POLITICA
La película que tenía todo para ser un éxito y fue un caos: cocaína, peleas y el error que arruinó el final

Un personaje infantil ya conocido y con arraigo, el debut en cine de una estrella de la TV, un director reconocido y su musa: una de las actrices del momento, el productor más afamado, un gran músico de rock para la banda sonora, un set construido con un nivel de detalle desusado, un presupuesto gigantesco. ¿Qué podía salir mal?
El estudio había pensado -no había sido el primero tampoco el último- que unir a un director de la camada de la década del setenta con la nueva tendencia de los blockbusters para todo público que habían inaugurado Star Wars y Superman poco antes, podría ser una idea genial. Spoiler: no resultó.
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Los motivos fueron múltiples: unos de los actores más prestigiosos del momento se retira de la producción, guionista y director se pelean en el set, la cocaína domina el ambiente, el director se enoja con el actor principal, el actor sigue improvisando, en Malta llueve como no suele suceder en esa época del año, la cocaína sigue corriendo, graban con sonido directo y las canciones apenas se escuchan, es un musical pero casi nadie sabe bailar o cantar, el productor es apresado por posesión de drogas, el director se convierte en un dictador, se quedan sin presupuesto, el gigantesco animal mecánico que debía protagonizar la escena final deja de funcionar y ya no vuelve a arrancar, la cocaína atiborra el corazón y la cabeza de la mayoría del staff. El desastre es inevitable.
A principios de diciembre de 1980, se estrenó Popeye dirigida por Robert Altman y protagonizada por Robin Williams y Shelley Duvall. Parecía, en los papeles, un éxito seguro. Pero la crítica la trató bastante mal y su performance en taquilla se resintió. Sin embargo de a poco fue recuperando el dinero y, pese a lo que se suele creer, obtuvo ganancias. En todo el mundo recaudó 60 millones de dólares. Con el correr de los años la opinión de la crítica y del público, cuando nuevas lecturas, se fue modificando y ya son pocos los que siguen sosteniendo que es una mala película. Entonces surge un interrogante. Si no se trató de un fracaso económico y tampoco de un colapso artístico, ¿por qué es recordada como una de los grandes desastres cinematográficos de la historia? La respuesta, acaso, surja de su complicada producción, del rodaje lleno de vicisitudes incómodas y de sustancias prohibidas.
Annie, el musical estaba rompiendo récords en Broadway y Paramount había perdido la subasta por los derechos cinematográficos. Robert Evans, ya una leyenda después de El Padrino y Chinatown entre otras, buscando revancha, preguntó en una reunión de directorio de qué personaje infantil poseían los derechos. Desde la otra punta de la mesa, alguien respondió de inmediato: Popeye. A todos les pareció una gran idea. No sólo llevarían a Popeye a la pantalla sino que sería una comedia musical: el marino empoderado por la espinaca cantaría y bailaría. 
Robert Altman estaba convencido de que el alma de la película era Sweethaven, el pueblo del héroe. Buscaron la locación sin descanso hasta que se decidieron a construir cada espacio. Lo hicieron en un pueblo de Malta. Una decisión algo particular porque allí todo es de piedra. Debieron importar toneladas de madera. Los operarios contratados por el estudio llegaron con varios meses de anticipación y levantaron 19 edificaciones. El set quedó deslumbrante. Altman dijo que fue el mejor que tuvo a lo largo de su carrera. Eso sí, hubo un problema: Sweethaven se llevó casi la mitad del presupuesto de la película. Las consecuencias se verían en las semanas finales del rodaje.
Tal vez ese Sweethaven haya sido no sólo lo más caro de la película sino también lo más perdurable: apenas terminada la filmación las autoridades locales montaron una especie de parque temático al que concurrieron decenas de miles de niños durante décadas; ese pueblo de mentira. el Pueblo de Popeye se convirtió en una gran atracción turística.
