POLITICA
La sinuosa historia detrás de la madriguera venezolana

La reconstrucción de la secuencia que terminó el sábado pasado con el operativo de captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, tuvo un punto de inflexión en una reunión en la Casa Blanca el 2 de octubre. Allí Donald Trump clausuró definitivamente la estrategia negociadora con el dictador venezolano, después de meses en los que había conjugado movimientos de disuasión militar con una línea de diálogo directa, que había estado a cargo de Richard Grenell, enviado para Misiones Especiales.
Grenell había entablado contacto personal con Maduro cuando Trump volvió al poder. En enero del año pasado se reunió con él y con Jorge Rodríguez, el poderoso hermano de Delcy, y estableció un marco de entendimiento que le permitió llevarse como trofeo la liberación de seis estadounidenses que estaban detenidos, y un compromiso de que Venezuela recibiría deportados. Tiempo después se supo que también había cargado en su valija la promesa de renovación automática de la licencia para operar de Chevron, la única petrolera que había permanecido en el territorio tras las expropiaciones chavistas.
A partir de esa reunión de octubre en el Salón Oval se dio una intensa discusión en el seno del gobierno estadounidense respecto del plan de acción, que continuó hasta el día previo al ataque. Un sector más duro impulsaba un descabezamiento completo del régimen, pero al final se terminó imponiendo la propuesta de Marco Rubio, quien a partir de ese momento pasó a comandar la estrategia de sacar a Maduro del tablero, pero no desmoronar el régimen para priorizar la estabilidad interna y la perspectiva de negocios petroleros. Lo sintió como una revancha personal con Grenell, un rival interno con el que había competido por ocupar la Secretaría de Estado, y con quien había disentido varias veces por sus nexos con la dictadura.
Rubio también sacó ventaja frente a su rival más directo para suceder a Trump en 2029, el vicepresidente J.D.Vance, quien siempre se opuso a cualquier acción directa en Venezuela, a partir de su experiencia como excombatiente en Irak y representante de una generación que padeció aquella intervención fallida. Por eso Vance apareció afuera de las fotos durante toda esta semana de vértigo. Su objetivo es Groenlandia, un punto estratégico en la interacción con Rusia, si se observa el globo terráqueo desde arriba, por el polo norte. En su lógica, Rubio apenas cuida el patio trasero, mientras él se encarga de los grandes temas globales.
Trump terminó de adoptar el plan de su secretario de Estado a principios de diciembre, cuando se hartó de los incumplimientos de Maduro y, aunque parezca frívolo, también de los meneos danzantes del venezolano. Fuentes diplomáticas dan cuenta de que incluso en el gabinete debieron contenerlo en sus impulsos contra el mandatario.
Rubio empezó a ejercer desde ese momento un liderazgo operativo, a partir de una riesgosa estrategia a tres bandas. La primera, al asumir personalmente la interlocución con la nueva conducción en Caracas. Conoce bien a Delcy Rodríguez, con quien trabaja sobre todo los aspectos vinculados al petróleo, aunque hay muchos que señalan que el verdadero poder político reside en su hermano Jorge, quien quedó a cargo de la Asamblea Nacional. La ciencia política no se ha dedicado lo suficiente a estudiar las influencias familiares en el ejercicio del poder de los presidentes americanos, tanto en gobiernos democráticos (desde los Kennedy y los Bush, hasta Trump y su yerno Jared Kushner, en EE.UU.; Jair Bolsonaro y su hijo Eduardo, en Brasil; Néstor y Cristina Kirchner, o Javier y Karina Milei, en la Argentina) como autocráticos (Daniel Ortega y Rosario Murillo, en Nicaragua; Fidel y Raúl Castro, en Cuba).
También hay indicios claros de que Rubio estableció una cabecera de playa con los militares, a través de su jefe, Vladimir Padrino López, quien curiosamente sobrevivió como ministro de Defensa después de fracasar ante el furtivo ataque norteamericano de hace una semana. ¿O, como se sospecha, tenía algún indicio previo y se corrió del cuadro? Si los Rodríguez administran la política y la diplomacia, Padrino López articula el verdadero poder detrás del cortinado, que es el que conecta el manejo de las armas con los negocios y el narcotráfico. Es el que le da sostén real al juego político que se ejecuta desde el Palacio de Miraflores.
