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POLITICA

Milei y la búsqueda de un desarrollo sin desarrollismo

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Primero, ¿cómo crecer? Segundo, ¿cómo alcanzar el desarrollo de la mano del crecimiento? Con el horizonte del Milei segunda etapa, la polémica que ordena cada vez más el juego de la política gira en torno a esas preguntas centrales para los dos años por venir. Las respuestas que se impongan van a definir el camino hacia 2027. Se conectan con lo que será evaluado al final del mandato de Javier Milei, además de la inflación a la baja: la marcha de la economía real con el crecimiento y sus efectos en el metro cuadrado de la gente, el consumo y el salario y su poder adquisitivo. ¿Con la macro alcanza como política que riegue el crecimiento productivo, como quiere el mileísmo? ¿O hay que volver al ministerio de Desarrollo Productivo que le gusta al no-mileísmo?

El crecimiento económico es la meta organizadora del mediano-corto plazo. En ese marco, ese debate va tomando cada vez más vuelo y atraviesa la polarización argentina de estos nuevos tiempos mileístas: ya no es kirchnerismo vs. antikirchnerismo. Ahora manda el mileísmo versus el no-mileísmo: todo lo que intenta reinventarse desesperadamente después del nuevo triunfo de Milei, desde el peronismo y el kirchnerismo hasta la oposición del centro que no dio el salto al universo libertario, donde están Pullaro, Lousteau, Rodríguez Larreta, entre otros.

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Desde el lado no-mileísta de la vida argentina, la respuesta es: dirigismo estatal con pretensión virtuosa, capaz de diseñar políticas integrales de desarrollo productivo por sector y por territorio. Es el marco conceptual que se plantea un kirchnerismo residual, o un albertismo igualmente residual, que enfrenta una amenaza existencial, ser o no seguir siendo, y está en busca de un programa que le hable al futuro argentino desde el peronismo: tamaño desafío no sólo por el estado del peronismo sino por el estado del Estado. Después de 40 años de democracia y un abuso clientelar del Estado, hay que dudar de las capacidades estatales disponibles para el despliegue de la inteligencia productiva.

Desde el lado mileísta, en cambio, la respuesta está en las antípodas: achicamiento al máximo de un Estado-obstáculo incapaz, una acción política con pretensión liberadora del potencial productivo a partir del ímpetu de los privados moviéndose a sus anchas en la nueva cancha liberada. Es decir, para el mileísmo es posible llegar al desarrollo sin desarrollismo.

El desafío en el que creen los libertarios es evitar que un Estado ineficiente se interponga en el camino del crecimiento: una derivación neo-productivista sui generis de la motosierra que definió la utopía mileísta en sus meses fundacionales. O en palabras de Pablo Lavigne, el secretario de Coordinación Productiva de la Nación, en un debate organizado en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA la semana pasada sobre políticas públicas para el desarrollo productivo: “Hay una sobreestimación de la capacidad del Estado” y “la mejor política pública es la inexistencia”.

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Estabilidad macroeconómica, desregulaciones racionales, integración al mundo: hasta ahí, queda definido el alcance de la política productiva del Gobierno, según precisó Lavigne. Es decir, nada de política productiva clásica. En cambio, una matriz conceptual productiva que encuentra sus herramientas en otros ministerios: la política macroeconómica, la política de achicamiento del Estado de Sturzenegger y política de eliminación de trabas al juego de exportaciones-importaciones. Con la suma de la reforma laboral, impositiva y previsional quedaría conformada la política productiva del Gobierno. Hacer política productiva por otros medios.

Es curioso: en el debate de la UBA, el que más acordó con Lavigne en el poder productivo de la antipolítica productiva mileísta y le hizo de segunda voz fue el gobernador Rogelio Frigerio, el nieto de Rogelio Frigerio, figura fundacional del desarrollismo argentino junto con Arturo Frondizi. En la UBA, Frigerio sintetizó las bondades de la visión mileísta de la política de desarrollo productivo, el no-lugar libertario para cualquier centralización de esa política. Según el gobernador de Entre Ríos, “si se garantizan los niveles de inflación de Paraguay, un sistema impositivo sin retenciones, sin impuesto al cheque y estabilidad, yo no sé cuánto te podría demandar un productor de políticas industriales clásicas”. Es decir, una política productiva a la Milei, la no-política productiva, funcionaría tanto o mejor que una política productiva clásica.

