POLITICA
La Corte Suprema habilitó la extradición de Fred Machado a EE.UU. y ahora Milei tiene la última palabra

La Corte Suprema de Justicia autorizó la extradición de Federico Andrés “Fred” Machado a Estados Unidos, ratificando la decisión del Juzgado Federal N° 2 de Neuquén.
Con esta confirmación, el empresario argentino, vinculado al diputado José Luis Espert, podrá ser juzgado en Texas por delitos que incluyen asociación ilícita, narcotráfico, lavado de dinero y fraude electrónico, siempre y cuando el presidente Javier Milei dé la autorización final al proceso.
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El fallo, firmado por los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, sostiene que la solicitud estadounidense cumple con las normas internacionales de cooperación judicial y que los cargos imputados a Machado —cinco en total— están suficientemente respaldados.
Entre ellos se incluyen la participación en una organización criminal dedicada a la posesión y distribución de cocaína, complicidad en la importación ilegal de la droga, asociación ilícita para lavado de activos y conspiración para cometer fraude electrónico.
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Durante el trámite judicial, la defensa de Machado, representada por los abogados Norberto F. Oneto y Roberto Rallin, presentó diversas objeciones. Alegó, entre otros puntos, la falta de “doble incriminación”, cuestionó la imparcialidad del juez federal ante el rechazo de pruebas y la negativa a su recusación, y denunció violaciones al principio de igualdad de armas, por la diferencia numérica entre los funcionarios del Ministerio Público Fiscal y los defensores en el juicio. También cuestionó la constitucionalidad del artículo 30 de la ley 24.767 y planteó la aplicación del principio de “ne bis in idem”.
En su fallo, la Corte destacó que ninguno de los agravios presentados por la defensa pudo demostrar un perjuicio concreto para Machado. Según el tribunal, “más allá de la diferencia numérica alegada, la defensa no ha demostrado –ni se advierte– de qué modo ello pudo afectar los intereses concretos de Machado, o qué derechos se ha visto privado de ejercer por la situación que invoca”. Con esto, la Corte desestimó los planteos de la defensa y confirmó la sentencia de extradición.
Durante el proceso, la defensa también solicitó información sobre la situación procesal de la coimputada Kayleigh Moffett y su posible impacto en el pedido de extradición. La Corte remite a los informes de la justicia estadounidense, que detallan la condena de Moffett mediante acuerdo por algunos cargos y la de Debra Mercer Lynn Erwin tras juicio por varios delitos. La Embajada de Estados Unidos reiteró su interés en la extradición de Machado, lo que contribuyó a disipar los reparos planteados por su defensa.
Ahora, la decisión final sobre la entrega de Machado recae en el Poder Ejecutivo, conforme a la legislación argentina. Tras la firma del fallo, la Corte Suprema remitirá el expediente completo a la Cancillería, que deberá resolver en un plazo de diez días hábiles si concede o no la extradición.
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La normativa permite al Gobierno denegar el pedido por “especiales razones de soberanía nacional, seguridad u orden público” u “otros intereses esenciales para la Argentina, que tornen inconveniente el acogimiento del pedido”.
Machado continúa bajo prisión domiciliaria en la Argentina mientras se espera la definición del Ejecutivo. Su vinculación con Espert, quien recientemente renunció a su candidatura legislativa por La Libertad Avanza, surgió a partir de transferencias millonarias y vuelos en aviones privados que el empresario habría financiado durante la campaña presidencial de 2019.
Corte Suprema de Justicia, Corte Suprema, José Luis Espert
POLITICA
Secuestrado: el capítulo del libro en el que Macri relata los terribles 14 días que cambiaron su vida y el vínculo con Franco

Capítulo 10 – Secuestrado
Mi década del noventa comenzó en las primeras horas del sábado 24 de agosto de 1991 en la esquina de Figueroa Alcorta y Tagle. Esa noche fui secuestrado por una banda de expolicías que me mantuvieron en cautiverio a lo largo de catorce días. Este hecho cambió mi vida para siempre, cambió mi relación con mi padre y cambió mi visión acerca de lo importante y lo superfluo. De alguna manera, fue como si una nueva versión de mí mismo hubiera nacido en aquellas jornadas aterradoras encadenado en un sótano. Creo que no existe ningún aspecto de mi personalidad que no haya sido afectado de una manera u otra por la experiencia de haber estado en cautiverio sin saber si saldría con vida.
El silencio, las voces que aparecen un par de veces por día porque quieren grabar mi voz o pasarme a través de un hilo algo para comer. Es una situación de despersonalización muy difícil de explicar. Solo estás ahí. Esperando que suceda algo que no sabés qué es.
El secuestro nos transformó, en un instante, en una familia de altísimo perfil público. Papá podía ser el número uno de los empresarios, pero su cara y su voz eran prácticamente desconocidas hasta ese momento. De un día para el otro, los Macri pasamos a ser algo así como unos Kennedy de cabotaje y comenzamos a ocupar un espacio inédito en las revistas y en la televisión.
Antiguamente, los franceses llamaban “delfines” a los herederos al trono. Muchas veces me habían considerado el delfín de Franco Macri. Por eso para mis secuestradores no era Mauricio sino apenas “el pescadito”, como me llamaban con un sarcasmo cruel.
