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POLITICA

Juan Carlos Alderete: «Cada vez somos más los que queremos enfrentar la política de Javier Milei»

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«En el interior del país hubo un alto acatamiento al paro, incluso en lugares donde la Unión Tranviarios Automotor (UTA) no paró. Se notó en los colectivos, que no estuvieron tan llenos como un día laboral normal», inició Juan Carlos Alderete.

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Alderete destacó la magnitud de la convocatoria y la amplia participación de trabajadores formales e informales: “Estuvimos acompañando con movilizaciones en distintos lugares. Por ejemplo, con el gremio de Canillitas, de Comercio, parte de la Confederación General del Trabajo (CGT). Cada organización llevó más de cincuenta compañeros”.

El dirigente criticó fuertemente al gobierno nacional por lo que definió como una política de amenazas y ajustes constantes: “Este gobierno amenaza, judicializa, nos acusa de golpistas. El que debe dar garantías es el propio gobierno. Pero el miedo se pierde cuando hay una decisión política de enfrentar esta política. Y cada vez somos más los que queremos enfrentarla”.

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A su vez, denunció el «divorcio» entre el electorado que llevó a Javier Milei al poder y la actual situación de crisis: “Ese divorcio también está en las fábricas y en los barrios populares. La realidad es muy cruda. Los trabajadores formales no llegan a fin de mes y el gobierno no tiene ninguna voluntad de revertir eso”.

Frente a las medidas del gobierno en las horas previas al paro, como la convocatoria a paritarias o las amenazas de descuento salarial, Alderete fue tajante: “Ese relato mentiroso se les está cayendo. Convocan a una paritaria y después ofrecen un 1 por ciento de aumento. Nadie les cree. Relato y amenazas, nada más”.

Asimismo, cuestionó la falta de autocrítica en algunos sectores del gobierno anterior: “Nosotros también integramos el gobierno anterior y creemos que debe hacerse una profunda autocrítica. El enojo llevó a mucha gente a votar a este ‘loco’, como dicen, pero este loco está entregando el país”.

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En ese sentido, remarcó la importancia de la unidad del campo nacional y popular: “Hay que dejar de lado el ego, la identidad partidaria o gremial. Lo que está en juego es el país. Y hay que enfrentar y derrotar a este gobierno en las urnas en las próximas elecciones”.

Consultado por la acusación del oficialismo de que se trata de un “paro político”, Alderete no dudó: “Claro que es político. La política es la que nos daña, la que nos pone freno al salario, la que aumenta los precios. Los trabajadores también tenemos derecho a hacer política y pensar en qué país queremos vivir”.

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Juan, Carlos, Alderete:,

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La batalla por el PJ Bonaerense: el dilema de Kicillof, la jugada de Máximo Kirchner y las diferencias en el MDF

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Axel Kicillof puede terminar siendo el próximo presidente del PJ Bonaerense, tal como lo propuso Máximo Kirchner el último jueves por la noche, durante una reunión con dirigentes cercanos. En el entorno más próximo del Gobernador nadie lo niega tajantemente, como lo hacían un puñado de meses atrás, cuando eran los intendentes kicillofistas los que pedían que fuera el mandatario el que se hiciera cargo del partido.

En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) conviven diferentes posturas sobre lo que debería hacer Kicillof. Es así desde hace tiempo, solo que ahora el líder de La Cámpora salió a desplegar su estrategia en el tablero político y ejerció presión para que el Gobernador tome su posta. Lo que no había hecho nunca desde que el mandatario asumió la conducción de la provincia en el 2019. “La política es dinámica”, dicen en el cristinismo para justificar la propuesta de Kirchner.

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En el peronismo se estila, históricamente, que los intendentes y los gobernadores sean los presidentes de los partidos de las localidades que gobiernan. Ricardo Quintela gobierna La Rioja y también el PJ riojano. Lo mismo sucede con Sergio Ziliotto en La Pampa o Gildo Insfrán en Formosa. En Avellaneda lo preside Jorge Ferraresi y en La Matanza Fernando Espinoza. Es una regla con pocas excepciones.

Hubo dos casos puntuales que rompieron esa dinámica: Catamarca y Tucumán. Dos provincias donde gobiernan peronistas que decidieron ser aliados estratégicos de Javier Milei, pero que mantienen ordenada la fuerza política en sus distritos gracias a acuerdos con socios históricos. En Catamarca gobierna Raúl Jalil, pero preside el PJ Lucía Corpacci, cercana a Cristina Kirchner. En Tucumán manda Osvaldo Jaldo y el partido lo conduce Juan Manzur, un enemigo íntimo de su ex compañero de fórmula.

La discusión por el PJ Bonaerense es uno de los frentes de batalla donde se juega la interna del peronismo

En Buenos Aires la situación fue distinta. La relación entre Kicillof y Kirchner se empezó a deteriorar vertiginosamente a partir del 2021, hasta el punto de no hablarse y evitarse todo lo posible. No hubo un acuerdo interno para que uno gobernara la provincia y otro el PJ. Por eso, este nuevo escenario es un encuentro de contradicciones con el pasado.

