POLITICA
Los Eskenazi en YPF: el Aleph de la corrupción

Uno de los cuentos más clásicos de Jorge Luis Borges es “El Aleph”, un cuento fantástico en el que imagina que existe un punto que contiene todos los puntos del universo. El caso YPF, sobre el que este lunes hubo una novedad judicial en Estados Unidos, y toda la peripecia de la empresa durante el kirchnerismo, es una especie de Aleph donde uno puede encontrar los distintos planos y dimensiones de la corrupción en la Argentina.
Este caso demuestra que no estamos ante la evidencia sistemática y reiterada de distintos episodios de corrupción, sino que hay un sistema que produce, como si fuese una usina, este tipo de miserias. Para que ocurran, deben coordinarse funcionarios, empresarios y Poder Judicial. Una mezcla de malicia e incompetencia deliberada, donde uno no termina de discernir si lo que hay es gente extraordinariamente astuta, o demasiado tonta, por las consecuencias costosas de sus actos. YFP permite ver, como ningún otro caso en la era kirchnerista, este fenómeno.
La jueza Loretta Preska es la que está resolviendo este caso en Nueva York. Allí el fondo Burford reclama una indemnización por la estatización de YPF dispuesta por Cristina Kirchner. Burford compró el 70% de los derechos a reclamar de la familia Eskenazi. Preska decidió satisfacerlo ordenando al Gobierno que le entregue las acciones de YPF en poder del Estado, que son el 51% del paquete de la compañía. Es decir: Preska decidió una reprivatización de facto.
No solamente ella quiere resarcir al fondo Burford. Además, con las mismas acciones, decide compensar el reclamo de unos acreedores financieros que nada tienen que ver con este caso.
Esta historia nace de una obsesión de Néstor Kirchner. Antes de llegar al poder, y más aún cuando lo consiguió, quería tener una empresa energética estatal. Los que miraban muy de cerca el comportamiento de Kirchner dicen que le producía mucha envidia, en reuniones que él compartía con Evo Morales, Lula Da Silva y Hugo Chávez, ver que esos presidente de Bolivia, Brasil y Venezuela pudieran, con un llamado, tomar una medida energética conveniente a su política, y él no. El entonces presidente tenía que hablar con un español de Repsol, que manejaba YPF desde Madrid.
Esto es lo que llevó a Kirchner a imaginar primero la creación de Enarsa. Finalmente, no funcionó. Hay una foto fantástica de aquella época, donde se los puede ver a Kirchner y Chávez diseñando, en una especie de delirio digno de otro cuento de Borges, un gasoducto que iba en línea recta desde la faja del Orinoco hasta Buenos Aires.
No fue la única fantasía. La siguiente fue comprar YPF. Se habló incluso con gente del banco Morgan Stanley. Pretendía pagar con la misma renta de YPF. Mientras desarrollaba aquel sueño, había una política de acoso a Repsol que llevaba adelante Kirchner, cuyo ejecutor material solía ser Guillermo Moreno.
Existe una anécdota significativa. En febrero de 2014, Kirchner hizo un viaje reparatorio a Madrid que tenía la intención de compensar lo que había sido un viaje anterior, que sucedió en 2003 y donde él maltrató a los españoles. Entre las actividades, estaba prevista la presentación de una guía turística argentina elaborada por Repsol. Se hizo en el Instituto Ferial de Madrid. El presidente de Repsol era Alfonso Cortina, ligado al gobierno de Aznar. Cortina, subiendo la escalera mecánica y yendo a la presentación de aquella guía, le pregunta a un argentino bien informado: “¿Qué quiere Kirchner que nos presiona tanto?”. La respuesta fue “¿no estará buscando plata?”, a lo que Cortina contesta: “Ya le damos plata. ¿Qué más quiere?”. La respuesta aparecería tras el desplazamiento de Cortina, la llegada de los socialistas de José Rodríguez Zapatero al gobierno y de Antonio Brufau a Repsol. Es Brufau el que se da cuenta de que Kirchner quería “argentinizar” parte de YPF.
Así comenzaron las tratativas para encontrar cuál sería el grupo empresario argentino que se quedaría con esa parte de YPF. De esas negociaciones participó Brufau, Miguel Sebastián, que era el principal asesor de La Moncloa, y Trinidad Jiménez, encargada de asuntos latinoamericanos de la Cancillería española. Todos ellos, en diálogo con Julio De Vido, ministro y mano derecha de Kirchner en materia de infraestructura y energía. Llegan a identificar a algunos empresarios argentinos que podrían ser los que contrajeran nupcias con Repsol para entrar en YPF. Cuando De Vido le lleva a Néstor Kirchner esos nombres, Kirchner ordena: “No, el que se va a quedar con la parte argentina es Enrique Eskenazi y Sebastián, su hijo, dueños del Banco de Santa Cruz”.
