POLITICA
Ricardo Lorenzetti presenta su nuevo libro “El liderazgo del caos”

“La propuesta de estas páginas es concreta: una nueva narrativa humanista que consiste en una revolución que permita poner de acuerdo el desarrollo económico, social y ambiental con lo humano; un nuevo liderazgo que no pretenda el orden basado en poderes concentrados para controlar autoritariamente todas las variables; un liderazgo del caos que permita la diversidad democrática y la innovación mediante la descentralización de las decisiones, basándolas en emociones que convoquen a un proyecto común”.
Esto escribe el autor, Ricardo Lorenzetti, en la introducción de su nuevo libro, “El liderazgo del caos: cómo reconstruir un proyecto común en un mundo fragmentado”, publicado por Siglo Veintiuno Editores, estableciendo desde el principio hacia dónde nos va a llevar a lo largo de estas páginas: un recorrido por las crisis políticas, sociales y tecnológicas que atraviesan nuestro tiempo, y una invitación a repensar el liderazgo, la democracia y el sentido de comunidad como bases para reconstruir un proyecto común.
En tiempos de incertidumbre, polarización y desencanto, este libro se atreve a mirar más allá del ruido. Con una prosa tan clara como inquieta, Ricardo Lorenzetti ensaya un diagnóstico profundo de nuestra época —sus crisis múltiples, la distancia entre dirigentes y ciudadanos, la sensación de agotamiento del sistema— para proponer algo que parece radical en su simpleza: reconstruir el sentido común desde el humanismo y la comunidad.
Entre la lucidez del análisis y la apuesta por la esperanza, el autor invita a repensar los términos del liderazgo social y político. Plantea la necesidad de desconcentrar el poder, abrir las instituciones a la innovación, escuchar a los movimientos sociales y recrear una narrativa común que ponga en el centro la dignidad humana. Lejos de la mirada apocalíptica, este libro encuentra en las calles y en las redes —en las ideas dispersas de una ciudadanía cansada pero viva— las semillas de un nuevo comienzo.
Dividido en dos grandes secciones, el recorrido parte de un diagnóstico agudo: “Ellos y nosotros” analiza las múltiples crisis que atraviesan a las sociedades contemporáneas, la desconexión entre dirigencia y ciudadanía, el colapso ambiental, las tensiones sociales y económicas de la modernidad tardía, y la revolución tecnológica que redefine la identidad, el trabajo y los vínculos humanos. Desde la inteligencia artificial hasta la fragilidad emocional de las comunidades hiperconectadas, el autor traza un mapa del presente donde la sensación de pérdida convive con nuevas posibilidades de cambio. Y “Hacia una democracia reflexiva”, donde se aventuran respuestas, caminos para reconstruir el contrato social: un rediseño institucional que permita hacer trabajar a la democracia, liderazgos que conduzcan la complejidad sin autoritarismo y un relato colectivo que devuelva al futuro su potencia imaginativa.
“Vincular la frustración de un modelo con un oponente, competidor o adversario singular es identificar y describir erróneamente las causas del problema, porque no se trata del fracaso de un dirigente o de un partido político, sino de un fin de ciclo. Ante este escenario, la única respuesta posible surgirá de una cultura, una economía y una política basadas en nuevas ideas, porque la repetición de los métodos conocidos nos devolverá los fracasos que queremos superar. Este libro busca hacer un aporte en ese sentido”. Así comenta Lorenzetti uno de los núcleos conceptuales de su obra y marca el pulso de su propuesta: abandonar la lógica del enemigo, superar la mirada corta de la coyuntura y animarse a pensar transformaciones de fondo. Para el autor, la salida no vendrá de grandes figuras ni de soluciones improvisadas, sino de un cambio profundo en la forma de comprender el poder, la cooperación y la vida en común. Es un llamado a ensayar una imaginación política renovada que permita reconstruir un horizonte compartido en medio del desconcierto contemporáneo.

“Gobernar la tecnología, la economía y la cultura requiere un sistema de valores que funcionen como límites dentro de los cuales estas áreas pueden desarrollarse. Vamos a toda velocidad, sin conocer el destino: al menos necesitamos guardarraíles para no despistar. Gobernar en el siglo XXI es liderar el caos, es saber ubicarse en un plano diferente, que permita tener una visión estratégica, para poder conducir la multiplicidad de conflictos como un narrador moral que guía el relato de una nación”.
