POLITICA
Milei, en Davos: se reunió con empresarios y se llevó elogios a la política que los habilita a sacar dividendos del país

DAVOS, Suiza.– El presidente Javier Milei se reunió esta mañana, a puertas cerradas, con grandes empresarios internacionales en el Foro Económico Mundial.
“Excelente”, “Impecable”, “Enhorabuena”… Las reacciones de empresarios que asistieron al encuentro con el presidente argentino no pudieron ser más elogiosas.
“Durante 25 años invertimos sin lograr dividendos, ahora comenzamos a obtenerlos”, se congratuló la poderosa empresaria española Ana Botín, presidenta del Banco Santander. “Y lo importante es que ahora, incluso podemos sacar esos dividendos fuera del país”, agregó otro de los participantes.
La respuesta del presidente argentino habría bastado para disipar inquietudes aún persistentes: “Eso forma parte de nuestra filosofía sobre el derecho a la propiedad y esa propiedad es de ustedes”.
Organizada por el WEF en el salón Jakobshorn del centro de conferencias, más de 70 empresarios internacionales asistieron a la invitación, bautizada “Country Strategy Dialogue on Argentina”. Entre ellos, los CEO de Saudi Electricity Company, Bridgewater Associates, Grupo Volkswagen, Banco Santander, Grupo DHL, Gap Inc., Edenred, Grupo Mercuria Energy, A.P. Moeller-Maersk, GSMA y Salesforce.
Acompañado por lo que llamó sus “dos motosierras, Luis Caputo y Federico Sturzenegger”, por el embajador argentino en Suiza, Carlos Mario Foradori, y por varios miembros de su comitiva, Milei se libró a una disertación “precisa y profesional” —según describió uno de los asistentes— de los objetivos de su gobierno. Comenzó declarándose alentado por su triunfo en las recientes elecciones, que -a su juicio- lo autorizan a seguir con el programa de reformas, gracias a la confianza que ese gesto político significó por parte del pueblo argentino. Entre ellas, explicó en detalle la reforma laboral.
Para evitar que el Parlamento bloquee sus reformas, Milei relató que, a partir del 1 de marzo, llamó a la oposición y a los gobernadores de las provincias a concluir un nuevo pacto de gobierno. Una iniciativa que busca relanzar su hoja de ruta de reformas económicas y sociales, especialmente en un contexto donde la Argentina debe cumplir con importantes vencimientos de deuda en 2026 y gestionar una situación socioeconómica frágil, a pesar de una inflación en descenso y un superávit presupuestario registrado en 2025.
Paralelamente, Milei recordó que su gobierno continúa implementando medidas económicas audaces, como la liberalización de los flujos financieros para fomentar los depósitos en dólares y fortalecer las reservas de divisas.
Y como el anunciado “déficit cero” y la reducción drástica del gasto público siguen siendo el núcleo de su estrategia, con el objetivo de estabilizar la economía y tranquilizar a los inversores, Milei ratificó su compromiso con la desregulación, una política que, según el Gobierno, creará las condiciones de un crecimiento sostenido.
“Espectacular, fue espectacular”, dijo a el empresario argentino Alejandro Bulgheroni. El mismo entusiasmo manifestó Gregorio Werthein.
En medio del entusiasmo, tampoco faltaron algunas dudas. “Me hubiera gustado que se hablara un poco más de los problemas persistentes en el país. Una situación que condiciona seriamente nuestras futuras inversiones. La recesión, la disminución del poder adquisitivo y la contracción del consumo interno reducen las perspectivas de crecimiento para las empresas presentes en el mercado argentino, lo que puede llevarlas a reducir o cesar sus actividades”, analizó el CEO de una gran empresa alemana de servicios.
“Las declaraciones del presidente Milei son atractivas, pero, a pesar de las recientes reformas y una mejora en algunos indicadores, la Argentina aún debe superar obstáculos importantes para atraer masivamente inversiones extranjeras: flexibilizar aún más su régimen cambiario, fortalecer la estabilidad económica y jurídica, y reconstruir la confianza de los mercados”, dijo a su vez otro invitado, representante de una gran empresa suiza.