Allí se advierte que lo que era la fantasía de una argentinización de una parte de YPF, en realidad era una “kirchnerización”. Kirchner ya les había hecho crear a los Eskenazi una sociedad energética. Esa familia que nunca había pisado el campo de la energía si no que venía de la construcción. Enrique Eskenazi había sido gerente general de la empresa Petersen, Thiele & Cruz, que —las vueltas de la historia— en su trayectoria tiene haber creado la sede central de YPF sobre Diagonal Norte. Dicen que en los años 80, en medio de la gran crisis de la construcción, Eskenazi, como gerente general, fue llevando la compañía a una situación prácticamente de quiebra y él mismo la compra, traicionando a sus dueños,
Después los Eskenazi entraron en el campo bancario comprando, antes que nada, el Banco de Santa Cruz. Ahí empezó el encuentro y la intimidad con los Kirchner. A tal punto que, cuando Néstor y Cristina tuvieron una causa por enriquecimiento ilícito en el juzgado de Norberto Oyarbide, para justificar su enriquecimiento, explicaron que la familia Eskenazi era dueña del Banco de Santa Cruz, y les daba una renta que era excepcional hasta para el mercado internacional. Eran tan generosos los Eskenazi que, gracias a la tasa de interés que pagaban por los depósitos a la familia Kirchner, el matrimonio podía justificar una fortuna extraordinaria.
Repsol terminó de entregar a la familia Eskenazi el 25% de las acciones de YPF en dos etapas. Esa operación se realizó con la intervención del Credit Suisse Boston, el banco señero de toda esta etapa. Después sería el banco a través del que Kirchner se trataría de quedar —en una operación también muy oscura, de la que participó el actual canciller Gerardo Werthein— con los activos de los italianos de Telecom Italia en Telecom. Pedro Chomnalez, íntimo amigo de Sebastián Eskenazi, y Andrea Camp, que era una subordinada de Chomnalez, fueron los encargados de llevar adelante esta operación por la cual ingresan los Eskenazi a YPF. Y ese ingreso es saludado, en una presentación pública, por Antonio Brufau, el presidente de Repsol, con una frase que hizo historia: “Aquí estoy con Enrique Eskenazi, nuestro nuevo socio, un experto en mercados regulados”.
¿Cómo pagaron los Eskenazi ese 25%? Se les concedió que pudieran ir pagando esos activos sin poner plata, con los dividendos que cobraban en la misma YPF. Incluso, durante su entrada en el verano de 2008, ya se había postergado una distribución de dividendos en YPF para que ellos pudieran cobrarlos aun cuando todavía no formaban parte de la compañía.
A Repsol le sirvió todo eso ya que la política de distribución de dividendos —y, por lo tanto, de desinversión en YPF— fue tan generosa que ellos también podían sacar fondos de la Argentina, queriendo irse del país e invirtiendo en otras regiones. No solamente ingresan los Eskenazi con el 25% de la empresa —primero fue un 15%—, sino que Repsol les entrega el control cotidiano de la compañía. Sebastián Eskenazi pasa a ser el gerente general del CEO: se convierte en amo y señor de YPF.
Es un detalle interesante. Axel Kicillof, cuando estatizó la empresa enardecido en contra de Repsol, jamás menciona a los Eskenazi, que eran los que verdaderamente manejaban la compañía y tomaban las decisiones en las cuales se basó el actual gobernador para justificar su apropiación por el Estado. Por alguna razón, Kicillof tiene una amnesia respecto de cuál fue el papel de los Eskenazi en la empresa. Era la época en que él no estaba enfrentado a Cristina. No vaya a ser que ahora recupere la memoria.
La muerte de Néstor Kirchner en 2010 fue un hecho sumamente relevante. Su fallecimiento no solo importó desde el punto de vista político sino también de este submundo de negocios. Daba la impresión de que Kirchner controlaba todo esto de manera muy personal, casi secreta.
Se podría escribir un libro sobre los efectos de la muerte de Kirchner en este sistema. Boudou se queda con Ciccone, Massa con una liga de intendentes que debían limitar a Daniel Scioli, Stiuso se queda con toda la operación judicial y los Eskenazi se quedan con YPF, dándole la espalda a los propios Kirchner. Hubo una especie de Big Bang al cual probablemente Cristina Kirchner sea parcialmente ajena. Ella sin dudas tenía conocimiento de los movimientos de Lázaro Báez, de Cristóbal López, y poco más. Y los Eskenazi empiezan a hacer su vida.
¿Hubo alguien que les avisó a los Kirchner que había compromisos de la familia Eskenazi con la familia Kirchner que los herederos de Néstor desconocían? ¿Hubo un abogado, exministro de Carlos Menem, que trabajaba para los Eskenazi y le fue a hablar a Máximo? ¿Le habrá dicho: “Mirá, todo esto es tuyo, porque era de tu padre, y ahora te lo van a desconocer”? Esta es una versión que circuló muchísimo en el mundo de las empresas energéticas y también en el kirchnerismo.
