POLITICA
Los Eskenazi en YPF: el Aleph de la corrupción

Uno de los cuentos más clásicos de Jorge Luis Borges es “El Aleph”, un cuento fantástico en el que imagina que existe un punto que contiene todos los puntos del universo. El caso YPF, sobre el que este lunes hubo una novedad judicial en Estados Unidos, y toda la peripecia de la empresa durante el kirchnerismo, es una especie de Aleph donde uno puede encontrar los distintos planos y dimensiones de la corrupción en la Argentina.
Este caso demuestra que no estamos ante la evidencia sistemática y reiterada de distintos episodios de corrupción, sino que hay un sistema que produce, como si fuese una usina, este tipo de miserias. Para que ocurran, deben coordinarse funcionarios, empresarios y Poder Judicial. Una mezcla de malicia e incompetencia deliberada, donde uno no termina de discernir si lo que hay es gente extraordinariamente astuta, o demasiado tonta, por las consecuencias costosas de sus actos. YFP permite ver, como ningún otro caso en la era kirchnerista, este fenómeno.
La jueza Loretta Preska es la que está resolviendo este caso en Nueva York. Allí el fondo Burford reclama una indemnización por la estatización de YPF dispuesta por Cristina Kirchner. Burford compró el 70% de los derechos a reclamar de la familia Eskenazi. Preska decidió satisfacerlo ordenando al Gobierno que le entregue las acciones de YPF en poder del Estado, que son el 51% del paquete de la compañía. Es decir: Preska decidió una reprivatización de facto.
No solamente ella quiere resarcir al fondo Burford. Además, con las mismas acciones, decide compensar el reclamo de unos acreedores financieros que nada tienen que ver con este caso.
Esta historia nace de una obsesión de Néstor Kirchner. Antes de llegar al poder, y más aún cuando lo consiguió, quería tener una empresa energética estatal. Los que miraban muy de cerca el comportamiento de Kirchner dicen que le producía mucha envidia, en reuniones que él compartía con Evo Morales, Lula Da Silva y Hugo Chávez, ver que esos presidente de Bolivia, Brasil y Venezuela pudieran, con un llamado, tomar una medida energética conveniente a su política, y él no. El entonces presidente tenía que hablar con un español de Repsol, que manejaba YPF desde Madrid.
Esto es lo que llevó a Kirchner a imaginar primero la creación de Enarsa. Finalmente, no funcionó. Hay una foto fantástica de aquella época, donde se los puede ver a Kirchner y Chávez diseñando, en una especie de delirio digno de otro cuento de Borges, un gasoducto que iba en línea recta desde la faja del Orinoco hasta Buenos Aires.
No fue la única fantasía. La siguiente fue comprar YPF. Se habló incluso con gente del banco Morgan Stanley. Pretendía pagar con la misma renta de YPF. Mientras desarrollaba aquel sueño, había una política de acoso a Repsol que llevaba adelante Kirchner, cuyo ejecutor material solía ser Guillermo Moreno.
Existe una anécdota significativa. En febrero de 2014, Kirchner hizo un viaje reparatorio a Madrid que tenía la intención de compensar lo que había sido un viaje anterior, que sucedió en 2003 y donde él maltrató a los españoles. Entre las actividades, estaba prevista la presentación de una guía turística argentina elaborada por Repsol. Se hizo en el Instituto Ferial de Madrid. El presidente de Repsol era Alfonso Cortina, ligado al gobierno de Aznar. Cortina, subiendo la escalera mecánica y yendo a la presentación de aquella guía, le pregunta a un argentino bien informado: “¿Qué quiere Kirchner que nos presiona tanto?”. La respuesta fue “¿no estará buscando plata?”, a lo que Cortina contesta: “Ya le damos plata. ¿Qué más quiere?”. La respuesta aparecería tras el desplazamiento de Cortina, la llegada de los socialistas de José Rodríguez Zapatero al gobierno y de Antonio Brufau a Repsol. Es Brufau el que se da cuenta de que Kirchner quería “argentinizar” parte de YPF.
Así comenzaron las tratativas para encontrar cuál sería el grupo empresario argentino que se quedaría con esa parte de YPF. De esas negociaciones participó Brufau, Miguel Sebastián, que era el principal asesor de La Moncloa, y Trinidad Jiménez, encargada de asuntos latinoamericanos de la Cancillería española. Todos ellos, en diálogo con Julio De Vido, ministro y mano derecha de Kirchner en materia de infraestructura y energía. Llegan a identificar a algunos empresarios argentinos que podrían ser los que contrajeran nupcias con Repsol para entrar en YPF. Cuando De Vido le lleva a Néstor Kirchner esos nombres, Kirchner ordena: “No, el que se va a quedar con la parte argentina es Enrique Eskenazi y Sebastián, su hijo, dueños del Banco de Santa Cruz”.
Allí se advierte que lo que era la fantasía de una argentinización de una parte de YPF, en realidad era una “kirchnerización”. Kirchner ya les había hecho crear a los Eskenazi una sociedad energética. Esa familia que nunca había pisado el campo de la energía si no que venía de la construcción. Enrique Eskenazi había sido gerente general de la empresa Petersen, Thiele & Cruz, que —las vueltas de la historia— en su trayectoria tiene haber creado la sede central de YPF sobre Diagonal Norte. Dicen que en los años 80, en medio de la gran crisis de la construcción, Eskenazi, como gerente general, fue llevando la compañía a una situación prácticamente de quiebra y él mismo la compra, traicionando a sus dueños,
Después los Eskenazi entraron en el campo bancario comprando, antes que nada, el Banco de Santa Cruz. Ahí empezó el encuentro y la intimidad con los Kirchner. A tal punto que, cuando Néstor y Cristina tuvieron una causa por enriquecimiento ilícito en el juzgado de Norberto Oyarbide, para justificar su enriquecimiento, explicaron que la familia Eskenazi era dueña del Banco de Santa Cruz, y les daba una renta que era excepcional hasta para el mercado internacional. Eran tan generosos los Eskenazi que, gracias a la tasa de interés que pagaban por los depósitos a la familia Kirchner, el matrimonio podía justificar una fortuna extraordinaria.