Con este eje, también parece haber un entendimiento en el complejo matrimonio por conveniencia que acaban de iniciar Washington y Caracas, si se observa el alineamiento castrense en el nuevo esquema. Hay un signo de esta semana que parece una prueba: en el juicio a Maduro, el Departamento de Justicia norteamericano dio marcha atrás con la acusación contra el Cartel de los Soles (denominación que hacía referencia a la insignia del sol colocada de los uniformes de los militares venezolanos de alto rango), al considerar que no se trataba de una organización criminal sino sólo de “un sistema clientelar”. Un guiño para entendidos.
Al mismo tiempo parece haberse quebrado la incómoda convivencia que mantenían los militares venezolanos con sus pares cubanos, quienes ejercían un tutelaje sobre el gobierno local que quedó en evidencia con la cantidad de muertos del castrismo en el operativo de hace una semana.
El eslabón suelto está en el tercer sector de poder en Venezuela, que es el que controla el Diosdado Cabello. El ministro del Interior y Justicia maneja las fuerzas de seguridad y las milicias civiles que actúan con extrema violencia. Hubo dos episodios esta semana que generaron la sensación de que había inquietud en ese rincón. Por un lado, la renovada virulencia con la que empezaron a actuar los paramilitares en las calles, mostrándose con fusiles e imponiendo a punta de pistola el estado de excepción que se había decretado. Por el otro, el extraño sobrevuelo de drones en el cielo de Caracas y una noche de disparos al aire en las inmediaciones de la Casa de Gobierno.
Para los observadores, se trató de una demostración de fuerza de Cabello, marginado de la interlocución del nuevo esquema. Su situación es muy complicada porque es el protagonista más ideológico y a quien Washington tiene en la mira. Comparte junto con Padrino López y el propio Maduro las acusaciones por nexos con el narcotráfico. No por casualidad, si se analiza el tono de su mensaje del viernes, se nota una evidente moderación respecto de su primera alocución a principios de la semana. Quizás intuyó el abismo si seguía por esa senda.
En Venezuela el régimen se mantiene, pero bajo otras reglas. Una fuente estadounidense que habló con uno de sus miembros reprodujo una frase que sintetiza el espíritu interno: “Señores, todavía estamos aquí, a pesar de todo. Trump demostró su poder, pero también que no tiene el apoyo doméstico para forzarnos a dejar el poder”. Son maestros de la subsistencia.
Pero Rubio no sólo opera como un procónsul en el plano político sino que también lo hace en el aspecto económico, lo que en Venezuela quiere decir petróleo. El secretario de Estado heredó de Grenell la representación oficiosa de los intereses de Chevron. El increíble blooper de Trump en la conferencia de prensa del viernes tras su reunión con la industria petrolera norteamericana va a quedar en la historia del lobby explícito. El Presidente leyó en voz alta una sugerencia que Rubio le había pasado con disimulo en un pequeño papel. “Marco me acaba de dar una nota: ‘Vuelve a Chevron. Quieren hablar de algo’”, dijo Trump entre risas, al darse cuenta de que había cometido una infidencia. Un homenaje al menemismo auténtico.
Tiene lógica. Chevron es el jugador que está en mejores condiciones de capitalizar rápidamente una recuperación del negocio petrolero, ya que no necesitaría una inversión tan importante. El resto de las empresas le transmitieron a Trump su escepticismo respecto de los montos y las condiciones para decidir una nueva apuesta en un país cuyo horizonte todavía no está del todo claro.
Venezuela produce hoy algo menos de un millón de barriles diarios, cuando hasta 2020 extraía 3,2 millones de barriles al día. Este declive fue producto de la desinversión y de los malos negocios que el chavismo propició. Se estima que el sector requiere una inversión de al menos US$100.000 millones en los próximos diez años para volver al nivel que tenía hace un lustro. La ecuación es compleja, porque al mismo tiempo la apuesta de Trump es que la transformación del país se financie con un incremento de esas exportaciones.