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Robert Evans era muy amigo de Dustin Hoffman, solían salir a divertirse juntos. Le habló del proyecto al actor que se entusiasmó. Pidió un tratamiento de la historia. Fue contratado Jules Feiffer. Escribió un resumen de 50 páginas que entusiasmaron a Dustin que aceptó encarnar a Popeye. Comenzó a entrenar y a perfeccionar su acento. Ya con la primera versión del guión, el obsesivo Hoffman hizo centenares de sugerencias y correcciones en los márgenes. Quería discutirlas personalmente con el guionista. Este fue hasta su casa en Los Ángeles pero durante dos días, Hoffman, ya una súper estrella, no lo atendió: compromisos laborales, mujeres, fiestas. Cuando lo recibió, Pfeiffer llegó muy borracho después de dos días esperando junto al teléfono y varias botellas de vodka. la reunión fue una catástrofe. Los dos hombres se pelearon y Dustin Hoffman le dijo a Bob Evans: “O él o yo”. Misteriosa y sorpresivamente, Evans se quedó con Feiffer. Hubo que salir a buscar un nuevo actor.
La elección de Robin Williams entusiasmaba al productor Robert Evans. Williams triunfaba en televisión con Mork y Mindy (un spin off de Los Días Felices); además en el ambiente todos sabían de sus memorables performances en el stand up. Era una fuerza de la naturaleza sobre el escenario o en el set.
Popeye fue su debut cinematográfico. Aumentó su masa muscular, estudió canto y baile, practicó hasta el hartazgo las muecas del marino y su modo de farfullar. También intentó llegar temprano a filmar cada mañana. No quería desperdiciar su oportunidad. La experiencia no fue buena para Robin Williams. Altman detestaba la tendencia irrefrenable de Williams a la improvisación, le exigía que se ajustara al guión, algo que a Williams le resultaba imposible. Las peleas fueron épicas. Tanta era la tensión y la fricción permanente con el director que Robin Williams llegó a denominar el set de filmación como El Campo de Concentración Altman.
A pesar de que tuvo algún protagónico en los años siguientes (El Mundo Según Garp) la carrera de Williams en cine tardó en despegar en gran parte por culpa de Popeye. Tuvo que esperar hasta 1987 y Buenos Días Vietnam.
“Cuando me contrataron pensé: Este es EL proyecto. Este es mi Superman. Hasta me imaginé subiendo a recibir el Oscar a mejor actor y preparé mentalmente un discurso. En el primer día de rodaje me di cuenta que no se trataba de El proyecto, ni siquiera de algo especial. Unos pocos días después sólo pensaba cuando se terminaría ese infierno”, dijo Robin Williams bastantes años después.
Para Olivia los productores propusieron a Gilda Radner que se destacaba en Saturday Night Live y a Lilly Tomlin. Altman impuso a Shelley Duvall, actriz fetiche suya con la que había trabajado en cinco películas anteriores y, además, con el physique du rol perfecto: en el colegio primario los compañeros la apodaban Olivia. Duvall tiene un gran número musical (He needs me) y siempre dijo que había disfrutado del rodaje, en especial en comparación del último en el que había participado: El Resplandor de Stanley Kubrick fue un suplicio para ella. Con diferencia de una semana se estrenaron ambas en diciembre de 1980 (aunque la historia -y los especialistas- han sido más benigna con El Resplandor, Popeye recaudó bastante más y ya casi nadie recuerda que Shelley fue nominada a los Razzies como peor actriz del año por la de Kubrick).
Además de Robin Williams y Shelley Duvall, Popeye tuvo otra gran protagonista: la cocaína. El aburrimiento de estar en Malta, el mal clima en el set, la sensación que casi mutaba en certeza de estar yendo a estrellarse con una pared, de navegar hacia el desastre y los hábitos de Hollywood y de la época, hicieron que el consumo fuera desaforado. Más que a espinaca el proyecto estuvo impulsado por la cocaína.
Robin Williams tenía problemas con las drogas hacía unos años (habría un cambio poco después con la muerte por sobredosis de John Belushi, con quien estuvo su última noche), Robert Evans también. Al final de cada día de trabajo se enviaban las latas con película a Estados Unidos para ser reveladas, también llegaban latas con más celuloide. Dentro de ellas llegaban envíos de cocaína. Un asistente abrió un walkie talkie que no andaba para cambiarle las pilas y encontró cocaína. El polvo blanco estaba en todos lados, apenas camuflado para que los problemas con las autoridades de Malta no fueran tan severos. “La cocaína es la forma que tiene Dios para decirte que estás ganando demasiada plata”, dijo Robin Williams años después.