Con la definición de las condiciones macro de producción alcanza como marco tan necesario como suficiente, y eso es central, para el desarrollo productivo. Y al contrario, una gestión productiva clásica que se produzca en un vacío de racionalidad macroeconómica no tendría destino. Esa es la cosmovisión que domina en el oficialismo respecto de la estrategia de crecimiento.

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En esa perspectiva, los logros macro del Gobierno conducen al crecimiento con desarrollo. Primero, debería llegar la inflación a la paraguaya que le gusta a Frigerio, que en 2024 fue del 3,8 por ciento anual, y en esas condiciones, seguiría la libertad para crecer. El ministro Luis Caputo todavía no conquistó esa hazaña: la inflación de un dígito anual todavía está lejos en la Argentina. Pero para la etapa que se inicia, el oficialismo da tácitamente por alcanzada la fase de contención inflacionaria: en el equipo económico, la narrativa pública es que una inflación alta y en suba alocada ya no es un tema en la Argentina de Milei. Aún cuando octubre mostró una inflación algo al alza, con 2,3 por ciento, el equipo económico se concentra en minimizar ese aumento y en dar el tema como prácticamente resuelto. La versión que mejor sintetiza ese punto la suele dar el viceministro de Economía, José Luis Daza: “La inflación en la Argentina va a converger a la del resto del mundo”. En su concepción, los fundamentals del déficit cero o el superávit fiscal son el reaseguro contra cualquier emisión inflacionaria. Mientras, el equipo económico avanza hacia el verano con nuevas ínfulas de crecimiento.

El debate sobre una política productiva que conduzca al crecimiento no es sólo un debate sobre si obra pública sí o no: eso es apenas una pieza del rompecabezas de la diferenciación política de los próximos meses que pasa por el tema productivo. El mileísmo avanza en su conceptualización de un Estado mínimo pero con efectos positivos de crecimiento y desarrollo. La oposición se reorganiza en una defensa de la política como el motor explícito y centralizado de ese proceso productivo.

En cada una de esas miradas, hay riesgos. Para el oficialismo, está en juego una relación causal que todavía le falta probar: la que lleva desde la racionalidad macroeconómica y la desregulación, el máximo posible de política centralizada que admite la gestión libertaria, hasta el crecimiento y el desarrollo. Es decir, cómo los fundamentals de la macro y la voluntad política de desactivar al Estado-burócrata alcanzan como política para el desarrollo productivo. Que el resultado de ese proceso se vea no sólo en los grandes jugadores de la economía y en grandes empresas sino en el tejido social más denso: las microempresas y las Pyme, y la gente.

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Para la oposición que busca renacer del desconcierto político, el riesgo es que cualquier defensa de la centralización planificada de la economía se convierta en una defensa corporativa de la casta política y de la casta empresarial, otra vez. Es decir, otra política ineficiente en lo productivo, efectiva para engrosar las arcas políticas privadas y públicas, y alejada de la gente y la transformación de sus condiciones de vida. O en el peor de los casos, otra versión del capitalismo de amigos.

En ese plan de reinvención dentro del peronismo en sentido amplio, están desde Emmanuel Álvarez Agis, número dos de Kicillof cuando era ministro de Economía, a Martín Guzmán, el ministro de Economía de Alberto Fernández, Matías Kulfas, su ministro de Desarrollo Productivo y, en buena medida, el ideario de la Fundación Fundar, un think tank fundado por el matemático Sebastián Ceria, que se tutea con esa dirigencia y hace su aporte con el diseño de política públicas basadas en evidencia.

Ceria se viene involucrando en la cosa pública desde hace tiempo. Es matemático egresado de la UBA dedicado con éxito al mundo de los negocios de la economía del conocimiento en el sector de las finanzas globales, con doctorado en Matemática Aplicada por la Universidad Carnegie Mellon en Estados Unidos. En 2019, vendió Axioma, su primera empresa tecnológica, por 850 millones de dólares. Durante diez años, en su rol de filántropo, fue clave en la concreción del proyecto Cero+Infinito, el edificio de la Facultad de Ciencias Exactas donado por el arquitecto Rafael Viñoly. Ceria también hizo su donación, 150.000 dólares, y esfuerzo personal para empujar el proyecto a lo largo de tres gobiernos, Cristina Kirchner, Macri, Alberto Fernández. Costó 30 millones de dólares.

