POLITICA
Primeros trazos de un nuevo mapa político

Se han formulado ya las propuestas electorales de las fuerzas políticas que van a competir en las elecciones nacionales del 26 de octubre. Hay muchos detalles, novedades y contradicciones de este mapa electoral. Es importante ir viendo los trazos de una nueva configuración política que se da en el país, asociada con la aparición y ascenso de Javier Milei y La Libertad Avanza (LLA). Es un fenómeno que presenta numerosas incógnitas.
Desde hace dos años, caminamos en un terreno desconocido, en el cual se podían imaginar distintos senderos. Se podía pensar que Milei se imaginaba a sí mismo como un presidente de transición que, al no tener una fuerza política, utilizaba los recursos existentes, armaba una especie de coalición y gobernaba cuatro años. La historia, el proceso político o el propio Milei tuvieron otras ideas.
Lo que empezamos a ver en este mapa de candidaturas, que se formuló este fin de semana, es que en la cabeza de este oficialismo -y sobre todo en la cabeza de Milei y su hermana Karina, la persona en quién él delega la operación político electoral- aparece un sueño de “hegemonía”: dominar la escena no peronista. En las intenciones de Milei y en las operaciones de su hermana Karina hay un intento de que LLA absorba las masas electorales que sostenían en su momento a Juntos por el Cambio y antes al radicalismo.
Este deseo se materializa en la consigna que llegó desde Casa Rosada a todos los distritos: más allá de cuál sea la alianza que se establezca, LLA será la que encabece las listas. Al hacerlo, se lanzan nuevas figuras políticas para que, eventualmente, sean postuladas en las elecciones provinciales a gobernador en 2027. Y así poder obtener un anclaje territorial que Milei no tenido hasta ahora.
Dicho plan entra en tensión con el Pro y el radicalismo, sujetos políticos del mapa no peronista que ahora transitan una especie de eclipse detrás del oficialismo.
El esquema actual podría servirnos para despejar otro interrogante. Desde mayo del 2024, en pleno auge de un fenómeno de disolución de la política como la conocemos, apareció un nuevo liderazgo: el de Milei. Su conducción está profundamente ligada con el éxito económico en la lucha contra la inflación. Lo que no sabemos, y estas elecciones podrían llegar a develarlo, es si habrá un nuevo oficialismo que tenga capacidad de gestión en el Poder Ejecutivo y poder de proyección en el Poder Legislativo para encarar reformas que, hasta ahora, no se han podido hacer.
Hay ejemplos en territorios importantes de cómo se lleva adelante la pretensión de un reemplazo de LLA sobre el Pro y los radicales. En la ciudad de Buenos Aires se eligen diputados y senadores en octubre. La lista del oficialismo para el Senado está formada por dos personas del Presidente. Una de ellas es la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien ocupará una banca en el Congreso y se proyecta para la Jefatura de Gobierno porteña. Allí reside la intención de los hermanos Milei de reemplazar a los primos Macri. El segundo de esa fórmula es, también, alguien personalmente ligado a Milei: el economista Agustín Monteverde.
Mauricio Macri, por su parte, colocó dos diputados en la lista encabezada por Alejandro Fargosi y quedó en una situación secundaria dentro su propio bastión. Se trata de Fernando de Andreis y Antonela Giampieri, postulantes de la casa de Macri. El Pro garantizó que las dos únicas personas a incorporar en la nómina fueran de extrema confianza.
En la provincia de Buenos Aires ocurre algo similar. Diego Santilli, el hombre que encabezó las listas del Pro en nombre de Horacio Rodríguez Larreta en 2021, va tercero. José Luis Espert ocupa el primer lugar. El diputado de Pro va detrás de alguien que se inicia ahora en la política: Karen Reichardt. Es una modelo, vedette y ahora influencer que se dedica a promover programas ligados a la vida de los animales. Estableció una relación cordial con Milei y el mandatario la postuló como segunda integrante en la lista de LLA en la Provincia.
Los amigos de Santilli dicen que durante varios meses estuvo repitiendo: “Si yo no soy primero, me voy a la actividad privada”. No ocurrió ¿Será esta la actividad privada de Santilli?
En Mendoza hay un caso similar. Alfredo Cornejo, gobernador provincial, debió ceder el lugar de la primera diputación a alguien que es de LLA pero viene del radicalismo: Luis Petri, ministro de Defensa. Cornejo tiene que aceptar eso y hace bien en aceptarlo. Como otros jefes provinciales, debe mantener el buen trato con el Ejecutivo por razones de gobernabilidad. Nadie ignora sin embargo que, con Petri como primer candidato a diputado, la Casa Rosada le está implantando un candidato a la gobernación de Mendoza en 2027.
Entre Ríos y Chaco no quedaron exentas. Rogelio Frigerio y Leandro Zdero hicieron una alianza con LLA y los candidatos más destacados los puso el oficialismo.
Con las salidas de Bullrich y Petri, se empieza a enhebrar un cambio de Gabinete. ¿Les dejarán poner a su sucesor? Para el caso de Bullrich, se habla de Diego Valenzuela, intendente de Tres de Febrero y candidato oficialista por la primera sección de la provincia de Buenos Aires. Petri dejaría a su equipo dentro de la cartera de Defensa, lo que incluiría a su sucesor. Ambas son posibilidades pero todavía no hay certezas.
Estas modificaciones, se presume, también podrían abarcar al Ministerio de Justicia. Los parientes de Guillermo Montenegro, intendente de General Pueyrredón y también candidato por LLA-Pro, podría sacarle el puesto a Mariano Cúneo Libarona. ¿Le van a dar algo a Cristian Ritondo, que hizo tanto para que el Pro se subordine al Gobierno? Él aspira a la SIDE, el Ministerio de Seguridad o del Interior. Son, hasta el momento, especulaciones.