Todo lo que sucedió durante el secuestro tiene la forma de una pesadilla. Yo llevaba ya varios meses separado de Yvonne Bordeu, la madre de mis tres primeros hijos, y había quedado en ver a Dana, una chica con la que estaba empezando a salir. Preocupada porque no había llegado a la cita que teníamos, fue quien se comunicó de inmediato con papá que, también preocupado, salió corriendo hasta mi casa, a pocas cuadras de la suya. En la vereda, producto del forcejeo, habían quedado mis anteojos. Fue la primera señal que recibió de lo que había ocurrido.
Pocos minutos después de salir en mi búsqueda, sonó el teléfono en su casa. Atendió Eva Bomparola, su pareja de entonces, del otro lado sonó una grabación con mi voz: “¿Con el señor Francisco Macri? Habla su hijo Mauricio. Por favor, comuníqueme con mi padre. He sido secuestrado”.
Eva se comunicó con papá a su celular y le pidió que volviera de inmediato sin decirle de qué se trataba. El teléfono sonó otra vez en medio de la madrugada en la casa de la calle Eduardo Costa. Volvió a sonar la misma grabación con mi voz, pero esta vez, al finalizar, una voz diferente ordenaba buscar “bajo el tobogán de la Plaza Alemania”. Papá fue allí junto con su amigo Rafael Alazraki y estuvieron buscando sin saber qué, pero no hallaron nada. Al cabo de un nuevo llamado, su amigo regresó a la plaza con la persona que cuidaba la casa y encontraron una botella cubierta de alambre y cemento. Dentro estaba el primer mensaje. La pesadilla apenas comenzaba.
El mensaje que dejaron los secuestradores incluía una especie de proclama revolucionaria sin firma seguida de una cifra: siete millones de dólares era el precio que le habían puesto a mi vida. Intentaban mostrar que había algún tipo de móvil ideológico o político detrás, siguiendo el estilo de tantos secuestros producidos años atrás desde las organizaciones guerrilleras de los setenta. Sin embargo, durante la década siguiente los secuestros de empresarios habían dejado de estar motivados por la política y se habían vuelto una manera de financiar un oscuro entramado de expolicías, “mano de obra desocupada” del gobierno militar, como se los llamaba entonces. Muchos de esos secuestros les habían costado la vida a sus víctimas. El mío podía ser uno de aquellos casos.
Mientras, yo estaba ya lejos de allí, acostado, a oscuras. Sabía que había pasado un largo rato en una especie de féretro en el que me habían encerrado hasta llegar al sótano en el que me depositaron. No sabía qué harían los secuestradores ni cuál había sido la reacción de mi padre, si había habido un pedido de rescate y, sobre todo, si saldría vivo de allí.
Le siguieron mandando mensajes a papá. La primera exigencia era mantener el secreto sobre lo que estaba ocurriendo. Franco sabía que las horas en las que se podía mantener el silencio de las pocas personas que estaban al tanto se esfumaban como arena entre los dedos. Las posibilidades de explicar mi súbita ausencia se reducían.
Papá decidió simular que seguía con su vida normal mientras todo no hacía más que volverse anormal hasta la locura. Cualquier filtración sobre lo que realmente estaba ocurriendo me ponía en peligro. Para el resto del mundo, yo había salido de viaje de manera urgente hacia Brasil por temas de trabajo. Ese sábado a la mañana debí leer en voz alta los títulos del diario. La grabación fue enviada a papá. Fue la primera prueba de vida de las muchas que vendrían.
El primer fin de semana de mi secuestro, Franco decidió pedirle ayuda al embajador norteamericano Terence Todman. Quería que le recomendara gente especializada en este tipo de situaciones. La desesperación crecía en el puñado de personas que lo rodeaban. La negociación que papá había decidido llevar él mismo con los secuestradores avanzaba, y había que reunir una suma gigantesca de dólares en efectivo en pocos días.
Las indicaciones eran precisas: el dinero debía ordenarse en fajos de 10 mil dólares agrupados de diferentes maneras, con billetes de distinta denominación dentro de un modelo determinado de bolso. La logística para llevarlo a cabo hacía que todo pareciera aún más delirante. En la planta baja de su casa, papá junto a Luis da Costa y sus colaboradores más cercanos se dedicaron durante horas a contar y ordenar los billetes. El plazo se había fijado para el jueves siguiente. El martes ya se habían reunido todos los billetes, que apilados ocupaban una superficie de un metro de alto por tres metros de largo, según recordaría Franco.
El lunes habían llegado los agentes norteamericanos de Ackerman, la consultora de seguridad recomendada por Todman. Las discusiones sobre cuál podía ser la mejor estrategia para lograr mi liberación fueron intensas. Papá no quería correr riesgos. El tema seguía siendo cómo mantener el secreto sobre lo que estaba ocurriendo, pese a que cada vez más gente estaba al tanto. Ahora se habían sumado mi hermano Gianfranco, mi mamá, la madre de mis tres primeros hijos y mi amigo Nicolás Caputo.
El miércoles, una radio anunció que papá había sido secuestrado. El rumor corrió rápidamente. Franco desmintió todo de inmediato. Pero ya todos sabían que algo raro estaba pasando. El cuento del viaje a Brasil duró apenas veinticuatro horas más. El jueves estalló la noticia y toda la prensa ya estaba hablando de mi secuestro.