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Aunque sin adscripción política explícita, los brindis de fin de año de Fundar dejan claro el entramado de la dirigencia peronista sobre todo, pero no sólo peronista, que se referencia en esa visión de la política productiva. De hecho, el director del área de Desarrollo Productivo y Sostenible de Fundar es el sociólogo Daniel Schteingart, un experto en datos económicos con visión desarrollista, que integró el ministerio de Desarrollo de Kulfas.

Este año, el cierre del año de Fundar logró reunir a Eduardo de Pedro; Juan Grabois, Itai Hagman, Hugo Yasky, Ofelia Fernández y Federico Otermín, además de Guzmán, Kulfas y otros exministros albertistas como Kelly Olmos. También suele asistir un no-mileísmo más de centro, como Larreta, Monzó y Massot, entre otros. Lo más exmacrista que hubo fue Lino Barañao. El oficialismo mileísta estuvo ausente.

En ese sector ideológico peronista o filo peronista hay fe en las políticas públicas y en el rol del Estado diseñándolas y ejecutándolas. También hay esfuerzo por encontrarle el agujero al mate de un peronismo posible para enamorar a una Argentina que Milei capta mejor que nadie. Pero el problema no es sólo de idearios: la cuestión es si los mismos rostros del kirchnerismo y de su versión albertista pueden reciclarse con credibilidad. Tarea ciclópea.

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De todas formas, no todo es lo que parece. El no-lugar del desarrollismo productivo que agita el mileísmo muestra contradicciones. Por un lado Tierra del Fuego, el régimen especial que el mileísmo no toca. O el RIGI, un régimen de incentivos a las grandes inversiones sobre todo en petróleo, gas y minería. El costado productivo clásico del Gobierno. En realidad, el no-lugar de la política productiva mileísta va acompañado de un factor clave: el rol de los gobernadores y las provincias.

Mientras el Estado nacional hace macroeconomía como política productiva y se retira del desarrollismo clásico, las provincias terminan asumiendo el rol productivo en sentido amplio, incluyendo las obras de infraestructura. ¿Es una contradicción no deseada? ¿O más bien un efecto del diseño de país que imagina Milei? Falta probar que les convenga a todos.


Luciana Vázquez,Javier Milei,Conforme a,Javier Milei,,Javier Milei, en vivo: las últimas noticias,,Análisis. Milei, en guardia contra Cristina Kirchner y Chiqui Tapia,,Los desafíos de Presti. El nuevo ministro de Defensa afrontará reclamos salariales y quejas por la crisis de la obra social

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Solo en off: las razones de la salida de Paul Starc de la UIF que desmienten la versión oficial

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En los días que siguieron a la salida de Paul Starc de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) surgieron versiones alternativas a la que ofreció el Gobierno respecto a su partida, que habría resultado ser más traumática de lo que trascendió desde el oficialismo.

Por su rol antilavado, de recepción y análisis de datos, la UIF está obligada a desplegar sus actividades en contacto continuo con otros organismos, y los chispazos entre Starc y otras áreas del Estado se dieron desde el comienzo de su gestión, y de forma permanente, aseguraron a fuentes indiscretas que lo trataron durante su paso por el organismo.

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Los desentendimientos del otrora fiscal federal de Tres de Febrero habrían sido con la Procuraduría General y el Ministerio de Economía, en este caso, según trascendió, por diferencias en torno a la ley de Inocencia Fiscal. Pero tampoco faltaron roces con la Procelac, una fiscalía especializada en lavado, a la que Starc elegía eludir cuando presentaba sus denuncias en la Justicia, y con el Ministerio de Justicia que lidera Mariano Cúneo Libarona, cartera con la que nunca logró acordar el reparto de una reparación integral millonaria en un juicio.

Así, la red de vínculos del funcionario se fue deshilachando. La manifestación más gráfica de ese proceso llegó con la decisión de clausurar la puerta que conectaba su despacho con el de la vicepresidencia, en manos de Santiago Martín González Rodríguez. Su aislamiento, sin embargo, alcanzó nuevas profundidades un mediodía, cuando solicitó, con cierto temor, que le probaran la comida. El mecanismo de prevención terminó por encender nuevas alarmas.

