y nosotros con ellos. La conclusión es categórica y el propio Emmanuel Macron la expresó públicamente: ¡ya no somos soberanos! De hecho, París ha dejado en manos de otros, en manos de Bruselas, de Fráncfort, de Berlín, de Washington, la gran política y áreas que son de resorte del Estado: moneda, intercambios comerciales, política industrial, protección de fronteras, alianzas estratégicas, etc. Poco a poco, Francia y los demás Estados europeos han intercambiado su soberanía por una “servidumbre voluntaria”, como decía La Boétie. Por eso los políticos franceses y el propio presidente ya no logran hacerse oír. El inquilino del Elíseo no tiene más poderes que un alcalde de pueblo: distribuye ayudas y permisos; sube los impuestos aquí, los baja allá; hace política social y coloca a sus hombres en los puestos clave para reforzar su autoridad y asegurar su reelección…
— ¿Tiene remedio esta situación?
— ¿Si esta servidumbre es reversible? Digamos que Francia cuenta aún con una baza mayor: a diferencia de Grecia, con escasos recursos, o de Reino Unido, de ubicación marginal, nuestra Nación ocupa una posición central en la Unión Europea. Sin ella, la Unión desaparece. El presidente de la República, este o su sucesor, conserva pues la posibilidad de pesar en los asuntos europeos, siempre que sea respetado dentro de sus fronteras… y lo quiera.
André Larané
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Elecciones en Mendoza: Alfredo Cornejo revalida su alianza con Javier Milei ante un peronismo dividido

“La gente está apática. Le hablás de política y te miran como si fueras un testigo de Jehová”, describió uno de los candidatos que competirá en la elección de este domingo en Mendoza. Sólo seis departamentos renovarán sus Concejos Deliberantes en un contexto complejo para el peronismo, que competirá dividido, pero con expectativas en el oficialismo provincial, donde el gobernador Alfredo Cornejo tendrá la posibilidad de revalidar su alianza con La Libertad Avanza. En paralelo, hay controversia por el avance de la autonomía municipal en San Rafael: allí se elegirán convencionales para redactar la Carta Orgánica, aunque un fallo de la Corte estableció que su implementación podrá concretarse recién dentro de los próximos dos años. “No tiene sentido”, protestan algunos dirigentes.
Maipú, La Paz, Santa Rosa, Rivadavia, Luján de Cuyo y San Rafael son los departamentos que tendrán elecciones este domingo. En el entorno de Cornejo adelantaron a Infobae que existe “una alta expectativa” en Luján de Cuyo, luego de que el intendente del PRO, Esteban Allasino, anunciara su incorporación a la coalición Cambia Mendoza junto a La Libertad Avanza. Se trata de la alianza que impulsó el gobernador en 2025, que le garantizó un triunfo provincial y consolidó su vínculo con la Casa Rosada.
En la Gobernación buscan bajarle el tono a las repercusiones que puedan tener los resultados. “Son elecciones municipales”, repiten y evitan cualquier intento de nacionalización. También remarcan que el desdoblamiento decidido por los intendentes responde a “la clásica estrategia” para hacer valer las estructuras oficialistas. No es un dato menor que se espera una baja participación en medio de un clima de apatía política.
En San Rafael anticipan una competencia ajustada frente al histórico peronismo de los hermanos Félix. En el oficialismo provincial aseguran que el escenario en Maipú también aparece favorable. Aunque la elección no define cargos ejecutivos ni provinciales, el resultado será leído en clave 2027. Mendoza es la única provincia que no permite la reelección del gobernador y Cornejo muestra intención de participar en las discusiones estratégicas de la UCR a nivel nacional.
De hecho, Cornejo tiene una pata puesta en el armado de Córdoba donde, además de su aliada Soledad Carrizo, apoya a Rodrigo de Loredo como candidato a gobernador dentro de una alianza con La Libertad Avanza. Tal es la influencia del radical mendocino en el armado nacional que el propio De Loredo lo postuló como posible candidato a vicepresidente de Milei. “Sería un extraordinario candidato Alfredo Cornejo por lo que representa el modelo de Mendoza”, dijo el cordobés en diálogo con Infobae en Vivo.
El peronismo, en cambio, atraviesa una fuerte interna entre el sector referenciado en La Cámpora y los alineados con los intendentes del PJ. Como consecuencia, en San Rafael, Rivadavia y Luján de Cuyo irán en listas separadas, lo que podría favorecer a los armados opositores. “Se la pasan diciendo que los votos son de ellos”, dijo desafiante a este medio un dirigente cercano a Anabel Fernández Sagasti, molesto por la postura de los jefes comunales.
La autonomía de San Rafael

Además de concejales, este domingo San Rafael elegirá convencionales constituyentes que se encargarán de redactar una Carta Orgánica municipal. El movimiento autonomista responde a reclamos históricos vinculados a las diferencias entre el norte y el sur de la provincia. También aparece asociado a problemas de gestión cotidiana que hoy dependen de autorizaciones provinciales. Desde intervenciones urbanas —como la remoción de un árbol en malas condiciones— hasta obras menores requieren trámites en la capital mendocina. San Rafael tampoco cuenta con policía local, hospital propio ni consejo educativo.
A la resistencia opositora se sumó una denuncia del legislador José Luis Ramón, quien presentó una acción de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de Mendoza y pidió suspender la elección prevista para el 22 de febrero en ese departamento por presuntas violaciones a la Constitución provincial y nacional.
La decisión del máximo tribunal generó confusión y extendió el proceso: la elección de convencionales se realizará y los elegidos redactarán la nueva Carta Orgánica, pero el texto recién entrará en vigencia si es aprobado en un referéndum que se realizará dentro de dos años. “Es un papelón”, sostienen quienes se oponen a la autonomía municipal.
“Los Félix acuerdan con Ramón una nueva elección y más gasto político para los sanrafaelinos, por la farsa de la autonomía municipal”, denunció Leonardo Yapur, concejal de la UCR. También señaló que se trató de una estrategia del intendente para ubicar a su hermano como cabeza de lista y conformar una nómina más competitiva.
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