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“Si Axel acepta ser, la sensación que va a quedar es que terminó haciendo lo que Cristina quería”, reflexionó un intendente que está en el ala dura del MDF, y que espera con ansias, que Kicillof dé muestras más contundentes de que quiere ser jefe, candidato a presidente y terminar, de una vez por todas, la interna con el camporismo. Hay muchos intendentes que le reclaman decisiones más terminantes. Un golpe seco y corto a la realidad actual. El Gobernador tiene otro estilo y otras formas de gestionar el poder. Cada uno con su librito.

Esa es solo una posición interna del kicillofismo. Hay otros dirigentes que, desde hace tiempo, creen que Kicillof debe ser el presidente del PJ Bonarense. Incluso, desde antes de que comience a discutirse la sucesión de Kirchner en el sillón principal del partido. Kicillof nunca quiso ser él mismo el nombre propio que lo suceda. No quería meterse en el barro de la disputa peronista por el control del partido. Tal es así que siempre fueron sus delegados de la primera línea los que negociaron las condiciones del proceso electoral.

El argumento central para que el Gobernador no asuma en el partido es que no quede encerrado en la lógica bonaerense, teniendo en cuenta su decisión de edificar una candidatura presidencial. “Axel tiene que dedicarse a federalizar su construcción política. Su camino es nacional”, fue el argumento que compartieron algunos de los principales dirigentes de su entorno con intendentes que forman parte del MDF. Estrategias, movidas de ajedrez y rencores personales. Todo se mezcla en la licuadora del poder.

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La relación entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner es tirante y fría desde hace varios años (AG La Plata)

Kicillof tiene un dilema por delante. Debe definir si cambia su postura inicial de no ser presidente del PJ, sostiene a Verónica Magario como la principal candidata de su espacio y se dispone a ir a una elección interna, si el cristinismo no avala sus condiciones; o si acepta la propuesta de Máximo Kirchner, asume el poder del partido y trata, por esa vía, de cerrar la interna partidaria.

El problema, en todo caso, es cómo comunica su cambio de postura para que no sea interpretada como una derrota pequeña en la interna de la interna peronista. Un paso hacia atrás en una puja de intereses permanente que el peronismo bonaerense tiene, sin pausa, desde que comenzó el último mandato de Kicillof. Ceder no siempre es una derrota, pero se debe encontrar la forma de expresarla correctamente para que esa no sea la interpretación.

Por estas horas, en el círculo más chico del Gobernador nadie descarta la posibilidad de que termine siendo el presidente del partido. “Quien presida el PJ tiene que apoyar abierta y explícitamente a Axel y las políticas públicas de su gestión. Quien asegura eso es alguien del MDF. Después se discute el nombre”, explicó a Infobae uno de los ministros de su máxima confianza.

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Otro funcionario de relación estrecha con el Gobernador se mostró en la misma sintonía. “Conceptualmente el PJ se tiene que ordenar con el gobierno provincial, más allá de los nombres”, sostuvo ante la consulta de este medio. La línea es similar en el primer anillo kicillofista. Como suele suceder. Siempre hay un orden claro en los mensajes que expresan el camino de Kicillof.

Kicillof junto a los principales dirigentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF)

Máximo Kirchner jugó una carta importante al pregonar la asunción del Gobernador al PJ Bonaerense. Acepta su ascendencia como principal candidato de la fuerza política para la elección presidencial pero, al mismo tiempo, lo obliga a cambiar su postura inicial para evitar la confrontación interna en el partido y cerrar un nuevo capítulo de la pelea a cielo abierto. En paralelo, y si acepta, Kicillof lograría que sea alguien del MDF el que conduzca el partido y que el partido esté alineado a su gestión completamente. Nadie gana ni pierde definitivamente. Esa es la verdad de la milanesa, como suele decir la ex presidenta de la Nación.

En el cristinismo advierten que Kicillof se enteró de la intención de Kirchner antes de que saliera en los medios. De esa forma, buscan desarticular la queja del kicillofismo sobre que la propuesta nunca llegó por vías formales a La Plata. “La idea de que Magario sea presidenta del PJ no la transmitieron vía fax. Hace tiempo que nos hablamos por los medios”, ironizaron cerca del líder camporista. Rispidices de una familia disfuncional y la aceptación ímplicita de que los canales de diálogo no son fluidos.

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“Si Axel acepta presidir el PJ, clausuramos la interna partidaria y empezamos a cicatrizar algunas heridas. Sería sano que eso suceda. Así después abrimos el juego para discutir qué quiere el peronismo como proyecto nacional”, aseguró un dirigente importante de La Cámpora. Esa es la propuesta que le dejaron sobre la mesa al mandatario provincial.

Kicillof y Kirchner juegan, en forma constante, una partida de poder sobre el tablero bonaerense. Como punto de acuerdo el cristinismo solo acepta que sea el Gobernador el presidente del partido. Magario no es prenda de unidad. Si Kicillof sostiene a su compañera de fórmula y el sector de los Kirchner no acepta esa postura, no quedará otro camino que no sea el de ir a una interna partidaria en marzo. Todo puede pasar.