Hasta ese momento, papá confiaba en su extraordinaria capacidad como negociador, esa que yo había visto en innumerables oportunidades, intentando construir en cada llamada que recibía de los secuestradores un espacio de confianza. Pero a diferencia del terreno en que solía moverse, esta vez no había del otro lado un hombre de negocios o un banquero o un político, sino una banda de comisarios convertidos en delincuentes profesionales. Ese jueves le anunciaron que las negociaciones quedaban interrumpidas. Los secuestradores se habían sentido traicionados por la noticia en los medios. Fiel a su estilo, Franco insistió en que podría ayudarlos a que las cosas no se agravaran aún más.
Yo no sabía que estaba en un pequeño espacio en el sótano de una casa de la avenida Juan de Garay 2882. Allí, el tiempo no pasaba. Había un precario baño químico. Mi única conexión con el mundo exterior era un pequeño televisor blanco y negro que estaba en esa jaula en la que estaba atrapado. Al principio, la pantalla era una ayuda para soportar el limbo en el que me encontraba. Pero con el correr de los días se convirtió en un enemigo. A través de ese televisor, yo veía las cámaras que hacían guardia día y noche frente a la puerta de la casa de papá en la calle Eduardo Costa. Mi desesperación crecía cuando veía a mis hijos entrar y salir. Lo vi a papá cuando salió a saludar desde el balcón del primer piso. Imagino a mis padres en ese momento, me imagino a mí mismo como padre ante el secuestro de un hijo y no puedo asimilar el nivel de desesperación que debe haber sentido mi familia en esos días.
Al poco tiempo papá descubrió el origen de la filtración que llegó a los medios. Los teléfonos de Eduardo Costa estaban “pinchados”. Todas sus sospechas recaían sobre una empresa competidora que practicaba el espionaje industrial. Fue así como se convirtieron en los primeros en enterarse de lo que estaba ocurriendo y se lo comunicaron al gobierno del entonces presidente Carlos Menem.
Los días se sucedían entre la irrealidad de lo que se vivía en el campamento que se había armado en la casa de mi padre y lo no menos irreal que estaba viviendo yo mismo en esa espera incierta. Papá dirigía la empresa más difícil de su vida con la asistencia de Mike y Peter, los dos expertos americanos recomendados por Todman, junto con quienes había construido su estado mayor.
Todos los días llegaban pistas que había que chequear y que luego se descartaban. Muchas de ellas de gente bienintencionada y otras directamente absurdas. Unos daban precisiones de un lugar de cautiverio en el Tigre o en San Telmo, y hasta aparecieron videntes que afirmaban basados en visiones y percepciones extrasensoriales que me habían asesinado.
El gobierno se puso a disposición, pero Franco fue tajante: no quería saber nada con esta ayuda. Tenía muy claro que mi vida estaba en juego y no quería que nada interfiriera en las negociaciones y pudiera convertir el desenlace en una tragedia.
Papá sufría lo que estaba pasando hasta lo indecible. Los secuestradores le habían exigido que él mismo fuera quien entregara el dinero del rescate. Él estaba dispuesto y decidido a hacerlo, pero los expertos americanos que lo acompañaban rechazaron de plano la idea. La experiencia internacional señalaba que, si mi padre se exponía a entregar el dinero, era muy probable que él mismo pasara a ser víctima de un nuevo secuestro.
La situación en el sótano no había cambiado hasta que los medios mostraron la llegada de una ambulancia a la casa de papá. Esto comenzó a generar alarma entre los secuestradores. Efectivamente, según supe después, Franco había tenido una crisis cardíaca producto del estrés que estaba viviendo. Esto me sirvió para convencer a mis captores de que papá no podía estar a cargo de la entrega del dinero, pero que era, sí, la única persona posible con la que negociar el pago del rescate. También les pedí que me permitieran hacerle llegar un mensaje a mi amigo Nicolás, para que le diera a mi padre su celular, de modo que todas las conversaciones se hicieran a través de ese teléfono, que era más seguro que cualquiera que tuviera papá, a esa altura probablemente intervenido legal o ilegalmente.
Los secuestradores accedieron y las negociaciones se restablecieron. Hubo un nuevo mensaje, oculto bajo un cartel junto al estadio de River Plate, con nuevas indicaciones.
El tiempo se estaba acabando y papá les ofreció a los secuestradores una lista de personas posibles para la entrega del dinero, y eligieron a Nicolás y al chofer que nos acompañaba desde hacía muchos años, de extrema confianza de la familia, Roberto Pascual. Finalmente, el jueves le pasaron a Franco una lista muy sofisticada de instrucciones para el pago: Nicky y Roberto deberían cumplir con dieciocho escalas a lo largo de un recorrido que les insumiría desde el amanecer hasta la noche. Si no se hubiera tratado de lo que se trataba, habría parecido una búsqueda del tesoro. Aunque en este caso, el tesoro de millones de dólares estaba en el baúl del auto.
En cada posta, Nicky tenía que realizar una acción preestablecida por los secuestradores. Podría ser simplemente mostrarse o tomar un objeto que había sido dispuesto con anterioridad en algún sitio. Finalmente, la última parada antes de abandonar el auto consistía en buscar una moneda de cincuenta centavos de dólar. Solo si encontraban esa moneda se podría avanzar hasta la última estación.