En Córdoba, el Gobierno encontró resistencia. Eduardo “Lule” Menen, figura importante en este armado electoral y gerente de la política que lleva adelante Karina Milei, le había ofrecido el primer lugar en la lista de diputados, como excepción a la regla, a un radical: Rodrigo de Loredo. Finalmente, terminaron por incumplir esta promesa, bajo el precepto de que la lista tenía que estar encabezada por una figura oficialista. En consecuencia, se eligió a Gonzalo Roca, ligado al presidente del bloque de LLA en Diputados, Gabriel Bornoroni, quien a su vez tiene un estrecho vínculo con Martín y Eduardo Menem.
Le comunicaron a De Loredo que debería ir tercero. Y él se negó. En un video que circuló por redes sociales sostuvo: “No me voy a someter porque los que quiere el Gobierno con sus candidatos es sumisión”. Habrá qué ver qué dicen de esa afirmación los radicales amigos de De Loredo que van en otras listas.
De Loredo no fue alguien vetado. Hay otros dirigentes, del Pro por ejemplo, a quienes se les impidió formar parte de las listas. Es el caso de María Eugenia Vidal y Jimena de la Torre. La prohibición de Vidal, igual que el desistimiento de De Loredo, revisten gran importancia ya que este miércoles se define si se sostienen los vetos del Presidente en el Congreso. El oficialismo está bastante justo con los votos.
En materia de emergencia en discapacidad, el Ejecutivo ya encontró problemas en la Justicia. Este lunes se conoció un pronunciamiento del juez federal de Campana, Adrián González Charvay, donde se convalida el reclamo de los padres de un niño con problemas de desarrollo. Alega que los artículos de la ley que vetó Milei deben ser sostenidos, interpreta que la decisión del Presidente es inconstitucional y les concede un amparo. Es una puerta por donde puede haber otros pronunciamientos de un veto para el cual Milei debe conseguir un tercio de la Cámara de Diputados. De Loredo y Vidal podrían no acompañarlo.
La de Córdoba es una decisión particular. LLA, a instancias de los Menem, opta por Roca para enfrentar a Schiaretti en una provincia donde Milei es una estrella. Eligen a un desconocido bajo la expectativa de que Milei haga campaña y ganen. Pero enfrentan a un oficialismo importante: Martín Llaryora impulsando al exgobernador Schiaretti.
Es un lindo duelo donde muchos están mirando a los Menem, que diseñaron la estrategia, como miran al equilibrista en el circo con cierta expectativa morbosa de que se caiga. Y no son de afuera del Gobierno, son de adentro. Tienen enemistades con los Menem.
Algo similar pasa en Corrientes, donde va a haber elecciones de gobernador el 31 de agosto. Martín y Lule Menem convencieron a Karina Milei de postular a Lisandro Almirón, diputado de La Libertad Avanza que en las encuestas no está haciendo un buen papel. Todo para no alinearse con el gobernador Valdés, que probablemente gane la elección con su hermano.
Hay una discusión pública dentro del Gobierno entre el ala Milei-Karina-Menem, con el equipo electoral que rodea al “Mago del Kremlin”, Santiago Caputo, respecto a cuál debía ser la estrategia de alianzas en estas provincias, sobre todo en Córdoba. Están jugando una partida de póker al lado del oído de Milei.
Los Menem son cruciales en esto. Hay un relanzamiento del apellido: son importantes en el oficialismo y este martes Eduardo -de quien Lule fue secretario durante muchos años- presenta el libro Menem: mi hermano, el presidente; con Rodolfo Díaz, exministro de Trabajo y Jorge Castro, quien fue asesor de asuntos estratégicos. Ahora los Menem están en el Gobierno y existe una operación en varias provincias para armar un oficialismo de Milei, pero también de los Menem. ¿Hay un proyecto Martín Menem, como una mamushka, dentro del proyecto Milei? ¿Podría Martín Menem ser candidato a vicepresidente si Milei se presenta a la reelección en 2027? Podría postularse para ser, también, gobernador de La Rioja.
Lo cierto es que lo que estamos viendo en estas listas es la proyección de figuras no solo en las provincias sino también a nivel nacional hacia la sucesión de 2027. Como una jugada de ajedrez donde uno tiene que ir anticipando determinados movimientos.
Hay una novedad importante en lo que pasó este fin de semana que no se vio en la provincia de Buenos Aires cuando se armaron las listas para las elecciones anticipadas del 7 de septiembre: Milei, esta vez, se metió, a pesar de que parece estar en otra dimensión e involucrarse en la política desde una perspectiva profética.
El Presidente quiso que en determinados lugares hubiera gente muy ligada a él. No necesariamente gente del partido, sino que pretende traer desde fuera de la casta. Ahí están Karen Reichardt y “Tronco” Figliuolo, que trabaja junto con alguien que es una figura principal de la comunicación de este nuevo oficialismo y sus ideas: Alejandro Fantino. Figliuolo va como candidato a diputado, impulsado directamente por Milei.
También está Virginia Gallardo, una panelista de televisión que fue elegida por Milei para como candidata a diputada por Corrientes.
Volvamos a Agustín Monteverde, que tiene otra dimensión porque es un economista nítidamente de derecha. Un hombre que defiende con mucho énfasis esta política económica desde antes que Milei llegue al poder. Quien quiera conocer su forma de pensar podría haber leído durante estos años una newsletter que edita en colaboración con Vicente Massot.