Milei, que no mencionó el posible acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, se detuvo particularmente en la expansión del comercio internacional de la Argentina, insistiendo en que el país va “a comerciar con todos”. Una frase que, naturalmente, fue interpretada como una desmentida a las versiones según las cuales la Argentina se plegaría a la voluntad de Estados Unidos de cortar sus lazos comerciales con China.
Poco antes de iniciar su reunión con los empresarios, Milei se entretuvo unos pocos minutos, en el mismo Foro, con el presidente suizo Guy Parmelin. La jornada, que es intensa, continuó con un encuentro del presidente con los representantes de bancos mundiales. Y concluirá para Milei con su discurso en el gran Hall de Conferencias del Foro. La exposición estaba prevista originalmente para las 15:30, hora local (11:30), pero se atrasó.
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POLITICA
El debate interminable entre Alberto Fernández y Alberto Fernández

Alberto Fernández ostenta el mérito de ser el mejor refutador de sí mismo. Aunque ha sido capaz de desdecirse en cuestión de horas, la contradicción en él es como un vino de guarda, que reluce en toda su dimensión con el paso del tiempo. Su travesía en la cima del poder lo obligó a un ejercicio de adaptación política fenomenal que origina a menudo el sorprendente efecto de oír a la misma persona defender con énfasis apasionado una posición y la contraria.
La fugacidad de sus convicciones explica en buena medida la dificultad que ha encontrado para construir poder propio, generar confianza y aglutinar apoyo detrás de sus iniciativas prioritarias, convertidas de manera recurrente en un derroche de energía improductiva.
La última cruzada a la que se arrojó el Presidente es la guerra a la Corte Suprema, declarada en su mensaje de buenos deseos por el Año Nuevo. El Alberto del presente distingue en Horacio Rosatti, que preside desde 2021 el tribunal, a una suerte de autócrata que “se alza contra el orden constitucional” en defensa de oscuros intereses corporativos. Propone echarlo por la vía del juicio político, al igual que a los otros tres jueces, a quienes señala como cómplices de ocasionar un menoscabo a las instituciones con una conducta “al margen de la razón, prudencia, discernimiento y el buen juicio”.
Pero, ¿qué decía el Alberto del pasado reciente sobre esos hombres que ahora retrata como conjurados contra la democracia, después de una serie de fallos insatisfactorios para su gobierno y para Cristina Kirchner, la jefa política que ya no lo reconoce como propio? Difícil encontrar elogios más nítidos que los surgidos de su verba de profesor de Derecho.
En 2016, consultado sobre qué virtudes veía en la gestión del entonces presidente Mauricio Macri, dijo: “Me parece que mandó a la Corte Suprema a dos jueces a los que nadie puede cuestionar su integridad moral y su integridad técnica”. Hablaba de Rosatti y de Carlos Rosenkrantz. Apenas cuestionaba el intento inicial de Macri de designarlos por decreto y dejaba sentado que le hubiera gustado atender la paridad de género. Pero enfatizaba: “No son mujeres, pero son buenos jueces, jueces probos”.
Fernández conoce a Rosatti desde el siglo pasado. El juez al que ahora presenta como un delegado del poder económico y de la oposición macrista fue constituyente por el peronismo, intendente de Santa Fe por el mismo partido y se sumó casi desde el principio al gobierno de Néstor Kirchner. Primero como procurador del Tesoro (es decir como el jefe de los abogados del Estado) y después como ministro de Justicia. Fernández era el jefe de Gabinete.
Rosatti dejó aquel gobierno en 2005 en medio de tensiones políticas que incluyeron sus reparos a aprobar licitaciones de cárceles que promovía el secretario José López, famoso luego por revolear bolsos llenos de dólares en la puerta de un convento. En su salida se enemistó con Fernández por motivos que ninguno de los dos contó.
El paso de los años nunca privó a Fernández de destacar como un hito la “refundación de la Corte” en los años de Kirchner, que incluyó la salida de los jueces que había designado Carlos Menem. Como ministro de Justicia, Rosatti tuvo un papel protagónico en el último tramo de ese proceso.