De allí fueron hasta un puente en Dock Sud, se bajaron del auto y lo dejaron con la llave puesta. Tenían instrucciones de alejarse durante casi media hora en un sentido determinado. El auto desapareció, por supuesto. Al cabo de toda esa jornada en movimiento, ambos estaban exhaustos y aterrados.
Hubo un último llamado, según recordaría papá, con las instrucciones para recuperar el auto. En él elogiaron la conducta de Franco, diciendo que se había comportado como “un hombre de honor que cumplió con todo lo acordado”.
Esas últimas 72 horas fueron las peores de todas. La razón es simple: ya se había pagado el rescate, ya se había entregado lo que habían pedido, pero… ¿cumplirían con su parte? ¿Por qué habrían de hacerlo?, pensaba yo, cada vez más inquieto. Yo era el único testigo de su crimen. ¿Cuál era el sentido de dejarme en libertad si ya tenían el dinero en sus manos? Según me contó el hombre que me vigilaba, el debate existió y no todos estuvieron de acuerdo en qué debían hacer. La pregunta era simple y terrible: ¿matarme o no matarme? Ellos ya habían asesinado a la mayoría de las víctimas de sus secuestros. ¿Por qué estarían dispuestos a hacer una excepción conmigo?
Ese jueves grabé las noticias del día, como lo había hecho tantas veces. Según papá, mi voz transmitía algo diferente. Nadie sabe leer los matices de la voz de un hijo mejor que sus padres. Yo descontaba que me iban a matar y papá registró con desesperación lo que yo estaba sintiendo. Esa noche se quebró y lloró desconsoladamente.
Parecía que todo estaba ya perdido. A través de mi voz, los secuestradores le informaron que habría nuevas demandas para verme con vida. Un nuevo mensaje escrito con tono político demandaba la entrega de alimentos y ropa por un monto total de un millón de dólares por día en distintos barrios humildes del Gran Buenos Aires. Papá se ocupó de organizar la distribución junto con monseñor Ubaldo Calabresi, el nuncio papal, y a través de la ayuda de Cáritas.
Sin embargo, esa misma madrugada me soltaron. Me dejaron al costado de un camino y me dijeron que caminara. Esperaba un disparo en cualquier momento. Caminaba y caminaba. Me habían dado unos cospeles para hablar por teléfono y algo de plata para un taxi. Tenía que esperar un rato. Encontré un taxi y llegué a Florida y Paraguay, a la casa de una amiga. Como pude, llamé desde el teléfono público de la esquina. Atendió Gianfranco y corrió a contarle a papá que era yo, que estaba vivo. “Viejo, tu hijo te quiere hablar”, recordó papá que le dijo en ese momento.
Lo que vino después fue la alegría y la emoción contenida del reencuentro, enfrentar a los medios, que habían convertido mi secuestro en el gran tema nacional de esas semanas, colaborar con la Justicia, recuperarme, volver a trabajar y, sobre todo, descubrir a la nueva persona que había surgido desde mi interior a partir de esta experiencia.
Nunca volvimos a hablar con papá del tiempo del secuestro. Como siempre, para él el pasado era algo que debía ser archivado o enviado a la papelera. Toda su actuación durante aquellos días dramáticos fue impecable. Hizo todo lo que un hijo puede esperar de su padre y más. Su amor no tuvo fisuras. Estuvo sin dormir durante catorce días esperando cada llamado de los secuestradores. Era un león enjaulado, rabioso y lleno de impotencia.
Pido disculpas a los lectores por haberme detenido demasiado en este hecho de mi propia biografía. Tengo un motivo. En el momento de mi liberación, me encontré con el enorme amor de mi padre, correspondido por el mío hacia él, de un modo que nunca antes nos había sucedido a ninguno de los dos.
Lo que yo no sabía es que allí, primero sin notarlo y después de manera cada vez más evidente, comenzaba la etapa más difícil de mi relación con él.
En su personalidad comenzó a filtrarse un rasgo inesperado. El hecho de haber logrado mi liberación, lo puso en un nuevo rol frente a mí. Ahora era mi salvador. Había salvado mi vida. Su ego y su omnipotencia crecieron hasta niveles superlativos. Y no era para menos.
Por mi parte y sin buscarlo, me convertí de la noche a la mañana en una persona extrañamente famosa. Las personas me paraban por la calle para saludarme y contarme lo felices que se habían sentido al saber que estaba con vida. El secuestro había conmovido a muchísima gente. Hoy creo que nadie está preparado para este tipo de exposición. Mi popularidad súbita por haber sobrevivido despertó en papá una competencia extraña. Yo estaba preparado para ocupar su lugar en Socma, pero no para aparecer en los medios.
Como sea, creo que papá pudo haber visto heridos su narcisismo, su vanidad, su ego: es difícil saberlo. Esto lo llevó, como en tantas otras cosas, a redoblar su apuesta. Y comenzó a buscar por sí mismo fama y publicidad. El paradigma de aquellos años fueron sus grandes fiestas de fin de año en Punta del Este. Parecía decidido a ocupar siempre un rol protagónico. Más allá de su voluntad, se convirtió en un emblema de cierta frivolidad que parecía haberse instalado en el aire durante la década del noventa.