El Gobierno maquilló las desventuras al sostener que el funcionario no volvería a su fiscalía natal, sino que sería relocalizado como parte del directorio del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), un lugar de baja exposición política y buen sueldo, adonde el fiscal buscaba recalar. Pero su desembarco allí no estaría permitido por la ley de ética pública por su cargo anterior.

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Ante la noticia, algunos se pusieron rigurosos con un tecnicismo, resaltando un artículo de la reglamentación de la UIF que impide a sus autoridades desempeñar cualquier rol profesional que esté obligado a reportar irregularidades ante el propio organismo antilavado, por el cabo de dos años. Es el caso de los contadores públicos o de las entidades financieras, como el Bice.

Otros ponen en duda incluso los dichos del Gobierno tras su salida – que “desempeñó sus funciones con profesionalismo”- y aseguran que, en octubre último, durante una corta visita de dos días a Paris en el marco de un plenario internacional, el exfiscal dividió su tiempo entre los compromisos antilavado y el disfrute nocturno.

El Congreso no es solo negociaciones, leyes y rosca política. También hay lugar para la charla distendida, los vínculos personales y, por qué no, el amor. En los últimos días comenzó a circular un comentario sobre un acercamiento entre dos legisladores que cruza provincias y pertenencias políticas.

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De Buenos Aires a Catamarca, y del ex Juntos por el Cambio al peronismo, Fernanda Ávila y Nicolás Massot quedaron envueltos en rumores que hablan de una sintonía que va más allá de lo parlamentario. La casualidad quiso que, en este nuevo período legislativo, quedaran sentados juntos en el recinto.

Los diputados Nicolás Massot y Fernanda ÁvilaManuel Cortina

Ávila se referencia políticamente con el gobernador Raúl Jalil, fue secretaria de Minería durante el último tramo del gobierno de Alberto Fernández y hoy integra el bloque Elijo Catamarca, tras escindirse de Unión por la Patria junto a otros aliados del mandatario provincial.

Massot, en tanto, integra Encuentro Federal, el bloque que preside Miguel Ángel Pichetto, y el interbloque Unidos. Se sabe que el diputado bonaerense terminó su matrimonio el año pasado. El resto, por ahora, circula solo en clave de off.

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Una cumbre de jefes de bloque en la presidencia de la Cámara de Diputados, con Martín Menem como anfitrión, congregó el miércoles por la tarde a periodistas de distintos medios en los pasillos del Congreso. Hacían guardia, charlaban con legisladores a medida que salían de la reunión y cruzaban off the record, cuando algo empezó a desentonar.

Entre off y off, periodistas y diputados comenzaron a toser, lagrimear y, en algunos casos, a ponerse visiblemente colorados. “¿Qué está pasando?”, fue la pregunta que empezó a repetirse. Hubo hipótesis rápidas: el polvo de la cafetería en obra, a pocos metros de donde estaban. Duró poco. La explicación era otra.

El gas lacrimógeno estaba entrando por las aberturas desde la calle, donde se desarrollaba una nueva movilización de jubilados y personas con discapacidad, ya convertida en una postal recurrente de los miércoles. En esa misma protesta fue detenido el padre Paco Olveira, que reclamaba junto a las organizaciones convocantes.

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La escena se trasladó entonces del off político al resguardo físico: la actividad periodística quedó interrumpida y los cronistas se dispersaron por los pasillos en busca de aire, entre tos y ojos llorosos.

La agenda “antiwoke” de Clara Muzzio, la dos de Jorge Macri

Febrero comenzó con cambios para la vicejefa de gobierno, Clara Muzzio, que, por apenas dos días, reemplazó el conocido recinto de la Legislatura porteña por el hemiciclo del Parlamento Europeo. Allí, el martes pasado, la segunda al mando de Jorge Macri consolidaba su admisión a la derecha global con su participación en la VII Cumbre Transatlántica, el evento que también convocó a parte del repertorio de aliados internacionales de Javier Milei como el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, y el diputado español y referente de Vox, Santiago Abascal.

