POLITICA
Los movimientos sociales se rearman, realizan una profunda autocrítica y sostienen: “hay que pensar en un plan de contingencia”

“Mi mayor preocupación es que nos pongamos a pensar un plan de contingencia ante el vacío de poder que observo”, advierte sin rodeos Esteban “Gringo” Castro, sentado en una mesa del pequeño bar al aire libre ubicado en la Parroquia Santuario Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, a metros del Parque Centenario de la Ciudad de Buenos Aires.
El ex secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP). Reconoce que las organizaciones sociales fueron golpeadas con fuerza desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada. Buena parte de ellas fueron y la aplicación de políticas contra los piquetes aplicadas por la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich; y Sandra Pettovello, su par de Capital Humano, que aplicó mano dura sobre las estructuras de los movimientos populares favorecidos con subsidios, alimentos para distribuir y cargos en niveles jerárquicos en el ex Ministerio de Desarrollo Social, ahora reducido a secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia.

Las denuncias sobre los “comedores que no existen-, y los procesamientos a dirigentes del Polo Obrero, entre ellos su líder indiscutido, Eduardo Belliboni, por dejar sin comida que recibían del Estado a los que no asistían a marchas y cortes y presuntamente desviar fondos que recibían del gobierno para uso político, los deslegitimó ante un sector de la sociedad.
El dirigente del Movimiento Evita, ferviente católico y devoto de la Virgen de Luján habla con calma. Lo caracteriza su tono bajo y abundante barba blanca. Solo el brillo de sus ojos claros demuestran la alarma que contienen sus palabras: “Trato de discutirlo esto, pero no veo que todo el mundo piense como yo. O no ven vacío de poder, o no importa si hay una convulsión social”.
La cita, sin eufemismos, marca el tono de una conversación atravesada por la preocupación y el desencanto. “No hay voluntad de evitar que todo explote. Hay que construir un plan de contingencia, indudablemente. Contingencia y resistencia política. Resistencia y salida”, enfatiza Castro, quien reclama políticas urgentes “que incluyan el salario social complementario y la alimentación garantizada. Hoy hay problemas de salud por falta de alimentación. Eso tiene que estar garantizado”.

Con la calma tensa de quien conoce desde adentro el pulso de los barrios populares, el referente del Movimiento Misioneros de Francisco insiste, una y otra vez, en la ausencia de respuestas institucionales ante el deterioro social y la avanzada del gobierno de La Libertad Avanza contra las organizaciones. “Hoy habría que sentarse a discutir un plan de contingencia, para que no haya convulsión social. Hay hambre, hay bronca, hay odio”, diagnostica. Su voz, por momentos entrecortada por la tos o la indignación, vuelve sin tregua sobre el riesgo de un estallido: “La prevención te garantiza que eso no pase. El Estado está ausente y no veo que las políticas estén pensando en frenar lo que se viene”.
Autocrítica y nuevos desafíos
El propio Esteban “Gringo” Castro no elude el ejercicio crítico al repasar las causas del desgaste que atraviesan hoy los movimientos sociales de la Argentina. El dirigente, con más de dos décadas en la primera línea de la organización popular y el sindicalismo social, reconoce: “Nosotros trabajamos muy bien durante el gobierno de Mauricio Macri, en cuanto a la unidad y la lucha que fuimos dando. Pero los otros cuatro años -se refiere al gobierno de Alberto Fernández-, que nos agarraron dos años de pandemia, el problema que tuvimos es que no fortalecimos el sindicato”, se refiere a la Unión Trabajadores de la Economía Popular de la cual era el principal responsable.
Para el fundador de la agrupación Frente patriótico, ese déficit fue letal: “El sindicato necesitaba ser fortalecido en las ramas, en las regionales. Todo eso no lo pudimos desarrollar”, remarca, reconociendo que la disputa interna por el rumbo organizativo debilitó a la UTEP y a la heterogénea constelación de grupos territoriales. A su juicio, parte del problema residió en un exceso de centralidad política por sobre la consolidación gremial: “Hubo una priorización de la política, de la dirigencia de los movimientos populares, una priorización de ver cuestiones más políticas que gremiales. No supimos cómo construir el gremio”.
El “Gringo” agrega ejemplos concretos que cristalizan la autocrítica: “Nosotros teníamos un proceso inflacionario muy grande y para mí teníamos que ir a plantear a las grandes corporaciones, que son las formadoras de precio, que así no se puede. Discutir, aunque fuera, cuáles son los costos para producir y a cuánto tendrían que vender”.