Repsol terminó de entregar a la familia Eskenazi el 25% de las acciones de YPF en dos etapas. Esa operación se realizó con la intervención del Credit Suisse Boston, el banco señero de toda esta etapa. Después sería el banco a través del que Kirchner se trataría de quedar —en una operación también muy oscura, de la que participó el actual canciller Gerardo Werthein— con los activos de los italianos de Telecom Italia en Telecom. Pedro Chomnalez, íntimo amigo de Sebastián Eskenazi, y Andrea Camp, que era una subordinada de Chomnalez, fueron los encargados de llevar adelante esta operación por la cual ingresan los Eskenazi a YPF. Y ese ingreso es saludado, en una presentación pública, por Antonio Brufau, el presidente de Repsol, con una frase que hizo historia: “Aquí estoy con Enrique Eskenazi, nuestro nuevo socio, un experto en mercados regulados”.
¿Cómo pagaron los Eskenazi ese 25%? Se les concedió que pudieran ir pagando esos activos sin poner plata, con los dividendos que cobraban en la misma YPF. Incluso, durante su entrada en el verano de 2008, ya se había postergado una distribución de dividendos en YPF para que ellos pudieran cobrarlos aun cuando todavía no formaban parte de la compañía.
A Repsol le sirvió todo eso ya que la política de distribución de dividendos —y, por lo tanto, de desinversión en YPF— fue tan generosa que ellos también podían sacar fondos de la Argentina, queriendo irse del país e invirtiendo en otras regiones. No solamente ingresan los Eskenazi con el 25% de la empresa —primero fue un 15%—, sino que Repsol les entrega el control cotidiano de la compañía. Sebastián Eskenazi pasa a ser el gerente general del CEO: se convierte en amo y señor de YPF.
Es un detalle interesante. Axel Kicillof, cuando estatizó la empresa enardecido en contra de Repsol, jamás menciona a los Eskenazi, que eran los que verdaderamente manejaban la compañía y tomaban las decisiones en las cuales se basó el actual gobernador para justificar su apropiación por el Estado. Por alguna razón, Kicillof tiene una amnesia respecto de cuál fue el papel de los Eskenazi en la empresa. Era la época en que él no estaba enfrentado a Cristina. No vaya a ser que ahora recupere la memoria.
La muerte de Néstor Kirchner en 2010 fue un hecho sumamente relevante. Su fallecimiento no solo importó desde el punto de vista político sino también de este submundo de negocios. Daba la impresión de que Kirchner controlaba todo esto de manera muy personal, casi secreta.
Se podría escribir un libro sobre los efectos de la muerte de Kirchner en este sistema. Boudou se queda con Ciccone, Massa con una liga de intendentes que debían limitar a Daniel Scioli, Stiuso se queda con toda la operación judicial y los Eskenazi se quedan con YPF, dándole la espalda a los propios Kirchner. Hubo una especie de Big Bang al cual probablemente Cristina Kirchner sea parcialmente ajena. Ella sin dudas tenía conocimiento de los movimientos de Lázaro Báez, de Cristóbal López, y poco más. Y los Eskenazi empiezan a hacer su vida.
¿Hubo alguien que les avisó a los Kirchner que había compromisos de la familia Eskenazi con la familia Kirchner que los herederos de Néstor desconocían? ¿Hubo un abogado, exministro de Carlos Menem, que trabajaba para los Eskenazi y le fue a hablar a Máximo? ¿Le habrá dicho: “Mirá, todo esto es tuyo, porque era de tu padre, y ahora te lo van a desconocer”? Esta es una versión que circuló muchísimo en el mundo de las empresas energéticas y también en el kirchnerismo.
Otra fecha clave. Poco más de un año después de la muerte de Néstor Kirchner, el 27 de diciembre de 2011, hubo un encuentro entre Cristina Kirchner y Sebastián Eskenazi, en la que se rompió el vínculo. Ahí empezó a ponerse en funcionamiento la idea de la estatización. Hay quienes creen, sin embargo, que no tuvo que ver con la ruptura de compromisos secretos entre los Kirchner y los Eskenazi, sino que estuvo la ambición de los Kirchner desde el Estado para quedarse con la formación Vaca Muerta, que por entonces empezaba a mostrar todo su potencial.
Recuerdo personalmente una entrevista que tuve con Antonio Brufau, en su departamento de la calle Levene, cuando él se estaba yendo de la Argentina porque lo echaban después de la estatización. Él se preguntó si por una deuda de los Eskenazi con los Kirchner, los Kirchner se iban a cargar una compañía. Brufau creía que había un compromiso que se había roto.
Lo cierto es que existió una reunión en Punta del Este de la familia Eskenazi con asesores, muchos de ellos gente muy protagónica en la época de Menem. Los Eskenazi deciden no avisarle a los españoles que ya no tenían relación con Cristina Kirchner. No les advierten de la ruptura, con lo cual los españoles ni se enteran de que hay en marcha —o se enteran muy tarde— un proceso de estatización.
Ese proceso lo llevan adelante dos personas centralmente: Carlos Zannini, como secretario Legal y Técnico, —pongamos una lupa sobre Zannini, ahora vamos a ver por qué es un personaje central y sospechoso en todo esto— y Axel Kicillof, que fue al Congreso y durante horas defendió la estatización. Entre los argumentos que hoy circulan por la red —porque su discurso es muy llamativo— dijo: “Para estatizar no vamos a ser tan tontos de respetar las pautas que están establecidas en el estatuto de la empresa. Vamos a ignorar las reglas, o los procedimientos, que fija el estatuto de la empresa para esta estatización”. Una idea muy audaz, porque el gobierno argentino puede ignorarlos, pero en la jurisdicción neoyorquina, que es donde se dirimen estos conflictos, la jueza no los ignora. O sea que, a la hora de decidir, a un juez en Estados Unidos si hay que indemnizar o no al estatizado, no le va a importar si Kicillof estaba de acuerdo o no con el estatuto: va a mirar el estatuto y va a mirar las reglas, qué es lo que está pasando. Ahora el Estado argentino tiene que pagar US$16.000 millones por esta picardía. Zannini es quien elaboró todo el material legal de la estatización y ni siquiera contempló poner en el proyecto de ley una salvedad de por qué se está ignorando el estatuto.