Otra fecha clave. Poco más de un año después de la muerte de Néstor Kirchner, el 27 de diciembre de 2011, hubo un encuentro entre Cristina Kirchner y Sebastián Eskenazi, en la que se rompió el vínculo. Ahí empezó a ponerse en funcionamiento la idea de la estatización. Hay quienes creen, sin embargo, que no tuvo que ver con la ruptura de compromisos secretos entre los Kirchner y los Eskenazi, sino que estuvo la ambición de los Kirchner desde el Estado para quedarse con la formación Vaca Muerta, que por entonces empezaba a mostrar todo su potencial.
Recuerdo personalmente una entrevista que tuve con Antonio Brufau, en su departamento de la calle Levene, cuando él se estaba yendo de la Argentina porque lo echaban después de la estatización. Él se preguntó si por una deuda de los Eskenazi con los Kirchner, los Kirchner se iban a cargar una compañía. Brufau creía que había un compromiso que se había roto.
Lo cierto es que existió una reunión en Punta del Este de la familia Eskenazi con asesores, muchos de ellos gente muy protagónica en la época de Menem. Los Eskenazi deciden no avisarle a los españoles que ya no tenían relación con Cristina Kirchner. No les advierten de la ruptura, con lo cual los españoles ni se enteran de que hay en marcha —o se enteran muy tarde— un proceso de estatización.
Ese proceso lo llevan adelante dos personas centralmente: Carlos Zannini, como secretario Legal y Técnico, —pongamos una lupa sobre Zannini, ahora vamos a ver por qué es un personaje central y sospechoso en todo esto— y Axel Kicillof, que fue al Congreso y durante horas defendió la estatización. Entre los argumentos que hoy circulan por la red —porque su discurso es muy llamativo— dijo: “Para estatizar no vamos a ser tan tontos de respetar las pautas que están establecidas en el estatuto de la empresa. Vamos a ignorar las reglas, o los procedimientos, que fija el estatuto de la empresa para esta estatización”. Una idea muy audaz, porque el gobierno argentino puede ignorarlos, pero en la jurisdicción neoyorquina, que es donde se dirimen estos conflictos, la jueza no los ignora. O sea que, a la hora de decidir, a un juez en Estados Unidos si hay que indemnizar o no al estatizado, no le va a importar si Kicillof estaba de acuerdo o no con el estatuto: va a mirar el estatuto y va a mirar las reglas, qué es lo que está pasando. Ahora el Estado argentino tiene que pagar US$16.000 millones por esta picardía. Zannini es quien elaboró todo el material legal de la estatización y ni siquiera contempló poner en el proyecto de ley una salvedad de por qué se está ignorando el estatuto.
Se estatiza el 51% de la empresa. Repsol cobra y renuncia, con ese cobro, a cualquier otro reclamo. Los Eskenazi se quedan con el derecho a reclamar por algo que poseían sin haber puesto una moneda, y reclaman como empresa española, Petersen Energía. Es una sociedad española cuyos accionistas son personajes bastante misteriosos de una sociedad australiana. Esos derechos los venden al fondo Burford, que es un fondo que compra litigios para hacer una fortuna con la diferencia entre lo que está comprando cuando el juicio todavía no empezó y el final del juicio, que ellos suponen con probabilidades de éxito.
En este contexto se va Cristina del gobierno, llega Macri y se hace cargo de la defensa del Estado argentino de manera muy contundente Bernardo Saravia Frías, que fue procurador del Tesoro con Macri. Es clave el cargo: es el jefe de los abogados del Estado, es decir, quien se encarga de la defensa de los intereses del Estado en los tribunales.
Saravia lleva adelante dos estrategias. La primera es mirar cómo es que Burford adquiere sus derechos en España. Descubren que, según la legislación europea, está prohibido que alguien adquiera derechos de un litigio para hacer plata, para montar una especulación financiera sobre eso. Si tengo derecho a US$15 millones, cobro esa cifra, no puedo comprar los derechos para especular con esos derechos. En segundo lugar, si vendo los derechos de un juicio, antes tengo que ofrecerle al deudor el mismo acuerdo. Es decir, si yo, Petersen Energía, los Eskenazi, le vendo a Burford, como le vendieron, por 15 millones de euros, sus derechos para reclamar frente al Estado argentino, antes tendrían que haber hablado con el Estado argentino y decirle: “Si ustedes me dan 15 millones de euros, yo no hago reclamo alguno”. Para evitar esto, quedaron asociados al fondo y vendiendo a Burford sólo una parte: 70% lo tiene Burford y 30% los Eskenazi. Por eso los Eskenazi tienen derecho a cobrar el 30% del éxito o fracaso del juicio. Van a cobrar ese porcentaje de lo que finalmente la jueza asigne o pague. Hoy son US$16.000 millones; de ese 30% tendrán que pagar los gastos de la quiebra o los gastos del concurso, que son básicamente honorarios profesionales, nada importante. Es decir, que los Eskenazi, que entraron de la mano de Néstor a YPF, van a hacer una fortuna.