Con esta imagen, Lorenzetti subraya el corazón de su propuesta: la idea de que, en tiempos donde la complejidad se multiplica, el liderazgo no consiste en controlar cada variable, sino en ofrecer un marco ético que ordene el sentido colectivo. La figura del “narrador moral” no alude a una autoridad paternalista, sino a una guía capaz de articular las tensiones de la época, darles coherencia y proyectarlas hacia un horizonte común. En un contexto donde la tecnología acelera más rápido que las instituciones y la economía se mueve por impulsos globales, el autor insiste en que sin valores compartidos —esos guardarraíles mínimos— cualquier proyecto político corre el riesgo de derrapar.
El cierre es una apuesta por el porvenir, con la elaboración de una serie de propuestas concretas para transformar el sistema político y tecnológico, apostando por una “sociedad de soñadores” que recupere el sentido de comunidad, la creatividad y la esperanza en el futuro compartido, donde la creatividad y la solidaridad vuelvan a ser los motores de una democracia viva y del futuro que todavía podemos escribir juntos.
A continuación, un adelanto de la obra “El liderazgo del caos: cómo reconstruir un proyecto común en un mundo fragmentado”.
Introducción
El liderazgo político y social actual se basa en la construcción permanente de enemigos como exclusivos culpables de los sufrimientos ciudadanos, cuya derrota sería una solución. Es un mal camino para construir un futuro promisorio. La historia demuestra que es peligroso, porque sus beneficios han sido transitorios y sus costos permanentes, con divisiones irreversibles, deterioro democrático y prácticas autoritarias.
Vincular la frustración de un modelo con un oponente, competidor o adversario singular es identificar y describir erróneamente las causas del problema, porque no se trata del fracaso de un dirigente o de un partido político, sino de un fin de ciclo. Ante este escenario, la única respuesta posible surgirá de una cultura, una economía y una política basadas en nuevas ideas, porque la repetición de los métodos conocidos nos devolverá los fracasos que queremos superar. Este libro busca hacer un aporte en ese sentido.
Un diagnóstico correcto debe empezar por describir el agotamiento del modelo. El liderazgo político y social de los últimos trescientos años se basó en la centralización del poder, en la dominación de la naturaleza que permitió la Revolución Industrial y en los modelos culturales estables que ordenaron el comportamiento social. Como veremos, el liderazgo sigue igual, pero los presupuestos que lo hicieron posible cambiaron; esto produce una gran desconexión entre la dirigencia y la sociedad: se habla un lenguaje gastado, que no coincide con lo que ocurre en la materialidad de los acontecimientos.
Esa desconexión tiene un efecto directo sobre las conductas humanas porque se siente una verdadera orfandad, una ausencia total de estadistas que sepan guiar a los pueblos. Vivimos con incertidumbre.
Hay varias revoluciones en simultáneo: las nuevas tecnologías que pueden programar la vida humana, la inteligencia artificial, la perspectiva del desempleo masivo, el control social, la amenaza sobre el libre albedrío, la colisión de la economía con la naturaleza, los cambios sociales derivados de la longevidad, las migraciones masivas, el fraccionamiento político, los conflictos globales que crecen ante la ineficacia de los instrumentos nacionales. La combinación de estos factores hace imposible anticipar el futuro de la civilización.
Vivimos con la amenaza de una posible crisis existencial de la humanidad. El efecto acumulativo de la crisis ambiental, la pérdida de control sobre las tecnologías, la asfixia de la libertad y la posible insignificancia de lo humano presentan un escenario apocalíptico.
Vivimos con temor y frustración porque la desigualdad global se ha acentuado en los últimos veinte años. La riqueza se exhibe sin pudor en las redes sociales, lo que genera un deseo de imitarla, y nos agobia la frustración por no poder lograrlo. Es cada vez más evidente que los hijos van a estar peor que sus padres.