Se estatiza el 51% de la empresa. Repsol cobra y renuncia, con ese cobro, a cualquier otro reclamo. Los Eskenazi se quedan con el derecho a reclamar por algo que poseían sin haber puesto una moneda, y reclaman como empresa española, Petersen Energía. Es una sociedad española cuyos accionistas son personajes bastante misteriosos de una sociedad australiana. Esos derechos los venden al fondo Burford, que es un fondo que compra litigios para hacer una fortuna con la diferencia entre lo que está comprando cuando el juicio todavía no empezó y el final del juicio, que ellos suponen con probabilidades de éxito.
En este contexto se va Cristina del gobierno, llega Macri y se hace cargo de la defensa del Estado argentino de manera muy contundente Bernardo Saravia Frías, que fue procurador del Tesoro con Macri. Es clave el cargo: es el jefe de los abogados del Estado, es decir, quien se encarga de la defensa de los intereses del Estado en los tribunales.
Saravia lleva adelante dos estrategias. La primera es mirar cómo es que Burford adquiere sus derechos en España. Descubren que, según la legislación europea, está prohibido que alguien adquiera derechos de un litigio para hacer plata, para montar una especulación financiera sobre eso. Si tengo derecho a US$15 millones, cobro esa cifra, no puedo comprar los derechos para especular con esos derechos. En segundo lugar, si vendo los derechos de un juicio, antes tengo que ofrecerle al deudor el mismo acuerdo. Es decir, si yo, Petersen Energía, los Eskenazi, le vendo a Burford, como le vendieron, por 15 millones de euros, sus derechos para reclamar frente al Estado argentino, antes tendrían que haber hablado con el Estado argentino y decirle: “Si ustedes me dan 15 millones de euros, yo no hago reclamo alguno”. Para evitar esto, quedaron asociados al fondo y vendiendo a Burford sólo una parte: 70% lo tiene Burford y 30% los Eskenazi. Por eso los Eskenazi tienen derecho a cobrar el 30% del éxito o fracaso del juicio. Van a cobrar ese porcentaje de lo que finalmente la jueza asigne o pague. Hoy son US$16.000 millones; de ese 30% tendrán que pagar los gastos de la quiebra o los gastos del concurso, que son básicamente honorarios profesionales, nada importante. Es decir, que los Eskenazi, que entraron de la mano de Néstor a YPF, van a hacer una fortuna.
Esa era la primera estrategia que seguía Saravia en el gobierno de Macri para defender al Estado argentino frente al reclamo de Burford: reclamar en España por la violación de la ley española. La segunda era decir: “Mire doctora Preska, examine bien cómo entraron los Eskenazi, porque usted se va a dar cuenta de que le está reconociendo un derecho a Burford derivado de los Eskenazi, que tienen ese derecho por un origen corrupto de su activo”. Porque entraron a YPF como una especie de testaferros del presidente Kirchner, o al menos de manera muy opaca.
Vuelven los Kirchner o, mejor dicho, vuelve Alberto Fernández con Cristina Kirchner. Y lo interesante es que el encargado de defender al Estado argentino por la estatización de YPF deja de ser Saravia y pasa a ser Carlos Zannini, el mismo que tiene alguna responsabilidad en todo el juicio por los errores que comete estatizando, aquellas omisiones por las cuales ni se menciona en la ley por qué se está violando el estatuto de la empresa, como para tener un argumento frente a la justicia americana, que es finalmente la que va a decidir porque la jurisdicción es de Estados Unidos.
¿A qué se dedicó Zannini entre la presidencia de Cristina, donde era secretario Legal y Técnico, y la presidencia de Alberto, donde fue procurador del Tesoro? A ser director, por la provincia de Santa Cruz, del banco de los Eskenazi. O sea, convivía con los Eskenazi sin ningún tipo de conflicto. Raro todo, ¿no? Habría que aclararles que tal vez -no corresponde opinar ni prejuzgar a nadie, ni ofender a nadie- los Eskenazi están dispuestos hasta a pagar ese tipo de servicio que prestó Zannini.
¿Por qué todo es tan raro? Porque, durante la presidencia de Macri, en paralelo a toda esta historia, aparece la famosa causa Cuadernos, que la hace estallar Diego Cabot en el diario . En esta causa, entre la infinidad de gente que declara, aparece Víctor Manzanares, el contador de los Kirchner. Hernán Cappiello, periodista de , que es experto en materias judiciales, publicó una nota en la que informó que Manzanares acusó al banquero Eskenazi de ocultar dinero de los Kirchner. En esa crónica, que reproduce las declaraciones del contador de los Kirchner delante del fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadio, cuenta que el banquero Sebastián Eskenazi, hijo del accionista de YPF y dueño del Banco de Santa Cruz, recibió el dinero negro que manejaba Daniel Muñoz –el secretario privado de Néstor, al que le descubrieron US$70 millones ahorrados, con departamentos inclusive en el Plaza Hotel de Nueva York-. Víctor Manzanares estimó que lo invertido -parece una ironía- en la Argentina fue alrededor de 130 o 150 millones de dólares.
En aquella publicación, Cappiello consigna que Manzanares dice que Muñoz acumulaba la plata y, en determinado momento, decidieron traer todo a Buenos Aires por tierra, con camiones, con camionetas, no sabemos cómo, y que esa fortuna se escondió en algún lugar de la Capital Federal, en una bóveda cuya llave tenían dos personas: Sebastián Eskenazi y Daniel Muñoz. Por supuesto, el Grupo Petersen, nombre de fantasía de los Eskenazi, en aquel momento sacó un comunicado diciendo que todo esto lo único que pretendía era dañar su buen nombre y honor y que era todo falso.