También reconoce lo que quedó pendiente: “No logramos hacer gestualidad en ese sentido, porque los trabajadores, todos somos trabajadores, tienen que ver la lucha salarial y también la lucha por los precios, por la carestía de la vida. Y esos fueron dos elementos que no fortalecimos”.
– ¿El gobierno de Milei, a través de la ministra Pettovello los castigó muy fuerte por desmanejos con los alimentos, con el programa Potenciar Trabajo…
– Nunca fui “gerente de la pobreza”, como nos llamó, y nunca sentí que mis compañeros lo fueran. Pero es cierto que hubo una vinculación con el Estado. La ministra decía que una auditoría demostraba que no recuerdo que porcentaje de comedores a los que asistíamos no existían. El gobierno ahora tuvo que reconocer que esa auditoría, como tal, nunca se hizo. Son noticias que no se difunden, pero que es real.

El estigma mediático y la ofensiva estatal conforman, para Castro, una parte central del deterioro que afecta hoy a los movimientos sociales. La etiqueta de “gerentes de la pobreza“, impulsada desde el discurso oficial y amplificada por los medios, caló hondo en la percepción pública y debilitó el sentido de pertenencia en los barrios.
El dirigente entiende este fenómeno como parte de una campaña para deslegitimar a las organizaciones sociales y sindicales. “Lo que se logró con Macri fue el salario social complementario, una conquista de los trabajadores”, explica.
Sin embargo, el cambio de ciclo político también supuso una modificación conceptual decisiva. “Cuando viene el gobierno de Alberto, lo que dice es: ‘bueno, ahora se va a llamar Potenciar Trabajo’. Y Potenciar Trabajo es un programa. Pero la verdadera conquista es el salario social complementario. Se dejó de hablar de salario social complementario y, por lo tanto, empezó un sector de la sociedad a decirnos de vuelta, por ejemplo ‘planeros’”.
Castro no esconde su frustración ante la pérdida de legitimidad conseguida en años de lucha. “El salario social complementario es, conceptualmente, muy bueno. Todos los que no tienen trabajo asalariado, todos los que no están registrados como asalariados, merecen un salario social complementario porque trabajan, pero no tienen derechos laborales”, argumenta. Esas reivindicaciones, a su entender, han quedado debilitadas por la ofensiva estatal y por la falta de un respaldo más firme desde adentro de las propias organizaciones.

La estigmatización, entonces, tiene consecuencias materiales: erosiona el tejido interno de los movimientos y profundiza la fragmentación social. “Ese concepto se fue dilapidando y hoy estamos, o por lo menos un grupo de nosotros está de vuelta planteando: hay que volver al salario social complementario”.
En este contexto, Castro está en la reconstrucción de la unidad de todos los movimientos populares para lograr, por un lado, armar una contingencia de unidad nacional ante la convulsión social que avizora puede llegar a estallar, ante el vació de poder provocado por el presidente Milei y su equipo económico.
Por otro lado, articula con otros espacios populares un plan de lucha ya votado por la mesa directiva de la UTEP que fue consensuado en asambleas barriales. Por ejemplo, el despliegue a modo de protestas de ollas populares en 400 puntos del país con distintas organizaciones, entre las más numerosas la Corriente Clasista y Combativa (CCC) que encabeza Juan Carlos Alderete.
“Lo que empieza a avanzar es el narcotráfico”
Para Esteban “Gringo” Castro, el salario social complementario no fue solo una herramienta de asistencia: representó una conquista histórica de los trabajadores excluidos del circuito formal del empleo. “El salario social complementario era la mitad del salario mínimo, vital y móvil. Te permitía aunque sea aporte jubilatorio y, de alguna manera, tener tu obra social como monotributista social”, explica.
Sin embargo, la posterior transformación del programa y la desaparición de la lógica salarial desdibujaron sus efectos estructurales. A tentender de Castro, esa dilución abrió la puerta para el avance de un Estado que ya no reconoce a los sectores populares ni como sujetos de derecho ni como interlocutores.
Para el dirigente social, pero también para otros referentes de la economía popular como Emilio Pérsico, principal referente del Movimiento Evita; Alejandro Gramajo, secretario general de la UTEP, o Nicolás Caropresi, referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos, organización social fundada por Juan Grabois, frente al desguace del salario social y la ausencia de una mirada territorial planificada, los vacíos que se abren en los barrios más frágiles amenazan con ser ocupados por dinámicas mucho más sombrías. Castro lo describe así: «En territorio, si no están los movimientos populares, los intendentes, las agrupaciones, lo que empieza a avanzar es el narcotráfico» y aclara: Lo que no reemplaza de ninguna manera lo que nosotros hacíamos. Nosotros trabajamos con amor. Vos tenés que ver lo que es una mujer desarrollando una olla popular durante veinte años, dándole de comer a cientos de personas. El narco no está pensando en eso. El narco está vendiendo droga y haciendo mierda a los pibes».