Esa era la primera estrategia que seguía Saravia en el gobierno de Macri para defender al Estado argentino frente al reclamo de Burford: reclamar en España por la violación de la ley española. La segunda era decir: “Mire doctora Preska, examine bien cómo entraron los Eskenazi, porque usted se va a dar cuenta de que le está reconociendo un derecho a Burford derivado de los Eskenazi, que tienen ese derecho por un origen corrupto de su activo”. Porque entraron a YPF como una especie de testaferros del presidente Kirchner, o al menos de manera muy opaca.
Vuelven los Kirchner o, mejor dicho, vuelve Alberto Fernández con Cristina Kirchner. Y lo interesante es que el encargado de defender al Estado argentino por la estatización de YPF deja de ser Saravia y pasa a ser Carlos Zannini, el mismo que tiene alguna responsabilidad en todo el juicio por los errores que comete estatizando, aquellas omisiones por las cuales ni se menciona en la ley por qué se está violando el estatuto de la empresa, como para tener un argumento frente a la justicia americana, que es finalmente la que va a decidir porque la jurisdicción es de Estados Unidos.
¿A qué se dedicó Zannini entre la presidencia de Cristina, donde era secretario Legal y Técnico, y la presidencia de Alberto, donde fue procurador del Tesoro? A ser director, por la provincia de Santa Cruz, del banco de los Eskenazi. O sea, convivía con los Eskenazi sin ningún tipo de conflicto. Raro todo, ¿no? Habría que aclararles que tal vez -no corresponde opinar ni prejuzgar a nadie, ni ofender a nadie- los Eskenazi están dispuestos hasta a pagar ese tipo de servicio que prestó Zannini.
¿Por qué todo es tan raro? Porque, durante la presidencia de Macri, en paralelo a toda esta historia, aparece la famosa causa Cuadernos, que la hace estallar Diego Cabot en el diario . En esta causa, entre la infinidad de gente que declara, aparece Víctor Manzanares, el contador de los Kirchner. Hernán Cappiello, periodista de , que es experto en materias judiciales, publicó una nota en la que informó que Manzanares acusó al banquero Eskenazi de ocultar dinero de los Kirchner. En esa crónica, que reproduce las declaraciones del contador de los Kirchner delante del fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadio, cuenta que el banquero Sebastián Eskenazi, hijo del accionista de YPF y dueño del Banco de Santa Cruz, recibió el dinero negro que manejaba Daniel Muñoz –el secretario privado de Néstor, al que le descubrieron US$70 millones ahorrados, con departamentos inclusive en el Plaza Hotel de Nueva York-. Víctor Manzanares estimó que lo invertido -parece una ironía- en la Argentina fue alrededor de 130 o 150 millones de dólares.
En aquella publicación, Cappiello consigna que Manzanares dice que Muñoz acumulaba la plata y, en determinado momento, decidieron traer todo a Buenos Aires por tierra, con camiones, con camionetas, no sabemos cómo, y que esa fortuna se escondió en algún lugar de la Capital Federal, en una bóveda cuya llave tenían dos personas: Sebastián Eskenazi y Daniel Muñoz. Por supuesto, el Grupo Petersen, nombre de fantasía de los Eskenazi, en aquel momento sacó un comunicado diciendo que todo esto lo único que pretendía era dañar su buen nombre y honor y que era todo falso.
Este entramado está muy vinculado a los servicios de inteligencia. Porque el contacto más importante entre Sebastián Eskenazi y el kirchnerismo era un viejo empleado del Banco de Santa Cruz: Francisco Larcher, segundo de la entonces Secretaría de Inteligencia. Era el que mandaba en la Secretaría de Inteligencia, de quien siempre se ha afirmado -nadie de la Justicia se interesó en saber si es cierto o no- que acumuló US$70 millones en las bóvedas de su casa del country Abril y que, cuando apareció el caso de José López -que lo descubrieron en el convento de General Rodríguez con US$9 millones- hizo que el hijo de su esposa sacara esos US$70 millones de las bóvedas y los llevara en un auto a una playa de estacionamiento ignota de la ciudad de Buenos Aires para después sacarlos del país. Aparentemente, el hijastro de Larcher se cobró esa operación con US$4 millones. Esta es la versión que no ha sido verificada y sería lindo que un día la Justicia tenga la curiosidad de saber si es cierto o no, porque, como decía Maquiavelo, en un país donde no hay Justicia no solo prospera la impunidad, prospera también la calumnia. Es decir, se dicen cosas que pueden ser falsas y nadie las determina.