“Yo fui parte del gobierno que puso la Corte Suprema más digna que la democracia recuerda, ¿tengo que explicar qué quiero hacer con la Justicia?”, le decía Fernández a en una entrevista durante la campaña de 2019. Se ponía ese escudo ante las sospechas de que el plan inconfesable de su presidencia era gestionar la impunidad judicial para Cristina Kirchner, con quien se había amigado después de años de combatirla en público.
Aquella “Corte digna” incluía a los otros dos miembros que ahora exige echar por inhabilidad moral. En la misma campaña electoral, durante una entrevista en televisión, llegó a calificar como “gente de bien” a Juan Carlos Maqueda, otro juez con pasado como dirigente peronista, nombrado por Eduardo Duhalde y que sobrevivió sin acusación alguna al recambio que impulsó Kirchner. Reconoció que tenía contactos con él y con Ricardo Lorenzetti, el cuarto blanco de la ofensiva actual. “Al doctor Lorenzetti hace un año largo que no lo veo. Fui a tomar un café con él porque me dijo: ‘¿Estás cerca de Tribunales?, venite a tomar un café’”, contó el entonces candidato del Frente de Todos, al blanquear una relación de familiaridad con el juez al que en 2004 él promovió para la Corte cuando era un abogado de Rafaela que ejercía la profesión fuera de los radares de la alta política nacional.
El derrotero que termina en la denuncia de máxima gravedad institucional contra los cuatro integrantes del tribunal había tenido un capítulo previo el año pasado cuando Fernández juntó a los gobernadores del Frente de Todos para promover la creación de una “Corte federal” de 25 miembros, uno por provincia. Otro proyecto condenado al fracaso de antemano y que expuso una vez más su virtud de polemista con el archivo propio. El Presidente que percibía en 2022 “una crisis de funcionamiento que atenta contra la legitimidad de la Corte” postulaba cuando era un desertor del kirchnerismo: “La Corte debe tener cinco miembros, debe funcionar con cinco miembros y deben ser miembros tan probos como los que están”. Las ilusiones de aumentar sus integrantes eran, a su juicio de experto, “una fantasía en parte impulsada por una idea teórica de Eugenio Zaffaroni”.
Como candidato a presidente giró hacia posiciones críticas del servicio de Justicia para reprochar el avance de las causas de corrupción contra Cristina Kirchner. Pero siempre preservó a la Corte y enfatizó que no iba a promover cambios drásticos en función de la impunidad de nadie. “No lo voy a hacer: grábelo”, le dijo a Mario Pereyra, ya fallecido conductor de Cadena 3, en una tensa charla radial de 2019 en la que se puso en duda si iba a tomárselas contra el Poder Judicial en caso de ganar.
La incapacidad política del Gobierno para satisfacer los reclamos judiciales de Cristina Kirchner se hizo notable desde 2020. No avanzó la reforma judicial, no logró nombrar al procurador general, no presentó siquiera un candidato para la vacante que existe en la Corte, no pudo renovar como quería la Cámara Federal, no saca del pantano el Consejo de la Magistratura (donde Rosatti ejercerá la presidencia mientras no se pacte una nueva ley). El ministro de Justicia, Martín Soria, solo tomó contacto con la Corte para leerles en la cara un panfleto cargado de acusaciones temerarias. La vicepresidenta fue condenada por fraude al Estado y los últimos fallos del máximo tribunal han contrariado al Gobierno. Amagó con incumplir el último -el que lo obliga a aumentarle los giros nacionales a la Ciudad de Buenos Aires- y a los dos días reculó.
Ahora, al ponerse al frente del juicio político, Fernández ofrece sus servicios otra vez a una clienta que ya no le cree. Se suma a la tesis del “vacío jurídico” que expuso la vicepresidenta (oh, curiosidad, una idea original de Zaffaroni) y desata un conflicto constitucional de bajo vuelo, en el que puede todo menos ganar.
Consigue, eso sí, retener centralidad en el año electoral e ilusionarse con llenar el formulario que el kirchnerismo duro pone delante de quien quiera tener su apoyo para las presidenciales: hay que bancar la idea del golpe de Estado encubierto y explicar cómo el sistema judicial está amañado para sacar a Cristina de la cancha.