Tampoco hay que olvidar otra decisión de Altman que ayudó a que el consumo se saliera de control. Llevó hasta Malta a Harry Nilsson -encargado de la música- y a los integrantes de su banda, quería que trabajaran junto a ellos. Nilsson era famoso por su capacidad para el desmadre y por sus excesos (compañero épico de Lennon en su Fin de Semana Perdido). Convirtieron el set en una fiesta permanente que distrajo a todos (y melló el estado físico y de lucidez de cada miembro del staff). Eric Idle, amigo de Nilsson y miembro de Monthy Python dijo que Nilsson y sus músicos parecieron acaparar la cocaína de toda Europa del Este en esas semanas.
Robert Altman creyó que era una buena idea que las canciones se registraran con sonido directo mientras se filmaban y no en un estudio de grabación. Eso hizo que apenas se escucharan y que hubiera grandes diferencias entre unas y otras. Ese no fue el único problema sonoro. Robin Williams farfullaba -como lo hacía el clásico Popeye- y las palabras salían casi sin que se movieran los labios que siempre sostenían la pipa: así que sus parlamentos casi no se entendían.
Hasta los brazos de Popeye fueron un problema. El día del comienzo del rodaje, las prótesis que simularían sus músculos no habían llegado a Malta. Decidieron empezar igual. Ocultaron el problema haciendo que Popeye usara un largo piloto que tapaba hasta sus muñecas. Cuando varias jornadas después, por fin, llegaron las prótesis tampoco fueron solución. Unos pocos días después, Robin Williams tenía los dos brazos lastimados y edematizados, le habían cortado la circulación. Hubo que suspender el rodaje, esperar la llegada desde Estados Unidos de dos especialistas y esperar casi dos semanas para que hicieran las nuevas prótesis.
El clímax de la película era una lucha en un estanque. Popeye derrotaba a un pulpo enorme que tenía cautiva a Olivia. El resultado en pantalla se ve bastante pobre. Parece una película de clase B. Como si hubiera sido ejecutada por un Ed Wood algo más prolijo. En esos años todavía los efectos especiales no estaban tan desarrollados. Confiaban más en las cuestiones mecánicas. El pulpo fue mandado a fabricar pero su mecanismo se rompió apenas lo metieron en el agua. Altman debió conformarse con planos cortos, algún grito de Duvall y con Robin Williams pegándole trompadas a un muñeco de goma espuma debajo del agua. Si alguna vez habían imaginado algo similar a la Guerra de las Galaxias, Altman debió resignarse y achicar (muchísimo) su ambición. El director sabía que tenía un material muy pobre, pero excedido el presupuesto y superado el cronograma inicial en más de tres semanas, el estudio ordenó que regresaran a Estados Unidos con el material que tuvieran y que luego harían, si hiciera falta, algunas retomas. Las tomas nuevas hicieron falta pero nunca se filmaron. No había más plata, ni más paciencia para con Altman.
Una de las primeras críticas que recibió fue que la adaptación se alejaba mucho del original. Sin embargo se trató de un gran malentendido. Altman y Jules Pfeiffer, el guionista, fueron extremadamente fieles a las tiras cómicas que salían en los diarios de Estados Unidos desde 1929. Lo que la gente tenía en la cabeza cuando pensaba en Popeye eran los cortos cinematográficos y los dibujitos animados.
Entre los cambios de último momento, la estructura original y la falta de presupuesto, la historia se volvió algo incomprensible, inconexa. Los agujeros argumentales desconcertaban a los espectadores.
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La decisión de convertir la historia en un musical no pareció ayudar mucho. Coppola con One Form The Heart o Scorsese con New York New York pusieron en riesgo sus carreras cuando intentaron sus musicales megalómanos. A Cimino le bastó con su megalomanía para condenarse con Heaven´ Gate.
El tiempo apaciguó la mirada sobre la película. Paul Thomas Andersen utilizó la canción He needs me en Punch Drunk Love. Y dijo hace poco que Popeye de Robert Altman era una de sus películas favoritas de la historia.
Pero no sólo hay una revalorización, también un regreso. Pocos meses atrás anunciaron que se prepara una nueva versión en la que el marinero de las espinacas será interpretado por Dwayne Johnson.
popeye, Robin Williams, Hollywood, Cine
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Piden decomisarles US$5 millones y 141 inmuebles a Cristina Kirchner, su familia y Lázaro Báez

El fiscal federal Diego Luciani, acusador de Cristina Kirchner en el caso Vialidad, pidió que a la expresidenta, su familia y Lázaro Báez les decomisen 141 inmuebles, incluido el departamento donde ella cumple prisión domiciliaria, 46 autos, US$5.656.134 y $53.280,24.