¿Qué es lo importante? Que Bonadio no avanzó sobre los Eskenazi a pesar de las declaraciones de Víctor Manzanares. Había una viejísima relación entre Bonadio y los Eskenazi, mediada por el político más ligado a la familia Eskenazi: Carlos Corach, antiguo jefe de Bonadio. Mientras ocurrían estos episodios en la causa Cuadernos se conocía una foto en la que se ve al fallecido Claudio Bonadio y a Sebastián Eskenazi, almorzando los dos en el restaurante -ya cerrado- La Pecora Nera, de la calle Ayacucho, en Recoleta.
Había otra línea de defensa de Saravia que era argumentar algo así como: “Preska, ¿por qué no investiga? Porque usted le está reconociendo un derecho, en realidad, a un grupo que entró por vías muy opacas, muy oscuras, a YPF”. Ese argumento, esa línea de investigación, podría haber sido muy exitosa. Claro, si el juez Ariel Lijo -cuyo apellido le debe sonar a mucha gente-, que tiene una denuncia de Elisa Carrió desde el año 2007 por el ingreso de los Eskenazi en YPF, no hubiera puesto esa denuncia en, como dicen en tribunales, la king size que tiene en el juzgado. Él tiene una cama king size donde duermen las causas durante años. Esta duerme desde el año 2007. También hay que preguntarse: ¿qué estímulo tiene Lijo para no investigar a los Eskenazi? ¿Cuál será su incentivo? ¿Por qué será tan remolón?
Hay algo interesante, si uno se pone a pensar un poco: la teoría del lawfare. Cristina sostiene: “Yo soy una perseguida, me investigan a mí, no a otros”. Es una teoría deficiente, porque uno podría decir: “No: la investigan a Cristina y no la investigan a Cristina”. Porque a la expresidenta la Justicia la ha investigado en el tema de la obra pública de Santa Cruz pero, como vemos, ni Bonadio avanzó con Eskenazi ni Lijo avanzó con Eskenazi. O sea que, en esos casos, Cristina es beneficiaria de una impunidad probablemente concedida a otro. Da la impresión de que los jueces investigan a los políticos según quién es -como se dice en tribunales- su consorte de causa.
Se va el gobierno de Alberto Fernández, que por supuesto duerme estas dos líneas de investigación: la de investigar cómo adquiere Burford su derecho al reclamo en España y la de investigar cómo va a hacer Zannini para investigar si hubo corrupción de los Kirchner en la adquisición del 25% de YPF. Es obvio que no lo va a hacer. De Alberto Fernández no debe sorprender esa desidia: hay que recordar que estaba contratado por los Eskenazi, según reveló la gestión de Miguel Galuccio cuando se hizo cargo de la presidencia de YPF.
Y llega el gobierno de Milei, que nombra como procurador del Tesoro -ese cargo, como ya se dijo, es crucial, porque es el que tiene que defender al Estado, es decir, a los contribuyentes, a los que pagamos impuestos, frente a estos reclamos- a Rodolfo Barra, y nombra a un subprocurador que ya se retiró de ese cargo, encargado de los litigios internacionales. Era el encargado de este caso, el doctor Andrés de la Cruz, un gran abogado que pasó buena parte de su vida en Nueva York, pero con esta peculiaridad: fue el abogado de los Eskenazi cuando adquirieron las acciones de YPF. Y hay documentos públicos donde las presentaciones judiciales en Estados Unidos de los Eskenazi eran firmadas por el doctor De la Cruz, integrante del estudio Cleary Gottlieb, que fue históricamente el estudio de la familia Eskenazi en Nueva York. ¿Una distracción, un error? Es raro que justamente se busque, en el caso más importante que tiene la Argentina -al que está expuesta hoy por US$16.000 millones-, a alguien que tiene una vinculación con el demandante.
Bueno, se va Barra, antes se fue De la Cruz y viene el nuevo procurador, Santiago Castro Videla: impecable, nada que decir de él, pero tiene que excusarse en el caso. Es decir, Milei elige para la defensa del Estado a un abogado que no puede ejercer esa defensa en contra de Burford porque su socio, en el estudio jurídico particular al que pertenecía Castro Videla -un gran abogado, Alberto Bianchi-, fue testigo a favor de Burford y en contra del Estado argentino en este litigio. Entonces, razonablemente, Castro Videla dice: “Yo este caso no lo puedo tocar”. Quiere decir que hoy la Argentina tiene un procurador que no la puede defender en el caso más importante por el que está amenazada.
Acá es donde aparece “El Aleph”, donde todo parece estar combinado con un solo objetivo: que gane Burford o que ganen los Eskenazi, más probablemente. Esta sospecha aparece porque cuando uno ve la relación entre los Eskenazi y la política termina siendo injusto al vincular sólo a los Kirchner. También estuvieron muy ligados, seguro lo están todavía, con Sergio Massa y Horacio Rodríguez Larreta. Es decir, son una especie de transversalidad en sí mismos.