Muzzio había recibido su invitación a la cumbre en octubre a instancias de la Red Política por los Valores, una agrupación que reivindica la “cultura de la vida y la familia como célula básica de la sociedad”. Era un reconocimiento a su trabajo no oficial como portavoz de esos valores, un rol que construyó a base de tuits y publicaciones en redes sociales sobre la baja de la natalidad y las concepciones “biológicas” sobre género y sexualidad.

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La vicejefa de gobierno llegó al Parlamento Europeo el 3 de febrero para exponer sobre libertad de expresión ante un repertorio que mira con desconfianza los discursos políticamente correctos. Allí, también estaban, como invitados, los diputados de La Libertad Avanza Nicolás Mayoraz y Santiago Santurio.

Su alocución fue breve, pero contundente. En apenas ocho minutos, relató los agravios que recibe por mostrarse en contra de la interrupción voluntaria del embarazo o las transiciones de género. Pero ante todo, reafirmó su banca en las filas de la derecha internacional con una premisa concisa: “Siempre defenderé la verdad objetiva, biológica y científica”.

Sonriente y enfundada en un traje sastrero marrón chocolate, la dirigente de Pro dejó atrás las camisetas con los colores de la bandera LGBTIQ+ que alguna vez lució junto a exfuncionarios de Horacio Rodríguez Larreta y que las redes sociales le recuerdan con cierta frecuencia. Quienes la conocen dicen sin dudar que esta mujer alineada con la definición binaria del sexo y la agenda provida -“antiwoke” en términos libetarios- es “la verdadera Clara”.

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Menuda sorpresa se llevaron algunos diputados nacionales libertarios cuando, la noche del martes pasado, se apareció nada menos que la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, a la comida que compartían en un coqueto restaurant de sushi de Villa Crespo.

Karina Milei, la semana pasada, cuando se realizó el DNI digital en la Casa RosadaPresidencia

De buen humor, la hermana del presidente y jefa política del espacio saludó con beso y abrazo a cada uno y, en un improvisado discurso, instó a sus acólitos a preservar la unidad, no ventilar las desavenencias al sol y a priorizar las políticas del Gobierno. “A los proyectos del Poder Ejecutivo primero se los vota y después se los lee”, aleccionó, como para que no quedaran dudas. La aplaudieron a rabiar.


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El estreno de la hegemonía mileísta

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“Gran semana por delante”. La frase del jefe de gabinete, Manuel Adorni, en su amanecer tuitero dominical no pretendió ser una manifestación de buenos deseos sino un augurio de lo que está por venir en los próximos días.

La optimista expresión hace pública así la intención oficialista de inaugurar, a partir del miércoles, en el Congreso, una hegemonía nacida del triunfo en las recientes elecciones legislativas.

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El acto inaugural se daría con la aprobación de la reforma laboral, en el Senado, y del nuevo régimen penal juvenil, en Diputados. Por contraste, la media sanción de esos dos proyectos del Gobierno resaltaría el vacío, la orfandad y la impotencia de la oposición, en todas sus versiones.

La más sonora de las debilidades que quedará expuesta será la del peronismo, en general, y la del kirchnerismo, en particular. Para Cristina Kirchner y su brazo político -La Cámpora- significará la consagración de un ocaso inexorable, que anteayer tuvo una de las más duras manifestaciones.

Fue su rendición negociada en la conducción del PJ bonaerense, que de Máximo Kirchner y lo suyos pasó a manos de Axel Kicillof y los intendentes peronistas, quienes hace ya casi dos años comenzaron a levantarse contra el dedo y la voz de “la jefa” y obligaron al gobernador a empezar a romper el cordón umbilical con quien fue su madre política y quien lo había llevado a ganar la primera elección de su vida.

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El avance de la reforma laboral en el Senado, a la que todavía le quedan varios detalles por terminar de definir, con negociaciones que irán hasta el filo del comienzo de la sesión y concesiones que el Gobierno intenta mantener en secreto, pondrá en el centro de la escena la debilidad histórica que atraviesa el movimiento fundado hace 81 años por Juan Perón.

Hasta acá y mientras el peronismo no estuvo proscripto, ni la más mínima modificación de la legislación laboral vigente (en muchos casos desde hace cinco décadas o más) fue realizada sino tenía el sello de su autoría. Y mucho menos cualquiera que derogara institutos legales o limitara derechos que para el peronismo eran intocables.