Luciani presentó un escrito, acompañado por el fiscal Diego Mola, en el que relataron que habían identificado nuevos bienes vinculados a las personas condenadas en el caso Vialidad para que se ordenara su decomiso.
“En concreto, solicitamos el decomiso de 141 inmuebles —13 pertenecientes a sociedades de la familia Kirchner y 128, a sociedades vinculadas a Lázaro Báez—; 46 automotores; US$4.664.000 de la caja de seguridad a nombre de Florencia Kirchner; US$ 992.134 de la caja de ahorro del Banco de Galicia, y $53.280,24″, dijeron.
Los fiscales sostuvieron que su solicitud “responde a que las personas condenadas, intimadas a depositar la suma de $684.990.350.139,86 por la defraudación colosal a la Administración pública, todavía no han depositado ni un solo peso a pesar de que venció hace meses el plazo para hacerlo».
“Y no solo eso -afirmaron-; también han echado mano de todo tipo de artilugios procesales, declarados inadmisibles una y otra vez por el tribunal que tiene a su cargo la ejecución de la sentencia y por los tribunales superiores. Como resultado, vienen dilatando el recupero de activos que se ordenó por sentencia judicial firme.”
Según los fiscales, “la resistencia que demuestran exhibe su total falta de arrepentimiento y constituye una afrenta a la sentencia firme y al principio de igualdad ante la ley”.
Luciani y Mola afirmaron que pese a que se niegan a pagar lo que la Justicia les ordenó, “muchos de los condenados registran fortunas de una opulencia irrazonable y una magnitud desproporcionada”.
Los fiscales dijeron que fruto de un “trabajo constante” y de los reiterados pedidos de la fiscalía, el 18 de noviembre de 2025, el tribunal “emitió una resolución contundente” y ordenó decomisar 111 inmuebles, que incluyen 84 de Lázaro Báez, uno de Cristina Fernández, 19 de Máximo y Florencia Kirchner (recibidos a título gratuito), dos de Austral Construcciones SA, tres de Kank y Costilla SA y dos de Loscalzo y Del Curto SRL.
Y afirmaron que el tribunal “habilitó expresamente a que se profundizaran todos los procedimientos” para hacerse de todos los bienes posibles para cubrir los montos adeudados por los condenados.
“El decomiso de nuevos bienes que presentamos en este dictamen permitirá alcanzar un total de 252 inmuebles, cuya titularidad es de Cristina Fernández, Lázaro Báez o las empresas vinculadas a estos”, anunciaron Luciani y Mola.
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Causa por violencia de género: Fabiola Yáñez rechazó un planteo y pidió que Alberto Fernández vaya a juicio oral

En un nuevo capítulo de la causa contra Alberto Fernández por violencia de género, la exprimera dama, Fabiola Yañez, rechazó el intento de la defensa del expresidente de reiniciar la investigación y pidió que el expediente se eleve a juicio oral.
A través de un escrito presentado ante el juez Daniel Rafecas, Yañez remarcó que cualquier dilación en el proceso implicaría una revictimización.
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El documento aseguró que el expresidente “en su consciente ceguera frente a los hechos, omite advertir que este proceso ha sido examinado jurídicamente por distintos representantes del Ministerio Público Fiscal y ha atravesado diversas instancias revisoras, en todas las cuales se confirmó la legalidad del trámite llevado adelante, así como la necesidad de investigar las conductas denunciadas».
Representada por Marcela De Leonardis y María Eugenia Sosa, Yáñez sostuvo que Fernández implementó maniobras para que la causa vuelva a foja cero porque sabe que cuenta con “altas chances de terminar en condena”.
Cualquier decisión que dilate el juicio, ponderó la defensa de Yáñez, hablaría de “un poder judicial corporativo al servicio de intereses inconfesables (es increíble que esto sea dicho por quien fue el máximo responsable del gobierno y poco y nada hizo para cambiar estas instituciones que, según él, estarían viciadas)”.
La causa se originó con las denuncias por los supuestos golpes y maltratos que Yañez recibió por parte del exfuncionario, ocurridos antes y durante su residencia en la Quinta de Olivos. La investigación avanzó bajo la dirección del fiscal Ramiro González, quien ya se opuso al pedido de la defensa de Fernández en un dictamen contundente.