El secuestro provocó que toda nuestra relación se desequilibrara. Desde ese momento, ninguna agresión me afectaría tanto como las suyas. Lo increíble era que, al mismo tiempo, nadie me demostró más amor que él. Me llevó mucho tiempo y mucho trabajo entender que para él se trataba de algo imposible de controlar. Como dije, una suerte de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde. Pasaba de una emoción a la otra en segundos, sin siquiera darse cuenta.
Los años siguientes fueron los peores de nuestra relación. Se desató una guerra permanente. Me echaba y me contrataba todas las semanas. Me ayudaba y luego me boicoteaba.
Me empoderaba y al instante me desautorizaba.
Mi futuro ya no estaba tan claro. Ser el delfín de Franco había dejado de ser una buena idea. Mi vida tendría que ser la mía y no la suya. Poco tiempo después, Isabel Menditeguy me ayudó muchísimo a reflexionar sobre todo aquello. Me impulsó a comenzar un proceso psicoanalítico muy profundo en el que pude revisar el vínculo con papá y conocerme o, más bien, reconocerme, desde otro lugar.
No iba a ser fácil lo que teníamos por delante Franco y yo. Para un hombre como él, la empresa familiar debía ser mi lugar. Para mí, ya no. Empezó a tomar forma un nuevo sueño, exclusivamente mío, independiente y autónomo: alcanzar la presidencia de Boca Juniors.
Había sobrevivido a un cautiverio. No estaba dispuesto a pasar nunca más por esa situación.
POLITICA
La acusación que rompió la tregua de Milei con Tapia y la pelea final de Kicillof con Cristina Kirchner

“Sabés qué pasa. Si íbamos a fondo, la Selección argentina quedaba fuera del Mundial”. La confesión de un altísimo funcionario, a fines de 2024, explica con qué “amenaza” Claudio “Chiqui” Tapia forzó una tregua con Javier Milei por las SAD.
Todo quedó sellado con la foto de Karina Milei, Manuel Adorni y el presidente de la AFA, en la Conmebol, en Paraguay, para la oficialización de las sedes de la Copa del Mundo. Fue hace un año, el 11 de diciembre de 2024. En la imagen, los tres exhiben sonrientes una camiseta albiceleste con la inscripción que mandó a imprimir el mandamás del fútbol argentino: Karina y Manuel 2030. La del Chiqui, sin fecha (de caducidad).
Desenfrenado, Chiqui Tapia exhibió un poder atrevido en la asamblea donde decidió entregarle el título a Rosario Central y hasta habló de “unanimidad”. Otra vez, al exbarrendero se le cruzó la escoba de la Brujita. Como con las SAD, Sebastián Verón fue el freno de mano para las andanzas del exyerno de Hugo Moyano.
El pase Milei-Verón está probado. El Presidente sentó una camiseta de Estudiantes en el Sillón de Rivadavia. Más directa fue la denuncia de ARCA contra Sur Finanzas, de Ariel Vallejo, cercano a Tapia, por evasión impositiva y presunto lavado de dinero.
Tapia desafió: “No es la primera vez que vivimos esto, pasaron tres presidentes en apenas nueve años que me ha tocado presidir el fútbol argentino y me quedan muchos años más“. Después, Milei canceló el viaje al sorteo del Mundial en Washington.
Como los tiempos cambian, Vallejo tuvo que cambiar de abogado. Hasta esta semana, era patrocinado por el estudio del ministro de Justicia Mariano Cúneo Libarona.
Vallejo, un festivo usuario de las redes sociales que sortea entradas a la cancha, camisetas del Inter de Miami y botines de Messi, comenzó con un local en Almirante Brown y creció velozmente. Firmó contratos con el municipio de Lomas de Zamora. Como siempre, aparece la sombra de Martín Insaurralde, el del BandidoGate.
Sur Finanzas, de Adrogué a los clubes de fútbol
El 18 de noviembre de 2024, Sur Finanzas anunció: “Ya no otorgamos créditos personales. Olvidate de los créditos personales: te ofrecemos herramientas innovadoras pensadas para hacer crecer tu empresa de la manera más segura”. Cambia. Todo cambia.
El financista cercano a Tapia está implicado en la causa por lavado de activos que comparte con Elías Piccirillo, el ex de Jesica Cirio, ex de Insaurralde. Investigan si durante el anterior gobierno compraban dólares al valor oficial a través de permisos de importación que otorgaba la Aduana, vaya a saber cómo, y los vendían al valor blue. Ganancias fabulosas, a cero costo y riesgo.
La jueza federal María Eugenia Capuchetti quiere unificar los expedientes contra Vallejo porque son varios y en diferentes fueros. Capuchetti ya ordenó medidas de prueba y cambió como auxiliar a la Policía Federal por la Gendarmería. La Federal estaba por orden del fiscal Eduardo Taiano, que integra un Comité de la Superliga Argentina de Fútbol. Política, justicia y fútbol, una tríada malnacida.
El viernes, la fiscal de Lomas de Zamora Cecilia Incardona ordenó las primeras medidas por la denuncia del Gobierno. La ruta Vallejo también aparece en el causa Andis.