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Sergio “Tronco” Figliuolo: “El kirchnerismo es el lado oscuro, son los malos, nos hicieron mierda”

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“El kirchnerismo es el lado oscuro, son los malos, nos hicieron mierda. Me interesa apoyar a Javier Milei porque creo absolutamente en lo que está haciendo”. La frase no llega como un eslogan ni como un remate calculado. Aparece en medio de una conversación larga, atravesada por recuerdos personales, humor, bronca acumulada y una convicción que Sergio “Tronco” Figliuolo no intenta disimular.

La entrevista en los estudios de Infobae se dio en una antesala cargada: mañana comenzarán formalmente las sesiones extraordinarias convocadas por decreto del presidente Javier Milei, el Gobierno acaba de entrar en un choque público con Techint y Paolo Rocca, hay un debate por la edad de imputabilidad y el Congreso vuelve a ser el escenario de una disputa que promete tensión permanente.

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Ahora, con una banca en el Congreso, el exproductor y conductor apunta: “Hay mucha gente que nunca leyó un proyecto en cuatro años. Yo leo todo. Mi primer proyecto fue el Presupuesto y lo leí entero”.

El recorrido de Sergio “Tronco” Figliuolo comenzó mucho antes de la política y de los debates parlamentarios. Nacido y criado en el conurbano bonaerense, desde chico mostró una fascinación por la radio y la televisión. A los ocho años, según recuerdan sus padres, ya decía que quería trabajar en los medios, aunque nunca le interesó “poner la cara”. Sus referentes de la infancia incluían a Topo Gigio, Johnny Tolengo y Carlitos Balá, e imitaba estilos de locución como el de Larrea, a quien escuchaba en los viajes al colegio.

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Su primer contacto profesional fue en radios zonales, primero en Liniers y luego en San Justo, donde comenzó a aprender el oficio de productor. Más adelante, estudió publicidad en la Escuela Panamericana de Arte y luego se formó como productor integral de radio y televisión en TEA Imagen. “Hoy, gracias a todo lo que hice en todos los laburos, vos me das cualquier cámara, cualquiera, salió una hace dos días y yo te la sé usar”, afirmó, reivindicando su experiencia práctica y su interés por el detrás de escena.

Durante cinco años trabajó como productor en Polka, en proyectos como Gasoleros, Primicias e Ilusiones, donde surgió el apodo que lo acompaña hasta hoy. Su paso por la radio Rock & Pop también fue clave: allí produjo el Ranking Rock & Pop y protagonizó un episodio memorable al cambiar el orden habitual de los conductores, lo que le valió la sorpresa—y finalmente la aprobación—de Mario Pergolini.

A lo largo de su carrera, Figliuolo combinó trabajos en radio, televisión, teatro y eventos. Participó en ciclos como Super M 2002, donde fue responsable de la producción durante los multitudinarios castings en el Hipódromo de Palermo, y también en programas como Camino a la gloria, dedicado a futbolistas. En el ámbito teatral, trabajó con figuras como Alejandro Fiore y Jorge D’Elía, y tuvo su propio espacio en radios como X4, donde además debutó como conductor gracias a una oportunidad inesperada.

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El salto a la política de Sergio “Tronco” Figliuolo estuvo marcado por una trayectoria de años en medios y un vínculo directo con Javier Milei. Su primer contacto con el ahora presidente se produjo en 2016, en una parrilla de Palermo, cuando ambos fueron presentados por Alejandro Fantino. Milei, en ese entonces un economista poco conocido, sorprendió a Figliuolo por su estilo directo y su forma de comunicarse: “No le importó nada, lo acaba de conocer a Fantino y le habla así: ‘Voy porque quiero hablar mal de tal. Estos son unos ladrones’, le dijo”.

Esa primera impresión fue el inicio de una relación de cercanía y admiración. Figliuolo acompañó a Milei en sus primeros pasos mediáticos, como panelista en Animales Sueltos, y fue testigo del impacto que generó su irrupción en los debates televisivos: “Fue tendencia en Twitter diez días seguidos. Yo no podía creer que alguien en su primera aparición armará ese revuelo”.

El crecimiento político de Milei encontró a Figliuolo primero como espectador y después como un convencido. “Milei es el presidente que siempre me hubiera gustado tener”, resume, y agrega que su identificación con el actual mandatario se consolidó cuando el líder libertario asumió como diputado. La figura de “Tronco” se transformó así en una de las voces más enfáticas que defendían el estilo frontal y la claridad comunicativa como valores diferenciales: “Había mucha gente que se sentía representada por lo que decía Milei y comunicaba como hablamos nosotros. No era el vendehumo que te habla difícil”.

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La llegada de “Tronco” Figliuolo al Congreso estuvo atravesada por una mezcla de sorpresa y una visión crítica sobre la política y el funcionamiento parlamentario. Desde el inicio, Figliuolo remarcó la hostilidad y las reglas no escritas que encontró en la Cámara de Diputados, y valoró el esfuerzo de quienes, más allá de la exposición y el debate político, sostienen el trabajo diario en el anexo: “Me encontré mucha gente que labura como loco, la verdad, y lo destaqué”.