Este oleoducto conduce a la tercera banda en la que Rubio hace equilibrio: la relación con la oposición venezolana, en particular con María Corina Machado. Ocurre que mientras el secretario de Estado operaba para Chevron, su principal competidora, Exxon, apostaba por un recambio total del régimen y por el regreso de la premio Nobel de la Paz. Para esta petrolera era una manera de barajar y dar de nuevo, en un escenario menos desbalanceado en favor de su rival. Pero este plan fracasó.
En aquellas discusiones de fin de año en la Casa Blanca, Rubio terminó apoyando un informe que la CIA le había entregado a Trump, en el cual se argumentaba por qué era peligroso un descabezamiento total del régimen y un pase de mando directo a Machado y a Edmundo González Urrutia. Sin embargo, el secretario de Estado mantuvo todo el tiempo una línea directa con la líder opositora.
Muchos recuerdan que apenas dos días después de asumir su cargo, Rubio elogió a la oposición venezolana y la consideró “legítima”, y el año pasado firmó una de las cartas para que Machado fuera nominada al Nobel. Esta semana volvió a ser el puente para que se confirmara una reunión entre Trump y María Corina la próxima semana, a pesar de que los celos por el premio perdido llevó al presidente norteamericano a referirse a ella peyorativamente como “la señorita que ganó el Nobel de la Paz”. Machado, que conoce la psicología del jefe de la Casa Blanca, le entregará el reconocimiento que recibió en Oslo, como si el traspaso de una medalla pudiera transferir también los méritos.
Naturalmente hubo desilusión en el campamento de la líder opositora por la decisión de Trump de acordar con el régimen, pero al mismo tiempo hay convicción en que la rueda volverá a girar. Es más, reina un cierto optimismo en que no haya que esperar años para los próximos movimientos. La fortaleza de Machado reside en el apoyo popular que se expresó con el triunfo de Gonzáles Urrutia en 2024. Ella sigue con atención ese monitoreo del humor social en Venezuela, que también le muestra una imagen muy favorable para Trump.
Así como para los venezolanos en el exilio el presidente norteamericano es sinónimo de deportaciones, para quienes aún soportan en su propio país las arbitrariedades del régimen chavista simboliza el único vector de esperanza de cambio. Por eso Machado nunca abandona la actitud comprensiva cuando se refiere a Trump, más allá de su destrato. Sabe que sus posibilidades reales de llegar al poder van de la mano de la estrategia de Washington y del apoyo civil de su pueblo. Es lo que le aconseja Rubio, que siempre tiene un ojo puesto en su base electoral republicana de Florida, que le reclama terminar con el régimen.
El ánimo social en Venezuela hoy no es un factor preponderante en las consideraciones de la Casa Blanca, pero cualquier proyecto a largo plazo deberá contemplar una normalización más profunda que la inestable estabilización actual. Desde la perspectiva de Washington, la amenaza reside en que el régimen empiece a descomponerse internamente, por disputas intestinas o por el manejo de la interlocución y los negocios con EE.UU.
Para María Corina Machado, el riesgo principal es que se regenere un nuevo statu quo, con Trump satisfecho por haber recuperado el control del petróleo y por tener bajo su tutela al gobierno venezolano, con pocos incentivos para avanzar hacia una transición democrática. Esa también sería una mala noticia para Rubio, quien tiene como última terminal de su recorrido un cambio de régimen en Cuba, al que también buscó asfixiar con la intervención en Venezuela.
Una semana después de la operación, queda claro que la captura de Maduro tuvo como objetivo correr al dictador porque obstaculizaba los planes de Washington, pero no para iniciar una transición democrática inmediata. El juicio que se le inició el lunes, tiene próxima audiencia recién el 17 de marzo. Ese proceso judicial sólo tiene un efecto disciplinador para el resto del régimen, excepto que Maduro esté dispuesto a cooperar y revelar todo lo que sabe sobre los manejos del régimen. Ahí se sabrá si su salida del país fue realmente forzada o si hubo algún entendimiento.