La “modernización” (como le gusta al gobierno que se denomine a la reforma) que se apresta a aprobar el Senado, si nada de lo previsto falla, abre una nueva era en el marco regulatorio de las relaciones del trabajo, no sólo acorde con los cambios en la producción, la economía y la sociedad registrados en el último medio siglo y acelerados en la última década y media.

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La iniciativa avanza hasta a cotas altísimas de desregulación con el sello liberal y con la limitación de algunas protecciones para los trabajadores que ni Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa o Mauricio Macri intentaron hacer y aún así fracasaron estrepitosamente.

En esta ocasión, en cambio, hasta algunos legisladores del bloque justicialista, que responden a al menos tres gobernadores peronistas, votarán en general la iniciativa mileísta. Impensable hace apenas dos años. Un cambio de época. Expresiones de una nueva hegemonía y del ocaso de la civilización peronista. Al menos, por ahora.

Los sectores más directamente involucrados del peronismo en la cuestión laboral, como los sindicalistas, y los dirigentes, mandatarios provinciales y legisladores más nítidamente opositores al Gobierno se conforman ahora con mostrar una resistencia que no excede de lo meramente simbólica, tanto en la calle como en el Congreso. Dos ámbitos que fueron bastiones inexpugnables e hicieron inviable las iniciativas reformistas de las tres administraciones no peronistas anteriores a la de Milei.

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Un bloque fracturado de hecho en la Cámara alta y una movilización sin muchas expectativas de ser multitudinaria frente al Congreso serán la representación cabal de la decadencia y la crisis de liderazgo y representación por la que transita el peronismo.

Apenas si se ilusionan los sindicalistas y los dirigentes del PJ con alguna limitación en su aplicación que, luego de sancionada, pueda lograr en las primeras instancias judiciales, pero sin ninguna certeza de que eso prospere cuando sea evaluada en instancias superiores.

Expertos del oficialismo y también algunos no encuadrados en el pensamiento mileísta, en cambio, dudan de que finalmente pueda haber trabas para la aplicación de la iniciativa si es sancionada, finalmente, por la Cámara de Diputados. Pero para eso todavía falta demasiado. Tanto que la Casa Rosada ni siquiera ha empezado el laboreo en la Cámara baja para lograr las adhesiones necesarias.

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El resto de los opositores moderados, como los gobernadores que integran la variopinta y aún amorfa unión transitoria de partidos llamada (en un exceso de entusiasmo) Provincias Unidas, apenas si sumarán su cuestionamiento a algunos artículos en particular, pero sin hacer demasiado ruido, a excepción del capítulo fiscal de la reforma en defensa de sus intereses.

Por eso, ese es el apartado de la redacción original sobre el que más dudas siguen existiendo respecto de su suerte en el debate en el recinto. El Gobierno siguió intentando durante el fin de semana y lo continuará haciendo durante las próximas 72 horas. Los anzuelos, chupetines (comestible y de madera) y promesas que hasta ahora han lanzado los gestores oficiales Diego Santilli y Patricia Bullrich aún no han rendido suficientes frutos para despejar las dudas sobre el tratamiento en particular en ese tema y respecto del fondo de despidos (FAL).

“Nuestros gobernadores no están dispuestos a dar ninguna batalla que no sea la defensa de los intereses de sus provincias [y los propios]. Hasta los peronistas dicen que no piensan salir para quedar pegados con el kirchnerismo, la izquierda y los sindicalistas, que en sus electorados no pueden tener peor imagen”, admite y explica uno de los diputados más lúcidos del espacio.

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“Además, los gobernadores tienen que negociar con el Gobierno para no seguir desfinanciándose, lograr algunas obras y, así, empezar a transitar el año que los depositará en el proceso electoral 2027, en el que buscarán ser reelegidos o mantener el poder local. Ese es su gran objetivo. Después verán si tienen plafón para intentar algún proyecto presidencial”, señala el legislador que es uno de los que más trabaja para tratar de hacer de Provincias Unidas un proyecto alternativo al oficialismo libertario. Hoy, una utopía.

El escenario de resistencia parcial o simbólica a la reforma laboral deja al desnudo como pocas otras situaciones la fragmentación y la debilidad estructural del peronismo todo, así como el carácter apenas embrionario de cualquier otra construcción superadora.