Sugestivamente, Tapia, que pretendía lugares en el Banco Provincia, pisó el freno ante la idea de ampliar de ocho a doce los cargos de directores. Es una concesión de Axel Kicillof para que La Cámpora y la oposición aprueben el endeudamiento por casi 4 mil millones de dólares.
“Sería una locura en estas circunstancias. Pensá que te endeudás y gastás en cargos. Pero además el PRO y la UCR tendrían que votar eso. Una locura”, dicen cerca del titular de la AFA. Hay un compromiso pendiente: la promesa de que Mónica Cappellini, que responde al intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, llegue al directorio después de haberle cedido a Tapia la presidencia de la Ceamse. El titular de la AFA había sido eyectado por Jorge Macri, pero logró volver gracias a Kicillof.
La Ceamse -empresa pública de gestión de residuos del AMBA- es tan arbitraria como la AFA. “¿Cuánto paga cada municipio por la basura? Ah, nooo, eso es un misterio jamás develado. Siempre depende de la cara del cliente», admite un conocedor profundo del conurbano.
En la hora de los depredadores -el título del último libro de Giuliano da Empoli– la arbitrariedad manda, como el duelo de gestos desafiantes entre la vicepresidenta Victoria Villarruel y Karina Milei el viernes en el Senado, con Patricia Bullrich inmolándose por la Hermana de Hierro. Las peleas ideológicas reducidas a la profundidad de un mail y un palco.
Giuliano da Empoli recupera la figura de César Borgia (modelo del Príncipe de Maquiavelo) para describir a los nuevos líderes políticos.
- El poder moderno ya no radica en la reflexión, sino en la acción resuelta e irreflexiva que produce asombro y hace sentir el poder.
- Estos líderes se sienten cómodos operando en el caos y desprecian las reglas y las instituciones, las cuales son vistas por el pueblo como una “estafa” de las élites.
- A diferencia de los políticos de posguerra centrados en las “formas” y el lenguaje ininteligible, los borgianos se enfocan en la “cosa” (resolver problemas reales).
La pelea final de Kicillof
El Gobernador está en un momento definitorio. El endeudamiento que necesita para sostener la Provincia y el proyecto presidencial sigue trabado. Dicen que es por el fondo para los municipios. “Una opción es establecer un nuevo sistema de reparto”, admiten cerca del Gobernador. Sin embargo, hay un arco volador en La Plata. A cada concesión, aparece otro pedido. La canilla libre será hasta el límite.
La pulseada impacta en el Gabinete. Kicillof decidió que si el endeudamiento sale antes del 10 de diciembre, Gabriel Katopodis seguirá como ministro de Obras Públicas. “Hay que seguir analizando el escenario para ver si se lo necesita más en la Legislatura o mejor que siga en el ministerio”, dicen en el palacio de calle 6.
¿Martín Mena deja el Ministerio de Justicia bonaerense? Mena es el operador de Cristina Kirchner en la justicia. Era quien negociaba con Sebastián Amerio la integración de la Corte. Tiempo pisado. La consagración de la Hermana de Hierro barajó nuevos intermediarios. La ruptura tácita entre el Gobernador y CFK, también.
Kicillof puso como negociadores en la Legislatura a Katopodis y a Mariano Cascalleres, el intendente de Almirante Brown, que siempre quiso la Presidencia de Diputados. Pero, los intendentes y Sergio Massa creen que la definición ya está: dos años para Alexis Guerrera y dos años para un representante de los barones del conurbano: dicen que Juan Pablo de Jesús no quiere, pero ellos insistirá. Dicen también que la secretaría administrativa a cargo de un hombre del ex intendente del Partido de la Costa, Miguel Antonio De Lisi, funciona como un relojito. Aplauden los Chocolate Rigau.

La última cena libertaria
La Libertad Avanza reclamará la vicepresidencia primera de la Cámara de Diputados bonaerense. Hubo una cena en Avellaneda convocada por el presidente de LLA bonaerense, Sebastián Pareja. El tema sobrevoló, pero en forma de chistes. Buena onda y tinto. El espíritu estudiantil sigue hoy en el Congreso partidario, con Karina, en Mar del Plata. Contrataron varios hoteles, para los 746 libertarios que esperan en La Feliz.
“Cena cordial y amigable”, definió uno de los participantes. La jornada dejó una foto de una torre de legisladores sonrientes. El actual y tambaleante presidente de bloque, Agustín Romo, parado en una silla para salir en la pic. Romo responde a Santiago Caputo y alguna vez casi termina a las trompadas con el parejista “El Nene” Vera. Esta vez fueron todas sonrisas. Romo también festeja que Milei autorizó los viajes al exterior para las vacaciones. En diciembre último lamentó que tuvo que cambiar Punta del Este y Miami por Pinamar.
El flujo de dinero por senderos difusos y subterráneos contrasta con la realidad a la vista. En octubre, hubo 143 Procesos Preventivos de Crisis (PPC). La cifra más alta desde 2018.
La IOSFA, la tercera obra social del Estado más grande con más de 600.000 afiliados (detrás de PAMI e IOMA), reporta una deuda que supera los $200.000 millones.