En el año 2012, cuando se estatizaba YPF, alguien que no puede ser calificada sino de peronista, la entonces diputada Graciela Camaño, hizo un discurso desmontando en la Cámara de Diputados el concepto de “soberanía energética”, que era el que enmascaraba toda esta operación de estatización de los Kirchner, que es la que estamos pagando. Y ella defendía la idea de que esa era una falsa soberanía, que no se defendían los intereses del Estado argentino ni de YPF en esta operación. Este lunes, la acción de YPF se derrumbó a lo largo del día.
Y la acción de Burford tuvo un 22% de mejora. Esto desnuda esa falacia de la soberanía energética de la que hablaba Kicillof en el Senado y de la que se burlaba Camaño en Diputados.
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POLITICA
El Gobierno denunció por terrorismo a 17 manifestantes, tras los incidentes en el Congreso

El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, fue el encargado de comunicar la presentación judicial contra una serie de manifestantes, a los que el Gobierno identificó como los culpables de los incidentes en las inmediaciones del Congreso.
“Atacar al Congreso de la Nación y agredir a las fuerzas de seguridad es un delito grave contra el orden constitucional. El que las hace, las paga”, señaló el funcionario libertario en las últimas horas.
Tras el triunfo legislativo, el Gobierno busca apura la sanción de la ley de glaciares, universidades y una reforma electoral
Según dejó trascender el oficialismo, son 17 los identificados y gran parte de ellos, cuenta con antecedentes por robo agravado, lesiones y otros delitos.
Los nombres brindados por el Ministerio de Seguridad, fueron: Lucas Horacio Cabrera, Claudio Marcelo Figueroa, Héctor Rodolfo Cabrera, Martín Castiñeiras, Federico Alberto Mazzagalli, Matías Enzo Roldán y Patricio Hernán Castellan.
También figuran Denis Alejandro Figueredo, Néstor Alejandro Flores, Lucas Ezequiel Lobato, Nahuel Ezequiel Britos, Carlos Nicolás Kipper Amalfi, Manuel Edgardo Barrios, Natanael Benjamín Aguirre, Jorge Ismael González, Pedro Antonio Juárez y Roberto Daniel Tassano.
Baja de la edad de imputabilidad: Cúneo Libarona prometió reinserción para menores
Más temprano la titular de la cartera de Seguridad Nacional brindó datos sobre el hecho
La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, confirmó que el Gobierno presentará una denuncia por terrorismo contra los responsables de los hechos violentos registrados durante el debate de la reforma laboral en el Congreso.
Según explicó, los incidentes no fueron “una agresión más contra las fuerzas de seguridad, sino una acción organizada destinada a desestabilizar el orden institucional”.
Monteoliva subrayó que los actos excedieron “el marco de las manifestaciones tradicionales”. “Gente con bidones de nafta y bombas molotov en la mochila, bulones para tirar con gomera, palos de bandera convertidos en lanzapalos. ¿Cómo se llama eso? Eso es violencia extrema con la intención de desestabilizar”, afirmó. Y agregó: “Fue un acto de terrorismo”.
“Del otro lado tenemos esto”: la reacción del Gobierno a la manifestación en contra de la reforma laboral
La funcionaria precisó que la denuncia invocará la Ley Antiterrorista (N° 26.734), que contempla penas más severas, detenciones sin excarcelación inmediata y una investigación federal.
“Vamos a denunciar por terrorismo, porque una bomba molotoves una bomba. Es un arma, y con toda la intención de generar no solo muerte, sino caos”, enfatizó.
Sobre el accionar policial, Monteoliva explicó que la prioridad fue dispersar los focos de violencia con agua y gases para minimizar daños. “La intención primera es dispersar precisamente para desconcentrar ese conflicto que se había focalizado en dos o tres puntos”, dijo. También destacó la dificultad de detener a los agresores en flagrancia: “No había manera de detenerlos con brigadas en ese momento cuando están tirando bombas molotov”.
Hasta el momento se identificaron más de diecisiete personas, con edades que van de 20 a más de 60 años, provenientes de distintas provincias. La ministra aclaró que no todos tienen antecedentes, aunque algunos presentan historial delictivo extenso, y mencionó la posible vinculación de algunos con barras bravas o agrupaciones de izquierda combativa y anarquistas.
Monteoliva rechazó rumores sobre policías infiltrados: “Eso de estar diciendo que es un policía o que es un expolicía, no sé de dónde lo sacan. Es un disparate”. Según el balance oficial, hubo más de setenta detenidos y heridos leves, principalmente efectivos y civiles.
Reforma laboral: la Policía Federal detuvo a 71 personas durante los incidentes en las afueras del Congreso
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“Una de más”: el Gobierno reconoce que los cambios a las licencias por enfermedad podrían traer problemas en las negociaciones

El proyecto de reforma laboral que el oficialismo logró aprobar en el Senado había pasado casi desapercibido en uno de sus aspectos: la reducción sustancial de los plazos de las licencias pagas y la redefinición del porcentaje salarial que percibirán los trabajadores ante enfermedades o accidentes no vinculados al trabajo.