Este entramado está muy vinculado a los servicios de inteligencia. Porque el contacto más importante entre Sebastián Eskenazi y el kirchnerismo era un viejo empleado del Banco de Santa Cruz: Francisco Larcher, segundo de la entonces Secretaría de Inteligencia. Era el que mandaba en la Secretaría de Inteligencia, de quien siempre se ha afirmado -nadie de la Justicia se interesó en saber si es cierto o no- que acumuló US$70 millones en las bóvedas de su casa del country Abril y que, cuando apareció el caso de José López -que lo descubrieron en el convento de General Rodríguez con US$9 millones- hizo que el hijo de su esposa sacara esos US$70 millones de las bóvedas y los llevara en un auto a una playa de estacionamiento ignota de la ciudad de Buenos Aires para después sacarlos del país. Aparentemente, el hijastro de Larcher se cobró esa operación con US$4 millones. Esta es la versión que no ha sido verificada y sería lindo que un día la Justicia tenga la curiosidad de saber si es cierto o no, porque, como decía Maquiavelo, en un país donde no hay Justicia no solo prospera la impunidad, prospera también la calumnia. Es decir, se dicen cosas que pueden ser falsas y nadie las determina.
¿Qué es lo importante? Que Bonadio no avanzó sobre los Eskenazi a pesar de las declaraciones de Víctor Manzanares. Había una viejísima relación entre Bonadio y los Eskenazi, mediada por el político más ligado a la familia Eskenazi: Carlos Corach, antiguo jefe de Bonadio. Mientras ocurrían estos episodios en la causa Cuadernos se conocía una foto en la que se ve al fallecido Claudio Bonadio y a Sebastián Eskenazi, almorzando los dos en el restaurante -ya cerrado- La Pecora Nera, de la calle Ayacucho, en Recoleta.
Había otra línea de defensa de Saravia que era argumentar algo así como: “Preska, ¿por qué no investiga? Porque usted le está reconociendo un derecho, en realidad, a un grupo que entró por vías muy opacas, muy oscuras, a YPF”. Ese argumento, esa línea de investigación, podría haber sido muy exitosa. Claro, si el juez Ariel Lijo -cuyo apellido le debe sonar a mucha gente-, que tiene una denuncia de Elisa Carrió desde el año 2007 por el ingreso de los Eskenazi en YPF, no hubiera puesto esa denuncia en, como dicen en tribunales, la king size que tiene en el juzgado. Él tiene una cama king size donde duermen las causas durante años. Esta duerme desde el año 2007. También hay que preguntarse: ¿qué estímulo tiene Lijo para no investigar a los Eskenazi? ¿Cuál será su incentivo? ¿Por qué será tan remolón?
Hay algo interesante, si uno se pone a pensar un poco: la teoría del lawfare. Cristina sostiene: “Yo soy una perseguida, me investigan a mí, no a otros”. Es una teoría deficiente, porque uno podría decir: “No: la investigan a Cristina y no la investigan a Cristina”. Porque a la expresidenta la Justicia la ha investigado en el tema de la obra pública de Santa Cruz pero, como vemos, ni Bonadio avanzó con Eskenazi ni Lijo avanzó con Eskenazi. O sea que, en esos casos, Cristina es beneficiaria de una impunidad probablemente concedida a otro. Da la impresión de que los jueces investigan a los políticos según quién es -como se dice en tribunales- su consorte de causa.
Se va el gobierno de Alberto Fernández, que por supuesto duerme estas dos líneas de investigación: la de investigar cómo adquiere Burford su derecho al reclamo en España y la de investigar cómo va a hacer Zannini para investigar si hubo corrupción de los Kirchner en la adquisición del 25% de YPF. Es obvio que no lo va a hacer. De Alberto Fernández no debe sorprender esa desidia: hay que recordar que estaba contratado por los Eskenazi, según reveló la gestión de Miguel Galuccio cuando se hizo cargo de la presidencia de YPF.
Y llega el gobierno de Milei, que nombra como procurador del Tesoro -ese cargo, como ya se dijo, es crucial, porque es el que tiene que defender al Estado, es decir, a los contribuyentes, a los que pagamos impuestos, frente a estos reclamos- a Rodolfo Barra, y nombra a un subprocurador que ya se retiró de ese cargo, encargado de los litigios internacionales. Era el encargado de este caso, el doctor Andrés de la Cruz, un gran abogado que pasó buena parte de su vida en Nueva York, pero con esta peculiaridad: fue el abogado de los Eskenazi cuando adquirieron las acciones de YPF. Y hay documentos públicos donde las presentaciones judiciales en Estados Unidos de los Eskenazi eran firmadas por el doctor De la Cruz, integrante del estudio Cleary Gottlieb, que fue históricamente el estudio de la familia Eskenazi en Nueva York. ¿Una distracción, un error? Es raro que justamente se busque, en el caso más importante que tiene la Argentina -al que está expuesta hoy por US$16.000 millones-, a alguien que tiene una vinculación con el demandante.
Bueno, se va Barra, antes se fue De la Cruz y viene el nuevo procurador, Santiago Castro Videla: impecable, nada que decir de él, pero tiene que excusarse en el caso. Es decir, Milei elige para la defensa del Estado a un abogado que no puede ejercer esa defensa en contra de Burford porque su socio, en el estudio jurídico particular al que pertenecía Castro Videla -un gran abogado, Alberto Bianchi-, fue testigo a favor de Burford y en contra del Estado argentino en este litigio. Entonces, razonablemente, Castro Videla dice: “Yo este caso no lo puedo tocar”. Quiere decir que hoy la Argentina tiene un procurador que no la puede defender en el caso más importante por el que está amenazada.
Acá es donde aparece “El Aleph”, donde todo parece estar combinado con un solo objetivo: que gane Burford o que ganen los Eskenazi, más probablemente. Esta sospecha aparece porque cuando uno ve la relación entre los Eskenazi y la política termina siendo injusto al vincular sólo a los Kirchner. También estuvieron muy ligados, seguro lo están todavía, con Sergio Massa y Horacio Rodríguez Larreta. Es decir, son una especie de transversalidad en sí mismos.