Sin renunciar nunca al humor ni a su estilo provocador, Figliuolo se autodefine como “Munipa” -por empleado público-, y reconoce que esa etiqueta puede ser malinterpretada. Sin embargo, asegura que la utiliza en tono amable, incluso con personas de otros partidos: “Está todo bien. Noté buena onda en algunos que he puteado. Mucho me dicen: ‘Me hiciste reír un par de veces’”.

El diputado Figliuolo el día de la jura en la Cámara baja

El exproductor no esconde su desconfianza hacia lo que llama “el lado oscuro” de la política y de ciertos sectores empresariales. Asocia a este concepto tanto al kirchnerismo como al “círculo rojo” de empresarios influyentes, y sostiene que existen poderes y estrategias que operan fuera de la mirada pública: “Es el lado oscuro, son los malos, nos hicieron mierda. Desde mi rol de comunicador, sentía que si decía algo al aire podía tener consecuencias. Una vez puteé a la AFIP porque me pusieron ‘Dergio’ y a la semana me quisieron pasar a responsable inscripto. ¿Casualidad?”.

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En su visión, los partidos tradicionales y las dinámicas de poder en el Congreso están marcadas por “usos y costumbres”, y observa hostilidad y resistencia ante la llegada de figuras externas al sistema: “Hay mucha gente que nunca leyó un proyecto en cuatro años. Yo leo todo. Mi primer proyecto fue el Presupuesto y lo leí entero”.

La impronta irreverente de Sergio “Tronco” Figliuolo se viralizó mucho antes de su desembarco en el Congreso, con episodios como el recordado video en el que, entre risas y termos atados a la cabeza con plásticos, ironizaba sobre la política: “Era humor, jugaba con la idea de que los diputados libertarios tenían que votar todo, aunque no leyeran nada”. Ese gesto, que aún lo sigue en redes y debates, marcó su estilo provocador. Sin embargo, Figliuolo se encarga de diferenciar el personaje del legislador: “Ahora leo todo. Me leí el Presupuesto de punta a punta”, afirma, y subraya que su compromiso es analizar cada proyecto antes de definir su voto, lejos del estereotipo que él mismo ayudó a construir desde el humor.

En la antesala del inicio de sesiones extraordinarias, Sergio “Tronco” Figliuolo se muestra alineado con el presidente y no esquiva la polémica con el mundo empresario. “El círculo rojo no está acostumbrado a ser expuesto. Cuando se habla de Techint o Paolo Rocca, siempre hay movimientos y poderes raros”, advierte, en referencia al reciente enfrentamiento público entre el Gobierno y uno de los principales grupos industriales del país.

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Para Figliuolo, el debate deja en evidencia que existen intereses y sectores influyentes que operan tras bambalinas: “Hay un lado oscuro en el empresariado, poderes que nunca voy a terminar de entender ni me quiero meter a entenderlos”.

Al abordar los grandes proyectos de reforma que atraviesan la agenda parlamentaria, Figliuolo recurre a su historia familiar para explicar su posición, especialmente respecto a la reforma laboral: “Desde 2012 está estancado el empleo formal. ¿Por qué querés mantener algo que claramente es un fracaso? Mi papá perdió todo por la industria del juicio. Lo fundió un juicio laboral y no solo económicamente, también en la cabeza”. Considera que la modernización de las leyes es necesaria y sostiene que el sistema actual desalienta la creación de puestos de trabajo: “Lo que hay ahora es un fracaso. Hay que cambiar”.

En cuanto a la baja de la edad de imputabilidad, Figliuolo se muestra a favor y argumenta que la sociedad necesita respuestas más claras ante delitos graves cometidos por menores: “Estoy absolutamente a favor. Si no podés discernir entre el bien y el mal, maestro… El que comete un asesinato tiene que estar preso, no importa la edad. No estoy a favor de la pena de muerte, pero sí que no salgan nunca más”.

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El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el diputado en el Salón Blanco de la Casa Rosada

Su mirada sobre el Congreso es igual de crítica con la oposición. Acusa al kirchnerismo de bloquear cualquier iniciativa del Gobierno: “El kirchnerismo se opone a todo lo que presente Javier Milei, de hoy hasta que termine el mandato. Y no hay un argumento”.

El presente político de Sergio “Tronco” Figliuolo lo encuentra, dice, sin ambiciones personales a largo plazo. Rechaza la idea de proyectarse como intendente, funcionario o referente de peso más allá de su actual banca: “No tengo absolutamente ninguna ambición, no quiero ser nada”. Explica que su foco está puesto en acompañar el rumbo del Gobierno y en aportar creatividad: “Quiero enfocarme en derogar, desregular y hacer cosas fáciles. Escribí en todo este tiempo un paquete que tiene siete leyes. Lo voy a hacer revisar por lo técnico, pero tengo uno sobre impuestos que es una bomba”.

Figliuolo reivindica su pertenencia al espacio libertario y su cercanía con Javier Milei, a quien define como “el presidente que siempre me hubiera gustado tener”. Se asume como un outsider dentro de la política y sostiene que su estilo directo, la ironía y la creatividad pueden aportar una mirada distinta en un ámbito tradicionalmente reacio al cambio. Una suerte de Joker vernáculo. “Quiero seguir siendo Tronco, porque Tronco es una bola de creatividad. Estoy intentando meter creatividad en un lugar donde se olvidaron que se puede”.