La intervención de OSPRERA (que atiende a más de 700.000 rurales y estibadores) solicitó un Proceso Preventivo de Crisis (PPC) para ahorrar $10.500 millones. El juez Sebastián Casanello investiga las llamadas del secretario de Trabajo, Julio Cordero, en una causa que busca dilucidar si hay un interés oculto en la intervención estatal.
En medio de las crisis del clan Moyano, en el último fin de semana largo, la mutual de Camioneros en La Plata sufrió un rarísimo robo: se llevaron dos cajas fuertes de hierro con documentación.
Hay un nuevo Milei: se muteó y se entrega al pogo. Los saltitos en las reuniones de gabinete parecen una metáfora de la gran apuesta libertaria de fin de año: ya festejan el arrebato de la primera minoría al peronismo. La alfombra roja para las reformas laboral, tributaria y previsional, que justo el Presidente piensa colar cuando el Mundial acapare las miradas. Sonríe Chiqui Tapia.
Javier Milei, Karina Milei, Santiago Caputo, Claudio Tapia, AFA
POLITICA
Fentanilo mortal: nuevos testigos revelaron cómo se ocultaban cultivos bacteriológicos positivos y registros escritos antes de las inspecciones

La causa por la mayor tragedia sanitaria de la historia argentina sumó una declaración clave. Esta semana, ante el Juzgado Federal N°3 de La Plata —a cargo de Ernesto Kreplak— comenzó la segunda ronda de testimoniales de empleados de Laboratorios Ramallo, la planta donde se produjo el fentanilo contaminado cuya distribución, a través de HLB Pharma Group, estaría vinculada a 173 muertes de pacientes.
La primera en declarar fue una ex trabajadora del área de microbiología, cuyo relato confirma y profundiza las irregularidades ya acreditadas por dos ex empleadas que hablaron semanas atrás. La mujer no solo detalló fallas graves en los procesos de control, sino un patrón de ocultamiento deliberado, manipulación de documentación y venta de partidas que, aun con resultados bacteriológicos positivos, igual se enviaban al mercado.

Su testimonio, al que accedió Infobae, describe un funcionamiento interno marcado por la falsificación, el apuro comercial, la presión sobre el personal y maniobras explícitas para obstruir inspecciones de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).
Cultivos bacteriológicos acelerados y ocultamiento de resultados
La nueva testigo trabajó directamente en el área de cultivos microbiológicos, el corazón del control de esterilidad de cualquier medicamento inyectable. Explicó que el análisis debía realizarse en un plazo mínimo de 14 días, el tiempo teórico establecido para determinar crecimiento bacteriológico y descartar contaminación en una sustancia medicinal.
Pero en Ramallo —dijo— todo se hacía distinto. Agregó que la instrucción venía “desde arriba”, y detalló cómo se la justificaba internamente. Respecto de los casos en que un análisis daba positivo, relató que se repetía una segunda y una tercera prueba; pero aun así —advirtió— eso no impedía la comercialización.
También confirmó que los resultados microbiológicos que daban positivo se asentaban en cuadernos específicos, pero que desaparecían cuando había rumores de inspección.
Este último dato coincide con los mensajes internos incorporados al expediente, donde los responsables instruyen a ocultar reactivos vencidos, alterar planillas y “dibujar” resultados frente a inspecciones inminentes.

Los puntos más salientes de la declaración ante el magistrado:
-“Supuestamente después de dos semanas se podía ver un resultado, pero ellos a los tres días lo miraban. Ellos nos decían que a los tres días teníamos que mirar… pero nos decían que por protocolo era a los 14 días”.
-“Ellos me decían que (esa orden) venía desde arriba, como se tenía que vender no se podía esperar los 14 días para ver si daba positivo, y por ejemplo si daba positivo tenía que esperar otros 14 días más (…) ellos te explicaban de entrada cómo se tenía que hacer y a la vez te explicaban cómo ellos no lo hacían porque había que vender… ellos mismos te decían no hay que dejarse llevar … lo que decía un papel con la regla porque a la vez había que hacer lo que decían los rangos más altos, asi que no se respetaba al ciento por ciento lo que estaba escrito”.
-En otro pasaje de su testimonio, declaró que en caso de que una muestra dé positiva, se realizaba otro análisis, y si volvía a dar positiva, un tercero; aunque aclaró que “se sabía que se vendían igual (…) la empresa lo vendía igual, compañeros de ahí me decían eso … le pregunté una vez ‘me imagino que esto no lo deben vender’ y me dijo que no, eso se vendía igual”.
-Para finalizar, indicó que los resultados de los análisis microbiológicos que daban positivo se volcaban en determinados cuadernos. Sin embargo, después aclaró: “Esos cuadernos en su momento cuando se suponía que iba a haber inspección, no estaban…los habían guardado…para que no los vean…Esto fue a mitad de marzo, que se había alborotado todo…empezaron a esconder ciertas cosas”.

Envases con pelos y presión extrema
La nueva declaración se integra con los testimonios previos de la checker de control de calidad, y de otra técnica en microbiología. Ambas describieron irregularidades sistemáticas y un clima de trabajo donde el miedo al despido funcionaba como mecanismo de silenciamiento.
La primera contó que ingresó sin los estudios requeridos y que los controles de calidad eran apenas simulacros:
- Envases con partículas, puntos o pelos que, lejos de ser descartados, se mandaban a etiquetado.