En el año 2012, cuando se estatizaba YPF, alguien que no puede ser calificada sino de peronista, la entonces diputada Graciela Camaño, hizo un discurso desmontando en la Cámara de Diputados el concepto de “soberanía energética”, que era el que enmascaraba toda esta operación de estatización de los Kirchner, que es la que estamos pagando. Y ella defendía la idea de que esa era una falsa soberanía, que no se defendían los intereses del Estado argentino ni de YPF en esta operación. Este lunes, la acción de YPF se derrumbó a lo largo del día.
Y la acción de Burford tuvo un 22% de mejora. Esto desnuda esa falacia de la soberanía energética de la que hablaba Kicillof en el Senado y de la que se burlaba Camaño en Diputados.
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POLITICA
El miedo que transmite Milei en pleno frenesí libertario

Javier Milei actúa como alguien que siente el piso moverse. “A mí no me van a llevar puesto como a Macri”, advierte en el momento en que la oposición languidece, el Congreso le cumple todos los deseos y su gobierno se dispone a reconfigurar a gusto el Poder Judicial. Se trenza a gritos e insultos con el kirchnerismo, denuncia conjuras para derrocarlo, sugiere una traición de Victoria Villarruel. ¿A qué le teme un presidente que no para de ganar poder?
El aspecto teatral es inherente a Milei, como alguna vez describió su admirado maestro español Jesús Huerta de Soto. Interpreta como nadie el papel del desvalido que lucha contra entidades superiores en nombre del bien común. Pero el desfase entre ese truco narrativo y el dominio que hoy ejercen los libertarios sobre el tablero político argentino es la expresión de un síntoma: el presente no discurre como la Casa Rosada había proyectado.
El músculo defensivo de Milei se tensó en la última semana cuando los ataques contra Irán de Estados Unidos e Israel inyectaron volatilidad e incertidumbre en los mercados globales. Un sentido de urgencia se apoderó del equipo económico, que exhibe como su gran éxito la estabilidad cambiaria y la calma financiera, construida sobre bases todavía muy frágiles: escasas reservas, peso sobrevaluado y alto endeudamiento.
Un mundo en guerra agiganta los peligros para un país con el historial argentino. No es casual que Milei aludiera al destino de Macri, a quien se le desmoronó la ensoñación hegemónica en 2018 con un vuelco en los mercados, por culpa de conflictos externos que parecen un juego de niños comparados con los de hoy.
En el Gobierno se resignan a que las buenas noticias económicas van a tardar. Milei declaró en la Asamblea Legislativa que “la malaria terminó” como quien anuncia la luz al final de un túnel. Los números se empeñan en matizar la euforia. La recaudación impositiva cayó en febrero un 9% real. Son siete meses consecutivos en baja. El empleo registrado se destruye en casi todo el país, como expuso involuntariamente el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, cuando celebró en un tuit que su provincia estaba en el podio del mejor desempeño a pesar de que perdió trabajadores en los dos primeros años de Milei. Solo Neuquén y Río Negro registran cifras positivas.
El proceso de desinflación se estancó en una meseta cercana al 3% mensual a pesar del ajuste del gasto y de la apertura comercial que irrita a los industriales. El ministro de Economía, Luis Caputo, se vio tentado de repetir la promesa de Milei de que en agosto el índice “empezará con 0”. Al final agregó un “y si no será un poco más tarde” surgido del fondo de su conciencia.
Caputo transparentó la ansiedad que invade al Gobierno cuando llamó a los argentinos a llevar los dólares al banco. “Los ahorros en la Argentina están en dólares. Y nosotros necesitamos que esos dólares vengan al sistema financiero para que pase esto que nosotros dijimos, para que empiece a haber crédito”, reclamó. Dijo que era un “acto de responsabilidad social”. Se entregó al bombardeo opositor, que recordó que el ministro tiene la mayoría de sus ahorros declarados en el exterior, a resguardo del riesgo argentino.
Había un fin superior. La inyección de fondos destinada a revivir el crédito es la gran esperanza del equipo económico con vistas a acelerar la reactivación sin desviarse de los objetivos fiscales. El Banco Nación ilustró esa necesidad con una curiosa publicidad en la que colchones parlantes aconsejan aprovechar la ventaja de sacar los dólares y llevarlos al circuito formal.
Como indica el último informe de la consultora 1816, “parece que el mercado le está moviendo el arco al Gobierno”. El riesgo país no baja a los límites que permiten colocar deuda soberana a tasas razonables. Se le reclamaba a la dupla Caputo y Santiago Bausili (presidente del Banco Central) que compraran divisas para reforzar las reservas internacionales. Lo hicieron, pero ahora eso es una “condición necesaria, pero no suficiente”.
Milei y Caputo decidieron dar marcha atrás con una colocación que se había conversado con JP Morgan, Morgan Stanley, Goldman Sachs y Templeton. Consideraron que salir con un interés de 9% o más era una apuesta insostenible. El giro provocó la renuncia del secretario de Finanzas, Alejandro Lew.
La incertidumbre económica dispara los temores de Milei. En la Casa Rosada asumen que tienen una ventana finita de cuatro a seis meses para empujar las principales reformas que pretende el Presidente para liberalizar la economía. Después, la especulación electoral volverá a teñir las decisiones de los aliados y acaso también de los propios. Ya lo vivió el año pasado después del paseo legislativo de 2024.
El puente de hielo hasta el despegue económico corre riesgo de alargarse con la disrupción mundial que provoca la política de Donald Trump, el “amigo” que volvió a recibirlo en Estados Unidos. Resulta prioritario que en ese lapso no se ahonde la sensación de zozobra económica. Milei optó por reflotar el “riesgo kuka” como un seguro para atravesar un territorio desafiante. La dinámica de “ellos o nosotros” ha resultado de gran eficiencia para abroquelar a los aliados.