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Frente a las críticas y las tensiones propias del Congreso, Figliuolo se mostró indiferente: “A mí cuanto más me putean, mejor. Soy como Godzilla: le tirás cosas nucleares y se hace más poderoso”. Su objetivo, asegura, es acompañar el proyecto del presidente y no desviarse del rumbo trazado: “Me interesa defender su proyecto y que mi norte sea él en este laburo que voy a hacer”.

La entrevista a Sergio Figliuolo

—La primera pregunta es inevitable: ¿Por qué Tronco?

– Me pusieron Tronco en el 97. Trabajaba en Gasoleros y me bautizaron adentro de un camarín. Me pusieron Tronco, una actriz que ya no está entre nosotros. Y ahí quedó Tronco de toda la vida.

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— Pero “tronco” ¿en qué sentido?…

– Tronco. En el sentido que vos pensás.

— ¿Eso? Si pienso mal…

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– Pensá mal.

— Ok. Cuando tiene que hacer un trámite y escribir “profesión”, por ejemplo en Migraciones o en un hotel, ¿qué escribe?

– Siempre puse cualquier cosa. La que más me acuerdo es “armador de carpas de circo”. También puse “mystery shopper”.

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— ¿Trabajó de mystery shopper? Explique, porque mucha gente no sabe qué es eso.

– Sí, hice eso. En los 80 y 90 te contrataban para ir a hacer compras falsas. Volvías locos a los vendedores y después no comprabas nada. En un local de Caballito un tipo se puso muy violento conmigo.

— Pero cuando tiene que escribir algo oficial…

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– Productor de radio y televisión. Ese soy yo.

— ¿Esa es tu identidad? ¿Por qué?

– Porque es lo que me formó desde chico. A los ocho años ya quería laburar en radio y televisión. Nunca me interesó poner la cara. Me grababa en una casetera un tema del Topo Gigio y en la otra mi voz. Lo hacía con el Topo Gigio, Johnny Tolengo, Carlitos Balá. Presentaba temas… como escuchaba a Larrea. Me quedaba mirando los títulos de la tele, quién producía, quién hacía la escenografía.

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— Nunca la actuación.

– Jamás. Siempre el detrás de escena.

— ¿Primer trabajo en medios?

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– En radios zonales de Liniers y San Justo. Ahí aprendí a producir.

— ¿Estudios?

– Publicidad, en la Escuela Panamericana de Arte. Y después productor integral de radio y televisión en TEA Imagen. Terminé todo.

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— Polka.

– Cinco años. En Gasoleros, Primicias, Ilusiones. Después en la radio Rock & Pop. Hacía el Ranking Rock & Pop. Ahí aprendí a producir recitales. Una vez cambié el orden histórico de los conductores y no pasó nada. Pergolini fue un fenómeno.

— ¿Cuándo empieza a estar al aire como conductor?

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– En X4, una radio de Cuatro Cabezas. Faltó una conductora y me mandaron a conducir. Después conduje en Rock & Pop TV. Hice un programa de videojuegos y tecnología. Metía humor y política. Nunca me dijeron nada. El programa explotó.

— Ahí empieza la mayor visibilidad.

– Sí. Mucha gente todavía me conoce de esa época.

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— ¿Cómo aparece Fantino?

– En el teatro, por una obra que estaba haciendo con su ex pareja. Después vino Radio La Red y se armó una química fuerte. Estuvimos en ESPN y después Neura.

— Neura fue un quiebre.

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– Sí. Yo venía insistiendo con el streaming desde 2019. Estuve seis meses en Estados Unidos viendo estudios. Volví convencido.

El diputado y el ministro Caputo, antes de ser candidato

— ¿Por qué se termina la dupla?

– Porque no podés ser diputado y tener un medio. Cedí todo y me fui.

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— ¿Cuándo lo conoce a Milei?

– En 2016, en una parrilla de Palermo. Le dijo: quiero que me invites al programa para hablar mal de tal, porque son unos delincuentes. No le importó nada. Fue a Animales sueltos y explotó. Fue tendencia en Twitter diez días seguidos.

— ¿Qué característica lo conectó con él?

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– Que Javier Milei hablaba claro. No era el hablador prolijo. Le entendías todo.

— ¿Cuándo siente que el vínculo con Milei deja de ser solo mediático y pasa a ser político en serio?

Cuando llega a diputado. Ahí cambia todo. Una cosa es el Milei panelista y otra es cuando lo ves entrar al Congreso. Ahí lo empezás a seguir de otra manera. Porque ya había algo raro antes. Vos lo veías ir a programas y lo acorralaban. No lo querían escuchar, lo querían destruir. Y cuando lo quieren destruir así, es porque hay algo.

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— Ahí se identifica más con él…

– Sí. Porque había mucha gente que se sentía representada por lo que decía. No era el hablador prolijo que te habla difícil. Le entendías todo. Capaz te hablaba de economía y vos decías: “Soy un zoquete, pero le entendí”.

— ¿Qué representa Milei para usted?

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– Es el presidente que siempre me hubiera gustado tener.

—¿Cuándo aparece la posibilidad concreta de ser candidato?