Para los dirigentes populares ese diagnóstico compartido muestra que el desmantelamiento de los mínimos consensos sociales no solo genera necesidades insatisfechas, sino que además habilita lógicas de descomposición territorial que difícilmente se reviertan sin una decisión estatal fuerte y políticas de contención concretas.
Debilitamiento de la protesta callejera
La presencia del miedo como estrategia de gobierno es uno de los diagnósticos más crudos de Esteban “Gringo” Castro. El dirigente observa cómo la política de represión y el hostigamiento desde el inicio de la gestión de Javier Milei han modificado radicalmente el clima de la protesta en las calles. “El Gobierno hizo un trabajo de amedrentamiento de entrada”, señala. “Llegabas a la estación y había parlantes que decían: ‘Ojo, porque te quedas sin el programa de gobierno’. Hubo un inicio de proceso represivo que podía ser cada vez más fuerte. Eso alguna influencia tiene”. Este clima disuasorio, agrega, colaboró con la merma en la convocatoria: “Las marchas actuales de los movimientos sociales, de la UTEP misma, no son tan numerosas como antes”, reconoce.
El temor, sin embargo, no se reduce solo a la amenaza física o la pérdida de beneficios. El escenario de represión está acompañado por la negación del diálogo institucional. “El Gobierno no tiene intenciones de coordinar con los movimientos populares. Los que estamos en los barrios somos los movimientos populares. Pero ellos no quieren coordinar”, explica. Ante la pregunta de si ese corte del vínculo es la única explicación para la caída en la movilización, Castro responde con sinceridad: “Cuando hay coordinación, vos tenés garantizado el alimento para los comedores, el salario social complementario, aunque sea congelado. Cuando sentís que todo eso desaparece y sólo hay amenaza, se genera aún más miedo”.
– Pero, ¿eso no sería mayor incentivo para que la gente salga a manifestarse, al menos para reclamar esas garantías?
– Eso a veces puede ser un incentivo, pero ¿qué tendría de malo? Si igual no te alcanza, salís. Si te alcanza, no salís… Pero no se sale por todo este proceso de miedo: si no tenés vinculación alguna con el Gobierno nacional, te está mostrando todo el tiempo que te va a reprimir y además te amenaza con sacarte lo poco que queda. Hoy, viajar del conurbano a la capital es imposible, no hay recursos. Mucha gente no puede ni siquiera movilizarse. Los compañeros pagaban su boleto para viajar o para movilizarse. Antes, cuando la negociación fallaba, podía haber una movilización, pero ahora hay un clima muy complicado. Que no se esté movilizando ahora favorece el discurso del gobierno. Ahora podemos transitar tranquilos por la Avenida 9 Nueve de Julio. La sociedad está dividida, y muchos lo piensan así, hasta que les toque vivir la otra cara de la exclusión.