El problema para Alberto es que el kirchnerismo solo olvida por conveniencia. Antes que a él y a sus excusas, en La Cámpora y alrededores son más proclives a aceptar un candidato que ignora los tambores de guerra y habita en los salones del establishment, como Sergio Massa, si es que logra el módico milagro de atenuar la inflación.
El peronismo también navega incómodo la impostura que vende el Gobierno sobre la Corte golpista. Solo un puñado de gobernadores se subieron a la batalla convencidos, en busca del aplauso de Cristina Kirchner. El resto oscila entre sumarse en voz baja o escapar de un proceso que solo puede terminar en un enchastre de acusaciones surgidas de pinchaduras ilegales. Los principales sindicalistas de la CGT tampoco levantaron la voz, siguiendo el ejemplo de Massa, y en la Casa Rosada se desesperan por garantizar que no se retobe nadie de su exigua mayoría en la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados. Al menos para sacar un dictamen acusatorio que permita desgastar por más tiempo a los jueces.
De ese modo, el último año del mandato de Fernández empieza como un tributo a sí mismo. El presidente que se define como un “hombre de diálogo” y que vino a “acabar con la grieta” se despide a todo volumen con un rock&roll institucional destinado a dejar apenas el rastro perdurable de un ruido estéril.
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POLITICA
Milei impuso la negociación bilateral con las provincias y se desarticuló el frente de gobernadores

Los gobernadores permanecen dispersos frente a la aceleración de las reuniones individuales que protagoniza el ministro del Interior, Diego Santilli, de cara al tratamiento de la reforma laboral durante las sesiones extraordinarias del Congreso. A la estrategia de diálogo bilateral delineada por el Gobierno, se agregan la debilidad de los incipientes bloques entre mandatarios, el receso legislativo y las licencias, que los fragmenta más de la cuenta.
Los jefes provinciales que mantienen afinidades geográficas o ideológicas conservan el diálogo, con variada intensidad según el caso. No obstante, no constituyen frentes consolidados que planteen una negociación colectiva con el Poder Ejecutivo, pese a compartir la inquietud por el artículo 191 del proyecto de modernización laboral, que reduce la recaudación de Ganancias y, en consecuencia, perjudica la coparticipación.
El panorama contrasta con el estallido de encuentros grupales que se produjo durante los últimos meses del año pasado, tanto durante la campaña electoral como en la previa del tratamiento legislativo del Presupuesto 2026, finalmente aprobado. Actuaron en bloque para presionar por el reparto del impuesto al combustible y de los Aportes del Tesoro de la Nación (ATN).
En diálogo con , una funcionaria del gabinete de Axel Kicillof (provincia de Buenos Aires) reconoció que los viajes de Santilli “debilitan los proyectos en conjunto” de los jefes provinciales, aunque destacó que esto no sucede con los peronistas del ala más opositora. “El problema es cómo [el Gobierno] va comparando voluntades de manera individual. Distintas provincias han votado por una obrita, una concesión de un recurso natural o un cambio en el presupuesto”, expresó.
Hay un grupo de mandatarios de origen peronista que dialoga permanentemente con el Gobierno y cuyos legisladores suelen acompañarlo en las votaciones en el Congreso. Se trata de Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Gustavo Sáenz (Salta), quienes suelen trabajar en conjunto con Hugo Passalacqua (Misiones) y Rolando Figueroa (Neuquén), según enumeró el catamarqueño a .
Estos gobernadores se reunieron reiteradamente a fines de noviembre, en vísperas del recambio de bancas y del tratamiento del Presupuesto 2026, que sus legisladores finalmente apoyaron. Incluso intentaron conformar un interbloque, pero el ensayo terminó frustrado.
Entre estos mandatarios, Santilli mantuvo encuentros durante enero con los jefes provinciales de Salta y Neuquén y “estará yendo a ver a los gobernadores de Misiones, Tucumán y Catamarca en algún momento, aunque aún no hay fecha definida”, según supo de una fuente cercana al ministro.