El fiscal criticó el enfoque de Fernández, al que describió como un intento de posicionarse como víctima en un caso donde él es señalado por atormentar, golpear y amenazar a su expareja.
La defensa de Fernández, por su parte, busca anular gran parte de la instrucción argumentando que estuvo a cargo del juez Julián Ercolini, apartado por la Cámara Federal de Casación Penal debido a una presunta enemistad con el exmandatario.
A pesar de la decisión de apartar al juez, la Cámara validó todo lo realizado en la causa por Ercolini, ya que la salida del magistrado es “sin perjuicio de la validez de los actos ya cumplidos”.
Fernández se encuentra procesado por amenazas coactivas, lesiones leves y graves agravadas por el vínculo, en un marco de violencia de género.
La denuncia de Fabiola Yáñez
En la causa, Fernández está acusado de ejercer violencia psicológica sobre Fabiola Yáñez durante varios años, entre 2016 y 2024. Según la denuncia, las agresiones incluyeron acoso, insultos y otros comportamientos que afectaron la salud de la ex primera dama.
Además, se le imputa haber intentado evitar que su ex pareja se presentara en la Justicia, lo que lo involucra en un delito de presunta coacción.
La acusación, confirmada por la Cámara Federal porteña en abril, sostiene que Fernández ejerció “de manera sistemática” violencia psicológica contra Yáñez, mediante “acosos, hostigamientos, controles, insultos, ninguneos y hostilidad”.
El fiscal subrayó que el imputado “se habría aprovechado de una situación de vulnerabilidad preexistente” y que las agresiones ocurrieron tanto en el ámbito privado como en la residencia presidencial de Olivos.
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Entre las pruebas, el expediente incluye imágenes difundidas públicamente en 2023 que muestran lesiones en el brazo y en el ojo derecho de la entonces primera dama. Esas fotos, enviadas por Yáñez vía WhatsApp a la secretaria presidencial María Cantero, dieron origen a la investigación. “No existen dudas acerca de los golpes recibidos”, afirmó el fiscal González.
Durante el año que duró la pesquisa, se tomó declaración a médicos presidenciales, personal de la Quinta de Olivos, familiares de Yáñez y allegados, así como a su esteticista. También se analizaron historias clínicas, registros de ingreso y egreso de Olivos, videos y comunicaciones telefónicas desde 2016.
Alberto Fernández, Fabiola Yáñez, Justicia
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El gesto que enfureció a Grabois y la dura respuesta del dirigente en medio de la sesión

El dirigente social Juan Grabois mantuvo un duro cruce este jueves con el diputado de La Libertad Avanza Álvaro Martínez en plena sesión en la Cámara de Diputados donde el Gobierno busca aprobar un nuevo régimen penal.
El conflicto se originó mientras Grabois había uso de una cuestión de privilegio. Mientras hablaba, Martínez tomó un abanico y lo agitó en medio del recinto, e insinuó ofrecérselo.
El gesto hizo alusión a imágenes virales que trascendieron este miércoles cuando una mujer por momentos abanica a Grabois mientras se encontraban parados. Ocurrió durante la protesta por la reforma laboral.
La respuesta de Grabois no se hizo esperar y, entre insultos, calificó al diputado de “bobo” y “tontito”.
“¿Te lo trajiste para hacer el espectáculo? Es medio bobo lo que estás haciendo. Sos medio tontito vos”, manifestó.
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Juan Grabois,Cámara de Diputados,Conforme a,,Vialidad. Piden decomisarles US$5 millones y 141 inmuebles a Cristina Kirchner, su familia y Lázaro Báez,,Fake news. Cornejo denunció a tuiteros por la difusión de un video «manipulado» sobre su vida privada: “No fue en París”,,Marcha contra la reforma laboral. Liberaron a 54 de los 71 detenidos tras los disturbios en el Congreso,Juan Grabois,,»Cipayo, unitario y vendepatria». Grabois apuntó contra Milei por el traslado del sable de San Martín.,,Rumbo a 2027. Jorge Macri endurece su perfil, confronta con Grabois y busca reposicionarse para ir por la reelección,,»Hay una falsa imputación». Grabois denunciará a Jorge Macri por vincularlo con las irregularidades en comedores de la Ciudad
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