La fragmentación del universo laboral y la pérdida de referencia política configuran, para Castro, una de las peores amenazas actuales para la Argentina. El diagnóstico es duro y va más allá de la coyuntura: “Hoy tenés la mitad de la población económicamente activa, once millones de personas, sin derechos laborales. Incluí ahí a todos los chicos que trabajan en el campo, las aplicaciones: ahí no hay patrón, no tenés derechos laborales. Tenés que laburar doce, quince horas para sacar una moneda”, dice y detalla: Esa fragmentación es letal para el país. No hay correlato político. No hay muchos políticos que hablen de ese tema, de tener fragmentada a la clase trabajadora”.
Las respuestas desde el campo político y estatal han sido, a su juicio, insuficientes y abstractas. “Hay alguno que dice: ‘bueno, si construimos un gobierno popular nosotros le vamos a dar trabajo a todos’, pero no hay definición política de cómo resolver el problema de la mitad de la clase trabajadora que no tiene derechos laborales”. El “Gringo” insiste en que, mientras tanto, “la agenda real—como el salario social complementario—prácticamente no está en discusión en la política”.
El peligro del vacío de poder
Uno de los ejes más insistentes y alarmantes del análisis del dirigente del Movimiento Evita es el vacío de poder en el que, según él, ha caído la Argentina. Caso advierte sobre la fragilidad institucional y la ausencia de una estrategia política capaz de prevenir una crisis profunda: “Me parece que hoy estamos en una situación muy riesgosa, en el sentido de que se empieza a visualizar un vacío de poder. Las veces que hubo vacío de poder, hubo algún tipo de convulsión social”.
Para Castro, la diferencia con otras épocas es que la implosión social actual podría no tener ninguna conducción ni planificación. “La gente no tiene remedio, le pide a los intendentes, no tiene para comer, se está tratando de contener como se puede, pero cuando hay vacío de poder es muy peligroso”, señala con preocupación. Sostiene que el gobierno de Javier Milei no solo no busca evitar un estallido, sino que parece apostar por ese caos: “No tiene ninguna intención de construir un plan de contingencia para que no haya convulsión social, sino que al revés, parecería que lo incentiva”.
En un alto en su relato, Esteban “Gringo” Castro, pareja de Mariel Fernández, la intendenta de Moreno, también dirigente del Movimiento Evita, reflexiona sobre la otras formas de manifestarse de los ciudadanos y que para parte de la política pasa desapercibida: “La multitudinaria peregrinación a Luján del domingo, compuesta por unas dos millones de personas de todos los estratos sociales, fue una maravillosa muestra de fe y manifestación pacífica”.
A través de su relato, el militante social y político recuerdas comentarios de fieles y en este caso, vecinos que “fueron a ganarse un mando y no vendieron nada porque no hay un peso”. Y da un ejemplo: “Un hombre se me acerco para decirme que perdió cien mil pesos, había hecho en su casa empanadas y no se las compró nadie. Pero eso le pasó a todos, no solo a él”, dice preocupado.

– ¿Estamos cerca de una explosión social?
– Yo no te puedo decir porque tendría que ser adivino, pero me preocupa el vacío de poder. Cuando hay vacío de poder, tampoco visualizo desde la política qué salida tiene. No visualizo.
La preocupación no es gratuita: Castro describe la necesidad de conformar espacios multisectoriales, incluir desde gobernadores hasta la iglesia, empresarios y movimientos populares, todos sentados a una mesa para diseñar una salida urgente. “El martes pasado salimos a hacer ollas populares en plazas, reclamando alimento y salario social, que eso fortalecería un plan de contingencia. Pero veo que ni siquiera se discute este tema en los ámbitos donde más falta hace. Es muy difícil discutirlo en medio de un proceso electoral”.
Y persiste en su advertencia: “Es urgente que la política se siente a pensar en un plan de contingencia, porque hay hambre, bronca, odio, y si no se actúa rápido puede ser mucho peor”.
Para el militante católico los puntos básicos de del plan de contingencia son:
–El salario social, que es la mitad del salario mínimo vital y móvil.
–La alimentación: hoy hay problemas de salud por falta de alimentación. La alimentación tiene que estar garantizada, vía olla popular, comunitariamente, individualmente el que puede llegar a fin de mes, pero tiene que tener garantías.»
Castro insiste en que la urgencia es doble: contener la emergencia y, al mismo tiempo, plantear una resistencia política que no abandone el reclamo por una salida inclusiva. “Hay que construir una mesa donde estén desde empresarios, sindicalistas, movimientos populares, gobernadores, intendentes, todo lo que se pueda juntar a construir una salida”.
Como advierte Castro, la fe y la solidaridad barrial continúan siendo el último dique ante la descomposición social, incluso en los momentos más críticos: “Hay mucha fe en nuestro pueblo y eso es un elemento central para salir también”, dice, esperanzado.
POLITICA
En medio de la guerra con Irán, Milei viaja a Estados Unidos para participar en una cumbre con Trump