Jalil espera que el diálogo entre estos líderes provinciales se reactive de forma privada la próxima semana, en la previa al debate de la modernización laboral. Pese al intento frustrado de conformar un interbloque, señaló que el trabajo conjunto de los legisladores que les responden “está funcionando en el Congreso, cada uno con su bloque”. Asimismo, indicó que están “preocupados” por el artículo referido a Ganancias.
En un peronismo que atraviesa una crisis de liderazgo, aparece otro conjunto de gobernadores, más identificados con el kirchnerismo, que también se encuentra en estado de alerta por el impacto de la reforma en la recaudación de las provincias.
Kicillof, Sergio Ziliotto (La Pampa), Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa), Gustavo Melella (Tierra del Fuego) y Elías Suárez (Santiago del Estero) se reunieron el 16 de diciembre en la Casa de La Pampa en la ciudad de Buenos Aires, junto a diputados y senadores nacionales, en una demostración de trabajo conjunto.
Una funcionaria cercana a Kicillof señaló que estos gobernadores tienen la intención de “votar juntos” contra la reforma laboral y “sumar votos para conseguir que no se vote”.
Este grupo conserva un “diálogo totalmente fluido” -que contrasta con las conversaciones que mantienen con gobernadores de otros espacios- y tiene el objetivo de frenar las iniciativas impulsadas por el oficialismo en el Congreso. Su tarea será meramente defensiva, dado que consideran que sus proyectos serían “puramente declamativos” en tanto entienden que no llegarían al recinto, explicó la dirigente.
Entre ellos, solo el pampeano y el santiagueño fueron convocados y mantuvieron encuentros con Santilli desde que asumió su cargo. “Ziliotto [se reúne] pero no se mueve un milímetro. Tiene muy claro su lugar”, dijo.
Por su parte, dos fuentes de Provincias Unidas, el bloque que se referencia principalmente en los mandatarios de Córdoba (Martín Llaryora), Santa Fe (Maximiliano Pullaro), Chubut (Ignacio Torres) y Jujuy (Carlos Sadir), coincidieron en que el diálogo con Nación convive con el vínculo entre los mandatarios, sin obstaculizarlo. “Que reciban y conversen con Santilli no significa que entre ellos no tengan una coordinación”.
Sin embargo, una fuente parlamentaria del espacio dijo que la comunicación entre jefes provinciales “está bastante más fría” en comparación a los meses de campaña. “La iniciativa la tiene el Gobierno”, dijo, y admitió que la estrategia nacional de negociar individualmente fue “rompiendo”.
Provincias Unidas dejó atrás las presentaciones públicas que repitió en numerosas ocasiones durante la campaña. Luego del 6,95% de los votos -que quedó lejos de sus expectativas-, mermaron las apariciones colectivas.
“No hay algo concreto que obligue a hacer una demostración en conjunto en pleno verano”, explicó una fuente que coordina el vínculo entre los gobernadores de Provincias Unidas, en diálogo con .
Explicó que cada uno está concentrado en la agenda de su respectiva provincia y que el diálogo grupal lo acapara la reforma laboral. “Estamos de acuerdo con que tiene que haber una modernización. Lo que planteamos es que no tiene que ser cada ley en contra de los recursos de las provincias”, dijo, y mencionó el artículo sobre Ganancias: “Ahí ningún gobernador está de acuerdo”.
Una fuente del equipo de Pullaro agregó que en el proyecto “hay cosas que se deberían modificar”, pero que de todos modos “no va a haber trabas”.
el ministro del Interior, Diego Santilli,intentaron conformar un interbloque,por el artículo referido a Ganancias,se reunieron el 16 de diciembre en la Casa de La Pampa,las presentaciones públicas que repitió en numerosas ocasiones,Reforma laboral,Conforme a,,Tensión. Los gobernadores vuelven a la carga por la obra pública en medio de la negociación por la reforma laboral,,»Tour de la gratitud». Milei llega este lunes a Mar del Plata y el martes habla en La Derecha Fest,,Daniel Angelici. El radical que gana poder en la gestión porteña con el aval de los primos Macri,Reforma laboral,,La IA para los mayores de 55. Cómo la inteligencia artificial extiende la vida laboral de los trabajadores silver,,Costo argentino. Un laberinto impositivo: pese a las promesas, las pymes aún pagan 37 tributos y sólo les quitaron el impuesto PAIS,,Reforma laboral. El oficialismo reactiva las negociaciones en el Senado para aprobar el proyecto a mediados de febrero
POLITICA
Los detalles del proyecto de la baja en la edad de imputabilidad, que será parte del temario en sesiones extraordinarias

El Gobierno anunció que el proyecto de la baja en la edad de imputabilidad será parte del temario en sesiones extraordinarias, del 2 de febrero hasta el 27 de ese mes.