En el bloque legislativo de La Libertad Avanza reconocen que ese apartado había pasado “por debajo del radar” hasta el mismo día de la sesión en el Senado. Pero señalan que el tema cobró relevancia la mañana siguiente a la media sanción, cuando el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, brindó un ejemplo para explicar el alcance de la medida.
“Si te lastimaste jugando al fútbol, es decir, en una situación en la que tomaste una acción activa y el empleador no tuvo nada que ver, y quedaste temporalmente incapacitado para trabajar, en ese caso la cobertura es del 50%”, indicó. “La idea es que esto también apunta a reducir las licencias que se volvían prácticamente eternas, porque en la práctica no implicaban ningún costo para la parte que ingresaba en ese esquema”, agregó.
Dos miembros del Poder Ejecutivo reconocieron que ese ejemplo catapultó el tema de discusión a la agenda pública. “Se mandó una de más, como siempre”, afirmó una fuente del bloque de La Libertad Avanza a Infobae.
“Eso fue lo que calentó, como cada vez que sale a hablar Sturzenegger”, comentó un miembro del oficialismo. La molestia dentro del Gobierno no se debe al contenido del ejemplo, con el que están de acuerdo, sino a que no era el momento de instalar esa cuestión en la agenda pública.

Los especialistas en comunicación ya analizan cómo revertir la carga negativa que tuvo ese caso en los medios y en las redes. El Gobierno cuenta con más de una semana antes de que se trate esta cuestión en una sesión en el recinto, y La Libertad Avanza debe conseguir adhesiones en la Cámara de Diputados para que el proyecto remitido desde el Senado no sufra modificaciones.
Si se rechaza o modifica un solo título del proyecto, el oficialismo debe devolverlo a la Cámara alta, lo que demoraría la sanción definitiva de toda la reforma. Milei ya firmó el decreto para extender un día más el período de sesiones extraordinarias para que la reforma laboral pueda tener sanción el 28 de febrero, un día antes de la Apertura de Sesiones Ordinarias en la que hablará Javier Milei.
El temor en el oficialismo es que la discusión que se generó sobre este punto desincentive a actores de la oposición dialoguista para avalar ese apartado. Una alta fuente reconoció a Infobae su preocupación por no poder conseguir los votos necesarios para ratificar ese punto.

Tras la media sanción de la reforma, el oficialismo afirmaba tener asegurados los votos para la aprobación en general y altas posibilidades para las votaciones en particular. Actualmente, esto no está garantizado: el primer bloque que expresó su desacuerdo fue el PRO, al pedir que se reincorpore el artículo que permite recibir el sueldo a través de una billetera virtual.
El bloque de Provincias Unidas mantiene serias diferencias con más aspectos del proyecto. “Vamos a marcar diferencias en el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), en el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI). Con lo de las licencias por enfermedad no hay fisuras, nos oponemos”, remarcó uno de sus integrantes, informando que solo hay apoyo de ese bloque en 9 de los 26 títulos.
Las críticas sobre la modificación de las licencias surgen por lo que podría ocurrir en casos de enfermedades más graves y que no necesariamente tengan vínculo directo con el desempeño en el lugar de trabajo. Además, se discute si esto traerá mayor judicialización o no, un aspecto que el proyecto busca reducir. El abogado laboralista Julián de Diego afirmó a Infobae En Vivo que la reforma provocará una mayor cantidad de conflictos legales en las empresas.
Qué dice la modificación de las licencias por enfermedad
Las nuevas reglas establecen límites de entre 3 y 6 meses para las licencias pagas, según si el trabajador tiene personas a cargo, y reducen los porcentajes de sueldo abonados durante la baja.
El texto prevé que, cuando la imposibilidad de trabajar derive de una actividad voluntaria y consciente que implicara un riesgo para la salud, el empleado percibirá el 50% de su remuneración básica. Este período será de 3 meses si no tiene cargas de familia y de 6 meses si las tuviera. Para situaciones donde no hubo voluntad ni conciencia del riesgo, el porcentaje de pago sube al 75%, manteniendo el mismo plazo de licencia.
Estas modificaciones resultaron de extensas negociaciones entre el Gobierno y las empresas. En el esquema vigente, un trabajador con menos de 5 años de antigüedad y sin cargas de familia accede a una licencia paga de 3 meses, y de 6 meses si tiene cargas de familia. Si la antigüedad supera los 5 años, actualmente la licencia por enfermedad o accidente es de 6 o 12 meses según el grupo familiar, y se paga el 100% del sueldo. La reforma elimina la extensión a 12 meses y el pago total, limitando la licencia a un máximo de 6 meses y ajustando el porcentaje abonado.