Javier Milei inicia este viernes un nuevo viaje a Estados Unidos que incluirá reuniones políticas con aliados regionales y encuentros con empresarios e inversores.
El Presidente partirá este viernes rumbo a Miami para participar el sábado de una cumbre convocada por Donald Trump y luego continuará su agenda en Nueva York, donde encabezará actividades vinculadas a la “Argentina Week”.
La gira forma parte de la estrategia del Gobierno para reforzar su agenda internacional con Washington y avanzar en la promoción de inversiones hacia la Argentina. El viaje será el número 16 de Milei al exterior desde que asumió la presidencia y se extenderá por cerca de seis días.
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La primera escala será en Miami, donde el mandatario participará de una reunión organizada por Trump en el Trump National Doral junto a otros presidentes de la región. Entre los invitados figuran Santiago Peña (Paraguay), Daniel Noboa (Ecuador), Nayib Bukele (El Salvador), Rodrigo Paz (Bolivia) y Nasry Asfura (Honduras).
En el Gobierno aseguran que el encuentro tendrá un fuerte componente geopolítico y estará atravesado por la estrategia de Estados Unidos para reforzar su influencia en América Latina frente al avance de China. En la Casa Rosada sostienen que Milei busca consolidar el alineamiento con la Casa Blanca sin alterar los vínculos comerciales que mantiene la Argentina con Beijing.
Tras la reunión en Miami, el Presidente viajará a Nueva York para participar de la “Argentina Week”, un evento que reunirá a empresarios, bancos, fondos de inversión y compañías de sectores estratégicos. El objetivo del encuentro es presentar el programa económico del Gobierno y promover oportunidades de inversión en energía, infraestructura, tecnología y finanzas.
La delegación argentina en esa instancia estará integrada por el ministro de Economía, Luis Caputo, el canciller, Pablo Quirno, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que expondrán sobre las reformas económicas y regulatorias impulsadas por la gestión libertaria.
Se sumarán gobernadores dialoguistas que fueron invitados por Milei. Entre ellos están: Alfredo Cornejo (Mendoza), Ignacio Torres (Chubut), Marcelo Orrego (San Juan), Claudio Vidal (Santa Cruz), Rolando Figueroa (Neuquén), Raúl Jalil (Catamarca), Carlos Sadir (Jujuy) y Gustavo Sáenz (Salta).
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La gira continuará el miércoles 11 en Santiago de Chile, donde Milei asistirá a la asunción presidencial de José Antonio Kast. En el oficialismo consideran que la llegada del dirigente chileno al poder refuerza el eje político que la Casa Rosada intenta construir con gobiernos afines en la región.
En paralelo, en el Gobierno no descartan que en los próximos días se concrete una visita a Buenos Aires del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. De confirmarse, sería una señal de respaldo político de la administración estadounidense a la gestión de Milei en medio del nuevo escenario internacional marcado por el conflicto en Medio Oriente.
Javier Milei, Estados Unidos
POLITICA
Javier Milei habló de la crisis con la vicepresidenta: “No quiero la renuncia de Victoria Villarruel”

El presidente Javier Milei envió un nuevo mensaje a la oposición tras la apertura de sesiones ordinarias en una entrevista que se emitirá el próximo domingo. El mandatario se refirió a los fuertes cruces con la bancada kirchnerista en el Congreso y marcó distancia respecto a la gestión anterior de PRO, al asegurar: “No me van a llevar puesto como a Macri”.
Durante su discurso ante la Asamblea Legislativa, el jefe de Estado había calificado a los legisladores opositores como “fascistas”, “manga de chorros” e “ignorantes”, desafiándolos al afirmar que “la justicia social es un robo”.
Respecto a la situación judicial de Cristina Kirchner, el Presidente fue tajante al señalarla sin nombrarla directamente: “Vamos, sigan mintiendo, manga de ladrones, manga de chorros. ¡Por eso tienen a su líder presa!”.
Milei sostuvo que la exmandataria continuará en esa condición por las causas de Cuadernos, Vialidad y el Memorándum con Irán, acusando a su sector de ser “los más chorros de la historia”. Asimismo, ironizó sobre la falta de aplausos de la oposición durante la mención de logros de gestión, disparando que “no pueden aplaudir porque se les escapan las manos a bolsillos ajenos”.