Vivimos con desilusión, porque ya no hay grandes proyectos de desarrollo social, ni tampoco una reflexión sobre por qué fracasaron. La pasión revolucionaria ha sido reemplazada por la melancolía y el desencanto.
Vivimos aislados pero conectados, buscando microidentidades en temáticas específicas que solo brindan una tranquilidad pasajera. Estas emociones personales tienen un reflejo en la crisis de la política como modo de organización de la sociedad. En algunos casos, asistimos al fracaso de años de gobiernos progresistas o socialdemócratas; en otros, vemos la reacción hacia la extrema derecha o al autoritarismo; algunos otros muestran turbulencias permanentes, y hay incluso Estados fallidos que están en manos de grupos delictivos.
Aunque contamos con información sobre cada uno de estos cambios, estos ofrecen un panorama muy distinto cuando los podemos observar en conjunto. La fotografía que permite conocer cada uno de esos factores, sumada a la película que podría suministrarnos alguna idea de lo que significa la interacción permanente de todas estas revoluciones en movimiento, es preocupante.
Las respuestas se encuentran aún en proceso de diseño. Una de las ideas más difundidas es que, frente a la emergencia, hay que dar un poder absoluto a alguien que se presenta como la única solución para enfrentar la incertidumbre y, en algunos casos, se dice que estamos frente a un precipicio, similar al apocalipsis.
El apocalipsis es uno de los acontecimientos más anunciados en la historia de la humanidad; en los comienzos de la era cristiana, ante cada enfermedad masiva, cada guerra, cada terremoto o huracán, se proclamó el fin de los tiempos. En la modernidad ha sido la razón principal que ha permitido que se eligieran gobiernos autoritarios y se permitieran medidas excepcionales. La historia enseña que el apocalipsis no se produjo y que los peores daños fueron provocados por los poderes ilimitados que se otorgaron para evitarlo. Esta alternativa, entonces, no impedirá la crisis; por el contrario, es más probable que la acelere, porque solo aumentará las tensiones existentes.
También hay propuestas que consisten en hacer pausas en el ritmo del cambio, poner al mundo en cámara lenta para pensar hacia dónde vamos y meditar. La espera es un instrumento razonable, pero solo si se integra en una estrategia más amplia de cambios profundos. Lo que no es adecuado es predicar la pasividad en un mundo donde innumerables factores interactúan entre sí sin que sepamos adónde nos conducen, lo que incrementa los riesgos de una crisis.
La solución puede encontrarse si miramos el problema desde las grandes enseñanzas de la historia y la política. El siglo XXI se encuentra en una situación que, en varios aspectos, es similar al final de la Edad Media. En aquel momento, las personas vivían con miedo y algunos optaban por retirarse del mundo, mientras que otros se entregaban al fanatismo. Eso es lo que ocurre cuando hay un proceso que pierde su capacidad de generar expectativas y cambios.
La dirigencia de entonces estaba enamorada de un discurso agotado. Foucault, en relación con la Edad Media, escribió que “Don Quijote lee el mundo para demostrar los libros” y que “la escritura ha dejado de ser la prosa del mundo, las semejanzas y los signos han roto su viejo compromiso; las similitudes engañan, llevan a la visión y al delirio; las cosas permanecen obstinadamente en su identidad irónica”. La voz de la gobernabilidad moderna también lucha contra el mundo para imponer los textos aprendidos hace años, con el mismo lenguaje y las mismas ideas, pero ya nadie los escucha.
La Edad Media asistió a la ruptura del relato unificado, y eso fue evidente en la división entre protestantes y cristianos. En nuestro siglo también hay una verdadera fractura del consenso porque no hay un relato unificador que facilite la gobernabilidad social.
El otoño de la Edad Media no fue transitorio, sino que se profundizó en un invierno que era puro sufrimiento. En nuestro siglo, vemos también que los fenómenos que nos preocupan tienen un grado de generalidad y de permanencia que nos obliga a pensar que no estamos frente a cambios de gobiernos dentro del normal funcionamiento democrático, sino ante algo más profundo.
Todo cambió cuando los humanistas impulsaron el Renacimiento alimentado con el goce que produjo la sabiduría antigua renovada. Por eso, la propuesta de estas páginas es concreta:
• Una nueva narrativa humanista que consiste en una revolución que permita poner de acuerdo el desarrollo económico, social y ambiental con lo humano.