La Asamblea Legislativa lo probó otra vez. Milei llamó “chorros y asesinos” a los kirchneristas, en un discurso deshilachado por las interrupciones que convirtió al recinto del Congreso en un patio de colegio. Pero logró marcar la grieta que diluye cualquier intento de discutir matices. Hasta los diputados del Pro declararon que “lo importante no son las formas sino el fondo”, en una enmienda a la totalidad de aquello que presentaban como su diferencial con los libertarios.
Al agigantar a una oposición débil y sin liderazgo, el Presidente demora además el peso de la responsabilidad. ¿Hasta cuándo la culpa por el progreso que no llega será de los que gobernaron antes? En la respuesta a esa pregunta reside una clave de lo que vendrá, vinculada a la tolerancia social al programa de ajuste.
En la visita al Congreso, el relato de David contra Goliath quedó afectado por el tinte soviético de la transmisión oficial de la cadena nacional. La decisión de enfocar solo a los libertarios –y negarles siquiera un plano a los opositores- retrató a Milei como apenas un líder irritado antes que como víctima valiente de un poder intimidante.
La contradicción no lo intimida. Pide unidad nacional mientras no puede sostenerle la mirada a su vicepresidenta. Anuncia políticas de Estado y agita a la vez el pánico de una oposición “corrupta y prebendaria” que, de triunfar, tiraría para atrás todas las leyes que él promueve.
En la búsqueda de consolidar cambios difíciles de revertir, el Gobierno pisó el acelerador de la transformación judicial. Hay 364 vacantes acumuladas en la Justicia nacional y federal que los libertarios podrían ocupar si negocian con la oposición dialoguista. Es un botín capaz de blindar, por un buen tiempo, las mayorías operativas que ostenta hoy en el Senado y la Cámara de Diputados. Podría actuar, en paralelo, como un freno a los intentos de parir un frente antimileísta anclado en el peronismo.
A Milei le presentaron a Juan Bautista Mahiques, el nuevo ministro de Justicia, minutos antes de que se anunciara su designación. Su hermana Karina lo había aprobado y no se requería otro sello. Ella se anotó un triunfo acaso decisivo sobre su rival interno, Santiago Caputo, que promovía para ese lugar a Sebastián Amerio, el anterior secretario de Justicia.
Amerio finalmente sobrevivió con un pase providencial a la Procuración del Tesoro, donde el gobierno libertario se permitió un desliz en su dogma de austeridad estatal: para abrirle espacio tuvo que crear una nueva “subprocuración” donde ubicar al anterior jefe de los abogados del Estado, Santiago Castro Videla. A veces sí hay plata.
Milei no habló con Caputo mientras su hermana ajusticiaba a Amerio. Como hizo otras veces, buscó contener a su asesor estrella con un abrazo exageradamente largo durante el acto de asunción del nuevo ministro, ante la mirada socarrona de los vencedores. La SIDE es ahora la última fortaleza del caputismo. Karina y los primos Menem miran con codicia a la agencia de espionaje, pero saben que es una cancha extremadamente sensible para ponerse a jugar internas de palacio.

El vínculo de Mahiques con los dirigentes de la AFA acusados de corrupción no inmutó a Milei. Y eso que el domingo entró enardecido al Congreso en gran medida por la furia que le provocó que Claudio “Chiqui” Tapia hubiera operado a sus espaldas para repatriar de Venezuela al gendarme Nahuel Gallo. ¿O sería simplemente la frustración por la ignorancia en que vivió el episodio su gabinete en pleno?
Del nuevo ministro, los Milei esperan prestaciones que no podía darles el antecesor, Mariano Cúneo Libarona. Le pusieron como prioridad poblar los juzgados vacantes de todo el país y desplegar sus artes diplomáticos en un ámbito donde se mueve como un miembro más de la familia. Karina tiene un ojo y la mitad del otro en el movimiento de causas que podrían afectarla a ella y a su hermano, como $LIBRA y el escándalo de corrupción en la Agencia de Discapacidad (Andis). El Presidente ya mostró en la Asamblea Legislativa la irritación que le provoca la sola mención de esos casos.
Fue sugestivo que Mahiques restara importancia a completar la Corte Suprema, a la que le faltan dos integrantes, y la Procuración General (el jefe de los fiscales). Fuentes de la Casa Rosada lo traducen como un mensaje de “prudencia y buena voluntad” a los actuales cortesanos, en especial a su presidente Horacio Rosatti. “Aprendimos del fracaso del intento de poner a Ariel Lijo sin consensos. Esas fibras hay que tocarlas con cuidado”, añadió la fuente.
La secretaria general de la Presidencia supervisará lo que pase en la Justicia. Confía ciegamente en Santiago Viola, el nuevo secretario de Justicia, que fue quien le propuso a su íntimo amigo Mahiques ser ministro. El segundo que elige al primero: Cristina Kirchner aplaudiría.
Viola es un abogado en cuyo currículum público resalta una acusación por plantar testigos falsos para beneficiar a los hijos de Lázaro Báez, a quienes defendía. ¿Será esa la “moral como política de Estado” que proclama Milei? Detalles del pasado. El funcionario cumple hoy con el requisito esencial de la obsecuencia. El jueves, en televisión, declaró con Mahiques delante que él tiene la suerte de “contar con un gran jefe”. Pero necesitó aclarar: “Primero El Jefe… y el ministro también”. Ave Karina.

Milei proclama que 2026 será “el año de la grandeza argentina”. Se envalentona con lanzar diez paquetes de reformas, revisar el Código Civil, el Penal, el sistema tributario, la ley electoral. Promete una arquitectura institucional para los próximos 50 años, en una alusión que deja entrever el sueño de una Constitución nueva, más libertaria que liberal.
Su ambición choca con un presente de hostilidades. Necesita que la guerra en Medio Oriente no le vuele los mercados, que la gente le confíe los dólares, que la inflación vuelva cuanto antes a la tendencia declinante. La distancia entre la épica del plan y la fragilidad de las condiciones encierra una paradoja: cuanto más grande el proyecto, más intenso el miedo a que algo lo haga descarrilar.