Monteverde va a ser senador. Es importante porque quiere decir que Milei quiere tener una espada económica en el Senado, probablemente después de la embestida de los gobernadores para afectar la política fiscal con determinadas leyes, sobre todo con la que pretende la distribución de ATN, la ley jubilatoria y la ley sobre discapacidad que acaba de convalidar el juez Charvay de Campana. Es evidente que Milei está inquieto por las amenazas que se encienden sobre su política económica en el Congreso.
Todo este panorama está adelantado al 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires, donde no sabemos qué va a pasar.
En el propio Gobierno tienen encuestas que para ellos son muy confiables -con todo lo que tienen de inciertas- que analizan las dos grandes secciones electorales que concentran el 65% del padrón bonaerense. Una es la tercera (5 millones de electores), donde el Gobierno se resigna a que gane el peronismo con Verónica Magario. La Libertad Avanza lleva a un excomisario que creen que está bastante atrás, en por lo menos 10 puntos por debajo, pero que compensan con el 6% de ventaja que pueden sacar en la primera sección electoral, que es el conurbano norte (Vicente López, San Martín y Tres de Febrero, entre otros). Si este es el juego, en volumen de votos gana el peronismo la Provincia. Puede ser inquietante para muchos la idea de que el peronismo bonaerense retenga la Provincia porque es el kirchnerismo, que hoy tiene dos líderes: Cristina y Axel Kicillof, con las ideas que les conocemos.
Para el Gobierno significa un problema que quiere revertir diciendo que a esta elección hay que mirarla de otra manera. Piensa que no importa el volumen de votos sino el número de diputados y senadores bonaerenses que saque. Probablemente LLA no gane en votos pero sí en secciones electorales, y eso le permita la picardía de decir que la elección deba ser leída de esa manera. Hay una preocupación razonable en el Gobierno por lo que pasa en la Provincia, es decir, en la relación entre oficialismo y kirchnerismo. No debería ser una preocupación tan inquietante o grave porque si vemos el armado del kirchnerismo según la lista que acaban de presentar, es una propuesta muy endogámica. La boleta, mirada por Milei, es para los intereses de la casta peronista para cerrar un acuerdo interno entre distintas facciones. No pretende recrear la representación, que es el gran problema de la clase política tradicional frente a la aparición de Milei. Una crisis extraordinaria de relación entre los representantes y los representados. Una pérdida de calidad o de sintonía con la gente.
Es una lista que no promete restituir ese vínculo, tanto que tuvieron que elegir a alguien que es una especie de prócer del peronismo: Jorge Taiana, hijo de un ministro de Perón, ministro de Cristina Kirchner y Alberto Fernández, y absolutamente leal a la expresidenta con una lealtad muy meritoria. En algún momento se lo sospechó como que dictaba letra a los diarios por una polémica con el embajador Eduardo Sadous, que denunció coimas en el manejo de la embajada argentina en Venezuela. En ese momento Taiana era canciller y dejó su lugar. Pero cuando el Movimiento Evita se enfrentó a Cristina, Taiana se separó. Es alguien muy ligado a Cristina, pero propuesto por Kicillof, que quiere a alguien que sintetice lo que no pueden sintetizar ellos porque la pelea entre ellos va a seguir, y habrá que ver qué pasa en el gobierno de Kicillof cuando siga en la nueva Legislatura. Cristina está dolida con Kicillof porque está presa en su casa y él no la fue a ver, cuando fue hasta Urtubey y Pichetto va a ir.
Como esa pelea sigue, Axel fue por un prócer. Massa y Máximo, dos vivos, aceptaron a Taiana pero se lo adjudicaron y le sacaron uno de la lista. Ahí va Taiana al frente. A Kicillof le quedaron otros dos lugares en la lista y puso a dos sindicalistas de las dos ramas del sindicalismo: Hugo Yasky, de la CTA, y a Hugo Moyano (hijo), el cerebro de su padre, de la CGT tradicional. Es una señal de que Kicillof está pensando en una candidatura presidencial con una alianza con el sindicalismo. Los intendentes no tienen ni un candidato a diputado, habrá que ver cuánto ayuda a que gane la boleta si ellos no tienen a nadie ahí. Los movimientos sociales tampoco, salvo Juan Grabois, que representa otra cosa, no solo al Movimiento Evita.
El Gobierno se pregunta cuánto va a ser el número de abstención. Por eso las encuestas están dando datos vidriosos. A un experto en el conurbano bonaerense que suele recorrer los barrios más desamparados de ahí, una señora de un barrio le dijo que esta elección no sirve. Los muy pobres y muy ancianos no votan en esta elección. Por eso el Gobierno apuesta a que haya mucha abstención y que haya una compensación de lo que sería un gran triunfo del peronismo en la tercera sección. Pablo Semán, un gran sociólogo que estudia el conurbano, dijo que ahí hay un grupo importante de gente que está exhausta, que no quiere el pasado pero también empieza a no querer a Milei después de haberlo apoyado. Hay un agotamiento de Milei en el conurbano.
El Gobierno pretende obediencia absoluta, según cómo armó las listas. Es lo que dijo De Loredo: sumisión. Quiere sostener los vetos del Presidente, no perder una sola diputación ni banca de senadores en términos de adhesión a lo que pretende la Casa Rosada. Es importante en este contexto económico porque está amenazada la política fiscal. Hay un problema no solamente con la amenaza que plantea el Congreso sino con la política fiscal misma. Se ha abierto un debate entre economistas ortodoxos que sostienen al Gobierno, que dudan que el superávit sea el que se muestra. Hay intereses de la deuda que están disimulados en una forma de contabilizarlos que pasan como si fueran capitales y no se consideran deuda y no aumentan el gasto público que realmente es. Entonces el superávit está un poco dibujado. Hace un mes ha habido problemas en la renovación de la deuda en pesos. Los bancos no quieren plata y eso obliga a liberar dinero en el mercado, que generaría inflación. Por eso suben de manera exorbitante las tasas de interés y empieza a haber una preocupación cada vez más real respecto al nivel de actividad económica y la posibilidad de una contracción que se transforma en recesión. Esta es una agenda que está sobre la mesa hoy.