Así como hay consenso en ese aspecto, genera más discusión la evaluación de las razones fundamentales que llevaron a Trump a promover la intervención en Venezuela. Hay un grupo de analistas y diplomáticos que apuntan esencialmente al control del petróleo como objetivo prioritario; y hay otro que lo interpreta en términos geopolíticos, a partir de entender que el operativo buscó erradicar la influencia china y rusa del espacio vital de Estados Unidos, tal como fue reafirmado en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional. En definitiva, garantizar un vecindario con aliados estables y confiables.
En realidad no parecen conceptos incompatibles. El petróleo también es un factor de la geopolítica, y en Venezuela la geopolítica se construye a partir del petróleo. Estados Unidos no podía permitir en la era Trump tener a 1200 millas de las costas de Florida una madriguera fuera de su control en el que confluyeran las inversiones mineras chinas, la fabricación de drones iraníes, el sistema antiaéreo ruso y la inteligencia cubana. Era el punto de confluencia de todos sus enemigos, jugando al TEG debajo de los bigotes del león.
Extrañamente Rusia no hizo demasiado ruido. Quizás Vladimir Putin esté pensando que la doctrina Monroe de Trump le viene bien para justificar la guerra en Ucrania. Hizo lo mismo al principio del siglo, cuando apoyó la guerra contra el terrorismo de George W. Bush con la mente puesta en Chechenia. En ámbitos militares sospechan además que Putin estuvo al tanto desde el principio de la “Operación Resolución Absoluta”.
Xi Jinping, en cambio, sigue con menos desprendimiento los acontecimientos. Es cierto que a él también la doctrina Monroe le sirve para enmarcar su ambición sobre Taiwán. Pero en el corto plazo es probable que mire con más atención el problema petrolero. No porque haya perdido una fuente clave de suministro, ya que Venezuela representa sólo el 5% de las importaciones totales de hidrocarburos, sino porque, como señala el especialista Víctor Bronstein, China le otorgó a Caracas préstamos por más de US$60.000 millones a cambio de barriles de crudo, de los cuales aún quedan US$19.000 a pagar, y cuyo futuro es totalmente incierto. Por esa razón, las acciones de las petroleras chinas cayeron esta semana, pero no así el precio global del crudo, prueba de que Venezuela ya no es lo que era para este negocio. El gran interrogante ahora es cuál será la Venezuela que se aproxima.
Jorge Liotti,Conforme a
POLITICA
Escándalo en la AFA: la Justicia realizará indagatorias clave para determinar a quién pertenece la mansión de Pilar

Avanza la causa que investiga la compra de una mansión en Pilar, que sería parte de un presunto esquema de lavado de dinero atribuido a Claudio “Chiqui” Tapia y a Pablo Toviggino, y este miércoles declarará un gerente del Banco Coinag.
Se trata de un funcionario de la entidad que recibió de Real Central los 1,8 millones de dólares que se utilizaron para la compra de la propiedad cuestionada.
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El juez Marcelo Aguinsky también citó al broker que pagaba en efectivo el seguro de los autos de lujo que se encontraron en la mansión.
El broker deberá presentarse ante la Justicia el viernes, día en que también declararán los pilotos del helicóptero.
Tras los pedidos de información solicitados por la Justicia, el Banco Coinag aseguró que Luciano Pantano y Ana Conte nunca tuvieron una cuenta en la entidad. Mientras que la firma Real Central solo tuvo una cuenta corriente sin movimientos que recibió, desde su apertura en 2022 hasta la fecha de cierre, en diciembre de 2025, 300 mil pesos que uso para pagar el mantenimiento de la cuenta.
“No hay más movimientos que los mencionados en la cuenta de Real Central”, afirmaron desde la entidad.
El banco informó también que la empresa Malte S.R.L. recibió una transferencia de Real Central proveniente del Banco Credicoop por 1.800.000 dólares.