Cuando advierte que a él no se lo van a “llevar puesto” reafirma que él es distinto a otros presidentes que creyeron que el mérito de sus reformas se impondría por su propio peso y subestimaron la capacidad del sistema para devorarlos. Avisa que conoce la trampa y también que todavía no ha conseguido escapar de ella.
advierte,reconfigurar a gusto el Poder Judicial,celebró en un tuit,volvió a recibirlo en Estados Unidos,Martín Rodríguez Yebra,Javier Milei,Karina Milei,Juan Bautista Mahiques,Conforme a,Javier Milei,,»Maldito idioma». El exabrupto de Donald Trump sobre el español durante un encuentro con mandatarios latinoamericanos,,La intimidad del salón con Trump. Las fotos, los saludos con la plana mayor de la Casa Blanca y una lapicera de recuerdo,,En Brasil. Milei volvió a cargar contra Paolo Rocca por compartir un acto con Lula da Silva
POLITICA
Seis bloques de Diputados piden celeridad al Gobierno para repatriar a los argentinos varados en Medio Oriente

Seis bloques de la Cámara de Diputados presentaron un proyecto de resolución en el que expresaron su preocupación por los argentinos que se encuentran varados en naciones afectadas por el conflicto en Medio Oriente y que no pueden regresar al país.
La iniciativa solicita al Poder Ejecutivo que active los mecanismos de asistencia y protección consular ante las dificultades que enfrentan los ciudadanos para volver a la Argentina por vías comerciales. Señala además que las restricciones operativas y de seguridad en diferentes regiones han dejado a muchas personas sin alternativas de traslado.
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El proyecto también insta a coordinar operativos especiales de evacuación en caso de ser necesario, incluyendo el uso de aeronaves de la Fuerza Aérea Argentina y otros recursos logísticos del Estado. Además, plantea la posibilidad de articular con terceros países para establecer corredores o escalas seguras que faciliten el retorno.
La diputada Victoria Tolosa Paz (Unión por la Patria), autora de la propuesta, dijo que “le solicitamos al Poder Ejecutivo que, a través del ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto y de Defensa, adopte con urgencia las medidas necesarias para garantizar su repatriación segura, coordinando operativos especiales de evacuación si la situación lo requiere. Porque ningún argentino o argentina puede quedar solo frente a una crisis internacional. La patria también es el abrazo del Estado cuando nuestros compatriotas necesitan volver a casa. Cuidar a quienes están lejos no es una opción: es una responsabilidad indelegable del Estado argentino”.
La iniciativa lleva además las firmas de los peronistas Jorge Taiana, Germán Martínez, Santiago Cafiero, Agustín Rossi, Eduardo Valdés, Guillermo Michel, Julia Strada, Pablo Todero, Ana María Ianni y Ernesto “Pipi” Alí, entre otros.
También se sumaron Nicolás Massot, de Encuentro Federal; Esteban Paulón, de Provincias Unidas; Marcela Pagano, de Coherencia; Sebastián Nóblega, de Elijo Catamarca; y Alberto Arrúa, de Innovación Federal.
En los fundamentos del proyecto, los legisladores señalaron que “el Estado tiene la responsabilidad de asistir a sus ciudadanos en el exterior, especialmente en contextos de crisis o conflictos armados”.
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Tolosa Paz citó como antecedente el operativo humanitario desplegado durante la escalada del conflicto en Medio Oriente, cuando se organizó un puente aéreo para evacuar a argentinos desde Israel hacia Roma, en octubre de 2023.
Ese operativo, coordinado entre Cancillería y el Ministerio de Defensa, utilizó aeronaves C-130 Hércules y un Boeing 737 de la Fuerza Aérea. Según remarcaron en el proyecto, esa experiencia demostró la capacidad logística del país para actuar en escenarios complejos.
Los legisladores también señalaron que otros Estados, como España, ya activaron mecanismos similares para repatriar a sus ciudadanos.
Los impulsores de la iniciativa sostuvieron que la protección de los argentinos en el exterior es una responsabilidad indelegable del Estado y que su cumplimiento adquiere especial relevancia cuando la seguridad personal está en riesgo. También advirtieron que la falta de acción podría agravar la situación de quienes permanecen atrapados en zonas de conflicto.
Diputados, Medio Oriente, Victoria Tolosa Paz
POLITICA
La cumbre de Donald Trump en Miami, un nuevo eslabón en su estrategia de influencia sobre América Latina

MIAMI.- De la Estrategia de Seguridad Nacional del Pentágono a la inédita ofensiva contra el “narcoterrorismo” en el Caribe y el Pacífico; de la captura de Nicolás Maduro y la nueva era en la relación con el chavismo a la máxima presión sobre el régimen cubano; del apoyo financiero y político a la Argentina a las operaciones militares conjuntas con Ecuador. Y la lista, extensa, continúa.
La proclamación final en la bautizada cumbre “Escudo de las Américas” que encabezó Donald Trump este sábado en Miami con 12 mandatarios aliados -entre ellos, Javier Milei– representó un nuevo eslabón del renovado foco en América Latina de esta administración republicana, con el que busca enviar a toda la región un mensaje directo sobe su nivel de influencia.
En un atril delante de los líderes presentes y gran parte de la plana mayor de su administración, Trump anunció la creación de una “nueva coalición militar” para combatir a los carteles del narcotráfico en la región y afirmó que Estados Unidos ayudará a los países aliados “a enfrentar a los carteles sanguinarios que imponen su voluntad mediante el asesinato, la tortura, la extorsión, el narcotráfico y el terror”.
“Hay un enfoque distinto y especial de Estados Unidos hacia América Latina, que se ha visto no solo con la operación militar en Venezuela, sino con las alianzas que Trump ha mantenido, incluso antes de su segundo mandato, con ciertos líderes. Particularmente aquellos con los que comparte una visión sobre del mundo, de la economía y del papel que debe jugar Washington en la región, como lo son Milei y [el salvadoreño] Nayib Bukele“, señaló a el politólogo Daniel Pedreira, de la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés).