En otro orden, Milei desmintió las versiones sobre un pedido de dimisión hacia su vicepresidenta, Victoria Villarruel, quien previamente había manifestado que no entregaría su cargo hasta diciembre de 2027. “Es mentira, no quiero la renuncia de Villarruel”, adelantó el mandatario en el fragmento de la nota.
Por otra parte, apuntó contra el sector empresarial, específicamente contra el dueño de Fate y Aluar, al sentenciar que “Madanes Quintanilla es un empresario prebendario y extorsionador”, en el marco de la crisis que atraviesan dichas plantas por la competencia con las importaciones.
Finalmente, el jefe de Estado se refirió a la causa que investiga a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y a sus directivos, Claudio Tapia y Pablo Toviggino. “Si Tapia y Toviggino son culpables, lo tienen que pagar”, advirtió Milei, días antes de que el presidente de la entidad deba presentarse a indagatoria el 12 de marzo.
Con vistas al futuro político, el mandatario dejó abierta la posibilidad de una reelección, aunque puso un límite temporal a su carrera en la función pública al asegurar que “después del año 2031 no me ven más el pelo”.
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POLITICA
El Gobierno reacomoda su esquema de poder: el rol de Karina Milei y el impacto en el Gabinete

Cumplidos los primeros objetivos programados para los dos primeros meses del año, el gobierno nacional redefinió su esquema de poder y le otorgó una mayor centralidad a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, quien orquestó cambios en el Ministerio de Justicia que desde este jueves lidera el tándem compuesto por el hasta entonces fiscal Juan Bautista Mahiques y el apoderado de La Libertad Avanza, Santiago Viola.
Con el enroque, la administración libertaria balancea la graduación de los vértices del tan mencionado “Triángulo de Hierro” y dota a la menor de los Milei de mayor influencia en el Gabinete, pero no sin contener además al asesor presidencial, Santiago Caputo.
El accionar que inició el 26 de octubre, cuando el partido que fundó el presidente Javier Milei se impuso por amplia mayoría por sobre el peronismo y conquistó 15 de las 23 provincias, incluida la Ciudad de Buenos Aires, se profundizó en los últimos meses y sumó un nuevo capítulo con la anticipada salida de Mariano Cúneo Libarona del edificio ubicado sobre la calle Sarmiento.
Lo cierto es que con el movimiento de fichas, el asesor presidencial, Santiago Caputo, se vio obligado a retirar a su espada judicial, el abogado Sebastián Amerio, de la cartera y del Consejo de la Magistratura, pero bajo la promesa de hallarle un nuevo desafío en la función pública. Algunas horas más tarde, y sorteados varios momentos de tensión mediante, lo encontraron.
Como consecuencia directa, habrá cambios en cinco organismos que dependen de la cartera y es en ese escenario que la Procuración del Tesoro de la Nación, actualmente liderada por Santiago Castro, apareció como el cargo más pertinente a ser ocupado por Amerio. “Solo se va a ir a un lugar mejor”, habían anticipado anticipado a este medio el pasado lunes. Parece que parte de las condiciones conversadas fueron cumplidas.

Ese pendiente ocupó gran parte de la jornada laboral del mandatario, el pasado jueves en la previa a una nueva visita a Estados Unidos. Por la mañana, recibió a Caputo en la Quinta de Olivos, luego le tomó juramento formal a Mahiques, y por la tarde, intercambió mensajes con el saliente abogado camino a reconvertirse en procurador del Tesoro.
En paralelo, el asesor se reunió en su despacho con el sucesor de su amigo, Santiago Viola, -con oficinas en el ala en el que se ubica el armador nacional Eduardo “Lule” Menem- para ordenar la transición del ministerio y ultima detalles de los próximos pasos en materia judicial.
Según detallan en Balcarce 50, la definición sobre la actual conducción del Justicia tuvo lugar en el marco de una semana convulsionada que incluyó entre las opciones al nombre del ex intendente de General Pueyrredón, Guillermo Montenegro, sugerido por el consultor. Sin embargo, no pasó el filtro de todos los actores que habilitan la definición, pese a contar con el aval del Presidente, y fue así como Mahiques, acercado por el propio Viola, fue presentado por muchos como el candidato de “consenso”, aunque la decisión fue validada por la menor de los Milei.
“Toda de Karina”, resumió ante este medio un integrante de la mesa política. Con la oficialización, la funcionaria añadió un nuevo ministerio a las áreas que mantiene bajo su influencia y se suma al nombramiento de Manuel Adorni al frente de la Jefatura de Gabinete. Tras la salida de Francos, Karina Milei garantizó su ingerencia en la coordinación del plantel que se reúne en el Salón Eva Perón, pero también del reducido círculo que el mandatario diseñó para sintetizar las políticas de gestión.