De acuerdo con los documentos incorporados, esa vivienda figura en distintos momentos a nombre de diferentes integrantes del entorno Pantano, todos relacionados con Real Central SRL, la firma señalada en la causa como presunta pantalla que está a nombre de Luciano Pantano y Ana Lucía Conte, madre (jubilada) e hijo (monotributista).
Los registros muestran que Luciano Nicolás Pantano ingresó inicialmente como “propietario/residente” de la mansión ubicada en los lotes 306 y 265 de Ayres Plaza, con fecha de titularidad del 4 de diciembre de 2021.
Con el paso del tiempo, esa condición cambió: los documentos relevados indican que desde el 4 de enero de 2023 el inmueble comenzó a figurar a nombre de Diego Fabián Pantano, bajo la misma categoría de “propietario/residente”.
Ese corrimiento formal de la titularidad es uno de los elementos que se analizan en el expediente. La hipótesis que se examina es si el traspaso responde a una maniobra para disimular la verdadera propiedad del bien.
El expediente incorpora además registros de personas invitadas a la mansión, que vuelven a vincular ambos círculos familiares. En la nómina figura Máximo Toviggino, hijo del dirigente, así como Norberto José Pantano, otro hermano de Luciano y Diego. Según consta en los documentos, ambos aparecen asentados como invitados habituales al domicilio de Ayres Plaza.
Una fotografía publicada en redes sociales por Lucía Conte también forma parte del material que analizan los investigadores. En la imagen se puede ver a Diego Fabián Pantano a bordo de un yate, muy cerca de sus hermanos Luciano y Norberto.
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Para los investigadores, se trata de un elemento más que refuerza la conexión entre los Pantano y la mano derecha de Claudio “Chiqui” Tapia.
Durante un allanamiento en la mansión, se encontraron elementos comprometedores, como un bolso con el logo de la AFA y una plaqueta de Barracas Central dedicada a Toviggino. Además, las cédulas azules de varios vehículos estaban a nombre de familiares del tesorero de la AFA.
Entre las pruebas recolectadas, se destaca que los Telepases de esos autos se abonaban con una tarjeta de crédito corporativa de la AFA emitida a nombre de Pantano. Dicha tarjeta registró consumos mensuales cercanos a los 50 millones de pesos entre enero y diciembre de 2015.
AFA, Chiqui Tapia, Pablo Toviggino
POLITICA
El PJ imagina el 2026 con un protagonismo limitado de CFK, pero las internas dificultan un armado nacional

“Los gobernadores van hacia adelante con pie de plomo. Despacio pero con decisión”, sostuvo un diputado nacional que forma parte del esquema de mandatarios del PJ, en el que muchos dirigentes ponen una gran expectativa para este año. Sobre todo porque creen que la presencia de ellos en el escenario político limita el protagonismo de Cristina Kirchner.
“Hay que ver cuántos gobernadores aguantan estar en este bloque y no le terminan votando las leyes a Milei”, explicó la mano derecha de uno de los mandatarios que estuvo en la reunión que se realizó, a fin del año pasado, en la casa de La Pampa. No todas las miradas son tan lineales y positivas. La desconfianza es un mal que atormenta al peronismo, que hoy no tiene un proyecto sólido.
En el interior del país, en el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y en otras terminales más pequeñas del peronismo advierten que el liderazgo de CFK ingresará este año en una caída pronunciada, debido a su limitación, de por vida, para ser candidata en las elecciones. También por.su detención en San José 1111 y, sobre todo, por el visible desgaste del proyecto político que encarnó en los últimos veinte años.
El 2026 es un año clave para estructurar una propuesta nacional de cara a las elecciones ejecutivas del año que viene. “El peronismo está paralizado en el debate interno. Hay que dar un debate sobre política exterior, política económica, defensa de la industria y del trabajo. Hay que discutir un modelo nacional”, precisó Miguel Pichetto durante un mano a mano que tuvo con Guillermo Moreno en Radio del Plata. De eso se trata.