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, anticipó en su cuenta de X que la ley Penal Juvenil será debatida en febrero en el Congreso, luego de encabezar una reunión de la mesa política del Gobierno en Casa Rosada para monitorear las negociaciones por la propuesta de reforma laboral que impulsa el oficialismo.
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Adorni publicó en su cuenta de X: “Reunidos en Casa Rosada desde temprano. La ‘Ley Penal Juvenil’ también formará parte del temario de las sesiones extraordinarias. Fin”.
Participaron de la cumbre liderada por Adorni la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, los ministros, Diego Santilli (Interior), Luis Caputo (Economía), el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, la jefa de bloque de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich, el asesor presidencial, Santiago Caputo, y el secretario de Asuntos Estratégicos de la jefatura de Gabinete, Ignacio Devitt.
Fuerte presión de LLA a la baja en la edad de imputabilidad: “Veremos quiénes siguen defendiendo a los delincuentes”
La exministra de Seguridad destacó en su cuenta de X: “Nos vemos en el Congreso en febrero para tratar la Ley Penal Juvenil y actualizar la edad de imputabilidad. La sociedad necesita justicia y prevenir nuevas víctimas. No más excusas ni dilaciones. Ahí vamos a ver con claridad quiénes están del lado de los argentinos, y quiénes siguen defendiendo a los delincuentes».
El diputado de LLA y exministro de Defensa, Luis Petri, publicó en su cuenta de X: “¡Bajar la edad de imputabilidad es urgente y necesario! ¿Cuántas nuevas víctimas vamos a esperar para reformar una ley que demuestra su fracaso cada vez que un hecho violento deja a una familia destrozada en manos de un peligroso delincuente que mata a sangre fría?“.
Petri planteó: “¡El presidente Javier Milei habilitará su tratamiento en extraordinarias! Bajar la edad de imputabilidad es un debate impostergable que requiere ser resuelto por el Congreso de la Nación. La Argentina cuenta con una de las edades más altas del mundo y eso genera la imposibilidad de hacer justicia y la impunidad para quienes cometen delitos aún comprendiendo cabalmente lo que hacían. ¡Una lucha de décadas que tiene que quedar definitivamente saldada y así será!“.
El dictamen como antecedente del debate de la baja de la imputabilidad
El plenario de las comisiones de Legislación Penal, Presupuesto, Justicia y Familias, Niñez y Juventudes de Diputados trabajó durante varios meses el año pasado y consensuó 12 proyectos de ley que establecían la edad de imputabilidad de los menores entre los 16 y los 12 años.
El dictamen de mayoría salió con las firmas de los libertarios, el PRO, la UCR, partidos provinciales, la Coalición Cívica, Encuentro Federal y Democracia para Siempre. Se trató de un amplio consenso que modificó el proyecto original del Poder Ejecutivo, que reducía la edad de imputabilidad a los 13 años.
Finalmente, el plenario de cuatro comisiones, liderado por la diputada Laura Rodríguez Machado, titular de Legislación Penal, estableció que el régimen penal se cambie de los 16 a los 14 años; penas máximas de hasta 15 años; y sanciones alternativas para condenas menores a 10 años referidas a servicios comunitarios, prohibición de conducción y reparaciones económicas.
La bancada de Unión por la Patria consideró que la edad debía mantenerse y seguir en los 16 años, mientras que el Frente de Izquierda rechazó de plano cualquier cambio a la norma actual.
imputabilidad, Congreso, sesiones extraordinarias
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