Fíjense este gráfico. Se trata del movimiento del dólar respecto a las semanas de inflación. Pegó una estirada: lo teníamos a $1142 en la tercera semana y pasó a $1370 en la cuarta semana. Así, durante la primera semana de agosto, la inflación se fue a 1,2%. Ahí es donde el Gobierno se asustó porque, como dicen Luis Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili: “Mientras estemos en campaña electoral, el objetivo es dominar la inflación. Llevaremos la tasa a dónde sea para que no se produzca un alza”. La gran oferta del Gobierno para la elección es haber derrotado la inflación.
Un relevamiento de Casa Tres de Mora Jozami respecto de cómo evolucionó la preocupación de la gente en torno a la inflación muestra diferencias importantes entre enero de 2024 y julio de 2025. A comienzos de la gestión Milei, rondaba el 27%. Actualmente se encuentra en el orden del 2%. El Ejecutivo resolvió esta inquietud y tiene derecho a pedir el voto por eso. Milei basa su gran éxito en algo que un líder político que debe tener como virtud esencial: pescar cuál es el tema de su tiempo. Y el Presidente lo hizo.
En materia de ingresos, sin embargo, la tendencia es otra. El 75% de los encuestados dice no contar con capacidad de ahorro. Solo el 22% cuenta con ese privilegio. Por ende, aún cuando se resuelve el problema de la inflación, queda una foto que es diferente de acuerdo a la situación que cada uno ocupa en la pirámide.
Un fenómeno similar se vislumbra a nivel consumo. El 60% de las personas consultadas dejaron de gastar dinero en actividades catalogadas como “ocio”, seguido del abandono de las primeras marcas, disminución en la compra de indumentaria, vacaciones y streaming. Son personas que sienten que, aun cuando los precios pueden haberse estabilizado, cambiaron de clase social para peor. Esto determina el comportamiento político.
El gran problema de la Argentina cuando se enfrenta a la inflación, a la que está delirantemente expuesta desde hace tiempo, es cómo salir del proceso sin generar un trauma productivo. Ese es el gran desafío de Milei después de la elección, en los dos años que le quedan y si aspira a un segundo mandato.
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POLITICA
Mauricio Macri opinó de la AFA y apuntó a “Chiqui” Tapia: “La decadencia del fútbol argentino es terrible”

“La decadencia del fútbol argentino es terrible. Vamos en contra de todo lo que están haciendo en las otras ligas del mundo en cuanto a cantidad de equipos y organización”, declaró Mauricio Macri, ex presidente de la Nación, ex presidente de Boca Juniors y actual titular del PRO, en declaraciones exclusivas a Infobae.
El dirigente señaló que la crisis que atraviesa la liga argentina responde a una “falta de organización total” atribuida a la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino bajo la presidencia de Claudio “Chiqui” Tapia.
Las declaraciones del ex presidente fueron realizadas en una entrevista que concedió a Infobae en sus oficinas de la localidad bonaerense de Olivos, donde repasó su último libro sobre su padre, Franco Macri, que revisa el vínculo de padre e hijo y la influencia que tuvo en su vida privada y pública.
En la entrevista, el titular del PRO se refirió a la situación que atraviesa el fútbol argentino, cuando ya había estallado el escándalo por el otorgamiento de una copa a Rosario Central por un campeonato que no había sido anunciado previamente. Todavía no se había conocido la sanción a Estudiantes por la reacción que tuvieron sus jugadores.
El presente del fútbol, según Macri
Para el ex presidente de Boca Juniors el presente del fútbol atraviesa una situación muy complicada, que se traduce entre otras cosas, en que los clubes no pueden retener sus talentos. “Es un costo que estamos pagando en términos de que cada vez hay más jugadores en la Selección que los conocemos cuando están en la selección. Porque se van, no sabemos en qué momento, no llegan ni a jugar en primera porque los equipos tan débiles no pueden tener sus jugadores”.
A criterio de Macri, la situación económica de los clubes argentinos influye directamente en que los jóvenes talentos emigren antes de consolidarse en el país. “No te digo con la diferencia económica que hay en el país lo puedas tener mucho, pero por lo menos hasta los 21, 22 años”.
“Que se vayan todos a los 16 o 17 años. Después aparece (un jugador), y se dice ‘che, este que hace un pase en la Selección’, es un fenómeno, cómo es que juega… ¿es argentino?”, advirtió.
El ex mandatario destacó que por el momento los futbolistas argentinos siguen identificándose con el país, aunque advirtió que en otros lugares muchos optan por nacionalizarse en los países donde se forman: “Por suerte, todos se anotan como argentinos, porque podrían pasarnos como le pasan a tantos países en el mundo, que se anotan en la nacionalidad del país que los lleva a jugar”.
Las declaraciones de Macri se producen en medio de la polémica generada por el manejo de Claudio “Chiqui” Tapia en la Asociación del Fútbol Argentino, a raíz de la decisión de declarar a Rosario Central como ganador de un campeonato que no había sido anunciado oficialmente.
La medida provocó el rechazo de Estudiantes, que cuestionó esa decisión públicamente y luego protestó dándole la espalda al club premiado. Esa situación derivó en sanciones contra los jugadores y el presidente del club, Juan Sebastián Verón, al que lo suspendieron por seis meses.