Lo que sostuvo el ex senador nacional es exactamente lo que piensan en gran parte de la fuerza política. Las discusiones internas, desde el comienzo del gobierno de Alberto Fernández a esta parte, han mantenido al peronismo ocupado en solventar rencillas donde se disputa poder, ego, conducción y el final de un ciclo. El cristinismo ha resistido. El resto del peronismo ha intentado, sin tanta fuerza, dar por terminada la etapa peronista con sello K. Y en eso andan hace ya seis años. Mientras tanto, el apoyo electoral se diluye.
El motivo más básico tiene que ver con los votos. La gente le ha dado vuelta la cara al cristinismo, salvo en algunos municipios donde se mantiene fuerte. El ejemplo por excelencia es el de Quilmes, donde Mayra Mendoza reeligió en el 2023 y tiene un importante índice de aprobación en su gestión. Una fortaleza en el medio del vendaval de críticas al kirchnerismo.
La discusión que en el peronismo piensan tener este año es completamente horizontal. Sin líderes ni reglas inamovibles. Lo que hay, en todo caso, son aspirantes a ser parte de una conducción colegiada que derive en el proceso electoral del 2027. Quiénes van a estar sentados en la mesa de decisiones del año que viene. Ese es uno de los temas que se discute. El otro es qué le proponen a la sociedad para que los vuelva a votar.
Este año puede ser fundacional para el peronismo o puede ser un año más en el que su renovación esté congelada. Kicillof se está dedicando a tratar de romperlo. Más allá de que su objetivo tiene una carga personal importante, ese movimiento de fricciones incesantes para romper el status quo le sirve a una gran parte de la dirigencia, esté o no involucrada en el proyecto kicillofista.

En paralelo, las negociaciones permanentes que hay sobre la postura que tendrá la oposición respecto a la reformal laboral desnudan las grietas internas. Los gobernadores no quieren bloquear todo el proyecto, pero serán duros respecto a la iniciativa libertaria. El kirchnerismo será el bastión de la resistencia, mientras que la CGT, ahora más dura que antes, tratará de encontrar un lugar en el que no quede parada como un bloque político que solo rechaza todo lo que propone el Gobierno.
En la central obrera hace rato que creen que el ciclo de Cristina Kirchner está agotado y que es ella, por su capacidad y su poder de influencia en la provincia de Buenos Aires, la que debe encontrar un rol más constructivo para empujar el armado político nacional. Algunos, los más reticentes a su figura, consideran que hay que armar un esquema nuevo que no contenga al cristinismo. Parece una utopía. La mayoría, aún con fastidio, entiende que el proyecto político tiene que tener al cristinismo adentro, pero con mucho menos poder del que supieron tener.
“Este año se va a notar fuertemente la perdida de centralidad del kirchnerismo. Antes te sometían al látigo, pero te hacían ganar. Tenían poder. Ahora pegan y no hacen daño. No ganan. Es el momento de que se corran”, reflexionó un histórico dirigente del peronismo bonaerense, de estrecha relación con Sergio Massa, el kirchnerismo histórico y los legisladores del interior. Uno de esos nombres propios que conocen bien los vericuetos del poder peronista.

En gran parte del universo justicialista creen que este año será el final de CFK como una líder capaz de conducir a la mayor parte del peronismo con dedicación y capacidad. “Será el final de todo un sistema. El final de un posicionamiento ante la sociedad. El final de una forma de entender la política”, analizó un ex funcionario nacional, que conoció bien de cerca los roces de lo que supo ser el peronismo albertista y el camporismo. La convivencia del último gobierno peronista.
Los más afines al proyecto de Kicillof dicen que, indefectiblemente, llegará el momento de que se empiece a tocar una nueva canción. Los que todavía tienen una mirada positiva sobre el rol de CFK creen que ella, astuta e inteligente como la consideran, sabrá ubicarse en el nuevo mapa de poder que se está construyendo y en el que todas las rutas conducen a la elección del 2027. Resta esperar. Tiempo al tiempo. Gran parte del futuro peronista está atada a los movimientos de la ex presidenta. A lo que decida hacer o
POLITICA
Kicillof reunirá a los intendentes propios para arrancar el año en el que apostará a la construcción hacia 2027

El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, mantendrá una reunión política este miércoles en el municipio de Villa Gesell en el que participarán intendentes que forman parte del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y ministros provinciales. Será el primer encuentro en vistas a la construcción de un espacio político que trascienda las fronteras bonaerenses y que en 2027 sea parte de la discusión electoral dentro de la oposición a Javier Milei.