En tanto, la reforma del régimen penal juvenil que se propone bajar la edad de imputabilidad a los 14 años y endurecer penas pone el kirchnerismo ante el espejo de su escualidez política.

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Pese al arraigo como demanda popular que tiene ese cambio, Cristina Kirchner y sus seguidores siempre se han abrazado a su rechazo. Visto con los ojos de la sociedad actual asoma como otro error político del kirchnerismo, aún cuando pudieran asistirlo algunas razones teóricas o a que en la práctica la punibilidad de los menores de 16 años no vaya a solucionar radicalmente el problema de la inseguridad. Pero eso solo ha alimentado su imagen de dogmáticos y ajenos a nuevas realidades sociales y criminales. Los delincuentes juveniles provocan rechazo.

El fin de ciclo del kirchnerismo y el desierto que asoma en el resto del escenario político en cuanto a proyecto nacional abre las puertas para que el Gobierno avance y acelere con “cambios irreversibles” sobre la economía, como lo explicó la semana pasada el periodista y economista Ezequiel Burgo, en Clarín. También celebra en el ámbito político y se ilusiona con “cambios irreversibles” también ese terreno, que lo conviertan en poder hegemónico por muchos años. El desierto puede ser muy pródigo en la generación de espejismos.

El entusiasmo oficialista ante la ausencia de resistencias efectivas y alternativas de poder que amenacen su representación ya ha demostrado que suele potenciar su tendencia natural al sobregiro, las autolesiones y la intolerancia.

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La semana pasada fue ejemplar en esa materia. Si no fuera por el anuncio del acuerdo de comercio e inversiones con los Estados Unidos el Gobierno hubieran cerrado otro pésimo comienzo de febrero en el plano político y comunicacional.

Los ataques al mayor industrial del país, el papelón con el nuevo índice de inflación, cuya aplicación se suspendió al borde del debut que había sido anunciado y prometido al FMI por el Gobierno, y los frívolos ejemplos personales que “Toto” Caputo utilizó para cuestionar a la producción textil y de indumentaria nacional entrarían en los anales de los desatinos oficialistas.

Eso si no fuera por los muchos antecedentes que ya acumula la administración mileísta que superan estos derrapes o porque para silenciarlos los potenció anunciando la creación de una oficina/cuenta digital para hacer patrullaje de críticas, informaciones y opiniones publicadas. Nada, vale decirlo, que gobiernos anteriores ubicados en las antípodas de lo que pretende ser este no hayan hecho.

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Pero los desaciertos por exceso de envalentonamiento no se reducen al plano retórico y de la disputa política, si no que suelen complicar objetivos nodales del propio gobierno.

Eso es lo que está pasando con la reforma laboral debido a la inclusión de un capítulo fiscal, que es resistida por los gobernadores por afectar lo que reciben por coparticipación, y sobre lo cual Milei se han mostrado intransigente para modificar.

“No creo que logremos los votos para que en particular se apruebe la rebaja de Ganancias para las empresas. El problema que tenemos es que Toto [Caputo] se pasó de rosca con lo de la reducción de impuestos y la metió en la reforma laboral cuando ya está previsto que se trate este año una super reforma fiscal. Empiojó innecesariamente el tratamiento de una trasformación que en 50 años no se pudo hacer y nunca estuvo tan cerca de salir con cambios tan profundos”, admite un conspicuo integrante del Gobierno.

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Si el ejemplo vale para lo funcional hay otro que resalta como un cartel de neón para lo político-comunicacional en la siempre lábil relación entre gobiernos y ciudadanos. También lo protagonizó el ministro de Economía.

La jactancia con la que Caputo senior se puso como ejemplo para demonizar a la industria textil al decir que nunca se había comprado ropa en la Argentina puede ser un arma de doble filo.

Si bien muchos expertos en opinión pública y en comportamientos sociales reconocen que comprar ropa u otros artículos importados es un aspiracional de una amplia mayoría de argentinos, incluidos muchos que nunca accederán a ellos o que son perjudicados por eso, también se reforzaron algunas alertas por su efecto negativo en lo electoral.

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Al respecto Eduardo Fidanza advirtió: “Uno de los motivos de rechazo o desconfianza sobre Macri, en su apogeo, expresados en sectores medio bajos y bajos era que su mundo, sus problemas y su mirada no tenían nada en común con los de ellos. Lo de Caputo puede generar y profundizar un distanciamiento similar ahora”. A pesar de que Milei es el primer político de derecha liberal que, entre 2021 y 2023, logró penetrar y obtener el voto de los sectores populares.