- Controles de esterilidad “apurados”, hechos solo para dejar registro.
- Reactivos vencidos o insuficientes, y órdenes de usar “lo que quede”.
- Falsificación de planillas, llenadas a mano, con letras alternadas para simular variedad: “Nos turnábamos la lapicera”.
- Lotes camuflados para aparentar producción en días habilitados por ANMAT.
- Tres muestras tomadas de un mismo punto pese a que el protocolo exigía tres tomas independientes.
- Resultados malos que se anotaban como buenos, por orden de superiores: “A veces venía alguien de arriba y decía ‘eso va igual’”.
La técnica de microbiología, por su parte, aportó otro capítulo de gravedad:
- Contratación irregular, sin firma de contrato.
- Manipulación directa de resultados: “Contábamos bacterias, daba +10 y siempre nos hacían poner -1. Me hacían mentir”.
- Análisis no realizados que igual aparecían cargados en el sistema.
- Resultados prearmados, entregados por otras áreas, para copiar sin modificar.
- Hojas arrancadas de los libros de producción, y otras agregadas con sello para simular lotes que no existían.
- Insumos de seguridad mínimos: sin barbijos ni guantes suficientes.
- Orden de ocultar y ordenar la planta ante supuestas inspecciones: cambio de pisos, alfombras, puertas y pintura.
Las dos coincidieron en que, entre febrero y marzo, el laboratorio vivía en estado de nerviosismo.

Chats internos: “Estamos al horno”
El expediente acumula decenas de conversaciones extraídas de los teléfonos de los directivos y jefes de área. Esos mensajes confirman lo relatado por las tres testigos:
- “Escondieron todos los reactivos vencidos así que no tengo para preparar la fase móvil”.
- “¿Usted sabía que dejaron los reactivos afuera bajo la lluvia?”.
- “Pudo haber explotado eso tranquilamente”.
- “Lo de la pintada no avisaron nada, pintaron hasta la puerta de control”.
- “El fentanilo dio mal, hay que repetirlo mañana”.
- “Ya todos sabían que esa producción se hizo en el aire en lo documental. Hay que armar todo de cero”.
- Me llamó Diego (García, directivo del laboratorio) y me dijo que la semana que viene hay inspección desde ANMAT”.
- “No dibujemos más resultados, después nos pasan estas cosas”.
Para los investigadores, esta evidencia electrónica demuestra un sistema de encubrimiento deliberado, falsificación de documentación y manejo negligente de sustancias químicas que podían volverse inestables.
Nuevos peritajes
Un informe del Cuerpo Médico Forense, incorporado recientemente al expediente, analizó las primeras 40 historias clínicas de pacientes fallecidos. El resultado es contundente:
- 38 de 40 muertes peritadas por el Cuerpo Médido Forense presentan infecciones compatibles con la administración de fentanilo adulterado.
- El Instituto Malbrán detectó en los lotes 31202 y 31244 “riesgos significativos” y un proceso productivo “poco robusto e inconsistente”.
- La ANMAT ya había emitido, el 8 de mayo de 2025, una alerta nacional prohibiendo el uso del lote 31202 por “desvío de calidad”.
Procesados y detenidos
La investigación tiene 14 procesados, entre directivos, responsables técnicos y jefes de área. Cuatro permanecen detenidos en Marcos Paz:
- Ariel García Furfaro, dueño de HLB Pharma y Laboratorios Ramallo.
- Diego García, su hermano.
- Javier Martín Tchukrán, director de Manufactura.
- José Antonio Maiorano, director técnico responsable de producción y liberación de lotes.
Con prisión domiciliaria:
- Nilda Furfaro, madre de los García.
- Carolina Ansaldi, directora técnica de Ramallo.
Procesados sin prisión preventiva:
Eduardo Darchuk, Edgardo Sclafani, Rocío Garay, Dayana Astudillo Bolívar, Adriana Iúdica, Wilson Daniel Pons, María Victoria García y Víctor Pablo Boccaccio.
Todos están acusados de adulteración de sustancias medicinales con resultado de muerte, en concurso con adulteración peligrosa para la salud pública. Las defensas apelaron; ahora resolverá la Cámara Federal de La Plata.

La mayor tragedia sanitaria del país
Con el avance de las pericias, la reconstrucción documental, los chats internos y la voz de las tres testigos, la causa comienza a delinear un cuadro de gravedad estructural: un laboratorio que operó fuera de norma, ocultó fallas críticas, alteró controles y registró documentación falsa durante períodos en que estaba inhabilitado.
El fentanilo contaminado ya es considerado el “Cromañón sanitario”, un caso equiparado incluso a la tragedia ferroviaria de Once por su escala y por la cantidad de víctimas que podrían haberse evitado.
Para la Justicia, estas nuevas declaraciones fortalecen la hipótesis de que las irregularidades no fueron errores aislados sino un sistema sostenido en el tiempo, destinado a mantener la producción aun cuando los controles reales fallaban o mostraban resultados peligrosos.
La investigación continúa. Nuevos testimonios serán convocados en las próximas semanas. Y cada declaración parece confirmar lo mismo: que detrás de las 173 muertes investigadas hubo una cadena de negligencia, falsificación y encubrimiento que expuso la investigación a cargo de Ernesto Kreplak.
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