La reunión será una vez concluida la agenda oficial del mandatario. En las últimas horas, se cursó la invitación a intendentes de la Quinta sección electoral y quiénes estén cerca del distrito que gobierna el kicillofista, Gustavo Barrera; que será uno de los anfitriones del encuentro.
En Villa Gesell fue donde el verano pasado se le dio el puntapié a lo que luego se materializó como el MDF, con una reunión de similares características a la que se espera para este miércoles. Fue en un año donde la interna del peronismo atravesó todo el 2025, que incluyó el desdoblamiento electoral, la victoria del peronismo en los comicios provinciales por casi 14 puntos y la derrota, por un escaso margen, en octubre.

Antes del encuentro con intendentes y funcionarios, Kicillof encabezará lo que será la primera “Conferencia de Verano”. Primero habrá una reunión en Mar de Ajó (Partido de La Costa) con sectores productivos; luego el gobernador y algunos funcionarios se trasladarán hasta Villa Gesell para la conferencia en cuestión; en la que el mandatario hará un balance de la primera quincena de vacaciones.
Las primeras proyecciones que hacen en el gobierno bonaerense y en algunos distritos turísticos es que la ocupación se sostiene a un buen nivel, pero no impacta de igual manera en el consumo.
Kicillof aprovechará las “Conferencias de Verano”, para desde esa tribuna seguir confrontando con Javier Milei y las políticas económicas del gobierno nacional. Todo, mientras el peronismo también empieza a ordenar el escenario para el 2027, tanto a nivel nacional como provincial; ya que el mandatario bonaerense no tiene reelección. Sobran nombres para esa sucesión.
El 2026 servirá para acumular adhesiones y proyectar un espacio que tenga a Kicillof como figura central y expanda los límites propiamente partidarios del peronismo y territoriales. Es decir, que salga a otras provincias. Eso, cuentan en La Plata, ya está definido. Primero serán funcionarios y ministros los que tengan como trabajo la búsqueda de adhesiones federales.
El gobernador lo expuso a fines del año pasado en un plenario del MDF con más de 1500 asistentes entre los que había intendentes, legisladores nacionales y provinciales, ministros y concejales; además de referentes sindicales y sociales. Allí, Kicillof aseguró que convocaría “a todos y todas para construir una fuerza política que trascienda a la provincia de Buenos Aires”, y que iba a poner todo su compromiso para “construir una alternativa política”, aunque aclaró que ese acto no se trataba de un lanzamiento electoral propio hacia la elección presidencial de 2027.
“Vamos a demostrar que hay una alternativa y que no estamos dispuestos a repetir la historia. Venimos a crear futuro: un futuro diferente y mejor para todo el pueblo”, terminó diciendo como cierre de año el mandatario desde el municipio de Ensenada.

Por lo pronto, en el orden provincial, el 15 de marzo está fechado el recambio de autoridades del Partido Justicialista bonaerense, que hasta el momento preside el diputado nacional, Máximo Kirchner. Antes, el 8 de febrero, se sabrá si la nueva composición del PJ será mediante una interna o bien en el marco de un acuerdo entre los distintos sectores y que particularmente se expresan en el cristinismo, por un lado, y el MDF por el otro.
La discusión del PJ es un tema que el gobernador sigue con atención. Si bien busca no mostrarse inmiscuido en los asuntos del justicialismo provincial, sí hay nombres de su confianza o de su sector trabajando en post de darle mayor representación al MDF dentro del universo pejotista. La vicegobernadora, Verónica Magario; el intendente de La Plata, Julio Alak o el diputado provincial e intendente en uso de licencia de Almirante Brown, Mariano Cascallares son algunos de ellos.
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