– Yo estaba muy contento haciendo el último programa. Le había vuelto a meter humor político, algo que durante muchos años no se podía hacer. Nos afanaron el humor. Nos afanaron un montón de cosas. No te podías reír. Y de golpe vuelve eso. Y en ese momento me llaman.

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—¿Quién lo llama para ofrecerle ser candidato?

– Yo tengo buena relación con (el jefe de Gabinete) Manuel Adorni. Empezamos a hablar por WhatsApp. Me empieza a hacer preguntas raras: si vivía en provincia, si tenía dirección en provincia. Le digo: “¿Qué pasa? ¿Ahora sos de la SIDE?”. Después me pasó con Karina Milei y me agradeció que aceptara sumarme al Congreso más reformista de la historia argentina.

—¿Lo dudó?

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– No. No lo dudé un segundo.

—¿Se lo contó a alguien?

– A nadie. Ni a mi familia. Me pidieron que no diga nada. Nada es nada.

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— ¿Ni a tu pareja?

– No. Pero ella entiende la lógica de los medios, entiende la confidencialidad, entiende todo. Después, cuando salió, explotó todo.

—¿Qué sintió cuando vio el lugar en la lista?

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– Cuando me vi once dije: “Este tipo está loco”. Yo pensaba que iba a estar veintinueve, suplente del suplente. Once era entrar seguro.

—¿Ahí tomó dimensión de que iba a ser diputado?

—Sí, pero igual no sabés hasta que pasa. Entré siete al final, por la salida de José Luis Espert y otros.

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— Llegó al Congreso. ¿Qué se encontró?

– Primero, mucha hostilidad. Para el que viene de afuera, el Congreso es hostil. Hay usos y costumbres que no están en ningún lado. Por eso fue importante que nos expliquen el reglamento, pero también lo que no está escrito.

—Hubo burlas con la ‘escuelita parlamentaria’.

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– Sí, fue mala leche. Como diciendo “hay que enseñarles a estos burros”. Si lo hubieran hecho los kirchneristas, iban a destacar “qué bueno que se capaciten”. Lo hizo Javier y se burlaron. A mí me parece que ojalá todos hicieran una escuelita. Hay gente que no leyó un proyecto en cuatro años.

—¿Usted lee los proyectos?

– Leo todo. Mi primer proyecto fue el Presupuesto y lo leí entero. Entero. Lo primero que hice fue agarrar el reglamento y leerlo una y otra vez.

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La imagen del video que se viralizó, con Tronco y los termos en la cabeza

—Eso va en contra del estereotipo que se armó de usted. El video viral de los termos en la cabeza.

– Claro. El estereotipo del termo era humor. Pero ahora trabajo. No tiene sentido votar sin leer.

— ¿Cómo es el día a día en Diputados?

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– Me encontré mucha gente en el Anexo que labura como loca. Eso no se cuenta. Un viernes a las ocho y media de la noche me solucionaron un problema. Eso existe.

—Usted usa mucho el término “Munipa”.

– Es buena onda. Yo también soy Munipa ahora. Me lo digo a mí mismo. Me saludo con gente de la Cámara y le digo “hola, Munipa” y me responden “Hola, Munipa”. Está todo bien. Hay gente de otros bloques que me saluda así. Otros me bajan la mirada y se van.

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—¿Quiénes?

– Algunos del kirchnerismo, de la izquierda. Me bajaron la mirada dos veces. No me importa.

— Habla mucho del ‘lado oscuro’. ¿Qué es eso?

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– El kirchnerismo. Son los malos. Nos hicieron mierda. Yo lo viví. Desde mi rol de productor y comunicador, sentías que si decías algo podía tener consecuencias. Yo una vez puteé a la AFIP al aire porque me habían puesto “Dergio” en el monotributo. Eso me generaba problemas con todo. A la semana me quisieron pasar a responsable inscripto. ¿Casualidad?

— ¿Eso fue durante el kirchnerismo?

– Sí. Y está grabado. Fue todo al aire. Y yo era un cuatro de copa, categoría C. Vi a muchos compañeros sufrir cosas peores.

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— ¿Había miedo?

– Sí. Mucho miedo.

— ¿Eso explica parte de tu bronca?

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– Claro. Y después ves sesiones donde te hacen perder tiempo pegando carteles. Oscuridad. Eso es oscuridad.

—En los últimos días hubo un choque fuerte entre el Gobierno y Techint, con Paolo Rocca. ¿Qué pensás?

– Banco al presidente. El círculo rojo no está acostumbrado a ser expuesto.

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—¿A quiénes llama círculo rojo?

– Megaempresarios. Superempresarios. No están acostumbrados a que les bajen el haz de luz.

Paolo Rocca, titular de Techint, la empresa siderúrgica que tuvo un duro choque con el Gobierno

—¿Ve un lado oscuro ahí también?

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– Sí. Hay poderes que operan. Vos ves tapas de diarios y decís: “Hace dos días lo mataban y ahora titulan raro”. No fue un brutal ataque. Son mega poderes que no voy a entender nunca.

— ¿No es repetir peleas del pasado, como las que tenía con Cristina Kirchner?