Al ser consultado Macri sobre si ese deterioro era responsabilidad concreta de “Chiqui” Tapia, respondió: “Eso es producto de una falta de organización total y de la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino, obviamente”.
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POLITICA
Macri negó tener diferencias con Milei por la relación con Estados Unidos, pero pidió no descuidar el vínculo con China

“China es un mercado que la Argentina tiene que atender, no para polemizar, sino porque ha hecho explotar nuestras exportaciones de carne, arándanos y cerezas”, declaró Mauricio Macri, presidente del PRO y ex presidente de la Nación, durante una entrevista exclusiva con Infobae. De esta manera, el dirigente negó que exista una diferenciación con Javier Milei respecto al vínculo comercial entre Argentina, China y Estados Unidos, y reivindicó la visión pionera de su padre en la materia.
Macri recordó la actitud innovadora de Franco Macri al impulsar el acercamiento con China en un contexto donde pocos lo hacían. “En el 89, cuando ni se hablaba de China. Papá dijo: Hay que ir a China. Vamos a traer una fábrica de catalizadores y fuimos para allá… Él siempre fue un visionario”, aseguró. Añadió que su padre también fue el primero en plantear la necesidad de unirse con Brasil: “Él siempre tuvo visiones claras. También dijo: Las privatizaciones tienen que llevarse a cabo, pero los argentinos tienen que tener un rol importante, no el operador extranjero”.
Profundizando sobre su postura actual, Macri enfatizó el carácter complementario de la relación con China. “Lo que yo dije es algo medio obvio, ¿no? Si lo que ha hecho explotar la exportación de carne en el día de hoy, de arándanos, de cerezas, de lo que sea, es China, es porque, bueno, es un mercado que la Argentina tiene que atender”, reiteró.
Aclaró, sin embargo, que esto no significa relegar la relación bilateral con Estados Unidos: “Eso no significa que tengamos la mejor relación posible con Estados Unidos, que esta cercanía de Estados Unidos la veo como muy positiva”.
A modo de ejemplo, Macri evocó la política exterior durante su presidencia: “Uno puede, como lo logramos en mi gobierno, tener con Obama y con Trump las mejores relaciones del mundo y con Xi Jinping también”. Enfatizó la necesidad de sumar aportes internacionales para generar desarrollo interno: “Me parece que hay mucho para sumar a una Argentina que todavía tiene mucha gente debajo de la línea de pobreza y tiene mucho para progresar”.
En respuesta a la repercusión de declaraciones previas, el ex mandatario subrayó que quienes intentan generar polémica con el tema de China lo hacen por motivos externos: “Los que lo han tomado para polemizar, bueno, tienen que hacerlo para así tener más clics en el diario”, planteó.
Así, Macri reivindicó la importancia de mantener abiertas distintas vías de relaciones internacionales en simultáneo, privilegiando que “los argentinos tengan un rol importante” en el desarrollo y fortalecimiento económico del país.
La aclaración surgió porque, en una entrevista con el editor del sitio Seúl, Hernán Iglesias Illia, había afirmado: “China es más complementaria que Estados Unidos para Argentina. China necesita nuestra materia prima, nuestros alimentos. Estados Unidos, todo eso lo produce. Culturalmente, hay una enorme distancia entre uno y otro, pero no creo que sea bueno interrumpir ese proceso”.
Y, en ese momento, agregó: “Yo lo logré, a pesar de la presión de Obama y de Trump, que fue tremenda. Obama, con sus buenas maneras; y Donald, a lo Donald. Decir ‘no, somos mejores amigos, pero yo a mi relación con China la mantengo’”.
POLITICA
Secuestrado: el capítulo del libro en el que Macri relata los terribles 14 días que cambiaron su vida y el vínculo con Franco

Capítulo 10 – Secuestrado
Mi década del noventa comenzó en las primeras horas del sábado 24 de agosto de 1991 en la esquina de Figueroa Alcorta y Tagle. Esa noche fui secuestrado por una banda de expolicías que me mantuvieron en cautiverio a lo largo de catorce días. Este hecho cambió mi vida para siempre, cambió mi relación con mi padre y cambió mi visión acerca de lo importante y lo superfluo. De alguna manera, fue como si una nueva versión de mí mismo hubiera nacido en aquellas jornadas aterradoras encadenado en un sótano. Creo que no existe ningún aspecto de mi personalidad que no haya sido afectado de una manera u otra por la experiencia de haber estado en cautiverio sin saber si saldría con vida.
El silencio, las voces que aparecen un par de veces por día porque quieren grabar mi voz o pasarme a través de un hilo algo para comer. Es una situación de despersonalización muy difícil de explicar. Solo estás ahí. Esperando que suceda algo que no sabés qué es.
El secuestro nos transformó, en un instante, en una familia de altísimo perfil público. Papá podía ser el número uno de los empresarios, pero su cara y su voz eran prácticamente desconocidas hasta ese momento. De un día para el otro, los Macri pasamos a ser algo así como unos Kennedy de cabotaje y comenzamos a ocupar un espacio inédito en las revistas y en la televisión.
Antiguamente, los franceses llamaban “delfines” a los herederos al trono. Muchas veces me habían considerado el delfín de Franco Macri. Por eso para mis secuestradores no era Mauricio sino apenas “el pescadito”, como me llamaban con un sarcasmo cruel.
Todo lo que sucedió durante el secuestro tiene la forma de una pesadilla. Yo llevaba ya varios meses separado de Yvonne Bordeu, la madre de mis tres primeros hijos, y había quedado en ver a Dana, una chica con la que estaba empezando a salir. Preocupada porque no había llegado a la cita que teníamos, fue quien se comunicó de inmediato con papá que, también preocupado, salió corriendo hasta mi casa, a pocas cuadras de la suya. En la vereda, producto del forcejeo, habían quedado mis anteojos. Fue la primera señal que recibió de lo que había ocurrido.