Pasada la apertura de sesiones ordinarias, luego de que el mandatario protagonizara su particular discurso en el Congreso en el que cruzó a la bancada peronista y definió algunas claves para el año legislativo, la administración libertaria sanea sus pendientes y se prepara para encarar los desafíos programados para el año. Un importante alfil negociador reveló a este medio que abril será el mes en el que el Ejecutivo retomará la actividad en el Congreso.
El mismo domingo por la noche, la transmisión de la sesión en la Cámara de Diputados brindó algunas claves de lo que sería la reconfiguración del poder real al excluir con notoriedad los planos del palco en el que se ubicó el asesor junto a su equipo. Algunos días más tarde, Karina Milei cerró el debate, habilitó el nombre de Mahiques y participó de la reunión con Cúneo Libarona en la quinta de Olivos, en la que luego del intercambio, el propio libertario anunció su salida y reemplazo a través de un mensaje de X que sorprendió a más de uno.
Con esa jugada amplió su influencia entre las carteras, alcanzando a Defensa, que lidera Carlos Presti; a Interior, cargo con el que premió al ex legislador del PRO Diego Santilli; a Seguridad tras la sucesión de Alejandra Monteoliva por Patricia Bullrich, y suma Justicia, ahora con Juan Bautista Mahiques y Santiago Viola, de su estrecha confianza.
Además de la gestión, Karina mantiene el control total de los asuntos partidarios: no solo es la presidenta de La Libertad Avanza sino que a través de los primos Martín, titular de la Cámara de Diputados, y Eduardo “Lule” Menem coordinan las tribus violetas en el interior del país.

Por su parte, el asesor mantiene bajo su órbita al Ministerio de Salud, que comanda Mario Lugones, la Secretaría de Legal y Técnica, a cargo de María Ibarzabal Murphy, y extiende su poderío a la SIDE, YPF y ARCA. Hay quienes suman parcialmente en este grupo, aunque con vuelo propio a Luis Caputo (Economía).
En un tercer escalón su ubican Sandra Pettovello (Capital Humano), de vinculo directo con el mandatario, Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación del Estado), y Pablo Quirno (Relaciones Exteriores), a los que en el Gobierno definen como “unipersonales”.
En el campamento con oficinas en el Salón Martín Fierro niegan una nueva redistribución del poder y aseguran que la secretaria general de la Presidencia siempre tuvo mayor peso de decisión que el asesor. “No reconfigura nada. Ya sé sabía que Karina tenía más poder que Santiago. Ahora suma un poquitito más de influencia”, definió un integrante del espacio ante Infobae.
El asesor, reacio a la determinación que en más de una oportunidad lo encasilló el mandatario, considera que el “Triángulo de Hierro” está mal interpretado. “La gente lo piensa con dos vértices inferiores y uno superior, pero en realidad es al revés. Dos superiores y un inferior. Por más generosidad y afecto que le tengan, no deja de de ser un asesor”, sostuvieron desde su entorno.
Pese a la decisión del mandatario, Santiago Caputo asistió a la jura, saludó fraternalmente a los designados, y transitó con total normalidad los pasillos de Casa Rosada. A uno de los laterales del Salón Blanco donde se celebró la ceremonia, el mandatario se fundió en un sentido abrazo y volvió a conversar varios minutos luego del intercambio en Olivos.
Con la mesa política en funcionamiento, el Ejecutivo reacomoda el tablero y se prepara para pasar el paquete de proyectos más ambicioso de la historia que iniciará con la media sanción restante de las modificaciones a la Ley de Glaciares y la Ley de Financiamiento Universitario, pero que incluye además una reforma electoral, cambios en el Código Penal, en el Civil y en el sistema tributario.
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