Los especialistas sostiene que en estos momentos Estados Unidos ve a la región como un un territorio que, primero, debe mantenerse bajo la influencia norteamericana, y segundo, que puede beneficiarlo en cuanto a lazos económicos, políticos y en materia de seguridad.
Ese es el contexto que precedió a la inédita cumbre que se desarrolló este sábado en el pomposo Trump National Doral Miami, con la que el magnate buscó reforzar su alianza con líderes ideológicamente afines y generar un bloque robusto que haga contrapeso al avance de China en la región. Eso, pese a que no fueron de la partida tres de los pesos pesados latinoamericanos: Brasil, México y Colombia.
“Esta fue una especie de Cumbre de las Américas alternativa. Se convirtió en una reunión de Trump con solo aquellos que lo quieren y que han buscado un acomodo muy particular con Estados Unidos“, graficó a el politólogo Eduardo Gamarra, experto en América Latina de la FIU, en Miami.
“Los que fueron son amigos de Trump, presidentes que están muy alineados con él, caso Milei, Bukele o Daniel Noboa [Ecuador], y otros, como Rodrigo Paz [Bolivia], que no están tan comprometidos con el trumpismo, pero que entienden que su futuro depende en gran medida de qué tipo de relación establezcan con Washington“, agregó Gamarra, que hizo foco en la postergación de la décima Cumbre de las Américas programada para diciembre pasado en Punta Cana debido a tensiones regionales y una pulseada con Trump por la lista de invitados (léase Cuba, Venezuela y Nicaragua).
El presidente norteamericano ha enfatizado la necesidad de limitar la influencia de potencias extranjeras adversarias, como China, Rusia e Irán, en América Latina, a la vez que fomenta la cooperación regional en temas como la seguridad, la migración ilegal y la lucha contra el narcotráfico.
Sin embargo, Estados Unidos “no puede mantener su influencia en el hemisferio occidental únicamente a través de los organismos multilaterales con los que la administración Trump decide colaborar”, señaló Adam Ratzlaff, fundador y CEO de Pan-American Strategic Advisors.
La lógica de “Escudo de las Américas” se enmarca en el término “friendshoring”, que hace referencia a las alianzas con gobiernos confiables para asegurar a recursos y cadenas de suministros claves -aunque pueda ser a costos más altos- y así mitigar los riesgos derivados de tensiones geopolíticas con países que ejercen control sobre determinados flujos comerciales.
Un claro ejemplo fue la pulseada de Estados Unidos y China por los minerales críticos, de los que el gigante asiático controla gran parte de su producción y refinación global con empresas estatales. Un amplio conjunto de restricciones impuesto por Pekín empujó a Washington a acelerar sus alianzas con países aliados -como la Argentina- para suscribir una asociación estratégica global.
En su discurso de este sábado posterior al de Trump, el secretario de Estado, Marco Rubio, fue enfático en ese sentido. “Los 12 líderes aquí presentes son más que aliados: son amigos. Es un momento en el que hemos aprendido que, a menudo, un aliado, cuando se lo necesita, puede no estar presente. Estos son países que han estado ahí para nosotros, y siempre están dispuestos a trabajar y cooperar», dijo.
“Queremos ser sus socios, ya que queremos que el mundo vea que ser amigo y aliado de Estados Unidos es algo positivo. Es recíproco», añadió.
La nueva postura de la Casa Blanca para América Latina también quedó marcada en la presentación del Pentágono de la Estrategia de Seguridad Nacional para 2026, en la que resaltó que “tras años de abandono” el Departamento de Guerra “restaurará el dominio militar estadounidense en el hemisferio occidental“, y que eso será utilizado para proteger a Estados Unidos y su ”acceso a territorios estratégicos en toda la región“.
Además, solo dos días antes de esta cumbre, Estados Unidos y 15 países latinoamericanos aliados -incluida la Argentina- firmaron un acuerdo para combatir a los grupos “narcoterroristas” en la “Conferencia de las Américas contra los Carteles”, en Doral.
Ignacio Albe, director asistente para la Argentina en el Atlantic Council, en Washington, destacó que más allá del “componente político en materia de alineamiento ideológico”, la cumbre de este sábado en Miami tuvo también una “dimensión económica importante”. Milei tiene en Estados Unidos a su principal aliado internacional y ha hecho una fuerte apuesta con al acuerdo recíproco de comercio e inversiones sellado con Washington en febrero.
“Para la Argentina, el interés está en ampliar la cooperación en comercio, inversión y cadenas de suministro con Estados Unidos, algo que se refleja con nuestros interlocutores en el gobierno que resaltan al país como prioritario. Pero esto no implica un quiebre con otros actores relevantes, como el título de la reunión puede aparentar: China es aún un mercado clave para la Argentina y un importante aliado comercial», expresó a .
“La lógica de fondo para la Argentina es de diversificación más que de alineamiento exclusivo en materia económica: profundizar vínculos con Estados Unidos sin dejar de sostener relaciones comerciales con otros actores centrales que siguen siendo fundamentales para el comercio exterior argentino”, añadió Albe.
Argentina,incluida la Argentina,Guillermo Idiart,Donald Trump,Javier Milei,Miami,Conforme a,,Presentó a Milei como «amigo». Trump anunció la creación de una “coalición antinarco” al inaugurar la cumbre Escudo de las Américas,,En Miami. EE.UU. insta a actuar contra el narcoterrorismo en una cumbre militar en la que participa la Argentina,,Aliados. La Casa Blanca confirmó la cumbre de Trump en Miami a la que asistirá Milei,Donald Trump,,La intimidad del salón con Trump. Las fotos, los saludos con la plana mayor de la Casa Blanca y una lapicera de recuerdo,,“Más que aliados, son amigos”. Marco Rubio, en perfecto español, con Donald Trump en Shield of the Americas en Miami,,“El perdedor de Medio Oriente”. EE.UU. amenazó que Irán hoy “será golpeado con fuerza” y que extenderá sus ataques a más objetivos
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