Pocos minutos después de salir en mi búsqueda, sonó el teléfono en su casa. Atendió Eva Bomparola, su pareja de entonces, del otro lado sonó una grabación con mi voz: “¿Con el señor Francisco Macri? Habla su hijo Mauricio. Por favor, comuníqueme con mi padre. He sido secuestrado”.
Eva se comunicó con papá a su celular y le pidió que volviera de inmediato sin decirle de qué se trataba. El teléfono sonó otra vez en medio de la madrugada en la casa de la calle Eduardo Costa. Volvió a sonar la misma grabación con mi voz, pero esta vez, al finalizar, una voz diferente ordenaba buscar “bajo el tobogán de la Plaza Alemania”. Papá fue allí junto con su amigo Rafael Alazraki y estuvieron buscando sin saber qué, pero no hallaron nada. Al cabo de un nuevo llamado, su amigo regresó a la plaza con la persona que cuidaba la casa y encontraron una botella cubierta de alambre y cemento. Dentro estaba el primer mensaje. La pesadilla apenas comenzaba.
El mensaje que dejaron los secuestradores incluía una especie de proclama revolucionaria sin firma seguida de una cifra: siete millones de dólares era el precio que le habían puesto a mi vida. Intentaban mostrar que había algún tipo de móvil ideológico o político detrás, siguiendo el estilo de tantos secuestros producidos años atrás desde las organizaciones guerrilleras de los setenta. Sin embargo, durante la década siguiente los secuestros de empresarios habían dejado de estar motivados por la política y se habían vuelto una manera de financiar un oscuro entramado de expolicías, “mano de obra desocupada” del gobierno militar, como se los llamaba entonces. Muchos de esos secuestros les habían costado la vida a sus víctimas. El mío podía ser uno de aquellos casos.
Mientras, yo estaba ya lejos de allí, acostado, a oscuras. Sabía que había pasado un largo rato en una especie de féretro en el que me habían encerrado hasta llegar al sótano en el que me depositaron. No sabía qué harían los secuestradores ni cuál había sido la reacción de mi padre, si había habido un pedido de rescate y, sobre todo, si saldría vivo de allí.
Le siguieron mandando mensajes a papá. La primera exigencia era mantener el secreto sobre lo que estaba ocurriendo. Franco sabía que las horas en las que se podía mantener el silencio de las pocas personas que estaban al tanto se esfumaban como arena entre los dedos. Las posibilidades de explicar mi súbita ausencia se reducían.
Papá decidió simular que seguía con su vida normal mientras todo no hacía más que volverse anormal hasta la locura. Cualquier filtración sobre lo que realmente estaba ocurriendo me ponía en peligro. Para el resto del mundo, yo había salido de viaje de manera urgente hacia Brasil por temas de trabajo. Ese sábado a la mañana debí leer en voz alta los títulos del diario. La grabación fue enviada a papá. Fue la primera prueba de vida de las muchas que vendrían.
El primer fin de semana de mi secuestro, Franco decidió pedirle ayuda al embajador norteamericano Terence Todman. Quería que le recomendara gente especializada en este tipo de situaciones. La desesperación crecía en el puñado de personas que lo rodeaban. La negociación que papá había decidido llevar él mismo con los secuestradores avanzaba, y había que reunir una suma gigantesca de dólares en efectivo en pocos días.
Las indicaciones eran precisas: el dinero debía ordenarse en fajos de 10 mil dólares agrupados de diferentes maneras, con billetes de distinta denominación dentro de un modelo determinado de bolso. La logística para llevarlo a cabo hacía que todo pareciera aún más delirante. En la planta baja de su casa, papá junto a Luis da Costa y sus colaboradores más cercanos se dedicaron durante horas a contar y ordenar los billetes. El plazo se había fijado para el jueves siguiente. El martes ya se habían reunido todos los billetes, que apilados ocupaban una superficie de un metro de alto por tres metros de largo, según recordaría Franco.
El lunes habían llegado los agentes norteamericanos de Ackerman, la consultora de seguridad recomendada por Todman. Las discusiones sobre cuál podía ser la mejor estrategia para lograr mi liberación fueron intensas. Papá no quería correr riesgos. El tema seguía siendo cómo mantener el secreto sobre lo que estaba ocurriendo, pese a que cada vez más gente estaba al tanto. Ahora se habían sumado mi hermano Gianfranco, mi mamá, la madre de mis tres primeros hijos y mi amigo Nicolás Caputo.
El miércoles, una radio anunció que papá había sido secuestrado. El rumor corrió rápidamente. Franco desmintió todo de inmediato. Pero ya todos sabían que algo raro estaba pasando. El cuento del viaje a Brasil duró apenas veinticuatro horas más. El jueves estalló la noticia y toda la prensa ya estaba hablando de mi secuestro.
Hasta ese momento, papá confiaba en su extraordinaria capacidad como negociador, esa que yo había visto en innumerables oportunidades, intentando construir en cada llamada que recibía de los secuestradores un espacio de confianza. Pero a diferencia del terreno en que solía moverse, esta vez no había del otro lado un hombre de negocios o un banquero o un político, sino una banda de comisarios convertidos en delincuentes profesionales. Ese jueves le anunciaron que las negociaciones quedaban interrumpidas. Los secuestradores se habían sentido traicionados por la noticia en los medios. Fiel a su estilo, Franco insistió en que podría ayudarlos a que las cosas no se agravaran aún más.