• Un nuevo liderazgo que no pretenda el orden basado en poderes concentrados para controlar autoritariamente todas las variables.
• Un liderazgo del caos que permita la diversidad democrática y la innovación mediante la descentralización de las decisiones, basándolas en emociones que convoquen a un proyecto común.
Los pueblos necesitan reconstruir la esperanza fundada en que algo está naciendo, con la convicción de que la solución no es un resultado a lograr sino un procedimiento a seguir. El líder tradicional busca un resultado concreto, que puede consistir en una obra pública o una transformación social o económica. Es razonable si debe enfrentar un problema específico, pero querer encerrar todo lo que hoy sucede dentro de un esquema de decisión centralizado solo lleva al autoritarismo y luego al fracaso.
El liderazgo del caos que aquí proponemos deja libertad para que la multiplicidad de fuerzas actúe, lo que facilita la experimentación institucional, social y económica. Dado que la fragmentación ya es inevitable, se debe crear un nuevo sistema institucional descentralizado, organizado en torno a un sistema de valores unificadores del relato: un humanismo en armonía con el sistema. El líder del caos debe ser un “narrador moral de la nación”, capaz de presentar ideales que provean los incentivos para que los movimientos sociales e individuales tengan una conexión con el conjunto.
Este esquema conceptual permite desarrollar una serie de propuestas concretas que presentamos al final de este libro y que se pueden aplicar en varios planos. En la economía ya es visible un cambio de dirección, porque se ha advertido que los costos de seguir en este camino superan a los beneficios. Con avances y retrocesos, aparecen las energías renovables, los financiamientos de proyectos de sustentabilidad, los alimentos orgánicos y una multiplicidad de sectores que se suman progresivamente a un modelo económico distinto, compatible con la naturaleza y sustentable en el mediano plazo. En la sociedad, poco a poco, se huele ese perfume de epopeya que nace en las calles, donde comienzan los verdaderos movimientos de transformación. Enojados con los negligentes que nos trajeron hasta esta situación (ellos), distintos grupos pretendemos construir una nueva identidad (nosotros), un idealismo de transformación.
Como lo han repetido distintos líderes globales en los últimos tiempos, somos la primera generación que tiene consciencia de la crisis y la última que puede hacer algo para evitarla. Nace una nueva esperanza.
A los lectores
Este libro nace del corazón más que de la mente; de las emociones más que de la razón.
Ha nacido mi primer nieto, a quien dedico este libro, y temo por el futuro que deberá enfrentar. Siento que debo hacer algo más allá de mis obligaciones cotidianas. Mi humilde aporte empieza por lo que hago, que es leer y escribir como un intelectual preocupado por el mundo.
Estudié derecho, pero lo hice en una universidad en la que, además, se enseñaban ciencias sociales. Es por eso que todos mis libros jurídicos tienen un contenido que excede el mundo del derecho. Mientras estudiaba, empecé a dictar cursos sobre distintos movimientos culturales (el surrealismo, por ejemplo), y sobre cómo ideas similares se manifestaban en la música, la pintura, la sociología y la filosofía en simultáneo. Con esos ejercicios, desarrollé un tipo de análisis que se enfoca más en la comprensión del sistema en su totalidad que en la de cada una de sus partes.
Como muchas personas interesadas por la época en la que vivimos, he leído sobre inteligencia artificial, bioingeniería, derecho, economía, sociología, literatura, y en cada uno de esos textos he encontrado un aporte valioso, pero aislado. Es como caminar perdido por una senda sin saber a dónde nos lleva ese camino, y sin mirar el paisaje alrededor o las estrellas en el cielo.
Por esta razón, lo primero que encontrarán en este libro es una descripción de las principales partes del rompecabezas; les servirá para ahorrarse lecturas, pero también para comprender el conjunto. Es una exposición de la multiplicidad de causas que se entrecruzan para formar un sistema y de las intersecciones que se pueden identificar para extraer líneas de acción.