Estas disposiciones también abarcan los accidentes o enfermedades psiquiátricas originadas fuera del trabajo y obligan al trabajador a informar de inmediato cualquier imposibilidad para asistir al primer día laboral por enfermedad o accidente, salvo motivos de fuerza mayor. Si el aviso no se realiza y no se comprueba la causa posteriormente, se pierde el derecho a la remuneración.
Las inasistencias deberán justificarse mediante certificados médicos emitidos y firmados digitalmente por profesionales habilitados. El trabajador deberá someterse a controles médicos designados por el empleador; si existiera una discrepancia insalvable entre diagnósticos, la ley prevé la intervención de una junta médica en entidad oficial o la solicitud de un dictamen en institutos reconocidos, cuyo costo asumirá el empleador.
Respecto a la recidiva de enfermedades crónicas, la reforma aclara que no serán consideradas nuevas enfermedades, salvo que la reaparición ocurra después de 2 años desde el primer episodio. La normativa también establece que la suspensión del trabajador por motivos económicos o disciplinarios no afecta el derecho a cobrar la remuneración parcial correspondiente a la licencia paga por enfermedad o accidente.
POLITICA
Coimas en la ANDIS: la Cámara Federal obligó a revisar el embargo multimillonario contra la empresa aérea Baires Fly

La investigación judicial por presuntas irregularidades en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) sumó un nuevo capítulo. La Cámara Federal porteña dispuso recalcular el embargo millonario que pesaba sobre la firma de aviación privada Baires Fly SA, una de las compañías señaladas en el expediente por supuestos movimientos financieros vinculados al pago de medicamentos.
El embargo había sido fijado por el juez federal Sebastián Casanello por una suma superior a los $7.000 millones. Sin embargo, los camaristas entendieron que el monto carecía de fundamentación suficiente y resultaba desproporcionado frente al estado actual de la causa, por lo que ordenaron emitir una nueva resolución con criterios más precisos.
Los magistrados remarcaron que la medida cautelar debe mantenerse, pero con un cálculo acorde a la evidencia reunida hasta el momento. En otras palabras, la empresa continuará afectada patrimonialmente, aunque el monto será redefinido.
El rol de la empresa en la causa
La investigación gira en torno a presuntas maniobras de facturación simulada y lavado de dinero vinculadas a la compra de medicamentos destinados a personas con discapacidad. Según la hipótesis fiscal, parte de los fondos habría sido canalizada a través de distintas empresas, entre ellas la aerolínea privada.
Coimas en la ANDIS: la Justicia procesó a Diego Spagnuolo por corrupción
El expediente incluye comunicaciones y transferencias bancarias bajo análisis judicial. De acuerdo con la pesquisa, algunas droguerías habrían enviado dinero a cuentas relacionadas con la compañía aérea, tras lo cual se emitían comprobantes por supuestas horas de vuelo o kilómetros aéreos.
La Justicia sospecha que esos servicios no se habrían prestado realmente y que las facturas podrían haber servido para justificar movimientos financieros. En el expediente se detectaron comprobantes emitidos entre 2023 y 2025 por montos millonarios, lo que motivó la intervención del juzgado y la posterior medida de embargo.
En paralelo, el magistrado procesó al ex titular de ANDIS, Diego Spagnuolo, junto a otros imputados, por delitos que incluyen asociación ilícita, cohecho y defraudación contra la administración pública. La causa continuará bajo la subrogancia del juez Ariel Lijo, quien deberá tomar nuevas declaraciones indagatorias.
Entre las personas citadas figura un empresario vinculado a la compañía aérea, sospechado de haber participado en la circulación del dinero investigado. La fiscalía considera que su intervención pudo haber sido clave para canalizar transferencias provenientes de empresas proveedoras del Estado.
El Gobierno anunció la disolución de la ANDIS tras el escándalo por las coimas en la compra de medicamentos
Los cuestionamientos de la Cámara
El tribunal de apelaciones señaló que, si bien existen elementos que justifican la cautelar, la suma fijada inicialmente no guarda relación clara con la responsabilidad que, por ahora, se le atribuye a la firma. Incluso destacó que la empresa no fue imputada formalmente como persona jurídica al momento de dictarse la medida.
Por ese motivo, los jueces indicaron que el juzgado debe volver a analizar la afectación patrimonial y establecer un monto razonable sustentado en pruebas concretas. Uno de los camaristas, en minoría, consideró suficiente aceptar como garantía una aeronave ofrecida por la empresa.
Además, en otra resolución vinculada al expediente, la Cámara dispuso revisar cómo se incorporaron al proceso ciertos audios que mencionarían presuntos pagos ilegales a funcionarios, una decisión que podría incidir en la validez de parte de la prueba.
La causa ANDIS se transformó en uno de los expedientes judiciales más delicados en materia de corrupción vinculada al sistema de salud y asistencia social. Con nuevas indagatorias en puerta y medidas bajo revisión, el avance de la investigación podría tener impacto político y judicial en los próximos meses.
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