Yo no sabía que estaba en un pequeño espacio en el sótano de una casa de la avenida Juan de Garay 2882. Allí, el tiempo no pasaba. Había un precario baño químico. Mi única conexión con el mundo exterior era un pequeño televisor blanco y negro que estaba en esa jaula en la que estaba atrapado. Al principio, la pantalla era una ayuda para soportar el limbo en el que me encontraba. Pero con el correr de los días se convirtió en un enemigo. A través de ese televisor, yo veía las cámaras que hacían guardia día y noche frente a la puerta de la casa de papá en la calle Eduardo Costa. Mi desesperación crecía cuando veía a mis hijos entrar y salir. Lo vi a papá cuando salió a saludar desde el balcón del primer piso. Imagino a mis padres en ese momento, me imagino a mí mismo como padre ante el secuestro de un hijo y no puedo asimilar el nivel de desesperación que debe haber sentido mi familia en esos días.
Al poco tiempo papá descubrió el origen de la filtración que llegó a los medios. Los teléfonos de Eduardo Costa estaban “pinchados”. Todas sus sospechas recaían sobre una empresa competidora que practicaba el espionaje industrial. Fue así como se convirtieron en los primeros en enterarse de lo que estaba ocurriendo y se lo comunicaron al gobierno del entonces presidente Carlos Menem.
Los días se sucedían entre la irrealidad de lo que se vivía en el campamento que se había armado en la casa de mi padre y lo no menos irreal que estaba viviendo yo mismo en esa espera incierta. Papá dirigía la empresa más difícil de su vida con la asistencia de Mike y Peter, los dos expertos americanos recomendados por Todman, junto con quienes había construido su estado mayor.
Todos los días llegaban pistas que había que chequear y que luego se descartaban. Muchas de ellas de gente bienintencionada y otras directamente absurdas. Unos daban precisiones de un lugar de cautiverio en el Tigre o en San Telmo, y hasta aparecieron videntes que afirmaban basados en visiones y percepciones extrasensoriales que me habían asesinado.
El gobierno se puso a disposición, pero Franco fue tajante: no quería saber nada con esta ayuda. Tenía muy claro que mi vida estaba en juego y no quería que nada interfiriera en las negociaciones y pudiera convertir el desenlace en una tragedia.
Papá sufría lo que estaba pasando hasta lo indecible. Los secuestradores le habían exigido que él mismo fuera quien entregara el dinero del rescate. Él estaba dispuesto y decidido a hacerlo, pero los expertos americanos que lo acompañaban rechazaron de plano la idea. La experiencia internacional señalaba que, si mi padre se exponía a entregar el dinero, era muy probable que él mismo pasara a ser víctima de un nuevo secuestro.
La situación en el sótano no había cambiado hasta que los medios mostraron la llegada de una ambulancia a la casa de papá. Esto comenzó a generar alarma entre los secuestradores. Efectivamente, según supe después, Franco había tenido una crisis cardíaca producto del estrés que estaba viviendo. Esto me sirvió para convencer a mis captores de que papá no podía estar a cargo de la entrega del dinero, pero que era, sí, la única persona posible con la que negociar el pago del rescate. También les pedí que me permitieran hacerle llegar un mensaje a mi amigo Nicolás, para que le diera a mi padre su celular, de modo que todas las conversaciones se hicieran a través de ese teléfono, que era más seguro que cualquiera que tuviera papá, a esa altura probablemente intervenido legal o ilegalmente.
Los secuestradores accedieron y las negociaciones se restablecieron. Hubo un nuevo mensaje, oculto bajo un cartel junto al estadio de River Plate, con nuevas indicaciones.
El tiempo se estaba acabando y papá les ofreció a los secuestradores una lista de personas posibles para la entrega del dinero, y eligieron a Nicolás y al chofer que nos acompañaba desde hacía muchos años, de extrema confianza de la familia, Roberto Pascual. Finalmente, el jueves le pasaron a Franco una lista muy sofisticada de instrucciones para el pago: Nicky y Roberto deberían cumplir con dieciocho escalas a lo largo de un recorrido que les insumiría desde el amanecer hasta la noche. Si no se hubiera tratado de lo que se trataba, habría parecido una búsqueda del tesoro. Aunque en este caso, el tesoro de millones de dólares estaba en el baúl del auto.
En cada posta, Nicky tenía que realizar una acción preestablecida por los secuestradores. Podría ser simplemente mostrarse o tomar un objeto que había sido dispuesto con anterioridad en algún sitio. Finalmente, la última parada antes de abandonar el auto consistía en buscar una moneda de cincuenta centavos de dólar. Solo si encontraban esa moneda se podría avanzar hasta la última estación.
De allí fueron hasta un puente en Dock Sud, se bajaron del auto y lo dejaron con la llave puesta. Tenían instrucciones de alejarse durante casi media hora en un sentido determinado. El auto desapareció, por supuesto. Al cabo de toda esa jornada en movimiento, ambos estaban exhaustos y aterrados.
Hubo un último llamado, según recordaría papá, con las instrucciones para recuperar el auto. En él elogiaron la conducta de Franco, diciendo que se había comportado como “un hombre de honor que cumplió con todo lo acordado”.
Esas últimas 72 horas fueron las peores de todas. La razón es simple: ya se había pagado el rescate, ya se había entregado lo que habían pedido, pero… ¿cumplirían con su parte? ¿Por qué habrían de hacerlo?, pensaba yo, cada vez más inquieto. Yo era el único testigo de su crimen. ¿Cuál era el sentido de dejarme en libertad si ya tenían el dinero en sus manos? Según me contó el hombre que me vigilaba, el debate existió y no todos estuvieron de acuerdo en qué debían hacer. La pregunta era simple y terrible: ¿matarme o no matarme? Ellos ya habían asesinado a la mayoría de las víctimas de sus secuestros. ¿Por qué estarían dispuestos a hacer una excepción conmigo?