– ¿Solo Cristina? Mucha gente se peleó con Paolo Rocca. Ahí te das cuenta de que hay poderes raros.

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— Nos vamos a meter en otros temas de coyuntura política, que tienen que ver con su tarea como diputado nacional. Hablemos de reforma laboral. Fundamente.

– Te lo explico con una historia personal. Mi papá vino de Italia con una mano atrás y otra adelante. Laburó toda su vida. Tuvo un kiosco en San Justo. Un día una empleada no fue más y casi pierde todo. Después tuvo un copetín al paso y un día ve al cocinero cortándose el dedo, solo. ¿Quién perdió? Mi papá. La industria del juicio lo fundió. No solo económico, también en la cabeza.

—¿Eso se evita con la reforma?

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– Sí. Desde 2012 el empleo formal está estancado. ¿Por qué querés mantener algo que es un fracaso?

—Otro tema fuerte es la baja de la edad de imputabilidad.

– Estoy absolutamente a favor.

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— Lo mismo: fundamente.

– Porque todos sabemos lo que está bien y lo que está mal. El que comete un asesinato tiene que estar preso, no importa la edad. No estoy a favor de la pena de muerte, pero sí estoy a favor de que no salgan nunca más.

—La oposición lo rechaza.

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– El kirchnerismo se opone a todo lo que presente Javier hasta que termine el mandato. Y no hay argumento.

— El presidente avaló la idea de que el año pasado quisieron desestabilizarlo. ¿Usted qué opina?

– Sí. Yo te hablo como comunicador. Había editoriales de periodistas que decían, sin decir, o pedían a gritos una asamblea legislativa, exfuncionarios pidiéndola. Yo recuerdo a Felipe Solá en un streaming diciendo si la gente quería ver otro presidente o dando la posibilidad de que haya un recambio. Empecé a ver noteros diciendo: “Usted no llega a fin de mes, ¿no? ¿A usted le parece que tiene que seguir Milei?”. Si estudiaste periodismo, eso no hay que hacerlo jamás. Se olía, había como una cosa rara.

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— ¿Lo quisieron voltear?

– Yo creo que sí. Y ahí te estoy hablando Tronco comunicador, Tronco personaje del medio, de conocer mucho, de conocerlos a casi todos. Yo creo que sí.

— ¿Le digo Cristina Kirchner y le hablo del peronismo? ¿Qué piensa?

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– Caca.

— ¿Perdón?

– Caca.

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— ¿Por qué? Fundamente.

– Lo estuvimos hablando. Desde el relato de ellos, nos empezaron a vender, espejito de colores, nos pusieron una policía del pensamiento, nos empezaron a marcar con el dedo qué estaba bien y qué estaba mal, de qué me podía reír y de qué no. Hay algo que Javier dijo en Davos que fue “la apropiación y distorsión de causas nobles para beneficio del Estado”. Eso hicieron. Eso hicieron con todo. Otro gran ejemplo es “che, acá falta un puente”. Lo hacen, “bueno, ahora creemos el Ministerio del Puente y nos ponemos a hacer puentes”. “Inventemos ahora el Ministerio del Agua”. Hicieron eso. Y lo que hicieron en la pandemia… se cagaron en nosotros. Vos fijate que una de las formas que encontraron de pegarle a lo que pasó con Javier en Mar del Plata fue comparar la foto de Olivos con que él haya ido a cantar al teatro. Eso fue una barbaridad. Lo del fiscal Nisman, todo oscuro… ¿Ves que es el lado oscuro? ¿Hoy está presa Cristina?

Cristina Kirchner permanece detenida, cumpliendo una condena por corrupción, en su casa de San José 1111

— Sí.

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– Bueno, pero sigue usando sus redes… O sea, a mí me falta, me falta castigo para ellos.

—¿Qué quiere ser Sergio Figliuolo en política?

– Nada. No quiero ser nada. No tengo ambiciones. Mi misión es derogar, desregular y hacer cosas fáciles. Escribí un paquete de siete leyes. Tengo un proyecto sobre impuestos que es una bomba. Pero ya lo vamos a contar.

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—¿De qué se tiene que cuidar Milei?

– De nunca dejar de ser él.

—¿Y usteds?

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– De todos. Pero no me importa. Cuanto más me putean, mejor. Soy como Godzilla: le tirás cosas nucleares y se hace más poderoso.

Entre el humor, la bronca y la convicción, Sergio “Tronco” Figliuolo transita su desembarco en la política sin pedir permiso. No se piensa como dirigente tradicional ni parece interesado en convertirse en uno. Prefiere seguir siendo Tronco, incluso dentro del Congreso, convencido de que la creatividad, la irreverencia y la lectura atenta de los proyectos pueden ser una forma válida —y disruptiva— de hacer política en un sistema que, según él, se acostumbró demasiado a repetirse a sí mismo.

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POLITICA

El cruce entre Patricia Bullrich y Javier Alonso por la baja de imputabilidad: “Siempre del lado de los delincuentes”

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Luego de que el Gobierno nacional confirmara que el proyecto para bajar la edad de imputabilidad a los 14 años fue incluido en el temario de las sesiones extraordinarias, el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, y la senadora nacional Patricia Bullrich volvieron a cruzarse en las redes sociales.