He advertido que mucho de lo que en este libro aparece sobre la ruptura de la homogeneidad y la dispersión, fenómenos que hoy están tan presentes, ya lo había abordado en Las normas fundamentales de derecho privado, un libro que publiqué en 1995. Eso me hizo acordar a Borges, que dice que uno puede escribir sobre muchos temas durante toda la vida, pero al final es posible detectar una idea propia que subyace en la identidad que uno se ha formado.
El segundo punto es que, aunque el diagnóstico sobre el estado actual del mundo es claro en la enorme cantidad de libros que se han escrito al respecto, no hay demasiado sobre cómo curar la enfermedad. Por eso en estas páginas traté de enfocarme en algunas líneas positivas sobre el futuro.
Lo que realmente interesa a todos los habitantes de este planeta es cómo gobernar. Como sugiere Shakespeare en Rey Lear, es triste que el mundo esté dirigido por ciegos asistidos por locos. Hoy hay ceguera en los gobernantes y las élites, incapaces de ver las consecuencias de sus acciones, y una imprudencia cercana a la locura.
¿Quién nos salvará y cómo?
Gobernar la tecnología, la economía y la cultura requiere un sistema de valores que funcionen como límites dentro de los cuales estas áreas puedan desarrollarse. Vamos a toda velocidad, sin conocer el destino: al menos necesitamos guardarraíles para no despistar.
Gobernar en el siglo XXI es liderar el caos, es saber ubicarse en un plano diferente, que permita tener una visión estratégica, para poder conducir la multiplicidad de conflictos como un narrador moral que guía el relato de una nación.
POLITICA
El gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, apoyó el operativo de Estados Unidos en Venezuela: “Sacó a un dictador”

En pleno, el peronismo opositor al gobierno de Javier Milei rechazó la ofensiva en Venezuela del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, para capturar al mandatario Nicolás Maduro. Sin embargo, hay sectores dialoguistas del Partido Justicialista (PJ) que empiezan a tomar una posición opuesta. Es el caso del gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, que viene interviniendo como aliado de Milei.
«Es un hecho que tenemos que apoyar todos los países del mundo que queremos vivir en paz, que respetamos los sistemas democráticos de gobierno”, aseguró Jaldo, en declaraciones a la prensa.
El gobernador aseguró que, con el operativo militar llevado adelante durante la madrugada de este sábado, Estados Unidos “sacó a un dictador de Venezuela”. “Es alguien que no sólo ha estado vinculado directa e indirectamente con el narcotráfico, sino que también ha albergado a narcotraficantes, a terroristas. Era un peligro para todo el mundo, sin excepción”, apuntó. “Y Maduro, lejos de combatir esos flagelos, los albergaba y les daba protección”, añadió, en total sintonía con la política exterior del gobierno de Javier Milei, alineada con Washington.
En ese sentido, Jaldo advirtió sobre los presidentes de países “que son cómplices” de esos grupos delictivos. “Entre ellos está Maduro. Y ojalá Estados Unidos pueda seguir avanzando con esta decisión, que significa limpiar al mundo de dictadores, limpiar el mundo de terroristas y limpiar el mundo de narcotraficantes, que tanto daño hacen a la Argentina, a nuestros hijos y a nuestros nietos. Si alguien no toma la decisión de limpiar el mundo de drogas, como lo está haciendo el presidente de los Estados Unidos, la vamos a pasar mal”, subrayó.
El tucumano, incluso, fue más allá de la acción en Venezuela y respaldó todo tipo de intervención norteamericana en la región. En concreto, reiteró su expectativa de que “esto no pare en Venezuela, sino que siga en otros países que producen droga y la introducen en nuestra querida República Argentina y en países vecinos”.
“Nuestras generaciones se van quedando en el camino. Al narcotráfico y al terrorismo hay que eliminarlos de cuajo, y esa es la decisión del presidente de Estados Unidos. Hay que apoyar la medida de Trump y pedirle que vaya por más”, añadió el mandatario, que encabezará este lunes el lanzamiento de la temporada en San Pedro de Colalao.
El peronismo condenó la acción militar en Venezuela
En contraste con la postura de Jaldo, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, manifestó que “la Provincia de Buenos Aires condena el accionar militar de Estados Unidos en Venezuela” y sostuvo que la operación “constituye una grave violación de los principios elementales del Derecho Internacional, altera la estabilidad regional y sienta un peligroso precedente”.