La conjunción policlasista que llevó al libertario a la presidencia ya mostró fisuras y filtraciones severas en las elecciones legislativas del año pasado, a pesar del triunfo nacional. El ausentismo y el mapa de votantes de 2025 terminaron mostrando una composición de adhesiones al oficialismo más parecida a la del macrismo de 2015 que al del mileísmo de 2023.

“El paso de la lucha contra la casta a la ostentación del lujo puede ser peligroso”, señala Fidanza.

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La ausencia de competencia y el rol de actor hegemónico (o monopólico) suele generar distorsiones, excesos y riesgos. También para los que gozan de ese status dominante. Para seguir con atención en la semana inaugural de la hegemonía mileísta.


Claudio Jacquelin,Conforme a

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Milei pospuso su viaje de esta semana a Estados Unidos, tras ser convocado por Trump al Consejo de Paz

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Javier Milei realizó cambios en su agenda oficial, al cancelar un viaje que tenía previsto mañana a Estados Unidos, en el que iba a asistir a la Gala de Prosperidad Hispana. Es que fue invitado por el presidente Donald Trump a la reunión inaugural del Consejo de Paz, el próximo 19 de febrero en Washington.

El viaje fue modificado por la cercanía entre ambos compromisos. “El Presidente ha decidido suspender su participación presencial y abocarse a su agenda local”, informaron en la Presidencia. Esta semana, el oficialismo buscará aprobar la reforma laboral el miércoles en el Senado y la baja de la edad de imputabilidad el jueves en Diputados.

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Javier Milei y Donald Trump en la firma de constitución del Consejo de Paz en Davos, SuizaMarkus Schreiber – AP

En su lugar, a la gala en la propiedad de Trump de Mar-a-Lago viajará el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. De todos modos, Milei participará del evento de manera virtual.

El encuentro de la próxima semana será el lanzamiento formal del Consejo de Paz impulsado por Trump. La reunión se realizará en el Instituto Estadounidense de la Paz de la capital y reunirá a jefes de Estado y líderes internacionales.

El Consejo de Paz es una iniciativa internacional impulsada por Trump, que pretende posicionarse como un espacio alternativo a los organismos multilaterales tradicionales para la resolución de conflictos armados. Además de la Argentina, sus miembros incluyen a Paraguay, Israel, Egipto, Turquía, Arabia Saudita, El Salvador, Hungría, Albania, Armenia, Azerbaiyán, Baréin, Bulgaria, Pakistán, Kazajistán, entre otros.

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La invitación a Milei se suma a de la firma del acuerdo comercial con Estados Unidos de la semana pasada, presentado por el propio Presidente como una medida que “consolida una relación estratégica entre ambos países”.

Aunque el Gobierno confirmó la participación de Milei en el encuentro de Washington, no dio detalles sobre su agenda. Otro compromiso del Presidente en ese país es la apertura de la Argentina Week, una cumbre de empresarios e inversores del 9 al 11 de marzo en Nueva York.


Consejo de Paz,iniciativa internacional impulsada por Trump,firma del acuerdo comercial con Estados Unidos,pic.twitter.com/RIlFkzmsmz,February 5, 2026,Javier Milei,Donald Trump,Estados Unidos,Conforme a,,En San Lorenzo. Milei exaltó la devolución del sable de San Martín y criticó a “los cipayos que desfinanciaron las Fuerzas Armadas”,,Acuerdo con EE.UU. El Gobierno quiere una aprobación rápida pero admite que el Congreso recién lo tratará desde marzo,,Acuerdo con EE.UU. Cuáles serán los efectos más rápidos en la Argentina y qué resta que hagan el Gobierno y Trump para habilitarlo,Javier Milei,,Batalla cultural. El sable corvo de San Martín ya se exhibe en el Gran Hall de los Símbolos del Regimiento de Granaderos,,»Me pararon Javier y Karina». Cúneo Libarona admitió que se quiso ir del Gobierno, pero afirmó que va a continuar,,Importaciones La ropa bajó 30% en la gestión Milei y el textil es el sector que más empleo perdió

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