Ese jueves grabé las noticias del día, como lo había hecho tantas veces. Según papá, mi voz transmitía algo diferente. Nadie sabe leer los matices de la voz de un hijo mejor que sus padres. Yo descontaba que me iban a matar y papá registró con desesperación lo que yo estaba sintiendo. Esa noche se quebró y lloró desconsoladamente.
Parecía que todo estaba ya perdido. A través de mi voz, los secuestradores le informaron que habría nuevas demandas para verme con vida. Un nuevo mensaje escrito con tono político demandaba la entrega de alimentos y ropa por un monto total de un millón de dólares por día en distintos barrios humildes del Gran Buenos Aires. Papá se ocupó de organizar la distribución junto con monseñor Ubaldo Calabresi, el nuncio papal, y a través de la ayuda de Cáritas.
Sin embargo, esa misma madrugada me soltaron. Me dejaron al costado de un camino y me dijeron que caminara. Esperaba un disparo en cualquier momento. Caminaba y caminaba. Me habían dado unos cospeles para hablar por teléfono y algo de plata para un taxi. Tenía que esperar un rato. Encontré un taxi y llegué a Florida y Paraguay, a la casa de una amiga. Como pude, llamé desde el teléfono público de la esquina. Atendió Gianfranco y corrió a contarle a papá que era yo, que estaba vivo. “Viejo, tu hijo te quiere hablar”, recordó papá que le dijo en ese momento.
Lo que vino después fue la alegría y la emoción contenida del reencuentro, enfrentar a los medios, que habían convertido mi secuestro en el gran tema nacional de esas semanas, colaborar con la Justicia, recuperarme, volver a trabajar y, sobre todo, descubrir a la nueva persona que había surgido desde mi interior a partir de esta experiencia.
Nunca volvimos a hablar con papá del tiempo del secuestro. Como siempre, para él el pasado era algo que debía ser archivado o enviado a la papelera. Toda su actuación durante aquellos días dramáticos fue impecable. Hizo todo lo que un hijo puede esperar de su padre y más. Su amor no tuvo fisuras. Estuvo sin dormir durante catorce días esperando cada llamado de los secuestradores. Era un león enjaulado, rabioso y lleno de impotencia.
Pido disculpas a los lectores por haberme detenido demasiado en este hecho de mi propia biografía. Tengo un motivo. En el momento de mi liberación, me encontré con el enorme amor de mi padre, correspondido por el mío hacia él, de un modo que nunca antes nos había sucedido a ninguno de los dos.
Lo que yo no sabía es que allí, primero sin notarlo y después de manera cada vez más evidente, comenzaba la etapa más difícil de mi relación con él.
En su personalidad comenzó a filtrarse un rasgo inesperado. El hecho de haber logrado mi liberación, lo puso en un nuevo rol frente a mí. Ahora era mi salvador. Había salvado mi vida. Su ego y su omnipotencia crecieron hasta niveles superlativos. Y no era para menos.
Por mi parte y sin buscarlo, me convertí de la noche a la mañana en una persona extrañamente famosa. Las personas me paraban por la calle para saludarme y contarme lo felices que se habían sentido al saber que estaba con vida. El secuestro había conmovido a muchísima gente. Hoy creo que nadie está preparado para este tipo de exposición. Mi popularidad súbita por haber sobrevivido despertó en papá una competencia extraña. Yo estaba preparado para ocupar su lugar en Socma, pero no para aparecer en los medios.
Como sea, creo que papá pudo haber visto heridos su narcisismo, su vanidad, su ego: es difícil saberlo. Esto lo llevó, como en tantas otras cosas, a redoblar su apuesta. Y comenzó a buscar por sí mismo fama y publicidad. El paradigma de aquellos años fueron sus grandes fiestas de fin de año en Punta del Este. Parecía decidido a ocupar siempre un rol protagónico. Más allá de su voluntad, se convirtió en un emblema de cierta frivolidad que parecía haberse instalado en el aire durante la década del noventa.
El secuestro provocó que toda nuestra relación se desequilibrara. Desde ese momento, ninguna agresión me afectaría tanto como las suyas. Lo increíble era que, al mismo tiempo, nadie me demostró más amor que él. Me llevó mucho tiempo y mucho trabajo entender que para él se trataba de algo imposible de controlar. Como dije, una suerte de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde. Pasaba de una emoción a la otra en segundos, sin siquiera darse cuenta.
Los años siguientes fueron los peores de nuestra relación. Se desató una guerra permanente. Me echaba y me contrataba todas las semanas. Me ayudaba y luego me boicoteaba.
Me empoderaba y al instante me desautorizaba.
Mi futuro ya no estaba tan claro. Ser el delfín de Franco había dejado de ser una buena idea. Mi vida tendría que ser la mía y no la suya. Poco tiempo después, Isabel Menditeguy me ayudó muchísimo a reflexionar sobre todo aquello. Me impulsó a comenzar un proceso psicoanalítico muy profundo en el que pude revisar el vínculo con papá y conocerme o, más bien, reconocerme, desde otro lugar.
No iba a ser fácil lo que teníamos por delante Franco y yo. Para un hombre como él, la empresa familiar debía ser mi lugar. Para mí, ya no. Empezó a tomar forma un nuevo sueño, exclusivamente mío, independiente y autónomo: alcanzar la presidencia de Boca Juniors.
Había sobrevivido a un cautiverio. No estaba dispuesto a pasar nunca más por esa situación.
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