Desde su cuenta social en X, Kicillof argumentó que las acciones estadounidenses “vulneran la Carta de las Naciones Unidas y la Carta de la OEA, desconoce el principio de no intervención y contradicen doctrinas históricas promovidas por la Argentina, como la Doctrina Drago y la Doctrina Calvo”. “Los principios de defensa de la paz, de no intervención y defensa de la soberanía deben estar por encima de la conveniencia económica”, remarcó.
En la misma sintonía, el Partido Justicialista (PJ) nacional, que está alineado con la expresidenta Cristina Kirchner, también difundió un comunicado oficial repudiando el ataque dirigido por Trump, al que calificó como una “amenaza para toda la región” y una violación de la Carta de Naciones Unidas. El PJ reafirmó su compromiso con los principios de no intervención, rechazo al uso de la fuerza y la solución pacífica de los conflictos, subrayando que “América Latina es territorio de paz y soberanía”.

La agrupación La Cámpora se sumó a las críticas, condenando en un comunicado “el ataque militar de Estados Unidos en Venezuela” y describiéndolo como “una gravísima violación a la soberanía de la región, al derecho internacional y un acto de imperialismo explícito y violento”. La organización fundada por Máximo Kirchner advirtió que “los bombardeos en el territorio del pueblo de Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro representan un peligro extremo para toda la región y responden a una lógica de saqueo, control y dominación que pretende Estados Unidos sobre los recursos estratégicos de los pueblos de América Latina y particularmente sobre el petróleo de Venezuela”.
El mensaje de La Cámpora también incluyó críticas al presidente Javier Milei, a quien acusó de respaldar la intervención militar y “demostrar una vez más que es un auténtico empleado de Donald Trump y que prefiere ser un buen alumno de los yankees antes que plantarse para defender los intereses de su pueblo”.
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POLITICA
El Gobierno aumentó casi un 50% la partida presupuestaria de Capital Humano durante 2025

En vísperas del lanzamiento de un plan de reconversión de los planes sociales que se gestionan en su área, la ministra de Capital Humano Sandra Pettovello cierra el año con importantes refuerzos presupuestarios. De hecho, su ministerio se ubica primero en el podio con una partida que, a lo largo del año, se incrementó en casi un 50%.
Semejante aumento se explica, en buena parte, a que el presupuesto del Ministerio de Capital Humano incluye la Anses, organismo a cargo del pago de las jubilaciones, pensiones y las asignaciones familiares. En virtud de la actualización por la fórmula de movilidad, estos montos tuvieron un importante incremento este año, lo que obligó al Ministerio de Economía a llevar el crédito inicial de $50 billones a $74,3 billones.
Contrario a lo que sucedió el año pasado, cuando el gasto previsional cayó 15,1% real, en 2025 mostró una fuerte recuperación y acumuló un incremento del 11,8% en once meses, señaló en su último informe la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC). Esto obedece a que el esquema de movilidad atado al índice de precios al consumidor (IPC) con dos meses de rezago generó aumentos reales al inicio del año, ya que los ajustes tomaron inflaciones pasadas más altas que las corrientes.
A medida que la inflación mensual se estabilizó en niveles bajos, la movilidad comenzó a incorporar variaciones de precios menores, lo que redujo gradualmente el ritmo de crecimiento real del gasto, explicó la OPC.
Las asignaciones familiares –entre las que se incluye la Asignación Universal por Hijo (AUH)- también tuvieron un incremento por encima de la inflación acumulada; según la OPC, en once meses subieron el 12,6% interanual debido a que, al igual que el gasto previsional, se actualiza por el índice de movilidad.
Intentos de ajuste
El presupuesto que el Gobierno destina al pago de jubilaciones, pensiones y asignaciones diversas es el más alto de toda la administración y, al estar indexado por inflación, es el más rígido a la hora de intentar aplicar un ajuste. El Ministerio de Economía lo intentó –sin éxito- en el presupuesto 2026, cuando propuso derogar la actualización automática de las asignaciones que otorga la Anses; el Congreso lo rechazó, por lo que debió dar marcha atrás.