El disparador del debate fue la nota de opinión que el ministro publicó en Infobae, en donde planteaba que la modificación de la edad mínima de punibilidad en el Régimen de Responsabilidad Penal Juvenil no sería suficiente para resolver la problemática de los menores que delinquen. “Modificar la edad de imputabilidad no es una llave mágica que resuelve todo”, criticó.

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Poco después, la postura sería compartida por el gobernador Axel Kicillof en su perfil en la red social X. “No hay soluciones mágicas; se necesita un esfuerzo integral entre los tres poderes del Estado, trabajo serio y planificación”, ratificó, tras compartir el artículo.

Luego de haber leído la publicación de los representantes del Gobierno bonaerense, la senadora recriminó la postura de los dirigentes políticos. “No puedo creer estar leyendo esto. Queda claro que no le importa ni la seguridad ni las víctimas”, sostuvo al afirmar que la oposición se encontraba “siempre del lado de los delincuentes”.

El descargo de Javier Alonso, luego del posteo de la senadora libertaria

“¿Se animará a decirle en la cara a las familias que perdieron a un hijo, a un padre o a una madre a manos de un menor que no hay que cambiar la edad de imputabilidad y que no le molesta que estén en su casa, libres y sin consecuencias?“, profundizó Bullrich.

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De la misma manera, la presidente del bloque de La Libertad Avanza (LLA) en el Senado chicaneó al gobernador por mantener la sección de los comentarios cerrados en su posteo. ”Si está tan convencido de lo que dice, que habilite los comentarios y lea a los argentinos», arengó.

Frente a estas declaraciones, el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires acusó a su ex par a nivel nacional de apropiarse “del dolor de las víctimas para hacer una campaña política barata y oportunista”. Y reiteró que “la problemática es mucho más compleja que reducir todo a una cuestión de edad”.

“La minoridad no se aborda con slogans, ni con chicanas, ni agitando bronca desde las redes”, apuntó Alonso, tras señalar que la manera de buscar una solución para el problema sería “como plantea la Conferencia Episcopal Argentina, priorizando la prevención y la integración juvenil, con políticas públicas serias, inversión y trabajo coordinado”.

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La publicación de Bullrich contra las declaraciones de Axel Kicillof

Así, el titular de Seguridad bonaerense reprochó a Bullrich que sería un paquete de medidas que nunca puso en marcha cuando tuvo la oportunidad. “Recoja algo de su zigzagueante recorrido político y haga un aporte más serio y sustancial a este debate que nos debemos como democracia. Menos circo, menos oportunismo”, concluyó.

En el artículo de opinión publicado por este medio, el ministro había aseverado que “la Argentina necesita, sin lugar a dudas, un nuevo Régimen de Responsabilidad Penal Juvenil”. Incluso, consideró que se trataba de una norma desactualizada, debido a que la actual legislación fue aprobada en agosto de 1980 por Jorge Rafael Videla.

“Hay que cambiar. Sancionar un nuevo marco legal que sirva para resolver el problema es una deuda pendiente de la democracia y una responsabilidad del Congreso de la Nación», sostuvo. Sin embargo, criticó la postura del Gobierno nacional, tras mencionar que en la Provincia de Buenos Aires se construyó una política de Estado para afrontar el problema.

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Luego de aclarar que la actual ley permite encerrar a un menor que fuera considerado peligroso, Alonso remarcó: «Nadie en su sano juicio dejaría solo y suelto a un menor que anda armado y que representa un peligro para sí y para terceros. Es de sentido común».

El ministro de Seguridad bonaerense reclamó a Nación por más fondos para combatir la problemática de los menores que delinquen

Por este motivo, subrayó que “lo determinante es el criterio: no se puede dejar suelto a un menor que comete un delito con arma de fuego, tenga la edad que tenga”. No obstante, explicó que lo novedoso sería el Programa “Entramados”, que consiste en “programa estatal de control y seguimiento que tenga por objetivo interrumpir la trayectoria delictiva amateur ante las primeras señales de alerta temprana”.

“La decisión del Gobernador es clara: no queremos más vidas arruinadas por menores que ingresan en una espiral de violencia que debería haberse cortado con una sanción efectiva y un límite a tiempo”, resaltó el ministro de Seguridad al señalar que las escuelas serían un factor clave para disminuir la tasa de menores detenidos.

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Según los últimos registros obtenidos en el marco de esta política, se descubrió que 5,2 millones de niños asisten a las escuelas todos los años. En contraparte, otros 5 mil menores son los que “se escurren” del sistema e inician una vida delictiva.

“Para controlar a esos 5 mil menores, planificamos y coordinamos una política que involucra a los organismos de niñez, la policía, jueces, fiscales e intendentes”, explicó Alonso al indicar que, en porcentaje, el fracaso representaría un 0,1%, contra 99,9% de efectividad.

A pesar de esto, el titular de Seguridad señaló que “el fortalecimiento de la infraestructura de los institutos de encierro para menores necesita inversión”. Y concluyó: “Basta de excusas, basta de echarle la culpa al otro, basta de fuegos artificiales. No podemos arrastrar a la sociedad a otra discusión estéril”.

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