También tuvo que retroceder en su intento por podar las pensiones por invalidez que administra la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS); a raíz de un fallo adverso de la Justicia, el Gobierno se vio obligado a restituir a nivel nacional todas las pensiones que había dado de baja a lo largo del año; según la OPC, sumaron 132.672 entre octubre de este año y octubre de 2024.
Ante las dificultades para aplicar el ajuste en el gasto social que, por ley, se indexa por inflación, el Gobierno podó una serie de programas que engrosaban el presupuesto del ministerio que conduce Pettovello. Por caso, los programas “Volver al Trabajo” y “Acompañamiento Social” tuvieron una caída interanual de casi el 41% real ya que el valor de la prestación se mantiene congelado desde diciembre de 2023.
Reconversión de los planes sociales
Este vaciamiento presupuestario de ambos programas tiene su explicación, explican los voceros de Pettovello. Según informaron, la ministra tiene previsto lanzar el 6 del mes próximo un programa piloto para reconvertir los planes sociales en un sistema de capacitación laboral orientado a la empleabilidad.
La propuesta oficial busca transformar el programa Volver al Trabajo, que alcanza a más de 900.000 beneficiarios que actualmente perciben $78.000 mensuales, en un esquema de vouchers educativos destinados a capacitación y certificación profesional. Si bien el programa ya se encuentra habilitado, el inicio de enero marcará la primera prueba concreta del nuevo modelo.
En paralelo, la cartera que conduce Pettovello evalúa encarar una reorganización integral de las asignaciones sociales. Entre las alternativas en estudio figura la unificación de la Asignación Universal por Hijo (AUH), la asignación por embarazo, el Plan Mil Días y la Tarjeta Alimentar en una AUH Familiar, con el objetivo de simplificar el sistema y mejorar el control del gasto social.
Estos programas tienen hoy asignaciones presupuestarias dispares. La Tarjeta Alimentar, por caso, experimentó una caída de casi un 20% real interanual según la OPC. Esto obedece a que los montos no tuvieron incrementos desde junio del año pasado, presentando una pérdida de poder de compra de 24,0% promedio en once meses. Por el contrario, el Plan Mil Días tuvo un aumento del 59% interanual.
La ministra ahora quiere unificar todas las asignaciones familiares en una AUH familiar, aunque tal reconversión exigiría la aprobación de una ley. Desde el Gobierno sostienen que estos cambios no implican una eliminación inmediata de la asistencia, sino una reorientación del gasto social hacia la capacitación y el empleo.
Laura Serra,Sandra Pettovello,Conforme a,Sandra Pettovello,,Pruebas Aprender. Alertan sobre el “efecto cuna” y temen que se repitan los resultados “catastróficos” de hace dos años,,»Tiene que haber justicia». El Gobierno dice que recibió más de 2000 llamados en la línea de denuncias por “adoctrinamiento” en las aulas,,Coloquio de IDEA. Pettovello, una figurita difícil del Gobierno que pasó el examen con los empresarios
POLITICA
Cristina Kirchner recibió el alta tras haber sido operada por apendicitis

La expresidenta Cristina Kirchner recibió el alta médica este sábado, luego de permanecer internada por un cuadro de apendicitis aguda con peritonitis localizada e íleo postoperatorio, según informó el Sanatorio Otamendi.
De acuerdo con el parte médico difundido este 3 de enero, previamente se le retiró el drenaje peritoneal y continuó el tratamiento con antibióticos por vía oral. Tras la evolución favorable, los profesionales resolvieron su egreso del centro de salud.
Leé también: Trump, tras la captura de Maduro: “Vamos a dirigir Venezuela hasta que podamos lograr una transición segura”
El comunicado precisó además que la exmandataria continuará el seguimiento médico en su domicilio, bajo la supervisión de su equipo médico personal.
La expresidenta fue ingresada de urgencia e intervenida quirúrgicamente el 20 de diciembre, por un cuadro de apendicitis aguda con peritonitis localizada. Se encontraba en su domicilio de San José 1111, donde cumple una condena de seis años de prisión por la denominada “Causa Vialidad”.
Noticia que está siendo actualizada.-
cristina kirchner, salud, apendicitis
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